Bill… Bill… Bill…
- Karile, Karlie, vamos despierta, que mi familia ya está de camino y tienes que arreglarte y todo, cariño. – Abrí los ojos de golpe. No supe porqué razón se me apresuró tanto el corazón al ver a Juliette en la habitación, junto a mi cama. A lo mejor era porque Bill estab… No, esperen, no estaba conmigo. ¡¿Y Bill?!. – Tampoco es tan urgente, no te asustes. – Asentí, observando la habitación. Pero él no estaba por ninguna parte… a lo mejor había sido un sueño.
Sentí tal desilusión que me levanté pensando en nada y con el corazón recogido.
Juliette me arregló como siempre. Esta vez ella eligió mi ropa y me puso una mucho más bonita, un poco suelta, pero o tanto como la del día anterior. Tampoco os olvidamos de mi remedio para el dolor. Ella misma me alisó el cabello y ponerme un poco de delineador, para estar mas bonita. Después de todo, conocería a la familia de la novia de papá. Y yo tenía que dar buena impresión. Por otra parte, también tenía que estar boita por si Bill seguía por la casa.
Cuando se me ocurrió ver que hora era, el reloj marcaba as diez de la mañana… la familia de Juliette no llegaría hasta pasado el almuerzo, no sé como había sido capaz de despertarme tan temprano.
Cuando llegamos a la cocina, no se sorprendió para nada encontrar a Emilie con los ojos rojos, debido al sueño, con Simone y papá sentados en la mesa tomando el desayuno, estos últimos con unas caras llenar de alegría, no se como podían levantarse a esta hora y estar de lo más felices. Ah… ya lo recuerdo: Navidad. Es navidad. “Paz y amor…? Alegría, felicidad y… prosperidad…?.” Vale, no Tego idea de cuales so las palabras para la fecha, con un “feliz navidad ya basta”… y exactamente con esa frase me saludaron cuando entré en la cocina y yo les contesté. Juliette me ayudó a sentarme en la mesa, al menos ya podía bajar sola las escaleras, digo, sin que papá tuviera que cargarme.
Emilie no me dijo nada más, pensaba que ella me iba a conversar algo interesante… pero no, se quedó en silencio, como nunca.
Quise ver a Bill… para estar segura de que todo había sido un sueño y quitarme las tontas ilusiones que no querían irse, para no desilusionarme después. Bah, de todos modos me iba a desilusionar.
Juliette me sirvió el desayuno… yo había comido tanto la noche anterior que ni siquiera tenía hambre. Comencé a jugar con la cuchara…
Me puse más que nerviosa cuando escuché unos pasos en las escaleras, eran lentos… y la tensión se acumulaba, apurándome los latidos del corazón. Si no me equivocaba… quien entraría por la puerta de la cocina en ese momento sería…
Bill. Era Bill. Lo miré, intentando ver en su rostro algo que me indicara que no había sido un sueño.
Todos los saludaron con el “feliz navidad”, excepto yo. Y él les contestó con una voz extremadamente perezosa. Me sorprendí al verlo despierto tan temprano. Seguía teniendo ojeras, y ya estaba vestido.
- ¡Hijo!, que milagro… yo ya pensaba que te tendríamos que sacar de esta casa en una carreta. - ¿Carreta?. Bill rió, pero no dijo nada. Humm… estaba de mal humor. Tuve que apartar la vista cuando él clavó sus ojos en mi. Sentí mi rostro arder. Vale, todo había sido un sueño. Dios, que vergüenza me daría mirarlo ahora a la cara.
Entonces, sin darme cuenta, la cuchara saltó de la mesa, cayendo en el suelo. La miré rápidamente, sintiéndome una estúpida de primera. Bill se agachó a recogerla, ya que le quedaba cerca y yo estaba en la esquina de la mesa. Papá y Simone habían comenzado a hablar en alemán que yo no entendía.
Entonces Bill se levantó, y mirándome con una sonrisa dejó la cuchara sobre la mesa.
