14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 76

Capitulo 163.

La expresión de Bill se paralizo, se alejó de mi… y mientras lo hacía comenzó a bajar mi camiseta que anteriormente el mismo había subido.
- ¿Qué… qué pasa?. – Se corrió, para ya no estar encima de mi y quedarse sentado a mi lado en la cama, observándome. ¿Puedo ser más tonta?, no podía hacer nada que no fuese llorar y estaba segura de que Bill no tenía idea de porqué me comportaba así, yo no se lo había dicho. En realidad, no se lo había dicho a nadie. ¡Lo creía olvidado!, pero no… no era así. Yo había podido olvidarlo, aún lo recordaba perfectamente, todo… estaba tan nítido en mi mente. - ¿Karla?... amor, lo siento. – Llevó sus manos a mi rostro. No era su culpa, él… él no sabía. – Lo siento, lo siento mucho… - Me levantó, tomándome de los brazos. Quedé sentada en la cama, no sabía que hacer, los recuerdos volvían una y otra vez y yo no podía manejarlos, no podía evitar recordar todo eso. Me desesperaba… las sensaciones que invadían mi cuerpo no me dejaba pensar, ni poder reaccionar… tenía la impresión de que no podría dejar de llorar. – No llores, por favor… - Secó algunas lágrimas con sus manos. – No se volverá a repetir, lo prometo… pero tranquilízate. – No podía tranquilizarme. De verdad yo no… no podía. Por más que quiciera aclarar mi mente no podía olvidarme de eso. Bill, de alguna forma me había hecho recordar ese horrible momento. Negué con la cabeza sólo una vez, sin poder dejar de llorar, con esa mezcla de sentimientos en mi interior… Enonces Bill me rodeó con sus brazos. Como un acto reflejo quise alejarme de él, pero luego me dejé abrazar. Una de las manos de Bill fue directo a mi cabello y comenzó a acariciar mi cabeza meitras yo seguía llorando. – Tranquila… amor, no se volverá a repetir, lo prometo. – habló con voz suave. Ni siquiera esa voz tan dulce lograba hacerme sentir mejor. ¡No podía sentirme mejor!. Comencé a llorar más fuerte. - ¿Qué tienes?... me preocupes, Karla… ¿Qué pasa?. – Rodeé su cuello con mis brazos, yo podía confiar en él, no me iba a hacer daño… no. Él se había equivocado, cualquiera se equivoca… no pasaba nada. – Amor, ¿por qué lloras?. – Negué con la cabeza, no quería decirle… me avergonzaba, no. Me hacía sentir sucia, culpable… no podía contarle algo así a Bill. ¿Y si después dejaba de quererme por eso?... después yo le daría asco, repulción todo se acabaría entre nosotros. No… no podía. – Puedes confiar en mi, amor… - Intenté separar mi rostro de su camiseta, quizás para mirarme, pero yo no se lo permití, apretándolo mucho más fuerte contra mi. – Karla… sabes que yo te quiero mucho, amor, no me gusta que esté así. – Tragó saliva, lo sentí. – Quizás… quizás yo pueda ayudarte. Si es algún problema podemos solucionarlo juntos, hermosa… pero deja de llorar, por favor. – Comenzó a acariciar mi cabello de nuevo. – Estoy contigo, te quiero mucho… y si quieres desahogarte puedes confiar en mí. – Siguió hablando bajito. ¿Y si se lo decía?... no, no… eso era arriesgar demasiado. No podía decírselo, definitivamente no podía. Aunque el secreto me hiciera mal… Sabía que a veces desahogándose y contando las cosas… era mucho mejor, y también ayudaba a sobrellevar todo. Pero es que… argh, no podía. Y Bill… él era tan bueno conmigo… pero, pero él… me había contado un secreto, me había dicho lo que había pasado con Annie, me había contado la historia, había cofiado en mí. ¿Por qué yo no podía hacer lo mismo?, ¿contarle mi historia?, ¿lo que me había pasado a mí?... no, no, no quería perderlo. No podía perderlo por algo así. – Dimelo… ¿qué es lo que pasa?. – Nuevamente intentó separar mi rostro de su cuerpo, para mirarme, esta vez lo consiguió. Hipé, dejando de sollozar. Seguramente tenía un rostro horrible.
- Es… una historia fea. – Volví a llorar. Bill intentó limpiar mis lágrimas en vano. Observé su expresi´´on, esa mueca torcida y sus ojos… sus ojos no me gustaron para nada. No sabría describirlos.
- Puedes contármela, amor… estoy aquí para ti, para escucharte, mi vida… puedo ayudarte, ¿quieres?. – Negué con la cabeza. Me daba demasiada vergüenza, no…
- Na… die… nadie lo… lo sabe. – Dije entre sollozos escondiendo nuevamente mi cabeza en su camiseta.
- Me estás asustando. – Volvió a separarme de él. – Dime que pasó. Lo miré, hipando y sollozando como loca. Negué con la cabeza. – Dímelo, Karla. – su tono de voz había cambiado notablemente… a un too muy rudo, y eso me asustó.
- No… puedo. – Seguí llorando. Él sujetaba mi rostro entre sus manos. Cerré los ojos, no e gustaba ver su rostro preocupado.
- Dímelo. – Volvió a insistir. – Vas a decírmelo. – Volví a negar. - ¿Me quieres verdad?. – Volví a abrir los ojos, para mirarlo. Bill estaba loco. ¿Cómo no lo iba a querer?. Era totalmente ovbio que yo lo quería… Asentí con la cabeza. ¿A caso cabía alguna duda sobre eso?. – Entonces dímelo. No me preocupes, no me hagas sentir mal, por favor. – Su voz volvió a ser dulce. Y yo volví a negar con la cabeza. – Está bien, no me lo digas. Guardatelo todo, deja que te queme por dentro, no te preocupes por mi. – Reprochó, soltando mi rostro. Se hizo a un lado en la cama y se levantó, dejándome allí sola. Me paralicé… ¿Y si se enojaba conmigo por no contarle?, no podía dejar que eso pasara, yo lo quería mucho como para dejar que él se marchara, yo qería que me abrazara y me cuidara y… ¿y si se lo decía?... quizás me comprendía y, no lo sé… me apoyaba con todo esto, me ayudaba a olvidar… Me desesperé cuando vi que Bill iba hacia la puerta, tenía un nudo tan gigante en la garganta que me costaba respirar… incluso me costó poder decir las primeras palabras que mi impulsaban a contar mi secreto…
- Yo tenía nueve años. – Solté de sopetón. Bill se detuvo… y se dio media vuelta para mirarme. Me pasé la mano por la nariz y por los ojos. Intenté reprimir los sollozos y los hipos. – Casi diez. – Seguí.
Bill comenzó a caminar de vuelta hacia mi… volví a limpiarme los ojos. Casi sentí que volvía a entrar a esa época… - Yo era pequeña… - Hipé. – Yo no sabía… - Bill se sentó a mi lado, sentí sus ojos clavados en mi. Los ojos me ardían horriblemente… escocía, dolía. Pero mas dolía por dentro. – O quizás aún no entendía que existieran personas malas en el mundo… - Me limpié los ojos nuevamente. Con la otra mano apreté las sábanas… sintiendo como regresaba a esos días en Lituania… un lugar que nunca me gustó. – Ese día iba a la casa de una amiga después de la escuela. – Aún recordaba todo lo que le había rogado a mi padre para que me dejase ir… incluso me había echado a llorar. Era la primera vez que iría a la casa de una amiga, una compañera de la escula… a jugar. Mientras él trabajaba. – íbamos a jugar con las muñecas. – Me mordí el labio inferior. Aún recordaba a Krystal, con esa expresión desanimada que siempre tenía… ese cabello largo, rubio… y su calma al conversar y al jugar. Según ella, su mamá estaría en casa cuando llegáramos. Y nos prepararía un pastel… nosotras la íbamos a ayudar. Eso me había emocionado mucho. Hacer un pastel… - Y a hacer un paste con su madre. – Respiré profundo. Quería dejar de llorar, para poder darme a entender de mejor manera. Bill tomó mi mano, e hizo que soltara las sábanas… entrelazó nuestros dedos. – Llegamos a su casa… - Recordaba su casa a la perfección, era enorme, muy limpia y también olía delicioso…
Había quedado maravillada al verla. – Estaba su madre. – Una mujer muy simpática, creo. Sóla la vi en esa ocación. Recordaba que llevaba gafas e iba saliendo de su casa a paso rápido. – Nos dijo que iría a comprar cositas para preparar el pastel… - Miré a Bill, y aparté la mirada rápidamente, avergonzada. – Empezamos a jugar a las muñecas, Krystal y yo… ella tenía muchas muñecas. – Y muy lindas, las últimas que habían salido, las mejores. – Jugábamos en el salón. – Inclsuo recordaba la textura de la alfombra… y la mesita de centro a un lado… - Todo iba bien, muy bien… yo estaba feliz. – Sollocé. Me limpié las lágrimas una vez más… - Hasta que…
No. No podía decírselo. No sabía si era capás de hacerlo… me había acobardado.


Capitulo 164.

- Hasta que… - Me animó Bill, acariciando mis dedos con los suyos. Tragué saliva. Negué con la cabeza, intentaba de alguna manera borrar los recuerdos. No quería decíerselo. – Amor…
- No te enojes conmigo. – Y nuevamente, me pasé la mano po los ojos.
