Bill me dio un pequeño beso justo en la punta de la nariz. Y se separó soltando una risita.
- ¿Ves que todo está bien?. – Asentí sólo una vez. Él estaba tan cerca de mi, que me había quedado como una piedra. Cerré los ojos. – Ya lo aceptó. Dejemos que se acostumbre. – Volvió a reír. Sentí sus labios sobre los míos, pero se separó rápidamente. – Tú padre es un celoso. – Volvió a besarme. Se me vino a la cabeza lo de Andreas. Bill siempre se ponía extraño cuando Andreas aparecía. Quizás él también era un poco celoso. Me separé de de sus labios, alejado mi cabeza a una distancia prudente para mirar su rostro.
- Bill, creo que debo llamar a Andreas, ayer no terminamos de hablar y tengo que desearle feliz navidad. – Su rostro se contrajo en una mueca extraña. En realidad, si tenía que llamar a Andreas.
Capitulo 92: Película.
- Pero no lo llames aún, debe estar durmiendo. – Murmuró entre dientes. Celoso, ya era oficial… Bill era un celoso.
- Lo despierto, tampoco creo que se enoje si…
- No es necesario. – Me cortó. – Ya lo llamaste ayer. – Fui a decir algo más, pero él me cayó pegando sus labios a los míos. Se separó de mi rápidamente. – Mejor que lo llame Emilie… - Y volvió a besarme. Esta vez el beso duró un poco más. Como me gustaban sus besos… Y es que Bill era tan… No lo sé. ¿Irresistible?. Si, eso. A demás, yo lo amaba… Y todo lo que yo sentía hacia él era fuerte… Era… era lo más extraño que me había pasado en la vida, pero me gustaba.
- ¡Aw!. – Bill se separó al instante de mi, ambos dimos un pequeño salto producto de la sorpresa y abrimos mucho los ojos. ¿Cómo o ser ella?... Emilie. Siempre metiéndose donde no debía. Y es que a ella le gustaba molestarme y joderme siempre. Aunque, claro… no lo hacía con mala intención. – Son taaan lindos. – Chilló Emilie llevándose las manos al pecho. Que exagerada. Miré a Bill, se notaba un poco molesto… aunque intentaba disimularlo. En realidad, yo también estaba un poco molesta con Emilie… yo quería estar con Bill a solas un momento, y ella ¡Puff!, había aparecido de la nada, como por arte de magia y sin haber sido llamada. Pero no importa… ella es mi hermana. Si. Ya luego podría estar a solas con Bill, quizás. Así lo podría besar tranquilo, porque en frente de las personas yo no podía hacerlo. Me sonrojé al pensar que Emilie nos había visto besándonos. – Yo… yo quería asegurarme de que era verdad, a ver si no había visto mal. ¡Es que aún no me lo creo!, es tan genial… ustedes dos… ¡Es sorprendente!. – Siguió gritando como si el mundo se fuese a acabar en cualquier momento. Y yo me había quedado como una boba observándola a ella y a sus movimientos de brazos por el aire.
- Lo sé, Emilie… ¿No es lo mejor?. – Le contestó Bill. Eso me había sonado a burla… había comenzado a imitar a Emilie. Pero esta ni siquiera se dio cuenta y asintió con una sonrisa gigantesca en el rostro. - ¡Y lo más espectacular, es que mi novia no es chillona!. – Emilie no contestó, pero no quitó la sonrisa de su rostro. Apreté los dedos de Bill entre los míos y él no dijo nada más.
- Pensé que Marc los mataría a ambos… - Esta vez controló un poco su voz. - ¿Vemos un película, chicos?. Sam y Tom se fueron a poner la ropa.
- Nosotros íbamos a desayunar. – Habló Bill. Yo me aclaré la garganta. Sonaba bien ver una película mientras desayunábamos.
- Podríamos ver la película mientras desayunamos. – Le dije en voz baja. Bill me miró con el ceño fruncido, pero luego relajó la expresión y volvió a mirar a Emilie.
- Vale… Pero tú elijes la película. – Le dijo rápidamente. Me mordí el labio inferior y estoy segura que Emilie suprimió un grito de alegría. Y es que la pobre andaba tan chillona últimamente… Y a Bill le desagradaba tanto. Bueno, a mi igual pero… yo me las aguantaba… si esa era su forma de expresar su felicidad…
- Una que estén pasando por la TV… a lo mejor alguna de navidad… - Murmuró Emilie, sentándose en el sillón donde anteriormente había estado mi padre, luego de haber cogido el control de la TV.
Encendió el aparato y comenzó a pasar los canales, quedándose unos segundos en cada uno para ver que estaban dando. Y yo como una estúpida miaba también la TV, a ver si veía algo bueno… o algo que entendiera. Hasta que sentí algo suavecito y tibio en mi mejilla. Era la maño de Bill, quien me giró el rostro hacia él, para que lo mirara. Me estaba sonriendo. Que lindo era cuando sonreía… y cuando no, también. No pude evitar suspirar. Y él se rió despacito. Bajé la mirada sintiendo calor en las mejillas. Él sabía que yo suspiraba por él. Sentí su aliento sobre mi rostro… Cerré los ojos… y segundos después sus labios ya se habían vuelto a posar sobre los míos. Y una mierda si Emilie nos veía. Yo lo quería besar…
Llevé mi mano a su cuello y la deslicé despacio hacia su cabello, mientras nuestras lenguas comenzaban a jugar y explorar nuestras bocas. Yo era un poco torpe en todo esto… Pero era porque nunca había besado a alguien antes de Bill. Y estábamos de lo mejor… hasta que él se separó bruscamente de mí. Tragué saliva y abrí los ojos, para mirarlo.
Él se separó un poco de mi cuerpo y se metió la mano al bolsillo del pantalón para sacar… su móvil. Estaba vibrando, lo llamaban.
Me miró haciendo una mueca y yo no supe que contestarle, por lo que no le dije nada. Bill se llevó el aparato al oído.
- ¿Hallo?. – Y no entendí nada más. O quizás podría haber entendido si le hubiese prestado atención… pero es que no me quería entrometer en sus cosas. Él acabó volviéndome a abrazar mientras hablaba con quizás qe persona del otro lado de la línea y pocos segundos después comenzó a jugar con mi cabello.
- Aquí está el desayuno… - Miré a Juliette que aparecía en el salón con una bandeja y dos porciones de comida. Una para mi y la otra para mi novio que hablaba por el móvil. Dejó la bandeja sobre la mesita de centro… lo más alejado posible de mi pie... y es que se vería un poco raro si la comida quedaba junto al yeso y diuu. La miré y le sonreí como agradecimiento. Ella me devolvió la sonrisa y no tardó en volver a desaparecer en la cocina, no sin antes haberle dedicado una mirada sugerente a Emilie.
Como yo no me quería separar de Bill y tampoco me podía agacharme a buscar mi comida y mi café, me quedé en la misma posición, mirando la TV entre los brazos de Bill… a demás, estaba bastante cómoda.
- Ya está. – Bill volvió a separarse de mi. Lo miré, mientras él se volvía a meter el móvil en el bolsillo del pantalón. – Humm… está rico. – Se agachó para coger la bandeja y luego volvió a acercase a mi y a rodearme con uno de sus brazos.
Dejó la bandeja sobre nosotros e intentó acomodarla de manera que no se fuera a caer y que tampoco se fueran a voltear las tazas de café, yo lo ayudé. – Quería estar todo el día contigo. – Murmuró muy cerca de mi oído. Me estremecí. – Pero creo que voy a tener que irme por veinte minutos a ver unas cosas para… un viaje. - ¿Un viaje?.
- ¿Te vas de viaje?. – Le pregunté hablando bajito yo también.
- De vacaciones.
- Amm… vale. – Me encogí de hombros como pude y luego giré la cara para darle un besito en la mejilla. – Creo.. creo que deberías visitar a tu familia, por lo de navidad… digo, como Simone los va a ver y todo eso… no creo que sea correcto que te quedes conmigo y nos los veas. – Le dije rápidamente. Es que eso era lo correcto… si. Después no veía a su familia y era mi culpa.
- No te preocupes, linda… ellos ya están acostumbrados a que yo no esté para estas fechas.
Capitulo 93: Familia.
Oh… quizás era por su trabajo… que mal. Debe ser terrible no poder estar con tu familia en navidad. Aunque al parecer a él no le importaba mucho… o quizás solo aparentaba. A mi me habría gustado pasar con mi familia estas navidades, pero lamentablemente por al accidente no había podido. De cierto modo, haber pasado la navidad aquí, en Alemania, había sido mucho mejor. De no haber estado aquí no sería novia de Billl… no habríamos pasado las vergüenzas de ayer y hoy hace un rato… y no estaríamos en este momento abrazados… Seguramente también lo habría extrañado y me habría pasado el día entero pensando en él desde Noruega. De cierta forma, el accidente con el autobús había sido el causante de todo esto.
- Ni siquiera… ¿ni siquiera los saludas?. – Bill se encogió de hombros mientras cogía su taza de café.
- No compré regalos.
- Navidad no es sólo regalos, Bill. – Volvió a dejar la taza sobre la bandeja luego de haber probado un sorbo.
- Oh, no te pongas así… ni siquiera soy cercano a ellos, no les agrado. – Suspiró. – Pero si quieres que los vaya a saludar…
- No es lo que yo quiero, es lo que tú quieres. – Lo corté. – Si no quieres saludarlos, es porque no te nace el sentimiento… es mejor que no vayas. – Vaya, ya me sentía una estúpida al hablar así. Era mejor cortar el tema… se me estaba pasando un poco la mano, después Bill podía enojarse. A él no le gusta que se metieran en su vida… y yo me estaba entrometiendo de más. Si él no quería saludar a su familia... era mejor que no saludara. Bill no contestó, y me sentí mal. Bajé la mirada al instante pero no me separé de él, es más, por abrazarlo, casi doy vuelta una taza de café, pero él alcanzó a detener el desastre antes de que ocurriera. – Te quiero mucho. – Le dije lo más bajito posible, para que Emilie no me escuchara… después armaría otro de sus escándalos.
- También te quiero mucho…
Luego de estar un momento abrazados y besándonos, comenzamos a comer. Bill me ayudaba a que se no me cayeran las cosas y hacía lo mismo que en el hospital, me daba la comida en la boca. Yo simplemente me dejé. ¿A quien no le gustaría que su novio le diera la comida en la boca?. Lo sé, es vergonzoso pero… me gustaba, de cierta forma, me hacía sentir querida o importante…
Cuando acabamos de comer, Sam y Tom llegaron al salón y se sentaron con nosotros a “mirar la película”. Simone no tardó en irse a su casa para arreglarla y tener todo listo para cuado llegaran sus visitas. Sam y Tom iban a ir allá para el almuerzo, y luego Sam estaría de vuelta, quizás con Tom. Bill se iría dentro de poco a arreglar las cosas sobre sus vacaciones, pero después volvería a estar conmigo. Ah, y también vendrían a casa los de la familia de Emilie y Juliette, conocerían a papá. ¿Sería el padre de Juliette tan… tan como mi padre?. Já, no lo creo… Y es que el anciano que tenía como padre era único, sólo a él se le podía ocurrir armar tal escándalo.
Bill y yo estuvimos todo el tiempo de la película, abrazados y dándonos besitos. Ya se nos estaba volviendo costumbre, después yo ya no querría separarme de él. Sam y Tom estaban en una situación parecida a la nuestra, sólo que en su típico sillón pequeño… Sam encima de Tom y este abrazándola y tocándole el vientre con ese bebé allí adentro. Emilie era la única que “sobraba”, aunque ella y la TV hacían una magnífica pareja. Parecía meterse dentro de la película, y eso era bueno, pues no nos molestaba, nos dejaba tranquilos… Y sobre todo, se quedaba con la boca cerrada. Aunque no faltaron las veces en que ella le gritó a algún personaje para regañarlo. Yo no tenía idea de porqué lo hacía, i siquiera sabía de que iba la película, mi atención se centraba en otra cosa.
Cuando ya eran las once y algo, Juliette llamó a Emilie para que la ayudara con el almuerzo. Papá también la ayudó, al parecer, pues no volvió a salir de la cocina. Ni siquiera lo había visto después de la conversación. Luego tendríamos que hablar… que mal. Yo no quería hablar con papá, él me hablaría sobre cochinadas que yo misma sabía que no haría… tendría que aguantarme sus comentario y sus consejos de padre. Pff. Podría pedirle a Juliette que me diera esa charla, sería una experiencia mucho menos vergonzosa… Y es que los papás están hechos especialmente para avergonzar a sus hijos.
Eran cerca de las doce, Bill se despidió de mi, diciéndome que iba a arreglar las cosas del viaje y todo eso, pero que volvía dentro de media hora. Quizás también pasaba a saludar a su familia, no lo tenía claro. Aprovechó de irse con Tom y Sam también, dejándome sola en el salón… pero no importaba, ya regresaría.
Estuve viendo algo que no tenía muy claro que era, en la TV… durante quince largos minutos… hasta que llegó Emilie para entretenerme un poco. Comenzó a bombardearme con preguntas, y yo le contesté contándole algunas cosas… las que le podía contar sobre Bill y yo. Es que habían algunos momentos que sólo los quería guardar para mi, digo, para nosotros. Así de paso, le daba más misterio al asunto. Papá ni siquiera salió al salón para mirarme o decirme algo… aunque eso me hubiese calmado un poco, tanbien me hacía sentir mal.
De pronto, cuando el reloj marcaba la una en punto, el timbre de la casa sonó, y Emilie se cerró la boca de golpe.
- ¡Yo voy!. Debe ser la familia. – Dijo levantándose de un salto en el sillón.
O Bill.
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