- ¿Y tú no me saludas?. – Abrí los ojos como platos. ¿Desde cuando él me hablaba así?. Dios, el rostro me ardía y me costaba respirar…
- Ho.hola. – Contesté embobada. Entonces él puso una mano en mi rostro, y agachándose a mi altura, me comió la boca con EL TREMENDO BESO. Allí, al frente de todos…
Capitulo 89: Gritos.
Se separó de mi despacio y se enderezó, como si nada. Pestañeé un par de veces, fue de lo más extraño… ni siquiera me sentí nerviosa. La habitación se quedó en completo silencio y yo tuve que obligarme a cerrar la boca. Tragué saliva, ahora si tenía vergüenza... ¡Bill me había besado en frente de todos!. Algo se cayó y el ruido casi hizo un eco en el silencio de la cocina. Me estremecí, y creo que di un pequeño salto… Pero eso no fue nada comparado con los que venía…
- ¡PERO QU…!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!. – Emilie cortó a papá con un grito agudo, fuertísimo, que seguramente a todos nos dejó sordos. Argh. No alcancé a cubrirme los oídos, pero Bill si lo hizo. A los demás no los quise mirar. Dios… ya me imaginaba la cara de Emilie… Ahora si iba a tener con qué molestarme y no dejaría de hacerlo jamás. ¡Ay, no!. - ¡OH, DIOOOOOOOOS!, ¡NO ME LO CREO!, ¡NO ME LO CREO!. – Sentí un estrepitoso ruido… Giré la cabeza para mirar que había pasado… y es que Emilie se había levantado de la silla tan fuerte, que la había dejado tirada en el suelo. Jamás voy a llegar a entender porqué se emocionaba tanto con lo que pasó… pero es que se veía tan… dios, tenía ambas manos cubriéndose la boca, con esa típica expresión que pone la gente cuando se gana un premio. Me sorprendí bastante… - ¡ES QUE ES IM POSIBLE!, ¡USTEDES… USTEDES…!. – La mire con la peor cara que tenía. No me agradaban sus gritos, mucho menos tan temprano. Emilie se cayó en ese momento… y sin que yo me diera cuenta, no sé como lo habrá hecho, se lanzó sobre mi a abrazarme. - ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!. – Y más gritos. Cerré los ojos con fuerza, no es lindo que te griten en los oídos.
Y cuando ella al fin cerró la boca para respirar, yo abrí los ojos… y sin querer miré a papá. El miedo me llenó el cuerpo… papá estaba rojo, si hubiese sido una caricatura le saldría humo por las orejas… y es que poco le faltaba para el fuego en los ojos. ¡Estaba enojadísimo!. Bill me había metido en un lío inmenso… corrijo, yo me metí en este lío. Pero papá no me miraba… si no que miraba a Bill. ¡Peor!.
Emilie se separó de mi al ver que yo no hacía nada y no supe que más hizo, pues pasé la vista hacia Simone… Ella no estaba enojada… pero si sorprendida, la boca casi le llegaba al piso, y al parecer se había quedado muda. También miraba a Bill. Pobre Bill.
Y finalmente, me fijé en Juliette. Tenía una sonrisa reprimida en el rostro. Intentaba estar seria, pero no le salía… Ella me miraba a mi. Y en cuanto se dio cuenta de que yo la observaba, me guiñó un ojo. Aparté la vista totalmente ruborizada. Juliette era igual que su hija… para joder a la gente, digo.
- ¿Qué pasó…? Sam duer…
- ¡BILL BESÓ A KARLIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!. – Emilie puso a Tom al corriente de los hechos en cuanto se asomó por la puerta. Venía en ropa interior. Él me miró, serio… y luego miró a Bill. Se echó a reír en cuanto hizo esto…
- WUOOOO, ya era hora, ¿no?.
- Tom. – Lo amenazó su madre, con una voz para nada autoritaria. Papá estaba que explotaba… y yo cada vez me ponía más nerviosa. Bill nos había lanzado a ambos a los leones… quiero decir, a papá.
- ¿Quién besó a quién?. - ¡Lo que faltaba!, la otra rubia entrando por la puerta. Sam.
- Despertaste amorci…
- ¡Bill a Karlie!. – Siguió Emilie con sus gritos, cortando a Tom. Juliette se cubrió la boca con la mano, y se volteo, dándole la espalda a todos, quizás para poder reírse tranquila. Giré la cabeza y alcé la mirada para ver a Bill… estaba serio, como siempre… y estaba mirando a papá. Dios, que tenso estaba todo. Los gritos de Emilie no iban con la situación…
- Hijo, ¿por qué…?
- ¡Porque a Bill le gusta Karlie!. – Saltó nuevamente Emilie, cortando esta vez a Simone. Me fijé en como Simone ponía los ojos en blanco. Seguramente todos piensan que no hay remedio para Emilie. Llevé una mano al borde de la camiseta de Bill y la cogí. Él no tardó en coger mi mano… Pero todo eso provocó más caos en la situación. - ¡Mira, Simone!, ¡Mira!, ¡Aaaaaw!.
- Emilie, ve a arreglar la habitaci… - Juliette estaba que se meaba de la risa, aún así, regañó a su hija.
- Ya lo hice, mamá.
- Entonces cállate. – Le contestó secamente, dejando de reír. Emilie suspiró.
- Tú. – Papá se levantó de la silla, moviéndola con violencia. Me asusté. Seguidamente señaló a Bill con el dedo índice. – y tú… - Me señaló.- Vendrán a hablar ahora mismo conmigo en el salón. ¡En privado!.
Capitulo 90: Mi hija.
Me paralicé. Hablar… hablar con… con nosotros. Papá se enojaría conmigo… y con Bill. Intenté coger aire, pero no lo logré, por lo que solo abrí la boca y me quedé como una estúpida. Me sentí mala… aunque o hubiese hecho nada malo, pero es que la culpabilidad podía conmigo.
Bajé la mirada sin atreverme a mirar a mi padre y no solté la mano de Bill. Él tampoco me soltaba.
- Precisamente eso quería yo… - Bill me sorprendió bastante al hacer ese comentario. - … Digo, quiero hablar contigo, Marc. – Casi lo pude ver con una sonrisa relajada. Entrecerré los ojos y tragué saliva costosamente. Al parecer yo era la única que no quería hablar. Pff, ¿de qué querría hablarle Bill a papá?, ¿de nosotros?, ¿de mí?... A lo mejor se ponían a pelear o le decía que no se entrometiera más en nuestros asuntos… Dios. ¡Es que papá mataría a Bill!.
Escuché sus fuertes pasos salir de la cocina. Hacia el salón… claro, el salón de la muerte. Papá nos haría añicos a ambos, luego nos quemaría y… quizás que hacía con nuestros restos.
Finalmente pude comenzar a respirar, ya estaba que me ahogaba. Me entraron ganas de llorar, pero esta vez no lloraría. Por más asustada que estuviera. Había estado en situaciones peores…
Entonces Bill me soltó la mano y movió mi silla hacia atrás. Lo miré al instante. Él ni siquiera se notaba asustado, pero al parecer yo demostraba muy bien lo que sentía en ese momento.
- Todos está bien. – Murmuró con una sonrisa. Me sonrojé, pensando en toda la gente que estaba con nosotros en la cocina. Luego miré a Simone, quien miraba a Bill con una ceja alzada, y en el descuido, mi novio me levantó de la silla sosteniéndome en sus brazos. Me di cuenta, o más bien, me sorprendí con dos cosas: Primero, que era muy extraño pesar en “mi novio”…. Y mucho mas extraño si “mi novio” era Bill. Me costaría un poco en acostumbrarme. Y segundo: ¿Cómo Bill podía sostenerme si era un palillo?. Se quebraría en cualquier momento… A lo mejor era un palillo fuerte.
Escondí en rostro en su pecho, para no mirar a nadie al salir de la cocina. Emilie chilló algo que no comprendí, o que no quise entender. Juliette la hizo callar.
- Uy, suerte, hermano. – Murmuró Tom con voz burlona. Bill no le contestó nada. – Y me haces esos gestos en frente de TU NOVIA. – Se quejó. “Tu novia”… Dios. Amm… Bill si le había contestado.
- ¡Novia!. Claro… – Chilló Emilie.
- ¿Son novios?. – Interrumpió Sam. En ese momento pasábamos por su lado, pues sentí su voz bastante cerca.
- Pff, ¿Bill con novia?, ¡claro que no!. Deben andar en algo raro… pero no novios. – Emilie sacó sus conclusiones.
- Bill si puede tener novia, Emilie. – Este había sido Tom. Entonces Bill se detuvo. Y yo escondí aún más mi rostro, sintiendo el corazón en la garganta y el rubor hasta en las orejas. Cerré los ojos.
- Es mi novia. – Sentí las palabras de Bill hacer eco dentro de su pecho. “Es mi novia”. Su novia… su novia… SU NOVIA ERA YO. Que bien sonaba eso… mucho mejor si él lo decía. Definitivamente no había sido un sueño.
La cocina se llenó de sonidos de burla y Bill comenzó a camiar nuevamente hacia el salón. Escuché su risa y luego sentí un pequeño besito en la frente. Eso me calmó un poco.
- Nada mejor que comenzar la mañana con una charla con tu padre. – Pude notar la ironía en su voz. – Que bien. – Suspiró. Jo... yo no quería hablar, no quería aguantarme los regaños de papá… mucho menos en frente de Bill.
- No quiero. – Murmuré hablando en voz baja, muy baja.
- Pero si no es nada, hermosa, todo está bien. Ya ves como hago yo para desenojarlo. – Soltó una pequeña carcajada. - ¿Es eso lo que te preocupa?. – Asentí. – Pues no te preocupes más. – Siguió hablando en voz baja. Seguidamente lo sentí agacharse y me separó de su cuerpo al momento en que me dejaba caer sobre el sillón. Acomodó mi pierna igual que el día anterior, sobre la mesita de centro… mientras yo me fijaba en papá, que estaba sentado en el sillón pequeño con expresión seria. ¿Realmente era necesario hacer tanto show?. Aparté la vista rápidamente al sentirme culpable de su enojo y me acomodé entre los brazos de Bill luego de que este se sentara a mi lado en el sillón.
Papá carraspeó. Quizás quería que nos separáramos, pero Bill simplemente se acomodó más cercano a mí y entrelazó sus dedos sobre mi vientre. Le gustaba provocar a mi padre…
Clavé los ojos en mi pie, sintiéndome una mala hija… de las peores.
- Marc, somos novios. – Declaró Bill, como si fuese la mejor noticia del mundo. Lo había dicho tan naturalmente… Dios. El anciano explotaría.
- ¿Y esperan que los felicite?. – Preguntó mi padre con esa voz que sólo le salía cuando estaba realmente enojado, como ayer.
- Si. – Abrí los ojos como platos, pero no miré a ninguno de los dos. ¿Cómo es que Bill podía hablarle así a papá?. Diooos, y es que estaba segura de que esto terminaría en pelea.
- ¿Y qué te hace pensar eso?. – Preguntó nuevamente papá con ese tono de voz que asustaba.
- Hey, Marc, no te intentes hacer el psicólogo con nosotros… Yo sólo te quería preguntar una cosa. – Casi lo pude ver sonriendo tras sus palabras. Quizás que cosa le decía ahora a mi padre, el anciano explotaría y nos golpearía a ambos.
