Bill abrió sus brazos, y en menos de lo que yo esperaba, me vi rodeado por ellos… por él. Sentí su aroma llenar mis pulmones, el calor emanar de su cuerpo y la tranquilidad apoderarse de mi. Intenté rodearlo con mis brazos yo también, pero él no dejaba que yo me moviera… me atenía atrapada. Y yo estaba más que feliz así… que no me soltara nunca.
- Te extrañé. – Murmuró, su boca estaba muy cerca de uno de mi oídos.
- También te extrañé. – La voz me salió asfixiada. Sentía la garganta apretada, no podía hablar de otra manera… Dios, Bill me dejaba un poco tonta. Entontes se separó de mi, sólo un poco, hasta situar su rostro frente el mío… Lo observé, él estaba agachado, pero aún así su rostro estaba un poquito mas arriba. Me perdí en sus ojos durante un par de segundos, hasta que él pestañeó… entonces me fije en sus labios y en su rostro en general. Volví a sus ojos. Me encantaban.
Me encantaban. Estoy segura de que tenía una cara de babosa total… pero es que no podía estar de otra manera. Lo veía por primera vez luego de dos semanas. Solté todo el aire que tenía en los pulmones, Bill se mordió el labio inferior. Y luego… el momento más esperado.
Bill juntó su boca con la mía, suavemente.
Capitulo 117 (Me aburrí de ponerle titulo a los capítulos xDDDD).
El beso, de pronto se volvió “algo” desesperado… o más bien, se volvió muy desesperado. Tan desesperado y con tanta necesidad, que me quedé sin aire. Lo que me obligó a apartarme de sus labios por un momento. Sentía mis mejillas arder… seguramente estaban rojísimas. Respiré fuertemente. Tenía la nariz de Bill junto a la mía, y sus labios muy cerca de mi boca. Podía sentir su respiración. Una de sus manos, mientras nos besábamos, había llegado a mi mejilla, mientras que la otra me rodeaba la cintura. Seguramente él estaba muy incómodo… ya que estaba agachado. Pero no importaba mucho, tampoco me iba a detener a pensar en la posición más cómoda para besarnos. Yo sólo quería besarlo y punto.
Y exactamente eso fue lo que hice.
Y para cuando nos volvimos a separar, Bill ya estaba con las rodillas sobre el asiento y yo apresada sobre su cuerpo y el sillón. Me costaba respirar… Bill volvió a juntar sus labios con los míos y se separó al instante, lo suficiente para que yo pudiera apreciar su rostro y su expresión. Se mordía el labio inferior… pero poco a poco, quizás al ver mi cara de boba o que se yo, su cara se fue llenando de risa y en sus labios se dibujó una bonita sonrisa. No pude evitar sonreír yo también.
- Te extrañé tanto, amor…. – Aw, y es que me derretía. Bill era tan extremadamente tierno. Y me llamaba “amor”… así como lo hacían Juliette con papá. Pero… de Bill sonaba mucho más bonito, a demás, claro, que me lo decía a mi. Volvió a juntas fugazmente nuestros labios, para seguidamente separarse de mi y sentarse a mi lado. Yo no podía borrar la sonrisa de mi rostro. Bill comenzó acomodarme, y a acomodar las almohada.
- También te extrañé… - Dije luego de un momento. Es que… estaba reaccionando un poco más lento de lo de costumbre. Bill soltó una risita y terminó de acomodar las almohadas. En realidad… las había lanzado hacia el otro lado del sillón y ahora su cuerpo era la almohada. Me estaba abrazando. – Que bien que ya estás aquí, y es que te eché tanto de menos. – ¿Era idea mía o la voz me salía más aguda de lo normal?, bueh… cosas mías. Al menos podía decir frases coherentes, algo era algo. Alcé la cabeza y me torcí un poco para mirarlo. Bill me dio un besito pequeño justo en la punta de la nariz.
