13 septiembre, 2013

Automatic /Capítulo 16


Lunes… escuela, de nuevo. Y pensar que nada más la semana pasada este había sido el primer día de clases. Para mí, claro.

Me levanté de la cama y me metí a la ducha. Luego me vestí con unos pantalones de tela negros ajustados y una camiseta azul. Muy simple, sin ningún diseño. Me sequé el cabello con el secador y luego me lo até en una coleta, no tenía ganas de arreglarme demasiado. Me puso unas zapatillas y bajé a tomar el desayuno.

Como con los días anteriores había pasado: papá no estaba. La noche anterior había tenido la leve esperanza de que me fuera a dejar en coche a la escuela… pero no. El trabajo es lo primero.

Me tomé una pastilla para el dolor de garganta, que seguía y luego me serví cereales en un pote con leche. Lo comí hasta la mitad, porque después se me hizo tarde y corrí a lavarme los dientes. Arreglé mi mochila con las cosas que necesitaba. Guardé el móvil, las llaves y todo lo necesario. Luego me puse un abrigo blanco, que me llegaba hasta la mitad de la rodilla… cogí unos guantes con dibujitos de ranas, una bufanda y gorro blancos. Al menso así no pasaría frío. Me colgué la mochila al hombro salí de casa cerrando la puerta tras de mi. Que frío hacía. Las “nubecitas” salían entre mis labios de nuevo. Me sentía congelada, incluso me costaba mover los dedos. Agradecí que el remedio ya estuviese haciendo efecto. No me dolía tanto la garganta. Aunque estaba completamente segura de que me había jodido la voz. Era la sensación, vamos… siempre me pasaba y estaba dos días habando como en susurros, sin querer.

Tosí, llevándome una mano a la boca. Dios, que tos más horrible tenía. Y para colmo, tenía que pasar afuera de la casa de los gemelos para ir a la parada. Lo más seguro era que estuviesen durmiendo… y que no hubiesen fans. 

En la parada me pillé con Emilie. Y al saludarla me di cuenta de que si estaba ronca. Ella se burló de mí, diciendo que me enfermaba por todo. Pero es que ese Bill. Si hacíamos un recuento de la última semana, se podría sacar la conclusión de que él había sido el causante de semejante tragedia.

Llegamos a clase antes de que entrara el profesor y nos sentamos en nuestros asientos. Yo aún no me acostumbraba a la clase. Sólo había asistido uno… dos días, no lo sé. 

La primera clase me dormí. No le pedí a Emilie que me tradujera, más que nada porque no me interesaba. Y al parecer al profesor tampoco le interesaba que yo durmiera en su clase. Las clases me recordaron, que tenía que ensayar el poco y nada de alemán que sabía. Tenía que aprender más. Obviamente, después de esta semana ya entendía lo mínimo de las cosas… aunque aún no podía entender frases completas. Por lo que se me haría imposible hablar con alguien el idioma. De todos modos lo iba a aprender muy bien. Tenía a papá en la casa y este idioma, aunque yo nunca lo supe antes de llegar aquí, era su lengua materna. Y Emilie, como siguiera hablándome en ingles, iba a tener un inglés casi tan perfecto como el mío.

En la segunda clase no pude dormir. Por alguna razón, se me volvió algo imposible y estuve todo el tiempo con la mirada clavada en la ventana. Pensando en mis cosas. O a lo mejor, pensando en cosas que no debería pensar.

La tercera clase fue más de lo mismo. La diferencia es que comencé a dibujar bobadas en mi cuaderno… ¿alguna vez mencioné que no se me da nada mal dibujar? 

Taché el dibujo cuando me di cuenta de que había dibujado esos ojos. Lo había hecho sin querer, como algo automático. … automático. Esa palabra me recuerda a alguien. Precisamente al automático que le había estado dibujando automáticamente los ojos. Esa frialdad… 

Aunque no podía evitar recordar la imagen de sus ojos llenos de lágrimas. Él no lloró, no. Pero había estado a punto de hacerlo. Pobre. Emilie tenía razón, el estaba triste… y era culpa de mi prima. Pero que él esté triste… tampoco es excusa para que me trate mal. A la hora del almuerzo nos fuimos al casino. Yo quise tomarme sólo un café. Para calentar el estómago y la garganta. Pero Emilie me dio de sus galletas. Así que se podría decir que almorcé. 

Era horrible asistir el lunes hasta las tres a la escuela. Por suerte esto era sólo los lunes, martes y jueves… en el caso de mi clase. Los otros días salía antes de almorzar. Y yo ni siquiera me había dado cuenta… hasta que vi el horario en la mañana.

—Sam me dijo que Bill dijo que tú eras linda — milie me pilló por sorpresa al decirme eso. Estábamos en la última clase, antes de irnos a casa. Sentí un leve calor en las mejillas. Hay no. Incluso el corazón se me había apurado un poco.
—No es cierto —solté el lápiz con el que había estado resolviendo los ejercicios en matemáticas. Era fácil… más que nada porque las matemáticas generalmente no tenían idiomas. 
—Si lo es. Pero no voy a molestarte… sé que te llevas mal con él —me encogí de hombros.
—Ahora intento evitarlo… —Emilie asintió.
—Si lo evitas, no va a volver a sacarte de su casa a arrastras —rió un poco —¿cómo es que te pusiste a pelear con él?
—Siempre que lo veo, peleamos —deseé haberme mordido la lengua.
—¿Los has visto más veces? —me miró con una sonrisa. Yo asentí y luego cerré el cuaderno, tras escuchar el timbre que indicaba la salida —¿te vienes a mi casa? no quiero hacer cosas de la escuela —descolgó su bolso de su silla, poniéndolo sobre la mesa… yo hice lo mismo, para meter el cuaderno dentro. 
—Claro.
—Ayer estuve practicando la canción antes de dormir. Voy bien, supongo… necesito tu aprobación —le sonreí, cerrando la mochila —podríamos ir a tu casa para buscar tu guitarra. 
—Supongo que estaría bien —me levanté. Ella también se levantó y salimos de la clase, casi de las últimas. En todo el día no hablamos con Lindsay y… ¿Jess?, ah, no… era Tess. Pero si hablamos con las gemelas… me caían bien. Y al parecer yo también les caía de maravilla. 

Mientras caminábamos hacia la salida, me puse los guantes y la bufanda. No quería usar el gorro. Emilie hizo lo mismo, pero ella si se puso su gorro rosa.

En cuanto salimos por la puerta del edificio, el gélido viento me heló la nariz y el rostro de golpe. Me estremecí. Qué frío hacía aquí afuera. Dentro de poco comenzaría la nieve… los adornos de navidad y lo más importante: las vacaciones. Descansaría de la escuela… aunque no sé de que me quejaba si no hacía nada.

—Karlie —me llamó Emilie. Yo la miré… y ella apuntó con la cabeza hacia delante —creo que tus panes de evitar a Bill serán frustrados. Porque te vienes conmigo… —dijo con suficiencia. Seguí la dirección de sus ojos y me encontré con el mismo coche de ayer… con las mismas personas dentro ¿y si camino?... mejor tomo el autobús. A quien engaño, no quiero caminar, y menos aún si voy sola. Suspiré. Bueno… al menos intenté evitarlo.

Sentí que el corazón se me apuraba y me golpeaba fuertemente el pecho. No me gustaba esa sensación… sentirme así de nuevo era… puaj. No. Y lo peor es que siempre me pasaba al pensar, hablar o estar frente a Bill ¿por qué con él?

Consideré nuevamente la idea de irme en autobús. Pero no. Igual, después tendría que irme a la casa de Emilie. La miré haciendo una mueca de disgusto.

—No es mi culpa que hayan venido. No siquiera lo sabía —alzó las manos, quitándose toda la culpa —y tú te vas a venir conmigo… vamos —me cogió del brazo y caminó conmigo amarrada hasta llegar frente a la ventana de su hermana. Esta bajó el vidrio.
—Hola, Karlie —me saludó Sam. Yo le sonreí como todo saludo. También le sonreí a Tom… —mamá dijo que las tenía que pasar a buscar… si, a las dos. Súbanse —nos ordenó. Emilie abrió la puerta de atrás y me empujó para que me subiera. Estaba segura de que lo había hecho a propósito. Para que fuese al lado de Bill. Me quité la mochila, sentándome en el asiento, y luego dando saltitos, me hice a un lado para que Emilie se subiera en el coche. Bill no me había mirado. Estaba escuchando música con un aparato pequeñito que llevaba en las manos… llevaba una gorra y estaba echado hacia atrás, cómodamente, con las piernas abiertas y los ojos cerrados. Intenté no tocarlo y apreté mi mochila entre mis manos, disimuladamente —Karlie, mi madre dijo que vinieras a casa. Ella invitó a tu padre a cenar con nosotros, los chicos y Simone… Una cena de principio de mes del ultimo del año… o algo así —sentí el corazón en la garganta. “Los chicos”. Los chicos eran Bill y Tom. Digo, Tom y Bill. Asentí y ella me miró por el espejo sonriendo. 
—Igual Karlie ya venía a casa, porque yo la invité —dijo Emilie —vamos a ensayar con la guitarra y eso. ¿Podemos pasar a la casa de Karlie a buscar su guitarra, Tom?
—No es nes…
—Claro, vamos para allá ahora mismo… ¿tocas guitarra? —me miró por el espejillo, yo asentí —wow, no lo sabía, genial.
—Si, es genial —Emilie siguió hablando por mí —tiene muchas canciones propias, ella las inventa… incluso les pone letra ¡y tiene una voz hermosa! —sentí como el color se me subía al rostro. Sam se dio la vuelta y me miró con una gran sonrisa.
—Excelente, tendremos que escucharte cantar, entonces —negué con la cabeza instintivamente, llena de vergüenza —oh, vamos. Que no te de vergüenza. Seguro lo haces genial… —siguió. Es que ella y su hermana eran tan parlanchinas.
—Si. Es la voz femenina más hermosa que he escuchado en mi vida —siguió Emilie —la voz masculina es la de Bill —me miró con una sonrisa de oreja a oreja. Yo sentía que el rostro me iba a explotar en cualquier momento —Sam, Tom, tienen que escucharla ¡es lo mejor! y sus letras llegan… —se llevó las manos al pecho. 
—Bill —llamó Tom a su hermano. Me tensé por completo. Ahora Bill, quién seguidamente había escuchado la conversación, se enteraría de que yo cantaba ¡ay no! y es que no sé de que me hacía tanto problema… ¡pero es que no! me daba más vergüenza y…
—¿Qué? —abrió los ojos al instante y se quitó los audífonos. Me miró durando medio segundo y luego desvió la vista hacia el espejo, para mirar a Tom. Lo más extraño es que ese medio segundo bastó para que mi cuerpo se sintiera extraño.
—¿Escuchaste lo que Emilie decía? —Bill le enseñó los audífonos a Tom, sin decir nada… sin cambiar el rostro, incluso.
—Es sobre Karlie… —empezó Emilie con una gran sonrisa. Bill clavó sus ojos en mi, frío —ella… —pero se calló al instante. Bill había vuelto a ponerse los audífonos. Y no supe porqué me sentí dolida. Le dediqué una mirada a Emilie, y esta alzó una ceja, enojada. Para cuando volví a mirar a ese mal educado, ya había vuelto a cerrar los ojos. Sam volvió a mirar hacia adelante, acomodándose en su asiento… y yo quité mis ojos de Bill. Me había enojado, si. Y creo que Emilie estaba igual que yo… indignada. Bill se creía el centro del mundo ¡ni siquiera la había escuchado! era un egoísta de mierda. Un estúpido creído, un famoso más. No era como Tom, claro que no. Pues que llorara todo lo que quisiera, nunca más lo iba a consolar. Idiota. Patético de mierda, amargado. Fruncí los labios, enojada…
—Aquí es —Tom detuvo el coche afuera de mi casa. Nadie dijo nada, el ambiente estaba tenso. Emilie se bajó del coche y luego me bajé yo. Me dirigí a la puerta y la abrí con la llave, un poco nerviosa… a lo mejor la parejita me hacía cantar para ellos. Ay Dios.

