14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 72

Capitulo 158.

Llegamos al hotel muy tarde y nos fuimos a dormir cada uno a su habitación. Ni siquiera tuve ánimos de espiar la habitación y simplemente me lancé a la cama a dormir. Estaba cansada… y en lo único que podía pensar era en Bill, en lo hermoso que era y en lo lindo que se comportaba conmigo… en que mañana era su cumpleaños y en las ganas que tenía de abrazarlo darle besitos y quererlo mucho. Ahora que sabía toda la historia no me molestaba en absoluto lo de Annie… no. Ella había sido, era y siempre sería muy importante para Bill… pero ahora no estaba y yo tenía que cuidarlo para que fuese feliz. Aunque no fuésemos novios y no pudiéramos serlo… era igual. A mi me encantaba pasar tiempo con él, lograr que se riera, que hiciera bromas y aw. ¡Es que era tan encantador!. A demás, que él me hubiese contado “eso” había provocado que nos uniéramos un poco más, me sentía muy cercana a él, como una amiga de las de verdad, verdad.
Desperté muy temprano en la mañana, estaba segura de que nadie estaba despierto. Pero aún así me levanté, me duché y me vestí rápidamente para después coger el regalo de Bill y correr a su habitación. Él dormía sólo, como yo. Ya que Sam dormiría con Tom… Y los otros invitados, pues no sé… no los conocía pero eran muy simpáticos.
No me molesté en picar la puerta y abrí sigilosamente… entré igual de calladita y luego la volví a cerrar. Busqué a Bill entre la oscuridad, y a medida que avanzaba hacia la cama podía ver mejor su silueta. Estaba durmiendo… casi cubierto hasta la cabeza con las mantas. Que ternura…
Me agaché a su lado antes de despertarlo, y, oh… no me resistí, sé que soy una idiota y una… una… desvergonzada pero… ¡Es que fue tan grande la tentación!, que no me resistí a pegar mis labios a los suyos suavemente. Enrojecí al instante y me separé de golpe. Bill se había movido un poquito. Ahora, me había entrado la duda si despertarlo o no. ¿Y si se despertaba de mal humor?... ay, no… no, no se podía despertar de mal humor porque era su cumpleaños, ¿verdad?, tenía que estar súper feliz.
Encendí la luz que había en la mesita de noche, al instante el rostro de Bill se arrugó y cerró los ojitos con fuerza. Reí. A lo mejor estaba siendo desconsiderada despertándolo a las diez de la mañana… uh, vamos… había tenido cerca de diez horas de sueño.
Aparté un par de cabellos de su rostro, para poder observarlo mejor.
- Bill… - Lo llamé. Pero lo único que conseguí fue que él se moviera un poco, haciendo un ruidito gracioso con la boca. – Bill… - Reí. Agachándome su altura. Intenté que mi corazón anduviera más lento. Bill volvió a hacer un ruidito, seguido de un bostezo. Era tan gracioso…
Llevé la mano a su rostro y acaricié su mejilla despacito… él no dijo nada más, se quedó muy quieto y podría haber jurado que no escuché su respiración por un momento. Finalmente, abrió los ojos poco a poco.
- Karla… - Murmuró cuando ya los había abierto por completo. Aunque luego los entrecerró, seguramente la luz le molestaba. Sonreí, y él sonrió de medio lado, aún con la cabeza afirmada en la almohada.
- Feliz cumpleaños. – Murmuré, ampliando aún más mi sonrisa. Dejé sin darme cuenta su regalo en la mesita de luz y estiré mis brazos para poder abrazarlo. Bill me devolvió el abrazo, apretándome fuerte contra su cuerpo.
- ¿Qué haces aquí tan temprano?. – Me preguntó, aún sin separarse de mi.
- Quería saludarte. – Me separé de él, encogiéndome de hombros.
Nos quedamos unos cuantos minutos conversando y aproveché de darle su regalo. Por suerte le gustó y me lo agradeció un montón de veces diciéndome que no habría sido necesario que le comprar un obsequio. Después, él se metió al baño para ducharse y vestirse. Yo lo esperé tendida en su cama pensando, obviamente, en como sería pasar el resto del día en ese parque de diversiones. ¡Sólo para nosotros!. Me subiría a tantos juegos y haría tantas cosas divertidas. Y es que me daban nervios y me emocionaba de tan sólo pensarlo.
Cuando Bill acabó de ducharse y vestirse, lo acompañé mientras se ponía maquillaje y se secaba el cabello… nos demoramos un montón… o bueno, él se demoró un montón. Después bajamos a almorzar al hotel.
Después de almuerzo, y antes de irnos al parque de diversiones le di el regalo a Tom, ya lo había saludado antes y el regalo era el único pequeño detalle que faltaba. Por suerte le gustó…
Y nos fuimos al parque de diversiones PRIVADO. Allí estaban otros invitados más. Saqué la cuenta de que en general éramos alrededor de veinte personas. Todos amigos o familiares de los Kaulitz. Obviamente, habían personas que yo no conocía… pero entre los que si conocía estaban Emilie, Sam, Georg, Gustav, Andreas y obviamente la madre de los chicos. La pequeña Alissa no nos había podido acompañar… un lugar como este no era para ella, por lo que se había tenido que quedar con Juliette.
Omitiré detalles sobre lo que ocurrió. Llegué frente a la montaña rusa y me aterré. Por más que intentaron convencerme y Bill de hacerme ojitos no pude, NO PUDE subirme. ¡Me daba miedo!. Me sentí tan tonta al no querer subirme a la mayoría de los juegos… y eso que estaba tan entusiasmada… al menos ya me había dado cuenta de que este tipo de cosas me daban terror. ¡A veces puedo llegar a ser taaan tonta!. Por lo menos no se burlaron de mi, y o me aburrí… casi nada. Es que, yo quería subirme a los juegos… quería gritar y divertirme como el resto… pero es que eran tan altos y tan rápidos… Me daba mucho miedo y de tan sólo mirarlos me daba pánico, comenzaba a tiritar y sentía nauseas. No fue lo que yo esperaba, pero al menos pude compartir con los gemelos, comí rico y me estuve riendo un rato con esa gente desconocida.
Nos fuimos del parque cuando ya iba a ser media noche. Algunos invitados se fueron enseguida a su casa, viajando de noche. En realidad, casi todos se fueron así. Y sólo nos quedamos nosotros, digo, los que yo personalmente conocía, en el hotel.
Definitivamente no fue gracioso que Bill se burlara de mi durante todo el viaje desde la puerta del hotel hasta nuestras habitaciones. Yo no quería decirle nada feo, era su cumpleaños y él podía hacer lo que quisiera… y eso, se lo había dejado muy claro.
Me fue a dejar a mi habitación, como todo un caballero. Lo malo, y no muy caballeroso, fue que él se auto-invitara a pasar dentro. Me había dicho que sólo quería hablar conmigo un rato porque no tenía sueño. En realidad, yo tampoco tenía sueño por lo que casi no me opuse para que él entrara.
- ¿Y a que mas le temes?, digo… a parte de las atracciones de un parque de atracciones… - Dijo por milésima vez riendo.
- ¡Bill!. – Me quejé, mirándolo con el seño fruncido. Yo estaba sentada en la cama, a su lado, mientras que él estaba estirado, como si de su cama se tratase, mirando el techo.
- Mm… - Rió. - ¿Cuánto falta para que mi cumpleaños termine?. – Me preguntó. Tomé el móvil de la mesita de noche y le di a cualquier tecla para iluminar la pantalla. Faltaban exactamente quince minutos.
- Quince minutos. – Le contesté.

- Perfecto. – Se enderezó en la cama, mirándome divertido. Fruncí el ceño… quizás que cosa pasaba por su cabeza en este momento. – Y… puedo hacer lo que yo quiera porque es mi cumpleaños, ¿verdad?. – Asentí. Si, eso había sido lo que yo había dicho. Hoy él era el rey, claro. Bill rió, rió sólo y no sé porqué. Luego me miró y de pronto se volvió serio. – ¿Te pondrás a reclamar si hago algo?.
- Depende de qué “algo” sea - respondí como si nada. Entones, y sin que yo me diera cuenta de sus intenciones, Bill me abrazó por la cintura, dejado su rostro muy cerca del mío.
