Mmm…. Bueno… no estaba mal. Tan mal. Y es que Margaret no podía hacer nada mejor con mi cabello. A demás, me estaba haciendo un favor con arreglarme y maquillarme para la llegada de Bill. Y es que le había estado conversando sobre eso toda la mañana, seguramente ya la tenía harta y lo único que quería era irse a su casa. Justamente ‘por eso es que yo le había pedido a papá que le diera la tarde libre, es decir, que luego de esa hora él me tendría que cuidar… o que se yo, quizás, a lo mejor me cuidaba Bill… y una enfermera no hacía falta. Aunque creo que… enfermera, enfermera no era. La persona anterior que no se presentó si era enfermera… esta, más bien, era una persona que me cuidaba , me vestía, me daba las medicinas a las horas, cuando papá no estuviera también me cocinaría… y también me servía como “medio de transporte”, eso era lo que ella hacía, la función que desempeñaba en esta casa. Con razón papá había dicho que esta mujer era mucho mejor que la enfermera de ante, la que no se presentó. A demás, era muy simpática. Aunque se notaba que aún no se acostumbraba a andar por mi casa.
- Ya estoy bien, Margaret. – Me observé en el espejo por enésima vez. Ella me había tomado el cabello sobre la cabeza con un prendedor muy bonito… aunque mi cabello no estaba tan bonito como el prendedor. También me había delineado los ojos suavemente con negro. Ya que, así, seguramente, Bill me encontraría bonita.
- Estás hermosa. – Me habló en inglés… En esta casa todos teníamos que hablar ingles.. hasta que yo aprendiera el alemán fluido. Si no… no me enteraba de nada. Le sonreí como toda respuesta, y ella acomodando mi brazo bueno sobre uno de sus hombros, comenzó a caminar conmigo a arrastras hacia la escalera. Margaret era fuerte, muy fuerte, a demás de grande y corpulenta… ella podía conmigo, mis huesos, el no-trasero que tenía y mi cuerpo de tabla. - ¿Tocas la guitarra?. – Me preguntó cuando ya estuvimos en mi habitación. Seguramente la había visto en esa esquina de la habitación, abandonada. Esperando a mi recuperación… o a que Emilie se apiadara de ella.
- Si. Pero ahora no puedo tocar… - Reí. Ella también rió. Conmigo hablaba mucho más que con papá y Juliette. Creo que me tenía mas confianza a mi que a los adultos, era extraño.
- Tengo una hija que tiene tu edad mas o menos… toca el teclado. No sabes como molestó a su padre para que le comprara uno. – Puso los ojos en blanco, mientra seguía caminando de lo mejor.- Siempre le digo que no tenga contacto con él, que no es buena persona… - Suspiró. Y en ese momento fue cuando me picó el bichito de la curiosidad y me dieron ganas de saber más sobre la vida de la mujer… y de su hija que tocaba el teclado.
- Ah… ¿si?.
- Si. Nos divorciamos hace años, no es buena persona, por su culpa perdí mi trabajo. Pero Sharon sigue teniendo contacto con su padre… - Amm… vale, si hace un momento había estado tan curiosa por saber sobre su vida… pues ya no lo estaba. Ahora me sentía incómoda. Quizás era porque no me agradaba el tono de voz que estaba utilizando al referirse a su hija, Sharon y a su ex esposo.
- Ah…
- Tienes dieciséis, ¿verdad?. – Asentí con la cabeza. – Mi hija también. – Sonrió. ¿Y si ahora quería que me hiciera amiga de su hija?. Joo… - Va a la escuela de aquí cerca…
- ¿A la que voy yo?. – Le pregunté, sin pensarlo.
- Si. – Ah… a lo mejor estaba en mi misma clase y yo ni cuenta me había dado. Aunque no me sonaba ninguna Sharon... Quizás estaba en otra clase. Tuve intensiones de preguntarle a Margaret en que clase estaba su hija… me parecía interesante ya que tocaba un instrumento de música… pero tuve que aguantarme las ganas, a demás de que se me olvidó, porque justo en ese momento papá estaba abriendo la puerta.
- ¡Holaaaa!. – Chilló Emilie. Venía acompañada de Juliette… ambas muy, muy abrigaditas. Yo sonreí ampliamente y Margaret me ayudó a acomodarme en uno de los sillones. No miré cuando papá y su novia se besaron, puaj. - ¡Karlie!, ¡Ya vienen!. – Chilló Emilie lanzándose a mi lado en el sillón. - ¡Sam y Simone han ido a buscarlos al aeropuerto!. – Cerró los ojos emocionada. – Tenemos que darles la bienvenida. – Los abrió, y al parecer en ese momento se dio cuenta de la presencia de Margaret, la mujer estaba acomodando mis almohadas. – ¡Holaa!. – La saludó también.
- Buenos días. – Le respondió la mujer. Y en ese instante papá la llamó, seguramente para decirle que se largara porque no trabajaría por la tarde. A demás el almuerzo ya estaba listo…
- ¿En que estaba?. – Preguntó Emilie luego de unos segundos de silencio. – Ah, ya lo recuerdo. ¡Tienes que darle la bienvenida a Bill!. – Y es que solo pensar que él ya estaba en Alemania, o llegando a Alemania sentía cosquillitas en el estómago y todo eso. ¡Estaba tan emocionada!.
- ¡Lo seee!. ¡Emilie, Bill ya viene!. – Me llevé inconcientemente las manos a la cara y Emilie comenzó burlarse de mi, imitándome. Pero estaba tan contenta que ni siquiera me molestó. Entonces, en ese momento, sentí una vibración en la pierna. Entre las risas de Emilie y las mías, busqué el móvil en el bolsillo y después de pasarme la mano por los ojos para apartar las lágrimas, miré la pantalla. Era un mensaje de Bill. El corazón se me aceleró y dejé de reírme al instante. Abrí el mensaje y leí:
♥
Y eso era todo. Sonreí. Y negué con la cabeza sólo una vez. Estuve a punto de contestarle pero no lo hice y simplemente me volví a guardar el móvil en el bolsillo.
Estaba impaciente… muy, muy impaciente. Quería que llegara de una vez… yo… ya quería tenerlo conmigo y abrazarlo y besarlo. ¡Es que dos semanas sin verlo había sido mucho tiempo!, casi una eternidad, diría yo. Lo extrañaba mucho…
Capitulo 116: El regreso de los Kaulitz.
Y después de una larga… muy, muy larga media hora. Tocaron a la puerta, o más bien, al timbre. Sentí el corazón en la garganta… casi rompiéndome el pecho con sus fuertes latidos. Me vi obligada a abrir la boca para poder respirar. Emilie ni siquiera se levantó del sillón, simplemente se dedicó a observarme co cara de feliz cumpleaños. El timbre sonó otra vez más. Entonces papá salió de la cocina y se dirigió hacia la puerta.
. Era Bill, estaba segura, segurísima. No despegué la vista de la puerta hasta que papá la abrió. Y grande, muy, muy grande fue mi sorpresa al ver que no se trataba de Bill. Se trataba más bien de Margaret.
- Am… es que se me quedó el bolso. – Le sonrió a mi padre. Miré a Emilie y ella hizo una mueca con la boca que me hizo gracia. Buah, tanto ilusionarse… y nada. No había sido Bill. Volví a mirar hacia la puerta, me di cuenta de que estaba lloviendo. Margaret pasó dentro de la casa y cerró la puerta tras ella, mientras recogía su bolso que estaba colgado a un lado de la puerta. De disculpó con mi padre y se despidió de nuevo, luego nos hizo a mi y a Emilie una sea con la mano, y finalmente, después de asegurarse de que no se le fuera a quedar nada más, volvió a abrir la puerta para salir. Abrí los ojos como platos y me quedé sin respiración… al ver a Bill… afuera… estaba con la mano levantada, seguramente a punto de tocar el timbre. ¡Y se veía hermoso!. Y es que no me podría haber quedado más embobada. No me fijé en nada, ni en nadie más que no fuera él. Él también me miró, estaba sonriendo… o seguramente burlándose de la cara de idota que yo tenía en ese momento. No pude evitar suspirar cuando lo vi entrar a casa. Saludó a papá con la mano y se quitó el abrigo… era un abrigo de color negro, y era hermoso… le quedaba hermoso.
A demás, venía con un gorro que le cubría todas las rastas… no estaba maquillado. Y no se notaba para nada cansado. Las vacaciones le habían servido de mucho. Incluso se notaba de mejor humor… o más energético.
- Cierra la boca. – Sentí la mano de Emilie bajo mi barbilla. Logró cerrarme la boca, pero yo, aún en mi trance, volví a abrirla mientras observaba como mi novio intercambiaba algunas palabras con papá y saludaba a Juliette… quien, para mi sorpresa, lo había recibido con una fuerte abrazo. Luego del abrazo, Bill volvió a clavar sus ojos de mí, sonriendo. Esta vez Juliette comenzó a hablarle, y Bill quitó sus ojos de los míos, para observarla. Pero en seguida volvió a mirarme y yo como una idiota no podía apartar los ojos de él. Me estaba comportando como una babosa… pero es que lo había echado tanto de menos. Como me hubiese gustado poder levantarme y correr a saludarlo… pero no, tenía que estar aquí sentada, esperando a que él viniera a por mí. Lo tenía tan cerca… y tenía tantas ganas de tenerlo más cerca aún. Dios… que desconsiderados eran papá y Juliette. ¿A caso no se daban cuenta de que yo lo único que quería era abrazar, besar y saludar a mi novio?, que era mío… no de ellos. Y otra más... Emilie se había levantado del asiento e iba directo a saludar a MI novio. ¿Por qué no lo dejaban venir a por mi?, vamos, si a él también se le notaban las ganas…
Emilie se lanzó a abrazarlo, al igual que Juliette, Bill le devolvió el abrazo e incluso la levantó del suelo. No voy a negarlo, me entraron celos y ganas de hacer una berrinche. Estaban siendo extremadamente crueles conmigo. Bill dejó a Emilie en el suelo y volvió a mirarme. Seguía sonriendo… me. Sonriéndome. Me estaba sonriendo. Y yo no podía cambiar la expresión de boba… es que, simplemente, estaba paralizada. Lo único que podía hacer era observarlo y desear con todas mi fuerzas que se acercara a saludarme de una buena vez.
- Así que… mejor nos vamos a la cocina, a calentar el riiico almuerzo que preparó Margaret. – Emilie habló lo suficientemente fuerte como para que yo la escuchara. Papá y Juliette le dieron la razón y no tardaron en entrar a la cocina. Papá con una cara que no sabría describir, Juliette conteniendo la risa y Emilie alzando las cejas repetidas veces… Mirándonos a mi y a Bill intermitentemente. ¡Por fin!.
Me entraron nervios al verlos desaparecer por al puerta. Ahora estaba sola con Bill y… él estaba allá y yo aquí. Él me miraba y yo también… No voy a negarlo, estaba nerviosa y tenía un poquitito de vergüenza, no se porqué. Me daban nervios, incluso sentía un nudo en la garganta… y es que mi corazón no podía estar más acelerado. Suspiré. Y creo que él se dio cuenta pues soltó una risita… para luego comenzar a caminar en mi dirección. Poco a poco, me fue contagiando su sonrisa y mis labios se fueron curvando levemente. Diosss…
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