Intenté tragar saliva, pero el nudo que tenía en la garganta me lo impidió. Haber escuchado todo eso me había alterado en todos los sentidos y ya comenzaba a pensar que no tenía control sobre mi misma. Intentaba respirar a la fuerza, pero el aire simplemente no entraba en mis pulmones.
Estaba segura de que no habían pasado más de dos segundos desde que Bill había cerrado la boca, pero a mi me parecieron extremadamente largos. Corté su disculpa. Lo había hecho callar, y como nunca antes había pasado, él me obedeció. Seguramente porque le había dado vergüenza o que se yo. Y es que era comprensible ¡y aún no podía creerme sus palabras! ¿y si se trataba sólo de una broma? ¿y si luego se burlaba de mi? no, él no haría eso porque… porque no. No conmigo ¿es que acaso yo me sentía especial para él?. Ojala fuese así. Pero no lo era. O al menos eso era lo que yo quería creer, porque de alguna manera, era lo correcto, lo mejor.
¿A quién engaño? yo quiero importarle. Me gusta que se preocupe por mí, me gusta que se acerque a mi y que me bese. Me gusta Bill y sobre todo, me gustó que él mencionara que se estaba enamorando de mi. Quizás comenzaba a sentir lo mismo que yo sentía por él y-
Basta.
Cuando soltó todo el aire retenido en sus pulmones durante unos segundos, me di cuenta de que ya se había separado de mi completamente y su mano, sujeta despacio con la mía sobre mi mejilla, era él único contacto que había entre los dos. Lo imité, e intente soltar el aire yo también. Pero como no me quedaba aire, me obligué a respirar y lo retuve allí dentro por unos segundos, sintiendo el corazón en la garganta y el pulso en las orejas. En algún momento me iba a quedar ciega. Digo, sorda. Estoy perdiendo la cabeza de a poco. Y es que su mirada no me dejaba apartar la vista de sus ojos color miel, que se veían más opacos, producto de la oscuridad de la habitación. Aún así, no dejaban de ser lo ojos más bonitos del planeta. No traía maquillaje, y sus ojeras se notaban demasiado.
No supe cuanto tiempo nos quedamos así. Sin hacer nada, mirándonos como si no existiese un mundo alrededor nuestro. Olvidé todo en ese momento. Olvidé que él se había colado en mi habitación, que era navidad, incluso, me perdí tanto en sus ojos, que ese “pequeño” miedo que siempre me acompañaba a todas partes y me impedía hacer algunas cosas, desapareció. Por un momento dejé de sentirme como siempre me había sentido.
Entonces, cuanto él fijó la vista en mis labios y me liberó del atontamiento, me di cuenta de que su mano ya no estaba sobre mi rostro, si no que estaba con los dedos entrelazados a lo míos. El contacto era suave, podía percibirlo, pero no quise apartar los ojos de él. Después de todo, podía volverse automático en cualquier momento y yo tenía que aprovechar cada segundo de la sensación tan placentera que sentía cuando se acercaba o simplemente me cogía la mano, como ahora. Claramente, las sensaciones se habían intensificado al yo saber que él se estaba enamorando de mí ¿sería eso posible? perdí el hilo y la coherencia de mis pensamientos cuando sentí como sus dedos comenzaban a jugar con los míos. Yo no hice ningún movimiento, y él al darse cuenta de eso, quitó los ojos de mi boca y me miró directamente a los míos. Era una sensación así como de ¿quemazón?. Era como si me estuviese quemando con la mirada, logrando incendiarme por dentro. Y lo peor es que a mí me encantaba.
—Lo siento —murmuró Bill, apartado repentinamente la mirada y queriendo deshacer el contando de nuestras manos unidas, cosa que yo no le permití, sujetando sus dedos entre mis dedos con fuerza — ay —soltó más hablando que quejándose. Esta vez fui yo quien apartó la mano rápidamente y él no opuso resistencia. Eso no me pareció muy bien. pero él no tenía porqué cogerme la mano si no quería hacerlo, estaba en todo su derecho —oíste todo, ¿verdad? —murmuró en voz baja. Me estremecí y el color me subió a las mejillas rápidamente. A penas pude asentir una sola vez. A lo mejor Bill reaccionaba mal. Pero sólo se limitó a suspirar —bien… entonces ya te lo dije, ya lo sabes —su tono de voz sonó cansado, quizás con un poco de derrota. Y luego el silencio se volvió incómodo.
Bajé la mirada y pestañeé un par de veces. ¿Y ahora qué? Yo no podía decirle algo, no sabía que decir. A demás, la voz no me salía y yo estaba tiritando a más no poder.
—Tu ¿quieres… puedes olvidar lo que acabas de escuchar? —imposible. Jamás podría olvidarme de algo así, no. Y tampoco querría hacerlo… siempre que uno intenta olvidar, acaba recordando más que si no intentara, pero ese no es el punto. El punto es que aunque yo quisiese no olvidarlo para olvidarlo en realidad, no podría olvidarlo. Vale, vale, me confundí, ¿pero es que cómo Bill podía preguntarme eso, después de haberme dicho…?. ¿A caso quería que yo no lo supiera? ¡Pero si ya lo sabía! —no… no quería decir eso. —murmuró rápidamente, quizás al ver mi rostro con una expresión no muy agradable, que digamos. Puse peor cara aún. Vale, se había equivocado en lo que me había dicho —no, no es lo que piensas, entendiste todo mal —sus ojos se abrieron a tope, se notaba preocupado. Entonces… yo había entendido todo mal eso de que se estaba enamorando de mi, que idiota. Soy una estúpida. Me sentí mal… y las ganas de llorar no tardaron en aparecer “mágicamente” —¿qué… qué es lo que estás pensando?—preguntó rápidamente, con urgencia… yo sentía como los ojos se me llenaban de lágrimas —Karla… entendiste mal todo lo que dije —ya lo sé. Entonces él alzó mi rostro con una de sus manos y me sorprendí al encontrarlo tan cerca de mi —no llores… —aparté lo ojos, mirando hacia otro lado… intentando retener las lágrimas. Ni siquiera podía ver bien con los ojos así de nublados. Y es que Bill se estaba comportando de una manera tan extraña… se contradecía a si mismo. No lo comprendía —no llores, Karla —pidió, para luego soltar una leve risita. Lo observé, desconcertada. ¿cómo podía reír en una situación así? —olvida todo lo que te dije luego de… de que te preguntara si querías olvidarlo, con la pregunta incluida —entrecerré los ojos, recordando la conversación.
Entonces caí en la cuenta, de que Bill con ese “no quería decir eso”, se había referido a su anterior pregunta y no a todo lo que me había dicho mientras yo “dormía”. Me avergoncé por la equivocación que había tenido al interpretar las cosas y el color volvió a acumularse en mis mejillas. Ardían. Me estremecí al sentir su otra mano sobre mi rostro. Ahora me tenía cogida con las dos manos y me obligó a mirarlo… pero no con fuerza, si no que despacio, con suavidad. Nuestras miradas se encontraron, y como siempre, yo me quedé paralizada en el lugar. Sin duda, él tenía el control de la situación. Acercó su rostro hacia el mío y juntó nuestros labios fugazmente, pero enseguida volvió a separarse de mi, aunque la mitad de su cuerpo aún estaba sobre él mío y estaba cerquita.
—¿Me quieres? —sentí el corazón en la garganta, las palabras no salían… por lo que me vi obligada a asentir sólo una vez. Bill sonrió y volvió a besarme, igual que la vez anterior, volviendo a separase rápidamente.
—Que bien… —murmuró muy cerca de mi boca —muy bien —juntó su boca despacio con la mía. Y se separó rápidamente, como la vez anterior —yo también te quiero —me tensé por completo y abrí los ojos como platos, logrando que mis mejillas tomaran un color rojo intenso. Solté el aire retenido en mis pulmones —te quiero mucho… —¿y qué se suponía que yo tenía que hacer ahora? quedé más aturdida aún cuando él me volvió a besar —dime que me quieres —con los dedos pulgares de sus manos que sujetaban mi rostro, acarició mis mejillas, despacio —¿puedes decírmelo?, por favor… dime que me quieres —casi rogó. No entendía a que venía eso… Aún así, me esforcé. E intentando con todas mis fuerzas no quedarme sin habla y no decir alguna incoherencia, susurré:
—Te quiero —me ruboricé aún más. Y Bill volvió a besarme.
—Hazlo de nuevo… —pidió, con un hilo de voz.
—Te… quiero —tragué saliva costosamente. Y nuevamente… Bill me besó. Sólo que esta vez, al apartarse de mi, quedó mucho más cerca… su nariz rozaba la mía. Yo tenía los ojos cerrados… lo cerraba cada vez que Bill me besaba rápidamente, para disfrutar el contacto.
—De nuevo. Por favor…
—Te quiero —y recibí otro beso más. Se separó, quedando a la misma distancia… muy, muy cerca.
—¿Mucho? —dijo hablando más bajito. Lo tenía tan cerca, que podía sentir su respiración y el olor de su piel.
—Mucho —afirmé. Por algún motivo, ya no se me hacía tan difícil hablar. Otro pequeño beso.
—Dime cuento me quieres.
—Te quiero mucho —y otro más.
—¿Has querido a alguien más así como me quieres a mi? —sentí sus labios rozar los míos cuando él habló.
Estaba tan cerca.
Y el corazón prácticamente se me salía del pecho. Seguro Bill también escuchaba los latidos desenfrenados.
—N-no —y otro beso más.
—¿Nunca? —iba a negar con la cabeza, pero él tenia sujeto mi rostro.
—Nunca —me besaba a cada respuesta. Era un beso muy corto, sólo juntando nuestros labios, pero a mí me encantaba. Él contacto me ponía tan nerviosa… pero a la vez, me hacía sentir como si estuviese flotando.
