14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 69

Capitulo 151.

Intenté dormir pero se me hizo imposible. Primero, porque no podía dejar de pensar en “eso” y segundo, porque estaba al lado de Bill, y eso me ponía demasiado nerviosa. Estuve mucho tiempo en silencio, escuchando el corazón su palpitar dentro de su pecho y sintiendo su rítmica respiración. Eso, de cierta forma me relajó, pero aún así no tenía sueño. Hubo un momento en el que comencé a jugar con mis dedos en su camiseta, pensando alguna solución para su sufrimiento. Nada se me venía a la cabeza, no sabía que hacer para que se sintiera mejor. Quizás podíamos… salir a alguna parte, divertiros. Podía invitarlo a tomarnos un helado. Argh, pero soy tan tonta… con eso no podría alegrarse, no. Si no había podido superarlo en ¿tres años?, no podría superarlo ahora comiendo un helado conmigo. Tal vez… si yo lo ayudaba… como amiga, digo. Porque no seríamos nada más. Bill amaba a Annie y amaría para siempre a Annie y yo… tenía que esforzarme en verlo solamente como a un amigo y nada más. A no ser que… no, imposible. Bill la quería sólo a ella, no había espacio para mi. No.
Bill se acomodó, apretando más mi cuerpo, incluso soltó un pequeño ruidito entre sueños. Me aliviaba que ya no llorara. Verlo tan mal me ponía… peor. Argh. Encima yo… que tonta soy. ¿Cómo podíamos ser amigos si a mi Bill me gustaba?. Las amistades así no funcionan, pero tampoco lo dejaría sólo. Ni pensarlo.
Pegué un salto a escuchar como la puerta se abría. Miré enseguida a quien estaba allí, rogando e mi interior que no fuese Simone… después le decía a papá y…
No, no era Simone. Era Tom. Suspiré aliviada… aún así las mejillas las sentí arder. ¡Tom me veía abrazada a Bill!, encima él estaba durmiendo. Me incorporé rápidamente, hasta quedar sentada en la cama.
- ¿Karlie?. – Dijo Tom impresionado. Me dieron ganas de decirle que no era yo, que era otra persona. ¿Quién más podría ser? Pff. Pero en vez de eso, me quedé muda, con las mejillas totalmente rojas.
- Am.. – Solté una risita nerviosa. – Hola, Tom. – Bill se movió a mi lado, lo miré, temiendo que se hubiese despertado. En efecto, estaba despierto… había sido culpa de Tom. Pude ver la confusión en los ojos de Bill al verme a su lado, pero luego simplemente me sonrió y se incorporó para mirar a su hermano.
- ¿Qué haces aquí?. – Le preguntó con voz ronca, voz de haber estado durmiendo hace poquito.
- ¿Qué hace Karlie aquí?. – Respondió Tom con otra pregunta. Bill frunció el ceño.
- Estaba… conmigo. – Acabó por encogerse de hombros. – Nos arreglamos. – Me dio mucha más vergüenza al ver la enorme sonrisa que se dibujó en los labios de Tom.
- ¿Así que ahora vuelven a ser…?
- Amigos. – Lo corté. – Somos amigos. – Me sentí mal al decir eso, y me sentí mucho peor al ver la expresión de Bill. Tom tomó el pomo de la puerta y miró hacia el pasillo.
- Como sea…- Suspiró. – Venía llegando, pero me voy de nuevo a ver a mis chicas. – Nos guiñó un ojo, y antes de que me pudiera despedir, cerró la puerta.
Miré a Bill, sintiéndome sumamente culpable por no querer ser su novia de nuevo. Pero es que yo no quería… por más que Bill me gustara, yo no quería volver a ser su novia. Me quedé en silencio observando su rostro, él miraba algún punto invisible frente a él. Se tardó en un poco en clavar sus ojos en mi, para mirarme. Se aclaró la garganta y yo intenté no mirarlo directo a los ojos.
- Supongo que… nada, no importa, no pasa nada. - Comenzó a avanzar en a cama, para bajarse y quedar de pie a un lado. - ¿Quieres comer algo?, ¿tienes hambre?. – Negué con la cabeza.
- No, gracias, Bill. – Me levanté de la cama, poniéndome de pie a su lado.
- Pff. Vamos a comer igual, porque yo si tengo hambre. Se agachó para recoger la caja. Me dio una puntara en el pecho al ver ese objeto y llegué a temblar del miedo que me daba al pensar que Bill podía volver a llorar por eso. Todo era muy reciente. Avanzó co la caja hacia el armario y la dejó en el mismo lugar en que estaba antes. Acto seguido, dio media vuelta y me sonrió. – Vamos… - Me animó yendo hacia la puerta. No es que no me quisiera quedar mas tiempo con el, pero es que necesitaba regresar a casa para la cena, ni siquiera sabía que hora era, había perdido la noción del tiempo. Bajamos las escaleras, él delante de mi y nos metimos en la cocina. Simone aún no había llegado.
- Y bien… ¿Qué quieres comer?. – Me preguntó, apoyándose en uno de los muebles.
- Yo… en realidad no tengo hambre, y tengo que llegar a casa para la cena… - Evité encontrarme con sus mirada a toda costa.
- Aún es temprano… ¿Quieres galletas?, mamá las hizo en a mañana. – Bill se dirigió hacia uno de los muebles, lo abrió y de allí sacó un frasco de vidrio, muy bonito y grande, repleto de galletas. Lo dejó sobre la mesa y le quitó la tapa, después volvió a cogerlo y lo puso frente a mi. ¿Cómo resistirme a unas galletitas hechas por Simone?. Metí la mano dentro del frasco y saqué una galleta.
- Gracias…
- Están deliciosas, ya verás. – A la velocidad de la luz sacó una galleta y se la llevó a la boca. - ¿Quieres mirar TV por mientras?. – Mordí la galleta. Yo tenía que irme, papá me iba a retar si no le decía donde estaba, a lo mejor Emilie ya había llegado a casa y argh, que lío se armaría si él se daba cuenta de que había estado con Bill.
- Tengo que irme, Bill, yo…
- No quiero que te vayas. – Me cortó. - ¿Puedes quedarte conmigo un poco más?. – Lo pensé unos segundos… pero no podía resistirme a eso.
Estuvimos mirando TV hasta que dieron las siete de la tarde. Estuvimos conversando sobre estupideces y riéndonos. Había olvidado lo divertido que era estar con Bill. Aunque también, argh, odio admitir esto pero… también me daban ganas de besarlo. Ya, lo dije. Quedaba como una boba observándolo hablar.
Me sentí orgullosa de mi misma al hacerlo reír tantas veces. Si podía hacerlo feliz por un momento, aunque fuese pequeñito, estaba bien.
Esperé a Bill mientras él iba a buscar mi bolso que se había quedado en su habitación, no tardó en bajar…
- ¿De verdad no quieres que te vaya a dejar?. – Me dio el bolso. Aish, Bill era tan caballero… pero no podía ir a dejarme, papá se daría cuenta de que había estado con él y esa sería mi muerte, y probablemente también la muerte de Bill. Era mejor si papá se enteraba de todo cuando yo se lo dijera, quizás después de la cena, cuando él miraba la TV y se relajaba…
- No es necesario. Gracias de todos modos. – Le sonreí.
- ¿Podemos vernos otro dia, Karla?. – Me preguntó mientras caminábamos hacia la puerta. – Mañana quizás o…
- Mañana está bien. – Lo corté. Bill abrió la puerta y yo me puse de puntitas para darle un beso en la mejilla.
- Bien, adios. – Me sonrió. – Y gracias…
- Adiós, Bill… nos vemos. – Sonreí ampliamente y salí de la casa. Él cerró la puerta a mis espaldas. Hablar con Bill no estaba tan mal… me gustaba, me gustaba mucho.
Capitulo 152.

- ¿A dónde vas, Karlie?. – Me preguntó papá asomándose de la cocina, justo antes de que yo pudiera abrir la puerta y salir.
- Am… emm… yo iba a… - Reí nerviosa. Aún no le había dicho lo de Bill. – A… la casa de Andreas. Es que vamos a estar con Emilie y los chicos y… - Papa alzó una ceja, yo no era una buena mentirosa y él me conocía lo suficiente como para saber que le estaba mintiendo.
- Creí que Emilie hoy iría donde su padre. – Abrí los ojos como platos...
- Eh… pero… ella volverá temprano, la vamos a estar esperando. – Seguí con la mentira. Papá entrecerró los ojos y luego asintió con la cabeza una sola vez.
- Bien… diviértete. – Pude notar en su voz, que él no creía nada de lo que le había dicho. Me apresuré en salir rápido de la casa y cerrar a puerta. Eran cerca de las cuatro de la tarde, y creo que ya era hora de ir a visitar a Bill. Habíamos quedado en que nos veríamos hoy y yo no pensaba faltar.
