Y “paren” fue lo único que entendí de lo que Tom le dijo a su madre y su hermano… quienes cerraron la boca y miraron a Tom con expresión de no creer lo que él decía. Y como yo no entendía… miré con expresión de no entender. Estornudé de nuevo. Al parecer eso hizo que ellos se dieran cuenta de mi presencia. Los tres clavaron sus ojos en mi y me dieron ganas de desaparecer. Qué incómoda situación, que mal me sentía… definitivamente yo no encajaba en esta casa.
—Discúlpanos, Karla —habló la mujer rubia. Se había estado comportando como una adolescente… jamás pensé que una madre se pondría así con su hijo. Si yo tuviera a mi madre, nunca la trataría como Bill trataba a la suya, es más, la obedecería en todo… y sería buena y… ya basta.
—No importa —intenté sonreír, pero una extraña sensación me había llenado el cuerpo, impidiéndomelo.
—Dios, estás pálida —siguió la mujer —Tom, hijo, prepara chocolate caliente ¿te gusta el chocolate? —me preguntó. Yo asentí.
¿Pero qué hacía?, yo quería irme y no quedarme tomando un chocolate caliente.
—Pero no es necesario, yo… es mejor si me voy —hice el ademán de levantarme…
—No —dijo Tom —¿ya ven lo que hicieron? ahora la pobre se siente incómoda y se quiere ir. Seguro no se llevó una muy buena impresión de ustedes.
—Lo siento —volvió a disculparse la mujer.
—No me interesa. Me avisas cuando puedas entrar en tu casa, para que me des la caja —me dijo el chico ese antes de salir por la puerta de la cocina, andando rápido.
—¿Quieres ver una película, Karlie? —me preguntó Tom, haciendo caso omiso de su hermano, sentándose a mi lado. Me encogí de hombros —tengo unas muy buenas… no recuerdo los nombres, pero seguro de alguna has escuchado y te gusta —me sonrió. Yo le devolví la sonrisa… no me había fijado en que Tom era bastante hermoso.
¿Pero que estoy pensando? Tom tiene novia.
—Mamá, ¿me das chocolate caliente a mi también?.
—Claro, vayan a ver la película que yo se los llevo —dejó otro tazón sobre la mesa —también estoy haciendo galletitas, están en el horno —no podía oler las galletitas. Si, estaba enferma.
Tom se levantó del asiento y comenzó a caminar hacia la puerta de la cocina. Yo le sonreí a la mujer y luego imité a Tom.
Entramos en el salón… era hermoso. Cuando había llegado, no me había dado cuenta de lo grande y bien decorado que estaba… pero ahora, que lo miraba mas detenidamente y sin frío en el cuerpo pude apreciarlo como se debe. Mi casa no se comparaba con esto… y no se compararía jamás. Wou. Es que estaba sombrada. Además, jamás había visto una TV tan grande… dios, es que esto parecía un cine de verdad.
Cuando terminé de analizar la habitación, caí en la cuenta de que había alguien en el sillón. Tom se había sentado al lado de su hermano y no quedaba espacio para mi. Bill ni siquiera me miró, él y Tom se miraban, como conversando sin decir nada… me sentí excluida.
—Bill, vamos a ver una película —habló al fin —¿no es así, Karlie? —yo asentí. Bill no se volvió a mirarme. Era mejor así. Él era un idiota y a mi no me gustaba que la gente idiota me mirara. En cambio Tom… él era sin duda, todo lo contrario a su hermano, él se había llevado todo lo bueno… estaba claro.
—Estoy viendo la TV, llegué primero.
—Oh, vamos Bill… no te comportes como niño, dame eso —le arrebató el control de la TV de entre las manos —Karlie, allí están las películas, las nuevas son las de la derecha —me señaló un pequeño mueble que había bajo esa TV gigante. Desparramados, sin cajitas y yo creo que hasta rotos, se encontraban algunos DVD’s tras una puertecilla de vidrio.
