- Oh, Karlie, hermana de mi corazóoooooooooooon. Despierta que ya llegó tu novio a visitarte. – Esa voz chillona, estaba en todos lados… a todas horas. Como no, Emilie. Que mal… tenía la impresión de que me había quedado dormida hacía cinco minutos. Que rápido se me había pasado la noche. Solté un sonido de queja y resoplé, cerrando los ojos con fuerza. O la luz estaba encendida, o las cortinas abiertas… pero había una luz que me atravesaba los párpados. Que molestia.
Me llevé una mano a los ojos y los abrí de a poquito, acostumbrándome a la luz…
- Bill está aquí. – Ya lo sabía, lo había dicho. Yo quería ver a Bill… pero es que tenía tanto sueño y estaba tan cansada que no podía pensar en nada más que no fuese mi camita.
- Quiero dormir. – Dije con voz ronca. – Apaga la luz, por favor. – Gruñí.
- Uy, que humores. – Apagó la luz al instante, enseguida escuché sus pasos alejarse… - Ya vas a ver cuando le di… - Y ya no escuché más, estaba demasiado lejos. Me quité la mano de los ojos y me cubrí con las mantas hasta el cuello, para volver a dormir. Quería descansar.
¡¿Pero qué estoy pensando?!. ¡Billl estaba abajo!. Se suponía que se iba mañana… y yo aquí perdiendo el tiempo, en vez de estar con él.
Abrí los ojos de golpe e intenté incorporarme. Lo logré. Eso fue de lo más extraño… estaba sentada en la cama, y lo había hecho yo sola. ¿Podría también ponerme a saltar para celebrar mi progreso?. Me quité las mantas de encima y las dejé a un lado. Sentí frío en las piernas… ¿tendría papá encendida la calefacción?... dios, quizás como estaba allí afuera, repleto de nieve y todo eso. Como me hubiese gustado salir a jugar con la nieve y todo… es que era algo que me gustaba hacer desde pequeñita.
Miré hacia la puerta, no se veía movimiento en el segundo piso.
A lo mejor… si gritaba, alguien venía a ayudarme, para así poder levantarme e ir a buscar a Bill.
Pero cuando estaba a punto de gritar… algo me detuvo. Y ese algo, fueron unos pasos en la escalera. Alguien venía subiendo. Que bien, así me ahorraba el grito. Esperé, impaciente, a que la persona que venía, terminara de subir las escaleras. A lo mejor no venía a mi habitación, pero podía llama…
La persona si venía a mi habitación.
Y esa persona era Bill.
- Hola, princesa hermosa, gruñona que no se quiere levantar. – Rió. Entrecerré los ojos, y me di cuenta de que… oh, rayos, seguía teniendo sueño.
- Hola. – Lo saludé, soltando un bostezo. Él se acercó a mi, la habitación estaba oscura, pero podía distinguir claramente su rostro.
- Abrígate, ¿Cómo te quitas las mantas con todo este frío?. Encima en shorts… - Me reclamó en cuanto llegó a i lado, cubriéndome las piernas con las mantas. Yo sólo lo observé, dejando que el sueño volviera a apoderarse de mi. Que lindo… que lindo que era Bill. – Tienes los ojos pequeñitos. – Se rió. Y luego se acercó a mi… me dio un fugaz beso en los labios, que me dejó un poco más despierta, y luego se separó. Que nervios me habían entrado… - ¿Cómo estás?. – Se sentó en la cama y buscó una de mi manos, para cogerla. Bill estaba heladito. Seguramente había llegado recién y afuera deberían haber como mil grados bajo cero.
- Bien… muy bien. – Me aclaré la garganta, odiaba como me salía la voz cuando tenia sueño. - ¿Y tú como estás?. – Ni siquiera había conseguido arreglar un poco la voz. La flojera y el sueño podían conmigo.
- Bien. – Sonrió ampliamente, con esa hermosa sonrisa que me ponía como loca. No pude evitar suspirar y Bill se rió, haciendo que se me subiera el color al rostro. Odiaba cuando eso me pasaba… me sentía tan estúpida. – Mañana me voy. – Comentó. Que contento se notaba con la idea, me di cuenta de que él quería realmente tener esas vacaciones.