- Bien, pues yo te quería hablar sobre una cosa. – Y allí estaba su voz nuevamente. Que susto…
- Yo primero, esto es más importante. – Volvió a reír despreocupadamente. Papá resopló, no le había hecho gracia. Y es que Bill estaba como si nada “malo” hubiese pasado. En realidad… no era malo, pero papá lo hacía ver como la peor cosa del mundo. ¿Tan malo es tener un novio?. Seguro él había tenido novias… es más, ahora tiene una novia y yo no le digo nada de nada. Es su vida… y yo soy su hija, por lo que no tengo que entrometerme en algunos aspectos de su vida. Comprendía que él quisiera “cuidarme”, pero yo ya estaba lo bastante grande como para saber que estaba bien y que no, como para decidir por mi misma. Él ya había cumplido con la tarea de enseñarme lo bueno y lo malo… ahora era mi turno de vivir. De los errores de aprende… Aunque yo estoy segura que esto no es un error. Yo amo a Bill.
– Esto es anticuado pero… viendo como eres… - Bill suspiró. - ¿Me dejas salir con tu hija?.
- ¡¿Qué?!. – Ni siquiera lo había dejado acabar la última palabra. Me estremecí. Siempre odié los gritos de papá.
- En realidad ya somos novios… y lo sabes, pero quiero tener tu consentimiento como… - Como en las películas. - Hacerlo oficial. – Y Bill seguía hablando de lo más normal. Dios, que vergüenza. No podía creer que Bill le dijera todas esas cosas a mi padre. Me mordí el labio inferior, intentando ocultar mi rostro rojo por la vergüenza.
- ¿Y te atreves a preguntármelo así?. – Seguía con ese tono asesino.
- Ssssi…¿Así como?. – Papá no contestó. – Uy, Marc… no nos vas a hacer pasar otra vergüenza como la de anoche. Estoy seguro que con tus novias te la hicieron más fácil. Tampoco es un delito, o algo de muerte… es…
- MI HIJA. Es mi hija.
Capitulo 91: Aceptación.
- No estoy negando que sea tu hija, es más, yo no quiero que sea mi hija, no te la robaré en ese sentido… es tu hija. – Dejé de respirar un momento analizando las palabras de Bill. Tenían… tenían sentido, de cierta manera. Papá no contestó. Supongo que no sabía que decir… - Oh, no me mires así, Marc… - Y seguía con su voz despreocupada. Me sorprendí al caer en la cuenta de que no estaba siendo automático. Que… impresionante.
- Es que tú no entiendes. – Espetó papá. Seguramente él ya sabía que tendría que dar su brazo a torcer y aceptar las cosas… por muy orgulloso que fuera y por mucho que le gustara tener siempre la razón. – Karla, haz lo que quieras, lo que se te de la gana. Adelante, no obedezcas a tu padre. - ¿Obedecer?. Alcé la mirada y clavé los ojos en mi furioso padre que se levantaba de golpe del sillón. ¿Por qué me decía esas cosas?.. él jamás me había hablado así.
- No hagas que se sienta mal. – Le espetó Bill en el mismo tono en que él me había hablado a mí.
- Me cansé de discutir.
- Tú querías hablar.
- Contigo no se puede hablar. – Papá se había detenido frente a nosotros y nos observaba como si fuésemos las peores personas del planeta. ¿Tan malo es tener un novio?.
- No entiendo como puede molestarte tanto que estemos juntos.
- Mi hija jamás ha tenido novio. – Bajé la mirada. No era necesario que lo dijera con una voz tan… alta. Seguramente todos, incluso en la cocina, lo habían escuchado. Que vergüenza.
- ¿Y eso que tiene que ver?. Siempre hay una primera vez para todo… no me vas a decir que jamás tuviste novias, porque no me lo creo. – Ya comenzaba a pensar que mi padre y Bill se habían olvidado de que yo estaba con ellos en la habitación. El corazón ya no me latían tan fuerte, el ritmo volvía a la normalidad… pero mi rostro… dios, que vergüenza sentía.
- No quiero que la lastimes. - ¡Yo ya estoy grande como para que él se preocupe por eso!, me había tomado ese comentario como una ofensa.
- No lo haré, Marc, tranquilo. – Bill se acomodó mejor en el sillón, pero no se separó de mi ni siquiera un poquito.
