Y ahora… no sabía que hacer. Bill dormía a mi lado, muy cerquita de mi… y yo estaba de los nervios.
¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora?
Encima, ni siquiera me podía mover, incluso intentaba respirar lo menos posible, para que no fuese a despertar. Y es que se notaba tan cansado… y dormía como un angelito, se veía realmente encantador.
Así fue como me pasé la siguiente media hora, él ya dormía profundamente. Y yo no podía dejar de mirarlo. Su nariz, sus labios, sus facciones en general… eran perfectas. Me encantaban, él me encantaba. Y es que es tan hermoso. Y su voz... jamás lo había escuchado cantar, hasta hoy. Los chicos eran muy buenos, pero en especial Bill. Me gustaría poder cantar alguna vez con él… si. Pero mi voz no se comparaba a la suya, para nada. A demás, en Internet decía que él mismo escribía sus canciones. Teníamos eso en común.
Lo seguí observando hasta que me entró vergüenza, ¿y si despertaba de repente? Aparté la vista y quise cambiar la TV, pero tampoco podía hacer eso. Él tenía mi mano firmemente sujeta a la suya y, sinceramente, no quería quitar la mía de allí.
Cerré los ojos, a lo mejor yo también podía dormir. Suspiré, y me acomodé despacito, deslizándome un poco en el sillón. Hasta que mi cabeza quedó a su altura, y me afirmé en el mismo cojín. Tragué saliva.
¿Y si despertaba y me veía durmiendo a su lado? Ojala no se enojara. Pero es que uno se aburre cuando esta sola… o cuando tiene un acompañante que se ha dormido. Ojala también que todos se demoraran en llegar, y no nos pillaran durmiendo… y por cierto, los chicos se estaban tardando demasiado en acomodar las cosas de Emilie. Pero eso no tiene importancia… es mejor. Si, mucho mejor… porque estoy sola con Bill. Y él es lindo.
Sonreí. Y él me devolvió la sonrisa. Luego miré a la bebé en mis brazos. La pequeñita era hermosa… con una nariz pequeñita, unos ojitos pequeñitos y una pequeña boquita, que se abría para dar paso a un bostezo. Se movió un poco entre mis brazos y apretó su manita al dedo de su papi. Volví a sonreírle ampliamente… él la miraba como si fuese la cosita más bonita del mundo. Y así lo era… era la cosita más bonita del mundo. Mi bebita…
—Es hermosa… es igual a ti —murmuró, abrazándome con un brazo, sin soltar la manito de la bebe.
—Es hermosa —él me besó en la mejilla sonoramente, y luego yo moví un poco la cabeza, buscando sus labios.
—Te amo —susurró despacito. Lo sabía. Me sentí completamente llena… no pedía nada más. Nada. Él lo era todo para mí… y con esta pequeñita que había sido el fruto de nuestro amor, todo era perfecto.
—También te amo —le contesté.
Abrí los ojos de golpe. Ok… siempre tengo sueños estúpidos, pero este se había pasado ¿dónde estaban los extraterrestres o los aviones con forma de manzana? Ahora se unía otra estupidez a mi lista de sueños estúpidos: Un bebé. ¡Y es que no podía soñar algo así! Yo nunca tendría un bebé. Mucho menos con él… no. Odiaba el “método de preparación” de esas cositas. Definitivamente, yo había nacido para ser soltera por el resto de mi vida.
Pero es que… que sueño más extraño. Y es que me había parecido tan real… la pequeñita me miraba como su yo realmente fuese su madre y me quisiera. Al igual que él.
Me estremecí y me moví un poco. Aún tenía un poco de sueño… no tardaba nada en dormirme. Me di cuenta de que Bill seguía durmiendo profundamente. Miré la hora en el reloj del salón, habían pasado quince minutos, nada más. Y en la TV no daban nada bueno.
No quise acomodarme mejor en el sillón, me quedé en la misma posición en la que había despertado e intente cambiar de canal en la TV. Pero no lo hice, ya que recordé que Bill tenía su mano sobre la mía y yo no lo quería despertar. Mi abuela siempre dice que no hay que interrumpir el sueño de las personas, que es malo. Son cosas de viejitas, de tiempos antiguos… pero yo le hacía caso, pues a mi tampoco me gustaba que me despertaran.