—Sólo, ¿Sólo yo?
—Sólo tú —y otro beso de sus suaves y tibios labios.
—Estoy, estoy enamorándome de ti. ¿Te parece gracioso? —murmuró, en el mismo tono de voz. Lo que había dicho no tenía pinta de ser una broma.
—Me enamoré de ti —afirmé, delatándome. Anteriormente le había dicho que me gustaba… y ahora le decía que estaba enamorada de él —no es gracioso —añadí antes de sentir sus labios sobre los míos de nuevo.
—No lo es.
—No —esperé el beso, pero en vez de eso, Bill se apresuró en hablar…
- Dime que… que me quieres sobre todas, todas las cosas. – Su voz se deshizo en la última palabra.
- Te quiero sobre todas, todas las cosas. – Repetí sus palabras. Su beso no me sorprendió.
- Ahora… ahora dime que me amas. ¿Me amas?. – No me dio tiempo a contestar, pues me besó de nuevo. – Yo… yo estoy empezando a amarte, me estoy enamorando de ti. Tu… tu me amas. ¿Me amas, verdad?, dime que me amas…
- Te amo. – Con lo que él me había dicho… ya me tenía más que muerta. Podrían haberme matado allí mismo, pero yo habría muerto con la sonrisa más grande del mundo. O con mis labios atrapados bajo los suyos…
- Dime que no me mentiste con todo esto… - ¿Cómo podría yo haberle mentido?.
- No te mentí.
- Júralo… - Esta vez no me había besado. – Júralo, hermosa… júralo.
- Lo juro. – Esta vez si me besó. Pero no se molestó en quitar sus labios para seguir hablando.
- Dime… dime lo que sientes por mí.
- Te amo… me gustas. – Me costó un poco hablar con sus labios pegados a los míos. Pero declarar lo que yo sentía por él no me costó en absoluto. Ya se lo había dicho antes… Aunque no podía acompasar aún los latidos de mi corazón. Bill suspiró sobre mis labios.
- Dios… dime…dime… dime que quieres ser mi novia. Karla, dime si quieres ser mi novia. – Me quedé congelada. No me lo esperaba… Bill no… no parecía de ese tipo de chico que tiene novias… él se notaba más bien… solitario y con su actitud y todo eso… yo… yo… - Si no quieres lo entenderé. – Se apresuró en decir, sin quitar sus labios sobre los mios. Definitivamente… tenía que ser una broma. Me costó demasiado poder abrir la boca, entre el nerviosismo, la histeria y la incredulidad, para luego preguntarle:
- ¿Te… te estás bur… lado de… m-mi?. – No había sonado para nada como una acusación. Bill se separó un poco de mi, y yo abrí los ojos al no sentirlo tan cerca. Él ya me estaba observando.
- No. – Contestó completamente serio. Yo no podía… no podía tener un novio. No… el contacto físico era algo que realmente me aterraba. Pero es que Bill… con él todas las cosas eran diferentes, ya no sentía miedo.
- ¿Es… tás jugando conmi… conmigo?. – Bill negó con la cabeza rápidamente. Y yo lo único que quería era salir de allí en ese momento. No sabía que responderle… Decirle que no era lo adecuado, lo que más me convenía… pero no era lo que realmente deseaba. Había un enredo gigantesco adentro de mi cabeza. Que confusión… que aturdimiento.
- No quieres. – Afirmó con voz quebrada, soltando mi rostro despacio y separándose completamente e mi, hasta quedar sentado sobre la cama. Me di cuenta de que estaba con ropa aún. Dios… me echaría a llorar en cualquier momento. Yo… yo quería… pero no podía. Y es que eran tantas las sensaciones y yo me sentía tan débil, que no pude evitar soltar un sollozo. Bill, que anteriormente había tenido la vista clavada en sus manos, me miró preocupado. Las lágrimas comenzaron a caer una tras otra. - ¿Hice… te hice sentir mal?. Discúlpame, de verdad, lo siento mucho… - Se levantó de la cama y se acercó ese único paso que necesitaba para quedar a la altura de mi rostro. – No llores… - Se agachó. – Comprendo que no quieras, no hay problema, no pasa nada… pero no llores, por favor, no llores. - ¿Por qué era tan bueno conmigo?. Más ganas de ser su novia me daban. Limpió las lágrimas… pero otras nuevas ocuparon el lugar de las antiguas.
– No sigas llorando… discúlpame, soy un idiota, soy tan tonto… - Limpió mis lágrimas nuevamente. – Discúlpame, Karlie, no sigas llorando… - Dejé de sollozar, quedándome como una piedra. Me había llamado “Karlie”, no “Karla”… como él solía hacerlo. Lo miré… clavé mis ojos en él, reprimiendo la respiración por un momento. Me encontré con sus ojos, estaban húmedos. No lo soporté más y me eché a llorar nuevamente.
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