14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 48

Capitulo 113: Hasta el otro año… o hasta que tengas otro accidente.

- ¿Estás segura de que metiste todo en tu maleta?. – Le preguntaba por milésima vez tía Marie a Seli.
- Si, mamá. – Le contestó ya cansada. Yo observaba todo el panorama entando sentada en una silla, en la cocina, tomando mi desayuno. Ya se iba mi familia.. y volveríamos a ser papá y yo en esta casa. Me sentía n poco angustiada con su partida. Algo me iba a faltar. Había estado pocos días con nosotros… pero yo ya me había acostumbrado a tenerlos aquí. Y bueno… a Seli igual.
- Mira, que si se te queda algo no quiero que después lloriquees. Siempre se te queda algo hija, ve a revisar.
- Ya fui.
- ¿Segura?. – Tía Marie esa muy, muy insistente.
- Que si, ya te dijo que si… ahora deja que la pobre se relaje, ¿si?. Tenemos un vuelo que tomar en una hora. – La interrumpió el abuelo, que según yo tenía entendido, venía bajando las escaleras. Pues o había escuchado. Me llevé la taza a la boca y me tomé un sorbo de leche. Había hablado con Bill hacía tan solo… una hora. A penas me había despertado. Él me había llamado, como adivinando que yo ya estaba despierta. Había hablado con él, y le había contado que me quedaría sola… claramente él me había consolado diciéndome que iba a estar con Emilie hasta que él regresara. Y es que los días se me hacían tan largos… él se había ido el 28 de diciembre y era recién 2 de enero… esos pocos días me habían parecido una semana entera. Seguramente las semana y poco que quedaba para que Bill llegara me parecería una eternidad. Los días se me volvían extremadamente lentos si él no estaba.
- ¿Terminaste?. – La retiró la taza se la mesa en menos de un segundo. Tardé un poco en reaccionar.
- Si. – Contesté. Pero al parecer ella ya no me prestaba atención.
- ¡Marc!, ¡ven a buscar a Karlie para dejarla en el coche, que ya está lista!. – O tal vez si me estaba poniendo atención.
Papá no tardó el venir.
Luego, nos acomodamos de la siguiente manera: Papá y tía Marie en los asientos delanteros, con Seli y yo en los de atrás. Como no cabían más aquí, y tampoco cabía más equipaje, llamamos a un taxi. En el que se fueron el esposo de tía Marie y los abuelos… Hacia el aeropuerto, claro. Una vez allí, nos bajamos todos. Como yo podía estar de pie, pero sin moverme, me quedé sujeta de un lado del coche mientras todos se despedían. Hasta aquí los dejaríamos, pues era mucho trabajo llevarme hasta adentro del edificio.
Algo me oprimía el pecho. No quería que se fueran… bueno, ayer si lo quería, un poquito… pero ahora… Ojala se quedaran para siempre… eran mi familia y no era lindo tenerlos lejos… Pero tampoco es que lo fuera a decir, y mucho menos iba a llorar. Porque yo no era de esas personas que lloraban en las despedidas. Ya me había despedido muchas veces, de muchos lugares y muchas personas, y jamás había llorado. Creo. Si, creo. A demás volvería a verlos… tampoco es que se fueran para siempre. Como con Bill… él también iba a regresar, aunque más pronto.
- Bien… - Tía Marie se balanceó sobre sus talones, mordiéndose el labio inferior. Soltó la mano de su esposo. – Ya nos vamos. - Y luego todos nos quedamos en silencio. Reí, del puro nerviosismo, y los abuelos me siguieron.
- Ay, adiós hija. – No asó ni medio segundo y mi abuela ya me estrangulaba con sus brazos, apretujándome el cuerpo. Que bueno que si me había tomado los calmantes, que las costillas no estaban sanas aún.
- Adiós, abuela. – Le dije, abrazándola yo también, y el parte, sosteniéndome de ella.
- Que te vaya bien en la escuela, ahora que estarás en casa estudiando quiero que tengas buenas notas y…
- Si, sé, abu, lo sé… - La corté, antes que siguiera con el resto de las recomendaciones.
- Recuerda mirar a ambos lados ates de cruzar la calle, hazle caso a tu padre y trata bien a Bill que es un buen chico. – Abrí los ojos como platos y la miré sorprendida. A mi abuela le caía bien mi… novio. Wow. – Ah, y suerte con la música, Emilie me comentó algunas cosas que…
- Ya, ya basta, deja de asfixiar a la pobre chica. – La voz de mi abuelo interrumpió la escena. – Es mi turno. Y vamos a perder el avión si no te apuras en despedirte. – Le reclamó. La abuela me dio un sonoro beso en la mejilla y luego se separó de mi y fue donde papá.
- Adiós. – Fue todo lo que él me dijo, para luego apretujarme casi tan fuerte como la abuela.
- Te voy a extrañar.
- Nosotros también te extraeremos. – Me sonrió y se separó de mi. No sin antes darme un beso… Pero esta vez fue en la frente.
- ¡Karlie, querida!. – Tía Marie casi empujó al abuelo. Y recibí 3l tercer abrazo del día…
- ¡Tía Marie!.
- Uy, te extrañaré, mocosa… Pero ya nos veremos. – Me plantó un beso en la mejilla y se separó de mi, aunque aún cogiéndome de la cintura. Observé su sonrisa y sus arruguitas en los ojos que recién comenzaban a aparecer. – hasta el otro año.
- …O hasta que tengas otro accidente. – Quién había interrumpido había sido Seli. Yo sólo me reí. No iba a reclamarle por eso… a demás, el comentario me había parecido gracioso.
- Bye, prima. – Seli puse sus manos sobre mis hombros y se acercó a mi hasta chocar mejilla con mejilla. Y luego del otro lado. – Dale saludos a Bill. – Dijo finalmente, al separarse. Tampoco me iba a enojar por eso. ¿Por qué?... porque ella estaría en Noruega. Lejos de aquí.
- Estoy segura de que se pondrá contentísimo al escuchar tus saludos. – La chica me fulminó con la mirada. Pero yo aparté mis ojos de ella y los calvé en su padre. Nos despedimos, claro… Luego volví a despedirme de los abuelos y tía Marie… hasta que tuvieron que irse. Nos hicieron señas de adiós con las manos, a mi y a papá, hasta que entraron al aeropuerto. Y luego papá me metió dentro del coche. No me sentía muy bien, que digamos. Era angustioso tener que despedirse de ellos. Desde chiquita, siempre era así. Pero luego, en el resto del año, me olvidaba de cómo era su compañía… y ya no los extrañaba tanto.
- Y… Karlie. – Me llamó papá. - ¿Qué quieres almorzar?. ¿Quieres que llamemos a Emilie?, ¿o… solo quieres un jugo de naranja?. – Lo observé con una sonrisa. Fui a contestarle… pero justo en ese momento mi móvil comenzó a sonar.
Observé la pantalla y no pude evitar sonreír. Era justo lo que necesitaba.
Capitulo 114: Cuenta regresiva para el regreso de Bill.

- ¡Buaah! Tu casa no es la misma sin toda esa gente… está todo tan silencioso. – Comentó Emilie mirando hacia los lados, como en las caricaturas. Ella tenía razón, toda la razón. Estaba acostumbrada a estar todo el día en mi casa… y claro… ambas ya nos habíamos acostumbrado a tener más gente por aquí. A demás, estábamos las dos solas, pues papá había saludo con Juliette y Sam estaba en la casa de unas amigas. Incluso Emilie en algún momento había tenido planes de salir con Andreas, pero se había quedado conmigo y había renunciado a su cita para cuidarme. Emilie era una buena amiga-hermana. Aunque a partir de mañana no necesitaría de sus cuidados… pues, ya tendría una enfermera. Y luego, en una semana más, tendría profesores… como papá había dicho. Habría toda clase de extraños dando vueltas por mi casa. Era de lo peor. ¡Como una escuela, pero en casa!, la peor pesadilla hecha realidad. No es que prefiere repetir curso, pero es que… buah, menos más solo será por poco tiempo, creo… hasta vacaciones de verano. O quizás antes, despendiendo de mi estado, de mi pierna, mis huesos… Y es que nadie me mandó a cruzar a calle sin mirar en ese momento. Aunque… mirándole el lado bueno al asunto, el accidente podría haber sido peor… y a lo mejor yo no habría podido pasar unas navidades tan bonitas, con Bill, papá, mi familia, Emilie, Juliette, Sam y su bebé, Tom…
- Los extraño… - Lamenté. Y eso fue lo único que contesté. Quería ir a Noruega, hacía tiempo que no pasaba por allá.
- Se fueron ayer, Karlie… ¡uy!- Saltó, de repente. – Y Seli… ¡Como la odio!, ¡Y es que es tan tooonta!.
- Ella es así. – Reí – Ya no pede cambiar. Solo… tienes que acostumbrarte a sus idioteces y no creer mucho lo que dice.
- Lo sé… pero es que, ¿Cómo es que ni siquiera se parecen?... y eso que son primas… Es como… a ver… tú eres un pan dulce, una dona. – Me apuntó. – Y ella… es como el juego de limón. O… tú eres el helado y ella es la galleta desabrida que va abajo. ¿Me entiendes?. – Alcé una ceja y la observé. Al parecer hablaba enserio. Emilie y sus cosas… extrañas. Siempre tenía algún comentario gracioso… o que en ocasiones daban miedo.
- Am… bueno… No lo sé. – Me encogí de hombros. Tampoco iba a darle la razón: Primero, porque Seli… aunque fuese una pesada, era mi prima. Y segundo, porque yo no era dulce. ¡Pero si yo era de los más desabrido!, a demás de torpe y todo lo demás. Si yo ni siquiera sé porqué Bill se fijó en una persona tan altamente estúpida y con una grado de torpeza y mala suerte taaan grande, como yo. Allá él y sus gustos, mejor para mí.
… Y hablando de Bill… el muy dulce, porque él si que era una persona dulce de verdad, me había llamado a peas desperté, como todos los días. Era genial hablar con él todas las mañanas, me alegraba el día y se me volvía más soportable su ausencia. Él me contaba sobre sus vacaciones, las islas y todo eso. Incluso me había contado sobre unas fotos que salían en Internet… ya estaban en todos los medios… me dijo que las buscara para que viera que tal estaba su traje de baño. Y buscaría las fotos, pero más tarde… ahora no quería encender el aparatito, ni conectarme a Internet, ni nada de eso…
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el timbre. En seguida Emilie se levantó del sillón para ir a abrir la puerta. Era Andreas. Entró en mi casa con la excusa de “si no puedo ver una película en el cine a solas con Emilie, la veremos en tu casa mientras te cuidamos”. Acabamos viendo una película, a más bien, sólo la vi yo. Los dos tortolitos se comieron la boca mutuamente durante todo el tiempo que duró la película y yo me sentí incómoda. Como para no sentirse incómoda…
Cuando la película acabó Se separaron un momento. Yo no los quise mirar, y me hice la dormida…
… Lo extraño fue que por hacerme la dormida, terminé durmiéndome de verdad.
Desperté la mañana siguiente, en mi habitación. No supe en que momento me habían trasladado hacia el piso de arriba, pero tampoco me importaba mucho. Ese día, lunes cinco de Enero, busqué las fotos en Internet. Su traje de baño me gustó… pero eso no fue lo único que me gustó. Já. Y había una polémica inmensa entre las fans… sobre las rastas de Bill. Aunque no le di mucha importancia a ese asunto. Él día entero me lo pasé sola, escuchando música en mi habitación. Emilie había salido con Andreas y papá con su novia estaban muy ocupados como para prestarme atención. La enfermera no se había presentado a trabajar, y papá había buscado otra que entraría a trabajar en dos días.
El día seis, me despertó la llamada de Bill, lo primero que me dijo fue: faltan 4 días para vernos. Y luego estuvimos hablando durante cuarenta y seis minutos, justos. Él día pasó sin novedad. Ah, si, Emilie me contó sobre Andreas… me contó TODO sobre Andreas. Me dijo que él hacía pinturas, que tenía un hamster que siempre se le escapaba, que tenía un perrito que se hacía popo en la alfombra y que daba ricos besos. Cosas sin importancia. Yo bien sabía que Bill daba los mejores besos del mundo, así que no me sorprendía lo que Emilie me comentaba… ella jamás había besado a Bill, por lo que no sabía lo que se sentía.
El miércoles siete, a primera hora, tenía a una enfermera regordeta y de cabello rojizo, dándome las pastillas y vistiéndome para que papá me llevara al hospital. Estuve medio día metida allí, mientras me revisaban. La lesión de la muñeca ya estaba sana… aunque los huesos estaban en la mitad de proceso de sanación o curación o recuperación… o como se llame. Las costillas eran las que mejor iban, lo que sanaría más lento sería la pierna.
Cunado me fui a dormir, la enfermera también me ayudó. Y se sintió extraño. Papá la había contratado hasta las nueve de la noche, y según él, esa era la hora en que yo tendría que estar en la cama. Por ahora le obedecería. Sólo por ahora.
El jueves, desperté más feliz que de costumbre, aunque con la idea en la cabeza de que no necesitaba una enfermera. Estaba feliz porque Bill llegaría el sábado y faltaba poco tiempo. Y no necesitaba a la enfermera, pues no tenía dolores. Solamente necesitaba ayuda para levantarme e irme a dormir… pero papá me convenció de que luego, cuando él y Juliette estuviesen en su trabajo, ella me cuidaría. La mujer, llamada Margaret, me comenzaba a caer bien… era simpática y me sonreía siempre… A demás de que me conversaba cualquier cosa graciosa y me hacía reír. Ahora era ella quién me hacía reír… y no Emilie. Ella estaba muy ocupada con Andreas.
El viernes… viernes nueve. Desperté mucho más feliz Y como me desperté antes de lo usual, fui yo quien llamó a Bill. Él se puso muy contento y hablamos unos cuantos minutos. Mañana nos veríamos. Él estaba tan emocionado como yo… pero yo un poquito más que él… Bill volvía y el aburrimiento desaparecía.
Me pasé el día pensando en él… y en que en cuanto llegara me daría un beso mucho más rico que los que Andreas le daba a Emilie. Oh, rayos… y es que soy una idiota enamorada. No voy a mentir, me había pasado el día completo escuchando sus canciones, viendo sus videos y sus fotos. Parecía una fan. Creo que me estaba convirtiendo en una fan.

Llegó la noche… y me fui a dormir. Soñé con Bill, fue un sueño un tanto extraño porque había un circo mezclado con un escenario y un sótano. Bill y yo cantábamos allí y el publico nos aplaudía. Entre el público estaban mis antiguos amigos… con los cuales no hablabas desde hacía mucho tiempo. Los extrañaba.

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