09 septiembre, 2013
Automatic /Capítulo 12
—No, pero es algo que me gusta hacer —sonrió.
—Ya no lo hagas —le pedí.
—Está bien… pero sólo porque me acompañas a ver a Andreas y buscar las llaves —se llevó las manos al pecho —es que es tan lindo —se dio una vuelta, tipo princesas de Disney en las películas.
—Que loca estás —me burlé.
—Loca por el amor de…
—¡Calla! —l corté ya habíamos llegado a la casa de los Kaulitz y la puerta estaba entreabierta. Andreas podría escuchar si estaba allí adentro.
—¿Cómo dijiste? —me preguntó con los ojos abiertos como platos.
—Dije que te callaras… es que la puerta está abierta y…
—¡Lo dijiste en alemán! —chilló. Wow. No me había dado cuenta. Al fin y al cabo… iba aprendiendo alemán de a poco. Al parecer los programas de TV de ayer me habían servido para algo. Sonreí orgullosa.
—Ya ves —l guiñé un ojo. Emilie me dio con la mano en el brazo y luego picó al timbre. Me llevé la mano a la zona golpeada y le di un pequeño empujón.
—¡Hola!, ¿qué hacen aquí?, ¡Sam, tu hermana!, Hola Karlie —pude comprender esa mezcla de idiomas que Andreas había hecho.
—Hallo, Andreas —lo saludó Emilie. Andreas le sonrió y se miraron durante un segundo, para luego apartar ambos la vista un poco cortados. El trabajo ya estaba hecho ¡a Andreas le gustaba Emilie! aunque a lo mejor… pensaba que era muy pequeñita. Alguien gritó algo desde adentro que no entendí.. Luego Andreas dijo algo que tampoco entendí… —hay que pasar —me tradujo Emilie, con una nota de emoción en su voz. Pasé detrás de ella, deseando no encontrarme con Bill. Me iba a poner más nerviosa de lo que estaba… y es que de por sí, ya de estar aquí, en esta casa, sabiendo que probablemente él estaba aquí adentro, me ponía nerviosa. Lo que había pasado hoy había sido extraño.
Pasamos hasta el salón, donde todos se voltearon a vernos. Sam y Tom, estaban abrazados sobre uno de los sillones pequeños, mientras que Gustav y Georg jugaban en una carrera de motos… digo, en la TV… Y Bill… él estaba sentado en otro de los sillones pequeños, con las piernas estiradas y los pies cruzados. Volvía a tener los ojos vacíos y los había clavado en mí. Los chicos nos saludaron con una seña… y luego Emilie se acercó a su hermana para decirle algo que no escuché y, que aunque hubiese escuchado, no habría entendido.
—Siéntate, Karlie —me dijo Tom, hablando fuerte, sobre el ruido del juego de Georg y Gustav. Me senté al lado de este último, en el sillón grande. Justo en el momento en que terminaban de jugar y Gustav perdía. Me entretuve escuchando su pelea. No entendí nada, pero era divertido. En cualquier caso lo que yo más intentaba hacer era olvidar que Bill estaba en esa habitación. Mire a Emilie… esta ahora se había acercado a Andreas y estaban conversando sobre algo, la chica le sonreía demasiado… y él también. Entonces, Gustav y Georg dejaron de discutir.
—¿Puedo jugar? —les pregunté. Ambos asintieron y Gustav me dio su mando —gracias —me incliné un poco más hacia delante, adoptando la posición que los chicos anteriormente habían tenido en el juego. Iba a echar una carrera contra Georg. Pero teniendo la experiencia que tenía en esos juegos… iba a ganarle, era seguro. Comenzamos en una partida nueva… y elegí la única moto rosa que había y luego comenzó la carrera. Tres… dos… uno… ya. Fue algo sumamente intenso, incluso me olvidé de la presencia de Bill, el tiempo se me hizo extremadamente corto… y para cuando las motos llegaron a la meta —¡Si! —grité —¡te gané! ¡Georg, te gané!, te aplstó una chica, ¿cómo lo ves? —alcé las cejas repetidas veces, mirándolo. El chico frunció el ceño mientras todos estallaban en carcajadas.
—Puaj, te dejé ganar.
—Claro que no. TE GANÉ —me seguí burlando —toma esto, Gustav —le volví a dar el mando —ya sabes quien es la mejor —sonreí de medio lado.
—El mejor aquí es Bill —se entrometió Tom a la conversación. Un escalofrío me recorrió la espalda e instintivamente miré al chico, quien parecía algo sorprendido de que lo nombraran —¿no es así Bill? —le preguntó Tom.
—Si. Podría ganarte hasta con los ojos cerrados —me miró.
—Uy, eso me suena a reto —se metió Emilie a la conversación. Bufé.
—Karlie, alguien te está provocando —añadió Andreas. Estos dos eran tal para cual.
—¿Qué dices, Karla? ¿juegas con Bill? —me preguntó Gustav. Me encogí de hombros.
—No sé si él quiere jugar…
—Te voy a enseñar quien manda aquí —se levantó Bill del sillón. Todos en la sala lanzaron gritos burlones.