- Estás hermosa… - Sus ojos se pasaron por mi rostro, examinándome. El color volvió a subirme a las mejillas y me vi obligada a apartar la vista.
- Y… y… ¿co… como… - Suspiré, dejando la pregunta inconclusa. Bill rió. Se estaba burlando de mi, estaba segura.
- ¿Cómo…?. – Me animó a preguntar, me dio un beso en la cien. Si que andaba besucón… y me encantaba.
- ¿Cómo estuvieron tus vacaciones?. – Pregunté luego de repetir la pregunta mentalmente unas tres veces para no olvidarla. Volví a mirarlo… me di cuenta de que esas ojeras de cansancio que tenía antes de irse, casi no se notaban… estaban desapareciendo.
- Bien… - Se aclaró la garganta. - Ya te lo conté todo, no sé para que me preguntas. – Se encogió de hombros. Entrecerré los ojos.
- Pero, Bill… esas son las preguntas típicas que se hacen cuando llega alguien de vacaciones. – Fingí enojo.
- Lo siento, lo siento… - Rió. Suspiré.
- Que bueno que llegaste. – Dije sin pensarlo. – Y es que estaba a punto de ir a buscarte. Te extrañé mucho. – lo rodeé con no de mis brazos y lo apretujé fuertemente.
- Lo sé… se que me extrañaste. – Uy, la voz de engreído que había usado no me gustó. – Y… - Se aclaró la garganta. – No te ha maltratado tu padre, ¿verdad?. – Bill desvió los ojos hacia la entrada de la cocina, por lo que supuse que papá estaba allí.
- Nnno. – Alcé la voz. – Solamente me consigue niñeras.
- ¿Niñeras?. ¿Le consigues niñeras?. – Bill miró a papá sorprendido. Me sentí un poco avergonzada… papá no había estado escuchando. Por suerte no me podía ver, el sillón me tapaba… sólo la cabeza de Bill estaba a la vista, creo. Es que él era más alto…
- Es que… alguien la tiene que cuidar. – Murmuró papá. Bill entrecerró los ojos y lego tragó saliva, lo noté. Y es que estaba como una boba observándolo mientras él miraba a papá.
- Ah, entonces está bien. – Giró la cabeza y me observó durante unos segundos, para luego volver a mirar a mi padre. – Ah… y a todo esto, mi madre dice que pueden ir a comer a casa para celebrar nuestra llegada. – Cambió el tono de voz para las últimas dos palabras, no pude evitar reír, le había salido gracioso.
- ¿La cena o…? – Papá dejó sin terminar la pregunta.
- Es igual. – Le contestó Bill. Seguro a papá se le hacía un poco complicado decidir. Simone preparaba comida riquísima… Pero Margaret ya nos había hecho el almuerzo.
- ¿Estará Andreas?. – Esa era Emilie. Nuestro momento a solas con Bill no había durado más que unos cuantos minutos.
- Si.
- ¡Ahhhhh!. – Chilló Emilie. O no podía mirarla… ya que le estaba dando la espalda… pero Bill comenzó a reírse.
- Pasó algo entre esos dos, ¿verdad?. – Me preguntó mientras Emilie prácticamente le rogaba a mi padre para que fuésemos al almuerzo y no a la cena. Asentí.
- Si… ¿Cómo lo sabes?.
- Andreas lo comentó. Está igual o peor que Emilie. - Se echó a reír. – Y… no se lo digas a Emilie... pero…- Habló más bajito, acercando su boca a mi oído. Me mordí el labio inferior esperando escuchar el secreto. – Andreas le pedirá que sea su novia. – Abrí la boca, sorprendida… ¡Excelente!. Emilie sí que se pondría contenta.
- ¿De… verdad?. – Bill asintió con la cabeza.