Bostecé, y me dieron ganas de estirarme, pero no lo hice. Me salieron lágrimas, por el sueño. Me las limpié en el cojín, y luego, con el rostro enterrando en él y costándome respirar, volví a dormirme.
Esta vez no soñé nada, nada que recuerde.
Abrí los ojos, pestañeando un par de veces. Me incorporé en el sillón y pegué un pequeño saltito al darme cuenta de que Bill ya estaba despierto. ¿En que momento…? Pff. Y es que como dije anteriormente, no me cuesta nada dormir. Me llevé la mano a los ojos y bostecé.
—Despertaste —me dijo Bill —aún no llega nadie.
Miré la hora. Habían pasado veinte minutos desde que me había despertado la última vez. Bill había dormido cerca de una hora. Y aún no llegaban los demás. Era comprensible en el caso de Simone, papá y Juliette… Simone, porque debería estar arreglando las cosas en su casa y papá con su novia porque estaban de compras y como hoy era 24, era obvio que se demorarían más de lo habitual.
Aunque con Sam, Tom y Emilie… era seguro que Tom nos quería dejar solos para que yo “lo enamorara”. Cosa que no planeaba hacer.
—¿Cuándo despertaste? —le pregunté, con voz ronca. Me aclaré la garganta al instante.
—Hace un rato, hablaste mientras estabas dormida —¿de verdad yo había hecho eso? ¡Pero que estúpida soy a veces! Desperté a Bill, y el pobre estaba tan cansado…
—Lo siento —lo miré un poco cortada —no quería despertarte, de verdad.
—Lo sé, no te preocupes… estabas dormida —apartó la vista de la TV y me miró con una sonrisa. La hora de sueño le había servido. Hice una mueca, no me había quedado del todo conforme, pero no dije nada más. Sentí como el color se me subía al rostro. Él me miró sin pestañear por unos segundos, y sus mejillas se tornaron de color rosa también. Quizás igual que las mías. Qué vergüenza. Habíamos estado durmiendo muy juntos… y es que él incluso me había dado un besito antes de dormir ¿lo habría hecho de forma conciente? A lo mejor lo había hecho de forma automática y ya… ni siquiera lo recordaba.
… pero es que había sido tan tierno.
—¿Tienes algo de beber? —me encogí de hombros como pude.
—No lo sé, podrías revisar —se levantó del sillón y se estiró. Su polerón se subió un poco, por lo que pude ver una pequeña zona de su espalda, el borde de su ropa interior y un pedazo de un… ¿tatuaje?
—¿Puedo? —me preguntó, señalando hacia la cocina. Salí de mi aturdimiento y asentí con la cabeza, un poco descordinada.
—S- si… revisa t-todo lo que quier-as.
—Ok… —murmuró, dando se cuenta de que aún tenía la vista en cierta zona de su cuerpo.
Él se llevó la mano al borde del polerón y se lo bajó de golpe, luego cruzó los dedos cubriendo con sus manos su… su “zona privada”. Aparté la vista, nerviosa y me topé con su rostro, el pobre estaba colorado. No supe donde meterme. Pero por suerte, Bill salió del salón y se metió el cocina.
¡Pero qué vergüenza! Había pensado que estaba mirando… él había pensado que yo… ¡no! Yo nunca le miraría eeeesa zona aun hombre, no, claro que no. Soy la persona que jamás hace ese tipo de cosas y que nunca piensa malas cosas y… y… quizás que cosas iba a pensar de mi ahora, ¡seguro creía que era una, una cualquiera! ¿Cómo se lo iba a explicar? No podía. Y es que soy tan estúpida, que ver un tatuaje me impresiona. Argh. Karlie, eres muy idiota.
Idiota, idiota, idiota. ¿Cómo mierda se me pude ocurrir mirarlo así? Lo peor es que no me daba cuenta.
Ojala no volviera a salir de la cocina, ¡no soportaría que me mirara! Incluso había logrado que se pusiese rojo… ¡qué odiosa soy!, soy tan odiosa, que incluso yo me odio.
Respiré fuertemente, intentando relajarme.
¡Es que no puedo relajarme! Bill seguramente piensa que soy una sucia.
Pero es que, de verdad, yo no quería… yo no soy de ese tipo de persona. Solté un leve ruidito, quejándome de todo. Todo me tenía que pasar a mí… y si no, era cosa de mirarme.
Pff, seguro Bill se ponía automático de nuevo… y ya no me habla en toda la noche. Podría apostarlo. ¡Y es que yo no había querido mirarlo!, ni siquiera lo había mirado morbosamente… sólo me había quedado pensando en el tattoo, impresionada. Nada más.
Soy inocente.
¡No es mi culpa!
Argh, y es que podría haberme puesto a hacer pataletas. Él iba a tener una mala imagen de mí, y yo no quería eso… él me gusta. Ninguna chica en todo el mundo querría que el chico que le gusta pensara mal de ella. Aunque fuese solamente algo platónico.
—Encontré jugo de manzana, ¿te gusta? —habló desde la cocina. Por lo menos no estaba enojado. Respira, Karlie, respira. Me aclaré la garganta.
—¡Si! —no dijo nada más. Y yo me fijé en la TV. Si no pensaba en lo que había pasado, más fácil me resultaría mirarlo… si. Tenía que intentar por todos los medios posibles no morir de la vergüenza cuando el regresara con el jugo de manzana… aunque el de naranja era mucho mejor. Pero papá no había comprado de ese.
Me tensé al escuchar sus pasos acercarse, y no tardó hasta llegar frente a mí. Me tendió el vaso y yo con la vista clavada en mis manos lo cogí.
—Cuidado —me dijo, soltando el vaso, se había dado cuenta de que mis manos estaban temblorosas. Seguidamente se sentó a mi lado en el sillón, de nuevo. Por lo menos no se había enojado. Me daba vergüenza tenerlo al lado. No quería mirarlo. Y es que me ponía tan nerviosa… —pensaba que sólo tomabas del de naranja —comentó, luego de que yo tomara un poco de jugo.
—El jugo de naranja es mi favorito… siempre lo prefiero. Pero también me gustan los otros jugos —murmuré entre dientes, con el corazón casi en la garganta. Me obligué a tomar otro sorbo de jugo…
—Ah… mi favorito es el de frutilla.
—También es bueno… —aunque un poco dulce. Bill cambió la TV de canal, al de las noticias. Seguramente no había nada mejor que mirar.
—¿Cómo está tu alemán? —¿mi ale…? Ah… mi idioma alemán ¿y a este que bicho le había picado? Ahora quería entablar una conversación con migo… a veces era tan, pero tan extraño. Y es que no podía dejar de ser extremadamente misterioso.
—Va mejorando. Entiendo algunas cosas de las que hablan, pero en la TV aún no, allí hablan más rápido —lo miré. Él alzó una ceja y yo aparté la vista al instante.
—¿De verdad hablan más rápido? No me había dado cuenta —asentí.
—En algunos programas… o en las noticias. En las series no distingo lo que dicen, porque siempre están las risas del fondo y eso. Me cuesta un poco —qué gran explicación. Felicitaciones, Karlie… ahora Bill pensará mucho peor de ti.
—Ah… ya veo —le di otro sorbo al jugo de manzana.
No me podía explicar el comportamiento de Bill, y es que… era tan extraño. Después de haber “mirado”, sin mirar, sus partes. Incluso se había ruborizado… pero después, como si nada. A lo mejor yo debería dejar de pensar en eso, y hacer como que si nada hubiese pasado, igual que él. Suspiré y giré el rostro para mirarlo. Él que anteriormente había estado con los ojos clavados en la TV, se giró, clavando sus ojos en mí.
—¿Pasa algo? —me preguntó ¿qué si pasa algo?... no, no, no me pasa nada. Sólo estoy que me muero de la vergüenza, pero no es nada, Bill… no te preocupes.
—No —negué con la cabeza. Él se mordió los labios y dejó su vaso vació sobre la mesa. Yo recordé que tenía el jugo aún a la mitad y le di un sorbo bastante largo, acabando mi jugo también.
—Dámelo… —Bill tendió su mano y yo le pasé el vaso de jugo, para que seguidamente él lo dejara sobre la mesita, al lado de mi pie y su vaso, y el teléfono con el portátil.
Mi padre me regañaría… pues tenía todo desordenado. Es increíble como puedo desordenar todo tan rápido, y eso que estoy sin poder moverme. Mire la TV y me quedé allí, mirando los restos de un accidente de avión… las noticias y todo eso, que tragedias...
– Karla… —me llamó Bill. Lo miré de golpe, estaba muy cerca de mi. Me quedé sin respiración y de pronto, me sentí acalorada.
—¿Si? —intenté sonreír y me alejé un poco de él.
—Querrás matarme —murmuró ¿matarlo, porqué? Jamás querría matarlo… no. A no ser que haya roto algo en la cocina.
—¿Qué hiciste? —pregunté, frunciendo el ceño. Él se acercó un poco más, completamente serio.
—Es… es algo que aun no hago —bajó la mirada. Había mirado mis labios, de nuevo. Los cerré, incómoda por la situación. Podía sentir el corazón en mi cabeza y una extraña sensación en el estómago —…pero que tengo ganas de hacer. Querrás matarme —volvió a repetir. No tuve tiempo a reaccionar o alejarme de él, ya que en menos de un segundo él prácticamente se lanzó sobre mi, atrapó mi rostro con sus manos y junto nuestros labios con delicadeza.
No me moví, no respiré, no dije nada, no hice nada. Ni siquiera pude cerrar los ojos. Quería matarlo, tenía razón. Dios, es que incluso me aturdí un poco, yo… hice fuerza con la cabeza hacia atrás para separarme de él, que rabia. ¿Porqué… porqué hacía… eso?
Entonces, se separó de mí. Nuestras miradas se encontraron y los nervios desaparecieron. Me perdí en sus ojos, separándome de la realidad. Y para cuando él volvió a juntar sus labios con los míos, yo ya no estaba enojada. Y recibí ese pequeño beso con gusto.
Se separó de mí despacio. Abrí los ojos. Bill ya me estaba mirando. Y ahora, era difícil saber quien de los dos estaba más rojo. No sabía que hacer, jamás había besado a alguien… y en mi vida había pensado hacerlo, mucho menos por gusto. El nerviosismo volvió a apoderarse de mi cuerpo. Bill aún no quitaba sus manos es mi cara, una de ellas me sujetaba por la cabeza. Bajé la mirada. Quería apartarme de él… pero a la vez, no. Tenía ganas de que me abrazara.
—No te vayas a enojar —murmuró. Negué con la cabeza una sola vez, como toda respuesta —lo siento, discúlpame —volví a mirarlo. Entonces, con unos de sus dedos, acaricio mi rostro, casi sin tocarlo… muy suave y delicadamente. Observándome, pero sin mirarme a los ojos. Sentí s respiración sobre mis labios… moriría en cualquier momento, eso era seguro. Nuestras narices se juntaron, y yo sin pensarlo, me acerque peligrosamente a sus labios, aunque él terminó por pegar los suyos a los míos. Sólo juntarlos, nada más. Se separó, manteniendo nuestras frentes unidas —discúlpame… —volvió a repetir. Y esta vez fui yo la que se encargó de volver a juntar nuestros labios. Bill era como un imán, estando tan cerca, no podía evitar acercarme más. Él volvió a separarse, para un segundo después besarme de nuevo… me tensé cuando comenzó a mover sus labios sobre los míos. Yo no hice nada. Jamás había besado a alguien antes de esto, por lo que no me moví y me quedé de piedra, sin contestar a su beso, no sabía que hacer. Acabó por separarse de mí, al ver que yo no hacía nada.
Abrí los ojos de golpe y lo observé. Entonces, me di cuenta de que sus ojos estaban rojos… y húmedos. ¿Pero qué…? Su mirada reflejaba tristeza ¿por no contestarle? no creo que haya sido por eso… no ¿o sí? Lo mire con preocupación y él me soltó de golpe, alejándose de mí.
Suspiré, sin saber que hacer. A veces soy tan idiota, no tendría que haberme dejado llevar, no tendría que haberlo besado. Soy una estúpida, estas eran las cosas que no tenía que hacer. Me estaba traicionando a mi misma. Y es que Bill había desordenado todo dentro de mí. Ya no me sentía igual que antes, cuando no lo conocía. ¿Por qué él..?
Din-Don.
Omg omg omg el otro el otro LOS otro porfavorrrrrr������������������
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar