14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 56

Capitulo 126.

¿A… Annie?. Me… Bill me… Me… él me… había llamado A… Annie. Annie. ANNIE. De nuevo. Sentí una fea presión en el pecho, un nudo en la garganta… me costaba respirar. La sonrisa se desvaneció de mi rostro y lo único que pude hacer fue observarlo, quizás pidiendo explicaciones. Y es que no podía moverme. Estaba rígida, no podía reaccionar yo… no podía creerlo.
Bill tampoco sonreía, es más, me miraba aterrado. Aparté los ojos de él. Tenía una mezcla de rabia, celos, dolor y angustia dentro de mí. Me habían entrado ganas de llorar… e incluso los ojos ya se me habían llenado de lágrimas. Me mordí el labio inferior, al darme cuenta de que estaba temblando. Logré hacer entrar aire a mis pulmones, y como en un trance, me levanté del asiento, separándome de él completamente. Observé a todos allí, ni siquiera se habían dado cuenta de lo que acababa de suceder… luego comencé a caminar. No iba arruinarle el cumpleaños a Emilie, no. Yo… tenía que hacer algo para solucionar esta situación, no podía llorar, no ahora, no aquí.
Dios… ¿Es que acaso Bill quería a esa otra persona?. Comencé a respirar entrecortadamente, mientras subía las escaleras a paso rápido. Me pasé la mano por los ojos, empapando algunas lágrimas. ¿Cómo podía ser esto posible?. ¡Me había llamado Annie!, Dios, yo era su novia y ese no era mi nombre. Ni siquiera podía pensar con claridad, sentía algo estrujándome el corazón, me costaba moverme y tenía tantos sentimientos juntos que fácilmente podría haberme desahogado haciendo una pataleta.
Entré en el baño y cerré la puerta tras de mi. Puse el cerrojo, y luego me dejé caer en el suelo. ¿Y qué se suponía que tenía que hacer ahora?, ¿cómo tenía que actuar?... ¿tenía que hablar con Bill?. Quizás… quizás tenía que pedirle explicaciones. No quería llorar, no… pero ya lo estaba haciendo y no podía contenerme.
Me llevé ambas manos a la boca, para ahogar los sollozos y luego me doblé sobre mi misma. Algo me dolía… me dolía my, muy fuerte. Odiaba esta sensación, odiaba sentirme así. Hacía tanto, tanto tiempo que no sentía tanta tristeza. Ahora no me podía auto-consolar con que Bill había dicho ese nombre sólo porque estaba soñando. Bill había estado despierto, conciente… y encima sabía muy bien a quien tenía al lado.
Dos pequeños toquecitos en la puerta hicieron que levantara la cabeza de golpe. Contuve la respiración, sin dejar salir ningún sonido proveniente de mi boca, y me limpié los ojos con las manos. Genial, el maquillaje se me había corrido.
Me quedé sin aire, y me vi obligada a respirar. Comencé a sollozar de nuevo. Dos toquecitos más.
- Karla… ábreme, por favor. – Bill estaba del otro lado. ¿Qué quería ahora?. ¿Darme explicaciones?, pues bien. Yo necesitaba unas explicaciones, pero no quería verle la cara.
Vete de aquí… vete, Bill.
Rogué en mi cabeza para que él desapareciera. La angustia podía conmigo… me sentía tan extremadamente débil. Había algo hacho pedazos en mi pecho… y dolía.
Annie… Annie… Te odio, Annie, te odio.
- Por favor… necesito, necesito hablar contigo… Por favor. - ¡Y es que yo realmente no quería hablar con él!. No quería escucharlo, no quería saber sobre él, que se fuera al diablo… yo no pensaba salir de aquí mientras él estuviese allí afuera. Tal vez, no quería hablar con él… porque me daba miedo. Miedo de que me confesara que amaba a otra chica… y no a mí.
Con las manos torpes y mojadas busqué en mi bolsillo mi reproductor de música. Desenredé los audífonos… me costó hacerlo, más que nada porque no los veía…
- Déjame explicártelo, fue un error… - Ya no quería escucharlo más. Me hacía sentir mucho peor de lo que ya me sentía. Acomodé los audífonos en mis oídos y encendí el reproductor. No me molesté en cambiar la canción. Sólo quería dejar de llorar para el almuerzo, para no echarle a perder el cumpleaños a Emilie… eso era lo que yo menos quería hacer en el mundo, y el idiota que estaba afuera no me ayudaba en lo absoluto. Le subí todo el volumen, hasta casi hacer reventar mis oídos... y seguí llorando. Sin poder detenerme. Odiándome por no ser lo suficientemente valiente como para salir y darle la cara al problema, enfrentarlo y acabarlo. Deseaba escuchar sus explicaciones, pero el miedo era tan grande que no podía.
Pasaron cinco canciones completas… y me quité los audífonos. Seguía sollozando. Pero seguramente ya era la hora del almuerzo. Dios… las manos me temblaban. Volví a echar el reproductor en el bolsillo y pegué la oreja en la puerta. No había nadie. Bien. Volví a pasarme la mano por los ojos y me acerqué al espejo. Estaba horrible… tenía el rostro completamente pálido, y los ojos y nariz muy rojos. Aún así seguía llorando. Odiaba verme en el espejo cuando lloraba. ¡Era tan patética!. Siempre he sido una debilucha de primero, soy tan idiota, tan tonta… tan… horrible.
Annie… Seguramente ella era un chica hermosa.
Cerré los ojos y conté hasta diez, respirando fuertemente. Papá siempre me hacía hacer eso cuando pequeña, para que yo pudiese dejar de llorar. Abrí los ojos… y me observé en el espejo. Parecía un payaso. Y estaba tan sensible, que comencé a llorar de nuevo. ¡De nuevo!. ¿Puedo ser más estúpida?, no lo creo. Argh, ojala Bill se hubiese ido, para no tener que pillármelo de nuevo.
Me llevé una mano al pecho y apreté fuertemente mi camiseta. Intento en vano para hacer que dejara de doler.
Volví a repetir eso de contar hasta diez. Y luego volví a abrir los ojos.
- ¡El almuerzo!. – Escuché un grito desde abajo. Quise contestar, pero lo único que me salió de la garganta fue un hipo. Tendría que quedarme aquí hasta que se me pasara un poco el aspecto horrible que tenía.
Abrí el grifo, y me agaché para lavarme la cara, y refrescarme. Los ojos me ardían como mil demonios y estaban hinchadísimos. A demás sentía la boca espesa y una sensación fea en la garganta. No quería seguir llorando. Apoyé mis manos sobre el lavabo y clavé los ojos en el jabón. Esperé… y seguí esperando, deseando que el tiempo pasara rápido, que desaparecieran los rastros del llanto y que el almuerzo no comenzara sin mí. Ojala nadie viniese a buscarme, no quería que me vieran así.
El tiempo se me hizo eterno. Volví a mirarme en el espejo, pero estaba igual. A demás, mis ojos estaban llenos de lágrimas de nuevo. Tal vez… sería bueno que le pidiera disculpas a Emilie y me fuese a casa. Luego podía regresar para la pijamada. Así no tenía que hablar con Bill. Si, eso es lo que haría.
Me pasé la mano por la frente, estaba ardiendo… pero era producto del llanto.
Volví a abrir el grifo una vez más y a enjuagarme la cara. Después me sequé con una toallita pequeña. Respiré profundo… en intenté prepararme mentalmente.
- Bien… no pasa nada. Aguanta hasta casa… - Me susurré a mi misma. Quería que se me fuera toda la pena, luego hablaría con Bill. Me dirigí hacia la puerta del baño y estuve con la mano en el pomo unos segundos… luego quité el cerrojo. No estaba segura de lo que haría, pero… vamos. Vamos. Abrí la puerta despacio, sin hacer ruido… y salí fuera. Que gran sorpresa me llevé al darme cuenta de que había interpretado mal el silencio a través de la puerta. Si había alguien afuera. Y ese alguien era Bill…

Capitulo 127.

Estaba de pie a un lado de la escalera. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza y me dieron ganas de salir gritando, huyendo. Y eso fe precisamente lo que intenté hacer. Pero en cuanto iba hacia la escalera, Bill se interpuso en mi camino y choqué con él. Salí disparada hacia atrás, alejándome lo más rápido posible y me llevé las manos a los ojos, presionándolos para no llorar de nuevo. La situación estaba tensa, no lo quería mirar. Lo único que quería era salir de allí.
- Amor… - Me llamó. Me tensé. Quedé rígida como una tabla y apreté los dientes haciéndolos crujir… y ahora venía a llamarme “amor”. AMOR. Como si no hubiese ocurrido nada. ¿Este estaba mal de la cabeza? ¿O es que simplemente estaba ciego y no se daba cuenta de que lo único que quería era irme de allí?.
- No… - Hipé. – No me llames así. – Solté con la voz quebrada. Sentí que iba a comenzar a llorar de nuevo, pero me obligue a tragarme las lágrimas. Si no lo miraba… era mucho mejor, por lo que miré mis pies y me dirigí nuevamente hacia las escaleras. Lo aparté de un manotazo, o al menos eso intenté, pero el ni se movió.
- Tengo… que explicarte que fue lo que sucedió, Karla… escúchame, por favor… - Negué con la cabeza e intenté apartarlo de nuevo. Pero al ver que no podía hacerlo, me alejé. Ya había comenzado a sollozar de nuevo. – Ay, no, no… cariño, no llores… todo tiene una explicación, yo… - Se acercó a mi, e intentó abrazarme, pero me alejé rápidamente hacia las escaleras, ahora que él había dejado el espacio libre. Pero no logré poner el pie en el primer peldaño… Bill me cogió de la muñeca y me giró para que yo lo mirara. Me quedé quieta, sintiendo un dolor agudo en el pecho que me quitaba la respiración. Apartó con sus manos los mechones húmedos pegados en mi rostro. Y yo pedía agritos internos que me recataran… Me estaba haciendo daño, no podía contener las lágrimas, ya no podía soportarlo más. Quería que me dejara ir y punto.
- Déjame. – Murmuré. – Déjame. – Caminé un paso hacia atrás, pero él me sujetó de los hombros, volviéndome a la posición anterior.
- Lo siento, de verdad lo siento mucho… no sé como… yo… no puedo explicarme como… - Se quedó en silencio. Pero ese silencio fue interrumpido por sollozos más fuertes que salían de mi boca. Las lágrimas ya comenzaban a caer de nuevo. – No quería hacerlo. No sé porqué lo hice, lo siento mucho… perdóname, cariño. No llores. – Apreté tanto los dientes que llegaron a chirrear. Tenia unas ganas enormes de golpear a Bill, pero no podía hacerlo, era demasiado débil. No podía golpearlo… no ahora, no así. – Perdóname, por favor. – Volvió a pedírmelo. Pero yo, con el dolor de mi corazón, negué con la cabeza. No podía perdonarlo, por más que quisiera hacerlo…
- ¿Quién es Annie?. – Pregunté con voz ronca. Eso era todo lo que yo necesitaba saber, nada más.
- ¿A… Annie?. – Tartamudeó. Sus manos apretaron fuertemente mis brazos, pero en ese momento ni siquiera me dolió.
- ¿Quién es?. – Volví a insistir sin alzar la mirada.
- No… no es nadie. Nadie. No tiene importancia. No te preocupes por eso, fue una equivocación, amor… - ¿Cómo podía ser así?. ¡Después de nombrarla dos veces me decía que no era nadie!.
- No… me… llames… amor. – Murmuré, furiosa. Y es que ahora no sabía cual sentimiento ganaba… si era la tristeza, o la rabia. Ahora más que nada lloraba por rabia. ¿Cómo es que se atrevía a decirme que esa tal Annie no era nadie?... ¿Cómo se atrevía a llamarme amor?. Era un… un… idiota. ¡Poco hombre!, ni siquiera era capaz de dar buenas explicaciones.
