14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 57

Capitulo 128.

Sus últimas palabras seguían repitiéndose en mi cabeza una y otra vez. Había sonado tan frío e indiferente… sin duda, yo no le importaba… su vida privada estaba en primer lugar. Y yo que creía conocerlo y ser parte de su “vida privada”. Pues bien… ahora me daba cuenta de que no lo conocía lo suficiente y que él me excluía de sus cosas. Me sentí como si me hubiese desterrado. Y lo peor era que ahora me sentía culpable… y no sé porqué. ¡Pero es que había sido su culpa!.
Me pasé la mano por los ojos una vez estuve a los pies de la escalera. Todos allí clavaron sus ojos en mi. Ya estaban sentados en la mesa, pero aún no tenían nada en su plato. Abrí la boca para decir algo… quizás disculparme para poder salir de esa casa. Pero de mi boca, no Salió ningún sonido. Papá y Emilie me observaban impactado. Y me entraron aún más ganas de llorar al caer en la cuenta de que le había arruinado el cumpleaños a Emilie. Un sollozo bastante fuerte salió de mi garganta, sin que pudiera contenerlo. Me llevé la mano a la boca, avergonzada. Odiaba que me viesen llorar.
- ¡Karlie!. – Emilie se levantó de su silla.
- ¿Pero qué ha pasado?. – Ese era papá. Quien ya venía en camino.
- ¡Dios!, ¡querida, ¿Qué tienes?. – Al parecer todos reaccionaban ahora. Negué con la cabeza sólo una vez. Y comencé a caminar hacia la salida. Y es que los pasos de Bill se escuchaban en la escalera y yo no quería verlo de nuevo.
- Karlie, Karlie… - Me llamaba Emilie. Pero yo no le di importancia, sólo quería salir de allí. ¡Estúpido, Bill!. - ¡Espérame!. – La escuché chillar. Abrí la puerta para salir.
- ¡Karla, no te vayas!... – Escuché la voz de Bill a mis espaldas.
- Oh, no, tu no irás a ninguna parte, Bill. – Y ese era papá. Se me heló la sangre al pensar que era lo que pasaría con Bill ahora. Y me dio mucha más vergüenza. Emilie salió detrás de mi, y cerró la puerta de su casa. Yo me quedé como una estatua, quietecita, en el mismo lugar, sin poder dejar de llorar.
- Karlie, ¿Qué fue lo que pasó?. – Me preguntó, dejando mi chaqueta sobre mis hombros. Ya me estaba congelado, hacia frío. No contesté. A lo mejor me hacía bien contar lo que había pasado, pero es que… tenía la sensación de que no podría hacerlo. – No te preocupes… seguro podrá solucionarse… - Negué co la cabeza. ¡No tenía solución! Todo se había echado a perder… todo. Jamás sería como antes. Ahora sabía que Bill no me quería y que había estado conmigo sólo porque… ¿Por qué?. No sabía el porqué. – Deja de llorar, no te desesperes. – Pasó su brazo sobre mis hombros y comenzó a caminar llevándome con ella. – Ustedes de quieren mucho, todo se va a solucionar, ya verás. – Volví a negar. Escuchar a Emilie habar así hacía que me entraran más ganas de llorar aún. Al parecer solo yo lo quería… Y es que yo realmente lo amaba. Sonará un poco tonto decirlo con dieciséis años, pero yo estaba completamente enamorada de él. aunque tampoco podía hacerme la ciega y perdonarlo. Me dolía… me sentía tan angustiada y tenía tanta rabia que no podía dejar de lorar, por más que me ardieran los ojos y las mejillas. Ya no quería seguir llorando, pero no podía detenerme. Odiaba sentirme así… Hubiese sido mejor no haber hablado con Bill nunca. Él seguiría automático, yo seguiría con mi vida normal… sería feliz sin un novio. Y tampoco lo necesitaría. Siempre tengo que equivocarme.
- ¿Pelearon?. – Preguntó Emilie de nuevo. Ya habíamos llegado a la esquina de la calle y más de una personase nos había quedado mirando. No sabía precisamente si era un pelea o no… Me limité a asentir con la cabeza sólo una vez. – No te pongas así, seguro es algo estúpido… tu sabes que Bill se enoja sólo por estupideces...
- No es eso. – La corté con voz ahogada. Emilie no entendía nada. Nada de nada.
- ¿Entonces?... ¿Tú te enojaste?. - ¿Yo?. Si. Yo estaba enojada, a demás de triste. Y tenía un muy buen motivo, lo que había pasado no era una estupidez.
- S… si. – Emilie dejó de abrazarme y se movió hasta quedó frente a mí. Me limpió las lágrimas con las mangas de su chaqueta y me alzó el rostro para que la mirara. Seguro tenía un aspecto horrible. ¿Cómo me había atrevido a salir así a la calle?.
- Aish… ¿y qué fue lo que te hizo ese idiota ahora?. – Me mordí el labio inferior, preguntándome si contarle o no lo que había sucedido. Tal vez ella podía aconsejarme, y los consejos jamás estaban de mas. A demás, yo podía confiar en Emilie. Ella era mi mejor amiga aquí en Alemania… y creo que la mejor y más loca amiga que había tenido en la vida. La conocía desde hace poquito tiempo… pero tenía la sensación de que la conocía desde siempre.
- Me… me…- Balbuceé. Tenía las palabras apretadas en la garganta.
- Descuida… tengo las llaves de tu casa. ¿Quieres que vayamos allá para conversar?. – Asentí. Caminamos hasta llegar a mi casa. Se sentía feo que la gente que pasaba por la calle me quedara mirando con cara de pena, de asombro e incluso de miedo o burla. Emilie le dijo a un par de personas que dejaran de observarme, ella podía hacer eso, a mi me daba miedo a que no me saliera la voz y también me asustaba la posibilidad de hacer sentir mal a alguien.
Entramos en mi casa y Emilie me guió hasta los sillones. Se sentó a mi lado, aún abrazándome.
- Y… ¿Qué fue lo que te hizo el diota de Bill?. – Volvió a preguntar. Emilie no era de esas personas que se quedaban calladas y esperaban a que uno les contara lo que había sucedido a su debido momento. Ella siempre quería saber las cosas al instante. Era impaciente.
- Me llamó…- Hipé. – Me llamo… Annie. – Susurré. Lloré más fuerte y ni siquiera miré a Emilie.
- Seguro se equivoco, no es para tanto, él te quiere…
- ¡No!. – La corté. – No me quiere, no… ya me ha llamado así tres… tres veces. – Me pasé la mano por los ojos.
- ¿Quién ese Annie?. – Preguntó seria. Casi con voz cortante.
- Mi prima. – Murmuré. Emilie se quedó en silencio durante unos minutos. Lo único que se escuchaba en la casa, eran mis sollozos. Ya me comenzaba a doler la pancita.
- ¡Lo sabía!. ¡Bill es un idiota, un completo idiota!. – Explotó, levantándose del sillón. - ¡Está mal de la cabeza!. ¡Ni siquiera se da cuenta de lo que tiene en frente!. – Siguió chillando… escuche sus pasos alejarse hacia la cocina. – Como eres tan parecida a esa Annie, seguro Bill te confunde. ¡Es un imbécil!. ¡¿Cómo no se da cuenta de que TU eres UNICA, eres una persona DIFERENTE?!. ¡Y es que no puede confundirse así!, ¡NO PUEDE!. – Escuché sus pasos acercarse de nuevo. Me había asustado un poco su reacción. Pero tenía razón. Yo me parecía mucho físicamente a esa chica, ya me lo habían dicho. Tal vez Bill sólo estaba confundido. O quizás veía a su Annie en mi, y sólo por eso me había pedido que fuese su novia. De todas maneras… no me importaba. – Ten, un poco de agua.
Capitulo 129.

No fui a la pijamada de Emilie. Ella me disculpó, entendía que yo no tenía ánimos para ir a pijamazas ni nada de eso. Es más, no salí de casa en el resto del día y ni siquiera bajé a hablar con papá cuando llegó luego de la cena en casa de Emilie… Por lo que él se vio obligado a subir hasta mi habitación. La conversación, al menos por mi parte, no fue más que monosílabos. Encima él anciano había encendido la luz, y los ojos me molestaban, por haber estado llorando.
- ¿Qué fue lo que te hizo ese Kaulitz?. – Preguntó papá, entrando en la habitación, luego de encender la luz. Se sentó a mi lado en la cama, yo no quise quitar el rostro de la almohada. - ¿No me vas a contestar, hija?.
- No.
- Oh, vamos, Karlie. Dime que fue lo que sucedió, Bill no quiso hablar sobre eso. – Negué co la cabeza sólo una vez. Ahogando todas las ganas de llorar con la almohada. Ya no quería seguir llorando, dentro de poco moriría por deshidratación, convertida en una pasa… de tanto haber llorado. – Está bien. – Se levantó de la cama. – Pero que sepas que no volverás a hablarme jamás. Las ha perdido toda conmigo. – Escuché sus pasos alejarse. No supe porqué, en ese instante, me dio rabia. Tanta, pero tanta rabia, que por poco me levanto a gritarle algo feo. Pero en vez de eso, chillé para mis adentros, apretujando la almohada fuertemente. Me sentía irritable, a demás los ojos y las mejillas me escocían un montón. No me podía entrar en la cabeza como Bill pudo haberme pedido que fuese su novia sólo porque me parecía a esa tan Annie, mi prima Annie. Y es que sentía un odio tan profundo hacia ella, que si la tuviese enfrente, sin dudarlo, la golpearía hasta dejar su rostro muy, muy diferente al mío.
Luego de un momento, que ocupé para serenarme, me levanté de la cama y fui al baño. Ana vez allí, me mojé el rostro con agua y bebí un poco. Y como no tenía que hacer nada más, volví a la habitación, cerré la puerta que daba al pasillo y apagué la luz, dejando todo a oscuras. Abrí la ventana, en realidad, sólo la cortina y dejé que pasara la luz proveniente de los faroles de allí afuera. Seguramente Emilie ya estaba en su pijamada, disfrutando con esas chicas. Me había prometido que vendría a verme mañana. Dios… y es que a demás de todo lo malo que sentía, también me sentía culpable por haber arruinado el cumpleaños de mi mejor amiga. Las amigas no arruinan los cumpleaños de las amigas. Y aunque Emilie me dijera que yo no arruinaba nada… pues allí estaba la culpa y todo eso. Como odiaba sentirme así.
Bill era un automático, como Emilie lo había dicho. Él no me amaba… él no sentía lo mismo que yo. Él… él sólo la quería a ella… y él seguiría igual, como un robot, con los sentimientos congelados… hasta su regreso. Hasta el regreso de Annie.
Cogí la guitarra en un extremo de la habitación y me senté sobre la cama. Me pasé la mano por los ojos, y pestañeé seguidas veces queriendo aliviar el escozor. Ya no tenía ganas de seguir llorando.
Acaricié las cuerdas con los dedos, cerrando los ojos, aún sin tocar alguna melodía. Se me venían cosas a la cabeza, letras, versos… melodías. Hacía tanto tiempo que no componía una canción. Ahora era el momento.
Comencé intentando con notas erróneas, ninguna me gustaba… pero seguí… y seguí. Hasta que dieron cerca de las dos de la madrugada. Allí recién caí en la cuenta de que si me acostaba a dormir, olvidaría la letra y los acordes de la canción, por lo que tomé un papel y me dispuse primero a anotar la letra… y luego los acordes.
Toqué la canción por partes, deteniéndome repetidas veces para anotar la canción.
Automatic… Autoatic…
You’re automatic and your hearts like an Enghien, I die with every beat. You’re automatic and your voice is electric, but do I still believe?. It’s automatic every word in your letter, The lie connects the beat. It’s automatic when you say things get better, but they never…
There’s no real love in you, There’s no real love in you, There’s no real love in you, Why do I keep loving you
It’s so automatic calling comes from the crossroad, They come and go like you. It’s automatic watching faces I don’t know, Erase the face from you
It’s automatic, Systematic, So traumatic…You’re automatic…