Entonces Gustav y Georg hicieron espacio para Bill. Gustav me dio su mando. Bill se sentó a mi lado y luego cogió el mando de Georg. No voy a mentir. Estaba más que nerviosa, las manos me temblaba y es que… No me sentía bien, con Bill no iba a poder ganar. No en el estado que me encontraba ahora.
Elegimos las motos… y la carrera comenzó. Estoy segura de que fueron los nervios quienes me traicionaron. Perdí. Pero Bill no se burló de mi. Ni siquiera me miró luego de haberme ganado en la carrera. Los chicos hicieron un “ooh” a coro… y no me sentó bien, pues yo quería ganar. Por otro lado, sentía que tenía mucho calor y quería tomar agua.
—Tom —lo llamé, este me miró, apartando los ojos de su novia —¿me dices dónde esta el baño? —así además, aprovechaba de no estar frente a Bill tanto tiempo.
—Ve al de arriba, es la última puerta del pasillo —asentí y luego me levanté, regresándole el mando a Gustav. Me dirigí hacia las escaleras y subí a paso rápido, dando saltitos. Era la primera vez que subía estas escaleras… en cuanto llegué arriba, me di cuenta de que todas las puertas estaban cerradas. Comencé a caminar a paso lento examinando las pinturas colgadas en las paredes entre cada puerta. Eran hermosas… me encantaban. Aunque estaba un poco oscuro y no las podía ver muy bien. Entonces me topé con una puerta que estaba entre abierta. Desde dentro salía luz. Me picó la curiosidad. Miré hacia adentro por ese pequeño espacio abierto, había una cama… las cortinas estaban abiertas, una pizarra de corcho en a pared, un escritorio… y la caja ¡la caja! ¡esta era la habitación de Bill! abrí la puerta por completo… la caja estaba abierta. Dios, me moría de ganas por saber que era lo que tenía esa caja.
Mire hacia las escaleras. Todos parecían estar de lo mejor allí abajo.
Y luego entré en la habitación. Me sentí extraña. La habitación olía delicioso… pero eso no era exactamente lo que yo quería ver. Me acerqué a la caja y luego me agaché para ver que había adentro. Cogí un pequeño papel doblado que estaba sobre todas las cosas allí metidas y lo saqué de la caja… luego me levante y lo abrí.
—¡¿Qué mierda hacer aquí?!
El grito me hizo pegar un salto. Me había llevado el susto de mi vida. Ay, Dios, ay Dios. Me pillaron… me… ¿cómo no había escuchado el sonido de la escalera? ¡Dios! no. Y es que sentía el corazón en la garganta, latiéndome fuertemente…
—¡Te hablé!, ¡¿no me contestas?! —es que me había quedado de piedra. Ni siquiera podía voltearme para confirmar mis sospechas de quien era… aunque ya estaba claro. No iba a salir viva de esta habitación. Soy estúpida ¿por qué tengo que meterme en cosas que no son mías? ¿por qué nunca aprendo la lección? sentí sus pasos acercarse… yo aún no sabía que hacer… si moverme, salir corriendo, pedir disculpas… o inventarme algo —¡¿qué haces en MI habitación?! —gritó llegando a mi lado y girándome bruscamente, cogiendo uno de mis hombros. Miré mis pies, no me atrevía a mirarlo —¡intrusa! —me gritó, arrebatándome el papel de las manos. Su voz era fría y cortante… estaba enojado. No, corrijo, enojado se quedaba corto —¡¿qué hacías con esto?! ¿eh? ¿quieres vender toda esta mierda en Internet? —me dio con la mano en el hombro, haciéndome retroceder dos pasos. Yo seguía con la mirada clavada en el piso. Me estaba gritando… no me agradaba, me desesperaba. Hacía que se me formara un nudo en el pecho y… —¡intrusa! —volvió a repetir —¡¿o es que tu madre nunca te enseñó que no hay que meterse en las cosas de los demás?!
—Lo siento.
—¡¿Lo siento?! ¡¿qué lo sientes?! No… no, no lo sientes ¡cómo si eso sirviera de mucho! no sé como puedes ser tan… —se calló, acercándose a mí —tal vez mamá y Tom crean que eres la mejor chica del mundo ¿pero sabes qué?, yo sé que eso no es verdad ¡eres una intrusa, una mentirosa! lo único que te interesa es… es… ¡arruinarle la vida a los demás! —estaba histérico. No dejaba de gritarme y yo cada vez estaba más asustada. Los ojos ya me comenzaban a picar.
—No es cierto —susurré, sintiendo que no podía respirar… las manos me temblaban, las piernas me temblaban y una extraña sensación recorría mi cuerpo de pies a cabeza.
—¡¿Que no es cierto?! ¡entonces dime porqué te metes en MI habitación y sacas mis cosas! ¿no te das cuenta de que esto es privado?
—No… es para tanto —dije casi sin mover los labios.
—¡Claro! ¡no es para tanto! ¡intrusa! podrías irte donde tu madre a que te enseñe modales ¡ojalá desaparecieras! no me agrada tenerte aquí, no me caes bien. – Los ojos se me llenaron de lágrimas en ese momento. Eso me dolió… había… mi madre… yo…
—Ella no está conmigo… —susurré.
—¡Y qué razón tiene al alejarse de ti! —me tensé. Una lágrima se escapó por uno de mis ojos, y me vi obligada a cerrar la boca y morderme los labios para no lanzar un grito y echarme a llorar. Se hizo un silencio. Bill no siguió gritando… y yo intentaba no respirar tan fuerte, quería reprimir ese sollozo que luchaba por salir de mi boca. Las lágrimas seguían cayendo… y cada vez tenía más ganas de echarme a llorar a gritos. “La curiosidad mató al gato”, lo acepto, aunque yo no fuese un gato la frase también valía para mí. Nunca más me iba a meter en cosas que no deberían importarme… nunca. El silencio seguía… Bill no decía nada y yo continuaba sin enseñarle mi rostro. Sentía vergüenza. No quería verlo nunca más, no sabría como mirarlo a la cara. Cuanta razón tenía Emilie: No pierdas el tiempo en Bill. Iba a obedecerle… desde ahora —¿leíste algo? —me preguntó… ya un poco más calmado. Yo negué con la cabeza —¿por qué entraste a mi habitación?
No contesté. No quería abrir la boca… no quería echarme a llorar, no quería explicarle que él despertaba la curiosidad en mi y…
—¿Por qué? —volvió a preguntar —¿no quieres decírmelo?
—Curiosidad —solté con la voz temblorosa… no tardé ni medio segundo en comenzar a sollozar. Me llevé una mano a la boca, intentando detener el llanto, pero las lágrimas no dejaban de caer.
—¡Y ahora lloras! —se burló —¿curiosidad? ¿sabes ese dicho, el del gato? —me había leído la mente —¿quieres que te diga algo, Karla? eres mierda. No quiero que vueltas a poner un pie en esta casa, mucho menos en esta habitación. Te vas ahora mismo de aquí y no vuelves. Y deja de llorar y hacer teatro… ya tienes la suficiente información como para decir que “me conoces” —alcé la vista y clavé mis ojos en él ¿acaso mi llanto era falso? ¿mi llanto le parecía falso? idiota. Lo miré con odio… como mejor sabía expresar ese sentimiento. Él no dijo nada. Sus ojos también parecían arder en llamas, realmente estaba enojado… —¿qué esperas? vete —no había cambiado su expresión en lo más mínimo. Me quité la mano de la boca y me la pasé por el ojo derecho, intentando inútilmente limpiar algunas lágrimas.
—No vuelvas a meterte con mi madre —le dio un empujón, quitándolo del camino y luego comencé a caminar hacia la puerta… veía todo borroso, quería llegar a mi casa cuanto antes.
—No es mi culpa que ella no te quiera. Y no la culpo… —me detuve. Tiesa como una tabla… antes de salir de la habitación, y me giré para mirarlo.
—Ella si me quiere —me pasé una mano por la nariz. Era como si alguien estuviese oprimiéndome el corazón. Me fui a dar la vuelta nuevamente, pero él dijo algo más…
—Claro… por eso es que no está contigo —apreté los dientes, sintiendo ganas de estrangularlo. Apretar con mis manos su cuello hasta dejarlo sin respiración —intrusa… mentirosa… No tenías que venir. Lo jodiste todo.
—¡No es mi culpa parecerme a esa chica! —le grité. Él no dijo nada… pero a través de mis ojos nublados, pude distinguir como su silueta se acercaba rápidamente. Me cogió del brazo, levantándome un poco del suelo. Cerré los ojos y giré la cabeza hacia otro lado.
— No vuelvas a mencionarla —dijo entre dientes… —Ahora te vas —salió de la habitación, prácticamente arrastrándome por el pasillo. Intentaba reprimir los sollozos, pero cada vez me sentía peor cómo Bi… él podía decir así? tan… tan…
Casi caigo en uno de los escalones, produciendo un gran ruido. Pero debido a que ese chico me llevaba cogida del brazo, no caí.
Cuando estuvimos en el piso de abajo, todos se quedaron en silencio y clavaron sus ojos en nosotros.
Qué vergüenza. No quería volverlos a ver en mi vida. Bill me acercó hacia la puerta, la abrió y luego me lanzó hacia afuera, con fuerza… obligándome a dar un par de pasos para no caerme. Luego cerró de un portazo. No me entraba en la cabeza como él podía ser así… tan violento. Se había comportado mal conmigo nada más conocerme. Vale, ahora sí que tenía una excusa para odiarme… pero no como para hacer lo que había hecho. De dos cosas estaba segura.
Uno: no lo quería ver nunca más… y dos: lo odio.
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hay no necesito los otros capitulo omg omg omg!!!!!!
ResponderEliminarSube mas capítulos, es que me dejas corta y quiero leer mas, estoy ansiosaaaa! sigue rápido!
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