- Karla… - Dijo suplicante.
- Aléjate de mi, Bill, déjame. – Intenté separarme de él nuevamente, pero no quiso soltarme. Lloré más fuerte, y alcé el rostro para mirarlo suplicante. A lo mejor… así se daba cuenta de lo que me hacía, y me dejaba ir. Pero me pillé con una gran sorpresa… algo que no había imaginado. Entre las lágrimas pude ver que Bill… también estaba llorando. Me angustió mucho más verlo así. No soportaba ver a la gente llorar. Todo esto estaba mal, todo lo que pasaba estaba mal.
- Perdóname. – Dijo bajito. Volví a negar con la cabeza, contrariada. ¡Me estaba desesperando! Incluso había comenzado a llorar más, ahora que él también lloraba.
- ¿Quién e…s, B.. Bill?. So… solo quiero… quiero saber quien e…s. – Prácticamente le rogué.
- Ella… está en el pasado, en el pasado, amor… Por favor, perdóname. – No me gustaba el tono de voz que estaba usando. Me hacía sentir un mala persona. Como si yo fuese la culpable.
- ¿Quién es?. – Volví a repetir. Ya estaba comenzando a desesperarme. - ¡Dímelo, Bill!. – Le grité, con la voz quebrada. – Ya… ya has dicho su nombre dos veces. Dos veces. – Volví a repetir, entre sollozos. Creo que ni siquiera se me entendía lo que decía.
- Annie era… una… amiga. – Tragó saliva. Una amiga, genial. ¡Estupendo!. Y ahora seguramente resultaba ser que a Bill le gustaba esa amiga.
- Nunca me hablaste de ella. – Murmuré. Bill me limpió las lágrimas, con los dedos… él aún seguía derrapando lágrimas. ¡Y es que la situación no podía ser peor!.
- No me gusta recordarla… era mi mejor amiga, pero ya no está aquí. – Su mejor amiga. – La echo de menos, eso es todo… hace años se fue… por estas fechas. Lo siento, lo siento mucho… no quise llamarte así, de verdad. – Se le quebró la voz. Y creo… que ese fue el preciso momento en que Bill logró hacerme cambiar de opinión. Todo el mundo recordaba a sus mejores amigos…
Esperen un segundo… ¿Qué se había ido?. ¿¡No era mi prima quien se había ido!?.
- Mi prima. – Espeté. – La odio. La odio, Bill. – Bill negó repetidas veces con la cabeza, desesperado.
- No… no, no la odies, amor… - Entonces… recordé sus palabras en el sueño… y exploté.
- No me llames amor. – Aparté sus manos de un manotazo. - ¡Sé que no me quieres!, ¡Sé que la quieres a ella, lo sé!, tú la amas. – Le di un empujón, pero ni siquiera logré moverlo. - ¡La amas, Bill!, ¡mejor ve a buscarla, vete!.
- Annie, no me hagas esto. – Se le quebró la voz.
- ¡Lo hiciste de nuevo!. – Rompí a llorar casi a gritos. - ¡Lo hiciste de nuevo!... lo hiciste de nuevo. – Me pasé la mano por los ojos… y me dispuse a bajar las escaleras.
- No, no, no, ¡no!. – Me cogió la muñeca nuevamente. – No te vayas, fue un error. ¡Un error!. Compréndeme, por favor.
- Suéltame.
- Dame una oportunidad, sólo una. – Rogó.
- Sólo… sólo si me cuentas todo sobre Annie. – Dejé salir todas las palabras fluidas. Sin interrupción. Me aguanté la respiración, todo el tiempo que Bill estuvo en silencio, sin decir, o hacer nada. Entonces Bill soltó mi muñeca y yo me giré a mirarlo. - ¿Y bien?. – Hipé.
- Eso es parte de mi vida privada. – Espetó. Y yo no esperé más… simplemente me di la vuelta y bajé las escaleras lo más rápido que pude.

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