—¿... y qué prefieres, Karla?—alcé la vista, de mi taza de café y miré de mi padre sin comprender —me refiero a qué prefieres de, ya sabes, ¿quieres ir a la escuela o prefieres un profesor particular? teniendo en cuenta que no sabes el idioma y…
—Lo sé, lo sé lo corté —si no lo hacía iba a seguir hablando hasta quedar sin respiración y yo me confundiría con sus palabras, de modo que quedaría histérica, como siempre. Mi padre era un hablador de primera.
—¿…Y? —le di un sorbo a mi taza. Claramente iba a elegir como siempre…
—Como siempre, papá. Quiero ir a la escuela, así aprendo mejor el idioma. Y quien sabe, a lo mejor me hago amigos —me encogí de hombros.
—Entonces iré a la escuela esta tarde. Primero necesitamos arreglar la casa y comprar muebles nuevos, a ver si también puedo comprarme un coche, si es que no son muy caros.
—Como quieras —me levanté de la mensa con la taza ya acabada en la mano —me iré a vestir… quiero pintar mi habitación, tiene rayas en las paredes.
—Vale. Yo lavo las cosas… Intenta apurarte —le hice caso a mi padre y dejé la taza vacía sobre la mesa nuevamente. Le sonreí de medio lado y luego salí de la cocina, echándome a correr escaleras arriba.
La verdad es que las paredes de la habitación estaban… horribles. Estaban manchadas, con dibujos, cosas escritas… incluso tenía zapatos marcados. Hubiese pensado que antes es habitación le había pertenecido a algún niño pequeño… Pero no era así, pues la letra era bastante bonita, que digamos y las marcas de zapatos eran… más o menos grandes. Tampoco era que me importase quien había vivido allí antes… Pero es que me parecía bastante raro que alguien destrozara su habitación de esa manera. Aunque, después de todo, la persona que había dormido allí antes, tenía un muy buen gusto, pues el color crema, un poco anaranjado de las paredes me gustaba. A lo mejor podría pintarla del mismo color.
Me duché, vestí y “arreglé” mi “cama” en un tiempo record. Y digo “cama”, porque no era nada más que un saco de dormir sobre una cama inflable y mi oso de peluche como almohada.
Me amarré el cabello en una cola con un elástico que encontré en mi maleta y luego salí de la habitación, casi dando saltos. Me fascinaba la idea de comenzar de nuevo, con una nueva vida… Siempre comenzábamos de nuevo, a estas alturas debería aburrirme, pero me gustaba.
—Ya estoy lista —le dije a papá en cuanto estuve abajo.
—¡Qué linda! —me comentó. Siempre me decía lo mismo. Le sonreí, negando con la cabeza. Sólo llevaba una camiseta blanca de manga larga, muy simple, con unos jeans y unas zapatillas.
Salimos de casa conversando de lo necesario que era comprarnos un coche nuevo. En Japón no había sido necesario, pero aquí si lo era. Todo estaba bastante lejos e ir en autobús a las tiendas del lugar era un poco… no lo sé, era lo que menos me gustaba hacer.
Nos bajamos en el centro de la ciudad, un lugar donde sólo se veían tiendas de ropa. Pero por alguna extraña razón, o yo que sé, mi padre sabía donde estaban las tiendas. Siempre los sabía, estuviésemos donde estuviésemos. A lo mejor la razón era su móvil o un mapa… o algo de tecnología… o simplemente consultas. Lo que sí sabía era que no valía la pena auto-cuestionarse por eso.
Lo que hicimos primero fue ir a la tienda de pintura. Terminé eligiendo el mismo color de habitación. De cierta forma, respetando los gustos de la persona que alguna vez estuvo allí.
Luego de eso fuimos a comprar los muebles. Mi padre eligió los de toda la casa mientras yo elegía una cama, una mesita de noche, un escritorio y una silla… de escritorio, claro.
Mi padre compró todo… Lo irían a dejar a casa a las seis de la tarde, en un camión.
Como se suponía que nos quedaríamos en la ciudad mucho tiempo, también compramos utensilios de cocina, habilitamos la conexión telefónica de la casa y compramos un teléfono, compramos también algunas cosas para el baño, ropa de cama, algunos adornos para el salón, e incluso una TV con DVD incorporado. Vamos, lo “necesario”.
Como anduvimos bastante rápido, ya que no nos enredamos tanto en elegir las cosas, nos fuimos a comer… Con todas la bolsas encima. Pero no importaba. Luego de comer íbamos a ponerle Internet a la casa. Después de eso íbamos a dejar todas las cosas compradas a casa y después iríamos a la escuela… y finalmente, luego de todo eso, yo me quedaría pintando y arreglando mi habitación, mientras que mi padre compraba cosas para comer, hasta que dieran las seis y los muebles llegaran.
Exactamente eso fue lo que hicimos, terminamos la entrevista en la escuela, me dieron una lista de cosas que necesitaba, como libros y útiles y esas cosas… la cuales compraría mañana por la mañana, ya que era sábado. Él lunes comenzaría en la escuela. A mitad de semestre… Iba a ser la “nueva”, la “rara”, la “extranjera” o quizás “la que no entiende lo que decimos”.
