- ¿Dónde estabas?. – Fue lo primero que escuche al llegar a casa. Papá había venido a mi encuentro… suspiré aliviada al ver a Juliette detrás. Con ella era mucho más fácil.
- Yo…
- No estaba con Emilie, ni con Andreas. – Afirmó papá. – Andreas esta de viaje, ¿lo sabías?. – Negué con la cabeza. No contaba con que Andreas estuviera de viaje. ¿Y yo como iba a saberlo?. Argh, tendría que haberme inventado una mentira mucho mejor. Pestañeé un par de veces e intenté sonreír de la forma más inocente que pude.
- ¿Dónde estabas?. – Me volvió a preguntar.
- Con Bill. – Murmuré. Sabía que su enojo no llegaría a nada más que no fuese regañarme, aunque igual me asusté un poquito al ver su expresión.
- ¡Te dije que no p…!
- Somos amigos. – Lo corté. – Sólo somos amigos y… los amigos… se juntan a conversar, ¿no?. – No me gustó ver su rostro rojo de rabia.
- ¿A conversar?. – Mi boca casi llega al piso. Su tno de voz no me había gustado para nada.
- Si, a conversar, pá. Me conoces, sabes como soy.
- Eres muy… argh, Karlie… no sé que es lo que tienes en la cabeza. Lloraste mucho por ese chico y ahora los perdonas así como así. – Por suerte ya estaba más calmado.
- Si. – es que tú no sabes nada, papá.
- Marc… yo creo que Karlie ya es grande para decidir que hacer con su vida y elegir sus amigos. – Asentí, dándole la razón a Juliette… mi salvadora. Papá la miró largo rato, quizás intentando hacer que su esposa cambiara de opinión… pero ella ni siquiera se movió, y de sostuvo la mirada todo el tiempo. Papá acabó soltando un suspiro.
- Bien… pero no quiero que vuelvas llorando. – Me habló con un tono de voz amenazante.
- Eso no pasará. – Dije muy segura de mi afirmación. Me dirigí hacia las escaleras con una sonrisa en el rostro… hasta que recordé que mañana saldría con Bill. Di media vuelta y miré a papá… - Oye, pá. – Me miró, prestándome atención. – Mañana voy a salir con Bill después de almuerzo.
- Pensaba que ibas a dejar a tus abuelos al aeropuerto. – Entrecerró los ojos, comenzando a enojarse de nuevo.
- Si… pero eso es en la mañana. A todo esto… ¿Dónde están?. – Pregunté.
- De compras.
- Ah… - Sonreí ampliamente. – Gracias por dejarme salir con mis amigos Bill mañana. – Acto seguido di media vuelta para seguir subiendo las escaleras.
- Eres un celoso, Marc. – Escuché como Juliette le decía a papá.
- No estoy celoso, estoy preocupado por ella. – Casi lo pude ver llevándose las manos a la cara.
- Pff. Bill no es mala persona, estoy segura de que… - Y no escuché más porque ya había llegado a mi habitación y había dejado de prestarle atención a su conversación.
Estuve con la guitarra alrededor de una hora, hasta que Emilie y Sam llegaron. También llegó toda la familia, mi familia, digo. Le conté casi todo lo que habíamos conversado con Bill antes de la cena. Incluso le dije que mañana saldríamos, obviamente no le dije donde… si le decía que íbamos a un cementerio ella me preguntaría el porqué y yo no quería hablar cosas privadas de Bill con Emilie… Después eso podía traerme problemas.
Compartí con la familia hasta alrededor de las doce de la noche, cuando el sueño me venció y tuve que irme a dormir. A todo esto, la bebé de Sam cada día estaba más hermosa. Era muy parecida a Tom, aunque tenía el cabello de Sam y sus pequitas… sus ojos no era azules, pero si de color marrón Y esa nariz pequeñita que tenía me encantaba, parecía un botón o algo así… y era tan suavecita. Como me gustaría un día tener un bebe, pero uno mía, sólo mío. Aish… aunque me daba un poco de nervio y argh, no lo sé.
Me puse el pijama y me metí en la cama. Por más sueño que tuviera, me costó dormir. Ocupé mucho de mi valioso tiempo de sueño en pensar… pensar en Bill, en Annie… en ese cementerio, en la canción, la discográfica… y nuevamente en Bill. Bill… no me lo podía quitar de la cabeza. Tan sólo con recordar su nombre sonreía como una boba… y cuando recordaba las épocas de cuando éramos novios me ponía nerviosa, aunque él no estuviera y se me subía el color a las mejillas. Podía sentir esas cosquillas en el estómago, que más que mariposas parecía una verdadera manada de elegantes… todo era tan confuso y yo lo quería tanto…
A la mañana siguiente desperté con mucho más ánimo que el normal. Me puse unos jeans, zapatillas y una camiseta luego de ducharme… y como no alcanzaba a arreglarme más, fui con el pelo mojado y sin maquillaje a dejar a los abuelos, y la familia de tía Marie al aeropuerto. Me despedí de ellos con un abrazo, deseándoles un buen viaje… es que los quería mucho. Les prometí que esta vez sería yo quien los visitaría para navidad, aunque aún quedaba mucho tiempo para eso.
Después de dejarlos en el aeropuerto fuimos a almorzar donde las rubias. Tenían una comida riquísima, pero no me se el nombre del plato… tuve que irme a penas terminé mi almuerzo… tenía que arreglarme un poco, para que Bill no me viera así de desastrosa.
Llegué a casa cerca de las tres de las tarde. Estaba segura de que Bill iba a llegar dentro de poquísimo, por lo que corrí al baño a cepillarme los dientes, el cabello y a ponerme maquillaje en los ojos. No me tardé mucho… después, arreglé un bolso con lo necesario y aproveché de meter allí dentro la hoja con la letra de esa canción que ya no quería. Se la iba a dar, aunque me muriera de vergüenza cuando él la leyera. Picaron el timbre justo cuando estaba cerrando mi bolso. Me apresuré en bajar las escaleras, conté hasta diez y abrí la puerta.
- Hola. – Me saludó Bill con una sonrisa.
- Hola, ¿cómo estás?. – Me puse de puntillas para besarlo en la mejilla.
- Nervioso… - Se hizo a un lado, para dejarme salir y cerrar la puerta.
- No estés nervioso, Bill. – Él no tardó en tomar mi mano. Me sentí un poco incómoda con el contacto, pero me gustaba… ¡Ay, cuando me gustaba estar cerca de Bill!. Abrió la puerta del coche, como un caballero y me dejó pasar… después cerró la puerta. Me acomodé y en eso Bill ya se había subido. Encendió el motor…
- ¿Y tú como estás?. – Me preguntó luego de unos minutos de silencio.
- Muy bien… - No le iba a decir que también estaba nerviosa, eso lo pondría aún más nervioso y eso era algo que yo no quería hacer.
- Me alegro de que esté bien. – Sonrió, con los ojos clavados en el camino.
- ¿Sabes dónde es, verdad?. – Le pregunté, para asegurarme.
- Si… - Rió. Me sentí tonta, era obvio que él lo sabía.
Capitulo 155.
Detuvo el coche al llegar. Me bajé al mismo tiempo que él y cerré la puerta… aún no entrábamos al cementerio pero ya me sentía como si estuviese allí. No es mi culpa ser tan gallina y tenerle miedo a casi todas las cosas. Había estado reuniendo valor toda la mañana, así que… ahora tenía que entrar, a demás, si yo no entraba ¿cómo lo haría Bill?, él me había dicho que Tom ya se había cansado de acompañarlo porque él siempre se arrepentía. Así que prefería mil veces que volviéramos sin haber visitado a Annie por su culpa, que por mi culpa. Sin duda, él era el más afectado pero… en todo caso, prefería lograr el objetivo. No había estado reuniendo valor toda la mañana para nada.
Cruzamos la puerta gigante del cementerio… todo se veía muy bonito, como si fuese solamente un parque. Aunque yo muy claro sabía que esto estaba muy lejos de ser solamente un parque.
Supuse que Bill sabía donde estaba la tumba de Annie, donde yacía su cuerpo durmiendo para siempre. Me limité a seguirlo en silencio… mientras miraba los arreglos florales que reposaban en el césped, junto a las lápidas con los nombres de cada persona ya fallecida. Me di cuenta de que Bill llevaba algo en la mano, y ese algo era una rosa… era blanca y muy hermosa. Me estremecí al pensar como se estaría sintiendo Bill en este momento. No podía ver su rostro, ya que yo iba un poco más atrás…
Seguimos caminando, era un camino de piedras que atravesaba todo el cementerio a la mitad… habían también unos árboles inmensos, sus hojas se movían tranquilamente al compás del viento cálido. Bill fue caminando cada vez más despacio, yo lo alcancé hasta quedar a su lado… y luego él se detuvo.
Me situé frete a él para observar su expresión. Se notaba… no lo sé, no sabría describir su expresión.
- ¿No te estarás arrepintiendo o sí?. – Pregunté. Bill miró a su al rededor, rogué en mi interior para que él no dijera algo así como “estamos perdidos”.
- ¿Y si… mejor volveremos y nos tomamos un… un helado?.- Fruncí el ceño. Seguramente me estaba pasando lo mismo que a Tom le había pasado muchas veces al acompañar a Bill.
- Oye… - Suspiré. – Vine aquí para acompañarte a visitar a Annie, no a tomar un helado, no quiero un helado, quiero que visites a Annie. – Me avergoncé luego de haber dicho todo eso, mi voz había salido casi desesperada. Bill no dijo nada, y pude ver el miedo en sus ojos. Me mordí el labio inferior, pensando que hacer. Bill no se podía ir, encima había comprado una rosa hermosa para Anne, no se podía ir así como así. – Si quieres podemos ir juntos… tu me puedes acompañar a visitar a mi prima. – Tomé su mano. - ¿Me acompañas?. – Quizás si poníamos las cosas al revés todo iba mejor.
- Bu… bueno. – Comenzamos a caminar.
- Sólo tienes que decirme donde queda, porque yo no lo sé. – Solté una risita, Bill no respondió nada, simplemente apretó mi mano. Seguimos caminado un poco más. ¡El parque era inmenso, ya ni siquiera podía ver la entrada!. Que aterrador sería perderse en un lugar como este.
Nos detuvimos… o mas bien, Bill se detuvo e hizo que yo también me detuviera.
- Allí está… - Señaló. Intenté mirar, pero había lápidas por todos lados, no tenía muy claro cual era. – Está justo debajo de ese árbol. – Murmuró.
- Vamos… - Lo animé, comenzando a caminar. Lo llevé sin soltar su mano hasta que estuvimos bastante cerca. Mi corazón comenzó a apresurarse y comencé a temblar aunque estoy segura de que Bill estaba peor que yo. Cuando pude divisar el lugar, solté la mano de Bill. A lo mejor quería ir sólo… quizás quería un poco de privacidad. Pero él la volvió a coger y esta vez fue él quien me llevaba. Habíamos cambiado nuevamente los papeles.
- ¿No quieres estar sólo?. – Le pregunté, ya casi llegando.
- Quiero que estés conmigo. – Me miró de reojo y luego volvió a posar los ojos en su objetivo. Me mordí los labios, nerviosa…
Llegamos. Me sorprendió al encontrar su lápida repleta de flores… de todos colores, todo tipo. Unas más marchitas que otras, pero sin duda todas eran hermosas. Me pregunté quien las habría dejado allí.
- Tom, Sam y Andreas pasan seguido por aquí… - Dijo Bill, como si me hubiese leído la mente. – Chels también viene de vez en cuando… estoy seguro d que su padre también la visitó, los visitó… - Corrigió. Me entró la duda de si su hermano también estaría aquí. – Y yo soy el único idiota que no se animaba a venir. – Soltó mi mano. Miré mis pies… y me alejé un poquito. Seguro Bill tenía algo que decirle o que se yo, no quería incomodarlo… y como no dijo nada para que no me alejara, di por hecho mi trabajo. Lo había acompañado a visitar a su querida Annie. No quise mirarlo, para darle privacidad.
En eso… miré el nombre de la lápida del lado. Era la lápida de su hermano… tenía el mismo apellido, incluso. También tenía flores, aunque no tantas como Annie, por lo que se podía ver una foto del chico… era mi primo, y no era nada feo. Me dio un escalofrío en todo el cuerpo… ya no estábamos al sol y hacía mucho más frío debajo de un árbol…
Caminé lentamente a la siguiente lápida. Y gran sorpresa me llevé al darme cuenta de quien se trataba. Era la esposa de tío Aügust, la madre de mis difuntos primos. Había olvidado cuando papá me había dicho que su madre estaba muerta. Que tonta puedo llegar a ser a veces. Sólo había un pequeño arreglo de flores encima del césped… sólo eso para esta madre. Recordé a la mía. ¿Su tumba tendría flores?... a puesto a que sí… Los abuelos la visitaban constantemente, tía Marie también.
Miré a Bill luego de haber calculado un tiempo necesario. La rosa blanca reposaba sobre el césped. Me sentí un poco mal al recordar todo lo que Bill me había contado… también me sentí muy mal al recordar como habían muerto ella y su hermano. Su familia había sido muy desdichada. Seguidamente miré a Bill. Quedé de piedra cuando me di cuenta de que estaba llorando, mirando fijamente el lugar donde el cuerpo de Annie se encontraba.
Me acerqué a él, sin saber si hacía lo correcto… y lo abracé. Él me rodeo con uno de sus brazos. Me entraron muchas ganas de llorar a mi también, soy tan débil y tan tonta que me cuesta contenerme.
- Ya no llores, Bill. – Dije despacio, tragándome las lágrimas. Giré la cabeza para mirar su rostro. No me gustaba ves sus mejillas empapadas en lágrimas, mucho menos ver sus ojos tan bonitos rojos y húmedos. – Si lloras me pongo triste… - Dejé de abrasarlo para limpiar sus lágrimas con mis dedos. – Estoy segura de que Annie tampoco quiere que llores… - Me mordí el labio inferior. Pero él no dejaba de llorar y yo ya comenzaba a desesperarme. Tomé sus mejillas y las acaricié despacito con mis dedos. – Si no quieres dejar de llorar por mi, deja de llorar por Annie… estoy segura de que ella te mira justo en este momento y se pondrá muy triste si te ve así, Bill. – Limpié nuevamente sus lágrimas. – ¿Puedes hacerlo por Annie?.
- ¿Por… las dos.? – Murmuró. Eso me recordó a papá. Sonreí ampliamente y asentí con la cabeza.
- Puedes hacerlo por las dos. – Entonces Bill rodeó mi cintura con sus brazos y me apretó contra su cuerpo fuertemente.
- Gracias por acompañarme… - Murmuró muy cerca de mi oído. Me estremecí… ay, Dios…
Capitulo 156.
Nos separamos avergonzados… Las mejillas de Bill tomaron un tono rosa y las mías seguramente estaban peor. No supe que decir y Bill se encargó de limpiar sus lágrimas. Ya no sabia que hacer, a demás estaba nerviosa y aish… tenía tantas ganas de besarlo. Estos son los momentos en que me doy cuenta de que soy una idiota. Estamos frente a la tumba de Annie, Bill está triste y a mi me dan ganas de besarlo, es totalmente absurdo.
- Amm… eh… ¿Quieres… quieres que tomar un helado ahora?. – Me preguntó Bill. Asentí, bajando la mirada. Ya nos íbamos. En parte, me quería ir… aunque también me sentía un poco mal porque quizás Bill se quería quedar más tiempo o que se yo. Bill me tomó la mano, de nuevo… me dio la impresión de que mi mano ardía en llamas, aún así nos las separé porque me gustaba sentir sus dedos entrelazados cono los mío, y como he dicho anteriormente: no tengo la fuerza de voluntad suficiente como para separarme de él.
Comenzamos a caminar sobre nuestros pasos cogidos de la mano…
- ¿De verdad crees que Annie me está mirando desde algún lugar?. – Preguntó.
- Si. – Respondí segura. Y es que realmente estaba segura, desde pequeña siempre me lo habían dicho, pero con mi madre… que ella me estaba observando siempre. Papá también lo decía para que no hiciera cosas malas. Y yo, obviamente, como no quería que mamá se enojara, intentaba portarme bien. Aunque era una niña y a veces hacía algunas travesuras o que se yo.
- Entonces… si me mira a mi, también te ve a ti, porque estás a mi lado. ¿Qué crees que opine si nos ve así… de la mano?. – No me había detenido a pensar eso, pero ya tenía muy clara la respuesta.
- ¿Eres feliz tomándome la mano?. – Le pregunté a Bill. A este le subió el color a las mejillas nuevamente y asintió. – Entonces ella piensa que está bien… porque te quiere y desea que seas feliz. – Sonreí levemente. Sabía que mis ideas eran del todo infantiles… pero era lindo creer que el mundo era así, ayudaba a tranquilizar el alma y el corazón.
- Eres linda. – Bill me devolvió la sonrisa.
No dijimos nada más hasta salir del cementerio. Nos subimos en su coche y nos fuimos de allí. No mentiré, pude respirar aliviada una vez fuera de ese lugar. Es que me sentía incómoda en sitios como ese.
Bill y yo seguimos saliendo por todo el resto del mes. Cuando podíamos, claro. Hubieron un par de días en que tuve que ir a la discográfica, con respecto a eso, todo iba perfecto.
Los días pasaban rápido y cada día iban mejores. Me encantaba hacer reír a Bill, conversar con él, pasar tarde enteras recostados en el césped del parque cercano a su casa, hacer bobadas en los juegos infantiles, que por cierto… estaban desiertos, me gustaba también cuando él me llevaba en su coche a ver la ciudad y yo me bajaba a comprar los helados, o cuando me contaba entusiasmado que habían terminado una canción más y que todo iba de maravillas… con respecto a eso, los chicos ya habían decidido el nombre del álbum… se escribiría igual en los dos idiomas y sería: Humanoid. Me parecía un buen nombre… a demás, era originar y todo eso. Me encantó. Y a los chicos, obviamente les encantó la canción que escribí, aunque Bill no les dijo que era mía. Y cuanta razón tenía al no decirles, porque luego no iban a querer grabarla… era un secreto de los dos. Incluso Tom le había inventado una melodía en la guitarra muy diferente a la mía… pero igual quedaba muy bien, Bill y Tom la habían tocado para mí porque Bill le había dicho a Tom “que a mi me iba a gustar”. ¡Como si no conociera la canción desde antes!.
Retomé eso de ir dos veces a la semana a tocar a ese local del amigo de Tom. Habían unos días en que Bill nos acompañaba, pero también comprendía que él quisiera descansar.
Con los días… papá comenzó a aceptar mi nueva amistad con Bill y ya no se enojaba tanto. Nuestra futura casa entró en construcción, las clases comenzaron y yo fui nuevamente a la escuela. Allí me encontré con esas personas que había conocido hacía meses… aunque el año comenzó bien y conversaba con casi todos, prefería sentarme en clases y pasar las horas de descanso con Emilie. Ella era como mi hermana… y era algo genial y extraño a la vez.
Como Andreas iba a buscar a Emilie a la escuela, Bill también me venía a buscar cuando podía… me compraba un helado, o mas bien lo compraba yo y después me dejaba en casa. Aunque, cuando no tenía nada que hacer para la escuela pasaba a su casa. A veces me negaba a hacerlo, porque me sentía como un estorbo para él e incluso para Simone, pero Bill siempre terminaba convenciéndome con que a él le gustaba tenerme cerca y Simone se ponía feliz cuando iba.
Y yo… como soy tan… no lo sé, terminaba aceptando ir. Y es que no podía decirle que no a Bill… era tan lindo y tan atento conmigo… a demás me gustaba y lo quería tanto…aw, y es que con cada cosa que hacía, con cada gesto, cada palabra y cada mirada hacía que me gustara cada vez más y más y que mis ganas de abrazarlo, apretarlo, besarlo y decirle cuanto lo querían aumentaran un montón. Yo intentaba ser fuerte, claro y resistirme a todo eso… pero si Bill seguía así de encantador… aish.
A demás, ya estábamos en una fecha próxima a su cumpleaños… digo, el cumpleaños de los gemelos, primero de septiembre, una fecha importante, sin duda… porque a demás de su cumpleaños, la pequeña Alissa cumplía dos meses de vida… una hermosura.
Aproveché uno de los días en que Bill no podía ir a buscarme para ir a comprar los regalos con Emilie. No tenía idea de que se le podía regalar a los chicos… de todas formas, estaba segura de que el regalo les gustaría igual. O harían como que les gustaba mucho, quizás.
Me demoré un montón en poder elegir los regalos adecuados, ni siquiera estaba tan segura cuando los compré, pero… en fin. Era eso o nada. Como a Bill le gustaba eso de llevar colgantes y ese tipo de cosas, le compre uno bastante lindo y también muuy caro. Y a Tom, como no sabía que comprar y una película triple equis no era una opción, le compré un reloj. Quizás le gustaba, quizás no… pero lo que vale es la intención.
Una semana antes del cumpleaños, que caía día martes, Bill nos avisó que se realizaría en un genial parque de atracciones… fue emocionante recibir esa noticia, porque a demás, le parque sería sólo de los gemelos y los invitados. Mucho más genial fue saber que papá y Juliette no irían. Ellos tenías que trabajar y se les hacía imposible ir. Aunque Emilie y yo si podíamos. Sería como un sueño hecho realidad. No me sorprendería si para el año siguiente se conseguían alguno de esos parques de Disney, un crucero o una nave espacial. ¡Dios!, cómo me gustaría poder conseguir un parque de diversiones para mi cumpleaños. Ay, es que… no importaba que el parque quedara lejos… es más, todo sería más divertido porque nos iríamos en día anterior, dormiríamos en un hotel… pasaríamos el día del cumpleaños en el parque… luego volveríamos a pasar la noche en ese hotel, y finalmente volvíamos a casa. Tendría que faltar a clases esos días pero no había problema. ¡Era tan genial!. La vida de estos chicos era tan… extravagante. Como me gustaría vivir así. Algún día podría darme todos esos lujos, cuando fuera famosa. Si, definitivamente cuando fuera famosa tendría una vida de lo mas alocada y entretenida. Visitaría a todos mis amigos muy seguido, me compraría un perro, un apartamento con vista al mar, un auto color rosa e incluso un avión. ¡También podía tener un yate probado!. Uy, que lindo podía ser soñar… porque, al menos por ahora, todo eso se quedaba en sólo sueños.
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