- Claro que no… - Sentia su mirada clavada en mi. Me sentía tan… tan avergonzada, tan asquerosa y… argh. Volví a hipar, intenté reprimir sollozos.
- Llegó su padre. – Cerré los ojos con fuerza. Recordaba su rostro, su expresió, sus ojos, su nariz, su bigote, su cigarro, su ropa, sus manos, su olor a humo, la fuerza que tenía, esa voz atormentadora… Lo odiaba, lo odiaba con todo mi ser.
. – Le dijo a Krystal que se fuera a su habitación… ella no… no quería peor él… la empujó y… se la llevó fuera de mi vista. Yo me asusté, y me quise ir… pensé que quizás él la había castigado por algo malo que había hecho… - Susurré, per aún así Bill me pudo escuchar. ¿Cómo podía haber sido tan inocente?. – Cuando regresó le dije que me quería ir. – Apreté los ojos con fuerza, tambien apreté los dedos de Bill, sin darme cuenta. – Él rió. – Jamás olvidaría esa risa, nunca. – Se agachó a mi altura, escupió humo de cigarro en mi rostro… y me… me dijo que… no iba a irme porque…tenía que hacer unas… cosas… antes. – Sentía la sangre abombada en mi cabeza. Me pasé la mano por los ojos de nuevo. – No quería que nada de lo que pasó… pasara, Bill, lo juro. – Ya había comenzado a desesperarme. – No… no quería, no sabía yo… no tenía idea, de verdad que yo no quería. – Lloré más fuerte, llevándome una mano a la boca. No quería contarle lo siguiente, lo que venía después, la otra parte de la historia. Bill se quedó en silencio, quizás esperando a que siguiera con la historia. Pero yo no podía. Así como estaba llorando no podía hablar. Bill me rodeó la espalda con uno de sus brazos, pegándome a su cuerpo.
- Tranquila, amor… - Noté que su voz estaba extraña. Me asusté pero o tuve el valor suficiente para poder mirarlo. – Tranquila… - Susurró. Su tono de voz no me gustaba para nada. - ¿Qué… que pasó después?. ¿Puedes decírmelo?. – Asentí.
Ya había llegado hasta aquí… Quizás Bill ya suponía que era lo que había pasado después. Esperé un momento, un par de minutos, mientras intentaba serenar mi llanto. Bill apretaba levemente mi brazo… quizás inentaba darme ánimos.
- Me persiguió por toda la casa. – Seguí. Hipé. Solté más lágrimas. – Pedí ayuda, pero no había nadie más. – Lo recordaba. Jamás había estado tan asustada… Nunca antes había gritado tanto. – Él cerró la puerta. – Tragué saliva. – Me atrapó… - La voz me salió ahogada. No me había dado cuenta de que estaba respirando tan fuerte. Noté que el cuerpo de Bill estaba rígido. – Le dije… que me dejara. Pero… n… no quiso soltarme. Y… y… quería quitarme la… ropa. – Si. Yo le decía que se apartara, y él me hablaba de lo más tranquilo, preguntándome si quería un cigarro, mientras me tomaba que sus grandes manos y no me dejaba ir. – Yo estaba llorando… y me movía… quería… quiería que me… me dejara. Me quemó mientras me quitaba la camiseta. – Y la cicatriz seguía allí. – Me… di… jo que si… seguía moviéndome… me… me iba a quemar mucho más… más fuerte. Le obedecí. – Ya no quería decir nada más.
- ¿Ese hombre te lastimó?. – Su voz sonó dura, aunque temblaba… ya comenzaba a oir su resppiración. Estaba enojado. No quise mirarlo y me limité a asentir con la cabeza. Mire nuestras manos entrelazadas. Ahora era él quien me apretaba, aunque no sentía el dolor. - ¿No se lo dijiste a Marc?. – Negué. ¿Cómo se lo iba a poder decir?, me daba miedo, vergüenza, no podía.
Ese hombre me había dicho que era mi culpa, que papá se iba a enojar conmigo si se lo decía… que me iba a odiar. Y yo le creí. Me había pasado el resto de la vida preocupada por eso… hasta que me había dado cuenta de que él no se iba a enojar… hasta que tratamos ese tema en la escuela, cuando tenía doce. Pero en ese entonces ya no estábamos en ese país y ya no volveríamos a ver a esa gente nunca más. No valía la pena recordar eso… cuando ya no se podía hacer nada. - ¿Porqué no se lo dijiste, Karla?.
- No… sa… sabía. – En realidad no quería explicárselo. Me sentía demasiado tonta.
- ¿Qué no sabías?. – Su voz seguía igual, estaba asustada. Me limpié los ojos… ya lo había dicho.
- Pensaba que… papá se iba a… enojar conmigo… por… por eso.
- Agh. – Bill soltó mi mano, se separó de mi y se levantó con brusquedar de la cama. Estaba enojado, eso era seguro. Observé sus zapatos… caminaba de un lado a otro, llevándose las manos a la cabeza. Observé su rostro, él no me observaba, miraba hacia arriba, hacia abajo… parecía un león enjaulado. Apretaba las manos en puño, cerraba los ojos, respiraba agitadamente… y yo seguía llorando como si el mundo se fuese a acabar. Pegué un salto al escuchar un fuerte ruido. Miré, pero nada en la habitación había cambiado. - ¿Cómo…?. – No temrinó la pregunta. Seguía con lo mismo. Le dio con el ppie al escritorio. - ¿Cúal era su nombre?. – Preguntó entre dientes.
- No lo…lo s…é. - ¿Y cómo iba a saberlo?.
- No lo…lo s…é. - ¿Y cómo iba a saberlo?.
Bill se detuvo. Lo miré hacia arriva… me llevé una gran sorpresa al darme cuenta de que sus ojos estaban húmedos. Bajé la mirada, totalmente avergonzada. Ahora no sabría como mirarlo a la cara.
- Marc es idiota, ¿cómo no se dio cuenta de lo que pasaba?, ¡es tu padre!. – Él no sabía… y no tenía porqué haberse enterado si yo no le había dicho nada.
- Es mi culpa… no suya.
- ¡Claro que no es tu culpa!, Dios, tenías nueve. ¡Nueve años!, una niña de nueve años no tiene responsabilidad sobre su vida. – Negué. Era mi culpa, para empezar, yo no tendría que haber ido a esa casa. – Tengo… tengo que hablar esto con él, Marc me va a escuchar…
- ¡No!. – Lo interrumpí, chillando. – Confié en ti Bill, no puedes decírselo. – Si Bill se ponía así… quizás cómo se pondría papá. No… a demas, seguro se sentía mal y quizas un poco culpable, yo no quería arruinarle estos días tan felices que pasába con Juliette.
- No debiste haber ocultado algo así. – su pecho se infló… y luego soltó todo el aire de sopetón.
- No se… lo digas… - Prácticmanete lo rogué. – Por favor. – Me quité las lagrimas con la mano y pestañeé repetidas veces, todo el tiempo había estado viendo nublado. El rostro de Bill me dejó impactada… estaba rojo, rabioso… su expresión era… era algo que yo nunca antes había visto en él.
- Está bien. Como quieras. – Suspiró. Se llevó las manos al rostro, las dejó caer, y luego me observó desde allí arriba. Tenía la mandíbula tensa y los dientes apretados, yo podía darme cuenta de eso. Hipé y me pasé por milésima vez la mano por los ojos. – Ese hijo de p…
- Calmete, Bill. – Lo iterrumpí. Si se ponía agresivo lo único que lograría sería hacerme sentir mucho peor. – Ya está hecho. – Solté con un hilo de voz. – No hay vuelta atrás, hay que olvidarlo. – Eso era lo que me había repetido muchas veces anteriormente. Muchas.
- ¿Cómo puedes decir eso?. – Espetó. - ¿Te dás cuenta de que ese hombre te…te…?
- Lo sé. – Lo interrumpí. – Pero ya pasó. – Intenté dejar de llorar. A lo mejor así a Bill se le quitaba la rabia. – No… hay nada que hacer ahora. – Bill suspiró. Volvió a sentarse a mi lado en la cama… apoyó los codados en las rodillas y su frente sobre sus manos.
- Tienes razón… - Murmuró en esa misma posición. Se quedo quieto, durante un tiempo que se me hizo eterno. Yo intentaba dejar de llorar… ahora tenía que ser fuerte. Ya había vivido con eso un montón de años y podía seguir con eso. No tenía que llorar más.
Bill se enderezó, me observó durante un par de segundos. – Lo siento mucho, mi amor… - Me rodeó con sus brazos, pegándome a su cuerpo. – Lo siento tanto. – Me apretó entre sus brazos. Me dejé abrazar… me hacía sentir protegida. Almenos… al menos no se había enojado conmigo.
Sentí como me besaba en la cabeza… y yo, como estaba tan sumamente sensible, comencé a llorar de nuevo.
Capitulo 165.

Tardé un poco en calmarme. Bill no dejó en ningún momento de decirme palabras bonitas, intentando consolarme. No pudimos ir a la cena en mi casa… ya que luego de haber estado deshidratándome me quedé dormida. Pero no hubo problema… al menos papá entendió y no se enojó ni conmigo, ni con Bill. Y eso era algo bueno… íbamos progresando.

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