15 septiembre, 2013

Automatic /Capítulo 17


Escuchamos un portazo… y luego nos miramos con una sonrisa ¡estábamos solas! Emilie ensanchó esa sonrisa y luego volvió a coger su guitarra.

—Tienes que preparar el acompañamiento.
—Dame, tiempo… toma tiempo, ¿sabes? —alcé las cejas, cogiendo mi guitarra y acomodándola en mis piernas.
—Vale, vale… ahora canta fuerte, ¿si?
—Ok… uno… dos… tres —ella comenzó con la guitarra. Yo me uní después, al comenzar a cantar. Me encantaba… pude liberarme por completo y para cuando terminamos, de cierto modo, ya me sentía mejor. Y me dí cuenta de algo… ¡mi garganta! ¡estaba sana! qué digo, podía hablar bien y cantar bien… pero ahora, que me acordaba de que estaba enferma me comenzaba a doler. Típico —¿te acuerdas de lo de hoy en la mañana? —le pregunté, terminando de tocar. Emilie me miró sin entender —¿recuerdas que no podía hablar? —Emilie abrió los ojos como platos. Yo me aclaré la garganta.
—¡Se me olvidó por completo!
—Me duele —me llevé una mano a la zona.
—¡Ay, Dios! pero si tu eres la enferma, debiste haberte dando cuenta —chilló —ven, ven —se levantó de la cama, cogiéndome de la mano —vamos a buscar una pastilla, para que se te quite el dolor —luego dijo algo en alemán que no entendí. Me levanté de la cama y caminamos hacia las escaleras. Emilie iba delante de mi —joo, debí acordarme antes… —seguía —¡quizás ahora te enfermas más! —comenzamos a bajar las escaleras.
—No es tanto. Me pica un poco, pero no es nada… siempre me pasa. 
—Eres una enfermiza.
—Pff. No es mi culpa —llegamos al salón. Emilie entró directo a la cocina y yo clavé la vista en la TV que estaba encendida. Era una serie… de esas antiguas, antes la veía… era genial. Sonreí de medio lado mirando la TV como una boba. 
—¿Vas a venir a tomarte el remedio? —me gritó Emilie desde la cocina —salí de mi trance de chica boba y enseguida me di cuenta de que no estábamos solas. Apreté los dientes con fuerza, sintiendo como el corazón volvía a latir con fuerza en mi pecho. Él me miraba, con los ojos muy abiertos… aunque seguían teniendo esa expresión fría característica suya. Creo que yo también estaba sorprendida —¿vienes o no… —se detuvo en seco a mi lado. Creo que también vio a Bill, pues lanzó un grito de pronto —Dios, no sabía que tú estabas aquí —le habló a Bill. Ambos la miramos… y esta se llevó una mano al pecho, haciendo drama —¡qué sus...! ¡oh! friends… me encanta. Sam y yo siempre lo… v-vamos a por tu remedio —alcé una ceja. Vamos, que la mirada de Bill ponía nerviosa, incluso daba un poco de miedo, pero no como para ponerse así. Emilie tiró de mí hasta la cocina y luego me dio una pequeña pastillas y un baso con agua.
—¿Segura que no es veneno? —le pregunté.
—Segura… a no ser que toques a quien está afuera… ahí si que te envenenas y se te pega hasta la cara de amargura —murmuró como chiste. Fingí una risa, pues en realidad no me había hecho gracia y dejé el vaso sobre la mesa. 
—Gracias.
—Te voy a preparar un té o algo así, con miel y limón, así te mejoras más rápido —estaba empezando a hablar como mi padre… —mamá siempre me da eso cuando estoy enferma. Por mientras ve al sillón y… estate calentita, que allí está la estufa encendida. 
—No es necesario, Emilie, de verdad, que yo puedo tomarme el té con miel y sal, digo, limón, en mi casa, no es necesario —pero ella ya me había sacado de la cocina a empujones.
—Sal —bufó —¿cuánta azúcar le pones?
—Nada.
—¿De verdad? —preguntó impactada.
—Claro… —¿qué tiene de malo tomar el té sin azúcar?
—Eres rara… Ok, anda cerca de la estufa, que estás helada —me dio otro empujón antes de volver a meterse en la cocina. Me dí cuenta de que Bill volvía a clavar sus ojos en mí y me dieron ganas de gritar. A lo mejor él me había escuchado cantar… ay, no. Y es que soy estúpida ¿cómo no me había dado cuenta antes? y es que me da rabia conmigo misma. 

