CAPITULO 8
Esa fue la primera fiesta de verdad a la
que asistí. Bebí mucho y acabé como una loca bailando en la pista con quien se
me cruzaba por delante.
Casi no recuerdo la fiesta, pero si recuerdo lo que ocurrió luego de que yo saliera del lugar. Era como si hubiese sido “poseída” por otra persona. Mi personalidad había cambiado demasiado esa noche, sabía que estaba haciendo las cosas mal pero no me podía controlar.
Yo seguía bailando en medio de la pista, tenía los brazos alzados y me sentía bien, muy bien, aunque un poco mareada. Cuando de pronto alguien me cogió del brazo y tiró de mí, pasando por entre la gente y casi arrastrándome. Todo el mundo seguía bailando como si nada, mientras yo pasaba a empujando a muchos. La cabeza me daba vueltas y me encantaba, quería seguir allí, por lo que tiré hacia adelante mientras gritaba que me soltaran. Pero no lo hacían, por lo que cedí y seguí bailando hasta que traspasé la puerta y sentí como mi cuerpo se entumecía al instante. Todo se movía. Aún me sujetaban del brazo y creo que gracias a eso podía estar de pie. Aún podía escuchar la música, pero a más bajo volumen. Me giraron y me cogieron de los hombros. Me mareé aún más. Estaba como en trance. Miré la cara de Bill, se veía enojado.
—Meer, ¿Qué crees que haces?. – Me dijo. No pude distinguir su tono, de voz. Estaba demasiado ocupada en entenderlo.
—¿Yo? —me apunté a mí misma con mi mano temblorosa.
—Vamos, no seas tonta. Dime qué hacías allí dentro ¿A caso no piensas? ¿Qué fue lo que te ocurrió? tú no eres ese tipo de chica —me movió un poco, yo me solté de él y caminé un paso hacia atrás.
—No hacía nada. Ahora, vamos a bailar —me acerqué nuevamente a él y lo tomé de la mano para luego intentarlo llevar hacia adentro, pero no pude moverlo.
Entonces sentí como me tomaba en sus brazos y me levantaba del suelo.
—Suéltame ¡yo quiero fiesta! —me moví torpemente en un estúpido intento de que me soltara, pero no lo conseguí. Por lo que él me metió en el coche y tras ponerme el cinturón de seguridad cerró la puerta. Me enojé.
El viaje pasó en silencio. Y cuando se detuvo el coche me di cuenta de que no estábamos frente a mi casa… ni la suya. Me picó la curiosidad, y no pude seguir enojada, ignorándolo, por lo que decidí abrir la boca.
—¿Dónde estamos? —intenté que sonara con un tono brusco. Pero me costaba incluso juntar las letras.
—En mi casa —abrió la puerta y salió. Lo vi rodear el auto y luego abrió la de mi lado.
—Esta no es tu casa —me desabrochó el cinturón.
—No puedes ir así donde mi madre, puede pensar cualquier cosa… te quedarás aquí.
—¿Pero dónde estamos? —volví a insistir.
—En mi casa.
—¡Tu casa! —bufé. Luego el me cogió de los brazos y me sacó del auto. Me tomó nuevamente en sus brazos y luego caminó conmigo hasta llegar a su “casa”. En ese momento no entendía nada, mi cabeza andaba demasiado lento por lo que no me entraba en la cabeza que esa fuese su otra casa.
Me dejó en el suelo para abrir la puerta, yo apoyé mi cabeza en esta y cerré los ojos. Todo me daba vueltas y más vueltas… de pronto la puerta se abrió y yo salté hacia adelante, cayéndome de cara al piso. Me comencé a reír y Bill me levantó mientras decía algo que yo no logré entender. Yo me abrasé a su cuello y aspiré su olor. Recordé que lo quería, que él me gustaba y que quería un beso suyo. Me propuse conseguir uno.
Le besé el cuello y puse sentir como él se ponía de piedra y comenzaba a caminar casi como un robot. Seguí haciendo lo mismo hasta que él me soltó y quedé de pié. Me miró y suspiró. Luego se llevó las manos a la cara y se refregó los ojos… y seguidamente abrió la cama que estaba en esa habitación, me empujó hasta sentarme y me quitó los zapatos. Yo me dejé hacer.
Le acaricié el cabello mientras me desabrochaba los tacones y me los quitaba, él no decía nada. Ni siquiera me miraba.
Una vez acabó, me empujó hacia atrás y me cubrió con las mantas y sábanas. Todo a mi alrededor seguía moviéndose y me sentía en trance, como si estuviese fuera de mí.
Entonces él se agachó hasta quedar a mi altura, me dio un beso en la frente… se sintió tan bien.—Que duermas bien, mañana estarás mejor —dijo suavemente.
Y justo en el momento en que su preciosa cara se iba alejando y él se iba levantando, yo estiré los brazos y lo cogí de la chaqueta, tirándolo hacia mi. Acerqué su cara a la mía y lo besé en los labios con fuerza. Comencé a moverlos al ver que él no se alejaba, pero Bill no hacía nada, no respondía, no daba señales. Me levanté un poco hasta quedar de rodillas sobre la cama mientras yo seguía con ese beso. Hasta que cogiéndome por los hombros, me separó de él.
—No hagas esto, Meer. No está bien —hice un puchero y lo volví a acercar a mi, intenté juntar nuestros labios de nuevo, pero él me alejó.
—¡Pero Bill! —reclamé intentando alcanzarlo. Él me tenía cogida de los brazos —pero Bill —volví a repetir —yo quiero be… —no me dejó terminar.
—Dormir, es hora de dormir —me empujó hacia atrás. Y me volvió a cubrir los las mantas.
—No —dije enojada, y me volví a destapar.
—No seas niña, Meer —volvió a cubrirme y yo a destaparme —te he dicho que a dormir —esta vez su voz resonó por toda la habitación. Sonaba enojado. Me tapó y yo nuevamente tiré las mantas —deja de comportarte de esa manera —me regañó —ya duerme.
—No —no dejé que me cubriera.
—¿No, qué? —dijo intentando hacerlo.
—No —volví a repetir.
—¿No quieres dormir? —realmente, jamás lo había escuchado hablar en ese tono. Jamás lo había visto enojado.
—No.
—Vamos, Meer. Ya déjalo. Ahora duerme —me cubrió nuevamente. Por una extraña razón sentí miedo. Y una lágrima salió de uno de mis ojos para caer por mi cien hasta mi cabello. Me la secó con su mano y luego se dio la vuelta para salir de la habitación.
—Por favor no te vayas —este suspiró y apagó la luz.
Creí que se había ido pero luego sentí como las mantas se abrían y un cuerpo se pegaba a mi lado. Me corrí hacia un costado para dejarle más espacio y me abracé a él.
Casi no recuerdo la fiesta, pero si recuerdo lo que ocurrió luego de que yo saliera del lugar. Era como si hubiese sido “poseída” por otra persona. Mi personalidad había cambiado demasiado esa noche, sabía que estaba haciendo las cosas mal pero no me podía controlar.
Yo seguía bailando en medio de la pista, tenía los brazos alzados y me sentía bien, muy bien, aunque un poco mareada. Cuando de pronto alguien me cogió del brazo y tiró de mí, pasando por entre la gente y casi arrastrándome. Todo el mundo seguía bailando como si nada, mientras yo pasaba a empujando a muchos. La cabeza me daba vueltas y me encantaba, quería seguir allí, por lo que tiré hacia adelante mientras gritaba que me soltaran. Pero no lo hacían, por lo que cedí y seguí bailando hasta que traspasé la puerta y sentí como mi cuerpo se entumecía al instante. Todo se movía. Aún me sujetaban del brazo y creo que gracias a eso podía estar de pie. Aún podía escuchar la música, pero a más bajo volumen. Me giraron y me cogieron de los hombros. Me mareé aún más. Estaba como en trance. Miré la cara de Bill, se veía enojado.
—Meer, ¿Qué crees que haces?. – Me dijo. No pude distinguir su tono, de voz. Estaba demasiado ocupada en entenderlo.
—¿Yo? —me apunté a mí misma con mi mano temblorosa.
—Vamos, no seas tonta. Dime qué hacías allí dentro ¿A caso no piensas? ¿Qué fue lo que te ocurrió? tú no eres ese tipo de chica —me movió un poco, yo me solté de él y caminé un paso hacia atrás.
—No hacía nada. Ahora, vamos a bailar —me acerqué nuevamente a él y lo tomé de la mano para luego intentarlo llevar hacia adentro, pero no pude moverlo.
Entonces sentí como me tomaba en sus brazos y me levantaba del suelo.
—Suéltame ¡yo quiero fiesta! —me moví torpemente en un estúpido intento de que me soltara, pero no lo conseguí. Por lo que él me metió en el coche y tras ponerme el cinturón de seguridad cerró la puerta. Me enojé.
El viaje pasó en silencio. Y cuando se detuvo el coche me di cuenta de que no estábamos frente a mi casa… ni la suya. Me picó la curiosidad, y no pude seguir enojada, ignorándolo, por lo que decidí abrir la boca.
—¿Dónde estamos? —intenté que sonara con un tono brusco. Pero me costaba incluso juntar las letras.
—En mi casa —abrió la puerta y salió. Lo vi rodear el auto y luego abrió la de mi lado.
—Esta no es tu casa —me desabrochó el cinturón.
—No puedes ir así donde mi madre, puede pensar cualquier cosa… te quedarás aquí.
—¿Pero dónde estamos? —volví a insistir.
—En mi casa.
—¡Tu casa! —bufé. Luego el me cogió de los brazos y me sacó del auto. Me tomó nuevamente en sus brazos y luego caminó conmigo hasta llegar a su “casa”. En ese momento no entendía nada, mi cabeza andaba demasiado lento por lo que no me entraba en la cabeza que esa fuese su otra casa.
Me dejó en el suelo para abrir la puerta, yo apoyé mi cabeza en esta y cerré los ojos. Todo me daba vueltas y más vueltas… de pronto la puerta se abrió y yo salté hacia adelante, cayéndome de cara al piso. Me comencé a reír y Bill me levantó mientras decía algo que yo no logré entender. Yo me abrasé a su cuello y aspiré su olor. Recordé que lo quería, que él me gustaba y que quería un beso suyo. Me propuse conseguir uno.
Le besé el cuello y puse sentir como él se ponía de piedra y comenzaba a caminar casi como un robot. Seguí haciendo lo mismo hasta que él me soltó y quedé de pié. Me miró y suspiró. Luego se llevó las manos a la cara y se refregó los ojos… y seguidamente abrió la cama que estaba en esa habitación, me empujó hasta sentarme y me quitó los zapatos. Yo me dejé hacer.
Le acaricié el cabello mientras me desabrochaba los tacones y me los quitaba, él no decía nada. Ni siquiera me miraba.
Una vez acabó, me empujó hacia atrás y me cubrió con las mantas y sábanas. Todo a mi alrededor seguía moviéndose y me sentía en trance, como si estuviese fuera de mí.
Entonces él se agachó hasta quedar a mi altura, me dio un beso en la frente… se sintió tan bien.—Que duermas bien, mañana estarás mejor —dijo suavemente.
Y justo en el momento en que su preciosa cara se iba alejando y él se iba levantando, yo estiré los brazos y lo cogí de la chaqueta, tirándolo hacia mi. Acerqué su cara a la mía y lo besé en los labios con fuerza. Comencé a moverlos al ver que él no se alejaba, pero Bill no hacía nada, no respondía, no daba señales. Me levanté un poco hasta quedar de rodillas sobre la cama mientras yo seguía con ese beso. Hasta que cogiéndome por los hombros, me separó de él.
—No hagas esto, Meer. No está bien —hice un puchero y lo volví a acercar a mi, intenté juntar nuestros labios de nuevo, pero él me alejó.
—¡Pero Bill! —reclamé intentando alcanzarlo. Él me tenía cogida de los brazos —pero Bill —volví a repetir —yo quiero be… —no me dejó terminar.
—Dormir, es hora de dormir —me empujó hacia atrás. Y me volvió a cubrir los las mantas.
—No —dije enojada, y me volví a destapar.
—No seas niña, Meer —volvió a cubrirme y yo a destaparme —te he dicho que a dormir —esta vez su voz resonó por toda la habitación. Sonaba enojado. Me tapó y yo nuevamente tiré las mantas —deja de comportarte de esa manera —me regañó —ya duerme.
—No —no dejé que me cubriera.
—¿No, qué? —dijo intentando hacerlo.
—No —volví a repetir.
—¿No quieres dormir? —realmente, jamás lo había escuchado hablar en ese tono. Jamás lo había visto enojado.
—No.
—Vamos, Meer. Ya déjalo. Ahora duerme —me cubrió nuevamente. Por una extraña razón sentí miedo. Y una lágrima salió de uno de mis ojos para caer por mi cien hasta mi cabello. Me la secó con su mano y luego se dio la vuelta para salir de la habitación.
—Por favor no te vayas —este suspiró y apagó la luz.
Creí que se había ido pero luego sentí como las mantas se abrían y un cuerpo se pegaba a mi lado. Me corrí hacia un costado para dejarle más espacio y me abracé a él.
Desperté, pero no quise abrir los ojos. Aunque tenía la vaga idea de
que ya era de día, puesto a que la luz traspasaba mis párpados. No tenía sueño,
pero sí me dolía terriblemente la cabeza. Dios… anoche había sido genial. Casi
no recordaba nada. Pero si tenía muy, muy presente lo que había ocurrido luego
de la fiesta. Sentí vergüenza y me estremecí. ¿Ahora qué le diría a mi amigo? A
lo mejor, él lo dejaba pasar y no me comentaba sobre ello. Y si lo hacía yo
tendría que poner una excusa, como que estaba ebria por ejemplo.
Aunque, pensándolo bien, no había sido nada malo. Un beso no era nada. Para él, claro. Porque para mí eso significaba mucho. Sentí algo moverse debajo mío y abrí lentamente los ojos. Me di cuenta de que estaba en una habitación. Bastante linda, si… con mucho espacio. Y claro, era de día. Apoyé una mano donde pude y luego la otra donde tocó. Hice impulso y me sostuve en ellas para mirar mejor. Giré mi cabeza todo lo que pude hacia un lado y luego hacia el otro, pero en la mitad del camino me encontré con la cara de Bill. Di un salto por el susto que me había dado y me dolió aún más la cabeza.
—Au —dijo simplemente. Entonces mi di cuenta de que estaba afirmada en él. Saqué mi mano de allí y me dejé sostener en la otra que estaba sobre el colchón de la cama. Bill sonrió.
—¿Que…? —no pude terminar. Sentía una molesta sensación en la garganta. Pero yo me había buscado eso, y ahora me las tenía que arreglar —¿qué pasó? —dije con voz ronca. Entonces el borró la sonrisa del rostro y se tornó serio. Yo me refregué los ojos con una mano.
—¿Quieres saber qué es lo que pasó? —soltó con tono brusco, demasiado fuerte para mis oídos.
—Sí, pero no me grites —dije mientras ponía la cara de haber chupado un limón. Me miró más serio aún y se levantó, quedando de pié. Yo me dejé caer hasta sentarme en la cama.
—No te grito, estúpida —frunció el ceño.
—¡Lo estás haciendo! Y no me llames estúpida —dije enojada.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Qué te felicite por lo de anoche? ¿eh? —me quedé callada y miré hacia otro sitio avergonzada —¿Qué fue lo que se te pasó por la cabeza? ¿Cómo se te ocurre beber, niña? — “niña”. Lo dijo de una forma tan fea que me dio una punzada en el pecho —¿No te da vergüenza? Mírate, no eres más que una niñita y ya andas en esas cosas —moví los ojos inquieta, me sentía mal —¿No te das cuenta de que…
—Cállate, Bill —lo corté —no eres quien para regañarme —me levanté de la cama enojada, me tambaleé un poco. Él intentó sujetarme pero yo me quité de allí.
—¿Qué? ¿Ahora te enojas conmigo porque te cuido? —me dijo rabioso.
—No me grites.
—¡No te grito!.
—Solo cierra la boca —le espeté —eres un estúpido. No sirves de nada. Llévame a casa —estaba tan enojada que podía sentir como las lágrimas amenazaban por salir de mis ojos.
—¡Oh! Y encima quieres ir así a tu casa —se burló. Me enfurecí aún más.
—¿Así cómo? —moví los brazos a un lado de mi cuerpo para que me observara.
—¡Por favor! Apestas, ¿sabías? —achiqué los ojos y por un momento deseé que muriera.
—Eres un asco, Bill.
—Sí, claro, soy un asco. Pero tú —me apuntó —te crees muy grandecita, ¿no? para andar bebiendo por ahí como una chica cualquiera.
—No me insultes.
—No te estoy insultando.
—Si lo haces —le di un empujón —eres un estúpido.
—¡Hey! ¿es que nadie te enseñó modales? —le di otro golpe, él lo atajó con su mano —bebes y terminas haciendo cosas que NO deberías hacer ni estando sobria ¡de verdad no sé lo que pasaba por tu cabeza, Meer! —De pronto recordé ese beso. Se refería a eso. Abrí los ojos como platos y comencé a sentirme muy mal. La vergüenza puso conmigo por completo y las palabras de Bill se repetían en mi cabeza una y otra vez. Al fin y al cabo si era una estúpida. ¿Cómo es que había accedido a beber? No lo sé, quizás me dejé llevar por lo que me decían mis amigos. ¿Y cómo llegué a besar a Bill? Y es que me gusta… pero estando en mis cabales jamás lo habría hecho. ¡Le había besado el cuello también! Dios, soy una vergüenza. Y seguramente Bill también estaba muy incómodo porque a alguien de su edad no creo que le interese alguien como yo, mucho menos si soy su vecina pequeña ebria. Seguramente fui un dolor de cabeza para él durante toda la noche.
Quise golpearlo nuevamente, pero no pude. Puesto a que él me rodeó con sus brazos y me pegó a él.
—No vuelvas a hacer eso… es peligroso —dijo suavemente. Llevó una mano a mi cabello y comenzó a acariciar muy despacio mi cabeza —sé que no lo volverás a hacer —negué con la cabeza, para dar a entender que no lo haría jamás —entonces él me separó levemente de su cuerpo y me besó en la frente.
—Que linda eres. – Dijo simplemente. Yo sonreí, un poco atontada —…y hueles a alcohol —añadió divertido. No me había dado cuenta de que apestaba, es más, ni siquiera me había dado cuenta de que había olor a alcohol. Me separé de él avergonzada y me acomodé un poco el cabello.
—¿Qué hora es? —aún sentía la garganta seca. Carraspeé.
—Las cinco treinta —abrí los ojos como platos.
—¿Tan temprano?
—Tan tarde —me corrigió mientras soltaba una risa. Vale, ya había entendido. Mi madre debería de estar como loca... me tenía que ir cuanto antes.
—Me tengo que ir —dije algo alterada, por no decir mucho.
—¿Piensas hacer que toda la gente que pase por tu lado vaya tapándose la nariz? —me cogí la ropa con la mano y la acerqué a mi nariz. Nada, no olía nada.
—¿Tan mal huelo? —se encogió de hombros.
—Estuve horas y horas contigo, ya no siento nada —puse los ojos en blanco.
—Me siento mal —le informé. Él era el grande, por lo que debería saber qué hacer, ¿No?
Bill suspiró y se acercó a mí. Puso su mano en mi frente y luego la quitó. Miró hacia la ventana y suspiró, para luego darme una respuesta.
—Que niña más tonta. A ver, quítate esa ropa y métete en la ducha —yo le quise obedecer y me di media vuelta para salir de la habitación. Sólo pude llegar a la puerta, puesto a que no sabía dónde ir. Me giré nuevamente hacia él.
—¿Y dónde está la ducha? —pero Bill ya estaba frente a un armario. Su armario.
—Espera —dijo mientras rebuscaba entre los estantes repletos de ropa. Hasta que sacó algo negro de allí. Vamos, negro, para variar… me lo lanzó y yo con mis malos y empeorados reflejos por el alcohol no lo pude atrapar. Por lo que tuve que agacharme a recogerlo. Era una camiseta. Seguidamente me lanzó unos pantalones de tela, tampoco los pude atrapar. Entonces el vino hacia mí y arrugando un poco la nariz me cogió de la parte de atrás de la camiseta y caminó conmigo hasta el baño. Me sonrió y yo no supe que hacer, por lo que cogí la puerta y la quise cerrar, él puso el pié impidiéndome.
—¿Qué?
—Cuando te quites la ropa, me la pasas para lavarla —me dijo. Yo asentí y cerré la puerta.
Me sentí muy nerviosa en cuanto me quedé allí sola.
Me quité la ropa rápidamente y observé mi cara en el espejo, tenía unas ojeras enormes y el maquillaje que con tanta dedicación me había puesto anche desparramado ridículamente por toda la piel.
Aunque, pensándolo bien, no había sido nada malo. Un beso no era nada. Para él, claro. Porque para mí eso significaba mucho. Sentí algo moverse debajo mío y abrí lentamente los ojos. Me di cuenta de que estaba en una habitación. Bastante linda, si… con mucho espacio. Y claro, era de día. Apoyé una mano donde pude y luego la otra donde tocó. Hice impulso y me sostuve en ellas para mirar mejor. Giré mi cabeza todo lo que pude hacia un lado y luego hacia el otro, pero en la mitad del camino me encontré con la cara de Bill. Di un salto por el susto que me había dado y me dolió aún más la cabeza.
—Au —dijo simplemente. Entonces mi di cuenta de que estaba afirmada en él. Saqué mi mano de allí y me dejé sostener en la otra que estaba sobre el colchón de la cama. Bill sonrió.
—¿Que…? —no pude terminar. Sentía una molesta sensación en la garganta. Pero yo me había buscado eso, y ahora me las tenía que arreglar —¿qué pasó? —dije con voz ronca. Entonces el borró la sonrisa del rostro y se tornó serio. Yo me refregué los ojos con una mano.
—¿Quieres saber qué es lo que pasó? —soltó con tono brusco, demasiado fuerte para mis oídos.
—Sí, pero no me grites —dije mientras ponía la cara de haber chupado un limón. Me miró más serio aún y se levantó, quedando de pié. Yo me dejé caer hasta sentarme en la cama.
—No te grito, estúpida —frunció el ceño.
—¡Lo estás haciendo! Y no me llames estúpida —dije enojada.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Qué te felicite por lo de anoche? ¿eh? —me quedé callada y miré hacia otro sitio avergonzada —¿Qué fue lo que se te pasó por la cabeza? ¿Cómo se te ocurre beber, niña? — “niña”. Lo dijo de una forma tan fea que me dio una punzada en el pecho —¿No te da vergüenza? Mírate, no eres más que una niñita y ya andas en esas cosas —moví los ojos inquieta, me sentía mal —¿No te das cuenta de que…
—Cállate, Bill —lo corté —no eres quien para regañarme —me levanté de la cama enojada, me tambaleé un poco. Él intentó sujetarme pero yo me quité de allí.
—¿Qué? ¿Ahora te enojas conmigo porque te cuido? —me dijo rabioso.
—No me grites.
—¡No te grito!.
—Solo cierra la boca —le espeté —eres un estúpido. No sirves de nada. Llévame a casa —estaba tan enojada que podía sentir como las lágrimas amenazaban por salir de mis ojos.
—¡Oh! Y encima quieres ir así a tu casa —se burló. Me enfurecí aún más.
—¿Así cómo? —moví los brazos a un lado de mi cuerpo para que me observara.
—¡Por favor! Apestas, ¿sabías? —achiqué los ojos y por un momento deseé que muriera.
—Eres un asco, Bill.
—Sí, claro, soy un asco. Pero tú —me apuntó —te crees muy grandecita, ¿no? para andar bebiendo por ahí como una chica cualquiera.
—No me insultes.
—No te estoy insultando.
—Si lo haces —le di un empujón —eres un estúpido.
—¡Hey! ¿es que nadie te enseñó modales? —le di otro golpe, él lo atajó con su mano —bebes y terminas haciendo cosas que NO deberías hacer ni estando sobria ¡de verdad no sé lo que pasaba por tu cabeza, Meer! —De pronto recordé ese beso. Se refería a eso. Abrí los ojos como platos y comencé a sentirme muy mal. La vergüenza puso conmigo por completo y las palabras de Bill se repetían en mi cabeza una y otra vez. Al fin y al cabo si era una estúpida. ¿Cómo es que había accedido a beber? No lo sé, quizás me dejé llevar por lo que me decían mis amigos. ¿Y cómo llegué a besar a Bill? Y es que me gusta… pero estando en mis cabales jamás lo habría hecho. ¡Le había besado el cuello también! Dios, soy una vergüenza. Y seguramente Bill también estaba muy incómodo porque a alguien de su edad no creo que le interese alguien como yo, mucho menos si soy su vecina pequeña ebria. Seguramente fui un dolor de cabeza para él durante toda la noche.
Quise golpearlo nuevamente, pero no pude. Puesto a que él me rodeó con sus brazos y me pegó a él.
—No vuelvas a hacer eso… es peligroso —dijo suavemente. Llevó una mano a mi cabello y comenzó a acariciar muy despacio mi cabeza —sé que no lo volverás a hacer —negué con la cabeza, para dar a entender que no lo haría jamás —entonces él me separó levemente de su cuerpo y me besó en la frente.
—Que linda eres. – Dijo simplemente. Yo sonreí, un poco atontada —…y hueles a alcohol —añadió divertido. No me había dado cuenta de que apestaba, es más, ni siquiera me había dado cuenta de que había olor a alcohol. Me separé de él avergonzada y me acomodé un poco el cabello.
—¿Qué hora es? —aún sentía la garganta seca. Carraspeé.
—Las cinco treinta —abrí los ojos como platos.
—¿Tan temprano?
—Tan tarde —me corrigió mientras soltaba una risa. Vale, ya había entendido. Mi madre debería de estar como loca... me tenía que ir cuanto antes.
—Me tengo que ir —dije algo alterada, por no decir mucho.
—¿Piensas hacer que toda la gente que pase por tu lado vaya tapándose la nariz? —me cogí la ropa con la mano y la acerqué a mi nariz. Nada, no olía nada.
—¿Tan mal huelo? —se encogió de hombros.
—Estuve horas y horas contigo, ya no siento nada —puse los ojos en blanco.
—Me siento mal —le informé. Él era el grande, por lo que debería saber qué hacer, ¿No?
Bill suspiró y se acercó a mí. Puso su mano en mi frente y luego la quitó. Miró hacia la ventana y suspiró, para luego darme una respuesta.
—Que niña más tonta. A ver, quítate esa ropa y métete en la ducha —yo le quise obedecer y me di media vuelta para salir de la habitación. Sólo pude llegar a la puerta, puesto a que no sabía dónde ir. Me giré nuevamente hacia él.
—¿Y dónde está la ducha? —pero Bill ya estaba frente a un armario. Su armario.
—Espera —dijo mientras rebuscaba entre los estantes repletos de ropa. Hasta que sacó algo negro de allí. Vamos, negro, para variar… me lo lanzó y yo con mis malos y empeorados reflejos por el alcohol no lo pude atrapar. Por lo que tuve que agacharme a recogerlo. Era una camiseta. Seguidamente me lanzó unos pantalones de tela, tampoco los pude atrapar. Entonces el vino hacia mí y arrugando un poco la nariz me cogió de la parte de atrás de la camiseta y caminó conmigo hasta el baño. Me sonrió y yo no supe que hacer, por lo que cogí la puerta y la quise cerrar, él puso el pié impidiéndome.
—¿Qué?
—Cuando te quites la ropa, me la pasas para lavarla —me dijo. Yo asentí y cerré la puerta.
Me sentí muy nerviosa en cuanto me quedé allí sola.
Me quité la ropa rápidamente y observé mi cara en el espejo, tenía unas ojeras enormes y el maquillaje que con tanta dedicación me había puesto anche desparramado ridículamente por toda la piel.
Cogí la ropa y la
junté con mi nariz para oler. Que pestilencia. No comprendía como Bill me había
aguantado toda la noche y la mayor parte de ese día.
El estómago me rujió.
Abrí la puerta nuevamente y miré a Bill que estaba apoyado en la pared.
El estómago me rujió.
Abrí la puerta nuevamente y miré a Bill que estaba apoyado en la pared.
—Las toallas están
en el segundo cajón.
Le di la ropa,
asentí y volví a cerrar la puerta rápidamente.
Luego me acerqué al grifo de agua caliente y lo abrí. Me metí dentro y me acerqué al chorro de agua.
—¡AAAAH! —grité como reflejo mientras me alejaba rápidamente de ese chorro de agua congelado que caía sobre mí. Comencé a tiritar —¡BILL! —grité fuertemente. No alcanzaron a pasar cinco segundos cuando él abría la puerta.
—¿Qué ocurre? —preguntó algo asustado.
—El... agua est… está fría —dije entre dientes mientras tiritaba. Él bufó.
—Así se te pasa el malestar, métete dentro y quítate ese olor de una vez —y acto seguido cerró la puerta.
Luego me acerqué al grifo de agua caliente y lo abrí. Me metí dentro y me acerqué al chorro de agua.
—¡AAAAH! —grité como reflejo mientras me alejaba rápidamente de ese chorro de agua congelado que caía sobre mí. Comencé a tiritar —¡BILL! —grité fuertemente. No alcanzaron a pasar cinco segundos cuando él abría la puerta.
—¿Qué ocurre? —preguntó algo asustado.
—El... agua est… está fría —dije entre dientes mientras tiritaba. Él bufó.
—Así se te pasa el malestar, métete dentro y quítate ese olor de una vez —y acto seguido cerró la puerta.
—¡Pero voy a
enfermarme! —Grité. Pero él ya se había ido.
Cómo lo odiaba.
Mierda de agua.
Terminé de ducharme en unos minutos. No podía aguantar más, que ya me volvía un cubito de hielo.
Cerré la ducha con mi mano temblorosa por el frío y seguidamente salí de allí, llenando el suelo de gotas. Por cierto, el suelo estaba aún más frío… y encima era invierno.
Cómo lo odiaba.
Mierda de agua.
Terminé de ducharme en unos minutos. No podía aguantar más, que ya me volvía un cubito de hielo.
Cerré la ducha con mi mano temblorosa por el frío y seguidamente salí de allí, llenando el suelo de gotas. Por cierto, el suelo estaba aún más frío… y encima era invierno.
Caminé desnuda por todo el baño hasta
encontrar una toalla. No me había especificado en qué segundo cajón, el muy
idiota. Terminé mojando todo el piso del baño. Me puse la ropa de Bill lo más
rápido que pude, pero la camiseta no lograba aliviarme del frío. Estrujé mi
cabello y me puse la toalla.
No había dejado de tiritar en ningún
momento y estaba siendo muy torpe y lenta. Estúpido Bill. Vale, si… estaba más
despierta, pero del frío hasta me costaba moverme.
Me miré al espejo desenado tener un cepillo de dientes. Me lavé muy bien la cara para quitarme los restos de maquillaje negro que aún quedaban alrededor de mis ojos y la sequé. Me quité la toalla que traía en la cabeza, porque era grande y pesada y me incomodaba de verdad.
Me miré al espejo desenado tener un cepillo de dientes. Me lavé muy bien la cara para quitarme los restos de maquillaje negro que aún quedaban alrededor de mis ojos y la sequé. Me quité la toalla que traía en la cabeza, porque era grande y pesada y me incomodaba de verdad.
Caminé a pasos lentos hasta la puerta y
la abrí con un poco de miedo. Luego salí fuera, mojé el piso con gotitas que
caían de mi pelo. Me puse nerviosa y tirité aún más.
Caminé por el lado contrario del cual había venido y unos cuantos pasos más adelante me encontré con una escalera a mi lado derecho. Bajé por ella mientras miraba cada vez más asombrada la decoración de ese lugar. Ese salón era bellísimo. No, bellísimo se queda corto.
Recorrí cada detalle con la mirada mientras seguía bajando, embobada. Cuando de pronto…
Fue casi. No me caí. Pero si hice un gran ruido. Me había resbalado en el último escalón, por suerte. Por lo que di un paso más y ya estaba abajo.
Medio segundo después, Bill apareció por una puerta frente a mí.
Me miró y yo lo miré. Comencé a jugar con la toalla, mientras él me escaneaba con la mirada. Cada vez fruncía más el ceño. Apreté mi mandíbula para que mis dientes dejaran de sonar.
—¿No encontraste las toallas? —Me preguntó. Se la enseñé y la tendí para que él la tomara.
—Aquí está —la voz me salió temblorosa.
—A ver, Ven. – Caminó hacia mí y comenzó a subir las escaleras.
Yo lo seguí en silencio. Aunque por dentro estaba que me moría de la risa.
Nos dirigimos nuevamente hacia esa pieza donde habíamos despertado y entramos dentro. Ya estaba ordenada. La cama ya estaba hecha. Y no me había dado cuenta... pero Bill se había cambiado de ropa. Se metió en el armario y sacó de allí una camiseta nueva.
—Ponte esto —me la dio. —apresúrate que ya vengo —me avisó. Yo asentí, cogí la camiseta y me quedé de pié mientras veía como él abandonaba la habitación.
Me cambié lo más rápido que pude.
Caminé por el lado contrario del cual había venido y unos cuantos pasos más adelante me encontré con una escalera a mi lado derecho. Bajé por ella mientras miraba cada vez más asombrada la decoración de ese lugar. Ese salón era bellísimo. No, bellísimo se queda corto.
Recorrí cada detalle con la mirada mientras seguía bajando, embobada. Cuando de pronto…
Fue casi. No me caí. Pero si hice un gran ruido. Me había resbalado en el último escalón, por suerte. Por lo que di un paso más y ya estaba abajo.
Medio segundo después, Bill apareció por una puerta frente a mí.
Me miró y yo lo miré. Comencé a jugar con la toalla, mientras él me escaneaba con la mirada. Cada vez fruncía más el ceño. Apreté mi mandíbula para que mis dientes dejaran de sonar.
—¿No encontraste las toallas? —Me preguntó. Se la enseñé y la tendí para que él la tomara.
—Aquí está —la voz me salió temblorosa.
—A ver, Ven. – Caminó hacia mí y comenzó a subir las escaleras.
Yo lo seguí en silencio. Aunque por dentro estaba que me moría de la risa.
Nos dirigimos nuevamente hacia esa pieza donde habíamos despertado y entramos dentro. Ya estaba ordenada. La cama ya estaba hecha. Y no me había dado cuenta... pero Bill se había cambiado de ropa. Se metió en el armario y sacó de allí una camiseta nueva.
—Ponte esto —me la dio. —apresúrate que ya vengo —me avisó. Yo asentí, cogí la camiseta y me quedé de pié mientras veía como él abandonaba la habitación.
Me cambié lo más rápido que pude.
Bill tocó a la puerta.
—¿Ya estás lista?
—Sí —dije lo bastante fuerte como para que él me escuchara.
Entonces la puerta se abrió y Bill entró en la habitación. Ni tan siquiera me miró. Sólo se dirigió al armario y de allí cogió algo negro. Lo miré con curiosidad. Entonces él me arrojó la prenda. Esta vez sí que la cogí. La miré y una sonrisa se dibujó en mi rostro. Seguidamente le lancé lo mojado. Y me puse lo que él me había lanzado. Con eso ya no tendría frío.
—¿Ya estás lista?
—Sí —dije lo bastante fuerte como para que él me escuchara.
Entonces la puerta se abrió y Bill entró en la habitación. Ni tan siquiera me miró. Sólo se dirigió al armario y de allí cogió algo negro. Lo miré con curiosidad. Entonces él me arrojó la prenda. Esta vez sí que la cogí. La miré y una sonrisa se dibujó en mi rostro. Seguidamente le lancé lo mojado. Y me puse lo que él me había lanzado. Con eso ya no tendría frío.
—Ahora hay que
secarte el cabello —Se apresuró en ir hacia un mueble y sacó de allí un secador
de cabello. Lo enchufó cerca de la cama y me señaló un lugar para sentarme. Le
obedecí sin decir palabra. Bill se sentó detrás de mí y comenzó a secarme el
cabello. Me tocaba la cabeza con tal suavidad que comencé a sentirme
somnolienta. De pronto se me había olvidado todo y lo único que deseaba era
abalanzarme hacia Bill, abrazarlo, y que él siguiera acariciándome de esa
manera la cabeza hasta dormirme. Suspiré.
—Gracias —le sonreí, volteándome a mirarlo una vez terminó. Él resopló contento y se levantó de la cama. Guardó el secador.
—Te ves linda. – Me cogió de la muñeca y levantó mi brazo, haciendo que yo pasara por debajo de este para que él pudiese observarme mejor. Reí —aunque te queda algo grande… —y es que eso era de esperar. El me ganaba por mucho, mucho, mucho.
—¿Algo? parezco un payaso —bufé. En seguida escuché como mi estómago rugía. Bill rió.
—¿Quieres algo de comer? —asentí. Me cogió de la mano y comenzamos a caminar.
Bajamos las escaleras y entramos dentro de la puerta por la que Bill anteriormente había salido. Era la cocina.
Había una gran pizza en el centro de la mesa, con un pedazo menos y otro comido a la mitad. Bill hizo que me sentara y él se sentó frente a mí. Cogió el trozo que estaba a medio comer y se lo llevó a la boca.
—Coge una —me dijo antes de dar una mascada. La boca se me hizo agua y cogí una con cuidado de que no se me cayera. La acerqué a mi boca y le di un mordisco, deliciosa… que hambre tenía, dios.
—Que delicia…
—Si —afirmó él.
Nos quedamos comiendo en silencio. Hasta que él acabó. Primero que yo, eso estaba claro. Se levantó y fue a beber un poco de agua. Yo me atraganté con mi pizza y me la devoré antes de que Bill terminara de beber su agua. Me levanté y caminé aun masticando hacia donde él estaba. Cogí un vaso de los mismos que él había cogido y lo llené de agua. Me lo llevé a la boca y Bill rió un poco, yo igual lo hice y me atraganté.
Bill terminó primero que yo, dejó el vaso sobre el mueble que estaba a nuestro lado y se acercó aún más a mí. Me puse nerviosa y me atoré de nuevo… que desastre. Me alejé el vaso de la boca y tosí.
Entonces él me quitó el vaso y lo dejó sobre el mueble. Miré a ambos lados nerviosa, y me quedé con la mirada fija en la pizza. Algo me decía que se venía algo fuerte. Tosí nuevamente, vamos que no se me había pasado.
Esperó a que dejara de toser y luego él pasó sus manos por él costado de mi cuerpo hasta apoyarlas en el mueble. Me sentí atrapada... y lo estaba. Estaba atrapada entre un mueble de cocina y Bill Kaulitz.
Alcé la cabeza, estaba más cerca de mí de lo que yo había pensado. Contuve la respiración, el corazón me anduvo rápido… lo podía escuchar en mi cabeza. No tuve tiempo tan siquiera de ponerme nerviosa. Porque él, velozmente, juntó sus labios con los míos y los separó al instante.
—Quiero hablar contigo —me dijo.
—Gracias —le sonreí, volteándome a mirarlo una vez terminó. Él resopló contento y se levantó de la cama. Guardó el secador.
—Te ves linda. – Me cogió de la muñeca y levantó mi brazo, haciendo que yo pasara por debajo de este para que él pudiese observarme mejor. Reí —aunque te queda algo grande… —y es que eso era de esperar. El me ganaba por mucho, mucho, mucho.
—¿Algo? parezco un payaso —bufé. En seguida escuché como mi estómago rugía. Bill rió.
—¿Quieres algo de comer? —asentí. Me cogió de la mano y comenzamos a caminar.
Bajamos las escaleras y entramos dentro de la puerta por la que Bill anteriormente había salido. Era la cocina.
Había una gran pizza en el centro de la mesa, con un pedazo menos y otro comido a la mitad. Bill hizo que me sentara y él se sentó frente a mí. Cogió el trozo que estaba a medio comer y se lo llevó a la boca.
—Coge una —me dijo antes de dar una mascada. La boca se me hizo agua y cogí una con cuidado de que no se me cayera. La acerqué a mi boca y le di un mordisco, deliciosa… que hambre tenía, dios.
—Que delicia…
—Si —afirmó él.
Nos quedamos comiendo en silencio. Hasta que él acabó. Primero que yo, eso estaba claro. Se levantó y fue a beber un poco de agua. Yo me atraganté con mi pizza y me la devoré antes de que Bill terminara de beber su agua. Me levanté y caminé aun masticando hacia donde él estaba. Cogí un vaso de los mismos que él había cogido y lo llené de agua. Me lo llevé a la boca y Bill rió un poco, yo igual lo hice y me atraganté.
Bill terminó primero que yo, dejó el vaso sobre el mueble que estaba a nuestro lado y se acercó aún más a mí. Me puse nerviosa y me atoré de nuevo… que desastre. Me alejé el vaso de la boca y tosí.
Entonces él me quitó el vaso y lo dejó sobre el mueble. Miré a ambos lados nerviosa, y me quedé con la mirada fija en la pizza. Algo me decía que se venía algo fuerte. Tosí nuevamente, vamos que no se me había pasado.
Esperó a que dejara de toser y luego él pasó sus manos por él costado de mi cuerpo hasta apoyarlas en el mueble. Me sentí atrapada... y lo estaba. Estaba atrapada entre un mueble de cocina y Bill Kaulitz.
Alcé la cabeza, estaba más cerca de mí de lo que yo había pensado. Contuve la respiración, el corazón me anduvo rápido… lo podía escuchar en mi cabeza. No tuve tiempo tan siquiera de ponerme nerviosa. Porque él, velozmente, juntó sus labios con los míos y los separó al instante.
—Quiero hablar contigo —me dijo.
- Quiero hablar contigo. – Dijo lo
bastante cerca de mí como para que me diera un escalofrío al sentir su aliento
chocar contra mi rostro. No pude decir nada. No pude ni si quiera abrir la
boca. Estaba paralizada en el lugar, hecha una piedra. Sus ojos color miel
estaban clavados en los míos… no sabría describir como era la forma en que me
miraba, pero si que era extraño. Nadie nunca me había mirado así.
Mi estómago se revolvió y me tensé un poco, mientras esperaba a que me dijera algo, pero él simplemente me miraba. Quería que hablara de una vez, estaba demasiado nerviosa. Nuevamente comencé a tiritar.
—Eh… —resopló y miró hacia otro lado. Seguidamente sacó una mano del mueble y se rascó la cabeza mientras sonreía un poco. Me volvió a mirar, aún con su sonrisa que parecía de todo menos una sonrisa… hasta que se le borró de la cara en un instante. Tensó la mandíbula y se alejó unos pasos de mí mientras se metía la mano en el bolsillo trasero de su pantalón, y sacaba de allí su móvil.
Me dedicó otra mirada mientras le daba a unos de los botones y se lo llevaba al oído.
No es que yo fuera una metida ni nada de eso… pero como toda la casa estaba en silencio, no me quedó más remedio que escuchar lo que él decía…
—¿Hola? —dijo con desgano. Se quedó en silencio por unos segundos y luego suspiró —si, lo olvidé. Pero… —comenzó a caminar alrededor de la mesa mientras yo lo seguía observando —mira, dejemos eso para otro día, ¿sí? —resopló frustrado —Helena, no tengo ganas —Helena. ¿Helena? ¿quién era Helena? —Hey, hey. Tú no eres quien para decirme que hacer, ¿Si? —subió un poco más el tono de voz, al parecer cortando a esa tal Helena —yo no pedí arreglar las cosas, ¿recuerdas? —puso los ojos en blanco y le dio un golpe a la mesa —eres insoportable —se alejó un poco el móvil del oído y luego volvió a acercarlo. Incluso yo había escuchado unos gritos histéricos. Que la Helena esa lo iba a dejar sordo —ya hablaremos —lo dijo en tono de despedida. Pero la chica siguió gritando, esta vez un poco más bajo —¿No quieres? Pues bien. Adiós —se quitó el móvil del oído y seguidamente lo estampó contra la mesa. Susurró algo que no logré oír.
Y ya no supe que hacer… me acerqué a él. Este miraba el móvil con odio, no lo comprendía… el móvil no tenía la culpa.
Me paré a su lado y lo miré hacia arriba.
—¿Estas bien? —le pregunté.
—Si, no te preocupes —me respondió al instante. Y justo en ese momento comenzó a sonar el móvil. Bill lo cogió y lo apagó, para volver a dejarlo sobre la mesa. Fruncí el ceño intentando comprenderlo, pero nada —¿qué quieres hacer? —me preguntó de repente. Había cambiado hasta la mueca de odio que segundos atrás había tenido grabada en el rostro. Me sorprendí.
—¿Eh? ¡Ah! Emm… —acabé encogiéndome de hombros. Bill me sonrió, sorprendiéndome todavía más.
—¿Te apetece una película?
—Pues… si tú quieres —volví a encogerme de hombros. Me pasó el brazo por los hombros y nos dirigimos al salón que estaba fuera de la cocina.
—No tengo de Barney —me comentó. Muy gracioso.
—Ja, ja —reí irónica —¿Qué? ¿Se te quedaron en la otra casa? —alcé una ceja.
—Se las presté a mi vecina —achiqué los ojos. Me había ganado. Sí. Ahora no se me ocurría que más decirle. Estúpida, me dije a mi misma.
—Sí, claro —fue lo único más aceptable que se me ocurrió. Bill soltó una risa y yo me lancé sobre el sillón. Era más blando de lo que pensaba y me hundí.
—Ya tengo una puesta, aquí —dijo mientras se acercaba al reproductor —es buena, me gusta —Lo encendió y le dio a play. Luego se sentó en el sillón conmigo, mientras la película comenzaba y nuestra atención se centraba en ella.
O más bien, sólo nuestra vista. Porque mi mente estaba demasiado ocupada percibiendo los movimientos de cierta persona que estaba a mi lado.
…
—Pobre… —solté intentando retener las lágrimas.
—Triste, ¿eh?
—Pues sí. Como me pones a ver esas cosas —me quejé sin apartar la vista de la pantalla. La chica había muerto. Bill rió un poco. Yo lo miré enojada — ¿a ti no te dan ganas de llorar?
—No. Ya la vi antes.
—Oh, sí, claro, señor “no tengo ganas de llorar” —Bill rió aún más.
—Eres tonta —le di un empujón con el hombro.
—Estúpido.
—¿Estúpido, yo? —dijo haciéndose el indignado —¿quién es la que bebe hasta no poder andar de pie? —lo miré aún más enojada —¿Eh? —siguió con su broma y yo enojada.
—Yo no…
—¿Quién?
—Pero…
—¿Quién? —me cortó nuevamente.
—Bill, tu…
—¿Quién?
—Ya deja de…
—¿Quién?
—¡Hey!
—Perdón, no escuché bien…
—¡Yo! —dije cansada por la situación. Me crucé de brazos enojada. Entonces Bill me cogió la cara con una mano y me obligó a mirarlo.
—No te enojes, tontita.
… No me di cuenta, pero en menos de medio segundo, mis labios estaban pegados a los suyos.
Me había besado, de nuevo. En un acto reflejo, lo separé de mí empujándolo por los hombros. Esto no era nada gracioso. Me besaba porque sí, porque al él le apetecía. Sin avisarme, ni nada por el estilo. Aun sabiendo que yo “tenía” novio. Y encima esa tal Helena que se había metido en la historia, saliendo de no sé dónde.
Me levanté del sillón rápidamente y luego no supe que hacer. Miré la TV y luego miré a Bill. Quien seguía sentado en el sillón, sin haber movido ningún milímetro de su cuerpo. Seguía en la misma posición que antes.
Me sentí mal. No sabría explicar el porqué, pero fue horrible. No sabía dónde meterme. Ni siquiera sabía dónde quedaba la puerta de salida.
De pronto Bill comenzó a moverse lentamente. Hasta cogerme una mano, la que quedaba más cerca a él, claro. Sentí una especie de descarga eléctrica que comenzaba en el punto de unión de nuestras manos y que recorría todo mi cuerpo. Me estremecí.
Entonces el tiró de mí y yo caí en el sillón. Me acercó a él lo suficiente como para abrazarme y lo hizo. No me moví. Estuve quieta durante un largo rato. Mientras él seguía con ese abrazo. Tampoco se movía. Podía sentir mi corazón andando rápido, el calor en mis mejillas y mi respiración más apresurada.
—Meer… —susurró cerca de mi oído. Por lo que pude escucharlo claramente —Meer —volvió a repetir un poco más fuerte, pero aún en un susurro. Dejé salir un leve sonido de mi garganta, dándole a entender que había oído —tu novio —se quedó en silencio de pronto.
—¿Eh?
—¿Sigues con tu novio? —me preguntó
Mi estómago se revolvió y me tensé un poco, mientras esperaba a que me dijera algo, pero él simplemente me miraba. Quería que hablara de una vez, estaba demasiado nerviosa. Nuevamente comencé a tiritar.
—Eh… —resopló y miró hacia otro lado. Seguidamente sacó una mano del mueble y se rascó la cabeza mientras sonreía un poco. Me volvió a mirar, aún con su sonrisa que parecía de todo menos una sonrisa… hasta que se le borró de la cara en un instante. Tensó la mandíbula y se alejó unos pasos de mí mientras se metía la mano en el bolsillo trasero de su pantalón, y sacaba de allí su móvil.
Me dedicó otra mirada mientras le daba a unos de los botones y se lo llevaba al oído.
No es que yo fuera una metida ni nada de eso… pero como toda la casa estaba en silencio, no me quedó más remedio que escuchar lo que él decía…
—¿Hola? —dijo con desgano. Se quedó en silencio por unos segundos y luego suspiró —si, lo olvidé. Pero… —comenzó a caminar alrededor de la mesa mientras yo lo seguía observando —mira, dejemos eso para otro día, ¿sí? —resopló frustrado —Helena, no tengo ganas —Helena. ¿Helena? ¿quién era Helena? —Hey, hey. Tú no eres quien para decirme que hacer, ¿Si? —subió un poco más el tono de voz, al parecer cortando a esa tal Helena —yo no pedí arreglar las cosas, ¿recuerdas? —puso los ojos en blanco y le dio un golpe a la mesa —eres insoportable —se alejó un poco el móvil del oído y luego volvió a acercarlo. Incluso yo había escuchado unos gritos histéricos. Que la Helena esa lo iba a dejar sordo —ya hablaremos —lo dijo en tono de despedida. Pero la chica siguió gritando, esta vez un poco más bajo —¿No quieres? Pues bien. Adiós —se quitó el móvil del oído y seguidamente lo estampó contra la mesa. Susurró algo que no logré oír.
Y ya no supe que hacer… me acerqué a él. Este miraba el móvil con odio, no lo comprendía… el móvil no tenía la culpa.
Me paré a su lado y lo miré hacia arriba.
—¿Estas bien? —le pregunté.
—Si, no te preocupes —me respondió al instante. Y justo en ese momento comenzó a sonar el móvil. Bill lo cogió y lo apagó, para volver a dejarlo sobre la mesa. Fruncí el ceño intentando comprenderlo, pero nada —¿qué quieres hacer? —me preguntó de repente. Había cambiado hasta la mueca de odio que segundos atrás había tenido grabada en el rostro. Me sorprendí.
—¿Eh? ¡Ah! Emm… —acabé encogiéndome de hombros. Bill me sonrió, sorprendiéndome todavía más.
—¿Te apetece una película?
—Pues… si tú quieres —volví a encogerme de hombros. Me pasó el brazo por los hombros y nos dirigimos al salón que estaba fuera de la cocina.
—No tengo de Barney —me comentó. Muy gracioso.
—Ja, ja —reí irónica —¿Qué? ¿Se te quedaron en la otra casa? —alcé una ceja.
—Se las presté a mi vecina —achiqué los ojos. Me había ganado. Sí. Ahora no se me ocurría que más decirle. Estúpida, me dije a mi misma.
—Sí, claro —fue lo único más aceptable que se me ocurrió. Bill soltó una risa y yo me lancé sobre el sillón. Era más blando de lo que pensaba y me hundí.
—Ya tengo una puesta, aquí —dijo mientras se acercaba al reproductor —es buena, me gusta —Lo encendió y le dio a play. Luego se sentó en el sillón conmigo, mientras la película comenzaba y nuestra atención se centraba en ella.
O más bien, sólo nuestra vista. Porque mi mente estaba demasiado ocupada percibiendo los movimientos de cierta persona que estaba a mi lado.
…
—Pobre… —solté intentando retener las lágrimas.
—Triste, ¿eh?
—Pues sí. Como me pones a ver esas cosas —me quejé sin apartar la vista de la pantalla. La chica había muerto. Bill rió un poco. Yo lo miré enojada — ¿a ti no te dan ganas de llorar?
—No. Ya la vi antes.
—Oh, sí, claro, señor “no tengo ganas de llorar” —Bill rió aún más.
—Eres tonta —le di un empujón con el hombro.
—Estúpido.
—¿Estúpido, yo? —dijo haciéndose el indignado —¿quién es la que bebe hasta no poder andar de pie? —lo miré aún más enojada —¿Eh? —siguió con su broma y yo enojada.
—Yo no…
—¿Quién?
—Pero…
—¿Quién? —me cortó nuevamente.
—Bill, tu…
—¿Quién?
—Ya deja de…
—¿Quién?
—¡Hey!
—Perdón, no escuché bien…
—¡Yo! —dije cansada por la situación. Me crucé de brazos enojada. Entonces Bill me cogió la cara con una mano y me obligó a mirarlo.
—No te enojes, tontita.
… No me di cuenta, pero en menos de medio segundo, mis labios estaban pegados a los suyos.
Me había besado, de nuevo. En un acto reflejo, lo separé de mí empujándolo por los hombros. Esto no era nada gracioso. Me besaba porque sí, porque al él le apetecía. Sin avisarme, ni nada por el estilo. Aun sabiendo que yo “tenía” novio. Y encima esa tal Helena que se había metido en la historia, saliendo de no sé dónde.
Me levanté del sillón rápidamente y luego no supe que hacer. Miré la TV y luego miré a Bill. Quien seguía sentado en el sillón, sin haber movido ningún milímetro de su cuerpo. Seguía en la misma posición que antes.
Me sentí mal. No sabría explicar el porqué, pero fue horrible. No sabía dónde meterme. Ni siquiera sabía dónde quedaba la puerta de salida.
De pronto Bill comenzó a moverse lentamente. Hasta cogerme una mano, la que quedaba más cerca a él, claro. Sentí una especie de descarga eléctrica que comenzaba en el punto de unión de nuestras manos y que recorría todo mi cuerpo. Me estremecí.
Entonces el tiró de mí y yo caí en el sillón. Me acercó a él lo suficiente como para abrazarme y lo hizo. No me moví. Estuve quieta durante un largo rato. Mientras él seguía con ese abrazo. Tampoco se movía. Podía sentir mi corazón andando rápido, el calor en mis mejillas y mi respiración más apresurada.
—Meer… —susurró cerca de mi oído. Por lo que pude escucharlo claramente —Meer —volvió a repetir un poco más fuerte, pero aún en un susurro. Dejé salir un leve sonido de mi garganta, dándole a entender que había oído —tu novio —se quedó en silencio de pronto.
—¿Eh?
—¿Sigues con tu novio? —me preguntó
¿Y ahora que le
decía? Si le decía que no, él sabría que le había mentido y que nunca había
sido novia de mi ex mejor amigo. Pero si le decía que si, iba a seguir con esa
estúpida mentira. Pensé un segundo y llegué a la conclusión de que era mucho
mejor decirle que había cortado con él la semana pasada. Que las cosas no
habían funcionado. Sí, eso.
—No —dije firme. Intentando que mi voz fuera segura… y que pareciera verdad, claro —cortamos la semana pasada —me encogí de hombros.
—¿Lo querías? —negué con la cabeza.
—No. Es decir… no de querer, querer… sólo como amigo. Nada más —dije rápidamente.
—Jamás fue tu novio —dijo más como una afirmación que con una pregunta. Yo di un bote en el sillón. Vale, había confirmado lo que él había dicho. Ya no podía mentir. Pero tampoco iba a darle la razón… me quedé callada. Bill soltó una risita —¿Creíste que caería, no?
—Pues… no lo sé. Eso supuse —bajé la mirada. No lo había mirado en toda la conversación.
Nos quedamos en silencio. Hasta que recordé algo.
—¿Qué era lo que querías decirme?
—¿Decirte? —preguntó. Sabía que se hacía el que no recordaba nada.
—Sí, lo que me iba a decir antes de que te llamaran. —antes de que te llamara esa tal Helena.
—Ah… —esperé a que continuara, pero no dijo nada. Por lo que le animé a hablar.
—¿...Y?
—Pues… Emm… —se quedó en silencio nuevamente. Esperé pacientemente por un tiempo que se me hizo una eternidad, para luego añadir.
—¿Me lo vas a decir?
—Sí. —dijo rápidamente.
—Pues hazlo —dije como si se tratara de la cosa más simple del mundo. Resopló.
—No —dije firme. Intentando que mi voz fuera segura… y que pareciera verdad, claro —cortamos la semana pasada —me encogí de hombros.
—¿Lo querías? —negué con la cabeza.
—No. Es decir… no de querer, querer… sólo como amigo. Nada más —dije rápidamente.
—Jamás fue tu novio —dijo más como una afirmación que con una pregunta. Yo di un bote en el sillón. Vale, había confirmado lo que él había dicho. Ya no podía mentir. Pero tampoco iba a darle la razón… me quedé callada. Bill soltó una risita —¿Creíste que caería, no?
—Pues… no lo sé. Eso supuse —bajé la mirada. No lo había mirado en toda la conversación.
Nos quedamos en silencio. Hasta que recordé algo.
—¿Qué era lo que querías decirme?
—¿Decirte? —preguntó. Sabía que se hacía el que no recordaba nada.
—Sí, lo que me iba a decir antes de que te llamaran. —antes de que te llamara esa tal Helena.
—Ah… —esperé a que continuara, pero no dijo nada. Por lo que le animé a hablar.
—¿...Y?
—Pues… Emm… —se quedó en silencio nuevamente. Esperé pacientemente por un tiempo que se me hizo una eternidad, para luego añadir.
—¿Me lo vas a decir?
—Sí. —dijo rápidamente.
—Pues hazlo —dije como si se tratara de la cosa más simple del mundo. Resopló.
—Pues que… mira, te
lo diré. Pero no digas nada, ¿sí? No quiero que me contestes, ni que te vayas a
enfadar… nada de eso. Luego lo olvidas y ya está. —pensé unos segundos, meditando
lo que él había dicho. Estaba claro que yo jamás me iba a enfadar con él. Eso
era algo imposible. Aunque claro, no iba a olvidar nada de lo que me dijera.
—Está bien —acepté. Bill cogió aire, pude sentir como llenaba sus pulmones.
—Es que… —se quedó en silencio. Si, de nuevo.
—Que… —dije pacientemente. Aunque por dentro estaba muriéndome de dudas y de curiosidad. ¡Habla ya!
—Te quiero.
—Está bien —acepté. Bill cogió aire, pude sentir como llenaba sus pulmones.
—Es que… —se quedó en silencio. Si, de nuevo.
—Que… —dije pacientemente. Aunque por dentro estaba muriéndome de dudas y de curiosidad. ¡Habla ya!
—Te quiero.

el primer Te quiero que tierno *-*
ResponderEliminarLo amooooo!!!
ResponderEliminarKari ql te voy a sacat la shsh si no subes otro escuchaste 88 <3
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