- Se lo pedirá hoy… y nosotros les ganaremos por 17 días. – Tardé un poco en entender lo de los diecisiete días… pero en cuanto me di cuenta a que se refería… encontré de lo más tierno que Bill contara los días que llevábamos juntos, como novios. Wow… 17 días ya… ojala duráramos muchos días más. Fui a decirle algo, pero Emilie interrumpió, apareciendo frente a nosotros con una cara de felicidad tremenda.
- ¡Nos vamos!. Bill, ayuda a Karlie a ponerse el abrigo y todas esas cosas, están en su habitación. ¡Tengo que maquillarme!. – Chilló, para luego salir corriendo escaleras arriba.
Capitulo 118.
Emilie estaba cada día más y más loca. Bill no tardó en levantarse del sillón.
- Quédate quietecita, que voy a buscar tus cosas, ¿si?. – Me sonrió encantadoramente. Me daba un poco de vergüenza dejar que él subiera a ver mis cosas, a mi habitación. Él había entrado antes… claro, pero es que, argh. Si no estaba yo con él… era incómodo. Pero tampoco podía decirle que no fuera… es que… con esa carita que tenía y… ay. - ¿Dónde están tus cosas?. – me preguntó.
- Busca algún abrigo en el armario… el resto de las cosas están en el último cajón de la mesita de luz. – Dije, refiriéndome al gorro, guantes y bufanda. Tenía de diferentes colores y texturas… todos metidos en el último cajón… por lo que mi ropa para salir quedaba en manos de Bill. Quien, por cierto, me guiñó un ojo y prácticamente salió corriendo en dirección a las escaleras, como Emilie. Lo observé hasta que despareció… todo seguía igual, igual a cuando él aún no se iba de vacaciones… nada había cambiado, en absoluto, ni siquiera había cambiado la sensación de cosquillas en mi estómago. Y eso me aliviaba.
- ¿Y Bill?. – Escuché la voz de mi padre, me levanté un poco en el sillón y di vuelta la cabeza para mirarlo. Venía saliendo de la cocina.
- Fue a buscar mis cosas. – papá torció la boca en una mueca… no era de disgusto, pero tampoco me pareció una mueca de felicidad.
- Ok… comeremos la comida de Margaret por la noche, entonces. – Acabó por sonreír de medio lado. Luego volvió a entrar en la cocina y a los pocos segundos salió con Juliette tomada de la mano. No les presté más atención después de eso, ya que Bill llegó enseguida con todas mis cosas. Me había traído un impermeable de color gris. Con unos guantes, bufanda y gorro color rosa. Hacía tiempo que no me ponía algo rosa encima.
- Ya está. – Dijo, lanzando todo en el sillón, a mi lado. – Mmm… veamos. – Cogió el impermeable y luego uno de mis brazos, para comenzar a ponérmelo despacito y con mucho cuidado. Se demoró más en ponerme el impermeable que en abrochar los botones. – Ya está. – Murmuró. Yo aún no le decía nada. Pero es que me gustaba ver su carita de concentración… - Ahora… es… tos… - Cogió los guantes y luego tomó una de mis manos. – Wow… - Clavó sus ojos en mi, y me miró sonriendo, aún no me ponía el guante. Volvió a mirar mi mano y comenzó a jugar con mis dedos.
- ¿Qué pasa?. – Pregunté aguantándome la risa.
- Mi manito está sana… - Murmuró co una voz extremadamente tierna. ¡Su manito!... aish. Y es que, realmente, me estaba derritiendo.
- ¿Tu manito?.
- Si. Mía. - Acercó nuestras manos unidas a sus labios y le dio un pequeño besito a la mía. – Que bien que ya esté sana… se nota que la cuidas bien. – Dijo divertido. Luego volvió a la tarea de los guantes. Después de los guantes siguieron el gorro y la bufanda. Y es que más abrigada no podía estar. En cuanto terminó de vestirme, me dio un beso en la punta de la nariz, la única parte de mi rostro, a demás de mis ojos, no cubierta por la ropa rosa.
