14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 59

Capitulo 132.

A la mañana siguiente me desperté con un horrible dolor de cabeza. Y es que me había quedado dormida demasiado tarde… y encima llorado. Pero qué más da. Nada.
Bajé aún en pijama y con la ropa del día de hoy en el brazo. Miré todo a mí alrededor y como era de suponerse mi papá no estaba. Margaret salió de la cocina, al oírme bajar las escaleras. Me saludó de un beso en la mejilla y me apretujó como se le dio la gana. Últimamente andaba muy cariñosa, intentaba darme ánimos. Yo ya le había agarrado cario a la mujer, pero no se me había dado la oportunidad de decírselo. Margaret me dio una nota que me había dejado papá: ‘Karlie, hija… vuelvo en la noche, que te vaya bien en el hospital. Dejé dinero para un taxi. No te preocupes no te sucederá nada, a demás irás con Juliette. Estará ahí a las 12, espérala lista. Adiós, Marc’.
Genial…
Retomé lo que hacía, entré en el baño y saqué una toalla, me quité la parte de arriba del pijama y agaché la cabeza… estiré la mano para tomar la ducha teléfono. Me Lavé el pelo cuidadosamente. Esto de tener yeso no es nada fácil… debo estarme lavando por partes y e demasiado incómodo. Por suerte ya lo podía hacer yo sola y o necesitaba de la ayuda de ciertas personas. Y es que la verdad me cohibía bastante que alguien me observara y me ayudara con la limpieza de mi cuerpo. Una vez lista me sequé y vestí con ropa casual. ¿La verdad? No, no casual. Hoy se me había antojado vestir de negro, ese color me había comenzado a agradar y… bueno, lo llevaba más seguido en la mayoría de las prendas de ropa. Y como mi armario no estaba repleto de cosas negras… obligaba a papá que me comprar ropa de ese color. Y si no lo hacía… era simple: no le hablaba. No me agradaba del todo se así. No estoy segura.
Me maquillé los ojos hasta tapar mis ojeras a tope. Me veía vulgar, lo tenía claro pero ¡No me importa! Me senté en el sofá a esperar que llegara mi futura ‘madre’… madrastra, mejor dicho. Aunque no estuviese del todo convencida respecto al matrimonio… estaba segura de que en poco tiempo acabaría aceptandolo. Quizás era cosa de acostumbrarse. O quizás no.
Me pregunté si Emilie le habrá contado lo que había pasado el día de ayer. Ojala no, si no me sentiría incómoda a su lado. Juliette era su madre…
Tomé mi móvil y me fui a los mensajes. El último, el último había sido de Bill, y no sé por qué razón lo abrí. ‘Sigo queriéndote’. ¿Cómo podía? O sea… recién recapacito, ¿qué pretende? O más bien ¿qué pretendía? Me fui a la parte que es para enviar mensajes, y rápidamente escribí ‘Eres un maldito idiota’ cuando estaba a punto de marcar el botón de enviar. Oí el timbre. Margaret se adelantó a abrir la puerta.
-Karlie, querida, vamos que estamos atrasadas. – Gritó Juliette desde el otro lado de la puerta.
-¡Ya voy! – Pensé más de dos veces en si enviar el mensaje o no. Al final, no lo hice.
Me acerqué a la mesa, cogí mi bolso y salí.
-Ya llamé el taxi, está en la esquina esperándonos, apresúrate – Me sonrió. Cosa que me hizo suponer que Emilie no había dicho nada.
-¿En la esquina? – Retorcí mi expresión, al darme cuenta a lo que me expondría.
-Si Karlie… vamos. - Me tomó por un brazo suavemente.
Salí algo temblorosa del umbral de mi casa. Comencé a tropezar torpemente con las separaciones de las aceras. Al divisar el taxi… quise apresurar el paso para subir rápido. Me sentía como un vampiro expuesto al sol.
Al estar más o menos cerca saqué mis lentes de sol y me los puse, miré hacia todos lados, incluyendo la casa de los Kaulitz. Pero no sé si para mi fortuna, no había nadie.
Continué mi camino junto a Juliette.
Al llegar al hospital, era justo mi hora así que pasé directo a la habitación. El doctor me sonrió y luego hablo un rato con mi acompañante. Yo solo me limitaba a sonreír. Cuando el doctor ya hubo revisado las radiografías anteriores y las nuevas. Decidió lo que yo había estado esperando por muchísimo tiempo. Hoy, martes 16 de junio sería un día memorable, el día en el cual me liberaría de todo este tormento de incomodidades.
Tomó esas enormes pinzas o más bien tijeras gigantes y tal como lo hizo con mis yesos anteriores lo rompió y quitó con cuidado. Sentí una leve brisita en mi pierna. La verdad extrañaba muchísimo ese frescor.
Una vez ya todo fuera, bajé de la camilla y me fui al lado de Juliette. Sonreí y luego de darle la mano al doctor, en modo de despedida, nos marchamos.
-¿Cómo no iremos?. – Pregunté. Juliette no había traído su coche.
-Nos vendrán a buscar, querida.
-¿Quién? – Abrí los ojos como platos.
-Ahí viene, vamos – Hizo caso omiso a mi pregunta, tironeando de mi brazo.
-¡Juliette! ¿Quié…? - No terminé con mi frase y quedé con la boca de un metro…