- Lo sé. – Bill me ayudó a volver a recostarme en la cama, sólo que esta vez puso un par de almohadas más debajo de mi cabeza, para que o quedara tan… abajo. – Tienes que disfrutar tus vacaciones, Bill. – Sonreí. Él me devolvió la sonrisa y me arropó con las mantas.
- ¿Quieres seguir durmiendo, amor?. – Amor… y es que me derretía. Asentí como una boba, observándolo. - ¿A qué hora te dormiste anoche?.
- No lo sé. – Bostecé. Y creo que le contagié el bostezo, pues el igual bostezó. - ¿Quieres dormir comigo?.
- ¿Quieres que durmamos juntos?. – Soltó una risita, yo asentí. – Son las once… tu padre me va a matar y…
- Papá no puede matarte. Tus fans se le tirarían encima y yo quedaría huérfana. – Se me vino a la cabeza, que si las fans sabían que yo era la novia de Bill, se me tirarían encima a mí, y mi padre se quedaría sin hijos. Bill rió.
- Está bien… pero, pero si tu Marc me regaña, tu le dices que fue tu idea. – Se recostó a mi lado, sobre las mantas. Me moví como pude, dejándole más espacio.
- Que caballero de tu parte. – Sonreí. En mi tono de voz no había gota de ironía… pero si en mis palabras. Bill sólo rió. Entonces se quedó quietecito, luego de haberse acomodado a mi lado. Giré la cabeza para mirarlo. Él ya me estaba mirando desde antes.
- Karla… - Me llamó.
- ¿Humm?.
- ¿No has pensado en… cambiarte de habitación?. – No comprendí que quería decir con eso. Yo estaba bien en mi habitación. ¿para que irme a otra?, esta me gustaba, ya me había encariñado con este cuarto… ¿Porqué querría cambiarme?. – Digo, por ejemplo, la que está en frente es más grande. – Hizo una mueca, como si se hubiese dado cuenta de que su comentario había sido de los peores.
- Me gusta esta habitación. – Fue mi única contestación. - ¿A ti no?. – Se encogió de hombros.
- Es tu habitación… es sólo que… tenía esa… esa duda, no es nada, amor. – Amor… Y es que cada vez que lo decía me daban ganas de ponerme a brincar y a bailar por todas partes. Saqué una de mis manos de entre las mantas y él subió su mano para encontrarse con la mía, quedaron amabas unitas a la altura de nuestros rostros.
Él se acercó un poquito a mi, su nariz chocó contra mi frente y pude observar sus labios. Luego cerré los ojos, justo en e momento en que él acomodaba su cabeza para darme un beso en la frente. – Sabes que te quiero mucho, ¿verdad?. – recodé lo que había estado pensando la noche anterior.
- Yo también te quiero mucho. – Recibí otro besito en la frente de su parte.
Bill era tan bonito conmigo… y tan tierno.
Seguramente papá me retaría por la tarde, cuando Bill se fuera, por haber estado en mi habitación con él. Pero no me importaba… Juliette lo haría cambiar de opinión rápidamente.
Buah, eso ya lo vería después… ahora tenía que aprovechar el poquito tiempo que me quedaba con Bill, antes de que se fuera durante dos semanas. Dos largas semanas…
Capitulo 105: … Marc se enojará si su hija queda sin labios..
No recuerdo en que momento fue que me dormí. No recuerdo haber soñado nada… Pero me dormí tan tranquila con Bill a mi lado, que para cuando volví a abrir los ojos, ya no tenía sueño… y estaba con todos los ánimos. En lo primero que me fijé, fue en nuestras manos, que seguían unidas… Luego me di cuenta, de que Bill estaba igual de cerquita que antes, cuando me dormí. Me moví un poco, para verle el rostro. Miré sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos y su carita relajada. Se había dormido. A demás, su respiración lo delataba. Puse mi cabeza en el huequito que había entre el huequito que había entre su cabeza y su hombro y choqué mi nariz contra su cuello. Era tan suavecito… Estaba invadiendo su espacio… pero qué más daba, si era mi novio. Y yo no lo iba a besar, ni mucho menos. Ese tipo de contacto era… indebido, algo que yo no querría hacer. Sólo podía darle abrazos y besos, porque era lo más normal de todo… pero de ahí, a pasar a otro tipo de cosas, no. Y una cosa de entre ese tipo de cosas, era besar el cuello de la pareja. Se me hacía la idea de que no era correcto. Así que sólo me quedé allí, oliendo su aroma y sintiéndolo cerquita de mi. Podía escuchar su respiración… que me ponía los pelos de punta. Como lo extrañaría… y a todo esto, tenía que besarlo muy, muy fuerte en cuanto despertara, había olvidado hacerlo.
Entonces, su mano se apretó en torno a la mía, y se movió un poquito hacia atrás. Su respiración se detuvo por un momento… Alejé mi cabeza de su cuello y lo observé, estaba despierto. Ahora él era quien tenía los ojitos pequeñitos y el rostro lleno de sueño.
- Despertaste. – Susurré.
- Me hacías cosquillas. – Murmuró. – Mmm… - Se quejó. – Yo quería seguir durmiendo contigo, hermosa. – Cerró los ojos y dejó caer su cabeza hasta que su frente chocó con la mía. Cerré los ojos al igual que él. Y luego besé su nariz. – Que rico. – Murmuró, soltando una risita casi inaudible. Sonreí. Y luego él se acomodó mejor, para poder besarme en los labios. Me separé de él luego de unos segundos. – Eh, no te alejes. – Reclamó, soltando mi mano y llevando la suya hacia mi cabeza. Me dio un pequeño empujón, volviendo a acercar mi rostro al suyo. Me reí, pegada a sus labios. Y luego comencé a besarlo. En realidad, no le di un beso fuerte, le di un beso bonito. Intentando demostrarle de alguna manera cuando lo quería.
Nos separamos luego de un momento, Bill echó su cabeza hacia atrás y se quedó allí, sin cambiar de posición, mirándome… comenzó a jugar con mi cabello entre sus dedos, y yo me di cuenta de que tenía su Camisea estrujada por mi mano. La quite despacio de allí y Bill se rió, ya se había dado cuenta desde antes. Me entró la vergüenza y volví a ponerme de color rojo. Odiaba cuando me pasaba… antes jamás me sucedía eso, pero desde que conocía a Bill, las cosas eran completamente diferentes. Y al parecer a Bill le causaba gracia que yo cambiara de color, pues ampliaba su sonrisa y me miraba como si fuese la cosa más tierna de todo el planeta. Claramente no era así, yo me veía totalmente ridícula.
- Que linda. – Murmuró.
- No hagas que me ponga roja. – Me quejé. Bill se volvió a reír y yo sentí mi rostro arder nuevamente. Apartó sus dedos de mi cabello y llevó su mano a mi rostro.
- Pero si te vez encantadora. – Siguió riendo. Seguidamente se acercó a mi y volvió a besarme. Cerré los ojos y disfrute del beso. Amaba sus labios, eran tan suavecitos y sabían tan bien.
- Ejemm… ejem. – Pegué un bote en la cama, y creo que Bill hizo lo mismo. Ya que chocamos con la nariz. ¡Pero como dolió!.
- ¡Ay!.
- ¡Auch!. – Nos quejamos los dos a la vez. Entonces la luz de la habitación se encendió. Mire hacia la puerta, llevándome una mano a la nariz, era Juliette. ¡Pero que vergüenza!. El color rojo volvió a hacer presencia en mi rostro rápidamente. Miré a Bill, este ya se había incorporado y estaba de pie al lado de la cama, con ambas manos en la nariz. Estaba igual o peor que yo… incluyendo el color rojo en el rostro.
- Oh, wow, lo siento. Pero es que… chicos, hay que almorzar. Los estábamos esperando. Bill, Marc dice que bajes. – Juliette rió, señalando hacia la puerta.
- Ah, vale… ya, ya bajo. – Se quitó las manos de la nariz y me miró fugazmente. Ahora el pobre estaba avergonzado. ¡Hasta yo estaba avergonzada!, Juliette nos había visto, nos había interrumpido… y a demás de eso había causado nuestro choque de que narices.
