- ¿Y después?. – Emilie me miraba con ojos suplicante, queriendo que le contara hasta el más mínimo detalle de mi salida de ayer con Bill.
- Después de que dejamos a Juliette en el trabajo, nos fuimos a comer. Porque ya era hora del almorzar. Bill conocía un lugar estupendo. Según él, quiso cuidarme y no me llevó a comer comida chatarra… pero igual acabamos comiendo un gran trozo de pastel para el postre. Yo quería helado… me hacía mucho frío y Bill no quiso. La comida fue genial. Bill estuvo todo el tiempo observándome con esos ojitos hermosos. – Me di vueltas en la cama, quedando tumbada de espaldas. – Y es que es tan bonito. – Apretujé la almohada que tenía entre mis brazos.
- ¿Y después?.
- Después… después comenzó a llover. Bill no pude llevarme a ese lugar especial que me llevaría. ¿Recuerdas que te lo dije?.
- Si. – contestó rápidamente. - ¿Y eso fue todo?.
- No. – Reí. – Después fuimos al cine. Vimos una película de terror y fue genial, porque habían poquísimas personas en la sala. Y es que fuimos al cine más alejado de la ciudad y encubiertos. Tu sabes. – Bill tenía que andar tapado casi por completo, por obligación… después aparecía algún paparazzi o que se yo. – No entraré en detalles.
- ¡Sucia!. – Chilló Emilie.
- ¡Hey!. – Le grité. -No vengas con esas cosas… no pienses así de mí. – Me llevé la mano al pecho.
- Vale, vale. – Rió. - ¿Y después?.
- Después vimos otra película. Y después nos fuimos. Y… ¡Adivina!. – Amplié aún más mi sonrisa.
- Ammm…
- Vale, no adivines, yo te lo diré. – Volví a enderezarme en la cama. – Cuando nos subimos en el coche, Bill sacó un regalo. – Entrecerré los ojos.
- ¡Un regalo!. ¡Aww!. Y… Y… ¿Qué era?.
- Era… - Cerré los ojos. – Un pequeño leoncito de peluche. – Emilie abrió los ojos como platos.
- ¿No me digas que es… este?. – Tomó el leoncito que estaba sobre mi cama. Asentí. – ¡Está genial!, ya decía yo que no había visto a esta cosita antes. – murmuró. Apretujando el león. – Huele rico.
- Lo sé. – Tomé a guitarra que estaba a un lado de la cama y la acomodé en mis piernas. Había estado practicando minutos antes de que Emilie llegara. Bill me había llamado, y me había dicho que se pasaría por aquí en a noche… ya que tenía cosas que hacer.
- ¿Y ya tiene nombre?.- Me preguntó. Asentí con la cabeza. Recordado la noche anterior.
- ¿Y como lo llamarás, amor?. – Me preguntó Bill, tenía su rostro muy cerca del mío, aunque yo tenía los ojos clavados en mi nuevo regalo.
- Lo llamaré… es un chico, lo llamaré… ¡Ay, no lo sé!. – Me quejé, apretujando levemente el peluche entre mis manos.
- ¿Quieres que te ayude a escoger un nombre?.
- Claro, eres su padre, tienes que opinar. – Murmuré. Luego de haber dicho que Bill era su padre, me entró la vergüenza y se me subió el color a las mejillas.
- Amm… bien, yo quiero que se llame…
- Max, ¿te gusta Max?. – Lo corté.
- Max suena a león grande… este es pequeñito, es un bebé. – Tomó la orejita del leoncito.
- Humm… tienes razón. Entonces… ¿Maxi?. – Alcé la cabeza para mirarlo.
- Si, Maxi está bien. – Soltó la oreja del leoncito y llevó su mano a mi rostro. Me acarició despacito.
- Entonces su nombre es… Maxi Kaulitz. – Dije con decisión.
- Claro… Maxi Kaulitz Schwarz. Suena bien. – Asentí. Bill juntó su nariz con la mía y yo solté una risita nerviosa.
- ¿Maxi?. ¿Eso es un nombre?. – Emilie se comenzó a reír, burlona.
- ¡No te burles!. – Me quejé. – Ya, dámelo. – Sentí la mano para alcanzar al pequeño Maxi, pero Emilie se levantó de la cama y caminó hacia el otro lado de la habitación.
- Ouu… es que el pequeño Maxi quiere estar con su tía Emilie. – Habló con voz graciosa.
- ¡Emilie!. – Me quejé. Respiré profundo, y luego decidí hacer como que la ignoraba. Acomodé la guitarra en mis piernas y comencé a tocar…
- I look up to the sun, it only hurts my eyes… Maybe its the answer i’ve been wanting in disguise, the more you are with me, the mothe that i’m alone, i don’t need the answer i already know…
- Está buena. – Me interrumpió Emilie. Dejé de tocar al instante. - ¿Vas a enseñármela?. – Asentí con la cabeza. Ella cogió su guitarra y se sentó a mi lado en la cama.
- Empezamos con… - Y seguimos… y seguimos practicando hasta que nos llamaron para la cena. Bill aún no llegaba. Pero lo esperaría. Si él me decía que iba a venir… era porque iba a venir. Yo confiaba en él.
Después de la cena, Emilie y yo volvimos a lo de las guitarras. Y es que había pasado tanto tiempo sin tocar, que no quería dejar de hacerlo. Y es que tocar, componer y cantar eran las tres cosas que más me gustaba hacer en el mundo. Y algo que jamás dejaría de hacer, claramente. Me servía para descargarme, liberar tensiones, relajarme… olvidarme del mundo. Y ahora, con una compañera, todo era mucho mejor. Más interesante. Aunque sólo fuese yo quien componía y cantaba.
Pronto, cuando yo pudiera caminar normalmente y sin ayuda, tocaríamos con público. En ese Pub… ¿O era un café?, que Emilie había dicho… del conocido de Tom.
Alguien picó a la puerta y nos interrumpió en plena canción. Dejamos de tocar, y enseguida la puerta se abrió.
- Hola. – Giré la cabeza al escuchar esa voz. Bill me sonrió enormemente y fue directo a saludar a Emilie. Luego fue mi turno. Nos besamos, Emilie grito “asqueada” y nos obligó a separarnos. Estuvo burlándose todo el tiempo de nuestro león, hijo, Maxi… Pero no le dimos mucha importancia. Simplemente, nos quedamos abrazados, jugando con nuestras manos, nuestro leoncito y esperando a que Emilie se marchara para poder estar solos.
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