Capitulo 133.

Pero… pero… ¿qué?. ¡Dios!.
Sentí un nudo en la garganta y algo apretándome fuertemente el pecho. Las manos me comenzaron a temblar… y de no ser porque Juliette me llevaba del brazo, me habría ido directamente de boca al piso. Sentí el sol sobre mi piel al salir al estacionamiento del hospital, el sol estaba… caliente, ardía. Seguramente tenía las mejillas enrojecidas. Sentía el cuerpo acalorado, y a medida que me acercaba al coche que nos esperaba, más calor me daba y mayor era mi desesperación.
- Lo siento. Sé que no te gusta la idea, pero mi coche se averió. Tu padre tenía que usar el suyo para el trabajo, Simone salió de la ciudad y Tom fue con Sam a no sé donde. Lo siento. – Repitió, co voz suplicante. Sentí que iba a estallar. Que iba a gritarle todo lo que se me pasara por la cabeza. ¡¿Como se atrevía?!. Entrecerré los ojos y miré atravéz del cristal de la parte delantera del coche, pude distinguir a… argh.
- Podrías haber pedido otro taxi. Gracias por ser tan considerada conmigo. – Ni siquiera la observé, pero dejé que el veneno se apoderara del tono de mi voz.
- Discúlpame. – Volvió a repetir. Pero ya estábamos en un costado del coche. Juliette abrió la puerta trasera y me dejó pasar primero. Entré temblando, con el corazón en la garganta y sudando. Me limité a mirar mis pies. Juliette cerró la puerta.. y luego se subió ella en el aciento del copiloto. Me mordí el labio inferior. Dios santo, podía escuchar mi corazón en la garganta.
. Iba rapidísimo, una velocidad increible. No me hubiese sorprendido si en ese mismo momento me hubiese dado un ataque o algo.
- Hola, Bill. Gracias por venir a por nosotras. – Habló Juliette. Me tensé al escuchar su nombre y no pude evitar cerrar las manos en puños, reprimiéndo las ganas de llorar. Y yo que ya estaba “comenzando” a “superarlo”.
- No es nada. – Casi me quedé sin respiración. Puedo asegurar que de no ser porque el coche dio un pequeo saltito, habría muerto por asfixia. Giré la cabeza y miré hacia la ventana. La voz de Bill era tan fría, tan… automática. Estaba como antes. Igual que esa primera vez, cuando me había subido al coche de Tom y él…
- ¿Y como has estado, Bill?. Hace tiempo que no nos veíamos. – Juliette buscaba algún tema de conversación. El ambiente estaba tenso.
- Bien. – Respodió cortante.
Entonces no me resistí. Se me volvió inevitable girar la cabeza y alzar la vista para obserarlo por el espejo retrovisor. Su mirada estaba clavada en la carretera, con era expresión inhumana que tanto me asustaba. Aparté la vista.
- A Karlie ya le han sacado todos los yesos, está más sana que nunca y no necesita terapia. ¿No es genial?. – Siguió Juliette con su conversación. Ella era quien mas hablaba. Bill no contestó y no mentiré, me sentí un poco mal por ello. Como mi rostro seguramente iba a explotar, me quité el polerón con cuidado y lo coblé sobre mis piernas. La época de calor ya estaba comenzando… que va… ya había comenzado.
. – Karlie, querida, no te duele nada, ¿verdad?. - ¿Y a qué venía esa pregunta?. Pues me dolía TODO y era su culpa. Este viaje me había arruinado toda la “felicidad” de ser libre de nuevo. Alcé la mirada, y sólo pude observar su cabello rubio en el asiento de adelante. La fulmine con la mirada.
- ¿Me notas cara de dolor?. – Espeté, con voz ruda. Inevitablemente volvi a mirar el espejoretrovisor. Y fue lo peor que pude haber hecho. El peor herror que pude haber cometido. Mi mirada chocó con la de Bill durante medio segundo. Pero ese miserable pedacito de tiempo, me bastó para darme cuenta de que dentro de sus ojos fríos y terroríficos, había un poco de… ¿sorpresa?. No lo sé. A lo mejor me había equivocado al interpretarlo.
¿Y si no estaba equivocada?. Sopresa… ¿Porqué?.
Y fue en ese momento cuando caí en la cuenta de que me había convertido en un monstruo similar a Bill. Estaba siendo una… una amargada, una persona fría, contestaba mal… yo… Ay, no. ¿Mis ojos serían así de oscuros también?. No me había dado cuenta. Me había convertido en… algo… automático. Comenzaba a seguir la rutina, hacer las cosas por hacer, porque tenía que ser así…
¿Cómo diablos pude haberme permitido llegar a este punto?.
¡No quería convertirme en una Bill!.
Me desesperó y asustó tanto la idea, que me prometí a mi misma que me esforzaría en ser como antes. Así de paso le demostraba a Bill que no estaba triste por nuestra ruptura. Aunque eso sería engañarme a mi misma y negañar a todos mis conocidos.
. No podía fingir ser feliz cuand no lo era. Pero tampoco podía convertirme en una amargada y hacer sentir mal a las personas.

Recordé a Emilie. Tuve unas ganas imensas de ir a su casa y pedirle disculpas, si era necesario me tiraría de rodillas al suelo para besare los pies. ¡Era mi amiga y yo la había tratado tan mal!. Me estaba comportando como una inmadura. Tenía que saber separar las cosas dentro de mi mente, y no dejar que lo malo que me pasara afectara todas las cosas buenas volviéndolas malas también.No tenia que convertirme en esto, no era necesario.
Tenia que volver a ser la misma de antes.
Maldito Bil. Jamás tendría que haberlo conocido.
Me pasé disimuládamente la mano por el ojo derecho, acavaba de botar una lágrimas y no quería comenzar a llorar.
Intenté concentrarme en la ciudad, los edificios y luego las casa que pasaban a gran velocidad por afuera de la ventanilla. Juliette había comenzado una nueva conversación con Bill… aunque parecía más bien que ella estaba conversando sola.
El coche se detuvo justo frente a mi casa. El viaje se me había vuelto interminable. Lo único que quería era sair de allí, pero también, una parte de mi quería quedarse.
Abrí la puera, aún antes que Juliette, y saqué un pie fuera.

- Gracias, Bill. Karlie, dale las gracias a Bill. – Eso fue lo que me hizo detener. Suspiré, sintiendome desfallecer, sin fuerzas.
- Gracias. – Dije con voz neutra. Para seguidamente salir por completo de ese maltido coche y cerrar la puerta.
Avancé rápidamente hacia mi casa, dejando a Juliette atrás, quien se despedía de Bill cariñosamente. Y es que como ella lo conocía desde que el idiota no era nada más que un bebé que usaba pañales y no hacía nada más que comer, dormir y hacer popó… pues, lo aguantaba y aguantaba su actitud.
Piqué al timbre repetidas veces. Y en cuanto Margaret abrió, entré dentro casi corriendo y me refugié a un costado. No quería mirar ese coche, no quería ver a Bll. Mi corazón latía tan rápido…al parecer no podía detenerse.
- ¿Cómo te fue?. – Me preguntó Margaret. Apartándose de la puerta, pero dejándola abierta para que pasara Juliette. Estuve a punto de contestarle algo grosero, pero recordé lo que había pensado en ese coche.