- Mejor que bajes… Marc se enojará si su hija queda sin labios. – Se burló ella. Bill anduvo rápidamente hacia la puerta. Ambos estábamos sonrojados hasta las orejas. – Si, te digo por besucón. – Volvió a burlarse. Entonces Bill salió por la puerta y Juliette se acercó a mi con una sonrisa.
Me dio un beso en la frente. – Buenas tardes, pillina. – Me quitó la mano de la nariz. – Vengo a ayudarte con el aseo matutino… un poco tarde… pero bueno. Es lo que pasa cuando las niñas se quedan a dormir un rato más con sus novio, ¿no?. – Asentí, sin pensarlo. Juliette comenzó a reírse fuertemente. Entonces me di cuenta de que se estaba burlando de mi. Fruncí el ceño y me incorporé en la cama, como había aprendido a hacerlo hacía un rato. – Eh, ten cuidado. – Dijo entre risas, lanzando un suspiro. Se acabó de reír, y luego me ayudó a levantarme de la cama.
Anduvo conmigo hasta el baño. Y luego me dejó allí, afirmaba del lavamanos y mirándome al espejo, mientras ella iba a buscar una ropa linda para ese día… como ella había dicho, tenía que verme linda, para que Bill me recordara linda y no desarreglada durante sus vacaciones.
Luego de limpiarme el cuerpo, el cabello y todo por separado, Juliette me ayudó a vestirme. Me puso unos jeans un poco sueltos, una camiseta simple color azul y un sweater color blanco encima. No me veía nada mal. Después, me puso los calcetines y las zapatillas de andar por casa. Finalmente me secó el cabello… y ya estaba lista. Tampoco le iba a pedir que me maquillara.
En cuanto terminamos, llamó a Bill para que me ayudara a bajar las escaleras. Seguro papá se enojaría por eso. A él le gustaba ayudarme y todo eso… Pero es que, ya era un hecho, mi padre era un celoso de Bill. Buah, él viejo tenia que aceptarlo, yo ya tenía novio.
Capitulo 106: Día antes de que Bill y Tom se vayan.
Cuando bajamos a comer, la mesa ya estaba lista, incluso la comida estaba servida. Pero se notaba que estaba servida de hacía poquito. Sólo los abuelos y Seli estaban sentidos… bueno, el esposo de tía Marie se estaba sentando…
Papá me observó desde el otro extremo del salón, estaba apagando la TV con la mano, seguramente se había extraviado el control. Le sonreí, y él me devolvió una sonrisa no my sonriente… que digamos, era una sonrisa bastante forzada.
Bill me ayudó a sentarme en la mesa. Y después se sentó a mi lado. Luego de que todos nos acomodáramos, comenzamos a comer. Los adultos estuvieron conversando, con Bill incluido. Sam y Tom no estaban, pero no me sorprendió… Seguro habían ido a algún lugar, como Tom se iba al día siguiente y todo eso… Pobre Bill, no podía sacarme de casa y tenía que estar aguantando al malhumorado de papá. Seguramente era muy incómodo para él. De todos modos, él no parecía prestarle atención a las miraditas envenenadas de papá.
A terminar de comer, volví a pedirle a Bill que subiéramos a la habitación. No describiré la cara que puso mi padre, ni mucho menos la mirada asesina que me dirigió. Por suerte, Juliette estaba con él… y es que ella era mi heroína. A demás, yo no hablaría sobre mi “noviazgo” con mi padre, hasta que mi novio se fuera de la ciudad. Y es que me daba un poquito de vergüenza. Ahora sólo tenía que evitar a papá y ya estaba. A demás, como aún no hablábamos él no me ponía reglas ni nada de eso.
- Papá está enojado conmigo. – Murmuré sin pensarlo. Bill se demoró un poco en contestar. Estaba jugando con un mechón de mi cabello, con su cuerpo pegado al mío y su cabeza sobre la mía.
- No lo está… el sólo… que piensa que tu no lo vas a querer tato como antes. – Soltó una risita. Entrecerré los ojos. Buah, mi papá no era tan inmaduro como para pensar eso, ¿o si?. – También cree que te voy a hacer daño o algo así. Pero eso no pasará. – Afirmó.
- ¿Y tú como sabes que no está enojado?. – Bostecé, me estaba dando sueño.