- ¿Y cómo puedo estar seguro de eso?, no quiero que mi bebe…
- La quiero. – Bill cortó a papá. “Mi bebe”, pero es que… argh. ¿A caso nunca terminaría el sufrimiento?. – La quiero mucho. – Aw. – …Puedes confiar en mi. – Me imaginé la mirada de desconfianza de papá.
- Marc, amor… - Alcé la cabeza rápidamente. ¿Y Juliette de donde había salido?. La miré sorprendida. – Bill es un buen chico, lo conozco prácticamente desde que nació. No hagas drama… - Juliette llegó al lado de papá y lo rodeó co sus brazos. Él no quitaba los ojos de mi novio. ¡Mi novio!.
- Tu… tu piensas que… ¿está bien?. – Le preguntó papá sin siquiera mirarla.
- Si, amor… Karlie ya está grande y es hermosa… es mejor que esté con Bill a que esté con cualquier otro chico que nadie conoce.
- Opino lo mismo. – Añadió rápidamente mi novio… Miiiiiio. Ay, y es que incluso me daban “cositas” en el estómago.
- Ah, entonces… bien. – Abrí los ojos como platos. Papá había hecho un escándalo tremendo… ahora llegaba Juliette y todo se arreglaba así tan rápidamente. Que impresionante. El amor… como hace cambiar a las personas.
Miré a Bill rápidamente, apartando la vista del asqueroso beso que se daban los ancianos. Bill también me miró y sonrió de medio lado. Le devolví la sonrisa como pude, sonrojándome, y él no tardó en posar sus labios sobre mi frente. Cerré los ojos al sentir el contacto. Me gustaba cuado él me besaba… pero era mucho mejor cuando me besaba en los labios. Pero en privado… no en frente de toda la familia.
- Pero no quiero que pase más allá de besos y abrazos. – Bill se separó de mí rápidamente y miró a papá. Yo no aparté la vista de su rostro. Con besos y abrazos estaba bien. Yo no quería nada más que eso.
- ¡Marc!. – Se quejó Juliette.
- No quiero que mi hija sea una…
- Está bien, vale, no haré nada que ella no quiera hacer. – Bill cortó nuevamente a papá y luego de hablar, tragó saliva. – No me mires así… Humm… argh. No haremos nada que tú no quieras. – Que… que… VERGÜENZA. ¡No era necesario decir esas cosas!, yo no planeaba hacer nada de eso. De tan sólo pensarlo me entraba el pánico y comenzaba a temblar… como ahora.
- ¿Ves como tienes a los pobres chicos?. – Juliette reclamó. – Más avergonzados no pueden estar. – Aparté la vista de Bill y miré mis manos.
- Lo siento, luego hablamos, hija… - Al menos… al menos su voz ya sonaba normal. Y es que aún no podía creer que papá me hiciera pasar semejantes vergüenzas en frente de mi novio.
- Hacer tanto lío por cosas que se arreglan tan fácilmente. – Siguió reclamándole Juliette. – Bien… Ni tú, ni Karlie acabaron el desayuno. ¿Te traigo el desayuno aquí, querida?. – Alcé la cabeza y no pude hacer nada más que asentir. – A ti también te traeré lo tuyo, Bill. Ya vengo. – La rubia cogió la mano de mi padre y comenzó a caminar hacia la cocina, tirando de él. No pude evitar pensar que Juliette siempre se había comportado como una persona más joven. Incluso se vestía como una persona más joven… Lo más extraño, era que la ropa no le quedaba nada mal.
Suspiré aliviada en cuanto estuvimos solos. El viejo había terminado aceptando la situación… y todo gracias a Juliette. Ella era la mejor… Como me hubiese gustado tenerla como madre. Yo ni siquiera sabía como había sido la mía. Papá siempre la había descrito como a un ángel… y en las fotos que había visto de ella se veía hermosa, era como una reina, o las princesas de los cuentos. No se parecía a mí. Decidí dejar esos pensamientos de lado, no me traían buenas sensaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario