Me llevé una mano a los ojos y bostecé. Aún estaba cansada, pero tenía la sensación de que no podría dormirme de nuevo.
Intenté acomodarme mejor en la cama, girándome hacia un lado, pero lo único que conseguí, fue que me doliera el cortado del cuerpo y me hiciera recordar que no había tomado las pastillas anoche. Argh, estúpidas pastillas, sin ellas no vivía. Solté un gemido de dolor y volví a la posición con la que había despertado.
- ¿Estás despierta?. – Me tensé, y me asusté tanto que pegué un bote y ya no sentí dolores, no sentí mi cuerpo. Ay, no… ¿Y si quería hablar ahora?. Diooos, era por la mañana, venía recién despertando y papá quería darme una charla… - Oh, vamos, no te hagas la dormida, sé que estás despierta. – No me moví. Lo oí suspirar. – Bill está abajo y… - No alcanzó a terminar la frase, cuando abrí los ojos de golpe, con el corazón golpeándome el pecho fuertemente. Bill, que lindo… Bill… En cuanto puse enfocar bien la vista, me encontré con el rostro de papá, me miraba con el ceño fruncido y con curiosidad. Se agachó para besarme en la frente. – Dale las gracias a Juliette, sólo por ella es que no te doy una charla de esas incómodas. – Hizo una mueca, separándose de mi. – Aunque eso no evitó que le dijera mis reglas a Bill. – Me dieron ganas de gritar, que vergüenza, y que manera de comenzar la mañana. - ¿Cómo amaneciste?. – Me aclaré a garganta, le fui a contestar, pero él dio media vuelta y se dirigió hacia la ventana, para abrir las cortinas.
. – Juliette viene en un minuto para ayudarte con todo… yo… iré abajo a hablar con Bill. Nos… nos llevamos bien ahora, creo. – Se encogió de hombros. Me obligué a cerrar la boca. ¿De cuanto me había perdido?, ¿Cuánto tiempo había estado dormida?. Esto si que era impresionante. Papá se llevó una mano a la nuca. – Nos vemos abajo… todos están abajo. Entrecerré los ojos. Él me sonrió y comenzó a caminar hacia la puerta de a habitación. Que extraño, esto si que era extraño… aunque… mucho mejor de lo que yo había esperado. Ni siquiera me había regañado… que bien, supongo.
Escuché sus pasos al bajar la escalera, que anciano más extraño… agudicé más el oído y oí voces chillonas de niños pequeños. Se levantaban temprano los chiquitos… quizás donde habían dormido, podrían haber ido a la casa de Juliette, en la mía no cabían todos.
Que Juliette se apurara, yo ya quería vestirme para ver a Bill.
- ¡Hola!. – Salí de mis pensamientos y dirigí los ojos hacia la puerta.
- Tía Marie. – La saludé con voz ronca.
- Vengo a ayudarte yo… Juliette prepara el almuerzo, así que… espero que no te moleste. – Se encogió de hombros pasando a mi habitación. Le sonreí ampliamente y ella me devolvió la sonrisa. – Me pasó estas pastillas, dijo que tenía que dártelas cuanto antes.
Capitulo 101: Dos semanas.
Acabé con la ropa puesta y arreglada en poco tiempo. Desayuné con mis abuelos y estuve contándoles cosas… en todo el tiempo que estuvimos sentado en la mesa, no dejaron de molestarme y hacerme enojar con el tema de Bill, mi novio. Jamás me imaginé que esos dos ancianitos reaccionarían así cuando se enteraran de que yo tenía novio… que cosas más extrañas.
No me había equivocado al pensar que los familiares de Juliette se habían ido a dormir a su casa, en la mía no cabían todos, era algo tan obvio… La cosa es que llegaron todos para el almuerzo y comimos juntos, incluso con Sam… Por muy extraño que sonara, Tom la había dejado sola por un momentito para ir a ver lo del viaje, sus vacaciones, en dos días. Pensar en que Bill se iría por un tiempo me ponía nerviosa… ¿Y si se olvidaba de mí?, yo tenía muy claro que yo no era la graaan cosa, a lo mejor se pillaba a alguien mejor allá, fuese el lugar que fuese. ¿Y es que a quien le gustaría ser el novio de una cosa que ni siquiera puede moverse?, y es que soy tan torpe, me caigo, me tropiezo, me paso a golpear co algo por casualidad, me atropellan… eso sí que es tener suerte.
No es que no me haya gustado tener a la familia de las rubias en mi casa, pero me sentí completamente aliviada cuando se fueron todos luego de almorzar. Hacían que me sintiera incómoda en mi propia casa y la sensación era… buah, no me gustaba.
Papá salió con Juliette sin avisar luego de que todos se fueran, dejándome con Sam, Emilie y mi familia. Seli no me había vuelto a hablar y eso era bueno, de sólo escucharla me ponía de mal humor… Y es que no podía ser más idiota, que chica más, todo lo contrario a su madre… y a su padre. En realidad, lo contrario a toda la familia, ella era como el punto negro, el punto donde se acumulaba toda la energía negativa y el mal humor.
- ¿Sabes cuando llega Andreas?. – Me preguntó Emilie. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba al lado mío en el sillón. Y es que estaba con la mente y toda la concentración puesta en el jueguito que había descubierto en el móvil de tía Marie. A ver… Andreas, Andreas… llegaba…
- No lo recuerdo. – contesté casi atragantándome con las palabras, me entraron los nervios y comencé a apretar las teclas más rápidamente. – Oh, no… - me quejé. Puaj, siempre he odiado los juegos de los móviles, los de mesa y los de computador… en realidad, cualquier tipo de juego, ¡siempre pierdo!.
- Ahmm… Vale, no importa. – Como se le notaban las ganas que tenía de ver a Andreas. – Y tu novio, Bill y Tom se irán de vacaciones y nosotros estaremos aquí muertas de frío mientras ellos disfrutan de su playa tropical, sin chicas. – la miré, tenía el ceo fruncido y los brazos cruzados. No pude reprimir una sonrisa… dejé en móvil a un lado y no dejé de observarla hasta que ella me miró y poco a poco su rostro cambió a una expresión divertida. – En realidad, mal por ti… que mi novio no es el que se va.
- No tienes novio. – le enseñé la lengua, burlándome.
- Pero Andreas… será mi novio dentro de poco. – La sonrisa que tenia le ocupaba casi la mitad del rostro. Miró hacia el techo, con expresión pensativa y la sonrisa boba en el rostro y luego, tras largar un suspiro, volvió a mirarme. – Ejemm… y quiero que te mejores luego, ¿eh?, necesitamos ver lo de las canciones y eso. - ¡Pero claro!, lo había olvidado… Dios, cuanto extrañaba mi guitarra, mi hija… necesitaba sanarme rápido, tenía que enseñarle las canciones a Emilie y todo eso, luego podríamos ver que hacíamos.
- Podría enseñártelas… sin guitarra sería más difícil, pero por mientras está bien. – Fruncí el ceño, a lo mejor funcionaba la idea o que se yo… Emilie estuvo a punto de decir algo, pero el timbre la interrumpió. Pegó un brinco y si gritando un “¡Yo voy!, se dirigió hacia la puerta. Giré la cabeza para ver de quien se trataba.
- ¡Hola!. – Saludó Emilie, gritona como siempre, claro… una chillona.
- Hola, Emilie.
- Hola. – Incontrolablemente una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando escuché su voz. Ya estaba aquí, ¡que bien!, y es que, aunque suene exagerado, lo había extrañado un motón. Me estremecí y me entraron los nervios, mientras Emilie se hacia a un lado en la puerta para dejarle el paso libre a los gemelos. Primero… primero entró Bill, y que hermoso que estaba, incluso me dio la impresión de que se había hecho algo nuevo, como un peinado o algo por el estilo… pero no, estaba estéticamente igual, aunque con un poco más de felicidad en el rostro. Me sonrió ampliamente al verme y yo no pude controlar las cosquillas en el estómago.
Intenté reprimir un suspiro, pero se me hizo imposible. – Holaaa… - Alargó la última vocal, acercándose a mi rápidamente. Se situó frente a mi, sin borrar la sonrisa y se agachó a mi altura, ya que yo estaba sentada en el sillón. - ¿Cómo estás, mi amor?. – “Mi amor”, que lindo sonaba eso… Le ba a contestar que estaba perfectamente, pero no pude. Ya que, primero, me había quedado quieta, como una estatua, observando su rostro, y segundo, porque él no había tardado en juntar nuestros labios para besarme fugazmente y luego volver a apartarse. – Me iré sólo por dos semanas. – Dijo rápidamente, aún con el rostro bastante cerca de mí. Abrí mucho los ojos, impresionada… tenía a impresión de que antes me había dicho que se iría por menos tiempo.
