La boda de papá y Juliette se fijó par agosto. Aunque aún no sabíamos la fecha con exactitud. Tampoco es que el tema me importara tanto. Vale, me emocionaba un poco porque yo iba a ser dama de honor y usaría un vestido bonito, al igual que Emilie… pero.. buah, era una mezcla de sentimientos contrarios que me ponía de mal humor.
El día veinticinco o tardó en llegar. No me había llegado la inspiración para escribir más canciones, por lo que me tendría que conformar con las viejas… que a decir verdad, no eran pocas.
Tom y Sam vinieron a buscarnos en coche a Emlie y a mi, que estábamos en mi casa. Queríamos llegar antes or si teníamos que hacer algún arreglo o que se yo.
Nos estacionamos y luego entramos al local. El ambiente allí era fresco, refrescante. No alcancé a seguir percibiendo el lugar…
- ¡Karla!. – me giré, buscando la voz que me había llamado, yo conocía esa voz. Sonreí ampliamente al ver a Carlos allí. – Hola… - Se acercó a mi para saludarme con un beso en la mejilla. ¿Había mencionado antes que yo ya había aprendido a hablar alemán?. Aunque, debo decir, que con un acento bastante extraño.
- Dime Karlie. – Lo corregí.
- Bien, Karlie. ¿Cómo estás?. Oh, hola Emilie. – Se giró hacia mi amiga y la saludó, al igual que a mi, con un beso en la mejilla. - ¿Cómo están chicas?.
- Excelente. – Se adelantó Emilie a contestar.
- No les molesta si me quedo con ustedes, ¿verdad?... es que Paoul se fue con una chica y.. bueno.. – Se llevó la mano a la nuca y seguidamente resopló.
- No hay problema. – Le contesté.
- Chicas, nosotros vamos a estar por allá. – Giré la cabeza para mirar a Tom. Quien estaba con los ojos clavados en mi nuevo “amigo”, si es que se le podía llamar “amigo” a alguien que has visto una sola vez. – Nos llaman si necesitan algo. – Me miró a mi y a Emilie intermitentemente. Asentí con la cabeza.
- De acuerdo. – Contestó Emilie co una sonrisa. La mirada que Tom le había lanzado a Carlos no había sido muy agradable… pero… no importa. Observé a Tom alejarse con Sam cogida de su mano. Había sacado el móvil de su bolsillo y comenzaba a hacer unas llamadas. Cosas suyas.
- En fin… - Murmuró Carlos. – Estaba pensando en que podríamos juntarnos un día y salir por ahí… ya saben… podrías invitar a tu novio, Emilie. – Sonrió. Con esa sonrisa perfecta que tenía. Aparté la vista de su rostro… me sentía culpable al pensar que era lindo.
- Me parece bien… ¿Qué opinas, Karlie?.
- Ah… ¿Yo?. Pues, me parece bien. Si… bien. – Sonreí. Tenía una fea sensación en el estómago, como si algo malo fuese a pasar.
Conversamos un rato más y luego Emilie y yo acomodamos los instrumentos en el pequeño escenario. Dieron las ocho y comenzamos a tocar. Carlos se había sentado en una de las mesas más cercanas al escenario y tomaba algo ligero. N dejaba de observarme y eso me ponía nerviosa. ¿Qué estaría pensando el chico este?. Ojala no fuese nada de lo que yo pensaba que podía ser. Pero es que… lo chicos tienen una mente tan extraña, que es difícil ponerse en el lugar de alguno de ellos… a demás del poco espacio para pensar que deben tener…
Miré al pequeño público una vez más. Todos estaban pendientes de sus cosas, eran pocos los que nos observaban. Llegué a la mesa donde estaban Sam y Tom… estaban muy concentrado en mirarse a los ojos y sonreír bobamente. Cosas de enamorados. Seguí observando a la gente… hasta que… al final de todo, en la última mesa… vi a alguien. Por poco pego un grito y dejo de cantar. Sentí que el color se me subió a las mejillas y el corazón me latía tan fuerte que en cualquier momento me rompía el pecho y acababa muerta. ¿Cómo era posible que él estuviese aquí?. Ni siquiera lo había visto llegar. Y encima me estaba mirando. ¿qué había hecho para que esto me pasara?. ¡Alguien me estaba castigando!, estaba segura. Las feas sensaciones se apoderaban de mi cuerpo. Incluso se me habían quitado las ganas de seguir tocando. Pero… no podía dejar de tocar, no podía hacerle esto a Emilie.
Intenté apartar la vista de la mirada de Bill, de sus ojos. No quería encontrarme con él. con su mirada vacía.
Miré a Emilie. Al parecer, ella no se había dado cuenta. Pero le hice una seña. Ella enseguida comprendió y sus ojos fueron a parar a la última mesa. Debido a su cara de sorpresa, me di cuenta de que ella tampoco sabía que Bill vendría. Me miró, sin comprender y yo me encogí de hombros.
El show debía continuar.
Cerré los ojos, observé mi guitarra, el micrófono, a Carlos… pero evité a toda costa pillarme con la mirada de Bill. Tom tendría que haberme dicho que Bill vendría.
El show terminó luego de unos torturosos(¿?) minutos. Nos aplaudieron… y eso me hizo sentir bien. Aunque… no me sentía del todo bien, a decir verdad. Y es que.. ¿Cómo me podía sentir bien si Bill estaba aquí mismo?.
Carlos se subió al escenario a ayudarme a aguardar la guitarra y el micrófono. El resto de las cosas eran del local.
-Podríamos ir a cenar a alguna parte… - Murmuró Carlos. Observándome con esa sonrisa. Bajé la mirada… pensando en la propuesta que me había hecho. No. Yo no podía cenar con él, no a solas… imposible.
- Es que… ya comí. A demás… tengo que llegar temprano, mi padre me espera. – Mentí… aunque, no era una completa mentira. – Mejor otro día.
- Ok. Te parece… ¿mañana?. Si quieres yo hablo con tu padre para que te deje cenar conmigo. Puedo arreglarlo. – ¡NO!. Yo no quería cenar con el. Yo jamás salía con chicos. Bill había sido una excepción porque… vamos, era Bill… me transmitía confianza. En cambio Carlos… era hermoso, pero no. Había algo en su personalidad que no me gustaba del todo. Oh, vamos, tenía una personalidad agradable. Creo… creo que le faltaba el toque frío y automático que sólo Bill tenía. ¡Que horror!. Me sentí horrible al haber pensado eso.
- Eh… no te preocupes, yo hablaré con él. – Tenía toda la noche para inventar una excusa.
- Como quieras. Pero no me falles. – Borré la sonrisa de mi rostro. Me sentía como una malvada.
- No… - Entonces Carlos me rodeó la espalda con uno de sus brazos y me ayudó a bajar del mini escenario. No pude evitar desviar levemente la vista y mirar de reojo a Bill. Pero ya no estaba allí.
Giré la cabeza casi por completo, buscándolo por toda la sala… y gran sorpresa me llevé al encontrarlo bastante cerca, caminando hacia nosotros, con el rostro rojo… se notaba enojado. Sus ojos prácticamente despedían llamas. Inconcientemente agarré la camiseta de Carlos. Y es que me había asustado un poco con la expresión de Bill. Me di cuenta de que había jodido aún más la situación al “abrazar” a Carlos.
Por suerte llegamos rápidamente a la mesa donde estaban Tom y Sam sentados antes de que Bill nos alcanzara.
- Ya está. Tom, te la dejo porque me tengo que ir. – Carlos sonrió. Y Tom lo miró con expresión de pocos amigos. – Cuídamela. - ¿Cuídamela?. ¿Pero qué…?. – Nos vemos, Karlie. Y recuerda pedir permiso para la cena… – Se acercó a mi y me besó la mejilla. Seguidamente, se dio media vuelta y se fue. Mi di cuenta demasiado tarde de que Bill estaba allí. Justo al lado mío.