Hubiese sido más fácil salir de casa si le hubiese dicho a papá que Bill y yo éramos amigos. Pero es que… los adultos estaban tan concentrados en “hacer planes” para el futuro que no se dio la oportunidad. Los abuelos, tía Marie e incluso su esposo, ayudaban a papá y a Juliette a decidirse por un modelo de casa. Ahora viviríamos todos juntos… todos coincidían en que la casa tendría que ser grande, muy grande. Porque, para empezar, seríamos una familia grande… y como a veces teníamos visitas… planeaban hacerla a las afueras de la ciudad, y vender estas dos casa (la de Juliette y papá), o quizás dejar una, no lo sé… eso aún no lo decidían. Lo que si sabía era que mi habitación tendría un balcón y seria muy amplia. Es que yo la había pedido así. A demás, tendría un armario enorme… La de Emilie iba a estar justo enfrente de la mía y seria igual, sólo que sin un balcón.
En realidad, no me agradaba la idea de dejar esta casa e irme a las afueras de la ciudad. Si me iba a vivir allá, se me haría más difícil ir a la escuela, ir al estudio, a la discográfica… y lo peor: quedaría muy lejos de Bill. Tendría que tomar por lo menos dos autobuses para llegar, si no, tenía que caminar demasiado.
A todo esto… mi familia venida de Noruega se iría mañana. Y yo tenía que ir a despedirlos.
Piqué al timbre de la casa de los Kaulitz. Antes, obviamente, me aseguré de que no papá no me estuviese espiando.
Simone me abrió la puerta.
- Hola, Karlie… ¿Cómo estás, querida?. – Sonreí. No sabía si era buena idea que Simone supiera de mi amistad con Bill, podía decirle a papá. Bah, no importaba. Hoy mismo se lo decía y el problema se acababa.
- Muy bien…
- Pasa. – Se hizo a un lado en la puerta y la cerró tras de mi.
- ¿Buscas a Tom?. – Me preguntó, con esa misma sonrisa cálida de siempre.
- No… - Reí. – Vengo a visitar a Bill.
- ¿A Bill?. – Preguntó sorprendida. Yo asentí.
- Si, mamá, viene a visitarme. – Miré hacia las escaleras… allí estaba Bill. No supe en que momento bajó, lo que si sabía era que Bill se veía realmente hermoso. Es que Bill era muy hermoso.
- Ah… - Simone nos miró intermitentemente a Bill y a mi. Es que ya todos sabía que nuestra ruptura y esas cosas, al parecer Simone no podía creer que nosotros nos lleváramos bien. – Que… bien. Diviértanse. – Nos sonrió antes de dar media vuelta hacia el salón. La TV estaba encendida en uno de esos canales de cocina, donde enseña a cocinar cosas riquísimas… seguro Simone estaba viendo eso, a Juliette también le gustaban esos programas.
- Hola… - Bill se acercó a mi, para seguidamente darme un beso en la mejilla. Me ruboricé… y su sonrisa al separarnos hizo que me pusiera muy nerviosa. - ¿Cómo amaneciste hoy?. – Me preguntó con esa misma sonrisa. Sonreí para él.
- Excelente. ¿Y tú?.
- Mejor. – Se encogió de hombros. Ese “mejor” no me gustó para nada. No supe que decir… - Vamos, ven. – Bill no tardó e tomarme de la mano y subir las escaleras conmigo hasta meternos en su habitación. Bill cerró la puerta… entonces la curiosidad despertó en mi y me fui directo al primer mueble que estaba al lado de la puerta, para comenzar a examina sus CD’s y ese tipo de cosas. Bill se sentó sobre su cama.
- Tienes muchos… - Comenté.
- Y tu eres una intrusa. – Se burló. No, yo no era intrusa, sólo estaba mirando sin tocar.
- Es que… tu habitación es interesante. – Murmuré.
- Interesante… - Repitió Bill desde su lugar en la cama. - ¿Cómo les fue con la maqueta?. - ¿Y él cómo lo sabía?. Oh, Tom… seguro lo había mencionado en alguna conversación. A demás caro, habíamos ocupado el estudio de Tokio Hotel para grabar nuestras canciones.
- Interesante… - Repitió Bill desde su lugar en la cama. - ¿Cómo les fue con la maqueta?. - ¿Y él cómo lo sabía?. Oh, Tom… seguro lo había mencionado en alguna conversación. A demás caro, habíamos ocupado el estudio de Tokio Hotel para grabar nuestras canciones.
- Bien. – Sonreí, pasando la vista por un poster o algo así que había pegado en la pared. – Los productores dijeron que estaba muy bien y trabajarían con nosotras. Aunque creo que le harán algunos arreglos.
- ¿Aún no hay contrato?. – Preguntó. Yo negué con la cabeza.