- Porque… - Ahora bostezó él, le había contagiado el sueño. – Porque hablé con él. – me tensé, abrí los ojos como platos y pegué un saltito. Dios, que vergüenza, quizás que cosas le había dicho papá a Bill y… - Hoy en la mañana, en cuanto llegué… y no te preocupes, sólo me amenazó… - Comenzó a reír. A mi no me parecía para nada gracioso, es más, me ponía muy nerviosa y de muy mal humor de sólo pensar que cosas papá podría haberle dicho a Bill. COmo era mi padre, era sobre protector, y como si eso fuese poco, se ponía celoso de mi novio. – Dijo que… le hablabas poco. Me odia por eso.
- ¿De… verdad?.
- No, es broma… Pero dice que tienes que hablarle más, porque se pone celoso. – Suspiró. A él no le costaba hablar del tema de mi padre, ya me había dado cuenta. – A todo esto… me dijo que invitará a mi madre para que cenemos aquí todos juntos. Como es la última cena antes de que me vaya de vacaciones…
- Se vayan. – Lo corregí.
- Ah, si… - Se quedó en silencio por un momento. – Te voy a extrañar.
- También yo.
Y así fue como pasó toda la tarde. Conversábamos sobre cualquier cosa, a veces sólo estupideces… pero lo divertido y lo que valía era que estábamos juntos. Así era mejor. Era extraño pasar el tiempo con Bill. Al llegar a Alemania, ni siquiera se me habría pasado por la cabeza que me iba a poner de novia, mucho menos con un vecino odioso que me gritara y me odiara… y, obviamente, que fuera un famoso. Buah, eso no era nada, lo mas impresionante de todo era que yo, YO… y remarco la palabra porque aún no me lo puedo creer, YO le había gustado a alguien. Nunca me había pasado antes y era algo tremendamente extraño, aunque me encantaba. Sólo por Bill había vencido uno de mis miedo, aunque me quedaban más miedos… y Bill no sabía que me había ayudado tanto. Algún día se lo diría, creo… y es que era algo que no se lo había dicho a nadie, ni siquiera a papá… jamás lo había escrito tampoco. El miedo estaba presente en mi, en todo momento, dentro de mi cabeza y muy ligado a uno de mis recuerdos. Pero buah, con Bill me sentía más segura y... parte de ese miedo desaparecía.
Me agradaba saber que él me quería. Era tranquilizador.
Me preguntaba si… lo nuestro duraría para siempre… vamos, que nada era eterno, pero… ¿él me seguiría queriendo en un mes más?, ¿en un año más… quizás dos?. Porque lo que es yo, lo seguiría queriendo durante toda la vida, estaba completamente segura de eso. Bill me tenía enamorada hasta los huesos… y es que era tan lindo… incluso cuando se enojaba. Y es que yo lo había encontrado lindo incluso en esos momentos en que lo había odiado… cuando peleábamos y todo eso. Pero eso es tiempo pasado, ya no pelearemos nunca más, porque no tenemos motivos para hacerlo.
Estamos bien, y juntos. Aunque llevemos poco tiempo siendo novios, no importa…
Bill era muy cariñoso conmigo, en oda la tarde nos estuvimos besando, riendo y disfrutando de la compañía del otro. Bill no dejaba de abrazarme, pero con suavidad, para no dañarme.
Para cuando fue la hora de la cena, Sam nos vino a avisar para que bajáramos. Una vez abajo nos encontramos con la madre de los Kaulitz. No sé si fue idea mía, pero ella me trataba más cariñosa. ¿Sería porque yo era la novia de Bill?, si, quizá por eso. Incluso durante la cena se ofreció a cuidarme cuando papá y Juliette necesitaran salir... y eso sí que fue extraño. Los abuelos avisaron, también durante a cena, que se irían de vuelta a Noruega después de año nuevo. El dos de enero, o quizás el tres. Obviamente también se irían tía Marie, su esposo y la odiosa de Seli. Quien, por cierto, no había dejado de mirar a Bill durante toda la cena y yo ya había estado comenzando a sentir ese odioso sentimiento al cual todo el mundo le llamaba “celos”. Aunque, bueno… tampoco era culpa de Seli que Bill fuese tan lindo. Oh, vamos… cualquiera se voltearía a mirarlo, Bill llamaba la atención.