- ¿Tanto… tanto tiempo?. – pregunté como pude. Entonces él se enderezó, borrando la sonrisa de su rostro. Seguidamente frunció el ceño. Oh, genial, Karla, lo echaste todo a perder… Bill estaba tan contento porque se iba a ir de vacaciones… y yo como soy tan idiota, estúpida… ¡Pff!.
- ¡Chicos!. – Oh, genial, ahora tía Marie venía a interrumpirnos. – Hola, Bill. – Casi por arte de magia, tía Marie apareció a escasos centímetros de Bill para darle un beso en la mejilla.
- Hola, Marie. – Le contestó mi novio, sonriéndole de medio lado. Luego ella pasó detrás de él y se dirigió hacia donde estaba Tom. Bill volvió a mirarme, borrando esa media sonrisa del rostro.
Se mordió el labio inferior y luego, despacio, se sentó a mi lado en el sillón. Suspiró. – N-no es tanto… tanto tiempo. – Se aclaró la garganta, y seguidamente me miro directamente a los ojos. – Sólo dos semanas.
- Si, no importa. – Sonreí. Me costaba pensar que no iba a estar durante dos semanas… pero si eso era bueno para él… es decir, él también tenía que descansar, ¿no?, alejarse del mundo, relajarse… para seguir con su trabajo y todo eso.
- Karla… - Suspiró. Fue a decir algo más, pero volvió a cerrar la boca. Se notaba confundido. ¡Y es que soy tan tonta!.
- Discúlpame, está bien que te vayas de vacaciones, Bill. – le sonreí más ampliamente. – Sólo son dos semanas… aunque te extrañaré mucho. – Estiré mi brazo para poder tomar su mano. Que frío debía de hacer afuera, estaba heladito. – Y dime, ¿A dónde te vas?.
- Maldivas. – La sonrisa volvió a aparecer en su rostro y acomodó su mano heladita de tal manera que nuestros dedos quedaron entrelazados. Maldivas… Maldivas… - Es un lugar genial, las vacaciones del año pasado las pasamos allí. Cuando estés sanita te llevaré… que con todas esas cosas a penas te mueves. – Soltó una risita. Como me gustaba verlo así de entusiasmado.
Capitulo 102: No es nada.
- ¿Podemos ir a mi habitación?. – Le pregunté a Bill, haciéndole ojitos. Él alzó ambas cejas y observó mi rostro con una mueca de estar reteniendo la risa. Entonces me di cuenta de lo extraño que había sonado lo que acababa de decir. Y yo que sólo quería subir para estar más solos… no me agradaba estar aquí con él, junto con mis abuelos, Seli, Emilie, Sam y Tom… el resto de la familia, lo digo por tía Marie y su esposo, no tengo idea de donde podrían haber estado metidos... Y hablando de desaparecidos, eran las seis de la tarde y Juliette con papá aún no llegaban.
- Bueno, a ver… - Murmuró, levantándose del sillón. No tardó en tomarme en sus brazos… realmente me sorprendía que él me sostuviera con esos bracitos que tenía… que fuerza tenía el hombre éste, mi hombre. Comenzó a caminar hacia las escaleras conmigo en sus brazos, bajo la mirada atenta de toda la familia allí reunida.
- Bill, ¿que día es hoy?. – Le pregunté hablando bajito.
- Ayer fue navidad, amor. Es veintiséis. – Sonreí ampliamente y lo observé, él iba atento a los escalones, no fuera a ser que se cayera… encima conmigo.
- Es verdad… llevamos un día de novios. – Bill soltó una risita.
- Feliz primer día.
- Tonto. – Reí. – Quiero decir… - Pensé unos segundos antes de hablar, a lo mejor sonaba algo muy estúpido… pero aún así lo dije. – …Somos novios desde navidad. ¿No es genial?.
- ¿Ser tu novio o estar de aniversario para navidad?. Porque ser tu novio es genial, y me gusta. – Lo miré, conteniendo las ganas de lanzar un grito histérico.