Capitulo 136.
Observé su rostro durante medio segundo. Estaba enojado. Pero… ¿Porqué?. Aparté la mirada, aterrada y con el corazón latiéndome a mil por minuto. Ya podía sentir como mis mejillas se comenzaban a enrojecer.
- Entonces… tu llevas a Karlie, Bill. – Tom se levantó de la mesa donde anteriormente estaba sentado. – Sam y yo tenemos cosas que hacer… y a Emilie vendrá a buscarla Andreas para que salga. – Me quedé de piedra, viendo como Tom ayudaba a Sam y a su gran panza a levantarse de la silla. Tom suspiró y apoyó una mano en el hombro de su hermano. – Te toca cuidarle la chica al mocoso ese. – Me congelé, definitivamente. Tuve la impresión, o más bien, creí por un momento que Bill golpearía a Tom. Pero no fue así… simplemente, Bill sacudió el hombro quitando la mano se su hermano. – Nos vemos.
- Adios, Bill… Karlie. – Se despidió Sam. Ninguno de los dos, ni Bill ni yo, dijo nada. Seguramente él estaba lo bastante ocupado intentando controlar su rabia… y yo, lo bastante ocupada intentando controlar los nervios, las ganas de llorar y las de salir corriendo.
Pero… ya lo había decidido. No me iría con Bill. Podía pedir un taxi…
Cogí el bolso con mis cosas, que Carlos había dejado encima de una silla y lo crucé en el hombro derecho. Luego me agaché a coger la guitarra… pero justo antes de que pudiera tocarla, alguien me ganó… y la tomó primero.
- Vamos. – Murmuró. Era la primera vez, después de un mes y algo… que había escuchado la voz de Bill. A demás, todo esto producía mucho más efecto en mi, pues acababa de recordar que hoy… si no hubiésemos terminado… habríamos cumplido meses. Seis, para ser exactos.
Me di cuenta también, de que mis planes para irme en taxi habían sido frustrados y que me vería obligada a irme con Bill… ya que él no se oponía. Lo seguí entre las mesas, caminando torpemente, chocando con todos. No dejé de edir disculpas hasta que estuvimos en la puerta.
- ¡Chicos!. – Levanté la mirada de mis pies y miré… era Andreas. Venia llegando, seguramente buscar a Emilie. – Hey, ¿Cómo están?. – Bill chocó la mano con Andreas, pero no dijo nada y siguió de largo. Me sentí mal… porque Bill había dejado a Andreas habando solo, por lo que me detuve a darle un beso en la mejilla y a saludarlo.
- Hola, Andreas. Emilie está adentro. – Apunté en la dirección. – Nos vemos.
- Nos vemos. – Le sonreí como pude, y luego seguí caminando… unos cuantos muchos pasos atrás de Bill. Él llegó a su coche antes que yo. Guardó mi guitarra aprovechando el tiempo y luego se acercó a la puerta del copiloto. La abrió, seguramente para dejarme pasar. Volví a mirar mis pies, no quería irme tan cerca de él… yo… no podía.
Me acerqué a una de las puertas traseras y la abrí.
- Prefiero esta. – Le dije. Odié que la voz se me quebrara al final de la frase. Me sentía débil. Se suponía que hoy debía haber estado feliz… pero no. Tenía que llegar Bill a echarme todo a perder. Pegué un salto al escuchar el fuerte ruido que hizo la puerta cuando Bill la cerró. No estaba siendo nada… pero nada delicado. Cerré la puerta que yo misma acababa de abrir y luego me encogí en el asiento, mientras Bill se subía al coche y lo ponía en marcha. Tragué saliva repetidas veces, intentando deshacer el nudo que tenía en la garganta. No me gustaba sentirme así… era horrible. Lo único que deseaba era llegar a casa de una buena vez e irme a dormir. Porque no volvería a llorar por las noches, no por Bill. Había prometido no hacerlo nunca más. Apretujé mi bolso con las manos… intentando liberar tensiones… pero no funcionaba. Seguía igual que antes.
