20 febrero, 2014

Automatic /Capítulo 24


Oh, pero mírala, es un angelito —fueron las primeras palabras que escuché al despertar. Pero no quise abrir los ojos… había sido la abuela.
Pero despiértala… para que nos despidamos antes de que Marc nos lleve a su casa… A demás, lleva mucho tiempo durmiendo.
¡No puedo despertarla! hazlo tú —estos ancianos, eran como niños pequeños… a cada año que cumplían, era como si se hicieran más y más pequeños.
¿Y si me regaña? imagínate como sería si ahora Karlie es de esas chicas que se enojan al levantarse —estuve a punto de comenzar a reír. Entonces abrí los ojos.
No es necesario, ya estoy despierta —los ojos ni siquiera me dolieron a abrirlos. Giré la cabeza hacia el sillón. Mi abuela estaba de pie, muy cerca de mí. Le sonreí… y mi abuelo estaba un poco más atrás, sentado en el sillón bajo la ventana.
Oh, cariño, ¿te despertamos? —preguntó preocupada la anciana.
No es nada, abuela… ya me había cansado de dormir —le sonreí. Ella también me sonrió y pasó su arrugada mano por mi frente, acomodándome el cabello hacia atrás.
Te trajimos el jugo de naranja —asentí. La verdad es que ya no tenía hambre…
¿Qué hora es? —le pregunté.
Las siete. En dos horas cierra el horario de visitas… pero te harán exámenes dentro de un rato —me informó.
Vale…
Ah, y una chiquilla vino a visitarte. Está afuera con su madre y tu papá Juliette, Emilie y papá. Podría estar Bill también… habría sido lindo ¡Pero qué cosas pienso! era mejor si Bill no estaba. Asentí con la cabeza.
Bueno… —se levantó el abuelo del sillón —nosotros no vamos… —se acercó a mi, situándose al lado de mi abuela. Los miré a ambos con una sonrisa en el rostro —ya estamos muy viejos y necesitamos descansar —se echó a reír.
Nos menos, cariño, descansa —la abuela se agachó un poco hasta chocas sus arrugados labios sobre mi frente.
Adiós, abuela.
Hasta pronto, pequeñita. Mejórate —mi abuelo imitó el gesto de mi abuela.
Adiós —le dije con una sonrisa.
Espérame mañana, que me pasaré por aquí —se echó a reír la anciana. Luego abrió la puerta de la habitación. Me hizo un gesto con la mano en seña de despedida y yo sólo le contesté con una sonrisa.
Resoplé y cavé la vista en la ventana de la habitación. Ya comenzaba a sentirme claustrofóbica y atrapada.

Quería abrir esa maldita ventana y cambiar el puto aire de la habitación, que me tenía mareada.

Hola, hola —la puerta volvió a abrirse y papá entró en a habitación ¿cómo está mi pequeña Karlie? —se acercó a mí sonriendo.
Hola… —le contesté.
¿Cómo estás, hija? ¿te siente mal o algo…?
Estoy bien, papá —le contesté frunciendo el ceño… que ahora me había puesto de mal humor, lo único que quería era gritarle a papá para que abriera esa ventana.
¿Y esa carita…?
Quiero que abras la ventana —lo corté —abre la ventana, papá.
Karlie, no lo haré, está nevando allí afuera, hace mucho frío —se quitó un bolso que traía y lo dejó a un lado de la mesita… fruncí el ceño.
Abre la ventana, papá —volví a repetir.
Hija, te enfermarás ¡puaj!  y a mí qué me importa si me enfermo ¡estoy en un hospital!
Me estoy ahogando ¿quieres ahogarme? ¿eso quieres? —alcé la voz —me cuesta respirar y tengo calor. ¡odio esta habitación y la puta calefacción!
Karla, ya basta. Es sólo cosa de apagar la calefacción ¡pero yo quería aire! ¡viento, frío!... no iba a resistir metida en ese hospital.
Quiero viento, papá —me quejé.
Mañana te conseguiré un ventilador —resoplé. Se estaba burlando de mí —y deja de comportarte como una niñita, que tienes visitas —señaló hacia atrás, con el dedo índice. Lo que me faltaba Emilie y su madre me habían visto en pleno show. Genial.
Hola, Karlie… —me saludó Juliette con una sonrisa.
Hola —intenté sonreír, pero el rostro no se me movía.
Iré a dejar a tus abuelos a casa, ¿vale? volveré para la noche. Mañana no voy a trabajar y me quedaré contigo —me dio un pequeño beso en la frente… y yo me moría de ganas por regañarlo ¡Que abran esa puta ventana! adiós, pequeña —se despidió… y luego avanzó hacia la puerta.

Emilie y su madre me acompañaron, conversándome de cualquier cosa, hasta que dieron las ocho. Entonces me sacaron de la habitación para ir a hacerme unos exámenes.

El día siguiente, lunes… me pasé toda la mañana acompañada de papá… Quien me había traído el portátil, por lo que ya tenía suficiente entretención. Estuve conversando con mis amigos hasta hartarme, contándoles de mi “pequeño” accidente y de lo aburrido que era estar en el hospital.

Y como me aburría, aproveché también para buscar cosas en Internet… como por ejemplo, cuando iban a curarse mis huesos y esos casos médicos que asustan.

Como también me habría traído el móvil, estuve hablando con Emilie por mensajitos y divirtiéndome un poco de esa manera. Tía Marie y Seli se vinieron a despedir de mi cerca del almuerzo, porque ya se iban… Y lo agradecí. Ya no me sentiría extraña pensando que mi prima dormiría en mi habitación.

Mis abuelos llegaron junto con Tía Marie y mi prima. Pero ellos se irían la próxima semana, así que se quedaron acompañándome.

Más tarde, cerca de las cinco, llegó Emilie con su madre. Ella, como anteriormente me había dicho, había traído su guitarra y había estado tocando algunas canciones para mí.

Nos divertimos bastante, mientras mis abuelos con papá y Juliette se iban a comer a la cafetería del hospital.
Cerca de las ocho de la noche, llegó Tom acompañado de Sam a visitarme. Estuvieron un buen rato hablando conmigo. Hasta que dieron las nueve, y se acabó el horario de visitas. Entonces se fueron, llevando a Juliette y Emilie con ellos. Papá también se fue, con los abuelos… y yo me quedé sola en el hospital. Papá mañana iba a entrar a trabajar. Y yo estaba “bien”. Pero él iba a pasar a dejar a mi abuela antes de irse al trabajo, para que mi cuidara.

Me costó dormir esa noche. Nadie me estaba acompañando y me sentía extraña en esa camilla… sin poder ni siquiera moverme. Pero no me desesperé. Papá había cumplido con lo del ventilador. Era más bien pequeñito… y funcionaba a pilas. Estuvo toda la noche encendido en la mesita de al lado de la cama…

… Y a la mañana siguiente las pilas ya se habían agotado.

El martes fue más de lo mismo. Sólo que se le añadieron a la lista de visitas cinco personas: Las gemelas, Tess, Lindsay y Simone... quien vino con Tom y Sam. Pero no se quedaron tanto tiempo conmigo.

Miércoles y jueves, sin ninguna novedad… aburridísima, en esa cama, sin poder moverme, con el ventilador encendido todo el día… e intentando hablar con mis amigas por chat, tecleando sólo con la mano izquierda. Emilie vino a visitarme esos dos días también, junto con su madre luego del trabajo, quien se venía con papá. Luego llegaban Tom y Sam, hablaban conmigo unos minutos y se llevaban a mi amiga y a su madre. Después quedaba sólo con papá y mis abuelos. Básicamente pasé esos dos días en compañía de esos ancianitos encantadores.

… Hasta que llegó el viernes y se tuvieron que marchar de vuelta a noruega. Papá me había dicho que se quedarían más tiempo, pero al parecer les había surgido algún tipo de problemas… y tenían que marcharse ya.

El sábado estuve con papá y Emilie toda la mañana… ya le estaba agarrando mucho cario a Emilie, no se apartaba de mí. Tom y Sam también me visitaron el sábado… sólo que acompañados de la otra chica que había estado allí en el momento del accidente. Se llamaba Jessica y era muy agradable. Estuvimos hablando un rato.

A Tom y Sam también les tomé cariño. Quien sabe, quizás en un futuro no tan lejano podrían ser mi cuñado y hermana. Porque entre papá y Juliette las cosas iban muy, muy bien. Se llevaban de maravilla. Papá la pasaba a buscar por la mañanas, para llevarla al trabajo, y luego volvía con ella al hospital. Emilie me lo había contado. Su relación podría ser bastante sexy, pues papá era el jefe.

El domingo, bueno el domingo, no fue nada del otro mundo. Lo mismo que el sábado. Las mismas personas… Juliette, papá, Emilie, Tom y Sam.

Y Bill… no venía a visitarme. Tampoco tenía la obligación de hacerlo. No éramos nada, ni siquiera nos conocíamos… digo, de conocer, conocer. No es que me importara tanto si él venía o no. Claramente, era mejor que no viniera, lo sabía. Aunque no me sentía muy bien al pensar que él no se preocupaba por mí. No es que Bill me importara… pero es que eran cosas que se oponían, sentimientos contradictorios. Él no tenía porqué preocuparse de mí… pero me habría agradado que se hubiese preocupado. Que me hubiese venido a visitar, sin obligación, por gusto. Como Tom… pero eso también me habría hecho sentir mal. No sé porqué. Pero últimamente, digo, en estos días aquí encerrada… me di cuenta de que a lo mejor, yo le hacía daño a Bill… porque lo hacía recordar a mi prima. Quizás que le había hecho esa chica.
… Pero yo no podía cambiar mi rostro, que por cierto, estaba menos hinchado y morado que antes. Y según papá, mi cabeza estaba bien. No tendría problemas… a no ser que fueran “efectos a largo plazo” o ese tipo de cosas. De no ser porque tengo huesos rotos, en proceso de sanación, quizás ya habría estado en casa. Pero es que ese estúpido autobús. Vale, no es la culpa del autobús, sólo es mi culpa. Mía y de nadie más. Y Bill… nuevamente pensando en Bill. La cosa, es que él, de cierta forma, se había querido disculpar conmigo por no salvarme la tercera vez. Pero es que quizás, el destino quería que un aparato con ruedas me pasara por encima… como Bill había impedido el primer y segundo intento… pues en un descuido, había logrado su objetivo y ahora estaba en un hospital completamente inmovilizada y aburrida.

Y Bill… Bill… Bill.
¿Ya habría descansado? ¿Se le habrían quitado las ojeras ya?
O a lo mejor no… ¿Qué era lo que lo mantenía en ese estado?
Suspiré.
Habían tantas cosas de él que no sabía. Y eso lo hacía parecer algo tan interesante… a lo mejor lo era. Si, Bill no parecía interesante. Bill era interesante. Por lo menos, a mi ojos, para mí. Él era interesante para mí. Pero no me iba a meter más en sus cosas… con las consecuencias de a vez anterior, era mejor no jugar con fuego nuevamente, yo ya había aprendido la lección. No iba a volver a repetirse. Por más que me picara el bicho de la curiosidad… o el enjambre entero.

Y después del domingo… llegó el lunes. La semana se me había pasado volando. Era 15 de diciembre y faltaban sólo diez días para navidad. No podría comprarle un regalo a papá, como acostumbraba hacerlo todos los años.
Eso fue lo primero que pensé al despertar…

Luego encendí la TV. Era temprano, cerca de las nueve… Seguro papá estaba en el trabajo… con Juliette. Y Emilie estaría en la escuela… y yo aquí, aburriéndome, completamente sola en esta habitación.

No tardaron en traer mi desayuno, y me las arreglé como todos los otros días, para poder comer… lo que pudiera. Me costaba un poco. Era algo tan esencial. Y no podía hacerlo… me enfermaba. Tendría que esperar hasta las cinco de la tarde para que llegara la compañía.

Pegué un salto al escuchar el sonido de la puerta al abrirse, sacándome de mis pensamientos. Miré hacia allí… y no lo pude creer.

1 comentario:

  1. HOLA, ESPERO QUE SIGAS ESCRIBIENDOLA, NO TARDES COMO LA ÚLTIMA VEZ, SIEMPRE HE ESTADO ESPERANDO TUS PUBLICACIONES, CONTINÚALA POR FAVOR.

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