—Oh, vamos Bill… no te comportes como niño, dame eso —le arrebató el control de la TV de entre las manos —Karlie, allí están las películas, las nuevas son las de la derecha —me señaló un pequeño mueble que había bajo esa TV gigante. Desparramados, sin cajitas y yo creo que hasta rotos, se encontraban algunos DVD’s tras una puertecilla de vidrio.
—Vale —me agaché y me acerqué al mueble. Abrí la puerta y comencé a husmear entre las películas. Primero vi las de la derecha… ninguna me gustaba mucho. Estaba lleno de porno, y yo no era de ver esas cosas. Por lo que luego comencé a buscar en las otras. Hasta que encontré un clásico hermoso.
Sonreí y me pregunté si a Tom le gustaría ver esto.
—¿Ya encontraste alguna?
—Si —contesté, levantándome con la cajita en las manos. Era la única que parecía estar “sana”.
—Bill, ponla en el reproductor, ¿quieres? —mandoneó a su hermano. El gemelo malo dijo algunas cosas en su idioma, se levantó del sillón y se acercó a mi.
—Vamos a ver tus gustos… —me quitó la película y la volteó para luego leer el título en la carátula —no. No vamos a ver esta… devuélvela donde estaba y elije otra —dijo casi regañándome. Me tendió la película y yo la cogí un poco cortada.
—Bill, no la trates así… seguro eligió una buena —se quejó Tom. Bill puso los ojos en blanco y casi pude verlos brillando más de la cuenta ¿es que acaso él…? no. Imposible. Lo vi llevarse una mano a lo ojos… y no lo soporté más. Me estremecí, estaba demasiado nerviosa.
No quise mirarlo más y me agaché para elegir otra película. No entendía porqué no quería ver Love Story, era una de las películas de amor más hermosas que había visto en mi vida ¿cómo no le podía gustar?
A lo mejor él era de esas personas que no soportaban lo cursi. Cogí otra película y levanté la mano detrás de mi cabeza, aún agachada, para dársela. Él la cogió y me la devolvió al instante.
—Esta tampoco, elije otra —pff ¿y este qué se creía? ¿las de terror tampoco le gustaban? ¿o es que quería una porno? volví a bajar la mano, dejé la película junto con las otras y luego me levanté. Clavé mis ojos en él… y después, sacando la voz desde donde no la tenía…
—¿Sabes?, ¿por qué mejor no elijes tú la película o me das un listado de las que no puedo elegir? o al menos intenta no ser tan grosero conmigo, no me gusta tu tono —solté de sopetón. El chico abrió los ojos sorprendido. Y creo que yo también me sorprendí, no solía hablarle así a la gente. Me dio vergüenza de mi misma y aparté la vista con rapidez.
—¿Sabes? mejor te vas de aquí, esta es mí casa y si te estás metiendo conmigo es mejor que desaparezcas —no se si fue idea mía, o nadie me había tratado así en años. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Dios, que llorona.
—Entonces no tendrás tu estúpida caja —sentí como el calor se me subía a la cara y me dio la sensación de que iba a explotar en cualquier momento.
—Bill, Karlie, cálmense —¿en qué momento Tom había llegado al lado de nosotros. Él contacto de su mano en mi hombro me hacía sentir extraña —no pueden pelear sólo por películas. Vamos… yo elijo una y la vemos los tres juntos —sonrió, mirándonos intermitentemente a Bill y a mi. Luego le dijo algo a Bill en alemán. Bill le contestó con palabras similares y luego se soltó de la mano de Tom, que también le cogía el hombro… y se fue.
—Como sea, coge la que querías ver al principio y la vemos.
—Emm… es que… —ya no tenía ganas de ver esa película. Si Bill se ponía así… no —¿tienes la play nueva? —pregunté asombrada… Era obvio, pues la estaba viendo, pero…
—Emm… es que… —ya no tenía ganas de ver esa película. Si Bill se ponía así… no —¿tienes la play nueva? —pregunté asombrada… Era obvio, pues la estaba viendo, pero…
—Si, ¿quieres jugar?
