14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 41

Capitulo 94: Sorpresa.

A lo mejor era Bill. Observé a Emilie caminar hacia la puerta dando saltitos. En realidad, no quería que llegaran los familiares de las rubias… ¿Y si eran todos unos pesados?... O pero aún, ¿si eran todos… gritones?. ¡Sería de lo peor!, como una película de terror. Aunque ellos dijeron que llegarían después del almuerzo… Y como Bill había dicho que vendría en media hora… seguramente era él. eso era lo más probable.
Emilie abrió la puerta e incluso yo pude sentir el aire frío colarse en la habitación. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.
- Ho.hola. – Escuché a Emilie saludar desde la puerta. ¿Desde cuando Emilie tartamudeaba?. ¡Ya lo sé!, ¡era Andreas!.
- Hola, querida… te he visto antes…
- ¡Emilie!, Es Emilie… - ¿Desde cuando Andreas hablaba como la abuela y tía Marie?. Abrí los ojos y la boca como platos. Dios. ¡La abuela!, ¡tía Marie!. Me sentí tan entusiasmada que por poco me levanto del sillón y salgo corriendo a saludarlos.
- Oh, ya me acuerdo, ya me acuerdo… entren. – Emilie se hizo a un lado en la puerta, y eso confirmó mis sospechas.
¡Pero que sorpresa!, esto si que era emocionante. ¡Dios, no me lo podía creer!, ¡eran ellos!.
- ¡Abuelitos!. – Chillé lo más fuerte que pude, para llamar su atención. Los ojos de los cinco visitantes se posaron sobre mí al instante. Mi sonrisa no podía ser más grande. ¡Ay, Dios!, realmente no me lo imaginaba. ¡Pero qué buena navidad!, perfecta, definitivamente la mejor navidad que había vivido. ¡No me lo podía creer!.
- ¡Cariño!. – Mi abuela, con el abrigo a medio quitar, comenzó a caminar a paso rápido hacia donde yo estaba, con las manos extendidas.
- ¿Quién es…? – Escuché la voz de papá, pero ni siquiera lo miré, pues justo en ese momento, la abuela se agachó a mi altura y no tardó un segundo más de la cuenta en rodearme con sus brazos y llenarme el rostro de besos.
- Feliz navidad, linda. – Murmuró separándose de mí.
- Feliz navidad, abuela. – le contesté. - ¿Qué hacen aquí?. – No pude evitar preguntar.
- Vinimos a visitarte, Karlie. – La abuela se levantó, dejando ver al abuelo, él me había contestado. Le sonreí y estiré mis brazos. Él no tardó en abrazarme y apretujarme fuertemente. Si… definitivamente. La mejor navidad de todas. Estaba con mis amigos, gente que mi quería, Bill era mi novio, papá lo había aceptado… y como si fuera poco, ¡mi familia había viajado desde Noruega para visitarme!.
- Feliz navidad, abuelito. – Le dije en cuanto se separó de mi.
- Feliz navidad. – me contestó con una sonrisa.
- Te traje algo a demás del regalo, querida. – Murmuró la abuela, quitándose el bolsito de cuero del hombro. Lo sujetó en sus manos, lo abrió, metió la mano y comenzó a mirar el techo mientras buscaba algo. – Aquí está. Es tu favorito. – Murmuró sacando de allí una botella pequeña de jugo de naranja. La boca se me hizo agua. – Aquí tienes, linda. – Me la tendió. La cogí y la miré rápidamente, para luego volver a mirarla.
- Gracias abuela.
- Uyyy, ¿Dónde está mi sobrina favorita?.
- ¡Tía Marie!. – Mi abuelo se movió hacia un lado, para ayudarle a la habuela con el abrigo, tía Marie se acercó a mi con una sonrisa gigante en el rostro. – Soy tu única sobrina. – Le dije cuando ya la tuve bastante cerca. Ella también me abrazó.
