14 enero, 2015

Automatic /Capítulo 64

Desperté tempranísimo. Incluso antes que papá… por l oque tuve que ir a despertarlo, para que me llevara a comprarle un regalo a la pequeña Alissa. Me preguntaba si le iban a poner ese nombre de verdad o sin Tom lo dijo sólo por joder. De todas formas, era la primera ves que yo la llamaba así. ¡Era emocionante!.
Me metí a la ducha y me limpié rápido… luego salí y me vestí. Me puse unos pantalones negros que me llegaban por debajo de la rodilla, una camiseta rosa sin ningún estampado, un sweater gris y mis zapatillas favoritas. Después, me até el cabello, me puse un poquito de maquillaje en los ojos y bajé a desayunar. Saludé a Margaret, como siempre y me senté en la mesa a esperar el desayuno. Mientras esperaba, llegué a la conclusión de que el nacimiento de esa pequeña me tenía tan alterada y feliz que ni siquiera pensaba en mis problemas. Era genial... ojala naciera un bebé en la familia todas la semanas.
Al terminar el desayuno, con papá nos fuimos a una tienda de bebes. El le compró un regalito, yo otro… y después nos fuimos al hospital. Llegamos justo a la hora en que comenzaban las visitas y esta vez no nos perdimos tanto para llegar a la habitación donde se encontraba Sam, aunque era un habitación diferente a la anterior. Nos pillamos con Juliette afuera, tomándose un café, mientras hababa por el móvil. Cortó en cuanto nos vio y prácticamente corrió a saldarnos. Me dio un beso en la mejilla, bastante sonoro y luego besó a papá. ¡Diuu!. Nos invitó a pasar a ver a la pequeña. Pensé que estarían sólo Sam y su nena dentro de la habitación, pero me di cuenta de que estaba en una gran equivocación al abrir la puerta. Bill estaba con ella… ¡Y encima tenía al bebé!. Papá me dio un pequeño empujoncito para que entrara, y yo comenzando a temblar y a sentir los típicos síntomas, me acerqué a paso torpe a Sam. La abracé, le entregué el realito, ella me agradeció y luego me dijo podía cargar a Alissa. Sólo si quería.
Y obviamente yo quería… pero me daban nervios… y vergüenza, no de tomarla, claro… si no que era nervios y vergüenza del pedírsela a Bill. Ah, pero estaba papá. Bill no podía decirme, ni hacerme nada.
Me acerqué al sillón donde Bill estaba sentado e impidiéndome pensar en otra cosa que no fuese esa preciosura pequeñita, me senté a su lado. La observé… tenía una nariz pequeñita, ojitos cerrados y pequeñitos, cabeza pequeñita, boca pequeñita… Parecía una muñeca, en realidad. Y su ropita le quedaba grande… el gorrito que tenía puesto la hacía ver graciosa. No pude evitar sonreír.
- ¿Quieres cargarla?. – Me sorprendí mucho cuando Bill me lo preguntó. Lo miré, el ya me observaba y me vi obligada a desviar la vista para no encontrarme con sus ojos. Me dio calor.
- Si. – Bill acomodó a la pequeña en mis brazos con sumo cuidado. Era tan chiquita… y se notaba tan delicada y suavecita… - Que linda es… - Murmuré. Volví a sonreír… respiraba cortito, su pecho se movía rapidito. ¡Y es que era tan pequeñita!. Y sus deditos… que deditos tan pequeños, con unas uñas pequeñitas…
- Es muy hermosa… - Afirmó Bill. Alcé la cabeza para mirarlo. Él ya me observaba. Evité sus ojos y volví a mirar a la pequeña. Me había puesto un poco nerviosa. Entonces, sin previo aviso, Bill se levantó del sillón y luego de despedirse con un “adios” en general, salió de la habitación. Lo agradecí… aunque una parte de mi quería que él se quedara.
Papá ocupó su lugar a mi lado. Después que la cargué un poco, la cargó él… y luego se la tuvimos que devolver a su madre porque tenía hambre. Antes de la hora de almuerzo Tom regresó. Traía una cámara de fotos, por lo que nos obligó a quedarnos allí y comer en la cafetería del hospital mientras el llamaba a “todos los de siempre” para tomaros una fotos grupal. Bill tuvo que regresar. Y llegó Emilie. Me pareció gracioso que Tom le pidiera a una enfermera que le tomara una foto y luego nos tomó a cada uno cargando a la bebé. Uff, y le tomó cerca de un millón de fotografías a Sam. Y es que le emocionaba la idea de hacer un álbum gigante de fotos. Incluso nos contó que le tomaría fotos siempre y sería un maniático de las fotografías en su primer cumpleaños… así como en el segundo, tercero y todos.
Volvimos a casa, con Emilie y todo. Comimos helado y después fuimos a aprovechar el resto del día en la calle. Como nos habíamos tomado un día de descanso… no podíamos hacer nada que estuviese dentro de la rutina…
Fuimos al parque cerca de la casa de los Kaulitz y nos quedamos allí haciendo “nada” durante un buen rato. Cerca de las ocho llamamos a amigo de Tom, aún no lograba saber su nombre y a Emilie se le había olvidado… no excusamos y él nos dijo que no había problema. Podríamos volver a tocar la otra semana.
Al finalizar el día, cuando ya comencé a sentir frío… regresé a casa. Cené con papá, Juliette y Emilie… Emilie se quedó a dormir y pasamos la noche viendo películas… Como Lilo y Stich.
Capitulo 143.

El día cinco Sam ya estaba en su casa con la bebé, por supuesto. Ese mismo día comenzaban nuestras súper grabaciones… Nos fuimos al estudio de Tokio Hotel muy temprano por la mañana, con Andreas. Sólo estaríamos nosotros. Tom había querido acompañarnos pero tenía que estar con Sam… a demás, Andreas sabía sobre esas cosas, él nos ayudaría ya que no necesitábamos asistentes ni nada de eso. Sólo era un maqueta y yo ya daba por sentado que no iba a quedar “perfecta”. Durante el viaje… me pregunté si sería necesario estar con más gente… digo, formando una banda. Y es que… de a dos personas en genial, si. Pero dos guitarras… buah, tonterías. Nosotras éramos lo bastante buenas como para hacer buena música. A demás… después podíamos aprender a tocar más instrumentos. Como el teclado, por ejemplo. Me sabía una cuantas canciones en teclado. O bajo… el bajo no se me hacía difícil. Emilie podía aprender a tocar batería… a mi no me interesaba mucho el tema.
Como decía… no salimos del estudio hasta que grabamos una canción completa y nos gustó. Intentamos un montón de veces, como no éramos expertas nos costaba un poco. A demás, teníamos que trabajar rápido, ya que Tokio Hotel ocupaba el estudio casi todos los días… Por suerte hoy estaba libre y habría que esperar otro milagro para tener el estudio libre de nuevo.
Por la tarde nos fuimos a la discográfica, Jhon nos había citado para las seis. Entramos dentro, con Andreas obviamente y fue él quien se encargó de preguntar por la persona que buscábamos. Y es que a mi me daban bastantes nervios. Es que… tanto la mujer del otro lado del escritorio como unote los guardias se habían quedado con los ojos fijos en mi, con expresión de haber visto a un fantasma. Agradecí cuando Andreas nos sacó de allí y nos hizo subir unas escaleras fuera de la mirada de esas personas. A lo mejor me estaba volviendo paranoica.
Hablamos alrededor de media hora con Jhon y unas dos personas más. Un hombre y una mujer de expresión seria… pero seria solamente era su expresión. Era bastante simpática. Les mostramos el tema que habíamos grabado, orgullosas de nuestro trabajo. Nos dijeron que estaba bien… que querían ver más material y que se quedarían con esa copia de la canción… que a demás de eso teníamos que inventarnos un nombre.
Llegamos con esa duda a casa… el nombre. ¿Era necesario que un dúo tuviese nombre?. Ahora tendríamos que ponernos a buscar uno… necesitábamos algo bueno, original y que al escucharlo la gente dijera: “oh, es “no sé el nombre aún”, que genial, ¿No es genial?”. Eso era lo que yo quería obtener en un nombre. Como no podíamos pensar con el estómago vació Margaret nos preparó unas delicias con manjar… las comimos, y olvidándonos de todo nos fuimos a casa de Emilie para ver a la bebé. Me hacía mucha ilusión cargarla de nuevo.
Los siguientes días Emilie prácticamente vivió en mi casa. Ella odiaba los llantos de Alissa por las noches, no la dejaban dormir. Seguimos yendo al estudio muy seguido… para el día quince ya llevábamos cuatro canciones listas de las once que queríamos grabar como muestra. La discográfica nos había dado como plazo hasta el treinta de julio, pero para ese entonces ya todo estaría listo… cada vez lo hacíamos más rápido. Y lo hubiésemos hecho mucho más rápido si hubiésemos podido ir todos los días al estudio y no una vez cada dos día… Pero en fin… no podíamos hacer nada. El estudio no era nuestro y los dueños lo tenían que ocupar. En todo ese tiempo no i a Bill ni una sola vez. O es que yo andaba por lugares que él no frecuentaba o es que él me eludía. Eso hacía que me sintiese tranquila, el no verlo… me aliviaba. Aunque, de cierto modo, también quería verlo. Eran sentimientos contrarios. Ni siquiera lo había visto cuando iba a visitar a Alissa… y me moría de curiosidad por saber que era de su vida. Emilie me había dicho que se lo pasaba en su casa haciendo nada o a veces salía con Tom, Andreas o los otros chicos de la banda. Tampoco es que me importara tanto… no, pff. Bill ya no me importaba.
… A quien engaño, ni siquiera puedo mentirme a mi misma. Bill seguía importándome y yo ya estaba comenzando a odiarme por eso.
Para el día treinta de Julio ya teníamos todo listo y el disco tenía unas cinco copias… había que estar prevenidas.
Durante el mes, también habíamos ido a probarnos los vestidos y las invitaciones para la boda se habían enviado el día seis, un mes antes del “gran” evento. Obviamente el gran evento sería el día seis de agosto. Me ponía muy nerviosa al pensar que papá se casaría dentro de tan poco. Era treinta de julio y faltaba muy poquito para el día seis… por suerte ya todo estaba listo. Ya estaba arreglado el asunto de la comida, las decoraciones y blablaba’s. Sería un boda perfecta. Más que nada porque nosotras (Sam, Emilie y yo), habíamos elegido todo… desde el color de las flores en las decoraciones hasta el color de las servilletas.
Como decía, el día treinta llevamos nuestra maqueta a la discográfica. Tuvimos que dársela a ese otro hombre que había hablado con nosotros hacía un tiempo, ya que Jhon no estaba y luego nos fuimos. Dejando todo en manos de la discográfica. Ellos decidirían si nos apoyaban… o no nos apoyaban en esto. Y yo rogaba a dios y a todo lo que se le pudiese rogar que decidieran apoyarlos. Así me convertiría en la persona más feliz del mundo.
Tendría que esperar su llamada.
Llegué a casa y me pillé con la sorpresa de que mi vestido ya había llegado. Lo habían traido mientras yo no estaba. Ya le habían hecho los últimos arreglos y todo eso. Ahora… lo que me faltaban eran zapatos de tacón. El vestio, definitivamente, era para zapatos de tacon. Llamé a Juliette para que me llevara de comprar y también se llevó a Emilie y a Sam. La pobre se tuve que desprender de Alissa por una tarde completa, dejándola con su papá. Papá… uy, que extraño sonaba llamar “papá” a Tom.
Me comré unos zapatos muy bonitos, que convinaban con el vestido y me hacían crecer uno cuanos centímetros. Tambíen me compré un bonito accesorio para el cabello y un bolso de mano, de esos que se usan en las ocaciones especiales. Emilie se compró, a demás de eso, un colgante para el cuello, anilos y un par de aros. Y Sam… pues Sam, como no había ido con nosotras a hacer su vestido y tampoco era dama de honor, ppor lo que se compró un vestido también.
Era ceñido a la altura del pecho, pero luego la tela caía suelta hacia abajo. Era muy bonito. También se compró zapatos y unos cuantos accesorios.
Bien, no mentiré… como dama de honor no tebía idea de que era lo que tenía que hacer. Tampoco iba a hacer el ridí culo tirando pétalos por todas partes… esta boda sería así, según yo y Emilie lo planeábamos: Yo sujetaría el ramo de flores de Juliette hasta que la ceremonia terminara y ella les daría los anillos a los novios. Solamente por eso teníamos que ir vestidas igual… La boda sería cerca de un lago muy bonito, con area silvestre, flores, sol y mucho verde. Pero después… Nos iríamos a un centro de envetos inmenso que se había conseguido papá… nosotras habíamos elegido la decoración y me sentía orgullosa por eso. Cuando llegáramos a esa comida y “fiesta”, yo podría cambiarme de ropa. Pero como yo no pensaba gastar más dinero, me pondría un vestido color verde oscuro, con mucho brillo, que me lledaba por debajo de la rodilla, era muy cómodo para bailar y quedaba bien con zapatillas.
A demás, como los novios no se irían a ningún lugar de luna de miel, la fiesta de ancianos sería hasta tarde. Por suerte también iba gente joven… Y a todo esto… ¡Mis abuelos y tía Marie llegarían tres días antes!.
Y, bueno… tambie rogaba para que no viniese esa tan Annie. No quería que ella regresara.

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