Bill y yo llevábamos juntos casi un mes, faltaba poco para mi cumpleaños y también para el lanzamiento de humanoide, eso también era muy importante. Nosotros no peleábamos… o a veces sí, pero eran por cosas sin relevancia que acababan con risas y nada más, nos llevábamos excelente, incluso mejor que antes y estábamos muy cercanos. Cada día parecía quererlo más y más… ¡Es que el cariño no tenía límites! Nos veíamos todos los días, a veces yo lo visitaba y otras veces me visitaba él. También a veces me iba a buscar a la escuela y todo eso… y me trataba tan bien. Amaba pasar tiempo con él. Incluso, a veces… cuando tenía exámenes él me ayudaba a estudiar, aunque a decir verdad, no era mucho lo que estudiaba.
Hoy domingo por la tarde, Bill pasaría por mí a las tres, porque iríamos de picnic… a unos de los terrenos que tenían los Kaulitz por aquí cerca de la ciudad. Me duché como siempre solía hacerlo, ttomé una ropa muy bonita que me había comprado en una última salida de compras junto con Emilie. Lo único que me faltaba era arreglar un poco mi piel y cabello. Me haría algo diferente y es que ahora que lo pienso siempre había tenido mis ondas o el pelo lizo. Enchufé el ondulador y mientras se calentaba, pinté mis párpados con un color café muy lindo. En cada punta de mechón en mi cabello hice un rulo muy bien formadito… no me miré generalizando el peinado hasta que acabé y la verdad quedé muy conforme. Bajé a almorzar junto con mi papá, Juliette… Las otras dos habían salido a un control revisar si la bebita de Sam estaba sanita.
Me senté en la mesa junto con ellos y conversamos un buen rato, mi padre seguía un poco receloso con el tema de Bill, pero ya se le pasaría, mucho más si tengo a mi salvadora viviendo con nosotros.
Comí algo apurada, porque quería ir a la lavarme los dientes y esperar a que se me pasasara ese sabor de la boca. Me da algo de vergüenza saludar a Bill con un beso, siendo que tengo sabor a esa pasta dental… se siente pegajoso y iuuu… en fin, tragué, tragué, tragué hasta que por fin mi plato quedó blanco y limpiecito. Lo llevé al lavado de platos y agradecí por la comida, besándole en la frente a Papá y dándole una enrome sonrisa a Juliette.
Una vez lista, me senté en el sofá a esperar… tenía el reloj al frente haciendo tic toc, tic toc… y por fin las tres de la tarde. No tardé en poder ver por el ventanal el auto de mi novio y salí corriendo de la casa.
-¡Adiós papá! – Grité.
Estaba afirmado en la puerta del copiloto con los brazos cruzados y unas gafas de sol… Llevaba puesta la gorra que sujetaba todos sus dreadlooks, me sonrió de medio lado y cuando llegué a él abrió sus brazos para levantarme del piso y darme un corto pero delicioso beso en los labios.
-Hola, preciosa – Me bajó.
-Hola, ¿Cómo estás?
-¿Yo? Muy bien gracias - Abrió la puerta del auto para dejarme pasar - ¿Y tú? – Dijo afirmándose en la puerta.
-Muy bien, y mejor si nos vamos ya – Fruncí el seño.
-Como quieras, amor.
Subió el también al auto, por su puerta por supuesto, me sonrió y luego de prender el motor… tomó una de mis manos acariciándola con ternura…
Vi pasar casas, y más casas… luego de llegar al centro de la cuidad… yo solo miraba por la ventana y es que la verdad no sabía de qué conversarle. Un montón de tientas y edificios que tapaban la vista al sol se fueron desapareciendo, y casi al final del viaje ya iba arrugadita como abuelita por la luz cegadora. Miré a Bill y este tenía la vista puesta en la carretera, se veía muy gracioso serio y me puse a imitarlo. Miré justo al frente y no me moví, sabía que a él le parecería extraño y se fijaría en mí. No me equivoqué al momento después el se quejó… y se intentó hacer el enojado conmigo, pero obviamente yo sabía que lo hacía para asustarme. Afirmé mi mano izquierda al borde del asiento e intenté para darle un besito en la mejilla, pero se hizo a un lado y no me dejó.
-¡Hey! - Me quejé.
-Te burlas de mí – Regañó.
-No, yo solo te intento besar la mejilla, Bill – Y volví a intentarlo, y nuevamente me esquivó estirando el cuello hacía el lado opuesto.
-¡No! ¡Esperarás hasta que yo quiera! – Rió
-¿A sí? – Arqueé una ceja – Pues veremos.
Y luego de un rato cuando yo ya pensaba que Bill había olvidado el tema, fruncí los labios y rápidamente me fui en dirección a él para besarlo… pero fue más rápido y giró su mirada hacia mí y mis labios chocaron con los suyos.
-Eso fue mejor que un beso en la mejilla – Ronroneó y yo me sonrojé.
-Eres un tramposo
-No los soy…
-Si lo eres
-¡No lo soy!
-¡Que si! – Golpeé con mi mano el borde de mi asiento.
-Bueno bueno… pero ya llegamos.
Bajó del auto y fue en dirección a mi puerta. Me ayudó a bajar y luego de darme la mano y cerrar todo muy bien, nos fuimos en dirección a un lugar más indicado.
-¿Trajiste las cosas, Bill?
-Demonios – Susurró.
-Bill, ¿Cómo se supone haremos un picnic si no tenemos co… - Silencié.
Frente a nosotros teníamos una mantita a cuadros blancos y verdes, muy grande y arriba de esta una canasta envuelta en un nailon… seguramente para que no lograra ensuciarse con cosas que vuelan. Miré a mi chico y sonreía, creo que se burlaba de la expresión de mi rostro y sería porque simplemente estaba muy sorprendida con lo inteligente que era.
Nos sentamos uno al frente del otro y el abrió la canasta. Yo miré a mi alrededor y observé lo lindo del paisaje, el aire puro y sin contaminación… El cielo estaba con algo de nubes pero entre ellas dejaban ver un poco de celeste. Más allá y en dirección hacia nosotros se acercaban unas más espesas de color gris… pero faltaba mucho para que llegaran hasta Bill y a mí.
En una fuente blanca con unos dibujos de corazones y flores color palo de rosa, puso muchas frutillas y es que en un día de campo eran infaltables…
-Traje algo para ti – Dijo sonriente.
-¿Qué cosa? – Pregunté curiosa.
-¡Jugo de naranja! – Lo sacó de la canasta, estaba en una botella trasparente algo mojada porque estaba en hielo segura y probablemente para que no se entibiara.
-Uy… gracias – Me mordí el labio. – Huuummm, falta solo que saques chocolate para acompañar las frutillas.
-Bueno en realidad traje crema – Rió y yo me tiré sobre él.
Nos dimos un dulce beso y luego nos sentamos para juguetear todo lo que nos quedaba de tarde con la comida… o arrancábamos pasto y lo lanzábamos mutuamente. Me sentía tan feliz en ese lugar, junto a él… y estoy en un noventainueve coma nueve por ciento segura que él también.
Sentí que una gota calló en mi mano y la observé… luego la volteé dejando mi palma hacia arriba y poder ver mejor. ¡Claro! Comenzó a chispear… Tomamos todas nuestras cosas y salimos corriendo en dirección al automóvil. Pero como la reina de las torpes siempre mete la pata, no podía faltar que tropezara y callera salpicando fango en todas direcciones. Dejó las cosas nuevamente en el piso y me ayudó a poner de pié, pero cuando iba tomar mis manos, las levanté al airé y salpiqué su camisa, giró la cabeza hacia un lado, con tono de ‘’todo lo que haces tiene consecuencias’’ tomó un poco de tierra con agua y me la lanzó en mi pantalón NUEVO. No fue tanto tampoco… pero pasamos el momento de gracia, de seguro eso se lo diría a todos al llegar a casa.
