05 septiembre, 2013

Automatic /Capítulo 9


Viernes… ya hacía una semana que estaba en territorio alemán.
Y no tenía ganas de despertar, o más bien, abrir los ojos… pues ya estaba despierta.

Hoy si iba a clases. Papá me había dicho que ya estaba mejor, pero tenía que cuidarme. Me había prohibido abrir la ventana de la habitación, estando yo dentro… También, me dijo que tenía que abrigarme bien, pues se venía una ola de frío. 

Con pereza, abrí los ojos lentamente ¿cómo es que no había escuchado la alarma del despertador? buah, a lo mejor se me había olvidado ponerla. Entonces… ¡era tarde! me incorporé tan rápido en la cama, que mi cerebro se sacudió en mi cráneo con violencia, y no exagero. Me quité las sábanas que tenía enredadas en las piernas y luego de refregarme los ojos y bostezar, me levanté rápidamente y corrí hacia mi móvil. Le dí a cualquier botón y miré a la hora. 

En 5 minutos entraba a clases… iba a llegar atrasada. Que buen comienzo, Karla; me dije a mi misma. Y es que había entrado el lunes a clases y el miércoles ya estaba enferma… faltaba por dos días y luego llegaba tarde. Genial. Estupendo. 

Corrí por toda la habitación buscando la ropa y arreglando las cosas, luego me metí a la ducha y me vestí. Volví a correr por la habitación buscando algo para atarme el cabello… y sin maquillarme, ni nada, me puse el abrigo y corrí escaleras abajo. No quise ir a saludar a papá, pues se iba a dar cuenta de que salía con el cabello mojado y me iba a regañar.

—¡Adiós, pá! ¡voy atrasada! —le grité saliendo por la puerta. Él no me contestó. No estaba… se había ido. Pff. Cerré la puerta y luego me eché a correr hacia la parada de autobuses. Apenas alcancé a correr cuatro casas y ya estaba cansada. Así que seguí caminando. Metí las manos en mis bolsillos y comencé a patear una pequeña piedrecilla que encontré en el camino, mientras pensaba en mis cosas.

Hasta que se me ocurrió alzar la vista. Y me topé con unas… siete u ocho chicas bien abrigadas y en gran variedad, desde las vestidas con todo de negro hasta las muy “pinky rosa rubias”, sentadas en el césped que había frente a la casa de los gemelos y Simone. Fruncí el ceño y las miré. Tenían pinta de ser de esas chicas un poco… hijas de mami y papi. 

Ellas también me miraron, mientras yo pasaba. Hasta que una me gritó:

—Hey, tú ¿sabes inglés? —Me detuve al instante y la miré. Qué rubia… jo, que la miraba un segundo más y quedaba ciega.
—Claro —le contesté. 
—¿Nos tomas una fotografía?
—Vale —me acerqué a ella y cogí la cámara que me tendía. Las chicas se amontonaron todas frente a la casa, algunas señalando, haciendo muecas con la boca abierta y ese tipo de cosas —ya —flashaso. Les saqué la foto y luego les fui a dar la cámara.
—Otra más —gritó una —por las dudas —suspiré ¡estaba atrasada! pero como soy una tremenda idiota, volví a retroceder unos pasos y les tomé otra foto.
—Esta está bien —les dije. Entonces todas se amontonaron a mi alrededor a ver la fotografía. Era como si yo fuese la dueña de la cámara. Me sentí muy… extraña. Además, hablaban con sus voces estridentes y eso hacía que los oídos me pitaran. Me molestaba. 
—¿Sabes si Bill y Tom están aquí? —me preguntó una chica. Yo la mire y me encogí de hombros. 
—No lo sé. Pero creo que es un poco desconsiderado de su parte venir tan temprano… los despertarán. 
—¡Para nada! —me contradijo otra de las chicas —tú no tienes que decirnos que hacer, ¿sabes? venimos de Nueva York solo para ver a esos gemelos, ¿te enteras? y nos vamos a quedar aquí hasta que salgan por esa puerta y nos firmen todo —le tendí la cámara a una de las otras chicas y alcé las cejas.
—Como digas. 
—¿Los conoces? —me preguntó otra. Dudé un momento en qué contestar. Pero gracias al cielo, otra chica cambió la pregunta de la anterior. 
—¿A dónde vas?
—A la escuela —terminé a oración casi en una pregunta —y voy a llegar atrasada así que… —intenté salirme del círculo de gente donde estaba metida. Pero ellas no me dejaron salir ¡eran caníbales! y yo iba a llegar atrasada.
—No, no… espera un poco. No nos respondiste una pregunta… ¿los conoces? 
—No en persona —mentí —sólo soy una fan… como ustedes —seguí, sintiéndome cada vez más atrapada entre ellas.
—Sabes que no te creo nada —soltó una —sólo te queremos pedir otro favor… luego puedes irte —me sonrió. Yo hice una extraña mueca, intentando devolverle la sonrisa.
—¿Qué favor…?
—Hacer salir a los gemelos —dijo una riendo coquetamente, llevándose las manos a la cara. Ojala saliera Bill… para que se dieran cuenta de que no era tan genial como se veía en las fotos. 
—¿Y yo como voy a…?
—Los conoces. Sólo pica a la puerta, les dices que te abran, nosotras nos escondemos y cuando salgan… ¡Bam!, todos nuestros. Y tú puedes irte —eso no era lo correcto. Ellas estaban obsesionadas. Locas. Me fui a negar, pero se me ocurrió algo mejor. No podía salir corriendo… tampoco podía hacer salir a los gemelos. Pero Simone me había dicho que pasara cuando quisiese. Y esta si que era una ocasión MUY necesaria.

Sálvese quien pueda. 

—Ok —las chicas comenzaron a murmurar y luego corriendo hacia uno de los árboles… mientras yo me acercaba a la puerta de la casa. Me preguntaba si estarían despiertos o despertaría a alguien. Me dieron ganas de correr. Pero si corría… yo era lenta y me casaba rápido… y estaba enferma y pff. Piqué al timbre sin darle más vueltas. Esto iba a ser emocionante. Unos de mis sueños locos hechos realidad.

La puerta se abrió y Tom me miró con los ojos entrecerrados, lleno de sueño. Las chicas de atrás gritaron…

—¿Karlie? —me preguntó él llevándose la mano a un ojo. Y no le di tiempo de decir nada más, pues de un empujón lo aparté de la puerta bruscamente y, tras haber pasado dentro de la casa, la cerré. Antes de que las fans locas y gritonas llegaran a alcanzarnos.

Siempre había querido hacer eso. Me lo había imaginado en mis sueños más locos. Porque yo quería ser famosa…. Siempre me había imaginado escapando de fans, aunque estas no eran mis fans precisamente.

—¿Pero qué…? —Tom se calló al escuchar los gritos provenientes desde afuera. Esas… “frans” que ni siquiera los dejaban dormir. 
—¿Qué pasa, Tom? —salió Simone de la cocina. Se sorprendió al verme, por lo que no dijo nada más y añadió: —Karla, ¿qué haces aquí tan temprano? —no me dejó contestar y se acercó a nosotros… —Tom, ¿qué es ese ruido? —le dijo con el ceño fruncido.
—No lo sé. Pregúntale a Karlie —Simone me miró, intentando ocultar la cara de circunstancias. Vale, no había pensado en las circunstancias de entrar en una casa a la “fuerza”. Soy una estúpida, una desubicada… tanto o más que esas fans “pinky rosa rubias” que estaban del otro lado de la puerta haciéndose mierda la garganta de tanto gritar. Que fueran a molestar a Britney Spears, Paris Hilton, o que se yo… al menos ellas son de su estilo.
—Emm... lo siento —sonreí como pude, encogiéndome de hombros. 
—¿Me puedes decir quien grita allí afuera, Karla? —tomé aire… suspiré. Luego volví a coger aire y me solté a hablar:
—Son unas chicas. Pasó que yo venía saliendo de casa atrasada, porque no puse el despertador y hoy se suponía que iba a la escuela. Corrí la mitad del camino hasta la parada, pero luego me cansé y seguí caminando. Hasta que pasé por aquí afuera y vi a unas chicas hablando. Ellas me miraron y yo las mire y luego me pidieron que les tomara una foto afuera de la casa de los gemelos. Como todo el mundo me decía sobre Tokio Hotel, el miércoles, cuando estaba enferma en casa, averigüé que era Tokio Hotel, en realidad no importa —hice un gesto con la mano, restándole importancia… para luego coger aire y continuar hablando a toda velocidad —la cosa es que esas chicas me empezaron a interrogar, ¡son locas! y no querían dejar que me fuera... yo les tomé la foto, claro ¡pero ellas querían que sacara a estos chicos de su casa! yo les dije que no estaba bien, que era poco educado y que los chicos estarían durmiendo ¡pero ellas insistieron!

Tom parpadeó abriendo la boca casi hasta el suelo. Vale, me había ido a vuelo con la explicación… había sido demasiado.

—Entonces… ¿son fans? —preguntó Simone. Yo asentí y luego miré a Tom. 
—No se enojen conmigo. Yo… si quieren me voy y de paso las saco de aquí, a ver si me invento algo —me encogí de hombros. 
—No, no. A ver, querida, ¿Cómo es que esas chicas no querían dejar que te fueras? —frunció el ceño la mujer, disgustada. Me sentí mal.
—Me tenían rodeada ¡son terribles!... seguro ahora piensan cualquier cosa de mi.
—Claro que no, Karlie, me caes bien —se apresuró en decir Tom. Lo mire con una mueca de disgusto. Lo decía sólo para hacerme sentir bien…
—No te preocupes querida —le diré a uno de los chicos que te deje en la escuela. Tom, vístete y atiende a esas chicas de allí afuera —le ordenó. Me sentí aún peor. 
—Ok…

Alguien habló en alemán detrás nuestro. Me tensé. Yo sabía quien era ese alguien… Tom rió un poco y luego dijo en inglés.