- ¡Súper!. – Dije con la mejor sonrisa que pude falcificar. – Ya me quitaron el yeso. Estoy sana.
- Que bien. – Rió Margaret. – Felicitaciones. Te preparé algo rico para el almerzo, es especial, por ser hoy… y…te tengo jugo de naranja recién exprimido. - ¡Jugo de naranja!. ¡Hacía tanto tiempo que no provaba un buen jugo de naranja!. Logré olvidarme de todo por un momento y casi me abalanzo sobre Margaret para agradecerle la delicia.
- ¿Me lo dás?. ¿Puedo tomármelo ahora?. – Le hice ojitos.
- Claro, déjame buscarlo. – Se adentró en la cocina. Giré la cabeza al escuchar el ruidito que hizo la puerta al cerrarse.
- Discúlpame… - Volvió a repetirme Juliette co expresión horrorizada. Vale, el jugo de naranja me había servido para calmar mis malestares. Pero Juliette había hecho que regrsaran todos toditos, con ganas de llorar incluídas.
- Aquí está. – Margaret ya estaba a mi lado. Me dio un vaso a mi y otro a Juliette.
- Gracias.
- Mm… que rico, gracias, Margaret. – Juliette sorió ampliamente.
- Yo… me voy a mi habitación. ¿vale?.Tengo muchas cosas que hacer. – Añadí en voz baja. Y sí que tenía cosas que hacer… como llorar, por ejemplo.
Me apresuré en subir las escaleras, con cuidado de que no se me callera nada de la delicia y me encerré en mi habitación. Le di un sorbo al jugo y luego me lancé sobre la cama. Cerré los ojos e intenté aguantar las lágrimas. ¡Pero se me volvía algo tan imposible!.

Me vi obligada a tragarme las lágrimas cuando escuché mi móvil sonar. Era un llamada. Me apresuré en contestar, ni siquiera vi quien era.
- ¿Hola?.
Capitulo 134.

- ¡Karlie!. – Escuchar su voz me sorprendió. Se suponía que ella estaba enojada conmigo.
- ¿E… Emilie?. – Pregunté dudosa. Me pasé la mano por los ojos… sin poder creer que era Emilie quien me estaba llamando. ¡Y eso que yo le había habado tan mal el día de ayer!.
- ¿Quién sería si no?. – Rió. – te llamo porque tengo que contarte una excelete noticia.
- ¿No estás enojada conmigo?. – Olvidé la noticia y pasé directo a la parte de las disculpas.
- Buah, no podría enojarme contigo. – Casi pude verla haciendo un gesto con la mano, quitándole peso al asunto. Fue a decir algo más, pero la corté.
- Lo siento.
- Aish, no te preocupes por eso. Te pondrás más que feliz al escuchar esto… - Se quedó en silencio por un momento.
- ¿Escuchar qué?. – La verdad, no estaba tan entuciasmada… pero bueno, si a ella le hacía ilusión. ¡Dios,! Como quería a esa chica. Era increible que no se hubiese enojado por lo de ayer. Si yo fuese ella no me hablaría. Oh, vamos, a quien engaño…
- Que… el veinte y el veintiuno tenemos una hora. - ¿Una hora?. ¿De qué?. ¿Porqué?.
- ¿Ahm?. – Si Emilie no se explicaba yo no entendería nada.
- Recuerdas que te dije algo a cerca de un amigo de Tom y… - Dejé de escucharla. Y por poco el móvil de me cae de las manos. ¡Lo había olvidado!. Había estado tan ocupada sufriendo y dando lástima que me había olvidado de algo sumamente importante. ¡Pero qué tonta!.
- ¿Va… vamos a tocar?. – La voz me salió temblorosa, llena de emoción contenida. No podía creerlo. Emilie y yo… tocando con publico de verdad… Definitivamente este era un sueño hecho realidad, si.
- Sólo algunas canciones. Tres, a decir verdad. Aunque, si somos buenas y les gustamos a público… que es obvio, nos contratarán más seguido, nos pagarán más y podremos tocar más canciones. – Se apresuró en decir. - ¡¿No es genial?!.
- Es… es genial. – Murmuré. De la emoción se me había cerrado la garganta. Incluso había olvidado las penas que me envolvían hacía un rato.
- ¡Lo sé!. ¿Qué tal si me paso por allá y ensayamos?. Nos quedan… cuatro días. – Cogí el vaso casi lleno de jugo de naranja.
- Me parece bien. – Me llevé el jugo a la boca. – No estaría mal un poco de compañía.
- Siento mucho si te dejé sola un tiempo. Pero es que ya sabes como están las cosas con Andreas y todo eso. – Y es que la pareja estaba más unida que nunca, no se separaban ni para ir al baño… vale, estoy exagerando.
- No, está bien… es tu novio.
- Es una lindura. – Bill también era una lindura. Y así fue como acabó todo. Hacía más de un mes que no hablábamos. Pero… pero ahora no tenía que acordarme de eso. Se suponía que yo tenía que estar feliz en este momento. Por la noticia que me había dado Emilie... – Em… entocnes voy para allá después del almuerzo... como a las… ¿tres? ¿O más tarde?. – Se apresuró en cambiar de tema.
- No, está bien… como a las tres.
- Bien, nos vemos. – Reprimió un gritito agudo de emoción. – Llevaré mi guitarra.
- Bien, adios.
- Adios. Y arriba el ánimo que no es el final del mundo. – Había escuchado esa frase de la boca de Emilie cerca de mil veces… y todas esas mil veces, en vez de reconfortarme, me hacía sentir peor. Como ahora.
Corté la llamada y dejé el móvil sobre la mesita de luz. Respiré hondo diez veces, intentando calmarme… intentando reprimir lo que había ocurrido hacía un rato al salir del hospital. Me sentía desanimada… pero no iba a llorar. Se me habían quitado las ganas.
Me dirigí al escritorio y encendí el notebook. A lo mejor, si buscaba algo divertido para hacer… podía entretenerme y olvidarme de algunas cosas.
Margaret no tardó en llamarme para el almuerzo. Estaba riquísimo… Luego de almorzar, Juliette se fue y Emilie llegó. Eso me animó un poco. Y logré relajarme casi completamente al estar toda la tarde tocando y cantando. Incluso llegué a pensar que el incidente de hace una horas había sido ayer, o la semana pasada.
Cuando llegó papá a casa, Emilie se fue. Cené con él… y conversamos sobre mi pierna, que ya estaba sana y un montón de bobadas más. También le mencioné que tocaría y todo eso. Aún no tenía claro que tipo de local era… pero eso era lo de menos.
El día siguiente estuve prácticando con la guitarra… y el siguiente también. La idea me emocionaba… Incluso me relajaba. Había dejado de llorar por las noches y todo eso. No voy a hacerme la fuerte y decir que ya no me sentía triste por lo que había pasado con Bill, porque si me sentía triste, decepcionada, tonta… pero estaba aprendiendo a sobrellevarlo. Le había puesto un stop al ser automático que comenzaba a crecer en mi. Y eso me hacía sentir, de cierta forma, orgullosa de mi misma.
El día de la presentación llegó. Emilie y yo estábamos muy emocionadas. Tom nos llevó en su coche hasta el local. Era muy moderno… aunque la decoración no me agradó de todo. No podría describir lo que sentí al pararme, o más bien al sentarme, frente a toda esa gente. Incluso llegué a pensar por un momento que fallaría al tocar y lo haría mal.. o que la vome saldría horrible y no podría cantar. Que me congelaría… Y es que… estaban todas las miradas sobre nosotras. No era para menos.
Pero en cuanto comenzamos a tocar… todo cambió. Me sentí diferente, perdí la vergüenza y los miedos… y fue como si me hubiese convertido en otra persona. Los aplausos de nuestro pequeño público al terminar cada canción casi me cuesta alguna lágrima. No hay palabras. Definitivamente.
El día siguiente, veintiuno… nos fue mucho mejor. Incluso unos chicos se acercaron a hablarnos al terminar el show. Claramente Andreas no dejó sola a Emilie en ningún momento. Y los chicos, Paoul y Carlos terminaron siendo muy agradables. Carlos me pareció bastante guapo… tenía una sonrisa de infarto… ¡Dios!. Y Paoul… tambiñen era guapo, pero no tanto como Carlos.
Resultó que el amigo de Tom, Frank, quedó bastante satisfecho con el trabajo que Emilie y yo habíamos hecho… y nos pidió venir dos veces a la semana. Dos días seguidos. Nos pagaría bien y tendríamos una hora completa de ocho a nueve para tocar todo lo que quisiéramos. Y encima nos pagaba bien. Era genial recibir dinero por divertirse.

La cosa es que comenzábamos con las presentaciones oficiales del veinticinco… el veintiséis también… ¡Que emoción!. Tenía que escribir mas canciones… no podiamos tocar siempre las mismas. A demás, tenía que tener más canciones para cuando alguna discográfica me contratara… para hacer una maqueta y luego un CD de música. Luego de eso, vendrían los concienrtos y la fama. Sería tan famosa como los chicos. Como Tokio Hotel.

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