—¡Si! —sonreí.
—¡Si! —sonreí.
—Qué bien… hace tiempo que no juego. Siéntate en el sillón que yo acomodo las cosas —me sonrió al ver que yo también sonreía.
—Mejor, siéntense los dos y se toman el chocolate caliente y las galletas que les traje… luego juegan —miré a la mujer rubia. Había entrado en la habitación y yo ni siquiera me había dado cuenta. Le sonreí a ella también.
—Uy, que rico, mami —Tom se acercó a ella y cogió la bandeja que traía en sus manos.
—Gracias.
—No es nada, querida. El chocolate está más caliente de la cuenta, así que con cuidado —nos avisó. Y luego volvió a desaparecer en la cocina.
—No es nada, querida. El chocolate está más caliente de la cuenta, así que con cuidado —nos avisó. Y luego volvió a desaparecer en la cocina.
—Genial. Amo las galletas de mamá —se sentó en el sillón, cogiendo una… —ven a comer conmigo —entonces me di cuenta de que me había quedado como una boba, admirando las galletas. Aún no las podía oler…
Me senté a su lado en el sillón y luego cogí el chocolate caliente, para calentarme un poco las manos.
—Toma una galleta, son las mejores. – Me recomendó. Yo le hice caso y cogí una. Le di un mordisco y luego la unté con el chocolate, para darle otro mordisco más ¡eran unas galletas enormes!
—Oye, Tom —le dije luego de un momento en el que sólo se escuchaba la TV en la habitación. Clavé mis ojos en él… y es que era como mirar a su hermano. Pero Tom era mucho mejor. Él también me miró, con atención a lo que le fuera a decir —¿porqué tu hermano es así?
—Toma una galleta, son las mejores. – Me recomendó. Yo le hice caso y cogí una. Le di un mordisco y luego la unté con el chocolate, para darle otro mordisco más ¡eran unas galletas enormes!
—Oye, Tom —le dije luego de un momento en el que sólo se escuchaba la TV en la habitación. Clavé mis ojos en él… y es que era como mirar a su hermano. Pero Tom era mucho mejor. Él también me miró, con atención a lo que le fuera a decir —¿porqué tu hermano es así?
—¿Así como? —me tensé. No quería dar explicaciones de más.
—Así, así. No lo sé. Creo que no le caigo muy bien —le di un sorbo al chocolate, quemándome la lengua. Auch.
—No es eso —suspiró —es que… —se quedó en silencio por un momento. A lo mejor buscaba palabras... o que se yo. Pero no apartó sus ojos de mi —le recuerdas a alguien. Digo, a todos. Pero a Bill en especial.
—¿A quién? —pregunté sin pensar. A lo mejor estaba equivocándome al pensar.
—A una chica —apartó la vista ¡una chica! ¿qué le habría hecho esa chica a Bill para que se comportara así conmigo? yo no era ella. A lo mejor… vale, me parecía, pero no. Yo era una persona diferente… Mi cerebro relacionó con rapidez el episodio de ayer con esto. “Tiene los labios más gruesos y un lunar en la mejilla” ¡me parecía a una chica de la cual ni siquiera sabía el nombre!
—Oh… —no supe que más decir.
—Antes estaba más callado… en realidad, casi no hablaba, pero desde ayer en la noche que esta mas irritable que nunca. Es un amargado… y tiene sus buenas razones —volvió a mirarme, con una media sonrisa… casi lamentándose —pero no sientas lástima por él —a lo mejor dijo eso por la cara que había puesto —es un idiota ¡no puede tratarte así! y mucho menos si eres una chica —asentí, aún muda, sin saber que decir —estuvo bueno eso de las películas. Bill es un cabeza dura, no te preocupes por él… tampoco dejes que te trate mal.
—V-vale.
—Es que el parecido es impresionante. Algún día te mostraré una foto de ella… su nombre está prohibido en esta casa —rió burlón. Yo reí junto con él.
