14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 38


No llores más… Lo siento, lo siento mucho… — pasó su mano por mi frente, apartado los cabellos húmedos de mi rostro. Me mordí el labio inferior, sintiéndome completamente ridícula por estar llorando en una situación así. Pero es que no lo podía soportar… era tantos sentimientos juntos que… que… Dios, no podía con todo eso. A demás, ni siquiera podía pensar con claridad, el nudo que tenía en la garganta me ahogaba y se me hacía imposible contener los sollozos y retener las lágrimas. Y es que a demás de la emoción que sentía por el momento, la angustia y el miedo se habían hecho presentes. Yo sentía un cariño inmenso por Bill, pero es que no podía… por más que quisiera yo… no. Bill susurró algo que no entendí. Él seguía secando mis lágrimas suavemente con sus dedos, mientras yo me deshidrataba a más no poder. - ¿Quieres que me vaya?. – Preguntó luego de un momento, en el que sólo se escuchaban mis sollozos ridículos y sinsentido en la habitación. No respondí, no podía hacerlo… y al parecer él acabó pensando que mi silencio era una afirmación, pues quitó su mano de mi rostro y se levantó del piso, donde anteriormente había estado agachado para quedar a mi altura. – Discúlpame, no volveré a molestarte… Pero no llores más, por favor… - Se me vino algo a la cabeza justo en ese momento. Hacía un tiempo yo le había dicho a Bill algo parecido. Ahora cambiábamos los roles. – Yo… Discúlpame de verdad por haber venido a despertarte… Me… me voy para que te quedes más tranquila. – Tragué saliva costosamente. ¡Se iba!, no se podía ir. ¡Es que él no entendía nada!. Escuché sus pasos alejarse, yo no podía ver nada ya que tenía los ojos llenos de lágrimas y era de noche. Y entonces me entró el miedo… ¿Y si se iba y no volvía a hablarme?... ¿Y si en realidad estaba enojado conmigo por yo ser tan cobarde y echarme a llorar en vez de responder lo que él quería?, ¿qué pasaba si volvía a ser automático?, ¿si desde mañana decidía ignorarme por no haber contestado? Eso me dolería… y mucho.
- No. – Solté, hablando en un tono no adecuado para esas horas de la noche. La voz me había salido temblorosa y de lo peor.
- ¿Di… jiste algo?. - ¿Se estaba burlando de mi o se hacía el idiota?. De todos modos…
- No te vayas. – Esta vez susurré. Estaba segura de que no me había escuchado del todo bien, puesto a que ni siquiera yo había escuchado mis propias palabras. Y él se quedó en silencio, no dijo nada… Me pasé una mano por los ojos y me di cuenta de que estaba temblado. ¿Y si perdía a Bill?, por fin lo tenía... así. Y no es que yo hubiese querido enamorarlo, como había dicho Tom… Las cosas se habían dado. Y es que no sé si tenía más miedo a perderlo, o a esa fobia estúpida que me perseguía. Yo no podría soportar que Bill comenzara a tratarme mal de nuevo, a pelearse conmigo y gritarme… a burlarse de mí. Me había dado cuenta de que debajo de ese Bill automático, había uno mucho más hermoso… y me daba miedo perderlo.
Como no escuché ningún otro ruido a demás de mis sollozos en la habitación, me asusté. ¿Y si se había ido?. ¡No!, y es que no se podía ir… Yo… tenía que… decirle… que… decirle que…
Me di cuenta de que había dejado de llorar. Y aguantando la respiración, para no soltar otro sollozo, me incorporé en la cama rápidamente, hasta quedar sentada. No me había dado cuenta de que podía hacer eso… Un dolor agudo me atravesó el costado. ¡El coso ese para el dolor!, había olvidado la pastilla de la noche. Pero eso no importaba ahora, los dolores físicos ya no parecían doler tanto.
Me quité las sábanas de encima… y luego me limpié las lágrimas con las manos. Me vi obligada a respirar y soltar un corto sollozo. Miré la habitación… ¡Veía todo nublado!, y la luz de lo faroles de la calle no alumbraban nada.