Ya en el final de la cena, cuando se me ocurrió mencionar que me quería pintar el cabello de rojo. Fue un gran error, Bill y papá comenzaron a regañarme y a convencerme de que mi cabello estaba bien tal cual lo tenía, al natural.
ra de lo más extraño, pues Bill se lo pintaba y lo tenía lleno de rastas… a demás de que yo no planeaba reír mi cabello, sólo lo había dicho para molestarlos un poco, o quizás para que me prestaran más atención.
Bill se iría mañana antes del medio día. Lo había llamado, para confirmarlo. Así que… me quedaba muy poquito tiempo para estar con él.
Luego de la cena, nos sentamos en los sillones, yo al lado de Bill por supuesto. Y tanto hablar y hablar… nos dimos cuanta de que yo no tenía el número de su móvil, y él tampoco tenía el mío. ¿Qué clase de novios éramos si no teníamos el número de teléfono del otro?.
Capitulo 107: Despedida.
Me acabé durmiendo sobre el sillón… bueno, también parte de mi cuerpo estaba sobre Bill. Él me abrazaba y yo a él... el muy idiota tomaba una cerveza con los “hombre de la casa”, algunas mujeres también… y como la vez anterior, yo no había podido ni siquiera probar un sorbito. Pero buah, no me importaba, en realidad, yo no era muy amiga del alcohol, que digamos. Prefería mil veces un vaso heladito de jugo de naranja.
Abrí los ojos, despertando del sueño que se me olvidó al instante. Me di cuenta de que era de noche, ya que no había luz… y que a demás, estaba recostada en algo blandito. Tuve que pensar un poco, para poder darme cuenta, con lo adormilada que estaba, que me encontraba recostada sobre mi cama. Eso quería decir, que con el sueño pesado que a lo mejor había tenido anoche, alguien me había traído hasta mi habitación. Bostecé y pestañeé un par de veces. Para que, luego de estar unos segundos sin pensar nada, se me viniera a la cabeza algo sumamente importante: Bill. ¡No m había podido despedir de él!. ¡Hay, Dios!, seguro anoche se había ido y yo ni siquiera había podido darle un beso… ¡Argh!, estas eran las cosas que me pasaban por ser tan extremadamente idiota. Nadie me había obligado a dormirme. Pff. Y es que me sentía de lo peor… algo en el pecho me molestaba y me entraron unas estúpidas ganas de llorar. Demás, ni siquiera podía ir a su casa porque no me podía mover… a demás, no podía levantarme tan temprano y el seguramente estaría ocupado preparándose para su viaje y esas cosas. ¡Soy tan, pero tan tonta!, ¡y es que la palabra “tonta” queda cortísima en mi caso!, soy más que tonta, soy… soy… una idiota.
Solté un quejido, reprimiendo las ganas repentinas que me había entrado de hacer un berrinche. Pero justo en ese momento, algo pasó… algo que me dejó totalmente helada. Sentí algo sobre mi vientre, que me rodeaba y me movía un poquito. Abrí los ojos a más no poder, y me tensé… incluso pude sentir el corazón en la cabeza. Me vi obligada a reprimir el pequeño gritito que luchaba por salir de mi garganta debido al susto. No… no estaba sola.
Giré la cabeza hacia el lado, pero como estaba tan oscuro no pude distinguir nada. Tragué saliva, aún con todos los sentidos alertas.
- ¿Estás despierta, amor?. – Ese susurro, justo encima de mi cabeza, me hizo estremecer. ¡Dios santo, la virgen y todas las chorradas religiosas que sirvan para exclamaciones!. Esto era… realmente imposible. ¿O es que estaba alucinando?. Él no podía estar aquí… ¿papá lo sabría?, ¿cómo se suponía que se iría de vacaciones si estaba aquí, comigo, en mi casa, en mi cama?.
- S… si. – Tenía la voz ronca, al igual que él. Seguramente yo lo había despertado. A demás, quizás que horas de la madrugada serían. Que caos… - ¿Bill?. – Pregunté para asegurarme. Él contesto pegándome más a su cuerpo, con el brazo con el que me tenía abrazada de la cintura.