- Me refería a lo de navidad.
- Pues… también es genial. – Reí. Y justo en ese momento pasamos dentro de mi habitación. Bill cerró la puerta y encendió la luz, dentro de poco estaría más oscuro… estábamos en pleno invierno y oscurecía mas temprano.
Me dejó caer suavemente sobre la cama, y él no tardó en recostarse a mi lado. Giré la cabeza para poder mirarlo. Dios, que sensaciones… no supe la razón, pero me puse nerviosa.
- Te voy a extrañar…
- Y yo a ti. – Aparté los ojos, muriéndome de la vergüenza, y es que no sabía como me podía dar vergüenza ahora… con toda la confianza que había. Sentí su mano, ahora tibiecita, sobre mi mejilla. Me estremecí ante el contacto e inconcientemente llevé mi mano hasta la suya. Volví a observarlo fugazmente, me estaba sonriendo. De a poquito, él se fue incorporando, hasta que su rostro quedó prácticamente sobre el mío. Cerré los ojos, sintiendo su aliento rozar mis labios, su nariz chocar contra la mía… Intenté concentrarme en él, ignorando esas enormes mariposas, que parecían más bien una manada de elefantes, adentro de mi estómago.
- Te amo, mi vida. - ¿Mi vida?, me había llama MI VIDA… Me estaba costando respirar. Dios… Mi corazón latía tan rápido, que me daba la impresión de que en cualquier momento saldría disparado atravesándome el pecho. – Te amo más que todo, todo, todo en el mundo. Amor, voy a volver… Eres lo que yo más quiero en la vida, A… - Se detuvo un momento, suspiró fuertemente y luego retuvo la respiración durante unos segundos. – Karla… Karla. – Volvió a repetir. Bill era tan dulce… y es que lo quería tanto. – Karla… te… te… a… te amo. – Me estaba muriendo de ganas… de ganas de besarlo. Era lo único que quería, nada más que eso. Quería probar sus labios en ese preciso momento. Y como si él hubiese leído mis pensamientos, juntó sus labios con los míos. Me di cuenta de que los suyos temblaban. Comencé a mover los míos, y él me acompañó con movimientos lentos… el beso, el beso me supo diferente. Algo pasaba.
Llevé mi mano buena hacia su rostro, y lo aparté despacio. Cuando ya estuvo lo suficientemente lejos de mí, abrí los ojos y lo observé, él ya me observaba. Su rostro había adoptado una mueca de angustia y sus ojos estaban brillantes, más de lo normal. Algo pasaba.
- ¿Qué pasa, Bill?. – Le pregunté, examinándolo más atentamente con la mirada.
- No… no es nada. – Suspiró. A mi no me parecía nada…
- De verdad, Bill, ¿Qué sucede?. – Intenté incorporarme en la cama, pero él tuvo que ayudarme y acomodó las almohadas de modo que yo pudiera quedar sentada. Intentó disimular su estado de ánimo con una sonrisa. – Bill… te estoy hablando en serio. Puede decírmelo, si quieres… - Él me observó, pero no abrió la boca y no dijo palabra alguna. Y así estuvimos durante barios segundos, observándonos. Yo intentaba ver en sus ojos, la razón de porqué de pronto había cambiado tan bruscamente su estado anímico… pero no había una respuesta en ellos.
Incluso, me asustó un poco ver toda la pena y dolor que había allí dentro, era el mismo dolor que había visto hacía ya un tiempo, cuando él había estado a punto de llorar… él día que me había quitado el polerón en la calle… cuando lo había llevado a ese parque, y casi no habíamos besado.
- Creo, creo que mejor me voy, ¿si?. – Ay, no… yo no quería que se fuera. – Le diré a Emilie que venga a acompañarte. – Se levantó y seguidamente se agachó para darme un besito en la frente. Lo miré, rogándole con la mirada que se quedara un poquito más. Pero él simplemente, se agachó un poco más y me besó en los labios como en modo de despedida. – Duerme bien, princesa. – Me sonrió, enderezándose. Caminó un par de pasos de espalda y luego se dio la vuelta para dirigirse hacia la puerta.
- ¿Vendrás mañana?. – Le pregunté antes de que saliera.
