27 febrero, 2012

Capítulo 1 /Leb die sekunde


Hola (: como dije, hoy también empiezo a subir la primera parte de Leb die sekunde. La arreglé un poco, cambié algunos nombres sin importancia que se repetían en todas mis fics, arreglé lo que pude la redacción... 
Como fue mi primera fic, no es que sea la mejor que he escrito... pero igual quería subirla porque le tengo cariño. :3














CAPITULO 1

Alice tenía dieciséis años; era una niña hermosa con cabello negro que le caía hasta la mitad de la espalda, de piel muy blanca, un cuerpo delgado y muy bien formado y unos preciosos ojos color verdes, vivía con su madre una mujer muy amable e inteligente, su padre que era un gran empresario con mucho dinero, y su hermana gemela que era engreída y egocéntrica la mayor parte del tiempo.
Ese día se mudaba a Leipzig, Alemania. Su vida habían sido sólo viajes y más viajes, pero esta vez sería diferente, porque allí sería donde viviría por mucho tiempo. O al menos esos eran los planes. Sus padres amaban a las dos hermanas, por lo que consentían hasta el más mínimo capricho que estas dos muchachas podían imaginarse, aún así Alice era una muchacha sencilla, humilde y realista, en cambio, Laila su hermana gemela, pensaba que el mundo giraba en torno a ella, amaba presumir todo lo que tenía, era fría, manipuladora e inteligente; con la única persona que ella era amable y nunca iba a traicionar era Alice, ya que era muy unidas y se querían mucho. Las personas no entendían como dos chicas tan iguales exteriormente podían ser tan diferentes interiormente.
Ese día, sería especial para Alice, era el día en el que conocería su casa la que viviría hasta “siempre”; bajó del coche con una sonrisa en sus labios y observó. La casa era grande, con un hermoso jardín muy bien adornado, tenía flores y hasta una piscina, “papá pensó en todo” pensó Alice. Al instante su hermana bajó del coche y poniéndose a su lado, se quitó los lentes de sol y observó la casa distraídamente. Entonces una mano de posó en el hombro de Alice... era su madre que con una sonrisa cómica y juguetona le dijo:
-Ve tu nueva habitación… está amueblada, cariño… todo es nuevo- Alice le sonrío y su madre le contestó con un beso en la mejilla y un abraso, al instante la soltó y ella corriendo lo más rápido que pudo entró en la casa. – Cielo, ve a ver la casa... te gustará – dijo dirigiéndose a Laila.
- Eso es lo que aré.- Dijo indiferente. Al instante caminó, entró a su nueva habitación y cerró la puerta tras de sí.
Mientras tanto Alice estaba en su habitación ordenando su ropa en el armario.. tardó una hora en arreglarlo todo y se tendió agotada por su trabajo en su cama, tomó aire y lo soltó con un gran suspiro, escuchó risas provenientes de afuera y se asomó al balcón a ver qué era lo que estaba sucediendo allí, en cuanto miró, vio a su madre en una conversación muy animada con una señora de cabello claro y corto que estaba acompañada de dos chicos, Alice trató de ver quiénes eran pero el sol le molestaba, miró hacia el cielo y en cuanto volvió a bajar la mirada hacia su madre, vio que ella la apuntaba como diciendo “¡allí está! “, en seguida la mirada de los tres extraños se posaron en ella. Muy avergonzada entró a su habitación nuevamente, roja como un tomate. Se sentó en su mini sillón y se puso los audífonos para escuchar música.
A los veinte minutos entró su madre con una sonrisa en el rostro.
- Aly, quiero que te vistas y arregles lo más hermosa que puedas.- Alice de quitó los audífonos.
- ¿Por qué? – preguntó confundida, no sabía a qué venía lo que le había ordenado su madre.
- Iremos a cenar con los vecinos… nos han invitado – le contestó su madre, pudo ver como se dibujaba una sonrisa en el rostro de su hija.
- Si, mami… ¿formal o informal? – preguntó Alice levantándose de su mini sillón.
- Como prefieras, como quedes más linda.- le guiñó un ojo y salió de la habitación cerrando la puerta.
- ¿Y ahora que me pondré?- se dijo para sí misma caminando hacia su armario, se paró en seco y observó detenidamente cada prenda de ropa… a los minutos logró decidirse por unos pantalones negros muy ajustados, una camiseta rosa de tirantes y sus zapatos negros. Caminó hacia el tocador y allí se maquilló los ojos de negro haciendo resaltar sus ojos verdes. También se arreglo un poco el cabello. Y ya estaba lista. Se levanto de la silla del tocador y se paró frente al espejo…“estoy lista” se dijo a sí misma. Salió de su habitación y vio a su hermana cerrando la puerta de la suya, estaba con un vestidito muy corto y con mucho vuelo de color blanco, una blusa del mismo color con los dos primeros botones sin abrochar, un collar de perlas, tacones de 7 cm, según calculó, y sus típicos lentes de sol que jamás se quitaba. Según ella, porque eran sus favoritos.
- Qué linda estás, Laila- Le sonrió a su hermana. Laila también sonrió.
- Tu igual estas guapísima – Laila se acercó a Alice y tomándole la mano comenzaron a caminar hacia la escalera.  Cuando Alice iba a dar un paso para pisar el primer escalón Laila la detuvo poniendo su brazo en frente de ella impidiéndole dar un paso más, la miró con una sonrisa picarona – ¿Has visto a los nuevos vecinos?- Alice negó con la cabeza - Están muy buenos… son dos… ¡y gemelos! ¿Puedes creerlo? ¡Cómo nosotras! – decía dando saltitos de alegría.
- ¿Tan buenos están?
- ¡Sí! y no sabes... hace un rato mamá estuvo conversando con su madre, y al parecer también estaban los gemelos... mamá dijo que eran idénticos ¡así como nosotras!... pero que tenían estilos muy diferentes – esto último lo dijo llevándose una mano a la boca y la otra a la cintura, Alice solo rió.
- Mejor bajemos…- puso una cara divertida que a Laila le molestó y con una sonrisa cínica comenzó a bajar las escaleras.
Se encontraron con su madre y su padre en el salón y se dirigieron a la casa de en frente, su padre tocó el timbre… en unos segundos una señora muy joven de contextura delgada y cabello claro abrió la puerta, saludó con dos besos a todos y los hizo pasar, Alice se sentó en uno de los sillones pequeños y fijó su vista en la TV. Laila se sentó entre su madre y su padre en el sillón mas grande, mientras que la señora que había abierto la puerta, llamada Simone, según había escuchado Alice, iba a buscar a sus dos hijos. Tardaron mucho, lo suficiente como para aburrir a Alice y que una impaciente Laila comenzara a jugar con el borde de su vestido. Pero lo soltó al instante, al escuchar pasos en la escalera.
Alice miró hacia allí y vio bajar las escaleras a Simone, seguida por dos muchachos muy apuestos, uno de los chicos llevaba rastas atadas, con una gorra y ropa muy, muy ancha, “demasiado, vaya estilo”, pensó Alice y sonrió; el otro chico, era todo lo contrario al anterior, llevaba unos vaqueros, una camiseta negra con dibujos en rojo, los ojos maquillados de negro, el pelo hacia arriba y muñequeras de cuero con tachas en ambos brazos, al ver las muñequeras Alice abrió un poco la boca pensando en todas las que tenía, pero le faltaba esa, la que tenía ese chico en su brazo derecho.
- Ellos son Tom y Bill, mis hijos- dijo Simone con las manos posadas en los hombros de ambos chicos.
- Yo soy Laila. – exclamó su hermana levantándose del sillón rápidamente y acercándose a los chicos, les dio dos besos a cada uno y volvió a su lugar. Sus padres se levantaron a la vez y saludaron a los gemelos, Alice contemplaba la escena y escuchaba a su padre decir “pero que buenos chicos, ¿no Laila?”, ante esto.. Laila sonreía y se mordía el labio inferior mirando a los gemelos. Le prestó tanta atención a la escena que lo se dio cuenta de que algo peludo rozaba sus piernas hasta que sintió un ronroneo.
- ¡AAAAH!– y enseguida, con una agilidad que ni ella sabía que tenía se subió sobre el sillón y miró al gato. Era pequeño… de color negro, con unas manchas blancas... se sintió observada, y así era. Todas las miradas se posaban en ella – El gato… me…
-Le teme a los gatos – la interrumpió su hermana con cierto tono de superioridad y delicadeza, que hizo arrancar risas de todos los que estaban allí, Alice muy avergonzada se puso roja como un tomate, le dedicó una mirada envenenada a su hermana y esta le guiño un ojo; cuando todos terminaron de reír, nuevamente miraron a Alice que ya no tenía tanto color rojo en las mejillas, pero seguía sobre el sillón. – ya se ha ido, no te preocupes – volvió a dejar en ridículo a su hermana.
- Lo siento… - susurró Alice bajando del sillón, se acercó a donde los gemelos y los saludó – soy Alice… Aly, en realidad.- le dio dos besos a cada uno.
- Ya es hora de comer, pasen al comedor, por favor.. y Bill.. ve a dejar a Kasimir a tu habitación, no queremos que asuste a las invitadas- dijo con cierto rin tintín, Bill miró a Alice con una expresión graciosa y esta se puso más colorada de lo que estaba, Bill tomó al gatito en sus brazos y se lo llevó a su habitación.
Alice buscó un puesto desocupado en la mesa, se sentó al lado de su hermana y a su otro lado, en el final de la mesa, se sentó Simone. Quince segundos más tarde llegó Bill, y se sentó en el único asiento restante, frente a Alice, entre su madre y Tom. Los mayores entablaron un tema de conversación mientras que Laila y Alice conversaban silenciosamente, casi murmurando… y los gemelos las observaban y hablaban entre ellos… esa noche, no se cruzaron palabras entre los gemelos y las gemelas. Se limitaban a observarse, algunos con más interés que otros.

Al término de la cena volvieron a casa. Lo único que Alice quería era huir de allí, donde había hecho el ridículo más grande de su vida, o al menos que recordara, y en frente de los chicos más guapos que sus ojos habían visto. “Jamás volveré a esa casa, ojalá no los vuelva a ver.” se repetía una y otra vez mientras se ponía el pijama. Una vez con pijama fue a hablar con su hermana… le quería preguntar por qué se había comportado así con ella en la casa de Simone.
- Laila, necesito hablar contigo- dijo entrando en su habitación.
-¿Puedes picar a la puerta antes de entrar?
- ¿Por qué me dejaste en ridículo frente a los vecinos?-Preguntó, haciendo caso omiso.
- Dije la verdad, cariño- estaba con la mirada puesta en su teléfono. – ¿Qué querías que hiciera?
- No sé.-Se encogió de hombros.- Ayudarme. Eres mi hermana…
- Y justamente por eso dije que le temías a los gatos.
- No debiste… me hiciste pasar una vergüenza terrible.
- No es mi problema hermanita- Apagó el teléfono e hizo un puchero.
- Y deja de mirarme así, Laila. No entiendo porqué…-Suspiró.-Tú no eres así conmigo.
- Yo soy igual con todo el mundo… te importe o no. No quiero que me vengas a sacar de quicio aquí, en mi misma habitación.- En ese momento su expresión enojada desapareció y en su lugar apareció una calara mueca de arrepentimiento – Aly, no te enojes querida... lo lo lo si siento. Lo siento.- Alice abrieron mucho los ojos.. Laila no acostumbraba decir “ lo siento”, ella era muy orgullosa, solo lo decía cuando estaba muy arrepentida. Y siempre que lo hacía parecía faltarle el aire y toda su casa se ponía roja.
- ¿De verdad lo sientes?
- S.. s.. si. – le contesto Laila con una sonrisa en el rostro. Se levantó de la cama donde estaba dentada y abrazó a Alice, que respondió a su abrazo…La puerta de la habitación se abrió. Alice dio un saltito con el susto y Laila rió.
Era su padre.
- Chicas, Adivinen…-Ambas lo miraron sin decir nada, esperando a que él les soltara la notica. Su padre suspiró, al parecer ninguna de las dos estaba de humos o es que había llegado en el momento inadecuado.-Ya les conseguí una escuela y…
- ¿Qué? ¡¿No tendremos profesor particular?!- exclamó Laila alarmada interrumpiendo a su padre
- ¡Shht! Deja que papá siga hablando- Laila solo movió la cabeza asintiendo- ¿Y…? – Lo animó a continuar, sonriéndole muy cariñosamente, como todas las sonrisas que iban dedicadas a él.
- Muy bien. Pero Laila, no interrumpas mas ¿eh?
- Está bien.. – dijo Laila jugando con un mechón de su cabello.
- Llamado a su nueva escuela, las han aceptado a las dos y estarán en la misma clase.
- Pff ¿es todo? – Soltó Laila frunciendo el seño.
- No, no es todo, las clases comienzan mañana… Luisa las despertará a las siete y por favor no se queden más tiempo en la cama, que perderán el autobús.
- ¡¿Autobús!?... ¿y por qué no mejor un chofer? – volvió a exclamar Laila alarmada, moviendo los brazos por el aire.
- Porque eso lo decido yo.
-Pero… pero papá… acabamos de llegar ¡estoy cansada! ¡Estamos cansadas!-Se señaló a sí misma poniendo su mejor cara de lástima.
-Laila, ya basta… fue un viaje cortísimo desde la playa, estuvimos allí una semana descansando y como si fuera poco, al llegar, ya tenías tu habitación armada tal cual lo pediste y Luisa se encargó de desempacar y guardar toda tu ropa.-Su padre intentó hacerla entrar en razón.- ¿Y tú qué dices, Aly?- hasta ese momento Alice no había abierto la boca.
- Me parece perfecto – sonrió traviesa y se lanzó a los brazos de su padre.
Después de un rato de estar tonteando, se fue a su habitación, apagó la luz, se metió en su cama y se durmió.

1 comentario:

  1. hola! no habia leído este fic tuyo y me encanta! haha
    gemelas con gemelos!
    genial! hahah
    ACABO DE SUBIR NUEVO CAPI DE MI FIC!
    espero que te guste!
    y pases a firmar! besos!

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