Puse la pierna sana en el suelo. Que helado estaba, dios… Y luego moví e cuerpo, llevando a la piernota y el yeso conmigo. Como me dolían las costillas… que mal que esas malditas cosas no se pueden inmovilizar. ¿Cómo podía buscar a Bill así?. Argh. Me quejé.
- ¿Qué haces?. – La voz de Bill me hizo dar un salto. No se había ido… sus pasos se acercaron rápidamente y en menos de dos segundos ya lo podía distinguir… medio deforme y nublado… pero allí estaba. – Si te levantas, te vas a enfermar… - Murmuró agachándose. Cogió mi pierna y la puso sobre la cama. Me sonrojé. Y luego él me cubrió las piernas con las sábanas. Más arriba no podía llegar, ya que yo estaba sentada. Suspiré. Sentía reseca la piel del rostro, como tirante, no me gustaba. Seguro era por las lágrimas que ya se me habían secado sobre el rostro.
Jo… pobre Bill, tenía que ver mi rostro después de llorar. Podría apostar a que tenía los ojos, la nariz, el borde de los labios y las mejillas rojas. Siempre me ponía así de fea cuando lloraba. A demás, sentía mechones de pelo pegados a la cara. Bill se sentó sobre la cama, me podía ver de frente, pero yo miraba las sábanas. Dios, que avergonzada me sentía. ¿Cómo podía ser tan inmadura?. Ahora me daba vergüenza hablarle.
- ¿Puedes quedarte?. – Pregunté bajito. Voz más horrible no podía haber tenido. Me había salido temblorosa, a demás, no había sido con mi tono de voz. Tragué saliva y me aclaré la garganta.
- Si puedo… - Contestó como si yo fuese una niña pequeña… hablando co una voz extremadamente amable, no típica de él. – Sólo si tu quieres. – Asentí con la cabeza y pestañeé un par de veces. Entonces me di cuenta de que ya podía enfocar bien la vista. Lo miré, sin querer chocarme con sus ojos, pero no pude evitar darme cuenta de que estaban… húmedos y un poco rojos. Seguro no tanto como los míos… pero… argh. Me habían entrado ganas de llorar otra vez. Tensé la mandíbula y apreté los dientes, intentando aguantarme. Bajé la mirada. - ¿Estás mejor?. – Asentí con la cabeza. Sentí sus manos en mi rostro, despegado los mechones de cabello que se me habían pegado a la piel. – Así te ves mas bonita… - Pff. Claro. Bonita… después de haber llorado… como no. No opuse resistencia cuando él alzó mi rostro y me obligó a mirarlo. – Regálame una sonrisa. – Murmuró.
Estaba lejos de mí, aún así me estremecí. Intenté sonreír, pero sólo salió una extraña mueca. – Así está mejor… - No supe porqué se me cayeron una dos lágrimas más. Él las limpió con sus dedos. – Ya, ya… no vas a seguir… - Negué con la cabeza. Bill era tan dulce… y lindo conmigo… Pero sólo cuando estábamos solos. No lo entendía, y creo que jamás podré entenderlo. Y es que me gustaba tanto que él me tratara así. - ¿Tienes sueño?. – Asentí. - ¿Quieres que me va…?
- No, quédate conmigo. – Me trabé en todas las palabras.
- Bien… - Murmuró. – Entonces… te haré dormir, ¿de acuerdo?. – Asentí. Entonces él se levantó de la cama y se sentó en mi misma dirección. Yo no hice nada, ni siquiera me moví. Hasta que él me cogió por los hombros y tiró de mi hacia atrás, hasta que quedé con la espalda sobre… sobre su pecho. Me estremecí. Pero ni siquiera sentí miedo. Me di cuenta de que su cabeza estaba apoyada en la pared. Bill me arropó con las sábanas hasta el cuello y me rodeó con sus brazos. Me sentí cómoda, nerviosa… podía sentir su respiración sobre mi cabeza.¿Y ahora cómo le decía que si quería ser su novia?. Me mordí el labio inferior… y giré mi cabeza hacia un lado, para estar más cómoda. Pude escuchar los latidos rápidos de su corazón. Eran casi tan desenfrenados como los míos en ese momento.
Capitulo 87: No me lo podía creer.

No alcanzaron a pasar cinco segundos completos, cuando sus dedos ya comenzaban a jugar con los mechones de mi cabello. Sus latidos seguían rápidos y su respiración era fuerte. En cambio yo… con suerte podía pasar aire a los pulmones, de lo nerviosa que estaba.
Me acomodé mejor, moviéndome un poco, pero él siguió como si nada hubiese pasado. Lo que él hacía me parecía un gesto tan bonito… no podía evitar sentirme querida… sentirme llena. Me hacía sentir bien, muy, muy bien… feliz. Más que eso. ¿Si éramos novios él siempre sería así de lindo conmigo?. Cerré los y cogí todo el aire que pude, lo retuve en mis pulmones por un momento. Al menos no se había enojado… podíamos ser amigos. Bah, no creo que pudiéramos ser amigos después de lo de hoy, digo, lo de ayer y hoy… es que me moriría de vergüenza cada vez que lo viese a la cara. Suspiré. A lo mejor, como él es tan extraño… en este momento no se había enojado, pero luego… quizás por la mañana no me hablaba. No podría soportar eso. Pero es que todo era tan simple y difícil a la vez… Yo tampoco podía ser su novia porque me “daba pánico”, bueno… se suponía que tendría que darme pánico, siempre me había asustado pensar en cosas así… aunque no sentía el miedo estando con él. Pero… es que… era difícil. A demás, yo siempre había pensado que jamás tendría algún tipo de relación, más que amistad con un hombre… Y… y Bill era tres años mayor. A lo mejor tenía otros intereses y yo… yo no. Me estremecí de sólo pensarlo. ¡Y es que lo quería tanto!, pero no podía…
Yo… NO. Estaba pensando todo mal, no estaba viviendo. Tenía que hacer lo que Emilie me había dicho: dejar actuar al corazón y no pensar… si pensaba demasiado no viviría la vida. Y es que hacer eso me costaba tanto… Tenía que dejar de pensar en mis miedos, olvidarme de ellos y sólo concentrarme en lo que yo relame sentía. ¿Y qué mejor que olvidar mis miedos con Bill?... él me quería, me lo había dicho, y no me asustaba que se acercara demasiado… era extraño pero… pero es que Bill es especial, por eso es que yo lo amo.
Bostecé. Ya no me quedaban ni ánimos ni fuerzas para pensar. Sin darme cuenta, pasé un brazo sobre Bill y lo abracé… cuando me di cuenta de lo que había hecho, me puse rígida como una tabla y enrojecí al instante. Pero él no dijo nada… Siguió jugueteando con mi cabello como si nada hubiese pasado, pero yo no pude relajarme por completo.
Cerré los ojos, no quería dormir aún, pero el sueño podía conmigo y no me dejaba pensar… a demás, los ojos me ardían.
Bill me quería… comenzaba a amarme… y no era porque Tom le hababa todo el tiempo de mi, él me lo había dicho y yo confiaba en él… si.
Ahora… ahora dime que me amas. ¿Me amas?. – No me dio tiempo a contestar, pues me besó de nuevo. – Yo… yo estoy empezando a amarte, me estoy enamorando de ti. Tu… tu me amas. ¿Me amas, verdad?, dime que me amas…
Sus palabras aún resonaban en mi cabeza una y otra vez… Empezando a amarme. Algo es algo…Incluso era más de lo que yo podría haber esperado.
El amor es lo más bonito que hay en el mundo… Después de Bill.
Volví a bostezar y esta vez los ojos se me llenaron de lágrimas.
¿Y si jamás volvía a preguntarme si quería ser su novia?... Habría desperdiciado la única oportunidad que tenía por una fobia estúpida. Eso no podía ser… ¡Encima me había echado a llorar!. Seguro Bill ahora pensaba que yo no quería ser su novia y que para no contestarle había hecho ese show y… No, él no podía pensar eso. Estoy segura de que él sabe que yo no soy de ese tipo de personas. Suspiré. Él corazón aún me andaba tan rápido… y el de Bill ya había tomado el ritmo normal, yo escuchaba sus latidos, incluso su respiración… y me encantaba. No era automático, no era un robot… había una corazón latente allí dentro. Esta vez él suspiró.
