No sabía que decirle, nada se me venía a la cabeza, estaba totalmente en blanco y eso me ponía los pelos de punta. Siempre me pasaba esto, yo me quedaba muda y no sabía que decir. ¡Es que soy tan tonta!, debo reconocerlo… él… él se acerca a mí de esa manera y yo automáticamente me vuelvo una boba. Quizás… quizás… argh, quizás que cosas pasaban en este momento por la cabeza de Bill, todo iba tan mal. Y al parecer, él ya estaba comenzado a perder la paciencia.
- Karla… Si quisieras decirme la verdadera razón por la que ya no… - Se calló. Seguía observándome desde muy cerca, analizando mi rostro con el seño fruncido. Ni siquiera quería imaginar la expresión que yo tendría en este momento. Bill resopló, soltándome. – Es por Annie, lo sabía. – Espetó molesto. Quise, al menos, intentar decirle que no era por Annie, pero antes de que comenzara a reunir el valor y todo eso… él comenzó a hablar de nuevo. Con sus ojos clavados en mi. – Yo sé que tu piensas que… que solamente quiero estar contigo porque se parecen demasiado. – Yo no pensaba eso. ¿O si?... no, claro que no. – Pero no es así, déjame decirte que no es verdad, Karla. Yo te quiero por ser tú. ¿Me entiendes?... porque eres Karla, la chica genial, que se sonroja cuando cuando me acerco, que a veces se traba al hablar… me gusta esa Karla que le teme a las montañas rusas, que tiene accidentes inesperados… que toca guitarra y canta como una diosa, que le gusta el jugo de naranja… Me gusta la chica que tengo en frente, que justo en este momento me mira como si fuese un loco… - Me costó respirar. Yo… yo… agh, esto no era posible. Bill era tan… tan… él. Acarició una de mis mejillas con sus dedos, sin permitirme apartar la vista de sus ojos. No lo podía creer… De verdad él me quería por ser yo… yo, Karla. Y no por parecerme a su Annie. ¿Cómo… como era posible que esto pasara ahora?. – Me gustas. Yo… yo sé que es muy extraño porque también quiero a Annie, no digo que a ti no… tampoco que te quiera menos, bonita… pero… no sé como explicarlo. Me gusta tener a Annie presente en mí, siempre… pero también me gusta que estés tú. Amo pasar tiempo contigo, reír contigo… me haces feliz, yo… - Suspiró. Y no dijo nada más. Yo… yo lo hacía feliz. Esto estaba bien… era genial. Agh, es que no sabía que decir ahora, no sabía que hacer. Mis mejillas iban a explotar. – Sé que tu me quieres… ¿es así, verdad?. – Asentí levemente con la cabeza. Me sentía tan nerviosa que incluso podría haberme echado a llorar. Y es que… a demás de nerviosa estaba muy emocionada. ¡Bill me quería!, ¡y era tan lindo!... era, era como papá. A él le pasaba algo similar, podía comprenderlo… - ¿Entonces?. ¿Porqué ya no quieres estar conmigo?... – Tomó uno de mis mechones de cabello y lo acomodó detrás de mi oreja. Yo si quería estar con él… lo que pasaba era que no sabía como decírselo. No estaba segura de si podría hacerlo. A veces puedo llegar a ser tan tonta… incluso más tonta de lo normal, ¡mucho más!. – Si quieres podemos esperar a que se te pase un poco lo que sea que te esté dando… para que puedes decirme que piensas sobre esto. – Soltó una risita. Me sentí totalmente ridícula cuando él hizo eso. ¡A mi no me daba nada!, yo solamente me ponía nerviosa y, y… agh, seguro ahora Bill pensaba que era una “retrasada” o algo así.
- Estoy bien. – Bill, quien se estaba acomodando en la cama, seguramente para esperar a que “se me pasara”, se quedó quieto en el lugar y me miró sorprendido.