- ¿Qué haces?. – Pregunté alarmada, no pudiendo separarme de él, sintiendo mis mejillas arder, mi corazón dar saltos dentro de mi pecho, el pulso de la sangre que corría por mis venas en los oídos…
- Lo que yo quiero. – Murmuró, acercando aún más su rostro. No tuve la fuerza suficiente como para alejarme de él. Simplemente me quedé quieta, sintiendo su aliento rozar mis labios…
- B… Bill, n… no… - Me vi obligada a dejar de hablar en el momento en que Bill juntó sus labios con los míos, muy despacio y luego se separó de mi. Dios, mi rostro iba a explotar, al igual que mi pecho con ese corazón alocado allí adentro.
- Karla… - Volvió a juntar nuestros labios y a separarse un poquito. – Desperté en cuanto entraste en la habitación. – Volvió a repetir lo anteriormente hecho. Me quedé de piedra. Con eso me acababa de decir que… que… ¡Ay, pero que vergüenza!. ¡Bill había estado despierto cuando yo… cuando yo había hecho ese estúpido contacto labial. ¡Dios!, y ahora yo estaba aquí como una tonta, rígida como una tabla, apresada entre sus brazos y sintiendo sus labios cada dos por tres posarse delicadamente sobre los míos. No supe que decirle… ni siquiera supe que hacer. Me estremecí, incluso llegué a sentir un poco de miedo. – No te pongas así, di algo… - Sonrió, para luego volver a juntar sus labios con los míos… - ¿Quieres que siga haciendo esto?. – Preguntó, volviendo a repetirlo.
No sabía si negar con la cabeza o… agh, preferí no moverme, quedarme como una estatua, de piedra… sin hacer absolutamente nada. - ¿Porqué… según tú, ya no quieres volver a ser mi novia?. – Abrí los ojos como platos. ¿Qué se suponía que tenía que contestarle?. Yo… yo lo quería ¡Y dios, como me gustaría ser su novia!, pero… no podía y no sabía por qué. – Quiero que me contestes. – Se alejó un poco más de mi rostro, para poder observarme mejor. Me mordí el labio inferior. Estaba segura de que sin contestaba sería alguna estupidez… no estaba en el mejor momento para contestar, ni siquiera podía pensar con claridad. – Yo te quiero mucho, hermosa. – Enrojecí a más no poder. Si antes estaba sonrojada ahora ya me parecía a un tomate. – Oh… - Su expresión cambió por completo en menos de un segundo. Desde una expresión risueña, coqueta y quizás un poco picarona, pasó a estar ¿preocupado?, ¿quizás un poco asustado?, no lo sé en realidad. – O es que… ¿es por Annie?. – Analizó mi rostro con la mirada. Precisamente por eso habíamos terminado. Por Annie. Pero en ese entonces yo no tenía muy claras las cosas, no sabía quien era Annie y no conocía su historia. Ahora, sinceramente no me molestaba lo que había pasado con él y mi prima. Ella era parte de él, y siempre lo sería… no se podría cambiar.
De todas maneras, si él me hubiese dicho antes lo de Annie, antes de que termináramos, quizás hoy seguiríamos siendo novios y yo seguiría con él como sin nada, respetando su pasado con Annie, respetando su amor por ella… sólo después de haberme asegurado de que él me quería de verdad, claro. No pretendía que me quisiera a mi y sólo a mi. Annie también ocupaba un gran lugar en la zona de “amores” en su corazón. Como… como mi padre con mamá. Él la quería mucho y siempre la había amado con su vida, pero ahora estaba con Juliette, él igual la quería… y wow, cuanto se le notaba. - ¿Puedes contestar aunque sea una de mis preguntas?. – Bill estaba perdiendo la paciencia. Asentí con la cabeza, queriendo salir de allí lo más rápido posible. Creía que tendría algo para decir, pero estaba tan nerviosa que ni siquiera podía abrir la boca. - ¿Y bien?. – Me animó, al ver que yo no decía nada. Llené mis pulmones de aire, intentado encontrar el valor escondido que en algún lugar de mi cuerpo se encontraba.
- N… no es po… por Annie. – Contesté, trabándome, haciendo el peor de los ridículos.
- ¿Entonces?. – En vez de burlarse de mi, me miró mucho mas serio… directamente a los ojos. Eso me dejó completamente aturdida… me hundí en ellos como si se tratase de un mar.
- N… o… no lo s.. se. – Alzó una ceja.
- ¿Estás nerviosa, se te olvidó, no quieres decirme o realmente no sabes porqué ya no quieres ser mi novia?.

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