14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 63

Capitulo 139.

Lo siguientes días que tocaríamos serían martes treinta de junio y primero de julio.
El día veintisiete, con Juliette fuimos donde un… no me sé el nombre, en realidad. Pero es de esos lugares donde diseñan trajes y los venden. El diseñador era un hombre, con un acento extraño y gestos un poco… delicados. Pero no dejaba de ser simpático. Nos hizo elegir las telas para nuestros vestidos. Obviamente el de Juliette sería blanco… y como nosotros seríamos las damas de honor, teníamos que ponernos de acuerdo. Acabamos eligiendo una tela color celeste. El vestido sería sólo de ese color, completo… sería sin hombros, por encima de la rodilla y con vuelo… con algunos detalles en brillante. Bastante simple. El vestido que Eligió Juliette para su boda, era blanco, obviamente… no era como esos típicos vestidos de novias, como princesas… si no, que era algo pegado al cuerpo, con un poco, pero poquito de buelo… que le llegaría más o menos a los tobillos… sería un vestido hermoso para alguien de su edad. A demás, tendría algunos bordados especiales, que le dieran un toque de elegancia y toda la cosa.
El día veintiocho, nos entretuvimos viendo el video de la ecografía del bebé de Sam en su casa. Agradecí que Bill no haya ido… después de eso, Emilie y yo ensayamos en la guitarra.
Veintinueve… faltaba un día para nuestra siguiente presentación. Ese día, también, me gasté la paga… comprándome ropa y accesorio en las tiendas del centro de la ciudad. También me compré una alcancía… planeaba juntar dinero para algo importante… aún no sabía que, pero lo juntaría. Me compré un polerón de color azul… no un azul chillón, si no que un azul bastante apegado. Amaba el color azul. También me compré uno pantaloncillos cortos color crema y una camiseta sin mangas color negro con unos dibujos en el pecho. Y luego, terminé con unas cadenas para el cuello, pulseras, anillos, aros y un cinturón. Me sobró dinero, pero eso era para zapatillas… no había encontrado las que quería, por lo que me las compraría después… quizás estaban en otra tienda, en otro lugar de la ciudad.
El día treinta llegó… me subí al coche de Tom, como siempre… y aún antes de que cerrara la puerta Emilie me abrazó gritando que Tom tenía una sorpresa para nosotras. Le pregunté s Tom cual era la sorpresa… pero él no quiso decírmela, me tendría que aguantar hasta llegar allá… o quizás hasta que terminara nuestro pequeño show. Con Emilie, insistimos todo el viaje para que nos dijera… incluso quisimos sobornarlo e intentamos sacarle algo a Sam… pues ella también sabía la sorpresa. Pero se nos hizo imposible… esos dos podían guardar muy bien los secretos… lo que es yo, ya me habría dado por vencida y me habría dicho la sorpresa.
Llegamos al local… tenía la idea de pillarme con Carlos, de nuevo, y pedirle disculpas por lo que había pasado antes con Bill… explicarle las cosas, ahora que estaba más calmada y quizás llegar al acuerdo de ser sólo amigos… a lo mejor, hacerle el gusto de ir a cenar, pero dejándole claro que era sólo como amigos… porque no podíamos ser más que eso: amigos. Yo no sería como Bill, no podía estar con alguien sin haberme olvidado de… ¿pero qué digo?... yo no volvería a estar con alguien nunca más. No tenía confianza con otra persona… ni siquiera debí haber tenido confianza con Bill… pero es que él, él era tan distinto y diferente a las otras personas… que no me importaba si me besaba o me abrazaba o se ponía muy cerca de mí. Un escalofrío me recorrió el cuerpo completo al recordar eso… y algo me apretó el corazón. En el fondo, yo sabía que quería estar con él.. pero no lo aceptaría. A demás, él no me quería, ¿para qué estar con él si lo único que hacía era pensar en es tal Annie?... a demás, él lo arruinaba todo, era automático, frío… y a veces asustaba. Aunque… cuando éramos novios él era completamente distinto. ¡Como lo extrañaba!.
Reprimí esos pensamientos y me preocupé de acomodar las cosas en el escenario, mientras buscaba a Carlos con la mirada. No se había acercado a saludarnos… los busqué…. Y seguí buscándolo… pero no estaba. Ni siquiera estaba Paoul. Esta vez no habían venido. Quizás mañana tendría la oportunidad de hablar con él. A demás, no sabía ni su msn, ni su número de teléfono y mucho menos donde quedaba su casa. Se me hacía imposible comunicarme con él. Pero me urgía pedirle disculpas. Me sentía una mala persona.
Comenzamos a tocar. Repetíamos canciones… pero el público nunca era el mismo, por lo que no había problema.
Me alivié, incluso me relajé e hice mejor mi trabajo al darme cuenta de que Bill no había venido y a lo mejor no vendría. Aún así lo extrañé. Su presencia hacía que me sintiera mal… pero… buah. Era algo tan contradictorio. Me ponía de mal humor… me enojaba conmigo misma.
Terminamos de tocar y enseguida Tom vino con nosotras. Dejó a Andreas, que había llegado después, para que guardara las cosas y luego nos tironeó a ambas hasta una de las mesas… diciéndonos cosas como: “digan que sí a todo lo que yo les diga”, “ustedes han tocado en otro pub, en la escuela, con público, en festivales”, “incluso sacaron el tercer lugar en uno de esos concursos de bandas, ¿ok?”, “ustedes son las expertas en el tema”. No entendí a que iba todo eso… hasta que llegamos a una meza bastante apartada. Allí, estaba sentado un hombre, un poco rellenito, llevaba chaqueta de cuero y bebía un vaso de cerveza. Me daba la impresión de que era muy carismático… aunque estaba serio.
- Estás son las chicas, Jhon. – Tom nos dejó de pie frente a aquel hombre. Él hombre ese nos examinó con la mirada, pensativo. – Karla y Emilie… chicas, este es Jhon Klainstouber, un representante/casa talentos amigo mío. Pesé que les agradaría mucho conocerlo. – Sonrió Tom. Me quedé pasmada… ¿Y esto?.
- Buenas noches, chicas. – Nos saludó. Se puso de pie y le tendió la mano a Emilie.
- Hola. – Lo saludó… se notaba que Emilie también estaba bastante sorprendida. Sino, estaría gritando y saltando por todas partes. Después, me estiró la mano a mi. Emilie me dio un codazo.. y es que andaba un poco lenta. Le tomé la mano y lo saludé.
- Buenas noches… - Le dije, un poco cortada.
- Como te estaba diciendo, John… con estas chicas no se pierde el tiempo. – Habló Tom. – Tu mismo viste su trabajo en el escenario… tienen personalidad, buena música… - Siguió sonriendo… El tal Jhon miró a Tom, asintiendo con la cabeza.
- Aquí hay talento, desde luego… pero antes… me gustaría hacerles algunas preguntas. – Nos hizo señas para que nos sentáramos y el se sentó frente a nosotras. Nos preguntó de todo, desde la edad que teníamos hasta cosas sobre nuestro interés por la música. Emilie dijo lo que Tom nos había dicho, lo de los concursos y eso… a demás, le dijo que yo había recorrido el mundo entero por el trabajo de mi padre y que ahora me asentaría aquí, en Alemania. En resumen, le contamos nuestra vida casi por competo. El hombre era simpático… se notaba que era amigo de Tom.
Después de eso… y de nosotros haberle mentido, nos citó para el día cinco de julio a la discográfica. También os dijo que tendríamos que pagar una hora en un estudio de música o grabar como pudiésemos algunas canciones, para hacer una maqueta. Pero con eso no había problema… Tokio Hotel nos prestaría su estudio. Y si todo salía bien… y si nuestras canciones gustaban, podríamos firmar un contrato con la discográfica y ellos nos promocionarían, venderían nuestro disco y luego, si es que lográbamos hacernos famosas, podríamos seguir nuestra carrera con más discos o conciertos.
Emilie salió saltando del local… y yo tiesa como una estatua… estaba impresionada. ¿Así de fácil?. ¡Gracias, Tom!
Capitulo 140.

Eran cerca de la siete de la tarde… Margaret ya se había ido y todo. Yo revolvía mi taza de chocolate mientras esperaba que el pan terminara de tostarse, para así poder “cenar”. Papá también comería algo ligero… y es que Margaret no había podido hacernos la cena… tenía que irse más temprano ya que uno de sus hijos tenía un problema, estaba enfermo y muy grave, al parecer. Como decía, no teníamos una buena cena… porque a demás de eso, yo no tenía ganas de cocinar y mucho menos papá. Es que estábamos nerviosos... luego mencionaré el porqué. ¿Y Juliette?, es extraño no pillarla en esta casa a estas horas… pero ella estaba en el hospital. Con Sam y Tom.
Sam… la pobre había tenido unos problemas con su bebé en la mañana. Precisamente por eso estábamos nervioso. No sabíamos si la bebé nacería o no. Podía nacer sin ningún problema, el doctor había dicho que su cuerpecito ya debería estar desarrollado, por lo meses que llevaba el embarazo. No habrían complicaciones… aunque, aún faltaban un par de semanas para que fuesen los nueve meses. Pero buah, casi ningún bebé nace a los nueve meses justos, que yo sepa.
Tomé un sorbo del chocolate. Sentí los pasos de papá bajar las escaleras, mientras me imaginaba como podría ser la bebé… ya sabía por sentado que sería rubia y muy hermosa… pero, ¿a demás de eso?.
- ¿Ya terminaste?. – Me preguntó papá en cuanto estuvo en la cocina. Negué con la cabeza. - ¿Tardarás demasiado?. – Me encogí de hombros. Su rostro tenía una expresión… extraña. Ansiedad y… ¿preocupación?.
- ¿Qué pasa?. – Le pregunté, volviendo a tomar otro sorbo del chocolate.
- Nada. – Se sentó en la mesa, frente a mi… - Es sólo que Sam está dando a luz en este momento y…
- ¿Qué Sam qué?. – Lo corté. – ¡Tenemos que ir!. – Me levanté de la mesa de un salto. – Puedes… puedes comer algo si quieres, antes de irnos. – Tomé un graaan sorbo. Papá rió. – Sólo si quiere claro. También puedes comprar comida allá. – Tomé otro sorbo, dejé la taza sobre la mesa, dando por terminado el chocolate.
- Prefiero comer algo allá.
- Ok… - Me dirigí hacia la tostadora, los panes estaban listos. Los saqué y quejándome de lo calientes que estaban los lancé sobre la mesa. - ¡Vamos, pá!. ¡Ve y tráeme un abrigo ligero, arréglate, vamos!. – Lo regañé. Y es que estaba sentado, sin hacer nada, observándome mientras maniobraba con los panes, intentando esparcirle dulce encima.
- Ok, ok, no te alarmes. – Se levantó de la mesa enseguida. Salió de la cocina y subió las escaleras.
¡Un bebé!. Hay,,, y es que estaba tan contenta… por Sam y Tom, digo. Su pequeña sería hermosa. ¡Hermosísima!. Y tenía que verla… si. Porque… tenían que dejarnos verla, ¿verdad?. Y si ese no era el caso, pues… igual era bueno que fuéramos porque, ahora que papá se casaba con Juliette seríamos familia o algo así.
Papá volvió a bajar las escaleras y yo salí de la cocina con el pan en la mano y a medio comer. No me podría el abrigo aún, porque todavía no completamente de noche y no hacía tanto frío.
Salimos de casa y nos metimos en el coche rápidamente, papá encendió el motor y nos fuimos al hospital. Como habían tantos hospitales en la ciudad tuvimos que llamar a Juliette para que nos dijera en cual estaban. Quedaba un poco lejos, pero tardamos poco en llegar. En lo que más nos demoramos fue en encontrar en que parte del hospital estaban todos… hasta que, luego de unos veinte minutos, dimos con ellos en una sala de espera… cerca de un cartel gigante, que decía con letras gigante: Maternidad. Lo sé… como idiotas. Habíamos llegado a los rayos x, cuidados intensivos, pediatrías, emergencias y de todo antes de llegar a donde estaban todos.
- Se tardaron. – Dijo Juliette, en cuanto llegamos. Se notaba sonriente. Estaba feliz. Seguro todo había salido Bien.
- Hola, Juliette. – La saludé de un beso en la mejilla. Hoy no la había visto.
- Hola, querida. – Me saludó.
- Y… ¿Cómo están?. – Preguntó papá.
- Muy bien… La pequeña está sana, y Sam… aún la tienen en esa sala. – Señaló hacia una puerta… era la más apartada. – Está con Tom, pero está bien.
- ¿Ya nació?. – Pregunté como una idiota. ¡Era obvio que si había nacido!.
- Claro, cariño… ve con Emilie, que está eufórica. – Entonces miré detrás de Juliette. Allí estaban todos. Y cuando digo todo es TODOS. Incluso, entre ese TODOS, habían personas que no conocía. Vi allí a Emilie, Andreas, Simone, Georg, Gustav, el tonto de Bill, el padre de Sam, si mal no lo recordaba… y otra chica más que no conocía. Wow… esto… ¡eran demasiados!. Que suerte tenía la bebé… mucho se interesaban en ella, sería una mocosa muy querida y mimada.
- ¡Karlie!. – Me gritó Emilie, para llamar mi atención. Me acerqué hacia todos ellos, que estaban reunidos… era extraño ver a todos conversando en un círculo y no separados en las sillas o en el pasillo… había sólo una persona apartada del gripo, y esa persona era Bill. Siguiendo con el resto… podía darme cuenta de que estaban muy contentos.
En cuanto llegue, me saludaron. Besos e incluso un abrazo muy, muy apretado y lleno de emoción de parte de Emilie, quien se había tenido que separar de Andreas para saludarme. Acabé uniéndome a su conversación y poco después llegaron papá y Juliette. Era todo muy divertido, nos reíamos de las idioteces que decían los chicos. Incluso papá participaba de las bromas.. y el padre de Sam y Emilie también. Era un hombre muy simpático. Resultó, que la otra chica que estaba allí era muy amiga de Sam… no recuerdo su nombre muy bien, pero era hermosa… muy alta, de pelo castaño claro y muy delgadita, como un tallarín… tenia pinta de modelo.. a demás, traía ropa muy bonita y, seguramente, muy costosa. Me sentí un poco incómoda estando con ella… y es que no dejaba de mirarme, como si tuviese algo mal en la ropa, en mi cara. Tampoco pude evitar mirar a Bill de reojo. Él siempre me miraba. ¡Me sentía tan observada!. Era sumamente incómodo. Ni siquiera podía disfrutar de la conversación.
Bill era un malvado… y esa otra chica-modelo, pues… ¡Oh, ya sé!. Seguramente me encontraba parecida a esa tal Annie… mi prima perdida, a la cual nunca había visto. Podría apostar a que ella también la había conocido, y como todos, se había sorprendido al darse cuenta del parecido. Bien, perfecto. La chica ya no me caía nada de bien. A demás, ya me estaba cansando de sus miradas… Yo era un persona diferente. YO NO ERA ANNIE y nunca sería como ella. Nos unían lazos de sangre pero eso no quería decir que fuésemos la misma persona. ¡Ni siquiera la conocía y me traía problemas!.
Todos de quedaron de pronto en silencio. Tom se había unido al grupo y yo ni siquiera me había dado cuenta. Estaba pálido… tan, pero tan pálido que parecía una hoja de papel. Me preocupé… y al parecer todos se sintieron como yo. Ya que nadie le dio felicitaciones ni nada de eso.
- ¿Qué ocurrió?. – Preguntó Juliette, abrazada a papá. Tom negó con la cabeza.
- No lo sé. Sam no está bien.
- ¡¿Qué?!. – Chilló Emilie, a mi lado.
- No, no es grave… según dijo el doctor, no entendí mucho, dijo que ya venía para hablar contigo, Juliette. – Bajé la mirada, no quería ver a Tom con esa cara… no me gustaba para nada su expresión triste. Sam había tenido alguna complicación. Ojala no fuese nada malo.
Capitulo 141.

El doctor no tardó en llegar. Juliette, el padre de Sam y Tom se apartaron para hablar con él. Se tardaron poco… a demás, el doctor les dio las felicitaciones y todo eso. No tardaron en volver con nosotros. Al parecer, no era nada grave, pues nadie dijo nada y volvieron felices. Tom no se notaba del todo convencido, pero de seguro era porque exageraba todo y blabla.
Y como se situó a mi lado en nuestro “círculo”, yo no tardé en abrir los brazos y rodearle todo el cuerpo con ello, como pude, hundiéndome en su pecho. Él me devolvió el abrazo, mientras yo lo felicitaba y le decía algunas bromas sobre eso de ser padre. Tom padre… algo inimaginable, pero cierto. Y es que ¡wow!. Era algo muy, pero muy increíble… Me separé de él, con una sonrisa gigante en el rostro, y entonces me di cuenta de que Bill estaba muy cerca, y me miraba con los ojos entrecerrados, queriendo matarme… podría apostar a que él era quien quería abrazar y bromear con Tom primero que todos. Pero como eso a mí no me importaba… Me separé de Tom y lo cogí de las manos. Todos los demás nos observaban, riéndose de nuestras caras y del color rojo que habían tomado mis mejillas al sentirme tan observada.
- ¿Y cómo es?. – Le pregunté, ilusionada.
- Hermosa, pequeñita y llorona.
- ¿Y cómo la vas a llamar?.
- Alissa. – Infló su pecho, orgulloso… - Lo elegí yo. – Bromeó. Me eché a reír, volví a abrazarlo cortamente y después de aparté de él, dejándolo a merced de todos allí.
Avancé unos pasos hacia el pasillo, alejándome del grupo, con una sonrisa gigante en el rostro. ¡Ya quería ver al bebé!. Ojala pudiese ser hoy día… y si era mañana, bueno… tendría que aguantarme toda la noche para ver como era. ¡Estaba segura de que era una bebé preciosa!. Obviamente, teniendo padres tan bonitos, era obvio que la bebé saldría igual, o mejor. Lo único que pedía.. era que no saliese tan gritona como ese par de hermanas. Era mucho mejor si salía como Tom, o como Emilie… que tocara la guitarra… ¡Dios!, y es que estaba tan loca y emocionada que incluso me la imaginaba de mayor. Y es que yo la mimaría mucho, oh si… ahora sería su tía, tenía todo el derecho. ¡Un bebé es algo emocionante!. Tenía que comprarle un regalo… si. Le compraría algo…. Algo de bebé, vamos. Algo bonito. En mi vida había visto cosas de bebes en las tiendas… ya era hora de que entrara a una y le comprara un buen regalo a ese regalo de Dios que acaba de llegar. Uy, y es que si yo estaba así de entusiasmada… quizás como estaban Emilie y Juliette… o el mismo Tom. Aunque él se notaba más asustado. ¡Hombres!, son unos cobardes… en especial uno que conozco. Evadí el último pensamiento, no planeaba amargarme la noche por alguien así.
Ahora… ahora me iría a comprar algo de comer, que se me había antojado una barra de chocolate. Tendría que buscar un kiosco o algo así… en los hospitales siempre habían de esos.
Volví a acercarme al grupo para pedirle dinero a papá. Me dio lo suficiente para dos chocolates… y luego me dijo que no podía ir yo sola. Le insistí que yo ya era grande… podía ir sola a comprarme una barra de chocolate. Pero él se negó rotundamente. Me dio a entender que era una torpe y que lo más probable era que me perdiera o resbalara en un pasillo húmedo y me rompiera algo. ¡Pff!. Como nadie se había ofrecido a ir conmigo, estuve segura, por un momento, de que iría sola… pero no… todo salió mal. La chica extraña… esa que parecía un tallarín, una modelo, se ofreció a acompañarme. Papá le dijo que si enseguida… lo que es yo… lo que es yo… vale, yo también le habría dicho que sí, yo era demasiado estúpida como para decir no.
Comenzamos a caminar por el pasillo, ella a mi lado, con su bolsito brillante y esos tacones que hacía ruidito al andar…
- Te llamas Karlie, ¿verdad?. – Me habló. Giré a cabeza para observarla bien. Me di cuenta de que era mucho más mayor que yo, seguramente pasaba los veinte años… yo sólo tenía dieciséis.
- En realidad Karla… pero llámame Karlie. – Le sonreí. Ahora que lo pensaba… era bastante simpática.
- Dime Chels. – Me devolvió la sonrisa. – Así que… eres internacional. Me lo dijeron por ahí. – Aclaró, al ver mi cara de duda. Me encogí de hombros.
- Bueno… eh vivido en muchos países distintos. No es nada. – Hice un gesto con la mano, restándole importancia.
- Oh, no sabes como te envidio. – Se llevó una mano al pecho. Chels era bastante graciosa. – Mmm… ¿sabes?, te pareces mucho a una antigua amiga mía. – Oh, mi prima. ¡Lo sabía!.
- ¿Qué amiga?. – Le pregunté, en una de esas, ella me daba información sobre esa tal Annie… Podría haberle preguntado a papá. Que tonta.
- Anne. – Con que su nombre en realidad era Anne. ¡Bill le decía Annie!. – Tengo entendido que eres su prima. – Asentí con la cabeza.
- ¿Cómo es ella?. – Le pregunté. – No la conozco. – Chels torció un poco la boca, en una extraña mueca y luego abrió la boca, para hablar.
- Bueno… muy parecida a ti… idéntica a decir verdad. Incluso el cabello lo tenía igual al tuyo. Amm… y bueno, ese lunar que tienes allí. – Me señaló el rostro. – Ella no lo tenía. – Vale, eso era lo físico, yo ya lo sabía.
- Me refiero a… como es así como… persona.
- ¡Ah!... hablas de eso. – Rió. Me contagió la risa. – Pues… era una chiquilla muy simpática. Yo era la novia de su… hermano. No tardamos en volvernos muy amigas. – Simpática, bien. Y… tenía un hermano. – Era inteligente, adorable, era una chica… fuerte, tenía muy claro lo que tenía que hacer y lo que quería. – Suspiró. – Pero luego cambió. – Ya estábamos frente al kiosco. ¡El kiosco de este hospital tenía de todo!. Después de salir del asombro que me provocaba ese lugar, volví a mirar a Chels… tenía la mirada perdida en algún punto frente a ella… intentaría sacarla de sus pensamientos, mientras aparecía una vendedora para atenderme, y le preguntaría más sobre Anne… Annie, o como se llamara.
- Chels… - La llamé. Ella dio un pequeño saltito y entonces volvió a mirarme. Sus ojos estaban tristes. - … y… mi prima, digo, Anne era amiga de Bill. ¿O me equivoco?. – No tengo idea de donde saqué el valor para preguntarle eso. Me dio vergüenza después de haber hecho la pregunta y no sé porqué.
- Si… En un principio. – Soltó una risita. – Pero estaban destinados a estar juntos, como novios, ya sabes. – Se encogió de hombros. Sus palabras se clavaron en mi pecho como si se tratara de puñales. Annie había sido su novia, no su amiga. Bill me había mentido. Eso era lo que más me dolía. – Aunque, las cosas no duran para siempre. – Me quedé muda. Ya sabía un poco más sobre el tema pero… no era lo suficiente. Me entraron ganas de llorar. No podía llorar ahora, acababa de nacer la bebé de Tom y Sam. Se suponía que tenía que esta feliz.
- ¿Dónde…?. – Me tuve que aclarar la garganta. - ¿Dónde está ella ahora?.
- Karlie, ella está…
- ¿Puedo ayudarlas en algo?. - ¡Por fin una vendedora!. Ya luego le preguntaría a Chles más cosas sobre mi prima.
- Si, quiero un barra de chocolate… por favor.
Capitulo 142.

La vendedora me dio la barra, la recibí, le di el dinero y después nos fuimos de allí. En el camino de vuelta aproveché para abrir el chocolate y darle un pedazo a Chels… de primera se había negado, obviamente, podía darme cuenta de que estaba a dieta… pero después, al verme comer, me llamó malvada y me pidió chocolate. Y yo le di… Y es que… si subía un par de quilos no le pasaba nada… si subía unos cinco quilos ni siquiera parecería una chica normal, claro que no, seguiría siendo tan delgaducha como un tallarín. Y es que ya me la imaginaba volando porque el viento se la llevaba.
Llegamos donde estaban todos, preguntamos por nuevas noticias… pero no, no había nuevas noticias.
Papá me llevó a casa cerca de las diez. No habíamos podido ver a la bebé, ya que sólo Tom, Juliette y el padre de Emilie habían entrado. Pero ya mañana yo podría ver a esa criatura recién salida del horno. Y… también podía aprovechar y comprarle un regalo. ¡Si!. Iría mañana muy temprano, le compraría algo bonito y rosa. Cuando íbamos llegando a casa, me di cuenta de algo sumamente importante. ¡No habíamos ido a dar nuestro show!. Pero… oh, vamos, esta era una razón muy justificable, estoy segura el que el amigo de Tom nos entendería. Y si no… pues no me importaba, podíamos buscarnos otro local, a demás… ese hombre de la noche anterior, el tal Jhon, nos podía ayudar. En fin… los amigos de Tom me agradaban mucho.
Llegué a casa a dormir. Estaba cansada, y eso que no había hecho nada en todo el día. Me lancé sobre la cama, ni siquiera me molesté en ponerme el pijama y comencé a acomodarme para dormir. De repente, Annie se me vino a la cabeza. ¡Annie!. Había olvidado preguntarle a Chels sobre ella. Aish, seguramente mi prima, a demás de ser muy parecida a mi, era más simpática y probablemente menos cobarde. Estaba segura de que era mejor persona que yo y por eso me caía tan mal, por eso es que Bill no se había olvidado de ella. Sólo esperaba que no regresara. Me cubrí la cabeza con la almohada… ¿Y si papá la invitaba a su…?,¡No!. Que invitara a su padre, nadie más… nadie. Buah, que ni siquiera invitara a su hermano. Oh, vale, estoy siendo una completa idiota. Su hermano era quien nos había pasado esta casa… al menos tenía que agradecerlo, ¿no?. A demás… era su hermano. Y aunque yo no he tenido hermanos… pienso que… buah, no importa.
Recordé los ojos de Bill clavados sobre mi en el hospital. Me estremecí… esa mirada automática que yo tanto, tanto odiaba. ¡Incluso había inventado una canción!. Definitivamente, cada día estaba mas rayada. Algún día me volvería loca y terminaría con una de esas camisetas blancas con mangas gigantes que se amarran en la espalda… metida dentro de una habitación blanca. Se tan sólo pensarlo me ponía los pelos de punta.
No tardé en dormirme. Pensando tanta estupidez el cerebro se me adormece.

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