- Claro que si. Te quiero. – Me lanzó un beso. Abrió la puerta y luego se fue. Como me habría gustado poder andar yo sola, lo habría seguido hasta su casa para ver que tenía. No me gustaban verlo así… Como era tan bipolar, en momentos estaba de lo mejor y al segundo se enojaba o se ponía muy triste.
Dios… ahora yo también estaba triste. Me deslicé hasta quedar recostada en la cama, con anteriormente estaba y suspiré. Bill se iba el veintiocho, sólo me quedaba una día para verlo, y ese día era mañana.
Oí a todos despedirse de Bill allí abajo… me iba a quedar con la duda de porqué se había puesto así. Y yo que era tan altamente curiosa. Intenté cambiar la expresión de desconcierto de mi rostro, para que Emilie no me hiciera preguntas. Sus pasos ya se escuchaban acercándose… Y es que subía las escaleras como dándole patadas al suelo. Era imposible no escucharla subir.
Ahora me tenía que distraer un poco, quizás Emilie podía tocar y yo enseñarle alguna canción. Para no pensar en cosas deprimentes, o en Bill, que estaba triste.
Capitulo 103: No puedo evitar ser cursi, estoy enamorada.
Me costó mucho dormir esa noche. Estuve mucho tiempo pensando en Bill… Y es que lo quería tanto, y no me gustaba verlo así, triste. No me gustaba cuando se volvía a su “estado anterior”, cuando se volvía un serio y frío robot. No tenía idea de porqué se había puesto así tan repentinamente. Lo que si sabía, era que algo lo tenía apenado… Algo en el interior de mi cabeza, me decía que yo sabía la respuesta, que sólo tenía que pensar un poquito más. Pero como yo no era demasiado buena para pensar… lo único que sabía era que quería que Bill estuviera feliz. Quizás las vacaciones le hacían bien, y le servían, a demás, para despejarse y alejarse del mundo. Para que pudiera aclarar sus ideas y tomarse un respiro. Ser parte de Tokio Hotel debe ser muy complicado… por la fama y esas cosas. Claramente, yo también quería un grupo de música para mi, quizás con Emilie, yo también quería fans… ser reconocida. Pero eso era lo que yo quería, y ahora, en este momento se suponía que yo estaba pensando en Bill.
Recordé que tenía guardados los CD’s que me había dado Tom. Mañana los escucharía con Emilie. Podría haberlos escuchado en el mismo momento, de no ser porque no podía ir a por los CD’s sin hacer un gran esfuerzo, y mucho menos en silencio. A demás, ya había pasado media noche… y todos en casa dormían. O eso era lo que me indicaban las luces apagadas.
Me acomodé como pude y me arropé hasta la nariz. Que frío hacía. Suspiré.
Dios… Bill, ojala estuviese durmiendo ahora. Tenía que dormir temprano… vamos que con las ojeras que tenía el pobrecito…
Bostecé.
Tenía… yo tenía que hacer feliz a Bill. Ya le había quitado el mal humor, en parte… pero algo era algo. Y es que él era tan tierno y bonito conmigo… se merecía todo y más. A demás, se preocupaba de mi y me cuidaba, o al menos esa era la imagen que yo me había formado de él. Llevábamos muy poco tiempo juntos, como novios… pero algo me decía que Bill era así de bueno en verdad y que él si me quería mucho…
No pude evitar formar una sonrisa en mis labios.
De alguna manera, de algún modo, yo haría que Bill se pusiera feliz. Porque… porque esa tristeza que tenía, ya estaba de hacía tiempo dentro suyo… la había visto en sus ojos el día de el polerón… cuando…
Esperen, esperen. El polerón, la caja, él se enojaba… ahora se ponía triste… ojala me estuviese equivocando, pero… ¿y si tenían algo que ver con mi prima?. No… Bill no podía ponerse así por ella, porque ahora me quería a mí. No a ella… no. Se supone que se había olvidado de ella. Me tensé, de tan solo pensar que mi novio podría seguir queriendo a esa chica, prima mía, a la cual yo ni siquiera conocía. A lo mejor, yo le recordaba a ella… desde un principio me habían encontrado muy parecida a ella… los labios y… ¿el lunar?... esas eran las diferencias, si. Quizás Bill… me quería ami, pero se había acordado de la chica sólo momentáneamente. Luego se olvidaba y ya.