- ¿No te parece un poco exagerado?. – Bill negó con la cabeza. Me estaba entrando calor… la calefacción estaba encendida. Uff.
- No… no quiero que te enfermes.
- Bueno… - Suspiré. Yo no podría convencerlo.
- ¿Ya están?. – No me había dado cuenta de que papá estaba frente a nosotros… pero al parecer había llegado recién, pues se estaba poniendo el abrigo. Miré hacia el costado y vi a Juliette descolgando su abrigo de uno de los gachos próximos a la puerta.
- EMILE, YA NOS VAMOS. ANDREAS NO TE QUIERE VER COMO UN PAYASO, APRESÚRATE. – le gritó. Papá negó con la cabeza, seguramente aguantando las ganas de reírse.
- ¿Viniste en coche?.- Le preguntó papá a Bill.
- Si. – Wow… la lluvia debería estar tan fuerte, que Bill tenía que venirse en coche desde la esquina.
- ¿Puedes llevarla mientras?. – Esa pregunta me sorprendió. Papá me dejaba a cargo de Bill en un viaje. Vale, exagero… era menos de una cuadra, pero… uy, es que yo jamás habría imaginado que él le pediría a Bill algo así.
- Si. – Enseguida Bill se levantó del asiento. Se giró para mirarme y no tardó en levantarme. Me llevó encima suyo hasta la puerta. Juliette la abrió y nos dejó pasar. Dios… ¡como llovía!. Y es que estas no eran gotas… eran bombas de agua. Escondí mi cabeza en el cuello de Bill. Sentir las gotas sobre mi espalda, escuchar la lluvia y oler a Bill era totalmente relajante. Ni siquiera sentía frío… iba muy abrigada. Bill me apoyo sobre una de sus piernas, mientras abría la puerta trasera del coche. Luego volvió a tomarme en sus brazos y me metió dentro del vehículo. Hacía calorcito allí dentro, y olía muy bien.
Me acomodó, cuidando mi piernota, me puso el cinturón de seguridad como pudo y luego cerró la puerta, para subirse en el asiento del piloto. Tanto lío para andar media cuadra. Aunque, no… esperen… la calle estaba en sentido contrario, por lo que tendríamos que dar una vuelta estúpida en la calle siguiente.
- Uff… como llueve. – Se quejó Bill una vez adentro. Encendió el motor y enseguida puso en marcha el vehículo. Recordaba cuando había estado aquí por última vez. Creo que fue en… bueh, no me acuerdo, pero había sido hace mucho tiempo. Ese día que Simone lo había obligado a llevarme a la escuela, cuando habían venido las fans pinkyrosarubias a molestarme. Todo era tan diferente hacía a pensar un par de meses. En ese tiempo yo ni siquiera podría haber imaginado que esto pasaría, era totalmente improbable. Y ahora… todo era totalmente diferente.
- Bill… - Lo llamé. Él dio vuelta a la esquina y me miró. Estábamos andando muy… muy lento. – Recuerdas ese día… que… - A lo mejor no era muy buena idea recordar ese día, pero es que… tenía mucha curiosidad por saber que era lo que él había estado pensando en ese momento.
- ¿Qué día?. –Me preguntó sal ver que yo no le contestaba.
- Ese día que Simone te ordenó llevarme a la escuela, ¿lo recuerdas?. Cuando estaba lloviendo y yo me bajé y corrí y….
- Cuando casi te arroya un coche. Si, lo recuerdo. – Soltó una risita.- Que tonta… yo no planeaba llevarte al otro lado de la ciudad. No me digas que te creíste el cuento ese. – Me sentí totalmente ridícula. Es decir, él ya tenía claro que yo me había tragado el cuento… pero no era necesario que me dijera esas cosas… me hacía sentir tonta. A demás… ya comenzaba a sentir calor en el rostro.
- …Si. – Bill se comenzó a reír ante mi afirmación. – Es que tenías una expresión de ogro impresionante, era como para creerte. – Bill dejó de reír. Volvió a mirarme, abriendo los ojos como platos… Pero enseguida volvió la vista hacia la calle. Ya estábamos por llevar. Estábamos pasando por la calle que estaba detrás de nuestras casas, frente al parque. Sólo había que girar hacia la izquierda y… llegamos. Bill apagó el motor. Peor ni siquiera se movió. Tenia el ceño fruncido, podía verlo por el espejo retrovisor.
- Con que… casa de ogro. – Murmuró entre dientes. O-oh.
Capitulo 119.
- Pe… pe… pero un ogro bonito. Lo siento. – Torcí la boca intentando dibujar una sonrisa. Pero solo salió una mueca medio extraña. Bill suspiró. Se quedo en silencios unos segundos, observando mi mueca de angustia desde el espejo retrovisor. Y luego se echó a reír.
- Sigues igual que siempre. – Y acto seguido se bajó del coche. ¿Igual que siempre?... ¿Cómo igual que siempre?. ¿igual de tonta?. Seguramente igual de tonta, ni siquiera había podido comprender lo que me quería decir. Bill no tardó en abrir una de las puertas traseras del coche, donde yo me encontraba sentada e intentando averiguar que era lo que él había querido decir con eso. No le preguntaría… claro que no. Después pensaba de nuevo que yo era una retrasada y yo no quería que él pensara eso de mi. Pff… tampoco me importaba que el pensara eso, y no creo que él llegara a pensarlo ahora… aún así, no preguntaré.
Bill me levantó en sus brazos como la vez anterior y luego cerró la puerta del coche con un poco de dificultad. Se dirigió conmigo hacia la puerta de su casa y una vez estuvimos debajo del pequeño techito de la entrada, que nos protegía de la lluvia, me dejó suavemente en el suelo para buscar las llaves. Y es que no podía tener más llaves en su llavero.. era impresionante.
- ¿Y no sería mejor….?. – No terminé la pregunta y simplemente piqué al timbre.
- Ah. – Exclamó Bill con una carita de tontito que me encantó. Recién se había dado cuenta de que habría sido mucho mejor picar al timbre. Se echó las llaves en el bolsillo de la chaqueta y luego volvió a tomarme en brazos, despacito. No se porqué, pero en ese momento tuve la sensación de que me iba a caer… aunque Bill me tuviera muy bien sujeta. La puerta se abrió y yo enseguida miré, para ver de quien se trataba.
- ¡Queridos!, ya llegaron… - Simone juntó las manos a la altura del pecho, emocionada y abrió la puerta por completo, para dejarnos pasar. – Hay, entren, entren… que se deben estar muriendo de frió. – Una vez adentro, Simone cerró la puerta. Aquí estaba mucho mas calentito.
- ¿Puedes sostenerte de pie?. – Me preguntó Bill, aún en la entrada.
- Si. – Asegure. Y es que estaba con el yeso… y no me dolía. Hacía unos segundos me había dejado en el suelo y ni siquiera se había acordado de preguntar. Me dejó con cuidado de pie en el suelo, y luego, se quito el abrigo, estaba mojado… mojadísimo… y es que llovía tan fuerte. Luego de haberse quitado el abrigo y haberlo colgado al lado de la puerta, me quitó el gorro, la bufanda, los guantes y finalmente el impermeable. Dejó todo en su lugar.
- Ya está. – Murmuró. Enseguida me pasó las manos por el rostro, limpiando las gotitas de lluvia y luego me arregló n poco el cabello.
- Ya estoy bien. Gracias. – Me sonrió tiernamente y luego volvió a levantarme… para llevarme al sillón. Yo ya estaba aburrida de estar siempre en algún sillón… aunque estar en el sillón de la casa de Bill era diferente. Había estado en esta casa muy poquitas veces.
