Y se fue… pero no me di cuenta de ello, hasta despertar un par de horas después de su despedida. Me había arropado con las sábanas e incluso me había besado en los labios, y yo ni siquiera había recordado que se iba de vacaciones… que sueño tan poderoso. Al menos había dormido con él toda una noche. Sentí ganas de estirarme y soltar un buen bostezo, pero no lo hice, más que nada porque no podía hacerlo.
Me di cuenta de que tenía sed. Un jugo de naranja no me habría venido mal.
Extrañaba a Bill. El hecho de saber que seguramente a estas horas estaba en el aeropuerto o en el avión…y no aquí, me ponía de mal humor, decaída. Ni siquiera quería levantarme o comer algo. Lo que quería era hablar con él. Ojala me llamara en cuanto llegara. Así hablaba con él y le preguntaba como era todo por allá.
- ¡Hola, hola!. – Pegué un salto y casi me atoro con mi propia saliva, al escuchar ese grito. Dios… es que Emilie no podía ser más oportuna, ni siquiera la había escuchado llegar. Encendió la luz y pude asegurarme de que realmente era ella. Incluso estaba vestida y todo. – Tu papá dice que te despiertes… porque tu tía Marie ya vendrá a arreglarte y todo eso. Se acercó a las cortinas y las abrió, dejando entrar una luz blanca, propia de un cielo nublado. Pestañeé un par de veces. Acostumbrándome a la luz… Me dieron ganas de decirle a Emilie que apagara la luz porque ya estaba las cortinas abiertas… así no se gastaba tanta energía, y le haría bien al planeta… pero es que no quería habar, no tenía ánimos. – Hey, ¿me estás escuchando?. – Se acercó a mi. Y yo asentí, llevándome una mano a los ojos.
- Bill se fue… - Me quejé.
- Lo sé, pero no por eso vas a quedarte en la cama todo el día. Él lo pasará bien en las Maldivas… tu también tienes que pasarlo bien aquí… aunque estés llena de esas cosas. – Se sentó sobre la cama y yo la miré por entre mis dedos. – Podríamos… escribir canciones… o no lo sé, jugar en alguna de esas cosas que te gustan, con las que juegan los chicos, ya sabes… esas que se juegan en la TV y con los controlitos esos. – Hizo unas cejas extrañas, me entró la risa. – Entiendes lo que quiero decir, ¿verdad?. – Asentí con la cabeza. – A demás, hablé con Tom ayer cuando tu estabas durmiendo. Y… ¿a qué no adivinas?. – Me quité la mano de los ojos para observarla, y es que la curiosidad era uno de mis puntos débiles. – Pues, me dijo que tiene un amigo… que su padre es el dueño de un bar o un café, si… era un café. – Arrugó un poco la frente. – La cosa es que el local ese es muy conocido por todos los jóvenes, incluso yo he ido a veces… Antes que llegaras, con… - La corté, con voz ronca.
- No te desvíe… - Y es que me empezaba a hablar de todo, excepto lo que me quería decir.
- Bueeeno, la cosa es que Tom podría hablar con su amigo, para que él hablara con su padre y podríamos tocar algunos días en el café. ¿No es genial?. – La cara de feliz cumpleaños que puso no me sorprendió… seguro la mía estaba igual o peor.
- Es… ¡fantástico!. Tienes… tienes que aprenderte mis canciones. – Mi sonrisa no podía ser más grande, y es que no cabía de la emoción.
- Si… pero eso es fácil… ya me sé algunas. – Sonrió ampliamente. – Am… - Torció la sonrisa, de una forma que no me gustó. – Pero primero tienes que sanar… lo sabes, ¿no?. Pero, yo creo, que ya en el verano estarás sanita… ¿verdad?. – Fruncí el ceño y comencé a calcular mentalmente los meses. Y si… en el verano ya estaría sana, seguramente.
- Si… Buah, odio estar así.
- No te amente… no vas a la escuela. – Siempre le veía el lado bueno a todo… me mordí el labio inferior, intentando ver su punto de vista. Pero yo pensaba distinto a ella.
- Me traerán profesores particulares. - ¿La peor pesadilla del mundo hecha realidad?, que tus profesores estén contigo en TU casa, invadiendo tu espacio co sus matemáticas y letras y ecuaciones e historias y ciencias y esas cosas. Catastrófico. A demás, ni siquiera tendría compañeros de clase… Lo único bueno de todo esto, era que no perdería el año. Y es que no me veía repitiendo curso. Para mi, repetir curso era sinónimo a quedarme un año más en la escuela.
- Pero te harán menos horas de clase. A demás vas a tener a alguien que te cuide… y te preparará el almuerzo y te arreglará la cama y todo eso… - Suspiró. Rolé los ojos, a mi no me gustaba hubiesen personas extrañas en mi casa. – Como sea… ¡tienes que divertirte ahora que estás sin novio!. – Ese comentario no me agradó para nada. Como si pudiese divertirme sin Bill…
…Hay, no. Yo SI puedo divertirme sin Bill. Yo no dependo de él. Antes ni siquiera era mi novio y yo me divertía sin él, incluso cuando no lo conocía.
- ¡Chicas!. – Y otra más que entraba gritando a la habitación. Esta vez era tía Marie… a lo mejor se le había pegado de Juliette, eso de andar tan feliz… - Buenos días, Karlie. – Se acercó a mi rápidamente para darme un beso en la frente. – Emilie, te serví algo de comer… - Le avisó a mi amiga con una sonrisa en el rostro.
- Ok. ¿Ya llegó Sam?.
- Si… acaba de llegar. – Le respondió a la rubia, para que luego esta saliera de la habitación con una sonrisa en el rostro, dejándonos solas a tía Marie y a mí. - ¿Y cómo amaneciste, hija?. – No me sorprendió que me hubiese llamado “hija”, antes siempre me llamaba así. Me hacía recordar a mi madre.
- Bien. – Entonces ella me quitó las sábanas y me ayudó a incorporarme. No supe porqué… pero me sentí extraña cuando tía Marie hizo eso. Como si quitara la “esencia de Bill” que él mismo había dejado en las sábanas al cubrirme. Como siguiera así, no cambiaría las sábanas en todo el tiempo que Bill estuviese fuera… Sólo porque él se había recostado en ellas en un par de noches.
Tía Marie me ayudó a arreglarme y vestirme… incluso me arregló el cabello con una coleta alta. Y luego llamó a papá para que me ayudara a bajar las escaleras. Me sorprendió un poco que papá estuviese más feliz que de costumbre. Seguramente era porque sus celos habían desaparecido ahora que Bill ya no estaba. Aunque claro, hablaríamos sobre lo de estar de novia y esas cosas… yo lo conocía muy bien, y no iba a dejar las cosas así.
Probablemente también pondría sus reglas respecto a eso. Como no dejar que Bill durmiese conmigo o no dejarme ir a la casa de Bill por las noches, o cosas así. Tanto papá como yo sabíamos que yo no era ese tipo de chicas “sucias”… y es que no encuentro otra manera de llamarlas, pero de todas formas habrían reglas… y yo no me quejaría. De a poco él se iría soltando. Vamos que era mi padre… yo siempre había sido la envidia de mis amigas por tener un papá tan simpático y esas cosas…
Y aunque yo estuviese equivocada y él no me pusiera reglas… yo misma me pondría unas… pero no del tipo “Bill no dormirá conmigo en mi habitación”, si no que… de otro tipo de reglas. Cosas que yo nunca, nunca haría. Me daba terror, asco, miedo. Aunque fuesen cosas con Bill… definitivamente no.
Tomé el desayuno un poco tarde… ya que el reloj marcaba las doce y media cuando me senté en la mesa de la cocina.
Capitulo 109: Conversación.
Y como más lo “temí”, la conversación con papá llegó. Y es que iba a llegar tarde o temprano. Era treinta de diciembre, habían pasado dos días desde que Bill se había ido y estábamos papá y yo solos en casa. Los abuelos con tía Marie, su esposo y linda hijita, habían salido a hacer unas compras… para llevarse ropa Alemana y esas cosas. Juliette estaba en el supermercado con sus dos hijas, comprando cosas para el año nuevo, que por cierto, se celebraría en mi casa. Que gran novedad. Buah, pero no me molestaba.
- ¿Y que hay con Bill?. – Fueron las palabras exactas con que él inició la conversación. Ahora yo tenía que responder. Lo complicado era que no sabía qué responderle. ¿Qué había con Bill?, con Bill habían muchas cosas. Y por cierto, el muy tierno me había llamado el mismo veintiocho en la noche… él ya estaba en la habitación de su cabaña… en realidad, no era cabaña, cabaña… pero no recuerdo el nombre que me dijo. Estuvimos habando cerca de media hora, sólo diciendo estupideces. Y es que esa era su llamada de las buenas noches.
Al día siguiente, veintinueve, me había llamado muy temprano para despertarme. También estuvimos habando mucho tiempo… diciéndonos cosas cursis, recordándonos cuanto nos queríamos y mencionándonos todo los que nos extrañábamos. Volvió a llamarme en la tarde, pero fue una conversación corta… y luego me había llamado de nuevo, en la noche, para darme las buenas noches.
Y como era de suponer, también me había llamado hoy en la mañana.
- Pues… - Dudé en qué contestar. – Lo quiero mucho. – Sonreí ampliamente. Me había gustado mi propia contestación, me sentía orgullosa de mi. Y estoy segura de que a Bill también le habría agradado mi respuesta. Papá suspiró y me miró un par de segundos, como si yo fuese una pobre criatura que no sabe lo que hace.
- Lo sé, Karlie… ¿Pero no era ese el mismo chico que decías que era un mal educado, un “idiota”?. – Negué con la cabeza.
- No, papá… Bill no es así. Es que… yo no lo conocía. – Me mordí en labio inferior, avergonzándome por haber dicho eso en algún momento.