- Marc me dejó… - Bostezó. – Quedarme esta noche. Pero tengo que irme muy, muy temprano.
- Ah… - fue mi única contestación. Y como si sus palabras hubiesen sido una especie de calmante, me relajé enseguida… y me di cuenta de que tenía sueño. Lo malo, era que yo no quería dormir… pues si dormía disfrutaría menos tiempo al lado de mi novio. Me aclaré la garganta. – ¿Tienes sueño?. – Esta vez mi voz salió un poco más normal. Aunque, claramente, estábamos hablando en susurros.
- Un poco. – Entonces sentí algo chocar contra mi mejilla. Cerré los ojos, dándome cuenta de que había acercado su rostro al mío y me estaba besando. – Te voy a extrañar. Pero te llamaré. – Sonreí. Así no lo extrañaría tanto. – Prometo que te voy a llamar todos, todos los días, de verdad. No voy a dejar de llamarte por nada del mundo. – Mi sonrisa se amplió mucho más.
- ¿Puedo llamarte yo también?. – Susurré.
- Claro. – Sus labios chocaron con la punta de mi nariz. Solté una risita y él me siguió. – Si no pedo contestar, te devolveré la llamada. – Bajó sus labios hasta los míos, juntando así nuestras bocas. Pero se separó al instante. – Te quiero mucho.
- Te quiero mucho más. – Me sentí estúpida diciendo eso… era el comienzo de esas peleas cursis que salían en las novelas y las películas románticas.
- Te AMO mucho, mucho más. – Remarcó la palabra “amo”, y yo sentí que me estaba derritiendo. ¿Y es que cómo podía ser tan “así” conmigo?... Aw.
- Yo te amo más. – Él rió.
- Claro que no…
- Buah. – Lo interrumpí. – Ni siquiera te imaginas todo lo que te quiero.
- Multiplica todo eso por mil. – Murmuró divertido. Fui a decir algo más, pero é me calló con un beso en los labios.
- ¿Sabes?, tenemos que despedirnos ahora, lo más probable es que estés durmiendo para cuando me vaya. – Dijo, luego de separarnos
- Está bien. – Pasé mi brazo sobre su cuerpo, soltando un bostezo. – Adiós, Bill. – Dije como su fuera la cosa más natural del mundo.
- Adiós, amor. – con su mano, comenzó a acariciar mi pancita, pero sobre la camiseta. En un principio, me sentí nerviosa, e incluso me tensé y me dieron ganas de decirle que no hiciera eso. Pero luego, ya acostumbrándome al contacto, logré relajarme más. Y como si el momento no hubiese sido lo suficientemente mágico, Bill comenzó a tararear una canción. Cone esa voz tan linda que tenía. Por un momento se me había olvidado que el era vocalista de una banda de música. Me acomodé mejor, completamente pegada a su cuerpo, incluso toqué su pie, con mi pie… pero el de la pierna buena, porque el otro me costaba demasiado moverlo. Bill estaba calentito.
Y poco a poco, el sueño se fue apoderando de mi… Bill seguía cantando, y a mi cada vez me costaba más permanecer despierta, su voz era tan hermosa… y me gustó tanto la melodía de la canción, que cada vez me sentía más y más relajado. Era como una canción de cuna, una hermosa, muy, muy hermosa canción de cuna.
Y seguí así por unos cuantos minutos, escuchando a Bill, sin moverme. Hasta que, finalmente, me rendí ante el sueño y apretando más a Bill contra mi, me dormí.
Abrí los ojos, al sentir un movimiento en la cama, pero era tanto el sueño, que los volví a cerrar al instante. Aún estaba oscuro, era hora de dormir. Luego, sentí algo cálido apoyarse sobre mi mejilla. Entreabrí los ojos nuevamente. Y no se como pude, distinguir a Bill. Veía todo nublado, producto del sueño… pero él estaba allí.
- Duerme amor… aun es temprano. – Me arropó con las sábanas. Le hice caso sin pensarlo y cerré los ojos. Luego sentí el contacto de sus labios sobre los míos. Y a medida que sentía sus pasos alejarse por el pasillo, el sueño aumento, al igual que la flojera… y me volví a dormir.
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