—Es que el parecido es impresionante. Algún día te mostraré una foto de ella… su nombre está prohibido en esta casa —rió burlón. Yo reí junto con él.
—Vamos, dime como se llamaba —susurré.
—No puedo —susurró él también. Sus ojos se achicaron al ampliar su sonrisa. Y yo me habría quedado mirándolo como una boba, de no ser porque sonó el timbre —¡los chicos!, no me acordaba ¡Mamá, prepara tres chocolates más, por favor! —su madre le contestó que sí desde la cocina… —¿no te importa tener tres jugadores más?
—No hay problema —me encogí de hombros. Poniéndome totalmente nerviosa. Eran mayores que yo… y eran tres.
Tom se levanto del sillón y fue a abrir la puerta. Examiné todos sus movimientos y luego vi pasar tres chicos dentro de la casa. Me tensé.
—Chicos, ella es Karlie y deben hablarle en inglés —me presentó. Los chicos se acercaron y yo me puse de pie para saludarlos con un beso en la mejilla. Todos eran muy guapos. El primero que me saludó, se presentó como un tal “Georg”, tenía el cabello largo y liso… no era rubio, si no un poco más oscuro, casi café. Luego me saludó “Andreas”, tenía el cabello extremadamente rubio, seguro lo teñía aunque… quien sabe. Era el más alto de los tres y estaba delgadito. El último era “Gustav”, me pareció el más caballero de todos… quizás por ser el mas serio. Me agradaron.
—Chicos, ella es Karlie y deben hablarle en inglés —me presentó. Los chicos se acercaron y yo me puse de pie para saludarlos con un beso en la mejilla. Todos eran muy guapos. El primero que me saludó, se presentó como un tal “Georg”, tenía el cabello largo y liso… no era rubio, si no un poco más oscuro, casi café. Luego me saludó “Andreas”, tenía el cabello extremadamente rubio, seguro lo teñía aunque… quien sabe. Era el más alto de los tres y estaba delgadito. El último era “Gustav”, me pareció el más caballero de todos… quizás por ser el mas serio. Me agradaron.
Los tres se sentaron alrededor de la mesita de centro y comenzaron a comer las galletas de la madre de Tom. Gritándole frases como “Simone, te quedaron deliciosas” y ese tipo de cosas… pero en alemán. También pude entenderlos y eso me sorprendió.
Además, ya sabía como se llamaba la mujer rubia… y ahora ya no la tendría que llamar “mujer rubia”, su nombre era Simone. Y que mujer mas dulce. Un poco regañona… pero las madres no así, supongo.
Al terminar de comer, yo ya me había acostumbrado al ambiente. Los chicos eran muy graciosos, aunque a veces hablaban su idioma y yo poco entendía. Luego, comenzamos a turnarnos para jugar. Me dejaron a mi primero… lo malo fue esperar a que los cuatro hicieran sus turnos. Pero mientras esperábamos, ellos me enseñaban alemán… con frases simples. Yo sólo repetía como podía y ellos intentaban no burlarse de mi, aunque no podían reprimir mas de una risita de vez en cuando. Me di cuenta de que Andreas me miraba de una forma un poco extraña. Pero intenté no darle importancia.
Mire el reloj cuando dieron las siete y media. Tenía que irme. Me despedí de Tom, Gustav, Georg y Andreas con un beso en la mejilla. Tuve que prometerle a Andreas que jugaría con ellos otro día ¡eran extremadamente infantiles!
Después, me despedí de Simone. Le agradecí por la galletas y el chocolate caliente… y por haber dejado que me quedara en su casa. Ella me dijo que cuando quisiera me pasara por aquí. Pero yo no pensaba pasarme nunca más por esa casa, ya que había cierta persona con la cual no quería toparme ni por accidente.
Ya vería que hacía con la caja.
Tom me fue a dejar hasta la puerta, me dio mi mochila. Y cuando estaba a punto de salir de esa casa…
—¡Espera! —ay, no.
Interesado.
Me detuve y di media vuelta para mirarlo. Estaba metiendo sus brazos por las mangas de su chaqueta, alistándose para salir mientras bajaba las escaleras dando saltitos. Se ponía así sólo por una caja. Quizás que cosas tendría adentro, ahora tendría que entregársela y jamás iba a saber que había. Pues, él… así como era, no me dejaría mirar. Seguro me odia. Me arrepentí de no haber abierto la estúpida caja en mi casa… a lo mejor, la podría haber cerrado y habría quedado bien. O podría haber dicho que se golpeó con algo o que tenía cosas encima. Pff. Soy idiota. Y es que las ideas se me vienen a la cabeza cuando ya no hay oportunidad de utilizarlas. Idiota, idiota, idiota. Pero… nunca tan idiota como ese idiota que se acercaba a mí idiotamente, caminando como un idiota que va a buscar una estúpida caja que una idiota no se atrevió a abrir, por idiota.
—¿Vas a caminar? —soltó. Entonces caí en cuenta de que me había quedado mirándolo como una boba. Tom bufó, dijo algo para sí mismo que no entendí… y luego se fue con los otros chicos que nos miraban como si se tratara de un programa de TV, una película o una novela. Asentí, confundida y luego me di media vuelta pasa salir. Comencé a caminar, sin mirarlo… y segundos después sentí como cerraba la puerta. Metí las manos en mis bolsillos, sintiéndolas más calentitas. Y suspiré, soltando el aire por la boca… el cual salió como una nube blanca. Pff. Que comparación... una “nube”.
Seguí caminando. Sabía que venía detrás de mi, tampoco era tonta. Pero lo que realmente me sorprendió, fue darme cuanta de que había apurado el paso hasta alcanzarme y quedar a mi altura, es decir, a mi lado.
—¿Has abierto la caja? —me preguntó. Yo lo miré como si fuera un estúpido… un tonto.
—No, no voy a mirar cosas que no son mías —dije sin mirarlo… vale, estaba haciendo lo mismo que él. Pero… era extraño, porque sentía su mirada clavada en mi.
—Entonces no sabes que hay dentro… —murmuró.
—No —me encogí de hombros —tampoco es que me interese —mentí. No me dijo nada. Ya me había dado cuenta de que él era una persona de poquísimas palabras. Al parecer sólo al pelear se ponía más parlanchín. Pude ver por el rabillo del ojo, como él sacaba una pequeña cajetilla de cigarro de su pantalón y la abría. Sacó uno y luego de lo puso en la boca, mientras sacaba un encendedor de otro bolsillo. Entones lo miré, ¿a caso lo hacía por molestarme?
—¿Quieres? —me tendió la cajita llena de cigarrillos. Arrugué la nariz, molesta… intentando acompasar los latidos de mi corazón. Luego cogí la cajetilla, la abrí y cuando el chico estaba a punto de encender el cigarro, se lo arrebaté de un manotazo y volví a meterlo en la caja —¡hey! —se quejó fuertemente, asesinándome con la mirada. Di un pequeño salto al escuchar su grito, abriendo los ojos como platos. Me detuve y luego arrojé los cigarros hacia la calle —¿¡que hiciste!? —chilló. Ni siquiera tuvo la oportunidad de ir a buscarlos, pues un coche le pasó por encima en ese momento… y luego otro.
—Lo siento —me disculpé, encogiéndome de hombros… aunque en realidad no lo sentía. Seguí caminando como si nada hubiese ocurrido.
—¿Por qué no te gusta que fume? —me preguntó, acercándose. Aún seguía con el mismo tono de voz que tanto odiaba.
—Eso no te interesa —dije como toda respuesta. No iba a contarle mi vida a un extraño que me trataba peor que un perro, y mucho menos si se trataba de un tema que no había hablado con nadie antes.
—Tienes razón, no me interesa —mejor, me dije a mi misma. Podría haberse hecho el amable aunque fuese un ratito, mientras le entregaba la caja… pff.
Casi pude dibujar una sonrisa al ver que mi casa tenía encendida la luz del salón. Y ahora que lo pensaba, a lo mejor papá me había llamado y yo no había podido contestarle. Ni siquiera había revisado el móvil.
Cuando estuve frente a la puerta, piqué al timbre. Bill se apartó unos pasos… y luego papá abrió.
—¡Karla! por fin llegas, me tenías preocupado —exclamó nada más verme.
Cuando estuve frente a la puerta, piqué al timbre. Bill se apartó unos pasos… y luego papá abrió.
—¡Karla! por fin llegas, me tenías preocupado —exclamó nada más verme.
—No tengo llaves, ¿lo recuerdas?
—Si, saqué una copia para ti, hoy después del trabajo.
—Gracias —le dije, para luego hablarle algo en español… a lo mejor Bill no sabía español —papá, traje a ese estúpido hasta aquí, es el dueño de la caja —señalé hacia atrás. En ese momento él se dio cuenta de que Bill estaba a unos pasos.
—Si, saqué una copia para ti, hoy después del trabajo.
—Gracias —le dije, para luego hablarle algo en español… a lo mejor Bill no sabía español —papá, traje a ese estúpido hasta aquí, es el dueño de la caja —señalé hacia atrás. En ese momento él se dio cuenta de que Bill estaba a unos pasos.
—Homm… que bien, pasen, pasen… —siguió hablando en mi mismo idioma —no lo insultes tanto —murmuró —hazlo pasar —asentí de mala gana… luego me padre se hizo a un lado, dejando la puerta libre… yéndose a no sé donde ¡Bill ni siquiera lo había saludado! idiota. Pasé dentro de la casa y me pregunté si debía cerrarle la puerta en la cara, como el lo había hecho conmigo. Pero… yo no era como él, así que…
—Pasa —lo invité. El chico me miró extrañado —¿vas a pasar o quieres quedarte allí afuera con el frío que hace? —abrí aún más la puerta. Bill miró hacia los dos lados de la calle… luego volvió a mirarme a mí, como si no creyera lo que estaba diciendo, y después, finalmente, se acercó para pasar. Cerré la puerta tras su paso —siéntate. Voy por la caja y vuelvo enseguida —le avisé. Él asintió y luego se dirigió al sillón sin decir nada. Se sentó… como en trance y luego comenzó a examinar la habitación. No vi más porque luego me fui escaleras arriba, en busca de la caja. Entré en mi habitación y me quité la chaqueta. Aquí hacía mucho calor. El aire estaba tibio y argh. Me vi obligada a abrir la ventana. Me miré al espejo, estaba horrible… me pasé los dedos por debajo de los ojos para quitarme el maquillaje corrido y luego cogí la caja. Cerré la puerta cuando salí de la habitación, para que el resto de la casa no se enfriara.
Bajé las escaleras con cuidado de no caerme… ya que llevaba la caja, y no podía ver los escalones. Cuando llegué abajo, me di cuenta de que Bill me estaba mirando. Y de cierta forma, me sentí acosada, pues no me quitaba los ojos de encima.
—Aquí está —entonces el fijó la vista en la caja.
—Es… enorme —la miró impresionado.
—Si —me acerqué a él y se la lancé sobre las piernas —para que veas que pesada es —le dije. Él no contestó y con sus dedos, recorrió parte de la tapa… lo oí suspirar fuertemente y luego se levantó, con caja y todo.
—Gracias —murmuró. Dios, ¡me había dicho gracias!
—No es nada —le sonreí. Pero él no me miró… y caminó hacia la puerta.
—¿Me abres la puerta?
—Claro —me apresuré en ir hacia la puerta, abrirla… y volverla a cerrar luego de que él pasara a través de ella sin despedirse.
—Claro —me apresuré en ir hacia la puerta, abrirla… y volverla a cerrar luego de que él pasara a través de ella sin despedirse.
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