Hola (: como dije, hoy también empiezo a subir la primera parte de Leb die sekunde. La arreglé un poco, cambié algunos nombres sin importancia que se repetían en todas mis fics, arreglé lo que pude la redacción...
Como fue mi primera fic, no es que sea la mejor que he escrito... pero igual quería subirla porque le tengo cariño. :3
CAPITULO 1
Alice tenía dieciséis años; era una
niña hermosa con cabello negro que le caía hasta la mitad de la espalda, de
piel muy blanca, un cuerpo delgado y muy bien formado y unos preciosos ojos
color verdes, vivía con su madre una mujer muy amable e inteligente, su padre
que era un gran empresario con mucho dinero, y su hermana gemela que era
engreída y egocéntrica la mayor parte del tiempo.
Ese día se mudaba a Leipzig,
Alemania. Su vida habían sido sólo viajes y más viajes, pero esta vez sería
diferente, porque allí sería donde viviría por mucho tiempo. O al menos esos
eran los planes. Sus padres amaban a las dos hermanas, por lo que consentían
hasta el más mínimo capricho que estas dos muchachas podían imaginarse, aún así
Alice era una muchacha sencilla, humilde y realista, en cambio, Laila su
hermana gemela, pensaba que el mundo giraba en torno a ella, amaba presumir
todo lo que tenía, era fría, manipuladora e inteligente; con la única persona
que ella era amable y nunca iba a traicionar era Alice, ya que era muy unidas y
se querían mucho. Las personas no entendían como dos chicas tan iguales
exteriormente podían ser tan diferentes interiormente.
Ese día, sería especial para Alice,
era el día en el que conocería su casa la que viviría hasta “siempre”; bajó del
coche con una sonrisa en sus labios y observó. La casa era grande, con un
hermoso jardín muy bien adornado, tenía flores y hasta una piscina, “papá pensó
en todo” pensó Alice. Al instante su hermana bajó del coche y poniéndose a su
lado, se quitó los lentes de sol y observó la casa distraídamente. Entonces una
mano de posó en el hombro de Alice... era su madre que con una sonrisa cómica y
juguetona le dijo:
-Ve tu nueva habitación… está
amueblada, cariño… todo es nuevo- Alice le sonrío y su madre le contestó con un
beso en la mejilla y un abraso, al instante la soltó y ella corriendo lo más
rápido que pudo entró en la casa. – Cielo, ve a ver la casa... te gustará –
dijo dirigiéndose a Laila.
- Eso es lo que aré.- Dijo
indiferente. Al instante caminó, entró a su nueva habitación y cerró la puerta
tras de sí.
Mientras tanto Alice estaba en su
habitación ordenando su ropa en el armario.. tardó una hora en arreglarlo todo
y se tendió agotada por su trabajo en su cama, tomó aire y lo soltó con un gran
suspiro, escuchó risas provenientes de afuera y se asomó al balcón a ver qué
era lo que estaba sucediendo allí, en cuanto miró, vio a su madre en una
conversación muy animada con una señora de cabello claro y corto que estaba
acompañada de dos chicos, Alice trató de ver quiénes eran pero el sol le
molestaba, miró hacia el cielo y en cuanto volvió a bajar la mirada hacia su
madre, vio que ella la apuntaba como diciendo “¡allí está! “, en seguida la
mirada de los tres extraños se posaron en ella. Muy avergonzada entró a su
habitación nuevamente, roja como un tomate. Se sentó en su mini sillón y se
puso los audífonos para escuchar música.
A los veinte minutos entró su madre
con una sonrisa en el rostro.
- Aly, quiero que te vistas y
arregles lo más hermosa que puedas.- Alice de quitó los audífonos.
- ¿Por qué? – preguntó confundida,
no sabía a qué venía lo que le había ordenado su madre.
- Iremos a cenar con los vecinos…
nos han invitado – le contestó su madre, pudo ver como se dibujaba una sonrisa
en el rostro de su hija.
- Si, mami… ¿formal o informal? –
preguntó Alice levantándose de su mini sillón.
- Como prefieras, como quedes más
linda.- le guiñó un ojo y salió de la habitación cerrando la puerta.
- ¿Y ahora que me pondré?- se dijo
para sí misma caminando hacia su armario, se paró en seco y observó
detenidamente cada prenda de ropa… a los minutos logró decidirse por unos
pantalones negros muy ajustados, una camiseta rosa de tirantes y sus zapatos
negros. Caminó hacia el tocador y allí se maquilló los ojos de negro haciendo
resaltar sus ojos verdes. También se arreglo un poco el cabello. Y ya estaba
lista. Se levanto de la silla del tocador y se paró frente al espejo…“estoy
lista” se dijo a sí misma. Salió de su habitación y vio a su hermana cerrando
la puerta de la suya, estaba con un vestidito muy corto y con mucho vuelo de
color blanco, una blusa del mismo color con los dos primeros botones sin
abrochar, un collar de perlas, tacones de 7 cm, según calculó, y sus típicos
lentes de sol que jamás se quitaba. Según ella, porque eran sus favoritos.