- Nos citarán para eso…
- Hum.. ya veo. Seguro sus canciones son buenas. ¿Sólo guitarras y voz?. – Asentí. – Mmm… estoy seguro de que arreglarán sus canciones.
- ¿Arreglarlas?. – Le pregunté, desviando la mirada de las cosas geniales de su habitación y mirándolo con los ojos entrecerrados.
- Ponerles una batería, por ejemplo… o cambiar alguna letra – Se encogió de hombros. Oh, se refería a eso… - ¿No te gusta la idea?. – Me preguntó al ver mi expresión.
- No es eso… es que… no lo había pensado. – Me mordí el labio inferior. – Pero nos preguntarán antes ¿verdad?.
- Si. – Bill asintió con la cabeza. Bien… en ese caso, no era tan terrible.
- ¿Y tu nuevo album?. – Cambié el tema.
- Nuestro… - Corrigió. – Va bien… aunque… necesitamos un nombre y es urgente. Estamos terminando de grabar las canciones y aún no sabemos como llamarlo. – Di con su escritorio, sobre él había un pequeño portátil encendido.
- ¿Y qué ideas tienes?. ¿Puedo?. – Le pregunté, señalando al aparato.
- Claro. – Me senté en la silla y enseguida abrí una página de Internet. – Todo lo que hemos pensado lo hemos descartado. Necesitamos algo que sea diferente, no lo sé. El album será en inglés y alemán, por separado. Queremos que el nombre del álbum sea igual en los dos idiomas.
- Mm… es difícil.
- Lo sé. – Bill rió. Me fijé en la pantalla… estaba en la página de inicio. Me llamó la atención algo que se encontraba de lado derecho, era como una especie de publicidad. Algo de robótica, yo conocía eso… lo había visto en la escuela cuando llegué a Alemania. - ¿Qué es eso?. – Me preguntó Bill, no supe en qué momento había llegado a mi lado.

Capitulo 153.

Me puse muy nerviosa al sentirlo tan cerca de mi… su cabeza estaba justo al lado de la mía y miraba la pantalla.
- ¿Qué es qué?. – Le pregunté sin entender.
- Eso… - Bill señaló la misma publicidad que yo anteriormente estaba mirando. Ahh, eso. Ese robot, un humanoide… los que se parecen a las personas, pero no son personas porque no tienen sentimientos.
- Ah, eso es un humanoide. Son como personas robots, pero no son personas en realidad. – Lo miré, él estaba muy cerca de mi, aunque con la vista clavada en la pantalla. – Los científicos podrían hacer que tuvieran el sentido del tacto, del gusto y todo eso, incluso algunos caminan… ¿Te fijas que tienen cuatro extremidades y la cabeza?, Esa es la semejanza con los humanos… pero como el robot no puede tener sentimientos… es un humanoide. O algo así nos explicaron en la escuela, ya casi no lo recuerdo. – Solté una risita.
- Es como un humano, pero no es un humano. – Afirmó Bill. Yo asentí con la cabeza. – Es interesante… - Murmuró.
- Lo sé. – Bill clavó sus ojos en mi. Ya no me parecía un robot… tampoco me parecía automático, había dejado de verlo de esa manera, aunque estaba segura de que tanto Emilie como quienes no conocían esa historia lo seguían viendo igual de frío y distante, como siempre. Bill no era automático, porque él si tenía sentimientos, si tenía amor… es sólo que estaba muy triste. Me sentí culpable por haberlo catalogado como algo que no era e incluso haber inventado una canción.
- Como en las historietas de ciencia ficción. – Bill seguía pensado lo mismo.
- Los humanoides son automáticos. – Reí. Yo sabía que Bill tenía claro que Emilie lo notaba muy automático e incluso se lo había dicho un par de veces.
- Emilie me llama así. – Rió conmigo.
- Si… es que a veces te ves así. – Bil dejó de reír al instante y yo me de cuenta de que la había cagado. Se separó un poco de mi, enderezándose, quedando mucho más alto que yo sentada en su silla de escritorio.
- ¿Cómo así?. – Preguntó serio. Lo miré directo a los ojos, pero me obligué a aparar la vista cuando comencé a sentir cosas extrañas en el estómago.
- Automático. – Me sonrojé, estaba segura.
- ¿Por qué?. – Volvió a preguntar.
- Porque… A veces… te ves diferente, distante, frío… no hablas o simplemente te dedicas a hacer cosas por hacer y nada más. – Bill me miró entrecerrando los ojos. – No sé como explicártelo, en realidad. – Suspiré.
- ¿Tú también me ves así?. – Otra pregunta más. ¿Y ahora qué le decía?. Me llevé una mano al cuello, sintiéndome nerviosa y un poco avergonzada. Tragué saliva.
- Sólo un poquito. – Mentí. – Pero fue antes… ya no. – Me apresuré en dejarle claro lo último.
- ¿Eso es malo?. – Y otra pregunta más. Me encogí de hombros… ahora, mirándolo desde esta perspectiva, no me parecía malo. Creo.
- No… no lo creo. – Volví a enrojecer.
- ¿Para ti es malo?. – Negué con la cabeza.
- No. – No podía ser malo… A demás, Bill ya no me parecía automático. Él si tenía sentimientos y me lo había dejado muy claro. – Esto… - Hablé, antes de que él hiciera otra pregunta. Pero nuevamente, él me ganó.
- No te comprendo, ¿cómo…?.
- Hice una canción. – Lo corté. – Puedo dártela, es tuya… quizás ahí puedas comprenderlo más. – Me dio mucha vergüenza decir eso, ni siquiera lo había pensado. Me acomodé un mechón detrás de la oreja, mirando mis pies. – Puedes pasar a buscarla mañana en mi casa. – Ahora, si o si, tenía que decirle a papá que Bill y yo éramos amigos. Yo y mi gran bocota.
- ¿Estás segura que quieres dármela?. – estuve a punto de negarme, pero asentí.
- Si… a demás, ya no me pareces automático y… - dudé un poco. – Ya no quiero tener esa canción. – No la quiero tener porque me hace sentir muy culpable.
- Ok… entonces… podía ir a buscarla después de almuerzo. – Alcé la cabeza para dedicarle una sonrisa.
- Es una buena canción.
- Estoy seguro de eso. – Me devolvió la sonrisa. Después de esa conversación, seguimos charlando sobre estupideces y cosas graciosas, mientras veíamos videos en Internet. Videos de nuestros artitas favoritos. Simone nos trajo alrededor de las cinco, unos pastelitos de limón con un vaso coca-cola para cada uno. Con Bill lo pasaba muy bien… su compañía era agradable. Aunque, debo admitir, que me moría de ganas de darle un abrazo y apretarlo y quererlo y… y besarlo y… argh. Sabía que no podía hacer eso, pero es que era tan… agh.
- ¿Puedo pedirte algo?. – Me preguntó antes de que saliéramos de su habitación. Yo tenía que irme a casa…
- Claro. – Le sonreí. Bill se mordió los labios, miró por un segundo hacia la ventana y finalmente clavó sus ojos en mi.
- ¿Puedes acompañarme al cementerio… mañana?. - ¿Al… cemen… terio?. Pestañeé un par de veces, jamás pensé que Bill me invitaría a un lugar como ese.
- ¿Po… por qué?. – Sabía el porqué, pero quería estar segura.
- Quiero ver a Annie. – Murmuró. – Y necesito que estés conmigo, ¿puedes?. – Asentí sólo una vez con la cabeza, bajando la mirada. No supe la razón exacta, pero la garganta se me cerró y me costó un poco respirar.
- Eh… si. – Sonreí de medio lado, aunque estaba segura de que él no podía mirarme. Me preguntaba porqué Tom no lo acompañaba.
- Te lo pido a ti porque… no lo sé. Quiero que vayas conmigo.
- ¿Por qué yo?. – Volví a preguntar. La verdad es que la idea de ir a un cementerio me aterraba. En toda mi vida había pisado “tierras de cementerio” sólo cinco veces, y esas cinco veces habían sido para visitar a mi madre.
- Porque Tom ya está cansado de que le pida que me acompañe y luego me arrepienta y acabe no entrando. – Habló rápidamente.
- Ah… era sólo una duda. – Me estremecí de pies a cabeza. Es que los cementerios me parecía lugares tan tristes y silenciosos. – Si te acompañaré Bill. – Claro que lo acompañaría, si yo lo iba a apoyar en todo de ahora en adelante.
- Gracias. – No lo vi venir, ni siquiera me di cuenta cuando ya estaba siendo apretujada entre sus brazos. – Muchas gracias… esto es muy importante para mi. – Me separó de su cuerpo. Mi rostro quedó justo frente al suyo. Enrojecí… me estremecí debido al nerviosismo… Y Bill volvió a dejarme en el piso.
Me acompañó hasta la puerta.
- Entonces… ¿Nos vemos mañana?. – Me preguntó, justo al momento en que me daba un beso en la mejilla.
- Si… mañana. – Le sonreí ampliamente. – Adios.
- Adios. – Me devolvió la sonrisa. Que lindo era cuando sonreía.

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