- ¡Pero que cosa trajo la lluvia!. – Exclamó Tom. No tengo idea de donde salió, pero de pronto había aparecido frente a mi con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Tom!. – Sonreí ampliamente, observándolo. Estaba igual… las vacaciones no lo habían cambiado en absoluto. Se agachó para besarme en la mejilla y me rodeó con sus brazos, apretándome levemente.
- ¿Cómo estás?, ¿sufriste en mi ausencia?. – Reí. Tom era un egocéntrico.
- Claro que sufrí, no dejé de pensar en ti y en cuanto te extrañaba. – Ironicé. Tom rió fuertemente y luego se separó de mi.
- Lo sé, lo sé. Pero recuerda, tengo novia. – Se llevó una mano al pecho, inflándolo con orgullo. Fue a decir algo más, pero Bill lo interrumpió.
- Ya basta, Tom. – Miré a mi novio. Tenía el seño fruncido y se notaba enojado… o celoso.
- ¿Estás celos acaso, hermanito?. – Se burló Tom.
- Tom… - Y esa voz de circunstancia me llevó a la conclusión de que también había otra persona en la casa: Sam. Todos dirigimos la mirada hacia Sam, quien salía de la cocina limpiándose las manos en el delantal. – Ah, Hola, Karlie. – Me sonrió ampliamente.
- Hola. – le devolví la sonrisa.
- Tom… ven a ayudarnos, que no podemos con esto solas. – Le dijo amenazante. Sam… a veces, sólo a veces… daba un poco de miedo.
- Enseguida. Enseguida. – Tom salió prácticamente corriendo hacia la cocina, por suerte Juliette iba a llegar luego, así ella les ayudaría y dejarían al pobre de Tom en libertad. Volví a mirar a Bill, pero él estaba encendiendo la TV. Luego me fije en los controles de mando… los mismos esos que habíamos estado ocupando en las carreras de motos. Cuando Bill me había ganado. Se suponía que yo era buena en esas cosas…. Y le habría ganado de no ser porque me había entrado los nervios de estar en su casa y tan cerca de él.
- Bill… - Lo llamé. Él me miró, justo en el momento en que se sentaba a mi lado en el sillón. - ¿Recuerdas ese juego de las motos y eso que jugamos hace un tiempo?.
- Amm… ¿Hablas de esa paliza que te di?. – Asentí, frunciendo los labios.
- Creo que no fue una carrera justa.
- ¿Quieres que te gane nuevamente?.
- ¿Quieres perder, Bill?.
- Vas a perder otra vez. – Dijo desafiante.
- Lo veremos. – Y en eso Bill ya se había levantado y comenzaba a acomodar las cosas para jugar. Me dio un control. Por suerte, ahora que ya sentía la mano curada, podía jugar. Elegí la misma moto que la vez anterior.
- ¿Estás lista para perder o quieres que te deje ganar?. – Me preguntó Bill.
- Hazme perder, si puedes. – La cuenta regresiva comenzó… y luego la carrera. Las tres vueltas que había que dar a la pista se me hicieron eternas. En ocasiones Bill llevaba la delantera, en otras yo lograba adelantarlo… Saqué mucha ventaja en la última vuelta…y ya estábamos por llegar a la meta. Bill apretaba los botones como loco.
- Mier,da. – Murmuró. – No es posible…
Y gané.
- ¿Ves?, ¿viste eso, Bill?. ¡Eres un perdedor!. – Grité, alzando en brazo que podía alzar, con el control en la mano. Bill me lo arrebató rápidamente y me observó enojado.
- ¿Cómo es que tú…? Aish. – Y seguía enojado. Se veía encantador, y me daba risa… y es que no podía enojarse tanto por haber perdido en un juego. Fui a contestarle, pero justo en ese momento picaron al timbre. Bill miró hacia la puerta y luego volvió a mirarme. – No se lo digas a nadie. – Murmuró entre dientes. Para luego levantarse del sillón e ir hacia la puerta.