- En… ese caso… - Se volvió a enderezar, quedando muy cerca de mi. Buscó mi mano… y en cuanto la encontró, entrelazó nuestros dedos con cuidado. - ¿Porqué ya no quieres ser mi novia?. – Repitió la pregunta. Tragué saliva… y enrojeciendo hasta las orejas, y con un hilo de voz casi inaudible balbuceé:
- S… si qui… quiero. – La sonrisa en el rostro de Bill no pudo ser más grande. Con la mano que tenía libre tomó mi rostro y lo acercó al suyo, para besarme de verdad… mi pobre corazón estaba casi sin aliento. Aún así, disfruté del momento en que nuestros labios se juntaron a la perfección… y bueno… nos besamos.
Después de un pequeño lapso de tiempo, se separó de mi. Solté un poco su mano… me había dado cuenta de que casi estaba asfixiando la suya.
- Entonces… - Dijo muy cerca de mi rostro. – Dame un segundo. – Se separó un poco de mi, acercó la mano a la mesita de luz y tomó mi móvil. Volvió a dejarlo donde estaba enseguida. – ¿Es necesario que pregunte?. – Se volvió a acercar demasiado. ¿Preguntar?... ¿preguntar qué?. No comprendí.
- ¿Qué… que pregun.. ta?. – Rió de nuevo… se estaba burlando. Oh, vamos… yo no entendía, pero ese no era motivo para burlas… ¿O si?.
- Estás un poquito lenta… - Siempre es así, gracias. – No me mires así, no te enojes. -Juntó nuestros labios despacito… yo no podía enojarme con él. – No pensé que sería necesario pero… - Suspiró, aún con esa sonrisa en el rostro. Miré sus labios como una boba. - ¿Quiere ser mi novia, señorita hermosa de pocas palabras?. – Me entraron ganas de reír. ¿Señorita hermosa de pocas palabras?. – No es necesario que hables… puedes besarme, entonces me daré cuenta de que si quier… - Lo corté, juntando nuestros labios.
Sentí un hormigueo extraño en todo el cuerpo, ¡estaba tan feliz!. Esto era demasiado… Y eso que yo había dicho que o volveríamos a ser novios. Seguramente Bill es de esos que siempre obtienen lo que quieren, y yo era de esas enamoradizas idiotas que se dejan llevar.
Pasamos el resto de la noche juntos, conversando abrazados sobre todo lo que había pasado. Después de unos minutos yo había logrado recuperarme del “shock” y había dejado de ser tan idiota. Jo… creo que Bill lo agradeció más que yo.
Bill me habló todo el tiempo de lo mucho que me quería y no dejó de preguntarme si me molestaba por lo de Annie… yo me cansé de decirle que no me molestaba. Pero él seguía con el mismo tema todo el tiempo, quizás quería asegurarse.
No dormimos en toda la noche… y cuando amaneció simplemente nos duchamos y os cambiamos de ropa. Yo era la persona más feliz del mundo. ¡Tenía a Bill de nuevo!.
Y todo era mucho mejor, las cosas ya estaban resueltas y estábamos mucho más unidos que antes… o al menos yo lo sentía de esa manera. A demás, fue genial darle la noticia a todos… recibimos unos cuantos comentarios de “lo sabía” y también muchas burlas de parte de los chicos. Ahora, lo que teníamos que pensar era como decirle a mi padre. De tan sólo pensarlo se me ponía la carne de gallina… Si él supiera lo que había pasado con Bill lo entendería… pero como yo no planeaba decírselo, era todo mucho más complicado. Seguro papá pensaba que Bill era una mala persona, cuando en realidad no era así.
Bill y yo dormimos durante todo el viaje de vuelta a casa. Como llegábamos temprano, quedamos en ir cada uno a su casa para descansar unas horas y después el vendría a mi casa para hablar con papá… cuando llegara, claro, porque el vejo estaba en el trabajo.
Estaba pensando seriamente en decirle primero a Juliette lo de Bill, para que ella se preparara un discurso o algo para convencer a papá de que lo mío con Bill estaba bien, ella era mi heroína y yo confiaba en ella, estaba segura de que mi madrastra podría convencerlo. Papá la quería y siempre caía como un bobo y le daba la razón en todo. Quizás en eso nos parecíamos un poquito papá y yo… pero sólo un poquito.
Que nervios… papá me mataría, corrijo, nos mataría… a Bill y a mi.
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