No quise quedarme más tiempo haciendo el ridículo allí de pié y me acerqué a la estufa, estirando los dedos, para entrar en calor… aunque creo que con Bill en la habitación ya era suficiente, pues las mejillas ya las tenía bastante rojas.

—Bonita voz —lo miré. No supe que pensar, o más bien no pudo pensar.
—Gracias —dije tras unos segundos ¡es que no sabía donde meterme!
—Aunque esa canción… me parece bastante infantil —pegué un saltito y lo miré asustada. Me di la vuelta, quedando frente a Bill… aunque a una gran distancia, pues él estaba sentado en el sillón del otro extremo de la sala. Estaba sonriendo burlón. Como odié esa sonrisa —podrías escribir mejores cosas. No te expresas bien, niña. No tienes talento —sentí como si me hubiesen dado un golpe en el corazón.

Era la opinión de un profesional y a parte de eso… era la opinión de Bill. Él estaba despreciando lo más bonito que yo tenía en mi vida.

—Podrías inventar cosas mejores.
—Tenía trece cuando la compuse —me defendí. 
—Pues, no estuvo bien —rió. Se estaba burlando de mí. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Pero no, yo no iba a llorar. Y su risa me taladraba los oídos ¡estaba echando abajo mis sueños! ¿por qué? ¿y yo a él que le había hecho? ni siquiera había pedido su opinión.  

Pero yo no me iba a quedar así, claro que no. Yo defiendo lo que es más importante en mi vida. Defiendo lo más importante, que tengo y que hago. Lo que me mantiene cuerda, lo que me ayuda a vivir…

—¿Sabes? —comencé —no sé que es lo que te pasa conmigo. No sé que te habré hecho, tampoco sé porqué estás tan amargado siempre —me acerqué a él, alzando la voz cada vez más —puedes llamarme retrasada, mierda, intrusa, mentirosa, puedes meterte con mi madre muerta —alcé la voz en las últimas dos palabras, Bill se movió incómodo en el sillón, con los ojos como platos —puedes ignorarme todo lo que quieras, puedes gritarme, incluso golpearme si quieres y no te diré nada. Pero lo que no puedes hacer y lo que yo nunca permitiré es que te metas con mí música, que es lo más importante para mí ¿te quedó claro? 

Acabé muy cerca de él. Bill seguía en el sillón, mirándome sorprendido, con los ojos como platos y la boca entreabierta. 

—¿Te quedó claro? —volví a repetir, bajando un poco el tono de voz. Él no dijo nada. Cerró la boca, y recuperándose de la sorpresa, miró sus manos. Ese gesto fue suficiente para mí —yo también soy una persona, también tengo sentimientos y me afecta lo que haces conmigo ¿sabes? porque duele que te insulten ¿te han insultado alguna vez? —esperé un momento. Ahora ya estaba hablando en un tono normal. Pero no contestó, no dijo nada… algo me dijo que sí. Que sí lo habían insultado —así es como me siento. Duele, todo el mundo lo sabe, tú también lo sabes. A todos les pasa… pero tú me insultas, al parecer quieres que todo el mundo sea igual a ti, sin felicidad. Entiende que el mundo no gira a tu alrededor y que las otras personas también tienen derecho a ser felices —tragué saliva. Sintiendo el corazón en la cabeza —a lo mejor, lo más probable es que todo esto que te estoy diciendo no te interese, que no me prestes atención porque soy menor… pero sólo te pido que me dejes en paz. Además, no eres el único que ha tenido problemas —se me formo un nudo en la garganta, impidiéndome seguir con mi discurso
—Discúlpame… —murmuró entre dientes, sin alzar la mirada —no sabía que tu madre… —dejó la frase sin terminar —lo siento.  
—No... hay problema —me sentí nerviosa. Me retiré del lugar, sentándome en el sillón más alejado. Y luego clavé la mirada en la TV. Estaban en comerciales… pero a menudo los comerciales me interesaban más que el programa en sí. Ya ni siquiera recordaba lo que estaban dando. 
—¡Ya vine con tu té! —entró Emilie en el salón con su taza y un pequeño platito. La miré… y por el rabillo del ojo me di cuenta de que Bill me estaba observando. Intenté no prestarle atención. Aunque su mirada me volvía un poco torpe —¿qué fueron todos esos gritos? —preguntó, dejando el platito y la taza sobre la mesita de centro —aquí tienes. 
—F-fue una simple pelea, eso es todo —hice un gesto en la mano, restándole importancia. Emilie asesinó a Bill con la mirada, pero este ni siquiera se dio cuenta. Sentí como el calor volvía a acumularse en mi rostro, de nuevo. 
—Ah… ¿porqué?
—No es nada —cogí la taza.  
—Cuidado que quema —me advirtió —vamos, ustedes tenían que haber pelado por algo… Bill, eres bastante infantil —lo miró. Entonces Bill dejó de mirarme y clavó sus ojos fríos en mi amiga.  
—No lo insultes, Emilie. Ya está todo bien —tomé un sorbo de té ¡y cuanto me arrepentí de haberlo hecho! —¡ah! —grité, apartando la taza, quemándome también la mano por el té que había saltado —ay —me quejé.  
—Te dije que estaba caliente —me quitó la taza y volvió a dejarla sobre el platito.  
—Quema, quema, queeeeema —me llevé las dos manos a la boca. Que vergüenza, que vergüenza que veeeeerguenza.  