- Y ahora lo conoces… - Afirmó, con tono de voz burlón. Yo asentí, y me moví inquieta en el sillón, queriendo escapar de la mirada de mi padre.
- Si. – Respondí. Luego desvié los ojos hacia la TV.
- Yo no te voy a regañar, si eso es lo que piensas, hija… en realidad, quería hacerlo en un principio. Pero Juliette… - Suspiró. – Supongo que es normal que las chicas de tu edad tengan novios. – Volví a observarlo. ¿Y se lo tomaba así de fácil?. ¡Juliette, te adoro!.
- Ah… ahm… va… vale.
- Pero quiero que sepas, que si me llego a enterar de que ese Bill te hace daño, o te lastima o estás triste por su culpa, jamás, repito, nunca jamás podrá volver a acercarse a ti. ¿Está claro?. – Me asusté al escucharlo hablar así.
- Bill no me va a lastimar, pá. – Sonreí de medio lado. El ancianito puso los ojos en blanco.
- Ojala así sea. Dejé que se quedara contigo esa noche antes de irse sólo de bueno que soy… y ni siquiera me lo haz agradecido. – Soltó una risita.
- Gracias, papi. – Sonreí. – Supongo que también tengo que darle las gracias a Juliette. – Un leve color rojo se acumuló en las mejillas de mi padre, quien seguidamente se aclaró la garganta.
- Ahora, si quieren hacer otras… otras cosas... – Cambió de tema repentinamente. Sabía a qué iba todo esto. – Si van a tener otro tipo de contacto, tienen que usar protección y… - Lo corté enseguida.
- ¡No haremos eso, pá!. – Le grité escandalizada, con los ojos muy abiertos. – Me conoces, tu sabes como soy… yo no… ¡puaj!.
- Lo siento, bebé… pero es que Juliette, me avisó de todas esas cosas… creo que me asusté un poco respecto a eso y…
- No te preocupes, viejo. – Lo corté. Me había llamado bebé… hacía tanto tiempo que no me llamaba así…
- No puedo evitar preocuparme si se trata de mi niña. – Acercó su mano a mi mejilla y la apretó. Él sabía que a mi me molestaba que me hicieran eso. – Pero, para estar seguros… si Bill algún día quiere que duermas en su casa, tu le dices: le tengo que preguntar a mi padre. – Dejó de tironearme la mejilla y yo lo miré torciendo los labios. Obviamente yo no le diría eso a Bill…
- Y yo te preguntaré y tu me dirás un rotundo… no.
- No. – Dijimos a la vez. Papa se echó a reír, al igual que yo.
- Vale, ya entendí. Entonces no puedo dormir en su casa… pero él si pede dormir aquí, ¿verdad?. – Le hice ojitos.
- Siempre que yo esté en casa. – Asentí, dándole a entender que había entendido su única regla.
- ¿Y esa es tu única regla?. – Le pregunté para estar segura.
- ¿Qué quieres que haga?... Juliette se enojará si no te dejo tener novio… - Reí. ¿Tanto le gustaba Juliette?. – A demás, Bill me cae bien… - ¡Y es que la alegría que sentí al escuchar eso no cabía dentro de mi cuerpo!.
- ¿De verdad?. – Él asintió con a cabeza. – Cuando se vayan tu abuelo y Javier… ¿Quién me acompañará con las cervezas?. – Y es que, realmente, esta conversación no me la esperaba. ¿Podía tener un mejor padre?, claro que no… él mío era el mejor. Me aclaré la garganta, y sin poder creerlo aún, me quedé en silencio… con una enorme sonrisa en el rostro. Papá también se quedó en silencio, observándome con expresión divertida.
- Y… pá… - Lo llamé, luego de un momento, para captar su atención. Y es que se me había venido algo a la cabeza. - ¿No has pensado en proponerle matrimonio a Juliette?.
- ¡Hija!. – Me regañó. Al pobre se le subió el color al rostro y yo me comencé a reír fuertemente.
- ¿Qué?. – Pregunté inocente. – Sé que la quieres mucho. – Alcé las cejas repetidas veces. Papá bajó la mirada enseguida. - ¿La quieres como a… como a mamá?. – La verdad, es que tenía esa gran duda desde hacía tiempo. Pero no había querido preguntarle… creo que ahora era el momento adecuado. Papá alzó la mirada. Pude ver un poco de tristeza en sus ojos.
- Es… es diferente, hija. – Me di cuenta de que tragaba saliva. – A tu madre la amé mucho… aún la amo. Pero… como un recuerdo, algo que jamás se apartará de mi, ¿comprendes?, no puedo explicarlo muy bien. En cambio, a Juliette la amo porque es quien me hace feliz, me alegra el día, está conmigo… Necesito de las dos para estar bien. – Suspiró. – No te asustes, no pretendo olvidar a tu madre estando con Juliette. Tu mama es parte de mi, es muy, muy importante para mí. Al igual que Juliette. No… no creo que puedas entenderlo. – La verdad, era que sus palabras no me entraban en la cabeza, no podía entenderlas, no podía hacerme la idea. Pero si él lo decía… Entonces amaba a las dos.
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