¿Pero qué hago yo pensando en que Bill se acordó de ella?. ¡No!, Bill… Bill no. Él me quería a mi. Seguro era otro problema. No con mi prima… ella, ella… le había hecho daño a Bill, ya lo sabía, Bill ya se había olvidado de ella. El dolor se olvida, ¿no?... si, tiene que olvidarse… porque si no se olvida, la vida seguirá fea por algo ya pasado. Es mejor concentrarse en el presente, y en el futuro. Si uno se concentra en el presente, hay un buen futuro… como fruto de todo lo que haces día a día. ¿Y si Bill no sabía eso?. ¡Ay, no!... Pero, tranquila, seguro lo sabe… porque es mayor. A demás, tiene una forma de pensar muy… genial y madura.
Dios, ya comenzaba a confundirme. Quería voltearme en la cama y acomodarme del panza… pero como era de suponer, no podía hacerlo. Así que solo me moví un poco, sintiéndome muy incomoda. Lo único que conseguí fue que me diera rabia de no poder moverme y estar como yo quería.
Y esa… esa caja. Quizás que cosas tendría adentro. Como me moría de ganas por saber que era lo que había allí. Yo quería, tenía muchas ganas de ver todo eso. Después de todo era de la chica que le había hecho daño a Bill. Quizás no tendría que haberle entregado la caja. ¿Habría mirado que era lo que había dentro de ella?. Seguro que si… Y yo muriendo me ganas por saber. La curiosidad siempre me mata, ya lo sé. Pero es que es algo tan… irresistible. Tal vez podría entregarle la ropa de la chica también. ¡No!, ¿Cómo puedo pensar esas cosas?, ¿estaré tan loca como para hacerlo, o pensarlo? A lo mejor tengo mucho sueño, es eso… ¡Pero no puedo dormir!.
La situación me harta.
Bostecé, me cayeron algunas lágrimas, que tuve que secar con las sábanas.
Lo peor de todo era que Bill se iría dentro de poquísimo: Mañana. Hoy ya era veintisiete… mañana veintiocho, y adiós Bill por dos semanas. Ojala me recuperara pronto. Las costillas tenían que sanar rápido, el doctor me había dicho, al igual que el hombro… pero la pierna, dios, estúpida pierna. Me pasaría seis meses antes de poder moverla bien. Podría haberme roto otra cosa, no lo sé, uno de los huesos que están mas abajo, ¡pero no el fémur!. Con todo lo que me demoraría en sanar. Ojala el doctor fuese sólo un exagerado más y me sanara en cuatro meses. Aunque, ahora que lo recordaba, los seis meses eran con terapia incluida… eso quería decir que… el hueso estaría sano antes de los seis meses. Espero no equivocarme. No quiero ser una carga para papá, ni para Juliette. Mucho menos para Bill, que es mi novio.
Y a todo esto… no estaríamos el año nuevo juntos. Pero bueno… nos habíamos puesto de novios en navidad. ¿Qué pedir más que eso?. Había sido el mejor regalo que había recibido. Como me gustaría darle las gracias a Santa, por traerme este regalo tan bonito. Lo malo, es que no sabía su dirección en el polo norte, para mandarle una carta.
Dios… que idiota me pongo cuando estoy con sueño.
A demás, soy una cursi. Eso me recuerda a varias películas que he visto…
Buah, no puedo evitar ser cursi, estoy enamorada.
La gente enamorada es cursi, un claro ejemplo, las películas… o yo.
Suspiré… Bill… No pedía nada más que esto, lo que tenía ahora. Amigos, mi familia, mi novio… bueno… los yesos no los quería, pero… al menos me mimaban bastante gracias al accidente.
Tragué saliva, sintiendo que el sueño ya podía conmigo. Como me hubiese gustado que Bill me estuviese abrazando en ese mismo momento. Y es que era tan suavecito y cariñoso… Y lindo.
Mañana lo vería. Le daría el besototote más grande, grande todos. Para que supiera que lo había echado de menos. Así, a demás, se ponía feliz. A Bill le gustaba que yo lo quisiera. Eso ya me había quedado claro desde que me había pedido que le dijera cuanto lo quería.
Mañana se lo repetiría… y con mucho, mucho gusto.
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