- Qué linda estás, Laila- Le sonrió
a su hermana. Laila también sonrió.
- Tu igual estas guapísima – Laila
se acercó a Alice y tomándole la mano comenzaron a caminar hacia la
escalera. Cuando Alice iba a dar un paso
para pisar el primer escalón Laila la detuvo poniendo su brazo en frente de
ella impidiéndole dar un paso más, la miró con una sonrisa picarona – ¿Has
visto a los nuevos vecinos?- Alice negó con la cabeza - Están muy buenos… son
dos… ¡y gemelos! ¿Puedes creerlo? ¡Cómo nosotras! – decía dando saltitos de
alegría.
- ¿Tan buenos están?
- ¡Sí! y no sabes... hace un rato
mamá estuvo conversando con su madre, y al parecer también estaban los
gemelos... mamá dijo que eran idénticos ¡así como nosotras!... pero que tenían
estilos muy diferentes – esto último lo dijo llevándose una mano a la boca y la
otra a la cintura, Alice solo rió.
- Mejor bajemos…- puso una cara
divertida que a Laila le molestó y con una sonrisa cínica comenzó a bajar las
escaleras.
Se encontraron con su madre y su
padre en el salón y se dirigieron a la casa de en frente, su padre tocó el
timbre… en unos segundos una señora muy joven de contextura delgada y cabello
claro abrió la puerta, saludó con dos besos a todos y los hizo pasar, Alice se
sentó en uno de los sillones pequeños y fijó su vista en la TV. Laila se sentó
entre su madre y su padre en el sillón mas grande, mientras que la señora que
había abierto la puerta, llamada Simone, según había escuchado Alice, iba a
buscar a sus dos hijos. Tardaron mucho, lo suficiente como para aburrir a Alice
y que una impaciente Laila comenzara a jugar con el borde de su vestido. Pero
lo soltó al instante, al escuchar pasos en la escalera.
Alice miró hacia allí y vio bajar
las escaleras a Simone, seguida por dos muchachos muy apuestos, uno de los
chicos llevaba rastas atadas, con una gorra y ropa muy, muy ancha, “demasiado,
vaya estilo”, pensó Alice y sonrió; el otro chico, era todo lo contrario al
anterior, llevaba unos vaqueros, una camiseta negra con dibujos en rojo, los
ojos maquillados de negro, el pelo hacia arriba y muñequeras de cuero con
tachas en ambos brazos, al ver las muñequeras Alice abrió un poco la boca
pensando en todas las que tenía, pero le faltaba esa, la que tenía ese chico en
su brazo derecho.
- Ellos son Tom y Bill, mis hijos-
dijo Simone con las manos posadas en los hombros de ambos chicos.
- Yo soy Laila. – exclamó su hermana
levantándose del sillón rápidamente y acercándose a los chicos, les dio dos
besos a cada uno y volvió a su lugar. Sus padres se levantaron a la vez y
saludaron a los gemelos, Alice contemplaba la escena y escuchaba a su padre
decir “pero que buenos chicos, ¿no Laila?”, ante esto.. Laila sonreía y se
mordía el labio inferior mirando a los gemelos. Le prestó tanta atención a la
escena que lo se dio cuenta de que algo peludo rozaba sus piernas hasta que
sintió un ronroneo.
- ¡AAAAH!– y enseguida, con una
agilidad que ni ella sabía que tenía se subió sobre el sillón y miró al gato.
Era pequeño… de color negro, con unas manchas blancas... se sintió observada, y
así era. Todas las miradas se posaban en ella – El gato… me…
-Le teme a los gatos – la
interrumpió su hermana con cierto tono de superioridad y delicadeza, que hizo
arrancar risas de todos los que estaban allí, Alice muy avergonzada se puso
roja como un tomate, le dedicó una mirada envenenada a su hermana y esta le
guiño un ojo; cuando todos terminaron de reír, nuevamente miraron a Alice que
ya no tenía tanto color rojo en las mejillas, pero seguía sobre el sillón. – ya
se ha ido, no te preocupes – volvió a dejar en ridículo a su hermana.
- Lo siento… - susurró Alice bajando
del sillón, se acercó a donde los gemelos y los saludó – soy Alice… Aly, en
realidad.- le dio dos besos a cada uno.
- Ya es hora de comer, pasen al
comedor, por favor.. y Bill.. ve a dejar a Kasimir a tu habitación, no queremos
que asuste a las invitadas- dijo con cierto rin tintín, Bill miró a Alice con
una expresión graciosa y esta se puso más colorada de lo que estaba, Bill tomó
al gatito en sus brazos y se lo llevó a su habitación.
Alice buscó un puesto desocupado en
la mesa, se sentó al lado de su hermana y a su otro lado, en el final de la
mesa, se sentó Simone. Quince segundos más tarde llegó Bill, y se sentó en el
único asiento restante, frente a Alice, entre su madre y Tom. Los mayores
entablaron un tema de conversación mientras que Laila y Alice conversaban
silenciosamente, casi murmurando… y los gemelos las observaban y hablaban entre
ellos… esa noche, no se cruzaron palabras entre los gemelos y las gemelas. Se
limitaban a observarse, algunos con más interés que otros.
Al término de la cena volvieron a
casa. Lo único que Alice quería era huir de allí, donde había hecho el ridículo
más grande de su vida, o al menos que recordara, y en frente de los chicos más
guapos que sus ojos habían visto. “Jamás volveré a esa casa, ojalá no los
vuelva a ver.” se repetía una y otra vez mientras se ponía el pijama. Una vez
con pijama fue a hablar con su hermana… le quería preguntar por qué se había
comportado así con ella en la casa de Simone.
- Laila, necesito hablar contigo-
dijo entrando en su habitación.
-¿Puedes picar a la puerta antes de
entrar?
- ¿Por qué me dejaste en ridículo
frente a los vecinos?-Preguntó, haciendo caso omiso.
- Dije la verdad, cariño- estaba con
la mirada puesta en su teléfono. – ¿Qué querías que hiciera?
- No sé.-Se encogió de hombros.-
Ayudarme. Eres mi hermana…
- Y justamente por eso dije que le
temías a los gatos.
- No debiste… me hiciste pasar una
vergüenza terrible.
- No es mi problema hermanita- Apagó
el teléfono e hizo un puchero.
- Y deja de mirarme así, Laila. No
entiendo porqué…-Suspiró.-Tú no eres así conmigo.
- Yo soy igual con todo el mundo… te
importe o no. No quiero que me vengas a sacar de quicio aquí, en mi misma
habitación.- En ese momento su expresión enojada desapareció y en su lugar
apareció una calara mueca de arrepentimiento – Aly, no te enojes querida... lo
lo lo si siento. Lo siento.- Alice abrieron mucho los ojos.. Laila no
acostumbraba decir “ lo siento”, ella era muy orgullosa, solo lo decía cuando
estaba muy arrepentida. Y siempre que lo hacía parecía faltarle el aire y toda
su casa se ponía roja.
- ¿De verdad lo sientes?
- S.. s.. si. – le contesto Laila con
una sonrisa en el rostro. Se levantó de la cama donde estaba dentada y abrazó a
Alice, que respondió a su abrazo…La puerta de la habitación se abrió. Alice dio
un saltito con el susto y Laila rió.
Era su padre.
- Chicas, Adivinen…-Ambas lo miraron
sin decir nada, esperando a que él les soltara la notica. Su padre suspiró, al
parecer ninguna de las dos estaba de humos o es que había llegado en el momento
inadecuado.-Ya les conseguí una escuela y…
- ¿Qué? ¡¿No tendremos profesor
particular?!- exclamó Laila alarmada interrumpiendo a su padre
- ¡Shht! Deja que papá siga
hablando- Laila solo movió la cabeza asintiendo- ¿Y…? – Lo animó a continuar,
sonriéndole muy cariñosamente, como todas las sonrisas que iban dedicadas a él.
- Muy bien. Pero Laila, no interrumpas
mas ¿eh?
- Está bien.. – dijo Laila jugando
con un mechón de su cabello.
- Llamado a su nueva escuela, las
han aceptado a las dos y estarán en la misma clase.
- Pff ¿es todo? – Soltó Laila
frunciendo el seño.
- No, no es todo, las clases
comienzan mañana… Luisa las despertará a las siete y por favor no se queden más
tiempo en la cama, que perderán el autobús.
- ¡¿Autobús!?... ¿y por qué no mejor
un chofer? – volvió a exclamar Laila alarmada, moviendo los brazos por el aire.
- Porque eso lo decido yo.
-Pero… pero papá… acabamos de llegar
¡estoy cansada! ¡Estamos cansadas!-Se señaló a sí misma poniendo su mejor cara
de lástima.
-Laila, ya basta… fue un viaje
cortísimo desde la playa, estuvimos allí una semana descansando y como si fuera
poco, al llegar, ya tenías tu habitación armada tal cual lo pediste y Luisa se
encargó de desempacar y guardar toda tu ropa.-Su padre intentó hacerla entrar
en razón.- ¿Y tú qué dices, Aly?- hasta ese momento Alice no había abierto la
boca.
- Me parece perfecto – sonrió traviesa
y se lanzó a los brazos de su padre.
Después de un rato de estar
tonteando, se fue a su habitación, apagó la luz, se metió en su cama y se
durmió.

hola! no habia leído este fic tuyo y me encanta! haha
ResponderEliminargemelas con gemelos!
genial! hahah
ACABO DE SUBIR NUEVO CAPI DE MI FIC!
espero que te guste!
y pases a firmar! besos!