Podría mostrarle la canción a Emilie, quizás podríamos tocar esta también. Ok… no. Esta canción era un poco… me daba un poco… yo… sentía que esa canción decía todo lo que yo pensaba acerca de Bill. Y era mucho mejor si no se la mostraba a nadie.
Doblé los papeles con los acordes y la letra y los dejé sobre la mesita de luz, al lado de la cama. Seguí tocando un rato más, hasta que comenzó a costarme un poco mantener los ojos abiertos. Dejé la guitarra a un lado de la cama y me dispuse a acomodar las colchas para meterme dentro de la cama con ropa y todo. Pero justo en ese momento, el sonido de mi móvil me interrumpió. Lo saqué del bolsillo de mi chaqueta, que estaba tirada a los pies de la cama y observé la pantalla. Un nuevo mensaje. Le di al botoncito para abrirlo y poder leerlo, mientras me quitaba el cabello del rostro y achicaba los ojos. La luz del móvil me dejaría ciega en cualquier momento. Me costó un poco poder distinguir qué era lo que decía el mensaje… pero finalmente pude leerlo con claridad.
No puedes comprenderme. Terminamos. Bill.
Se me llenaron los ojos de lágrimas… me sentí ofendida al leer eso y no dudé en contestarle…
No me has dado la oportunidad de comprenderte. Y si, me parece bien que terminemos. No podemos ser novios si no confías en mí..
Genial. ¡Genial!. Estupendo. Me pasé la mano por los ojos otra vez y dejé el móvil encima de la mesita de luz. Luego me metí dentro de las sábanas y me cubrí hasta la cabeza. Me dispuse a llorar nuevamente, pero fue en ese momento cuneado el móvil sonó, avisando un nuevo mensaje. No quería ponerme a hablar por medio de mensajitos con Bill. Pero no me resistí. Sólo lo leería… no contestaría.
. Tenía que darse cuenta de que yo estaba enojada y que… como él había dicho: habíamos terminado.
Abrí el mensaje y leí como pude:
Sigo queriéndote. Definitivamente… Bill no podía ser más contradictorio. Apagué el aparatito, para que no me dieran ganas de contestarle el mensaje y lo volví a dejar en su lugar. Luego me cubrí con las colchas hasta la cabeza. Bill no me quería, era un mentiroso. A demás, se contradecía a si mismo con todo lo que decía. Ya no podríamos estar juntos de nuevo… claro que no. Primero, porque él no me quería… segundo, porque por más que yo estuviese enamorada de él, no caería tan bajo como para perdonar lo que me había hecho, y tercero, porque papá no me permitiría ni siquiera mirar a Bill.
Intenté reprimir el llanto y sólo dormir… pero no puedo aguantar mucho tiempo. Yo era débil, y mucho más en estas situaciones. Hubiese sido mejor no haber conocido a Bill nunca, no haber venido a Alemania, yo haber estado aquí, no haberme subido al coche de Tom ese día con Emilie, no haber dejado que Bill me besara y mucho menos haber aceptado ser su novia.

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