10 marzo, 2013

Rette mich /Capítulo 38






CAPITULO 38

Entramos en el salón de clases y nos dirigimos hacia nuestros asientos, los que ocupábamos a principios de año, cuando éramos sólo mejores amigos y no había problemas entre nosotros. Me pregunté donde habría quedado el cartel enorme que había estado colgado en la pared la mañana anterior. Dios, seguro hoy todos se burlaban de nosotros. Aún así sería genial.
Intenté quitarme esos pensamientos de la cabeza, mientras corría un poco la silla y ponía la mochila sobre esta. Bill hacía lo mismo.
Ya se acercaba el verano, las vacaciones y todo eso. Mi madre había hablado aquí y todo eso, por lo que todas las evaluaciones que tenía pendientes y todos esos exámenes, pero no había mucho problema respecto a eso.
Me senté sobre la mesa y le eché un vistazo general a toda la sala de clases, hacía mucho tiempo que no la veía, me habían parecido años encerrada en esa habitación. Y de cierto modo, estaba feliz de estar de regreso en el mundo real.
Bill me cogió la mano, sacándome de mis pensamientos y movió la silla hacia un lado, con la otra, para seguidamente quedar de pie frene a mi. Así estábamos casi del mismo tamaño, por lo que su rostro quedó bastante cerca del mío. Alcé la mirada y la clavé en sus ojos. Que persona más perfecta, que chico más perfecto... qué mirada, que amor que sentía por él. No pude aguantarlo más y me lancé a sus labios mientras sentía cosquillas en el estómago. Me gustaba, realmente me gustaba y mucho.
Me separé de él despacio, mientras le sonreía, lo abracé por el cuello, aún con nuestros labios a pocos centímetros de distancia, y él rodeó mi cintura con sus brazos.
Me gustaba tenerlo así, cerca de mí incluso me daban cosas en el estómago y todo.
Solté una risita y comencé a enredar mis dedos entre su cabello. Bajé un poco más hacia el cuello, toqué su suave piel pero había algo... extraño ¿su cuello...? me asusté, y no pude evitar dar un pequeño saltito sobre la mesa y echarme un poco hacia atrás, separándome de él.
Me miró interrogante, pero mi cara tenía una expresión mucho mayor. Alzó una ceja... qué sexy era.
¿Qué pasa? me preguntó, volviendo a juntar mi cuerpo al suyo.
¿Qué tienes en el cuello? le pregunté, moviéndome hacia un lado, para intentar mirar. Entrecerré un poco los ojos y me soltó con cuidado.
Ah ¿no te lo dije? negué con la cabeza ¿Decir qué? me hice un tatuaje sonrió ampliamente. Yo abrí los ojos como platos ¡¿Qué se había hecho qué?!
¡¿Qué?! pregunté alarmada.
¿Quieres ver?
Si dije aún impresionada. Entonces Bill se dio la vuelta. Era enorme y estaba en su cuello ¿cómo no me había dado cuenta antes? Definitivamente era una ciega, y no solo en las cosas del amor…
Resoplé. Era el símbolo de la banda. Tokio Hotel. Vale, había que aceptarlo, estaba genial…
Pero también estaba en su piel, y si estaba en su piel, ya no era tan bueno.
Wow ¿tu madre te dejó hacerte eso? le pregunté al instante.
No se encogió de hombros y aún no se da cuenta, fue hace un tiempo.
¿Y por qué yo no lo sabía? fruncí el ceño.
Estabas enojada conmi…
Y lo estoy lo corté. Seguidamente me bajé de la mesa y lo empujé hacia el pequeño pasillo que había entre las mesas ¿Por qué te hiciste eso, Bill Kaulitz? se encogió de hombros, mientras retrocedía un paso ¿cómo se te ocurre cometer semejante estupidez? ¡te marcaste de por vida!
Tokio Hotel es de por vida.
¡Pero no para traerlo pegado a la piel! ¡eso te daña, Bill!
Annie, no te pongas así, es solo un tatuaje bufé además, ya está hecho, te comportas como mi madre se quejó.
¿Y qué quieres que te diga, Bill?