Esta vez él suspiró. Dios… no lo quería perder, no quería perder la oportunidad de estar con él, y es que él es tan lindo comigo y yo lo quiero tanto…
- Bill… - Lo llamé, hablando bajito. En seguida me arrepentí de haberlo hecho.
- ¿Si?. – Respondió en el mismo tono, sin dejar de jugar con mi cabello entre sus dedos. Abrí los ojos y miré la oscuridad.
- Te… te quiero mucho. – Repetí lo que antes había dicho, quizás para recordarselo… o para que me contestara que él también y me preguntara si es que yo quería ser su novia. Pero él no me dijo nada. Su única respuesta fue abrazarme más fuerte y dejar de juguetear con los mechones de mi cabello. Pude sentir como su corazón se aceleraba y él dejaba de respirar por un momento. Aún así me llené de angustia… como ya habían pasado muchos segundos, pensé que él no me constataría nada… pero no fue así.
- Yo también te quiero mucho. – Casi no pude oírlo, pero logré entender lo que me estaba diciendo. Mi corazón andaba como loco… y las mejillas se me encendieron por milésima vez en esa noche.
Ahora o nunca.
Vamos, Karla, tu puedes…
¡Ánimo, Karla, ánimo!
Ahora o nunca, ahora o nunca.
Cerré los ojos, preparándome para lo siguiente.
- Bill… yo si quiero ser tu novia. – Y como siempre, justo y preciso. No sé que me dio por decir eso… pero en seguida un escalofrío me recorrió el cuerpo completo. Me puse nerviosa al instante y sentí que me ardían hasta las orejas. La gran personalidad se me venía en los momentos más extraños.
Sentí el pulso en la cabeza, y se me hizo difícil escuchar los latidos de su corazón… de seguro al pobre ya le iba a dar un infarto y yo estaba igual o peor que él. Esperé… esperé su contestación, pero esta no llegó… y yo, tras cada segundo que pasaba, me ponía más y más nerviosa. ¿Y si ya no quería que yo fuese su novia?. ¡Quien va a querer una novia que ni siquiera se puede mover!, seguro no sabía como decirme que se había arrepentido de todo porque yo…
- ¿Va enserio…?. – Preguntó con un hilo de voz.
- Oye, si no quieres y te arrep…
- No. Yo pesaba que era tú la que no quería, yo si quiero, yo te lo pedí, ¿recuerdas?. – Me cortó. Su voz tenía una pizca de emoción contenida… y de pronto a mí me habían entrado ganas de gritar, pero simplemente me quedé en silencio. ¿Y ahora qué?. Jamás había tenido un novio antes, no sabia que hacer…
“Novios”, que extraño era relacionar esa palabra conmigo. Y es que se me revolvía el estómago y sentía cosquillas por todas partes… estaba muda, nerviosa, emocionada… y con el corazón casi saliéndoseme por la boca.
¡No me lo podía creer!.
Capitulo 88: Beso.

Jamás había estado más nerviosa antes. Quizás también estaba eufórica y emocionada… Y es que incluso sentía algo extraño en el estómago y todo… Las manos me temblaban y creo que el resto de mi cuerpo estaba igual. ¿Qué tenía que hacer ahora?, ¿besarlo?. Intenté, entre el aturdimiento, recordar alguna película o un libro que haya leído… pero no se me venía ninguno a la mente que se ajustara con la situación que estaba viviendo. Miré la habitación, aunque no vi casi nada debido a la oscuridad. Bill seguía sin decir nada, estaba respirando fuertemente… al parecer tenía síntomas parecidos a los míos, aunque no creo que hayan sido tan fuertes… ¿Esto de estar enamorada sería una enfermedad?, a lo mejor sí… lo más extraño es que no podía distinguir si lo que sentía en todo el cuerpo me gustaba o no me gustaba, porque no lo había sentido antes de conocer a Bill. Dios, esto si que era emocionante. Cerré una mano toda temblorosa que tenía sobre Bill, haciendo un puño y cogiendo su camiseta. Bill estaba calentito… aunque llevara poca ropa encima. Sus brazos me apretaron más fuerte y no tardé en sentir el contacto de sus labios en mi cabeza. Se quedó en esa posición durante unos segundos, mientras yo me sentía como una verdadera boba ante el contacto. Y es que me parecía algo tan… tierno y cariñoso… no tenía idea de que Bill podía ser tan… tan así. Cerré los ojos, el nerviosismo ya casi se había ido por completo, ahora el único sentimiento que me llenaba el cuerpo era el amor que sentía hacia Bill, nada más. ¿Y si lo besaba ahora?.
Jo… no… Bill podía enojarse. Es que a veces actuaba tan extraño que… que no sabía que pensar. De todas formas, el cariño hacia él es gigante… y de apoco me acostumbro a su humor tan cambiante. Tampoco es que me fuera a morir por eso… Lo que importa es que él me quiere. ¡Y somos novios!.
De pronto, sentí una de sus manos en mi barbilla, me estremecí… y él elevó un poco mi rostro hasta que pude mirarlo a la cara. Me sonreía. Que sonrisa más bonita… Le devolví la sonrisa un poco cortada, sintiendo como las mejillas comenzaban a arderme. Su rostro se veía mucho más lindo desde la oscuridad, y rogué que por el mismo motivo no se viera el rubor de mis mejillas. Encogí la pierna buena, ansiosa por que me besara, pero él solo soltó una risita… y sin darme cuenta, apreté más su camiseta y me moví rápida y torpemente para acercarme a su rostro, a sus labios. Pero como siempre lo he dicho, soy tan idiota, que lo único que conseguí fue separarnos un poco más. Bill seguía sonriéndome divertido y yo me sentí una ridícula de primera. Bostecé. Y le contagié el bostezo a Bill, sus ojos se llenaron de lágrimas… el pobre tenía sueño… ¡Claro!, pero si había llegado todo lleno de ojeras a casa y hasta había dormida un ratito al lado mío. Me sentí mal por ser la “razón” de que estuviese despierto hasta esta hora. Era mejor que se fuera y se pusiera a dormir, así no estaría tan mal mañana por la mañana, quizás, si estaba de buen humor podíamos estar juntos y…
Corté mis pensamientos al darme cuenta de que él se había acercado a mi y su respiración me llegaba al rostro. Cerré los ojos instintivamente. Estiré los labios, preparándome para el beso… pero el contacto de su boca fue en el lugar equivocado: mi mejilla. Abrí los ojos y fruncí el ceño… el estaba muy cerquita de mi, por lo que sólo rió. Estaba jugando conmigo. Y yo que tenía tantas ganas de besarlo. Bien, cuando él quisiera yo no lo besaría.
Quité mi mano de su camiseta y aparté la suya de mi barbilla, para luego bajar el rostro. No estaba molesta, pero ya no lo iba a besar hasta la mañana porque… porque se había burlado de mi.
- Humm… - Murmuró Bill, intentando cogerme el rostro de nuevo, pero yo le cogí la mano y entrelacé nuestros dedos. Él no dijo nada y se quedó quieto durante unos segundos… hasta que quitó su mano y quiso volver a cogerme de la barbilla, volví a impedírselo y a coger su mano, pero esta vez él me soltó al instante y rodeándome con sus brazos me apretujó besándome repetidas veces la cabeza. No pude evitar reír, ignorando el dolor en el costado. – Dame un besito. – Reclamó, hablando bajito. Claro, ahora era él el ansioso por los besos. Bostezó… y yo no le contesté, ni siquiera me moví… Igual, era poco lo que me podía mover, ya que me tenía atrapada entre sus brazos y ante cualquier movimiento yo empezaría a gritar como loca por no tomarme las pastillas “anti-dolor” o no se como se llamaban. Me besó la cabeza de nuevo. No me apretujaba con mala intención, eso era seguro. – Hermosa… ¿Estás enojada?. – Siguió hablando en susurros. Negué con la cabeza, Soltado un suspiro. Auch. Bill me soltó en ese instante, como si me hubiese leído la mente y luego intentó cogerme el rostro de nuevo.
Esta vez lo dejé, y cerré los ojos antes de mirar que cara tenía. No tardó ni medio segundo en juntar sus labios con los míos.
Comenzamos a besarnos como desesperados… Pero poco duró todo eso… ya que minutos después, el sueño pudo con nosotros y nos acomodamos para dormir.


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