14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 52

Capitulo 122.

Los días siguieron pasando rápidamente. Emilie estuvo sana luego de dos semanas… la lesión no era tan mala después de todo. Sólo se había torcido el pié y se había dañado algo de por allí… obviamente ese algo no era el hueso. Yo seguía odiando estudiar… no sé porqué, pero ahora no me gustaba nada de eso, yo quería hacer otro tipo de cosas, o no hacer nada, en mi casa. Seguía sin agradarme compartir las mañanas con un profesor diferente cada día de la semana. En cuanto estuviese sana volvería a la escuela, costara lo que costara… a demás, aquí encerrada y casi sin movilidad me aburría. Había momentos en que me sentía claustrofóbica. Pff… ni siquiera había podido jugar con la nieve en navidad. Odio cuando me pasan cosas… como esa vez que me subí en un árbol, caí y me rompí la cabeza… durantes dos semanas después del accidente del árbol no pude meterme en una piscina. Quizás más tiempo, no lo recuerdo. O cuando me resbalé en la entrada de la escuela en California. ¡Todos se burlaron de mi!, por suerte no me quedé mucho tiempo allí. Y es que… si, soy una torpe de primera, ya lo tengo asumido.
Retomé contando con mis antiguos amigos… las chicas ya sabían que yo tenía novio, pero no quise decirles quien era. Hacía tiempo que no hablaba con ellos, aunque fuese por medio de Internet. Al parecer, ya no me extrañaban, antes siempre me repetía cuando me echaban de menos, pero esta vez… ya no. Aunque… bueno. Yo igual me había olvidado de ellos por mucho tiempo. Es normal olvidar a la gente que no se ve… ¿no?. Digo, me refiero a que el cariño sigue… pero uno no está pendiente de ellos todo, todito el tiempo. Solamente nuestras vidas habían tomado caminos distintos… y yo estaba con mis nuevos amigos… y ellos allá… con sus otros amigos, los de siempre.
Cada día que pasaba, estaba más y más segura de que papá estaba loco por Juliette. Le compraba regalitos, la invitaba a dormir a casa y a veces salían sin avisar… ¡iuuu!… en fin, eran cosas de ellos. De todas maneras, Juliette me agradaba, ya lo he dicho muchas veces. Aunque… bueno, se me hacía extraño ver a papá con Juliette, lo vi tantos años sólo, siendo yo la única mujer de la familia, de su vida… que buah, al menos mamá, estuviese donde estuviese.. y si nos veía… estaría feliz de ver a papá así.
Y Bill… Bill seguía tan lindo como siempre. Venía a visitarme todos los días, y a mi me agradaba mucho su compañía. Hablábamos de estupideces, o sobre nosotros… Yo le decía cosas sobre mi vida y me decía sobre su vida. Yo ya me sabía su vida completa, estoy segura… me lo había dicho todo. Desde sus cumpleaños hasta su primera novia y todo ese tipo de cosas. Yo no tenía mucho que contarle a Bill sobre mi vida… bueno… le conté sobre casi todos mis accidentes, de los que me acordaba. Aunque bueno, también me vi obligada a omitir cosas. Habían hechos en mi vida que eran un tanto… que no me gustaban recordar. Eran cosas pasadas. Yo era experta en quitar los recuerdos dolorosos de mi cabeza, o transformarlos en un recuerdo gracioso… pero justo ese recuerdo, ese hecho pntial, ese día, hace años… no podía borrarlo. Por más que lo intentara. Había intentado incluso escribirlo, para quitarme ese peso de encima, pero no funcionaba. A demás, era un secreto, sólo mío y muy, muy bien guardado. No planeaba decírselo a alguien, nunca. Me iría a la tumba sin abrir la boca.
Bill había sido amigo desde muy pequeño co Sam y Andreas. Dijo antes había otra chica que también era de su grupo de amigo, Kattie. Pero al final había resultado ser una mala persona. También, nombró a mi prima un par de veces, pero no habló mucho sobre ella. Solamente me dijo que se parecía mucho a mí, éramos prácticamente iguales y que con ella había pasado gran parte de su infancia. No dijo nada más… tampoco quise insistirle para que me contara sobre ella. Vamos, que a lo mejor se acordaba mucho de ella y le daba pena, o bien volvía a pensar en ella y a sentir cosas por ella… y yo no quería eso. Claro que no.

- Ya está sano, completamente sano. – El doctor tocaba mi hombro, mi clavícula… ya sana. Mis dos costillas rotas también estaban sanas. – Vaya, pensaba que necesitarías tres meses… - Y es que me había sanado en poco tiempo. Estaba en un control… para ver como me encontraba. – Generalmente los niños sanan mucho más rápido que los adultos. – El doctor miró a Juliette. Ela había entrado a acompañarme… papá tenía que hacer ago importante en el trabajo y Bill estaba afuera. Esperándome para celebrar nuestros dos meses juntos. Si, era 25 de febrero. – Te dejaré un venda para proteger la zona… si te molestas te la quitas, no hay problema. – Asentí con la cabeza. – Y vas a tener que esperar un par de meses más para que sane tu pierna, ¿de acuerdo?. – Volví a asentir.
Luego, él y Juliette comenzaron a hablar sobre mi, y sobre mis cuidados. Yo estaba más que feliz. Sólo me quedaba el yeso de la pierna, mi brazos estaba sano y yo, después de mucho tiempo, podría tocar guitarra. ¡Podría volver a tocar guitarra!. Encima hoy cumplíamos dos meses con Bill. ¡Esto era genial!.
Juliette me ayudó a ponerme la ropa y luego me ayudó a ir hasta la salida. Ya me había acostumbrado a caminar con el yeso… no necesitaba que me cargara, sólo que fueran a mi lado para que yo no me fuese a caer. ¡Y es que me sentía tan sana!.
Juliette abrió la puerta y me dejó salir primero. Bill enseguida desvió la vista hacia donde yo me encontraba, con una sonrisa gigante en el rostro. Se acercó a mi y yo estiré los brazos para recibirlo. Omo extrañaba poder hacer eso. Entonces él me tomó de la cintura y me alzó para darme un sonoro beso en la mejilla.
- Estoy semi-sana, Bill. – Exclamé, feliz Bill se echó a reír y volvió a dejarme en el suelo. Apartó algunos mechones de cabello de mi rostro y los acomodó detrás de mis orejas.
- ¿Y si… vamos a comer a algún sitio para celebrar que estás semi-sana?. – Asentí, mordiéndome el labio inferior. Y es que… realmente, no me cabía toda la alegría en el cuerpo.
- Me tienes que llevar a un lugar interesante por nuestro cumple mes. ¿recuerdas?. – Alcé las cejas. Bill tomó mis manos y comenzó a jugar con mis dedos.
- ¿Y si hacemos las dos cosas?. Primero comemos… después vamos a algún lugar bonito. ¿Quieres ir al cine también?. - ¡Al cine!, hace tanto tiempo que no iba al cine…
- ¡Si!.
- Ejem… ejem… - Bill se separó de mi un poco, pero no soltó nuestras manos unidas. Miramos a Juliette, ella nos había interrumpido. – Dime, Bill… ¿Marc le ha dado permiso a Karlie para salir?.
- N…no. – Contestó. Borró la sonrisa de su rostro.
- Si. – Me apresuré en decir. Le hice ojitos a Juliette. – Oh, vamos… si tu me dejas ir, papá estará de acuerdo.
- No… esos ojitos no sirven conmigo. Ve a hacérselos a tu padre. – Se cruzó de brazos. – Ya está, nos vamos a casa. – Comenzó a caminar hacia la salida. Hice un puchero y por poco me entraron ganas de llorar. Miré a Bill, el estaba con la boca abierta mirando como Juliette abandonaba el lugar, hacia el estacionamiento. Habíamos venido en el coche de Bill.
- Mejor… mejor nos vamos. – Me rodeó con mi brazo de por la cintura y comenzamos a caminar. Me dio un peso pequeñito en la frente y se detuvo antes de salir al exterior. Me puso mi gorro que tenía guardado en el bolsillo de su chaqueta. Me acomodó el cabello. Después, volvió a tomarme de la cintura y salimos de allí. Me daban cositas extraña en la pancita, aún, cuando Bill hacía ese tipo de cosas. Y es que era tan tierno, me encantaba.
Nos subimos en el coche, con Juliette. Nadie dijo nada, y es que yo… estaba un poco enojada, quizás frustrada. Ya me había hecho las ilusiones de salir con Bill. Jo… Juliette era una malvada.
- Bill, déjame en el trabajo. - Bill sólo asintió con la cabeza, como toda respuesta.
El viaje hasta el trabajo de Juliette, que también era de papá, se me hizo eterno. A demás, ya no estaba de tan buen humor… Yo quería salir con Bill… cumplíamos dos meses.
El coche se detuvo, y Juliette abrió la puerta para bajarse. N vez abajo, asomó medio cuerpo dentro del coche y sonriendo se despidió.
- Adiós, chicos.
- Adiós.
- Adiós. – Le contestamos a la vez.
- Y que disfruten su día de aniversario comiendo, en su lugar especial y en el cine. – Sonrió, guió un ojo y luego cerró la puerta. Me quedé helada y tuve que repetir esa frase unas tres veces en mi cerebro… hasta que me di cuenta de que acababa de permitirme salir con Bill. Sentí algo extraño en mi pecho, sentí ganas de gritar de felicidad… pero lo único que pude hacer, fue observar a Bill con una sonrisa gigantesca en mi rostro.

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