Entré en la casa rápidamente y corrí a mi habitación, dejando la puerta abierta. Lancé mi mochila sobre la cama y me quité los guantes.

Cogí la funda de mi guitarra metí a mi guitarra dentro… la cerré y luego me la colgué en el hombro. Me miré en el espejo, antes de bajar me acomodé un poco los pelos… se levantaban por la humedad y eso.

Bajé las escaleras dando saltitos. Lo bueno de todo esto era que papá iba a estar con Juliette. Todo lo malo se limitaba a una sola cosa: Bill. Amargado de mierda.

Cerré la puerta de casa y caminé hacia el coche. Me metí dentro y cerré la puerta. Ahora yo iba del lado de la ventana y Emilie iba al lado de Bill. Aunque estaba notablemente sentada hacia mi lado, apretándome, para no toparse con ese idiota. Mejor. La comprendía perfectamente. 

Intenté acomodar la guitarra de mejor manera, entre mis piernas, mientras suspiraba.

No tardamos en llegara la casa de las hermanas chillonas. Nos bajamos todos, con Bill de mal humor incluido y Sam abrió la casa. Dijo que estaríamos solos hasta que su madre llegara… que hoy tomaba turnos extras y todo eso.. que se venía con papá a las siete. Y que a esa hora irían a buscar a Simone en el coche. Me sentí extraña. Ellos me estaban haciendo parte de “algo”, de sus vidas. No me veían como una extraña, desconocida. A lo mejor porque también conocían a mi prima… y como somos familia…

Emilie y yo no nos detuvimos en el salón a estar con los “grandes”. Pasamos directo hacia el piso de arriba, en su habitación. Allí nos encerramos, nos quitamos los abrigos y ella me enseñó la canción. Le salía bastante bien, como a mí. Y luego de unos cuantos ensayos pequeñitos para arreglar algunas cosas, tocamos las dos juntas.

Ella aprendía rápido… muy rápido. Después de tocar juntas un par de veces, me puse a cantar… pero bajito. Para que mis voz no traspasara la puerta de esa habitación. No quería que ellos me escucharan. No aún. Aunque, si quiero triunfar… algún día tendré que cantar frente a más personas… más que dos chicos famosos, uno de bastante mal humor, y una chica. 

—¡Emilie! —el grito de Sam nos hizo detener la canción —¡Tom y yo vamos a buscar a Simone! —siguió.
—¡Está bien! —le contestó Emilie… gritando como desquiciada.


3 comentarios:

  1. Ese Bill 77 es un grosero -_- pero es que....que no tiene modales?!! Dejando eso de lado....que bueno que continues rapido! 0/ sigue pronto por favor!!

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  2. Me causó risa donde decía:''Bill, amargado de mierda''. Esto no es justo! Apenas subiste un capítulo, cuando yo esperaba 3 o 4! No es justo, escribe pronto que me estoy volviendo loca!

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  3. Estoy totalmente de acuerdo con la chica, debiste haber subido mas capitulos. este estaba muy bueno, quería mas.

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