Abrí los ojos con pereza.
Era martes, y tenía que irme a la escuela. No quería, no tenía ganas de salir… y es que me habría quedado acostada todo el día. Metida entre las sábanas calentitas. Pero no… tenía que ir a “estudiar”. Suspiré y me levanté de golpe… cuanto antes mejor. Hice lo mismo que todas las mañanas y me acabé poniendo unos jeans claros con manchas más oscuras y un sweater de lana color negro. Eran de lo más calentitos… y el sweater me lo había dado la abuela en las navidades anteriores. Me puse también unas botas y como no estaba atrasada, me alisé el cabello, además de maquillarme un poco. Bajé a tomar desayunos y en cuanto termine, me puse el abrigo negro, cogí mis cosas y salí de casa. Al parecer papá entraba a trabajar antes que yo despertara… que temprano, pobre.
Caminé hacia la esquina a la parada de autobuses… y me pillé con Emilie. En todo el camino a la escuela no dejó de molestarme con Bill. Odiaba que hiciera eso, era insoportable. Tuve que entretenerla con lo de nuestros padres. Emilie estaba muy contenta con eso de que probablemente seríamos hermanas. Aunque me confesó que sentía que su padre no hubiese ido a la cena.
Llegamos a clases antes de que comenzaran y nos pusimos a conversar en nuestros asientos. Me estaba apegando mucho a ella y Emilie tampoco socializaba mucho con el resto de la clase. Tuvimos que dejar de hablar cuando llegó el profesor de historia. La historia alemana no me interesaba… para nada. Lo básico ya lo sabía, y no me hacía falta saber más cosas. Sólo el idioma del país, nada más. Estuve dibujando en mi cuaderno todo el tiempo. Llevaba muy poco tiempo con los cuadernos comprados y ya los tenía llenos de rayas y dibujos sin sentido.
En la segunda clase, me puse a escuchar música a escondidas. Guardando el móvil en uno de los bolsillos de mi chaqueta… cubría los audífonos con mi cabello y sólo Emilie se dio cuenta de que estaba en mi mundo, pensando en mis cosas. O quizás sólo pensaba en Bill… odio pensar en Bill. Desde anoche, no había podido dejar de pensar en él. Incluso había soñado con él, era lo peor. En el sueño, él me decía que jugáramos... me cogía la mano y corríamos por la playa… una playa que recordaba muy bien, la había visitado hacía un tiempo, el otro país, otro continente. Pero yo estaba allí con Bill, corriendo, mojándonos los pies… Yo estaba enojada. Y Bill intentaba animarme, tiraba de mí y reía. Con esa risa, que seguramente, había sido afortunada al lograr escucharla. Los dos íbamos vestidos con ropa de playa… y él lograba convencerme, para comenzar a jugar, o más bien correr por la playa. En ningún momento entramos al mar…
Cuando fue la hora de almuerzo, me pedí un plato de comida y una coca-cola. Emilie comió lo mismo que yo… y después volvimos a clases. Estaba segura de que iba a reprobar en todo. A no ser que me hicieran las evaluaciones en inglés… pero eso ya lo arreglaríamos. Esa clase, estuve igual que en las anteriores: Haciendo nada. Dibujé, tarareé una canción e incluso me puse a revisar las fotos de mi móvil. Emilie no habló conmigo en todo ese tiempo. No le iba muy bien en esa clase y quería subir sus calificaciones… bien por ella. A lo mejor después me enseñaba.
Y que alivio sentí cando sonó el timbre que avisaba que las clases ya habían terminado.
—Por fin —dije, soltándo eun bostezo.
Caminé hacia la esquina a la parada de autobuses… y me pillé con Emilie. En todo el camino a la escuela no dejó de molestarme con Bill. Odiaba que hiciera eso, era insoportable. Tuve que entretenerla con lo de nuestros padres. Emilie estaba muy contenta con eso de que probablemente seríamos hermanas. Aunque me confesó que sentía que su padre no hubiese ido a la cena.
Llegamos a clases antes de que comenzaran y nos pusimos a conversar en nuestros asientos. Me estaba apegando mucho a ella y Emilie tampoco socializaba mucho con el resto de la clase. Tuvimos que dejar de hablar cuando llegó el profesor de historia. La historia alemana no me interesaba… para nada. Lo básico ya lo sabía, y no me hacía falta saber más cosas. Sólo el idioma del país, nada más. Estuve dibujando en mi cuaderno todo el tiempo. Llevaba muy poco tiempo con los cuadernos comprados y ya los tenía llenos de rayas y dibujos sin sentido.
En la segunda clase, me puse a escuchar música a escondidas. Guardando el móvil en uno de los bolsillos de mi chaqueta… cubría los audífonos con mi cabello y sólo Emilie se dio cuenta de que estaba en mi mundo, pensando en mis cosas. O quizás sólo pensaba en Bill… odio pensar en Bill. Desde anoche, no había podido dejar de pensar en él. Incluso había soñado con él, era lo peor. En el sueño, él me decía que jugáramos... me cogía la mano y corríamos por la playa… una playa que recordaba muy bien, la había visitado hacía un tiempo, el otro país, otro continente. Pero yo estaba allí con Bill, corriendo, mojándonos los pies… Yo estaba enojada. Y Bill intentaba animarme, tiraba de mí y reía. Con esa risa, que seguramente, había sido afortunada al lograr escucharla. Los dos íbamos vestidos con ropa de playa… y él lograba convencerme, para comenzar a jugar, o más bien correr por la playa. En ningún momento entramos al mar…
Cuando fue la hora de almuerzo, me pedí un plato de comida y una coca-cola. Emilie comió lo mismo que yo… y después volvimos a clases. Estaba segura de que iba a reprobar en todo. A no ser que me hicieran las evaluaciones en inglés… pero eso ya lo arreglaríamos. Esa clase, estuve igual que en las anteriores: Haciendo nada. Dibujé, tarareé una canción e incluso me puse a revisar las fotos de mi móvil. Emilie no habló conmigo en todo ese tiempo. No le iba muy bien en esa clase y quería subir sus calificaciones… bien por ella. A lo mejor después me enseñaba.
Y que alivio sentí cando sonó el timbre que avisaba que las clases ya habían terminado.
—Por fin —dije, soltándo eun bostezo.
—Si… —suspiró Emilie, guardando los cuadernos dentro de su mochila, yo la imité —estoy agotada ¿te parece si ensayamos mañana? —se refregó uno de los ojos —hoy va a venir papá a vernos… y quiero estar con él.
—No hay problema —le sonreí, cerrando mi mochila. Yo también quería tener tiempo para hablar vía Internet con mis amigas y componer el acompañamiento. Emilie se llevando, colgándose la mochila en los hombros y yo la seguí, saliendo de la clase.
—Mañana cae nieve —me dijo, mientras se acomodaba todo el cabello hacia un lado.
—Que horrible… no me gusta a nieve, es tan helada —me estremecí.
—Es agua congelada —se burló Emilie —¿comemos helados mañana?
—Vale. Pero en mi casa…
—Entonces me voy a tu casa para tocar, ¿no? —asentí.
—Entonces me voy a tu casa para tocar, ¿no? —asentí.
—Nos vamos turnando —Emilie me dio la razón. Y luego nos subimos al autobús… que se había detenido justo frente a nosotros. Avanzamos hacia los asientos del final y yo me senté del lado de la ventana.
—¿Y Bill?
—¿Sigues con lo mismo? —esto ya me estaba cansando.
—¿Sigues con lo mismo? —esto ya me estaba cansando.
—Si ¿te gusta? No voy a dejar de molestarte hasta que lo admitas —se apresuró en decir.
—¡Pero no me gusta!
—Si te gusta, no lo niegues. Mentir es malo… —puse los ojos en blanco.
—Si te gusta, no lo niegues. Mentir es malo… —puse los ojos en blanco.
—No tienes remedio… ¡Bill ni siquiera es lindo!
—¡Pff! ¿y quieres que te crea? Es que eres demasiado obvia. Lo miras como una boba todo el tiempo ¿o es que piensas que la gente, digo yo, no me doy cuenta de que prácticamente se te cae la baba? —abrí los ojos como platos ¡no! —y no te sorprendas, Bill te mira igual. No sé porqué pelean tanto, dile que lo amas y ya.
—¡Pff! ¿y quieres que te crea? Es que eres demasiado obvia. Lo miras como una boba todo el tiempo ¿o es que piensas que la gente, digo yo, no me doy cuenta de que prácticamente se te cae la baba? —abrí los ojos como platos ¡no! —y no te sorprendas, Bill te mira igual. No sé porqué pelean tanto, dile que lo amas y ya.
—¡No lo amo! además ni siquiera lo conozco, no inventes cosas… que te quede claro que jamás podría amar a alguien taaan automático —hice un gesto con la mano.
—Por eso es que lo amas… amas su automática existencia —se calló al instante, torciendo la boca hacia un lado —seguro que antes no era automático. A lo mejor… ¡claro! a ese chico le falta amor. Tú puedes darle amor, sácalo de su estado automático.
—Ese chico necesita clases de modales.
—Uy, sé que te mueres por él —fui a protestar, pero ella me interrumpió —te doy €100 si logras que salga de su estado automático. Alcé una ceja.
—Uy, sé que te mueres por él —fui a protestar, pero ella me interrumpió —te doy €100 si logras que salga de su estado automático. Alcé una ceja.
—No.
—€200 —negué con la cabeza —€300, es mi última oferta —volví a negar —puaj, te da miedo, eso es lo que pasa. No puedes hacerlo.
—€200 —negué con la cabeza —€300, es mi última oferta —volví a negar —puaj, te da miedo, eso es lo que pasa. No puedes hacerlo.
—Si quisiera, podría hacerlo.
—¿Y €300 no te hacen querer? te estoy tocando el orgullo, no sé si te diste cuenta —roló los ojos, inocente.
—¿Y €300 no te hacen querer? te estoy tocando el orgullo, no sé si te diste cuenta —roló los ojos, inocente.
—Hecho —OK… me había picado. Tenía que aceptar esto.
Entonces ella se levantó y detuvo el autobús.
—Podrías empezar a conquistarlo ahora —me levante, sin entender y me bajé tras Emilie del autobús. Allí estaban ellos.
“Conquistarlo”, y es que de sólo pensarlo me daban escalofríos.
—¡Hallo! —gritó Emilie, agitando la mano. Wow, eran muchos y estaban conversando todos de pie bajo la parada de autobuses. Estaban Sam, Tom, Bill, Andreas, Georg… y una chica que nunca antes había visto.
—¡Emilie! —la saludó Andreas. Emilie cogió mucho aire, feliz… y luego se acercó dando saltitos a saludarlo con un beso en la mejilla. Genial… ahora ella iba a obtener de lo mismo que me había dado.
Caminé hacia Andreas. Al parecer nadie se había dado cuenta de nuestra presencia, sólo Andreas… Y a lo mejor también Bill, con quien crucé la mirada durante medio segundo.
—Hola —saludé a Andreas, poniéndome de puntillas para darle un beso en la mejilla.
—Hola, Karlie —me dedicó una sonrisa.
—Oye, ¿no quieres invitar a Emilie al cine? muere por ir contigo —sonreí de medio lado. Emilie me miraba con la boca y los ojos abiertos. Estaba sorprendida… y algo molesta.
—La verdad… —se llevó una mano al cabello y se rascó la cabeza, torciendo la boca hacia un lado —tenía la intención de invitarte a ti. No sé como adivinaste… —esta vez quien abrió la boca y los ojos fui yo. Al parecer Andreas se dio cuanta de que la había cagado. Emilie se cubrió la boca con una de sus manos y yo no supe que hacer. Estaba nerviosa… jamás me había pasado algo así. Y el silencio siguió… reventándome los oídos. Hasta que alguien carraspeó, detrás de mí.