Bill se aclaró la garganta, y eso hizo que yo alzara la vista y me fijara en el espejo retrovisor. Me estaba mirando… pero a diferencia de la vez anterior, no aparté la mirada. Aunque sus ojos tenían una expresión cien veces peor.
- No me gusta ese amigo que tienes. – Espetó. ¿Y éste quién se creía para elegir MIS amigos?. A mí… Calos me agradaba. A demás, yo no le había preguntado a Bill que tal le caía Carlos.
- A mi si. Por eso es que es mi amigo… y no tuyo. – Murmuré lo suficientemente fuerte como para que él me escuchara. Me sentí orgullosa de mi misma al darme cuenta de lo que había dicho.. y ni siquiera me había temblado la voz.
- Que bien… te felicito. Que rápido te olvidaste de mi, que ya empiezas a buscarte otro novio. – Su tono de voz y sus palabras hicieron que me congelara por completo. Sin poder, ni siquiera, articular palabra. Yo no quería buscarme un novio, yo no quería a Carlos como un novio… claro que no. Es más, ni siquiera lograba olvidarme de Bill.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas a tal punto que comencé a ver todo nublado. ¿Cómo podía pensar que me había olvidado de él en tan poco tiempo?. ¿Cómo podía ser tan insensible?.
- Genial, tu silencio me da la razón. – Murmuró, en cuanto nos detuvimos frente a un semáforo. Respiré hondo. No estaba segura de qué era lo que iba a decir… pero le dejaría claras algunas cosas.
- No te estoy dando la razón. – Se me quebró la voz. – Estoy… impresionada, no pensé que podrías decirme algo así. ¿Cómo puede pensar eso?. – Miré hacia la ventana. Se me había escapado una lágrima y no me animaba a limpiarla, no quería que Bill se diera cuenta de que había comenzado a llorar. – Yo no quiero otro novio. – La voz me salió ahogada. Cerré los ojos con fuerza. Aún faltaba para llegar a casa…
- Como digas. Pero no llores. – Se burló. ¡Pero que insensible y poco hombre!. ¿Cómo podía ser así?. Jamás, jamás volvería a hablarle, nunca. Me pasé la mano por la mejilla, limpiándome las lágrimas. Bill volvió a aclararse la garganta. – En serio, no llores… - Dijo esta vez, un poco más serio. Al escuchar eso, me entraron aún más ganas de llorar. No me di cuenta cuando ya había pegado un saltito debido al primer sollozo. – Karla… no te hagas la víctima, no eres la única que se siente mal aquí. ¿Crees que es agradable verte abraza…?. – Se cortó. Dejó de hablar por un momento. Yo intentaba aguantar la respiración para no soltar mas sollozos. ¿Qué era lo que había querido decir?... ¿Qué no le había gustado verme “abrazada” a Carlos?... já. Y lo decía él, luego de haberme cortado por medio de un mensaje de texto… después de haberme llamado tres veces por otro nombre que no era el mío.
Luego de un par de minutos más, Bill detuvo el coche… estábamos frente a mi casa. Abrí la puerta, para salir del vehículo y salí fuera rápidamente… luego cerré la puerta. Escuché como se abría también otra puerta, la de Bill… Caí en la cuenta de que había olvidado mi guitarra. Di media vuelta y volví sobre mis pasos hacia el coche. Bill ya había sacado la guitarra y me la dio. La recibí con cuidado y me la colgué en el hombro, volviendo a caminar, sin mirarlo. Escuché sus pasos… y luego sentí como cerraba la puerta del coche. Piqué al timbre de casa… y él echó a andar el motor. Ya se iba.
La puerta se abrió… era papá. Por suerte era papá.
- ¡Hija!. – Exclamó sorprendido… al ver la cara que traía.
- Papá… - Se me quebró la voz, inevitablemente me lancé a sus brazos, llorando como una niña.
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