—Dile a Karlie que te explique —Simone también rió y le dio a Bill una palmada en la espalda —te agradará su forma de expresarse —puso énfasis en la última palabra. Me sentí ridícula —luego le dices que se vista, ¿vale? Y cuéntale TODOS los detalles —me dijo Tom antes de echarse a correr por las escaleras ¿para qué me lo decía a mí si Bill ya lo había escuchado? Simone sonrió y luego desapareció por la puerta de la cocina. Entonces miré a Bill, ya que anteriormente había estado esquivándolo con la mirada. Él… también tenía los ojos pequeñitos, pero estaban algo llorosos. Me sorprendí, quedé completamente impactada, sin aliento, al darme cuenta de que sus ojos reflejaban… algo que no supe comprender. Incluso me pareció que estaba más cerca de mi que antes. Y era bastante alto. Me vi obligada a bajar la mirada. Sus ojos vacíos… no estaban vacíos ¿o había sido sólo una ilusión? ¿una confusión de mi parte? 
—Eh… —volví a cerrar la boca, no supe que decir. Intenté acompasar los acelerados latidos de mi corazón. Cogí aire con fuerza… 
—¿Me vas a decir que son todos esos gritos? —me preguntó brusco. Di un paso hacia atrás, alejándome de él. La voz ahora… ya no me salía. Simplemente eso… no podía… yo no quería… ¡tenía que irme de allí! —¿vas a hablar? —volvió a preguntar en el mismo tono de voz, un poco más ronco de lo normal, seguramente por haber estado dormido.
—No —me tardé un segundo en darme cuenta de lo que había contestado —digo, si… y no. Es decir, yo quería decir… pero creo que dije que, que… yo, esto… ¿si? no —basta. Cállate. Me estaba dejando en ridículo… esto nunca me había pasado. Dios. Con un poco de temor, alcé la vista para mirarlo. Sentí como el calor se amontonaba en mis mejillas, seguro estaba más roja que una ensalada de tomates con salsa de tomates. Pero él… no es que se estuviese riendo precisamente, estaba serio, pero tenía una pequeña expresión divertida. Al menos había logrado que se pusiera un poco más feliz. Suspiré y volví a bajar la mirada.
—Como digas… —murmuró con voz neutra —ahora… si me dices porqué tengo que vestirme…
—Para ir a ver a tus fans —le contesté rápidamente. Sintiéndome como su hubiese resuelto un juego de Sudoku —¡son lo peor!, ellas me atraparon, yo… yo… —genial. Me había trabado de nuevo. 
—¿F-fans? ¡¿trajiste fans!?
—¡NO! —le grité —ellas, ellas ya estaban aquí, yo sólo arranqué. 
—No entiendo nada de lo que dices —me quedé en silencio. Vale, que no era la adecuada para explicarle algo a él. Me ponía demasiado nerviosa. Era terrible —pareces… retrasada —¿me había insultado? ¿ese Bill me había insultado? —cómo sea —añadió —me voy a vestir… supongo que tengo que atenderlas, ¿no? —siguió hablado como si él fuese el rey y yo el paje, con superioridad.
—¡Si!, ¡y después vas y la dejas en la escuela! —añadió Simone gritando desde la cocina. Ni siquiera alcancé analizar sus palabras cuando algo se me vino a la cabeza… ¡ella había escuchado las insignificantes explicaciones que le había dado a Bill! seguro ahora pensaba que me gustaba o algo así. NO.

Miré a Bill. Este frunció el ceño y volvió el rostro hacia la cocina, para seguidamente gritar:

—¿Por qué yo? que vaya Tom, él es su amigo —se quejó. 
—Te lo estoy pidiendo, Bill. Tom tiene que ir a comprarme unas cosas urgentes para el almuerzo. Ya sabes, tiene que ir temprano si no quiere pillarse con fans —se asomó por la puerta de la cocina…
—¡Pero ya hay fans! ¡ella las trajo! —me apuntó con el dedo, sin mirarme.
—Bill, no te comportes como un niño. Sube a vestirte… YA —le ordenó. Era extraño… pues los chicos eran bastante grandes y su madre les decía todo lo que tenían que hacer. Además, como eran parte de “Tokio Hotel” y tenían fans… no se, me daba la impresión de que deberían ser mas independientes ¿o no? A lo mejor me equivocaba —¿o es que no quieres? hazlo por mí, Bill. Te lo estoy pidiendo —luego volvió a mirarme… 
—Si estás aquí cuando baje, te iré a dejar al otro extremo de la ciudad. Y no bromeo —me susurró, amenazándome. Abrí los ojos como platos. Yo quería llegar a la escuela ¡no al otro extremo de la ciudad! Seguidamente volvió a darse la vuelta y le sonrió a su madre… para luego dirigirse hacia las escaleras. Estúpido. Tenía que irme…
—¡Karla, ven aquí, querida! —me llamó Simone, haciéndome señas ¿cómo le podía decir a esa mujer tan dulce que me tenía que ir ya? ella no lo iba a aceptar, por su puesto. Además, las ganas que tenía de salir de esta casa, no eran muchas que digamos… y es que con esas locas allí afuera nadie querría salir. No tuve más remedio que acercarme a la cocina —siéntate aquí mientras bajan los chicos, no tardarán… es que ya están acostumbrados a todo ese royo de cambiarse rápido, para ahorrar tiempo, ya sabes —en realidad… no sabía. Me acerqué al asiento que me señalaba y lego me senté. Le sonreí. ¿y ella como iba a saber que…? Pff. Es que ya no valía la pena lamentarse. En cuanto las fans se fueran, yo saldría disparada por la puerta, tal cual como entré… y llegaría a la escuela a toda costa, fuera la hora que fuera —¿quieres tomar algo? ¿desayunaste? 
—Si —mentí.
—Pero desayunar dos veces no hace mal… por mientras que llegan los chicos…—insistió.
—La verdad, no creo que sea correcto. Gracias de todas maneras —pero ella ya había dejado un plato frente a mi… con dos pequeños pastelillos de chocolate —yo… yo…
—Cómelos, son para ti —me sonrió y luego volvió a darse la vuelta para coger un vaso de uno de los muebles. No supe que decir. Prácticamente me estaba obligando a comer ¿qué se suponía que tenía que hacer? claro… obedecerle a la mujer rubia. Tampoco quería que se pusiera a pelear conmigo.
—Gracias.
—Y… aquí tienes —dejó sobre la mesa un vaso lleno de… ¡jugo de naranja! 
—Gracias —le sonreí.
—¿Te gusta el jugo de Naranja? —me preguntó al notar mi expresión. Yo asentí con la cabeza y luego cogí el vaso para darle un sorbo —a Tom también le gusta… dice que mis pastelillos de chocolate hacen buena mezcla con el jugo de naranja. Pero a Bill… a él no le gusta. Ya verá él que se prepara para comer.
—El jugo de naranja es mi favorito —dije, sin saber que más decir, para dar como terminada la conversación. No entendía como a ese chico no le podía gustar el jugo de naranja, cuando era lo mejor del mundo. 
—Ya vine, mamá… Tom se demora porque no encuentra la camiseta que se quiere poner hoy —se burló el chico entrando en la cocina. Di vuelta la cabeza para mirarlo, y él… pues, creo… que lo vi curvar sus labios, sólo un poco. Aunque esa expresión me asustó. 
—Siéntate a comer, Bill.
—No tengo hambre, en realidad —pero igualmente se sentó, frente a mí. Mirándome fijo. Me vi obligada a bajar a mirada al plato de pastelillos… y no tardé en coger uno y llevármelo a la boca —los pastelillos se ven deliciosos, mamá… ¿me das uno? 
—Aquí tienes —le dejó un plato igual al mío con dos pequeños pastelillos… le di otro sorbo la jugo de naranja, aún con la mirada baja ¿qué se suponía que tenía que hacer ahora? pero es que argh. Vamos, Karla, levanta la cabeza… no seas estúpida. Cogí aire… y lo miré. 

Él entrecerró sus ojos vacíos y giró levemente la cabeza hacia un lado.

—No te fuiste —susurró —qué bien… vas a tener mucho por caminar.
—No me iré contigo —le contesté en el mismo tono. Él bufó. 
—Oye, má… está lloviendo. Las chicas siguen allí afuera —entró Tom en la cocina.
—¡Oh!. Pero se mojaran… ay, Tom, hijo, haz que pasen —abrí los ojos como platos y casi me atraganto en el pastelillo —no, no… espera. A ver, Bill, Karla, tomen sus pastelillos y salgan al garage, para coger el coche. Vamos, vamos —Bill se levantó de su asiento y cogió el pastelillo que le quedaba… mientras yo, rápidamente me llevaba el vaso de jugo a la boca y lo bebía todo de una vez. El jugo de naranja siempre es lo más importante. Luego me levanté y cogí el medio pastelillo que había en mi plato. Me había gustado el plan de Simone… excepto por la parte en que yo y Bill nos teníamos que ir juntos. Y es que… parecía un escape. Genial, era como el las películas. Seguí a Bill hasta una puerta que había a un costado de la cocina… no la que daba hacia fuera, tampoco la que daba hacia el resto de la casa —Karlie, podrías venir por la tarde… que viene Andreas y quiere verte —me quedé quieta en el lugar… y seguidamente me di la vuelta para ver como Tom alzaba las cejas repetidas veces. Asentí… y luego salí hacia el garage, siguiendo a Bill.




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