Estiré la mano hacia la mesita de luz y cogí el móvil. Ni siquiera me molesté en mirar la pantallita para ver quien era. Bostecé, le di al botoncito verde y me llevé el aparato al oído.
- ¿Hola?. – Aish, y es que a quien se le podría ocurrir llamarme tan temprano.
- Hablo con… ¿Karla Shwarz?. – Era la voz de una mujer. ¿Y esta que quería?.
- Si. – Le contesté, reprimiendo un bostezo.
- Señorita Shwarz, la llamo desde la discográfica. – Oh. Por fin noticias. Rogué en mi interior para que fueran buenas. Incluso se me fue el sueño y me levanté de golpe en la cama, quedando sentada.
- Dime…
- ¿Sería mucho problema que vinieras hoy a hablar con los productores?. Me refiero a usted y…
- Y Emilie, no hay problema. – Me entraron ganas de chillar. ¿Eso era algo positivo o negativo?. - ¿Porqué?. – Le pregunté. Que pregunta más idiota.
- No lo sé… yo sólo preparo la cita. – Nos quedamos en silencio un momento, yo sintiéndome una completa idiota. La mujer no era nada más que una secretaria encargada de hacer llamados, obviamente no podía decirme la opinión de los productores respecto a el material que Emilie y yo habíamos presentado. - ¿Cómo a qué hora podría ser?. – Me preguntó.
- En… - Comencé a sacar cuentas. Me vestía en media hora, quince minutos por si Emilie se demoraba mas… media hora en autobús a la discográfica… - En una hora y quince minutos. – Le contesté, segura.
- Entonces… a las once y treinta. – Afirmó a mujer.
- Por supuesto, allí estaremos. Adiós.
- Adiós, gracias.
- Gracias. – Corté. Me quedé pensando como una verdadera idiota, sentada en mi cama. Quizás qué me decían ahora. ¿Y si no les gustaba el material?. Ay, ¡Es que la curiosidad me mataba!. Tenía que llegar cuanto antes al lugar. Y después… después podía ir donde Bill. Se me formó un nudo en el estómago al recordarlo y me entraron los nervios… era ridículo, porque Bill ni siquiera estaba aquí. Pero es que… argh, era el momento de saberlo todo, de saber la verdad… y estaba segura, completamente segura, de que Bill me cotaría algo que yo jamás me habría imaginado. ¡Siempre me pasaba eso!, yo hacía miles de hipótesis y pensaba mucho… pero siempre acababa siendo todo lo contrario. Siempre.
Busqué el móvil de nuevo y mientras me salía de la cama llamé a Emilie. Le Expliqué lo de la discográfica y ella me dijo que nos juntábamos en media hora en la parada de autobuses. Me metí a la ducha y luego me vestí rapidísimo. Me puse unos shorts, ya que hacía mucho calor… con una camiseta banca y unas zapatillas. Me até el cabello en una cola, me maquillé los ojos un poquitín y tras tomar un bolso con lo necesario, bajé a tomar desayuno. Me asusté al entrar en la cocina. Allí estaba el hermano de papá, tío Aügust, tomando café y comiéndose unas tostadas. Estaba solo.
- Hola… - Lo saludé.
- Buen día, Karlie. – Me saludó con una sonrisa. Me sentí un poco incómoda en la situación, por lo que me dirigí hacia las frutas y tomé una manzana.
- ¿Papá aún no llega?. – Le pregunté. Tío Aügust negó con la cabeza. – Voy a salir. ¿Puedes decirle que volveré más tarde?. Llevo el móvil… cualquier cosa, puede llamarme. – Le di un mordisco a la manzana.
- Claro, no te preocupes. – Me respondió. Le hice una seña de despedida con la mano y salí de la cocina.
Antes de irme de casa, revisé que tuviera llaves, él móvil y un poco de dinero.
Caminé a paso lento hacia la parada de autobuses. Emilie se tardaría un poco más en llegar… y como supuse, llegué antes que ella. Estuve esperándola alrededor de diez minutos. Pero por lo menos llegó.
Nos subimos al primer autobús que pasó, por suerte el autobús nos servía y no y tardamos en llegar.
Saludé a la recepcionista y le avisé sobre mi cita. Me sentí un poco observada por ella, me miraba con curiosidad, como queriendo descubrir algo en mí o como si estuviese esperando algo más. Eso me daba escalofríos… era como la vez anterior que yo había entrado aquí, sólo que esta vez no estaba ese guardia. La mujer nos dio las indicaciones hacia donde teníamos que ir.
Nos subimos al ascensor y nos fuimos directo a la sala donde nos habían citado.
Una vez allí nos encontramos con las mismas personas de la vez anterior. Los saludé y obviamente Emilie hizo lo mismo.
Salimos del edificio con una sonrisa gigante en el rostro. ¡Todo iba tan genial!, no podía creerlo. Les había gustado la maqueta… oh, si. Ni siquiera había sido un trabajo que nos hubiese llevado meses. Había sido algo tan… rápido. Wow, estaba impresionada. Y al parecer ellos igual. Justamente por eso nos ayudarían a hacerle arreglos a nuestra maqueta para transformarla en un buen CD que pudiera ser lanzado al mercado Alemán dentro de un año.
Nos fuimos a un local que quedaba cerca de casa para comprar algo que comer. No quería ir a casa para el almuerzo, ya que después tendría que volver a salir para ir donde Bill. Y no podría inventar una buena excusa para ir… sin que sospecharan. Era mejor si decía que había pasado el día con Emilie. A demás, ella también me ayudaría en mi mentira. Pues en vez de ir a su casa, iría donde Andreas. Estuvimos conversando, sentadas en el parque cercano a la casa de los Kaulitaz, hasta que dieron las tres y media de la tarde. A esa hora los gemelos y Simone ya deberían haber almorzado… Dejé a Emilie en un la parada de autobús y después me dirigí a la casa de la esquina. Esa casa.
Por fin sabría todo… que nervios. Tenía tantos nervios que el cuerpo me temblaba. Estaba a punto de llegar a la casa, cuando la puerta se abrió. Vi salir a Simone… y ella también me vio. Me acerqué a saludarla con un beso en la mejilla. Después me dijo que estaba atrasada y que se tenía que ir rápido. Se fue a la velocidad de la luz… y yo seguía de pie, frente a esa casa, con unas ganas enormes de salir corriendo. Pero no. No me podía ir, esta vez tenía que ser valiente. Aish, y es que incluso sentía el pulso aquí, en mi cabeza.
Me acerqué con pasos temblorosos hacia la puerta, y tras suspirar y meditar unos segundos lo que iba a hacer, piqué el timbre. Ahora sólo tenía que esperar a que me abrieran la puerta y ya no habría vuelta atrás. ¡Ay, Dios!. Sentí pasos acercarse… y la puerta se abrió. Era Bill.
- Hola… pasa. Pensé que no vendrías. – Bill se hizo a un lado y me dejó espacio para pasar. Dudé un par de segundos, pero terminé entrando en esa casa.
- Hola. – Dije en el momento antes de que él cerrara la puerta. Examiné el lugar… estaba exactamente igual que antes. Bill se acercó a mí, sin previo aviso y me dio un besito en la mejilla… luego se separó y se dirigía hacia las escaleras.
- ¿Vienes?. – Me preguntó. Asentí y comencé a seguirlo. Me sentía tan torpe y nerviosa… estaba segura de que tenía las mejillas rojas. Y es que el corazón no me dejaba tranquila, latía tan fuerte que hasta el pecho me dolía.
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