Como lo suponía, quienes llegaban habían sido papá, Juliette y Emilie. Pobre Emilie, se había arreglado tanto y Andreas no estaba aquí. Pero Bill la había consolado diciéndole que llegaría luego.
Papá y Juliette fueron a ayudar en la cocina… y a demás, a saludar a Tom. Emilie también fue a saludar a Tom en la cocina. Y Bill se sentó a mi lado, pero no me abrazó. Ni siquiera me miró. Era impresionante. Estaba enojado… y sólo porque le había ganado en un juego.
- ¡Bill!. – Me quejé. Pero él no dijo nada. Y como yo soy tan tonta, ya me estaban entrando ganas de llorar. - ¡Bill!. – De nuevo, pero él ni siquiera me miró. Me sentí mala por haber ganado ese juego. No tendría que haber retado a Bill. – Oh, vamos… no te puedes enojar por eso. – Me enderecé en el sillón e hice piruetas para poder acercarme a él. Una vez estuve muy cerquita, le cogí el rostro y lo giré, para que me mirara. Entonces recordé que Bill era el “mejor” en ese juego, según los chicos. Seguramente se había sentido mal porque yo, una chica, le había ganado. – Bill, mi amor. – Sonreí al momento que me ruborizaba. Yo no acostumbraba llamarlo “mi amor”.
Bill volvió a girar la cabeza, sin mirarme. - ¡Bill!. – Me quejé, esta vez más seria. Volví a cogerle el rostro, y él a hacer fuerza para apartarse, pero yo no se lo permití. – Bill. – Lo llamé, para que me mirara, tenía los ojos en otro sitio de la habitación. – Bill. – Lo volví a llamar. Esta vez si me miró, pero sólo por unos segundos, luego apartó la vista de nuevo. – Oh, vamos… - Me acerqué, y lo bese cerca de los labios. Me separé sólo un poco. Dejé nuestros rostros muy juntos, y luego cerré los ojos. Nuestras narices se tocaron… aunque él ni siquiera se movía. Luego me quedé ahí, quietecita. No me acercaba… pero tampoco me separaba de él. Suspiró, soltó un quejido… y sentí sus manos en mi cintura. Y luego… sus labios se pegaron a los míos. Se vio obligado a separarse rápidamente de mi, ya que alguien había salido de la cocina. Ambos giramos la cabeza para mirar… era Emilie. Movió las cejas de arriba hacia abajo, burlándose… y luego se fue hacia las escaleras. Subió corriendo… y luego sentimos sus pasos apresurados en el piso de arriba. Miré a Bill y me encogí de hombros. Él me sonrió, me examinó el rostro…y seguidamente me abrazó.
- Te quiero. – Murmuro, sentí su aliento en mi cuello… y reí. Producto de las cosquillas.
- Yo también te quiero. – Escuché nuevamente los pasos apresurados de Emilie en la escalera. No le di importancia hasta que…
- ¡AAAAAAAAAAAAAH!!!. – Ese ¡Ah!, seguido por un fuerte estruendo se escuchó por toda la casa. Abrí los ojos como platos y enseguida giré la cabeza para mirarla. Se había caído. Dios… - Ay, ay, ¡ay!. – Chilló, comenzando a derramar lágrimas. Bill se separó de mi y se levantó del sillón, corrió hacia donde Emilie, mientras esta seguía gritando como desesperada. Papá y todo el resto salió de la cocina, a ver a Emilie también. Me entraron unas ganas tremendas de ir a verla yo igual, pero no me podía levantar. Sus gritos me tenían helada. Seguramente le había pasado algo en el tobillo… y eso era lo más seguro. Gritaba todo el tiempo que le dolía allí.
… Y así fue como acabó ese perfecto día de reencuentro: En un hospital.
… Y Emilie acabó con una especie de bota gigante en el pie izquierdo.
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