14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 51

Capitulo 120.

Y las clases no tardaron en comenzar. Para Emilie y para mí. Ella en la escuela, ya que podía ir sin problemas, aunque la tenían que ir a dejar y a buscar en coche y yo en mi casa… con profesores particulares. Todos los días en la mañana… desde las ocho hasta la una… con algunas pausas. Los cinco días de estudio eran con profesores diferentes y por supuesto, aprendía cosas diferentes.
No mentiré… me aburría mucho estudiando sola en casa. Y es que se me hacía insoportable… Lo bueno, era que por la tarde Bill venia a visitarme… mientras Margaret nos atendía con cosas ricas para comer. A demás, creo que mi horario de escuela le acomodaba a Bill.. pues en ese tiempo él pasaba al estudio. Se levantaba muy temprano. Y cuando Emilie salía de la escuela, se venía a casa a molestarnos. O se iba con Andreas por ahí.
… por cierto, esos dos ya estaban de novios. Hacía un par de días nada más. Andreas se lo había pedido con flores y ositos de peluche y chocolates incluidos. Obviamente la nueva novia y yo nos habíamos comido todos los chocolates esa misma noche, mientras ella me contaba todo acerca de ese momento. Era impresionante la forma en que Emilie recordaba las cosas… siempre he dicho que ella es muy extraña… pero es que me contaba todo TODO. Es más, creo que incluso apuntaba las cosas para no olvidarse. Y yo que tenía tan mala memoria… ni aunque lo intentara con todas mis fuerzas podría contar como Emilie las cosas. O quizás, es que yo no prefería contarlas… pero si las recordaba. Ahora que lo pensaba… yo no tenía tan mala memoria. Recordaba cuando Bill me había pedido que fuese su novia.
Ay, y es que de tan sólo pensarlo el corazón se me apresuraba de una manera descomunal.
El tiempo se me pasó rápido. Y no tenía idea de la fecha, hasta que al despertarme vi en el calendario pequeñito que tenía sobre el escritorio que estábamos a 21 de enero. El corazón se me agitó de tan sólo pensar que en cuatro días Bill y yo estaríamos de aniversario. Cumpliríamos un mes juntos. Esa mañana, me puse tan feliz, que incluso me puse a tocar la guitarra. Pero lo dejé enseguida… me costaba cogerla y poner los dedos… me dolía y era molesto. A demás de que tenía el yeso en todo el hombro… y eso me impedía la movilidad. Y a todo esto… Margaret vendría luego a ayudarme con la ropa y todo eso… después tenía que estudiar. Pff. Hoy tocaba matemáticas.
Margaret no tardó en llegar a mi habitación. Me llevó hasta el baño me ayudó con los aseos, me dejó sola unos momento para que… bueno. Y luego me ayudó a vestirme. Como estaba con los yesos, era imposible que usara ropa ajustada, por lo que seguía usando los pantalones deportivos y ese tipo de cosas. Pero al menos hoy hice una buena combinación, toda de negro. A Bill le gustaría.
Veinte para las ocho estaba tomando desayuno con mi padre. Y a todo esto… Margaret llegaba a las siete de la mañana.
En cuanto acabé el desayuno, papá se fue y el profesor… en este caso profesora de matemáticas, llegó.
Estuve toda la mañana con números y cosas en la cabeza. No es que no me guste matemáticas, de hecho, si me gusta… pero no soy muy buena en eso, no se me da bien. A veces me equivoco en idioteces muy obvias. Algún día aprenderé a hacerlo bien. Pero.. bueno… es… es igual.
Bill me llamó a las diez de la mañana... o alrededor de esa hora. Me dijo que vendría a comer conmigo y que le avisara a Margaret para que preparara una porción más para el almuerzo. Y así los hice.
Mis clases acabaron a la una, y a las una y medie Bill picaba al timbre. Margaret fue a abrirle la puerta.
- ¡Hola!. – Escuche desde la cocina, como él la saludaba. Sentí unos pasos apresurados acercándose y el corazón me comenzó a andar rápido… siempre era lo mismo. Llevaba casi un mes de novia con Bill y no podía evitar ponerme nerviosa cuando lo veía. - ¡Hola, amor!. – Exclamó, en cuanto entró en la cocina. Lo observé sonriendo. Y él me examinó… y es que estaba jugando uno de los jueguitos esos que salen detrás de las cajas de cereal para niños, de esos de colores. Los de frutas eran mis favoritos. - ¿Qué haces?. – Se agachó a saludarme.
- Es… - Me besó fugazmente en los labios. Olvidé por unos segundos lo que yo iba a decir… pero luego lo recordé. – Estoy jugando. – Sonreí.
- ¿Jugando?. Mmm… - Se sentó a mi lado y cogió la caja de cereales, para examinarla. Como supuse, no tardó en meter la mano dentro y sacar un poquito para comer. Luego dejó la caja sobre la mesa.
Mientras Bill y yo conversábamos, Margaret nos sirvió el almuerzo. Bill terminó de comer primero que yo… y luego me arrebató la cuchara y comenzó a darme la comida como a un bebé… o como lo había hecho en el hospital. Yo no quería, pero después de varios intentos vanos acepté que no podría recuperar la cuchara. Margaret sólo se reía de nosotros.
En cuanto acabé de comer… Bill, sin siquiera preguntar, me tomó me brazos y me llevó a mi cuarto. Cerró la puerta tras nuestros pasos y luego me dejó suavemente sobre la cama. Encendió la TV (que era nueva, del domingo) y sintonizó algo de su agrado.
- Tengo sueño. – Murmuró, dejándose caer a mi lado en la cama. Se pasó una mano por los ojos y se pegó mucho contra mí. Sólo pude reaccionar abrazándolo. Y él también me abrazó. Y es que el día daba tanto sueño y pereza… estaba nublado. Incluso parecía ser de noche… o que se yo… bueno, de noche, de noche, no… pero tarde. – Te quiero… te quiero mucho. – Me apretujó entre sus brazos, con cuidado.
- Yo te quiero más.
- Eres una mentirosa. – Murmuró muy bajito. Y luego bostezó. Me besó en la frente y se acomodó en una posición más cómoda. A mí me agradó esa posición… Ya que podía ver su rostro. Él me observó durante unos segundos, se notaba cansado… Quizás necesitaba unas nuevas vacaciones. Bill cerró sus ojitos, y luego volvió a abrirlos. Bostezó de nuevo… sus ojitos se pusieron cristalinos… y después volvió a cerrarlos, abrazándome más fuerte. No se movió por un buen rato. Su respiración era lenta y acompasada… no cabían dudas de que él estaba durmiendo.
Llevé una de mis manos a su cabello y comencé a juguetear con sus rastas. Siempre me había parecido que ese estilo de llevar el cabello era genial. Pero papá jamás me dejaría hacerme de estas.
Y si me veía con rastas, élmismo se encargaría de cortarlas una por una, aunque no me dejara cabello.
En las fotos de Internet y de todas partes, Bill salía con los ojos delineados de negro. Pero cuando estaba conmigo, jamás se maquillaba. Es más, nunca lo había visto con los ojos maquillados. Él se veía bonito de todas maneras. Con maquillaje o sin maquillaje… con rastas o sin rastas. Me gustaba igual. Tampoco es que me fijara sólo en lo físico.
Y Dios… que afortunada era al tenerlo como novio. Bill era un amor… una persona hermosa. Me quería mucho…y me cuidaba. Había tenido muchas, mucha suerte al conocerlo. No todos los días se conoce a una persona así. Aunque en un principio haya sido un poco, o muy, grosero conmigo. Yo era especialista en olvidar las cosas malas… creo. Y ya se me había olvidado todo eso malo que había pasado con Bill. Bueno, olvidado, olvidado no… pero ya no me sentía mal al recordarlo ni nada de eso. Y que suerte, también, que Bill se hubiese olvidado de la otra chica. Porque… ahora me tenía a mí, yo lo iba a cuidar. Ella no estaba, se había ido… y le había hecho daño. Yo no le haría eso a Bill. Lo quería demasiado como para alejarme de él y mucho menos dañarlo. Y dejarlo tan automático como ella lo había dejado. A esas alturas, ni siquiera me importaba saber el nombre de mi prima… de hecho, no la he visto nunca… y si la he visto no la recuerdo.
Bill se movió acomodándose mejor. Sus brazos casi ya no apretaban mi cuerpo… pero entre sueños, él se encargó de abrazarme como a un osito de peluche. Incluso se agachó un poco, quedando con su cabeza en mi pecho. Ahora sabía como se sentía él cuando lo abrazaba así. No podía evitar sentirme protectora… Aunque, seguramente, el papel de protectora no lo haría muy bien, que digamos.
- Mm… - Se quejó, moviéndose entre sueños. Ya habían pasado unos cuantos minutos desde que él se había quedado dormido. – Te amo. – Murmuró bajito. Casi no entendía que era lo que estaba diciendo…Puse más atención… a lo mejor seguía hablando. – Mi vida… - En ese omento comencé a pensar que él estaba despierto y me estaba jugando una broma. Jamás había escuchado a alguien hablar dormido antes. – Annie…
Abrí los ojos como platos. Y no quise seguir escuchando. El corazón se me paralizó y los ojos se me llenaron de lágrimas. ¿Annie?, ¿ANNIE?. ¿Quién mier.da era Annie?.
Me costó un par de segundos asimilar sus palabras, y es que no podía creerlo. Annie… Bill había dicho Annie. Y estaba dormido. ¿Porqué?. Ojala… quizás, era solo un sueño, y nada más que un sueño. No quise pestañear, ya que estaba segura de que si lo hacía, iba a comenzar a llorar.
Annie… Me sonaba de algún lugar… pero no sabía de donde.
Ay, no…
Capitulo 121.

Va…vale. Quizás no era para tanto. Quizás… sólo estaba soñando y nada más.
Me entraron ganas de despertarlo, para preguntarle quien era Annie, pero no lo hice. Si él lo recordaba al despertar se lo diría… y si no lo llegaba a recordar, pues no. No quería armar problemas.. tampoco quería actuar como una novia paranoica. Pero es que… argh. Quise apartar a Bill de mi cuerpo, pero a penas me moví. Logré controlar mi respiración y me relaje un poco… aunque aún sentía un feo malestar en el estómago. Estaba angustiada… ¿Y si Bill estaba con otra chica?. No, no… Bill no haría eso, claro que no. Él me quiere… él… ¿Y si era una chica que conoció en sus vacaciones?. ¡Dios!. Ojala no fuera eso porque… porque no. Si era así, yo me enojaría de por vida. No volvería a hablarle.
Los ojos se me llenaron de lágrimas nuevamente, al pensar en las posibles razones de porqué él había dicho ese nombre.
¿Y si era alguna amiga?. Bill no tenía más amigas… que yo supiera. Jamás lo había escuchado hablar de otra chica y tampoco salir con alguna otra chica que no fuésemos Sam, Emilie y yo.
Se me vino a la cabeza la idea de que podría ser… buah. No. Bill ya la había olvidado. Aunque no me vendría mal preguntarle a papá el nombre de la chica.
En todo caso… seguramente soñaba algún recuerdo o algo así. No es que él amara a otra chica, no. Él me ama a mí y sólo a mí. Estoy segura… yo confío en Bill… es mi novio. Y yo lo amo.
Cerré los ojos e intenté desterrar todos los pensamientos negativos de mi cabeza. Intenté olvidar las palabras que Bil había dicho entre sueños. Aunque no sé porqué razón, las escuchaba repetidamente, una y otra vez, en mi cabeza… como una especie de eco.
Me estaba comenzando a desesperar. Pero tenía que relajarme.
Abracé a Bill, y hundí mi cabeza en su cabello. No me importaba lo que él hablara dormido. Lo decía de manera inconciente. Y todo el mundo tiene sueños extraños y estúpidos. Cuando mi novio despertara, se reiría de él mismo por haber soñado que quería a otra chica que no fuese yo.
Y ya. Punto. Asunto olvidado. Jamás voy a dudar de Bill.

Arrugue el rostro y la nariz intentando no estornudar. Sentía cosquillas en la punta de la nariz. Las malditas cosquillas me habían despertado. Me llevé una mano a la zona, pero no había nada. Me quejé, volviendo a meterme debajo de las colchas sin siquiera abrir los ojos. Me cubrí hasta la cabeza y me dispuse a volver a dormir.
Pero cuando estaba en eso, alguien me quito las colchar y dejó mi rostro descubierto. La luz de la habitación estaba encendida y se colaba entre mis párpados. La sensación era molesta. Volví a quejarme… y es que ayer en la noche había estado tan emocionada que no había podido dormir. Había estado así de emocionada porque…
¡Hoy era mi, digo, nuestro aniversario!. ¡Un mes juntos ya!, ¡Dios, que rápido pasa el tiempo!.
Abrí los ojos de golpe, pero me vi obligada a cerrarlos ya que la luz me cegó por completo. Sentí nuevamente las cosquillas en la nariz. Volví a llevarme la mano a la zona, pero no había nada.
Entonces escuche una risita.
Me di cuenta de que no estaba sola y me tensé al instante. Me llevé las manos a los ojos y los refregué. Luego los entreabrí un poco e intenté enfocar bien la vista. Había alguien conmigo… y ya comenzaba a suponer quien era ese alguien. Sonreí levemente y abrí un poco más los ojos. Me aguanté las ganas de cerrarlos, y busqué con la mirada… hasta que lo vi. En realidad, no tardé en divisarlo. El corazón casi se me sube a la garganta. ¡Estaba precioso!. Iba maquillado… Dios… tenía un gorrito con todas las rastas dentro… me estaba sonriendo. Y… y… en su mano había una rosa roja. Que fue a parar a mi nariz. Esas eran las cosquillas que me habían hecho despertar.
Estornudé.
- Lo siento. – Murmuró Bill, despacito, seguía sonriendo. Yo ni siquiera podía abrir la boca, estaba petrificada observándolo. ¡Y es que se veía tan hermoso!. Dios Santo, la virgen y todas esas cosas en las que yo no creo.
Entonces él se acercó y se agachó a mi altura, para luego darme un pequeño beso en la frente. – Ya va un mes, mi amor… - Murmuró, con su rostro muy cerquita del mío.- Feliz aniversario. – Juntó nuestros labios.. y comenzó a besarme. Me dejé llevar por el beso hasta que él se separó de mi y me ayudó a incorporarme en la cama, para quedar sentada.
- Feliz aniversario. – Murmuré despacito, con voz ronca. Sin poder contener la enorme sonrisa que tenía en los labios. Bill estiró la mano y dejó la rosa roja justo en frente de mi rostro. La observé, era hermosa.
- Es para ti. – Rió. Y yo, un poco torpe, saqué mi mano de debajo de la colchas y la cogí. Seguidamente me acerqué a Bill para volver a juntar nuestros labios rápidamente. Que lindo era despertar así, de esta manera. Con la persona que amas cerquita tuyo y una rosa de regalo. Me sentía la persona más feliz y dichosa del mundo. Más feliz y dichosa del mundo. ¡Y es que estaba tan emocionada!...
Me lancé a abrazarlo y él me correspondió el abrazo… también me acarició el cabello y me besó repetidas veces en la cabeza. Me encantaba cuando hacía eso. Me parecía extremadamente tierno.
- Gracias. – Dije después de un rato. Bill sólo se rió burlón, y no dijo ningún comentario que me hiciera quedar como una ridícula.
- Vas a tener que disculparme… porque no te podré llevar a ningún sitio especial. Marc no me permitió sacarte de esta casa… aunque sea domingo. - ¡Pero que malo podía llegar a ser papá a veces!. Aunque a Bill parecía no importarle mucho quedarse en mi casa. Incluso ya se había recostado a mi lado en la cama.
Pasamos el resto de la mañana en mi habitación. A demás de la rosa, Bill había traído bombones y los estuvimos comiendo mientras veíamos la TV. Hablamos sólo de idioteces y nos reímos mucho. Después almorzamos… me vestí y regresamos a mi cuarto. Habían tantas cosas para hacer en mi cuarto… cosas buenas, obviamente.
Con Bill no podía aburrirme. ¡Y es que era tan lindo!, que incluso leyendo los nombres difíciles de los componentes de la coca-cola se veía tierno. Me encantaba.
Fue un buen aniversario… aunque podría haber sido mucho mejor si papá me hubiese dejado salir. En todo caso, Bill me había prometido, que en el siguiente aniversario… me llevaría a un lugar estupendo. Y pasaríamos el día juntos, solos.

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