- Lo sé, y eres mi favorita. – Se separó de mi y me examinó. – Te veo mucho mejor…
- Estoy mejor. – Afirmé.
- Me parece excelente. Tú papá ya tiene novia, ¿verdad?. – Asentí con una sonrisa. – Que bien. ¿Es agradable?.
- Si, muy agradable. – Asentí rápidamente.
- Eso pensé. – Me dio un toquecito en la nariz y luego se levantó. Me di cuenta entonces, de que el esposo de tía Marie nos estaba mirando. Lo sonreí. Me caía bastante bien… Se llamaba Javier.
- Feliz navidad, Karlie. – Dijo en modo de saludo.
- Feliz navidad. – Le contesté.
- Que grande estás. – Tía Marie se movió a un lado para darle espacio a su marido. Él no tardó en saludarme con un beso en la mejilla. – Hace tiempo que no te veía… te recordaba más pequeñita. – Se echó a reír. Lo acompañé con la risa. Repito, él me caía bien. Lo mejor… era que durante las comidas, él era el encargado de contar las cosas graciosas.
- ¡Seli, ven a saludar a tu prima!. – Jo… era tonta otra vez. Pero no me arruinaría la felicidad, claro que no. Ella se acercó desde el otro lado del salón, donde estaban Juliette, papá y Emilie hablando co mi abuela. ¿Cómo la abuela estaba allá si hacía un ratito nada más que…?
- ¡Hola, primis!. – Soltó Selena con voz irónica. No borré la sonrisa de mi rostro. – Feliz navidad.
- Feliz navidad, Seli. – Ella se agachó par adarme un beso en la mejilla.
- Veo que estás mejor. – Se separó de mi, volviendo a erguirse… tomando esa postura de chula, puta que yo siempre había odiado.
- Si. – le dije sin cambiar el tono amable de voz. Repito, ella no me arruinaría este día.
Calvé los ojos en Emilie, ella me miraba sin entender mucho las cosas. Juliette se notaba un poco nerviosa… ¿Y es que quien no lo estaría?. También hay que ponerse en su situación… porque mis abuelos no eran los padres de papá, si no que de mamá… y como mamá había muerto y todo eso… que ahora papá estuviese con ella era un poco… extraño. Pero como mis abuelos siempre quisieron a papá como a un hijo, igual que al esposo de tía Marie, no habrían problemas. Todos los de la familia de mamá eran muy cariñosos, excepto Seli. ¿Mencioné alguna vez que mi segundo nombre iba por tía Marie?... Tenía un solo cambio. Mi nombre es Karla María. No es que me guste mucho… pero tampoco es para quejarme.
El salón no tardó llenarse de conversaciones y ruido… Yo aún no podía creerlo. Que sorpresa… jamás me había imaginado que vendrían así… si avisar. Papá también se notaba feliz… que bien.
Y Emilie… ella no tardó e llegar a mi lado y sentarse donde anteriormente había estado Bill. El resto de la familia se acomodó en los sillones, o apartaron algunas sillas del comedor para sentarse. Era como si estuviesen en su propia casa. Siempre habíamos tenido esa confianza entre todos. Lo que no me agradó, fue que Selena se sentara a mi otro lado en el sillón. Aunque yo sólo hablaba con Emilie.
Ella me preguntaba cosas sobre los visitantes. Al parecer, a Emilie no le agradó mucho mi prima… Es que Seli tenía algo… algo que hacía que a la gente no le agradara nada más verla.
Abrí mi botella de jugo de naranja y la compartí con Emilie, mientras los grandes conversaban, excepto tía Marie y Juliette, pues ambas se habían ido a agrandar el almuerzo… para tantas personas.
Y todos estábamos en plena charla, hablado sobre mi “recuperación en el accidente”, cuando el timbre volvió a sonar.
- Yo voy. – Dijo mi abuelo, levantándose de la silla.
- Carlos, ni siquiera es tu casa. – Se quejó mi abuela.
- A Marc no le molesta, ¿verdad Marc?. – papá negó con la cabeza y mi abuelo miró a la habítala con expresión ganadora. Siempre eran así… como niños pequeños.
Capitulo 95: Nos estamos entendiendo.

Bill, esta vez estaba segura de que era Bill quien estaba del otro lado de la puerta. Aunque también podría ser que fuese la familia de Juliette. No, no lo creo… ellos iban a llegar más tarde. ¡Como se llenaría mi casa!. Que desesperante, habrá mucha gente junta… había escuchado que Juliette tenía muchos hermanos.
Observé al abuelo abrir la puerta con sus manitas torpes de viejito.
- ¿Qué necesitas?. – Preguntó en ingles, abriendo la puerta hasta que no se pudo abrir más… dejando pasar el aire helado. Me estremecí. Papá se echó hacia atrás en la silla y no vi su rostro al observar la puerta…
- Es Bill, Carlos… déjalo pasar Te gustará saber quien es. – Le dijo papá al abuelo. Mi corazón comenzó a saltar como loco allí, en mi pecho. Me entraron unas ganas incontrolables de sonreír, aunque claro, intenté reprimir la sonrisa para no quedar como una idiota. Genial… pobre Bill. Ahora tendría que presentarle mi novio a la familia. ¡Que vergüenza!, ojala Emilie soltara todo, como siempre…
- Ah… Hola. – Saludó Bill, un poco cortado, quitándose los lentes de sol, que traía aunque fuese pleno invierno. Me di cuenta de que llevaba una especie de gorro, con todas sus rastas metidas allí adentro. Él pasó los ojos por toda la habitación, mientras metía los lentes de sol en uno de los bolsillos de su chaqueta. Todos lo habían saludado con un “hola”, y cuando digo todos, me refiero a la abuela, el abuelo y Javier. Seli no saludaba, tía Marie no estaba en el salón, y nosotros… los de la casa… ya lo habíamos saludado por la mañana. Bill detuvo sus ojos en mí, seguro se estaba preguntando quienes eran estas personas. No recordaba si Bill había alcanzado a verlos en el hospital o no… parece que no, no lo sé. Aparté la vista y supongo que él comenzó a quitarse el abrigo. El abuelo ya había cerrado le puerta y se acercaba a su anterior asiento a paso leeeeento, como sólo un viejito sabía hacerlo. – A que no adivinan en qué cosas anda su nieta. – Miré rápidamente a papá, con los ojos muy abiertos. ¡Ay, no! También planeaba dejarme en vergüenza frente a mis abuelos… y Javier… y Seli. ¡No!. Miré a Bill, casi desesperada. ¡Que hiciera algo!. Pero él estaba con la vista clavada en mi padre y con el ceño fruncido… se acercaba hacia nosotros con las manos en los bolsillos.
- ¿En que andas, hijita?. – Preguntó mi abuelita. La miré… pero no le dije nada. Sólo le puse la mejor cara de niñita buena que podía hacer. Poco me faltó para hacerle ojitos y un puchero. Alguien carraspeó, era Bill. Javier ya lo estaba mirando… al igual que Seli. No me agradó que mi prima lo mirara… porque… porque no. Es mi novio y ella no lo tiene que mirar, porque es mío. Él me quiere a mí, no a ella. Me tuve que aguantar las ganas de darle un codazo en las costillas.
- Soy… soy el novio de Karla. – Lo miré. Él acaba de pasarse la lengua por los labios y estaba sonriendo. Me miró fugazmente por el rabillo del ojo, mientras examinaba el rostro de todos allí en el salón. Yo también aproveché de hacerlo. Papá puso los ojos en blanco, el abuelo abrió la boca y se quedó como bobito mirando a Bill, la abuela me miró con los labios fruncidos, Javier tenía una expresión cómica en el rostro… A Seli no quise mirarla, y Emilie… Emilie se comenzó a reír como desesperada.
- Parece que a ti y a tu hija les ha servido Alemania para encontrar pareja. – Rió Javier.
- ¡Oh, tienes razón!, sabes que no me había dado cuenta de eso. – Chilló Emilie, mirando impresionada a quien había acabado con el silencio de la sala. Ambos rieron. Observé a la abuela y el abuelo… Mi abuela no cambiaba la expresión… pero el abuelo… pomo a poco fue formando una sonrisa con sus arrugaditos labios.
- Me parece estupendo. – Murmuró con su voz de anciano. – Mucho gusto, Bill.
- Igual. – le contestó mi novio, mirándolo amable.
- Bien… bienvenido a la fa… familia. – Tartamudeó mi abuela. Bill fue a decir algo, pero mi abuela habló primero. - ¡No puedo creer que mi pequeña esté tan grande!. – Se llevó las manos a la boca.
- Ha crecido tanto… - Suspiró el abuelo. Bajé la mirada sintiéndome mal… quizás por haber crecido. Supongo que ya había roto la imagen que ellos tenían de mi… La niña pequeña, la más pequeña de las nietas. Bueno, de las dos nietas. Me acomodé el cabello detrás de la oreja, sintiéndome completamente incómoda.
- ¿Quieres que te deje el lugar?. – Le preguntó Emilie a Bill, levantándose del asiento.
- Gracias. – Murmuró mi novio, pasando al lado de la mesita de centro, para sentarse a mi lado. En cuanto él se acomodó, yo me pegué mucho a su cuerpo y él no tardó en abrazarme. Aunque, claro… yo no lo iba a besar en frente de mis abuelos.
- ¿Quieren cerveza?. – Tía Marie salió de la cocina, con el delantal que usaba papá para cocinar atado a la cintura. – Lo siento, Marc… pero tenemos sed. – Soltó una risita, acercándose a nosotros. Nos observó a todos y acabó con los ojos fijos en Bill y sus brazos alrededor de mi cuerpo. - ¿Y tú eres…?
- Bill, soy Bill.
- Mucho gusto Bill, yo soy Marie… la tía de esa niña que estás abrazando. ¿Karlie ya tiene novio?. – La última pregunta fue dirigida hacia papá.
- Si, ya tiene novio. ¿A qué está grande?. – Contestó la abuela.
- Si, ha crecido mucho. – Suspiró. - ¿Y bien?, ¿a quien le traigo cerveza?, ¿Papá?. – Miró al abuelo. Él pensó un poco antes de contestar.
- Si… dame sólo un poco. Búscame un vaso pequeño… estoy muy viejo para el alcohol.
- ¿Mamá?. – la abuela negó con la cabeza. – Javier… - Ni siquiera tenía que preguntarle. - ¿Marc?.
- Claro. – Respondió papá.
- ¿Bill?. – No me sorprendió que tía Marie mirara tan amablemente a Bill. Ella era una persona amable de verdad… no de las falsas, no como su hija.
- Si, por favor. – Contestó mi novio.
- Emilie, tu madre dijo que si querías…
- ¡Ya!. – Contestó, dando un palmadita, desde su lugar, en uno de los sillones pequeños que había estado desocupado antes de que Bill llegara.
- ¿Hija?. – Le preguntó a Seli… como no.
- Sólo un poco, mamá. – Le contestó. Su voz sonó rara… más grave que lo normal. Que… extraño. La miré, ella me miró por el rabillo del ojo y pasó la vista hacia Bill rápidamente. Fruncí el ceño, ¡Seli no podía mirar a Bill!, ¡NO!.
- ¿Y tú, Karlie?.
- No, no le traigas a ella.
- Mi hija no bebe. – Me sorprendí. Papá y Bill habían contestado por mí, los dos al mismo tiempo. – Nos estamos entendiendo. – Murmuró papá… y Bill rió.
Capitulo 96: ¡NOOOO!.

- No puedo creer que sean así de… machistas. – Se quejó tía Marie.
- Que ni se te pase por la cabeza darle alcohol a mi hija. – Siguió papá. Tía Marie puso los ojos en blanco.
- ¿Aceptas que esos hombres decidan por ti?. – Mi tía me observó. Yo sólo me encogí de hombros ante la pregunta. En realidad no quería cerveza, yo jamás bebía. Tampoco es que me molestara que ellos hablaran por mi. Es más, me agradaba… me daba la impresión de que se preocupaban por mi y todo eso. Aunque… quizás yo también podía preocuparme por ellos.
- Tía Marie… tráele sólo un poco de cerveza a papá, el un vaso pequeño, como el abuelo. Y a Bill no le traigas de eso. Con un vaso de agua él se conforma, ¿no es así Bill?. – Lo miré con una sonrisa. Tía Marie se echó a reír, al igual que los abuelos y Javier. Ah… y Emilie, ¿cómo no escuchar su estrepitosa risa?. Bill me miró alzando ambas cejas, para acabar frunciendo el ceño.
- Yo quiero cerveza… - Se quejó. – Marie, si quiero cerveza. – Se me hizo extraño que Bill llamara “Marie” a tía Marie.
- Entonces a mi también me traes una, tía Marie. – Le dije, aguantándome las ganas de reír.
- No, no le traigas. Tú ya tienes tu jugo de naranja… - Señaló la botellita a medio tomar que estaba en mi mano.
- Entonces tampoco le traigas a Bill, compartiremos el jugo de naranja. – Sonreí lo más inocente posible y Emilie estalló nuevamente en carcajadas. Tía Marie intentaba aguantar la risa.
- Ahora estás siendo cruel con el pobre chico. – Se burló. Yo suspiré… Vale, creo que ya era hora de terminar con la bromita. Después Bill se podía enojar… Y estábamos tan bien que… no, definitivamente yo no quería que se enojara.
- Entonces… es mejor que no me traigas, Marie, no hay problema. - ¿A caso Bill había dicho eso?. Lo miré sorprendida. Él era un cabeza dura… ¿Cómo podía aceptarlo así de rápido?.
- Trae para Bill, tía Marie. Yo no quiero, gracias. – Dije rápidamente. Tía Marie sonrió de medio lado… y luego se dio la vuelta para dirigirse hacia la cocina. Miré a Bill, él me estaba sonriendo. Y antes de perderme en sus ojos, miré sus labios… Y es que tenía tantas ganas de besarlo que no me aguantaba. Pff, que mal que estábamos con toda esa gente en el salón… Al parecer Bill se dio cuenta de las ganas repentinas que me habían entrado por darle un beso, por lo que se acercó a mi y me dio un besito en la mejilla. Con eso yo no me conformaba… pero es que… argh. Él se separó de mi despacio, y miró en todas direcciones, sólo moviendo los ojos. Lo observé curiosa… y cuando menos me lo esperaba, él se acercó a mi rápidamente y posó sus labios sobre los míos rápidamente para luego volverse a apartar y volver a su antigua posición, con una sonrisa en el rostro. Me sonrojé y miré a todos alrededor… nadie nos había visto… digo, todos estaban hablando sobre sus cosas y nadie estaba pendiente de nosotros, excepto Emilie. Volví a mirar Bill, soltando un fuerte suspiro. Pero él no me miraba… si o que miraba a… estaba mirando a… miraba a… SELI. ¡NOOOO!, Es que él no podía mirarla, ni siquiera eso. ¡NO!. Miré rápidamente a mi prima, con la peor cara de odio que tenía. Ella le estaba sonriendo a MI NOVIO. ¿Cómo podía hacerlo?. ¡Que puta!. No, no y no, ella no podía porque… porque era mi novio… a demás… ella… ella era de Noruega. ¡Tía Marie no tendría que haberla traído!. Miré a Emilie rápidamente, ella estaba en mi misma situación, asesinando con la mirada a Sali. Se dio cuenta de que yo la estaba mirando, y con expresión pensativa comenzó a mirar hacia todos los sitios, hasta dar con el teléfono inalámbrico. Miré a Bill por el rabillo del ojo, mientras Emilie se levantaba e iba a coger el teléfono. Comenzó a marcar número mientras se acercaba a mi. Hice sonar los dientes al darme cuenta de que Bill también le sonreía a Seli. ¿Pero qué le pasaba?. Se suponía que él me quería a mi, no a ella. ¿Por qué no dejaba de mirarla?. ¡Es que él no podía hacerme esto!. Cogí el teléfono que Emilie me tendía y Bill ni siquiera se dio cuenta.
Mire la pantalla del aparato, estaba llamando. La miré sin comprender y ella sólo asintió con la cabeza para que yo me pusiera la cosa esa en el oído. Y eso fue exactamente lo que hice.
- ¿Hola?. – Oh, que bien.
- ¡Andreas!. – Sonreí de medio lado. Bill pegó un bote a mi lado al escuchar mi exclamación con el nombre de su amigo, y en menos de un segundo yo ya no tenía el teléfono en la mano. Lo miré, enojada. Pero él ya había cortado la llamada. - ¿Qué es lo que te pasa?, sólo quería desearle feliz navidad. – No pude evitar que mi voz sonara con un poco de amargura.
- ¿Estás enojada?. – Susurró hablando despacito, acercándose mucho a mi oído.
- ¿Estás enojada?. – Susurró hablando despacito, acercándose mucho a mi oído. Me estremecí… Dioooos.
- No. – Mentí. ¡No me gustaba que Bill mirara a mi prima!. Encima con lo tonta y fea que era ella… yo tampoco era la gran maravilla, ¡Pero es que ella parecía un payaso!, con ese pelo rojo y crespo que tenía…
- Que bien. – Siguió susurrando. – Podrías decirle a tu prima que se limpie la mejilla… creo que tiene comida pegoteada. – Relajé el rostro e incluso me entraron ganas de reír. Aunque me aguanté. Miré a Seli y me fijé en sus mejillas, una de ellas, tenía una mancha que salía desde la boca. Ya estaba seca… seguramente era comida. Diuu… Bill rió bajito.
- ¿Eso es lo que le miras tanto?. – Intenté casi no mover los labios, en una de esas, no me escuchaba… y es que me daba mucha vergüenza decir eso… era como admitir que yo estaba celosa.
- Si… no tienes porqué llamar a Andreas.- Intento hacer que la frase sonara cómica, pero no resultó. Es que como había mencionado a Andreas… No entendía que era lo que Bill tenía contra él, si ya todos sabíamos que al rubio le gustaba la rubia(XD). Cogí su mano y entrelacé mis dedos con los suyos. Él me dio un pequeño beso en la cien y yo no pude reprimir una sonrisa a darme cuenta de que poco a poco, ya aprendería como se comportaban los novios… ya estaba aprendiendo.
Aunque ahora, lo más importante que debía hacer… era decirle a Seli que no siquiera haciendo el ridículo con la comida pegada en el rostro.
La miré con una sonrisa de suficiencia… burlarme de la gente no era algo que me gustara hacer… pero los recuerdos de la infancia me dieron fuerzas para poder hacerlo.
- Seli, primis… - Imité su palabra extrañamente ridícula. – Podrías ir al baño a lavarte la cara.
- ¿Qué?. – Me preguntó sin entender. No pude evitar reír un poco.
- Tienes comida pegada en la mejilla. – Bill habló por mí. Me dieron ganas de dejarme caer en el piso para reír y reír hasta cansarme. Y es que la cara con la que Seli había quedado…
Já, conmigo y con MI novio, nadie se metía. NADIE.

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