Llegamos al auto y subimos sin antes dejar todas las cosas en la cajuela de este. Acomodé mi cabello que estaba algo mojado y le sonreí mientras encendía el motor. Tal como lo hice de ida, me iba mirando por la ventana y esta vez no lo molesté para que no se pusiera nervioso manejando.
Me gustaba Bill, realmente me gustaba, me gustba ver su rostro de perfil mientras manejaba con los ojos clavados en la carretera. Me gustaba observarlo morderse los labios o mojarlos con su lengua. Es sexy…y es tan lindo, en especial cuando me sonrié y me mira de reojo de vez en cuando…
Fui reconociendo las calles que estaban cerca de nuestras casas. Y a juzgar por la calle que tomó… y el movimiento del tránsito creo que pasaríamos a su casa primero… Y así fue, nos detuvimos ante su jardín un poco encima del estacionamiento que había.
Capitulo 162.
- ¿Vamos a tu casa?. – Pregunté, a las ocho teníamos que ir a casa para la cena, incluso Simone estaba invitada… pero faltaban un par de horas para eso.
-¿Acompáñame adentro si? – Hizo ojitos, a esos que no le puedo decir que no. Asentí. Siempre que íbamos a su casa lo pasábamos genial. Siempre encontrabamos que hacer… a veces jugábamos a las carreras de motos, o de coche y esas cosas, otras veces veíamos películas o por último podíamos mirar TV mientras no besábamos como los grandes idiotas que éramos, esta vez… Bill podía cambiarse de ropa y después podíamos esperar hasta las ocho para ir a la cena. Nos bajamos del coche, cerramos las puertas y luego nos acercamos a la casa.
Bill picó el timbre repetidas veces, pero al parecer no había nadie.
- Que extraño… - Dijo mientras sacaba las llaves del bolsillo trasero de su pantalón. – Seguro se fueron antes. – me miró. Me encogí de hombros, yo no sabía nada de nada… pero tampco me molestaba que se hubiesen ido antes… Bill y yo podríamos estar solos y pasar esas dos horas juntos sin ser molestados. Entramos en la casa cogidos de la mano y subimos las escaleras despacito. Es que había tanto silencio en ese lugar que daba miedo…
Nos metimos en su habitación y para terminar todo el tema silencioso, Bill encendió la radio… yo me encargué de sintonizarla en alguna emisora con esas canciones cursis… es que no podí decidir que CD escuchar, entre todos los que Bill tenía. Mi novio por mientras se cambió de ropa. Me había dicho que me podía prestar algo… pero daah… el barro se había secado con el camino y ya no pasaba nada. Mientras esperaba a que el regresara encendí el portátil, entré a Internet para entretenerme un poco y pasar el rato… entonces él regresó. Lo observé. ¡Se veía tan lindo!, incluso se había soltado las rastas, se veía estupendo. Le sonreí, él me devolvió la sonrisa… sentí que me derretía. Y después, como pude, aparté la mirada de él y la concentré en el portátil, para apagarlo. Cuando quité la vista del aparato me di cuenta de que Bill ya se había lanzado sobre su cama, boca abajo y tenía la cabeza enterrada en la almohada. Sonreí, estaba cansado. Me acerqué a él y me senté a su lado…. Y con mucho cuidado comencé a tomar sus rastas, jugando con ellas.
- ¿Qué haces?. – Me preguntó. Su voz se escuchó graciosa, la almohada le daba un sonido gracioso.
- Me aburro, Bill. – Lo piqué, es que… si nos íbamos a quedar así todo el tiempo…
Bill giró la cabeza y me miró divertido, con una sonrisa en sus labios. Lo observé como una boba, estoy segura…
- Entonces ven acá… - Tiró de mi, haciéndome caer sobre él. Reí… que tonto era a veces, y que brusco… Pero de odas formas era una lindura.
- Bill… - Me quejé. Entonces él, con un nuevo movimiento torpe y brusco se levantó, levantánome con él. Quedé sentada a su lado sobre la cama.
- Lo siento. – Me miró Bill, directamente a los ojos. Seguía con esa sonrisita en su rostro. – Es que… es que nada. – Se encogió de hombros divertido. Reí. Entonces él me tomó de la cintura y me pegó mucho a su cuerpo, para luego comenzar a besarme. No fue un beso tímido, como la mayoría de las veces, claro que no. Creo que Bill ya me tenía mucha confianza o que se yo… a demás, yo no me quejaba, a mi me gustaba besarlo. Pasé mis manos por alrededor de su cuello, pegándolo más a mi. Me gustaba que nuestros besos se volvieran cada vez más intensos, comenzaba a sentir cosas extrañas en el cuerpo, pero eran cosas agradables. Nos separamos un momento para tomar un poco de aire, ¡esto de besarnos aquí nos quitaba la respiración!, a demás, sentía las mejillas enrojecidas.
No tardamos en volver a lo nuestro, Bill con sus manos comenzó a acariciar mi espalda despacio, de arriba hacia abajo, rodeando mi cintura por encima de mi camisa… no me molestaba, él ya lo había hecho otras veces… pero aún así me ponía muy nerviosa, y bastante torpe. Bill cada vez fue acercándose más y más a mi, estábamos tan juntos que me vi obligada a echarme hacia atrás y más hacia atrás, hasta acabar recostada sobre la cama. Dios, como me gustaba sentir el piercing de Bill.
Ni siquiera me di cuenta cundo Bill dejó de besarme en la boca y comenzó a besarme cerca del oído… bajando hacia mi cuello despacio, me estremecí, sintiendo sus manos heladas en mi espalda, en mi cintura, bajo mi camiseta…
Fue en ese momento cuando caí en la cuenta de que Bill estaba sobre mi, dejándome prisionera entre la cama y su cuerpo, mientras me tocaba y me besaba. Me paralicé, abrí los ojos como platos cuando sentí como mi camiseta subía… las manos se Bill no estaban quietas y eso me hizo recordar… algo que no tenía que recordar. Intenté quitar esos pensamientos de mi cabeza, pero no pude evitar sentirme mal y comenzar a temblar… los ojos se me llenaron de lágrimas. Esto no podía estar pasando… me había costado tanto olvidarlo y superarlo… y ahora… ahora… ahora me sentía sucia, avergonzada. Bill no podía tocarme, no de esa manera.
Intenté decirle que se detuviera, pero estaba tan paralizada que lo único que pude hacer fue soltar un jadeo, mientras una lágrima se deslizaba despacio por mi cien. ¿Por qué me pasaba esto?. Bill no tendría que… él no.
Sus labios volvieron a subir por mi cuello, para apresar los míos nuevamente, sus manos cada vez se acercaban más y más a zonas prohibidas y yo cada vez estaba más y más desesperada y avergonzada. Que me dejara de una vez…
Y como su hubiese escuchado mis plegarias, sus manos se quedaron quietas, y despegó ligeramente nuestros labios. Aunque él aún seguía con los ojos cerrados…
- ¿Qué pasa?. – Preguntó. Su voz estaba extraña. Rozó sus labios con los míos despacio… pero ni siquiera pude disfrutar del contacto. El corazón me andaba tán rápido y me estaba costando tanto respirar. Iba a comenzar a llorar en cualquier momento.
- De… déjame. – Se me quebró la voz. Pero al menos pude decírselo… ahora… ahora él sólo tenía que alejarse de mí.
- ¿Q…qué?. – Separó su rostro del mío, observándome desde arriba con expresión confundida. – Karla, ¿Qué…?
- Aléjate de mi. – Solté brusca, comenzando a llorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario