- Georg, ¿me la prestas un momento?. – Le preguntó refiriéndose a mi. Me sentí insultada… Me trataba como si fuese un objeto y ni siquiera me preguntaba si quería bailar con él o no.
- Claro. – Respondió Georg. Todo estaba mal, muy mal, cada vez peor. Yo no quería bailar con Bill. Argh. Y es que incluso sentía el corazón en la garganta debido a los nervios, la situación podía conmigo. Bill me tomó la mano y yo tiesa como una tabla me dejé llevar. Caminó conmigo hasta el otro lado del salón, lejos de las mesas, de mi padre y de todos. A uno de los lugares más oscuros. Intenté evitar su mirada a toda costa cuando comenzamos a bailar… yo no lo estaba haciendo bien, no podía, no así. Comencé a respirar de manera entrecortada cuando él me pegó a su cuerpo y apoyó nuestras manos en su pecho. Su cabeza quedaba un poco más arriba que la mía y no tardó en agacharse para que quedaran a la altura… yo no podía verle el rostro, pero estaba lo suficientemente cerca como para que yo pudiese escuchar su respiración… ya que su nariz estaba en mi oído. El corazón ya se me iba a salir del pecho, estaba segura. A demás, ya no estábamos bailando, simplemente nos balanceábamos. Me sentía mal… tenía tantas ganas de abrazarlo, teniéndolo tan cerca… podía incluso sentir su aroma. Pero no… otra parte de mi quería que me alejara de él. No haría ninguna de las dos cosas. Me quedaría así, hasta que Bill se aburriera y me dejara ir. No tenía la fuerza de voluntad suficiente como para alejarme.
- Estás muy… hermosa. – Murmuró en mi oído. Me estremecí… y un escalofrío me recorrió el cuerpo de pies a cabeza. ¿Qué pretendía?. – Karla… - Suspiró. -Yo quiero arreglar las cosas. ¿Quieres que arreglemos todo esto?. – No respondí. No quería… en esta situación podría haber contestado cualquier estupidez. – Prometo darte explicaciones, todas las que me pidas. – Quedó en silencio un momento. – Te diré quien es ella, si eso es lo que quieres. Pero, por favor, ya deja de ignorarme. – Apretó mi mano. No supe que contestar. Podíamos arreglar las cosas, si, quedar como amigos. - ¿Qué opinas?, ¿quieres?. – Me quedé en silencio un segundo… meditando mi respuesta.
- Creí que… - Me aclaré la garganta. – Creí que yo no podía entendert…
- Pero no es cierto. – Me interrumpió. – Dije eso porque… soy un idiota. – Resopló. – No lo pensé… estaba enojado…
- Estabas enojado porque me entrometía en tu vida privada. – Murmuré.
- Tampoco quise decir eso… tendría que haberte explicado… - Nos detuvimos en seco.
- Sé que Annie era tu novia. – Bill no dijo nada, ni siquiera se movió. – Chels me lo dijo.
- ¿Qué más te dijo Chels?. – Negué con a cabeza.
- Nada más. – Suspiré. – Me mentiste… me dijiste que Annie había sido una amiga tuya que se había ido lejos. – Lo acusé. Quise separarme de él, pero me lo permitió.
- Sé que te mentí. Perdóname por eso… prometo que te explicaré todo. Yo… yo te quiero y… argh, Karla… - Cogió mucho aire. – Necesito que estés conmigo. – Y nuevamente silencio. Me pregunté si haría lo correcto al aceptar que él me explicara.
- Ok, Bill. – Me sentí extraña al decir su nombre. – Podrías explicarme todo… y quizás…
- ¿Quizás?. – Preguntó. – Karla, no sé que parte de “necesito que esté conmigo” es la que no entiendes… - Yo no volvería a ser su novia, de eso estaba segura.
- Quizás amigos. – Me apresuré en contestar.
- Amigos… - Murmuró. – Por favor, no me hagas esto. – Prácticamente rogó.
- No, Bill. Tú no me hagas esto. – Intenté separarme de él, pero lo único que logré fue que quedáramos frente a frente. Él aún tomaba con la cintura y con la otra mano aprisionaba mi mano temblorosa.
- Perdóname… - Se mordió el labio inferior. Intente evitar sus ojos. – Todo iba tan bien… lo eche a perder… yo…
- No. – Lo corté. – Esto tenía que pasar. Porque tú no me quieres… no puedes estar conmigo si no me quieres… - Bill negó con la cabeza.
- Karla, mírame… y date cuenta de una buena vez que yo si te quiero. – Negué con la cabeza. No quería mirarlo. Quedaría atrapada bajo el efecto de su mirada, me convertiría en una boba y después haría cualquier cosa que me pidiera… no, definitivamente, no lo haría.
- ¿Y Seli?. – Le pregunté, sin querer. Se me había salido.
- Pff. Tu sabes que Seli no me cae bien. – Intentó pegarme a su cuerpo de nuevo, como la vez anterior… pero yo no se lo permití.
- No te creo. – Espeté.
- Tú lo sabes… Y no te desvíes del tema, ¿si?. – Asentí con la cabeza sólo una vez. Bill estaba haciendo que se me pusieran los pelos de punta, ya no aguantaba mas. Quería separarme de él. – Karla… yo te quiero mucho, lo tienes claro, ¿verdad?. – Negué. Comencé a sentir cositas en el estómago. – Ay, Dios… - Murmuró. – Quiero que arreglemos lo nuestro.
- ¿Por qué no empiezas explicándome algunas cosas?. – Bill resopló.
- Te lo diré todo, todo lo que quieras saber y me preguntes. Absolutamente todo. ¿Recuerdas esa caja que me diste hace tiempo?. – Asentí con la cabeza. – Pues, estoy dispuesto a mostrártela. –
Esa caja… quizás que cosas tenia adentro. Había pasado tanto tiempo que incluso se me había olvidado toda la curiosidad que sentía por saber que había allí adentro. Pero ahora era el momento menos indicado para ponerme a pensar sobre eso. Tenía que decirle algo a Bill…
- Am… bien. – Dije, sin sabes exactamente qué estaba diciendo.
- Genial… ¿Puedes ir mañana a mi casa?. - ¿A su casa?. ¿Y para qué?.
- ¿Por qué?. – Fruncí el seño.
- Está tu padre en la tuya… y él me odia. – Hasta aquí había llegado el valiente Bill.
- Dijiste que mi padre no era problema. – Le recordé.
- Mentí. Es un problema muy grande. Ese hombre te protege mucho. – Obvio que me protegía… es mi padre, es su deber.
- Lo sé.
- Entonces… ¿Nos vemos mañana?. – No estaba segura. No quería. Vale, yo deseaba que me diera esas explicaciones, quería arreglar las cosas. Pero no quería que algo más que amistad pasara entre los dos. Y eso era algo que tenía que aclarar en este preciso momento.
- Tal vez no quiera volver a ser tu novia nunca más. – Respondí a la pregunta con otra respuesta. Y entonces, en un descuido… me encontré con los ojos de Bill. Nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos ya no estaban fríos, aunque se notaba… dolido.
- No importa. Quiero que vayas de todas maneras – Suspiré. Tendría que inventar una buena excusa para salir. Asentí con la cabeza sólo una vez. No podía decirle que no a esos ojos… era demasiado débil. Dios, mi corazón saltaba rapidísimo. – Gracias. – Bill acabo por sonreír.
Se acercó a mi… quise alejarme de él, pero me lo impidió sujetándome fuerte. Me desesperé… y justo en el momento en que pensé que todo se echaría aún más a perder… Bill me dio un besito en la mejilla. Quedé medio aturdida y el color rojo se apoderó rápidamente de mis mejillas. Miré instantáneamente al piso.
Bil se separó de mi y me llevó de la mano hacia donde Georg se encontraba… estaba solo, haciendo nada... mientras bebía algo.
- Aquí está. – Bill soltó mi mano. Me sentí un poco mal al separarme de él… quizás quería seguir “bailando”. – Nos vemos. – Me dijo. Luego le sonrió a Georg, chocaron las manos… y Bill se fue. Se veía tan hermoso con traje. Se me hizo inevitable seguirlo con la mirada hasta que salió del lugar… se iba a casa. Simone salio un minuto después… se estaban yendo temprano.
El resto de la “fiesta”, se me hizo aburrida. Luego de conversar un par de palabras más con Georg, me fui a ver a papá y a Juliette. Me di cuenta de que Seli estaba hablando con uno de los primos de Emilie… de los primos lejanos. Que coincidencia que ese primo lejano hubiese sido justamente el primo lejano más guapo. Seli no tenía remedio.
En cierta forma, me sentía feliz de que iba a arreglar las cosas con Bill, pero me ponía tan nerviosa juntarme con él mañana… ¿Y si me daba miedo y no iba?. Bill se enojaría para siempre conmigo. Era mejor si iba a su casa y veía de una buena vez que era lo que había adentro de esa maldita caja que tantos problemas me había causado.
Llegué a casa muy tarde, con ganas de nada. Juliette y papá iban a pasar la noche en otro lugar… querían estar solos.
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