14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 47

Capitulo 110: Tokio Hotel CD’s.

Intenté hacerme la fuerte, pero aún así los ojos se me llenaron de lágrimas. Me ponía sentimental al hablar de mamá… y ahora estaba emocionada… quizás por haber escuchado lo que papá acababa de decir, aunque no lo hubiese podido comprender, aunque no hubiese podido ponerme en su lugar… sentir lo que él sentía. Porque, a mi me gustaba “meterme” en la cabeza de las personas, imaginar lo que sentían… ponerme en su lugar. Pero esta vez no había podido hacerlo, quizás porque trataba sobre un tema delicado, sobre mamá. Hablábamos muy poco sobre ella… en especial con papá, porque yo sabía que se ponía triste. Pero tampoco era culpa suya que mamá hubiese muerto. Había sido un cadente, algo que le pede pasar a cualquiera. A demás… después de todo, toda la gente se muere. Lo malo es que dejan a sus seres queridos llorando por ellos.
- No puedo entenderlo. – Murmuré entre dientes. De cierta manera, no me gustaba no entender. Papá volvió a suspirar y me contagió el suspiro.
- Pero bueeeeno, así que… ¿quieres boda?. – Alzó una ceja. Yo sonreí ampliamente, tragándome las lágrimas. Y sabiendo, que en el fondo me sentía una traicionera diciendo que sí. ¿Y si mamá, desde donde fuera que estuviera, se enojaba conmigo porque le decía a papá que se casara con Juliette?. De pronto me sentí culpable, y también idiota. – Dame tiempo… tenemos que convivir más. No vaya a ser que me case con una bruja como en Cenicienta, ¿te imaginas?. – Abrió los ojos como platos. Já, el ya se sabía las películas de princesas de memoria… pues yo lo había obligado a verlas una y otra vez conmigo cuando pequeña. Nos reímos. Juliette no era ninguna bruja… Sam y Emilie no eran feas ni tontas, papá no se moriría nunca y yo no tenía planeado pasarme la vida limpiando la casa. Aunque si estaría bien eso de ser princesa y casarme con el amor de mi vida, el príncipe azul… buah, pero si yo ya tengo a mi príncipe azul, y justo ahora está de vacaciones a kilómetros de aquí, en unas islas…
- Creo que es poco probable que sea una bruja. – Me burlé de sus idioteces.
- También lo creo. – Sonrió. – Amm… tengo naranjas, ¿quieres que prepare jugo para los dos?. – Asentí repetidas veces y muy rápidamente, sintiendo como se me hacía agua la boca. Nada mejor que un jugo de naranja recién hecho…
- Y galletitas. ¿Tienes galletitas?. – Le pregunté, pegando ridículos saltitos sobre el sillón, como una niña pequeña.

- Este, este es el primero que sacaron, el del 2005. – Emilie parecía incluso más animada que yo… estábamos decidiendo que CD de los que me había dado Tom, escuchar primero… Tomé el CD que Emilie me tendía, y no pude evitar sonreír cuando vi a los chicos en la portada. ¡Eran tan pequeñitos!. Ahora estaban diferentes… tenían rostros de chicos mayores… no como en el CD Schrei… eran unas cositas completamente tiernas… buah, seguramente tenían mi edad o por allí… ¡Pero es que era difícil imaginárselos así!. Y Bill… al parecer siempre había tenido peinados extravagantes, geniales.
- Wow, entonces pongamos este. – Saqué el CD redondito y con mucho cuidado se lo dí a Emilie. Ella lo cogió y se acercó a mi portátil, para reproducirlo… mientras yo me quedaba observando la carátula. Como me gustaría tener uno de estos… digo, con mis canciones, mi voz, mi guitarra… y la guitarra de Emilie, obviamente.
El CD comenzó a sonar…
¿Y qué decir?. Las canciones me encantaron… no sé como no me había enterado de la existencia de Tokio Hotel antes… con la buena música que tenían… a demás, la voz de Bill era increíble. Y las letras… bueno, las había entendido a la mitad, pero justamente esa mitad que había entendido, me había encantado. Creo que la que más me gustó, fue una llamada: Durch den monsun. Aunque también me gustó otra: Rette Mich.
Me pregunté quien escribiría las canciones… Pero luego lo sabría, pues le preguntaría a Bill en cuanto me llamara.
Después de Schrei, pusimos Schrei so laut du kannst… Era el mismo CD reeditado, por lo que me había dicho Emilie, con la voz nueva de Bill, ya que había crecido y todo eso. El CD me gustó... Y las canciones eran pegadizas. A demás, traía videos… y los estuvimos mirando. Cada vez estaba más convencida de que eran los mejores entre los mejores. ¡Eran geniales!. Y es que en el mismo momento podría haberme hecho fan de la banda.
Cuando estábamos por poner el tercer CD, Zimmer 483, mi móvil empezó a sonar. Emilie me lo alcanzó ya que estaba en la mesita de noche, observó la pantalla y me sonrió pícara, mientras me pasaba el aparato. Era Bill. No tarde un segundo más y contesté.
- ¡Hola!.
- ¡Hola, amor!. – Nos saludamos a la vez. Era gracioso cuando Bil me decía “amor”, hacía que recordara a papá con Juliette. - ¿Cómo estás?.
- Bien… con Emilie estábamos escuchando sus CD’s. – Le informé rápidamente.
- ¿Qué CD’s?. – Pero que tontito andaba hoy.
- Los de Tokio Hotel, ya sabes, los que me dio Tom. – Él soltó un “ah”, del otro lado de la línea. – Son geniales. ¿Quién escribió las canciones?.
- Yo. – Pude notar su tono lleno de orgullo. Me reí.
- Eres genial, Bill. – Suspiré. – Te extraño.
- Igual yo. – Y ese fue un pequeño paréntesis en la conversación, ya que luego yo seguí con lo del CD’s.
- Me gusta la canción… - Busqué rápidamente la carátula, para poder leer el nombre, se me olvidaba, porque soy una cabeza de pollo. – Rette… Mich. Si, esa. – Esperé a que Bill me dijera algo como: ¿Y no te gusta esta otra…?, o un si, esa canción es genial”… pero no. Se quedó en silencio durante nos largos segundos… que me hicieron dudar si es que estaba allí, del otro lado de la línea telefónica, o no. - ¿Bill?. – Pregunté. – Tardó un par de segundos más… se aclaró la garganta.
- Ah… ¿Qué me decías, preciosa?. – Su voz sonó un poco… extraña.
- Que me gusta la canci…
- Te amo… tengo que irme. – Me cortó, hablando rápidamente. – por la noche te llamo y hablamos más. ¿Si?.
- Ok… también t… - Había cortado. Pero para no quedar como una idiota delante de Emilie, terminé de decir mis palabras de despedida. – También te amo, adiós. – uy, cuando me volviera a llamar, le diría a Bill que no volviera a hacerme eso nunca más. Se sentía feo.
Dejé el móvil a un lado, sobre la cama…
- Ya lo tengo, listo para ser escuchado es… ¡ZIMMER 483!. – Chilló Emilie a la vez que el CD comenzaba a sonar.
Capitulo 111: Año nuevo.

Siempre había pensado que a los dieciséis años pasaría el año nuevo en alguna fiesta con amigas… y no con la familia. Pero no… estaba aquí, conversando con los adultos, en mi casa… con un montón de yesos encima y unas ganas tremendas de estar con Bill. Lo echaba de menos. Nos seguíamos llamando muy seguido… y hablábamos mucho tiempo, pero no era el suficiente tiempo para mi, al parecer. Y es que me sentía tan “vacía”, que podría haber hecho un berrinche pidiendo su regreso. Aunque, bueno… a decir verdad, también pasaba buenos momentos con Emilie, papá… y Andreas… Quien había estado aquí hoy por la mañana. Había venido a visitarme y yo aproveché de entregarle su regalo… él también me dio el que había comprado para mi. Pero luego se fue con Emilie a la calle y me abandonaron… en fin, creo que esa fue una buena oportunidad para hablar más con Sam. Incluso habíamos visto una película juntas… Ella era de lo mejor, era de lo más simpática, casi idéntica a su hermana… en actitudes, claro. Y es que o había dejado de molestarme todo el tiempo. “Bill esto, Bill esto otro”… le costaba cerrar la boca, como a Emilie. Menos mal yo ya estaba acostumbrada y tampoco era de esa gente enojona, por lo que sólo me reía y no le reclamaba nada. No es que me agradara que me molestaran, pero tampoco era algo tan grave, de vida o muerte. Quiero decir, si Bill hubiese estado en ese momento, lo más seguro es que me hubiese puesto como un tomate… pero como no estaba… no me importaba mucho.
Hablamos, también, sobre de bebe… Ella quería que fuera chica… una niña. Y yo ya me imaginaba una mini-Sam corriendo por todos lados, gritando, con unos ojitos celestes, cabello rubio y el rostro lleno de pequitas. Pobre Tom, tendría que soportar dos como ella, si es que era chica, claro… porque si salía chico, me lo imaginaba rompiendo todo, haciendo desorden, sonriendo pícaro… con la misma sonrisa de Tom pero en versión miniatura. Cosas mías… seguro el bebe no sería como yo me lo imaginaba… pero al menos me divertía un poco inventando cosas. Pero lo mejor de todo, era que dentro de unos dos, o tres meses, ya sabríamos si sería nene o nena.
Miré el reloj de la pared. Eran las once y quince… faltaban… cuarenta y cinco minutos para año nuevo. 2009. Y es que era tan emocionante. Luego, en los exámenes y trabajos no tendría que escribir: 2008, ahora sería 2009. Wow. Y es que el tiempo pasaba tan rápido…
- Creo que es hora de que vayamos yendo… - Escuché unas palmaditas detrás de mi.
- Estoy de acuerdo. – Papá se levantó del sillón, dejando la bandeja de papitas fritas sobre la mesita de centro. Es que habíamos estado comiendo un coctel… y como a papá le encantaban las papitas, se las había dejado todas para él. Era un mal educado… pero por suerte habían más.
- ¿Dónde vamos?. – Como odiaba escuchar la voz de Seli. Aunque, al menos su pregunta había servido de algo. Pues yo también quería saber a donde “ibamos”, y eso que a lo mejor ni me llevaban.
- A ver… - Tía Marie le iba a contestar a su hija, pero Emilie se le adelantó.
- ¡Fuegos artificiales!. – Chilló… me pregunté como sus pulmones daban para tanto.
- ¡Ay!, pero no me grites. – Se quejó la tonta de Seli. Emilie no le prestó atención y se levantó de la silla donde estaba sentada para comenzar a subir las escaleras. Ella ya había tomado confianza en mi casa… era como si fuese suya.
Los adultos siguieron conversando y yo me sentí aislada. Seguro iban ellos y no me llevaban. Podría apostar a que me dejarían en casa con alguien. Quizás con la abuela… No me gustaba estar excluida de sus planes… pero esas eran las consecuencias del accidente. Como me hubiese gustado no haber sido aplastada por ese autobús.
- Ten. – Pegué un salto, debido al susto y me quité la cosa que me cubría el rostro. Era… una chaqueta. Y era mía. ¿Pero porqué si yo no…? – También vienes. – Me dijo Emilie, leyéndome la mente. O tal vez me había informado al ver mi cara de confusión.
- ¿De… verdad?. – Pregunté. Pero que tarada que soy…
- Sip. ¿No es cierto, Marc?. – Preguntó Emilie. Entonces papá me miró, a la vez que recibía el abrigo que le tendría Juliette.
- Claro… pero no te bajarás del coche. Sólo iremos a un lugarcito que conocen estas mujeres. – Señaló a las rubias. Y la sonrisa que de pronto había aparecido en mi rostro no podía ser más grande. ¡Por fin iba a salir de esta casa!. ¡Oh, si!. Luego le contaría a Bill… le diría que había visto esas cosas brillante, no recuerdo su nombre… pero es que es de la emoción. No es tanta la emoción de ver las cosas esas… creo que la emoción, más que nada, era porque saldría de aquí. Mmm… vale, mejor es un poquito de las dos cosas.
La abuela me ayudó a ponerme la chaqueta y Juliette envió a Emilie a buscarme un gorro, guantes y bufanda. Iría extremadamente abrigada, pero no me importaba. Me daba igual si alguien me veía como un oso, con tanta ropa encima.
Nos demoramos alrededor de diez minutos en alistarnos… y es que algunos se demoraban más que otros. Luego papá me subió al coche. Con Sam y Emilie… en la parte trasera. No tengo idea de cómo cupimos las tres… más mi pierna. Papá y Juliette iban en los asientos delanteros. Y el resto se fue en el auto de Juliette. No tengo idea de cómo cupieron todos... pero partimos a ese “lugarcito”. Nos demoramos en llegar. Casi eran las doce… y nosotros escuchábamos por la radio que sólo faltaban cinco minutos. ¡Cinco minutos se pasarían volando!. Mire hacia fuera cuando estacionamos el coche. Juliette le había dado todas las indicaciones a papá de cómo llegar… observé el lugar. Prácticamente habíamos salido de la ciudad. Estábamos en una colina. Y según la novia de pá, este era el mejor lugar para ver los fuegos artificiales… a demás, Sam había añadido que había poca gente por estos lados, pues todos estaban en fiestas y esas cosas… celebraciones. Y me di cuenta de que tenía mucha razón, sólo estábamos nosotros y un par de familias más. Familias con ancianitos…
La puerta de delante del coche se abrió, dejando escuchar música, proveniente de la ciudad… estaba tan fuerte que hasta aquí se escuchaba. Papá se bajó del coche, al igual que Juliette y Sam. Emilie se quedó conmigo. No dijimos nada, nos quedamos en silencio y nos miramos con expresión divertida. A lo mejor a ella le pasaba igual que a mí. Cada año nuevo, me entraban nervios… y yo no sabía porqué. Cuando la cuenta regresiva comenzaba, a mi me daban ganas de gritar… era de lo más extraño… pero tampoco le iba a preguntar si le pasaba eso. Tan ridícula no ibas a ser. No por esta noche.
- ¿Cuál es tu meta para el otro año?. – Me preguntó Emilie. Me detuve a pensar unos segundos… no sabía que era lo que quería hacer para el año siguiente…
- Tocar en bares… - Dije luego de unos momentos. – Hacer mas canciones, aprobar el curso, aprender alemán fluido, sanarme, querer mucho a Bill... a mi familia. A ti también. – Fruncí el ceño. Lo que había dicho había sonado completamente estúpido. Pero faltaba la cereza que iba sobre el helado, el último adorno: - Y quiero ser feliz. ¿Y la tuya?. – Apresuré en preguntar, antes de que ella pudiese decir algo más.
- Yo… quiero estar con Andreas, voy a estar de novia con Andreas, eso es seguro. No dejaré de ser tu amiga, iré a un matrimonio, gritaré en la calle, tocaré en bares, pelearé con Bill, seré tía, fingiré ser lesbiana en el centro de la ciudad… -
Comenzó a reír como una loca. Y yo… quedé impactada observándola. – Es broma, es broma. – A lo mejor aquí en Alemania eso era de lo más normal.. e la mayoría de los países que yo había visitado era normal. Pero para mí… era algo… un poco… extraño. No era repulsivo, tampoco me daba asco… pero, algo había. Un no se qué. Quizás era porque todo lo que tenía que ver con cosas “extrañas”, no me agradaba.
Emilie iba a añadir algo más a la conversación, pero justo en ese momento, el sonido de la radio nos interrumpió.
¡Era la cuenta regresiva de año nuevo!.
7… 6…
Los que estaban afuera también estaban contando al revés
5… 4…
Por suerte yo me sabía los números en alemán. Que emoción, año nuevo.
2…
Creo que también se escuchaban gritos desde la ciudad. Seguro había un show o algo así, porque las luces se reflejaban en el cielo, la música había terminado… y los gritos estaban a coro.
…1
Capitulo 112: … ¡Feliz año, princesa!.

El primer abrazo de año nuevo que recibí fue el de Emilie. Una vez, en no recuerdo que país, había escuchado que primero tenían que abrazarse personas de sexos opuestos. Pero yo no era de esas personas que creen en tradiciones. Así que estuvo bien. Después llegó papá… Luego Sam… después la abuela, Juliette, tía Marie, el abuelo, el esposo de tía Marie… y por último Seli. ¡Como me hubiese gustado que Bill estuviese con nosotros!.
Cunado terminamos los abrazos, el griterío, las risas y todo eso, nos pusimos a ver lo fuegos artificiales. No supe en qué momento echaron en los autos cositas para comer. Pero la abuela nos dio bebidas a todos, a demás de galletitas y ese tipo de cosas que compran las abuelitas.
No puedo decir mucho sobre los fuegos artificiales, no podía verlos muy bien desde mi posición en el coche. Por eso es que Emilie se bajó y me dejó sola allí adentro. Pero no me importó, porque lo más genial de la noche me llegó en un mensaje de texto al móvil, justo al momento en que Emilie cerraba la puerta.
Ya deben ser las doce en Alemania… ¡Feliz año, princesa!. Ojala lo estés disfrutando. Yo ya estoy en el 2009 desde hace cuatro horas :P. No bebas, no te duermas tarde… Mañana te llamo… TE AMO. :)
“No bebas”… Já, seguro ya me imaginaba bebiéndome algo co alcohol… Yo no tomaba alcohol, no me agradaba. ¡Y que protector era!, me encantaba… se preocupaba por mi, aunque fuese en aspectos totalmente ridículos. Y es que era tan tierno y bonito… Incluso sabía las horas de diferencias entre las Maldivas y Alemania… Eran 4 horas. Ahora yo también lo sabía. Buah, antes ni siquiera tenía idea… quizás por eso era que a veces por las mañanas me llamaba demasiado temprano, porque él ya se había levantado hacía unas cuatro horas, o quizás se estaba despertando.. como era tan fojito… y estaba en vacaciones. Tenía que descansar, reponerse, disfrutar y dormir mucho.
Buaaah, yo quería hablar ahora con él. Los fuegos artificiales parecían no terminar… y yo no veía nada. Sólo escuchaba las explosiones. Pero nada más… Me pregunté que estaría haciendo Bill en ese momento. Y no lo soporté más… busqué su número en el marcador de llamadas recientes y le di al botoncito verde.
Me acerqué el aparatito al oído, y esperé… no tardó mucho en contesta.
- ¡Karlaa!. – Dijo emocionado del otro lado. Había ruido. Gente hablando, música… Quizás en que lugar estaba. Pero tampoco le iba a preguntar, por más que la curiosidad se apoderara de mi y me asfixiara.
- ¡Bill!. ¡Feliz añoooo!.
- ¡Feliz año!. – Dijimos los dos a la vez. Comenzamos a reír, siempre nos pasaba. Aún recordaba esa vez en la casa de Emilie, cuando los dos queríamos ir al baño. – Te extraño, pequeñitaaaa… - Soltó en un suspiro.
- También te extrañooo. – Lo imité.
- ¿Y… como han estado las fiestas?. – Preguntó, soltando una risita burlona, seguramente él se divertía y yo… pues, un poquito menos que él. Me gustaba pasar las fiestas con la familia. Pero esta vez me sentía como “aparte”.
- Pues, bien. – Reí un poquito. – Ahora estamos viendo esas cositas de colores en el cielo. – Bill se rió. ¡Es que había olvidado el nombre de las cositas esas de nuevo!.
- Ah… ¿Y cómo están los cositas esas de colores?. – Se burló. Pero yo decidí no darle importancia.
- No las veo. Estoy en el coche… papá no quiere que me baje…
- Humm… Cunado hayan más de esas cositas de colores… - remarcó las últimas tres palabras. – Yo te llevaré a verlas… y te dejaré bajar del coche. No te preocupes…
- Gracias, supongo. – Reí de nuevo.
Y así seguimos hablando unos minutos más. Sobre cualquier estupidez. Él me contó unas fans que los habían reconocido. Y yo le conté sobre Andreas, el pobre se puso celoso… lo noté por su tono de voz, pero no dijo ningún insulto en contra de su amigo.
Me vi obligada a acabar la conversación cuando papá abrió la puerta del coche para subirse. El resto de la familia no tardó en acomodarse en los coches y partimos de vuelta a casa. Allí nos esperaba la comida, semi-preparada que habían estado cocinando Juliette y tía Marie. Así que tuvimos que esperar un poco para comer. Luego de eso, le pedí a papá que me llevara a mi habitación, pues estaba muerta de sueño y de cansancio. Los otros se quedaron conversando abajo.. y yo, como soy tan aburrida, me dormí.
Y soñé con Bill. Aunque no recuerdo muy bien el sueño.
El día siguiente, digo… unas horas más tarde, el mismo día, primero de enero del 2009, todos nos levantamos tarde. Almorzamos en vez de desayunar, y yo lo hice en pijamas. A menos comenzaba bien el año… aunque me hubiese gustado comenzarlo que Bill, pero buah, no podía hacer nada contra eso… a demás, cada vez faltaba menos para que regresara.
Creo que… lo peor que me pasó el primero de enero, fue recordar que los abuelos y mi familia se irían al día siguiente. Aunque, igual, de cierto modo me aliviaba un poco. Pero a la vez, el sentirme “aliviada”, me hacia sentir culpable. Y no sé porqué.

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