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Y es que ¡argh! duele.

—Te traeré agua fría —se levantó rápidamente Emilie del asiento y desapareció en la cocina. Yo seguí quejándome, con las manos en la boca y derramando algunas lágrimas.
—¿Estás bien? —me sorprendí bastante. Bill me había preguntado si estaba bien. Es más… parecía preocupado ¿es que mi discurso había causado efecto? Negué con la cabeza, aún cubriéndome la boca. 
—Ay… —volví a quejarme. Entonces Bill se levantó del asiento y le quitó el vaso de agua fría a Emilie, que venía en camino. 
—¡Hey! —le regañó. Pero Bill hizo caso omiso y se sentó a mi lado. Lo miré sorprendida, aún con lágrimas en los ojos y la lengua ardiéndome… y claro, el corazón casi saliendo de mi cuerpo, como siempre. 
—Toma un poco —me acercó el vaso a la boca. Me quité las manos del rostro y con una me limpié las lágrimas, mientras el chico me acercaba el vaso a la boca, lo cogí con la otra mano, para mayor precaución. Tomé un poco de agua. Bill quitó el vaso de mis labios y yo retuve el agua helada en mi boca, antes de volver a tragar. Qué alivio…Y es que el agua estaba casi tan fría como los ojos de quien me la estaba dando.  
—Toma un poco más —volvió a acercarme el vaso a la boca. Yo obedecí y bebí un poco más. Él volvió a retirar el vaso y lo dejó sobre la mesita de centro —¿mejor? —frunció un poco el ceño evaluando mi expresión. Yo me pasé las manos por los ojos de nuevo, limpiando las últimas lágrimas y asentí. Soy patética. Soy idiota. Bill sonrió de medio lado… y yo como una boba miré la leve curvatura de su labio… ¡me estaba sonriendo! y es que el corazón se me iba a salir por la boca… 
—Ok, ok, señor héroe, que Karlie ya está bien —Emilie me sacó del trance… vi tirando el brazo de Bill, para que se levantara del asiento —déjame el asiento, que yo voy aquí. Bill no dijo nada, y se levantó, obedeciendo a Emilie. Lo agradecí —vamos, que sé que la encuentras linda, pero es mi amiga —Bill se dejó caer sobre el sillón donde anteriormente había estado sentado, con los ojos muy abiertos… y creo que yo estaba igual. Me miró y me pareció ver un poco de… ¿vergüenza?, ¿timidez? en sus ojos. Incluso sus mejillas se tornaron un poco rosadas ¿o era un espejismo? Es que seguramente yo estaba igual… —es oficial, también le gustas a Karlie —le dijo Emilie a Bill. Este frunció el ceño, sin poder cambiar la expresión y se movió nervioso en el asiento. Yo apreté los dientes, aguantando las ganas que tenía de estrangular a mi amiga —los que pelan se aman… —cantó, la muy graciosa. Y yo no supe donde meterme. Al parecer el pobre estaba igual o peor que yo. Me dieron ganar de meter la cabeza dentro de un cojín. 
—Ya cállate —le dije a Emilie entre dientes.  
—Sam opina igual que yo, ustedes dos podría…
—Ya cállate. Basta —volví a insistir, cortándola —no metas en problemas a tu hermana —aparté los ojos de Bill, para mirarla. Emilie se encogió de hombros. 
—¡Vamos, Bill! ¿no vas a decir nada? sé que te gusta —no hubo respuesta. Bajé la mirada, conteniendo la respiración. Que… vergüenza. Y es que con una amiga así, para qué quería enemigas —para tú información, Karlie es tan o más madura que una chica de tu edad. Tenlo muy claro, porqu… —le cubrí la boca con la mano. 
—¿Sabes el significado de la palabra basta? —Emilie asintió, deshaciéndose de mi mano. 
—Pero que sepan que yo se los dije. Estoy segura de que de aquí a dentro de un año ya estarán juntos, Ni siquiera se acodarán de sus tontas peleas —¡y es que a esta no se le podía callar! 
—Voy al baño.
—Voy al baño —miré a Bill con los ojos muy abiertos, de nuevo. Lo habíamos dicho al mismo tiempo. 
—Tú primero.
—Tú primero —vaya —sincronización. Emilie estalló en risas. 
—Mejor no voy.
—Mejor no voy —y es que esto es impresionante. 
—Podrían ir los dos —ambos clavamos la vista en la chica, como si estuviese loca. Yo nunca, repito, nunca, me metería en el mismo baño que un chico… y mucho menos si ese chico era Bill —vale, vale, me callo —levantó las manos, poniéndolas a cada lado de la cabeza. Nos miró a ambos intermitentemente y luego se levantó —voy al baño —¿y ahora iba a dejarme sola? no tuve tiempo de reprochar o decirle algo más, pues hecha se echó a correr hacia las escaleras, dejándonos solos.  

Volví a coger la taza de té, haciendo caso omiso a Bill, que no apartaba sus ojos de mí… Me acerqué la taza a los labios y soplé un poco… fui a dar un sorbo, pero no me animé, así que la retiré despacio y volví a dejarlo sobre la mesita de centro. Y casi no me di cuenta cuando el chico se levantó de su asiento y se sentó a mi lado. Lo miré sorprendida, pero él no dijo nada… y cogió el vaso de agua fría. ¡Pero yo no me había quemado!. Bleh, que tonta, si, soy muy estúpida. Bill había pensado en otra cosa: Le estaba echando el agua a la taza de té.

—Ahí está mejor —me dijo, rompiendo el silencio incómodo en la habitación. Seguidamente cogió la taza y me la dio. Yo se la recibí algo torpe. 
—Gracias —me la llevé a los labios. No quería tomar el té, había quedado con miedo… pero es que él le había echado el agua y es que argh… acabé por tomar un sorbo ¡y ya no estaba tan caliente! le sonreí de medio lado, retirando el té de mis labios. La miel… no me gustaba tanto, pero las soportaba. A no ser que anduviese mal del estómago y me diera por vomitarla, pero eso es otra cosa. Y es que estaba pensado cualquier estupidez, teniendo a ese Bill tan cerca.

Y es que las mejillas me iban a explotar. Me moví un poco en el asiento, nerviosa… y luego me dejé caer en el respaldo del sillón, acomodándome. Calvé la vista en la TV y tomé otro sorbo de mi té. Intenté volver a concentrarme en la serie. Hacían tantas estupideces…

Y no pasaron ni tres segundos cuando Bill soltó una risa. Y luego otra… él también veía friends. Yo lo seguí. Y luego nos comenzamos a reír los dos juntos… diciendo a veces cosas estúpidas sobre alguno de los personajes, en especial él. Y es que a Bill se le daba tan bien burlarse de la gente. Lo más extraño… es que estuvimos en paz. Y él rió conmigo. Por segunda vez desde que lo había conocido. Intentaba ignorar que estaba demasiado cerca. Intentaba no darle demasiada importancia al asunto… además, yo estaba segura, que luego pelearíamos de nuevo. Lo más extraño, era que esta vez ninguno de los dos había acabado llorando.

Y a todo esto ¿qué habría hecho con el polerón? a lo mejor lo tenía guardado junto a la caja… esa caja… quería saber que era lo que tenía esa caja. Seguramente Bill nunca me lo diría. Él me quería lejos, me lo había dicho.




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