Mientras pintaba, aproveché de leer lo que decían las paredes, todas eran frases en Alemán que no entendía. También habían algunas cosas tachadas y dibujos bastante raros. Terminé de pintar mi habitación cuando llegaron los muebles, pero mañana pondría todo en su lugar cuando la pintura estuviese seca. Esta noche iba a dormir en la cama inflable de nuevo.
—Como siempre, papá. Quiero ir a la escuela, así aprendo mejor el idioma. Y quien sabe, a lo mejor me hago amigos —me encogí de hombros.
—Entonces iré a la escuela esta tarde. Primero necesitamos arreglar la casa y comprar muebles nuevos, a ver si también puedo comprarme un coche, si es que no son muy caros.
—Como quieras —me levanté de la mensa con la taza ya acabada en la mano —me iré a vestir… quiero pintar mi habitación, tiene rayas en las paredes.
—Vale. Yo lavo las cosas… Intenta apurarte —le hice caso a mi padre y dejé la taza vacía sobre la mesa nuevamente. Le sonreí de medio lado y luego salí de la cocina, echándome a correr escaleras arriba.
La verdad es que las paredes de la habitación estaban… horribles. Estaban manchadas, con dibujos, cosas escritas… incluso tenía zapatos marcados. Hubiese pensado que antes es habitación le había pertenecido a algún niño pequeño… Pero no era así, pues la letra era bastante bonita, que digamos y las marcas de zapatos eran… más o menos grandes. Tampoco era que me importase quien había vivido allí antes… Pero es que me parecía bastante raro que alguien destrozara su habitación de esa manera. Aunque, después de todo, la persona que había dormido allí antes, tenía un muy buen gusto, pues el color crema, un poco anaranjado de las paredes me gustaba. A lo mejor podría pintarla del mismo color.
Me duché, vestí y “arreglé” mi “cama” en un tiempo record. Y digo “cama”, porque no era nada más que un saco de dormir sobre una cama inflable y mi oso de peluche como almohada.
Me amarré el cabello en una cola con un elástico que encontré en mi maleta y luego salí de la habitación, casi dando saltos. Me fascinaba la idea de comenzar de nuevo, con una nueva vida… Siempre comenzábamos de nuevo, a estas alturas debería aburrirme, pero me gustaba.
—Ya estoy lista —le dije a papá en cuanto estuve abajo.
—¡Qué linda! —me comentó. Siempre me decía lo mismo. Le sonreí, negando con la cabeza. Sólo llevaba una camiseta blanca de manga larga, muy simple, con unos jeans y unas zapatillas.
Salimos de casa conversando de lo necesario que era comprarnos un coche nuevo. En Japón no había sido necesario, pero aquí si lo era. Todo estaba bastante lejos e ir en autobús a las tiendas del lugar era un poco… no lo sé, era lo que menos me gustaba hacer.
Nos bajamos en el centro de la ciudad, un lugar donde sólo se veían tiendas de ropa. Pero por alguna extraña razón, o yo que sé, mi padre sabía donde estaban las tiendas. Siempre los sabía, estuviésemos donde estuviésemos. A lo mejor la razón era su móvil o un mapa… o algo de tecnología… o simplemente consultas. Lo que sí sabía era que no valía la pena auto-cuestionarse por eso.
Lo que hicimos primero fue ir a la tienda de pintura. Terminé eligiendo el mismo color de habitación. De cierta forma, respetando los gustos de la persona que alguna vez estuvo allí.
Luego de eso fuimos a comprar los muebles. Mi padre eligió los de toda la casa mientras yo elegía una cama, una mesita de noche, un escritorio y una silla… de escritorio, claro.
Mi padre compró todo… Lo irían a dejar a casa a las seis de la tarde, en un camión.
Como se suponía que nos quedaríamos en la ciudad mucho tiempo, también compramos utensilios de cocina, habilitamos la conexión telefónica de la casa y compramos un teléfono, compramos también algunas cosas para el baño, ropa de cama, algunos adornos para el salón, e incluso una TV con DVD incorporado. Vamos, lo “necesario”.
Como anduvimos bastante rápido, ya que no nos enredamos tanto en elegir las cosas, nos fuimos a comer… Con todas la bolsas encima. Pero no importaba. Luego de comer íbamos a ponerle Internet a la casa. Después de eso íbamos a dejar todas las cosas compradas a casa y después iríamos a la escuela… y finalmente, luego de todo eso, yo me quedaría pintando y arreglando mi habitación, mientras que mi padre compraba cosas para comer, hasta que dieran las seis y los muebles llegaran.
Exactamente eso fue lo que hicimos, terminamos la entrevista en la escuela, me dieron una lista de cosas que necesitaba, como libros y útiles y esas cosas… la cuales compraría mañana por la mañana, ya que era sábado. Él lunes comenzaría en la escuela. A mitad de semestre… Iba a ser la “nueva”, la “rara”, la “extranjera” o quizás “la que no entiende lo que decimos”.
Mientras pintaba, aproveché de leer lo que decían las paredes, todas eran frases en Alemán que no entendía. También habían algunas cosas tachadas y dibujos bastante raros. Terminé de pintar mi habitación cuando llegaron los muebles, pero mañana pondría todo en su lugar cuando la pintura estuviese seca. Esta noche iba a dormir en la cama inflable de nuevo.
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