—Andreas, no seas perdedor… —me tensé por completo. Pegué un pequeño saltito al oír su voz… y me sentí avergonzada. Él se había entrometido en nuestra no-conversación. Y yo seguía con la mirada clavada en el botón del abrigo de Emilie, sin querer mirarle el rostro, seguro estaba dolida. Y había sido mi culpa. Respiré, llenando mis pulmones a tope.
—¿No quieres? —me preguntó Andreas. Alcé la vista, clavando mis ojos en los del rubio… se notaba decepcionado ¡idiota! ¿o es que no se daba cuenta de la gran chica con lágrimas en los ojos que tenía a su lado?
—N-no —apenas pude sacar la voz. El color se me subió a las mejillas y no supe que hacer.
—Claro que no quiere, si ese día irá al cine conmigo —un brazo me rodeó a la altura de los hombros. Me empujó hacia atrás, pegándome a su cuerpo. Me quedé de piedra, sin saber que hacer, o que decir. Estaba roja a más no poder, sentía mucho calor, quería quitarme ese abrigo ¿y a Bill que le pasaba?, ¿por qué hacía esto? Miré a Emilie. Sus ojos estaban cristalizados en lágrimas.
—T-tu… —carraspeé, intentando sacar la voz —tú, Andreas… —lo miré —quería ir al cine sólo porque quieres que seamos buenos amigos, ¿verdad? —dije con un hilo de voz, intentando hacer sentir mejor a Emilie. Pero no podía olvidarme de que tenía a Bill pegado a mi espalda y prácticamente abrazándome.
—Yo… más bien pensaba que… —cogió aire fuertemente, incluso yo pude oírlo —no importa.
—Idiota —lo insulté, perdiendo la calma al ver como Emilie se pasaba una mano por los ojos, que ya comenzaban a enrojecer —eres un idiota, como todos los hombres —alcé un poco la voz. Bill se puso rígido detrás de mí, sin soltarme aún —estúpido ¡ni siquiera te das cuenta! Te estás perdiendo algo muy, muy valioso —seguí. Andreas me miró confundido, sin entender nada. Bill me hizo callar, con un “shht” que salió por entre sus labios, sobre mi cabeza. Entonces Andreas miró a Emilie… la chica desvió el rostro hacia un lado, para que no pudiera ver sus lágrimas que ya comenzaban a deslizarse por sus mejillas. Y si ella lloraba… yo también lloraría —Emilie… —me fui a mover, para abrazarla, pero Bill me rodeó con su otro brazo.
—Andreas… ¿porqué no hablas con Emilie un segundo en el parque que está a dos calles de aquí? —dijo Bill, como si estuviese hablando con una persona que tiene problemas mentales. Andreas miró hacia ambos lados, confuso.
—Lo siento —me dijo.
—No me lo digas a mí —contesté entre dientes. Había intentado burlarme de Emilie y había pasado esto. ¿Pero como iba a saber yo que Andreas iba a invitarme a salir?
—Si quieres otro día, después de que salgas con B…
—Andreas, cállate —lo volvió a cortar Bill, con voz fría.
—Andreas, cállate —lo volvió a cortar Bill, con voz fría.
—Bill, tu no puedes salir con ella, Karlie es m…
—¿Es que no captas indirectas, descerebrado? —le espetó Bill, ya enojado. Así que yo no era la única a quien regañaba… —yo no voy a salir con esta niñita, tampoco pienso hacerlo alguna vez, sólo te digo que vayas a HABLAR con Emilie —casi le gritó. Sentí como el corazón se me encogía… me sentí aún peor al escuchar un sollozo de mi amiga.
—¿Es que no captas indirectas, descerebrado? —le espetó Bill, ya enojado. Así que yo no era la única a quien regañaba… —yo no voy a salir con esta niñita, tampoco pienso hacerlo alguna vez, sólo te digo que vayas a HABLAR con Emilie —casi le gritó. Sentí como el corazón se me encogía… me sentí aún peor al escuchar un sollozo de mi amiga.
—Tú no tienes que decirme lo que teng…
—¡Que te calles! —le grité, intenté avanzar un paso, pero Bill no me soltaba. Andreas me miró… casi rogando ¡pero qué terco!
—¡Que te calles! —le grité, intenté avanzar un paso, pero Bill no me soltaba. Andreas me miró… casi rogando ¡pero qué terco!
—Pero si estás libre, Bill no va a salir contigo y tú me…
—¿Y crees que este es el momento adecuado para decirlo? —lo cortó Bill —vamos a tener problemas, Andreas. Tú eres mi amigo… pero no voy a soportar, que por esta niñita —me soltó de golpe, haciéndome a un lado. Me entraron ganas de llorar… —que acaba de llegar, de donde mierda sea que hubiese estado, vengas y le rompas el corazón a Emilie. Yo la conozco desde que conocí a Sam, la he visto crecer, he visto como te mira, incluso te he escuchado cuando te pones en plan “me gusta Emilie”, ¡pero claro! llego la nueva y a babear por ella, ¿no? entiende si te dice que no quiere salir contigo. Por algo será, ¿no? —Bill estaba enojadísimo. Se adelantó, poniéndose frente a mí, encarando a Andreas… y yo ya me iba a echar a llorar. Nunca, repito, nunca me había pasado algo así. Incluso los otros chicos se habían quedado en silencio, escuchando la pelea.
—¿Y crees que este es el momento adecuado para decirlo? —lo cortó Bill —vamos a tener problemas, Andreas. Tú eres mi amigo… pero no voy a soportar, que por esta niñita —me soltó de golpe, haciéndome a un lado. Me entraron ganas de llorar… —que acaba de llegar, de donde mierda sea que hubiese estado, vengas y le rompas el corazón a Emilie. Yo la conozco desde que conocí a Sam, la he visto crecer, he visto como te mira, incluso te he escuchado cuando te pones en plan “me gusta Emilie”, ¡pero claro! llego la nueva y a babear por ella, ¿no? entiende si te dice que no quiere salir contigo. Por algo será, ¿no? —Bill estaba enojadísimo. Se adelantó, poniéndose frente a mí, encarando a Andreas… y yo ya me iba a echar a llorar. Nunca, repito, nunca me había pasado algo así. Incluso los otros chicos se habían quedado en silencio, escuchando la pelea.
—¡Tú no vengas con cuentos, Bill! Karlie nunca me ha dicho que no quiere salir conmigo, además ¡a ti no te importa Emilie!, lo único que te importa, es que esa “niñita”, como tu la llamas, se parece a tu ex ¡y no quieres que nadie la toque! ¿es eso no? —esperó unos segundos, Bill se había quedado mudo —déjame decirte que eres un cobarde ¡ni siquiera has superado lo anterior!, al menos déjame vivir a mí, es mí vida.
Sentía que ya ni siquiera respiraba. Di un paso hacia atrás… Todo se había quedado en silencio… sólo escuchaba los sollozos de Emilie y los coches pasar por la calle.
Tenía que irme, ya no soportaba escuchar tantas estupideces. No soportaba a Andreas, todo había sido mi culpa. Me acomodé la mochila en el hombro y caminé hacia la calle… me iba a casa.
—¡CUIDADO! —escuché la voz de una chica… pero no pude procesar nada, hasta que un “NO” masculino traspasó mis oídos… Giré la cabeza hacia un lado, pero ya estaba demasiado cerca…
ohh genial parece que Karlie necesita ir a clases pero de cultura vial jejeje mil gracias por subir capitulos, lo digo una y mil veces, amo tus fics, espero el proximo capitulo...
ResponderEliminarJajajajajaclases decultura vial omgjajajs
Eliminarjajjajajajajaj xD
EliminarOwwwww...golpes bajos!! Oh God! Continuala porque me quede picadisima...tonto Andreas -.- ushhh...pobrecita Emilie :( se paso...neta se paso...siguela pronto!!
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