No lo sé. Un está genial, ¿o algo así? resoplé enojada.
Eres tonto.
Annie, no te enojes se lanzó a abrazarme, con un puchero.
¿Cómo resistirme a eso?
Le correspondí el abrazo enseguida.
Está genial le susurré en el oído
Bill se separó de mí, con una sonrisa en el rostro. Observé sus facciones ¿Cómo podía ser tan perfecto? Qué suerte que tuve al haberlo conocido… Es más, qué suerte que había tenido al él enamorarse de mí. A lo mejor, todo lo malo que me pasaba, eran cosas a cambio de algo… Y ese algo, a lo mejor, quizás, era Bill. Con él lo malo no existían, con él no existía nada. Pues sólo era él, él y él. Las tres primeras cosas más importante de mi vida.
Sonreí de medio lado y moví mis manos desde su pecho hasta su cuello. Toqué suavemente ese tatuaje ¿Para qué negarlo? el tatuaje estaba genial, perfecto. Y no le había pasado nada. Era sólo un tatuaje, como el de cualquier persona. La preocupación se fue en ese momento. Tampoco era su madre, ni nada de eso. Aunque claro, iba a tratar de convencerlo para que se lo mostrara a Simone, seguro a ella también le gustaba, si es que Bill la convencía como lo había hecho conmigo.
Gracias me contestó.
De verdad… a ver si un día de estos me tatúo ese en la cadera sonreí. La sonrisa de Bill se borró por completo, pero yo decidí seguir bromeando.  La fan número uno también debe tenerlo ¿o no?
No contestó tajante no te harás nada en la piel.
No seas exager…
Ni siquiera te gustan los tatuajes.
¿Tienes algo en contra mío o que es lo que pasa? ¿por qué no quieres que yo también tenga uno? egoísta lo insulté, siguiendo la broma. Solté su cuello y me crucé de brazos, alejándome un paso de él.
Que ni se te ocurra cerró la boca y puso una mueca de desconcierto al yo comenzar a reír ¿qué? ¿de qué te ríes?
De ti reí con ganas.
¡Oye!
No me tatuaré, si es lo que te preocupa me mordí el labio inferior ¿ves lo que pasa cuando una persona que quieres hace algo como un tatuaje? me acerqué a él.
Me preocupaste.
Lo sé. Pero el tuyo ya está hecho. No puedo amenazarte diciéndote que si te haces uno, te dejaré abrió los ojos como platos.  Es sólo un ejemplo, tonto entrecerró los ojos y me examinó con la mirada nunca te dejaría por algo así.  Me lancé a sus brazos, él se echo a reír.
¿Recuerdas cuando me perforé la ceja? asentí, aún pegada a su cuerpo. Me encantaba esa sensación de tenerlo tan cerca de mi casi me matas a golpes.  Solté una risita.
Lo siento.
Y con el de la lengua…
Me pediste permiso antes de hacerlo reí otra vez. Me separé un poco de él, aún abrazados y alcé la cabeza para mirarlo a la cara. Nuestros ojos se encontraron y no pude apartar la mirada. Se acercó un poco a mí, cerré los ojos como un acto reflejo. Entonces sus labios rozaron los míos con suavidad. Sonreí, aún sintiendo sus labios levemente posados sobre los míos, casi en el aire.
¡Eh, parejita! ese grito nos hizo separarnos de un salto y mirar hacia la puerta. Un chico de nuestra clase venía entrando, con la mochila colgada en el hombro y una sonrisa burlona en el rostro. Bill se echó a reír y yo le hice una seña con la mano, en modo de saludo. Claro, alguien más tenía que llegar, tampoco podíamos ser solo dos en toda la clase…
Bill me cogió la mano y entrelazó nuestros dedos.
¿Ya son novios? nos preguntó él.
contestó Bill. Él chico nos miró y se nos comenzó a acercar… Bill tiró de mi mano y juntó nuestros cuerpos para seguidamente abrazarme.
Hola, Anne… hace tiempo que no te veía me sonrió amable, mientras se acercaba para besarme en mi mejilla te ves… no alcanzó a terminar la frase…
No la mires mucho, que es mía lo cortó Bill, echándome un poco hacia atrás, para que no lo saludara. Reí. Era tan lindo cuando se las daba de celoso…
¡Bill! me quejé.
Sólo quería ser amable, nada más dijo el chico moviendo un poco las manos mientras reía.
Hola lo saludé. Me solté un poco de Bill y le di un rápido beso en la mejilla, para luego volver al mismo sitio, junto a Bill. Le cogí la mano que tenía sobre mi hombro y entrelacé nuestros dedos.
Se ven bien juntos nos comentó sonriendo.
Hola, hola el saludo nos hizo voltear a los tres hacia la puerta. Era una chica. Vamos, que a esta hora comenzaban a llegar todos ¡Anne! dijo con una sonrisa, aún cerca de la puerta ¡ya llegaste!, ¿cómo estás? comenzó a caminar hacia mí. Los chicos rieron y ella dejó su mochila sobre la mesa, para luego prácticamente lanzarse sobre mí y darme un beso en la mejilla, como saludo.
Hola… la saludé.
¿Cómo estás? me preguntó aún con una sonrisa.
Bien contesté algo cortada. Vale, que yo siempre había sido amiga de todos… pero… no lo sé, me sorprendía que ellos se comportaran así conmigo después de no haberme visto por un buen tiempo.
¿Ya son novios? Bill asintió… yo imité su gesto ¡wow! ya lo sabía rió sabía que ustedes dos iban a acabar juntos.
Bill y yo reímos.
Así fue como llegaron todos los chicos, y como toda la clase acabó rodeándonos. Conversábamos, nos reíamos y ellos me contaban cosas sobre Bill y otras personas… Cosas que habían pasado mientras no estaba aquí. Me había perdido muchos episodios graciosos o algunas peleas con los profesores.
Me di cuenta en ese momento, que había extrañado mucho a todos en la escuela… Era mejor volver, definitivamente. Así también me quedaría menos tiempo para pensar en cosas malas, y me concentraría en todo lo bueno que esta gente me podía entregar, vamos que se lo pasaban riendo todo el día.
Los profesores se sorprendieron al verme y conversaron conmigo la mayoría de la clase, preguntándome como me encontraba y ese tipo de cosas. Tampoco me dijeron nada por estar en todo momento abrazada a Bill, sobre las sillas, apoyados en la pared. Al parecer sentían pena por mí. Odiaba eso, pero también podía tener mis ventajas.
En todo el tiempo libre que tuvimos, Bill y yo no salimos de la sala de clases. Mi novio le dijo varias veces a otras chicas que nos compraran comida y esas cosas. Al parecer él no quería salir… o no quería sacarme de allí.
A la hora de irnos, me sacó rápidamente de toda esa gente que se acumulaba en la entrada y una vez estuvimos en la otra calle, ambos cogidos de la mano, como los novios que éramos, hizo parar al primer autobús que pasó y prácticamente me obligó a subir.
No íbamos a casa, pues habíamos cogido un autobús que no iba hacia ese lado de la ciudad. Más bien, habíamos cogido uno para ir a las afueras.
Bill, siempre con esas ideas locas que se le ocurrían de un momento a otro. Nos íbamos a la caseta. Si, nuestro lugar secreto
¿No crees que debí haberme pasado por casa? le pregunté.
No se encogió de hombros estás conmigo, tu madre no dirá nada. Además, debe estar trabajando.
Creí que tú eras el que quería hacer las cosas bien dije, picándolo. Sabía que la cosa no venía a cuento, también sabía que mi madre no se enojaría.
Lo hacemos bien sonrió con aires de niño creído. Yo bufé y le di con la mano en la mejilla. Había sido un pequeño golpe, bastante despacio hey, no me golpees se quejó.
Lo siento reí con aires maliciosos.
Me encanta cuando te pones así no pude seguir con mi risa, ya que él me apretujó entre sus brazos, haciéndome lanzar un grito de sorpresa. Estaba segura de que toda la gente nos miraba.
¡Bill! me quejé.
Mi vida, eres tan linda puso voz de niño pequeño. Casi me derrito allí mismo, en el asiento del autobús. Pero sólo me limité a reír y a corresponderle al abrazo te quiero.
Te quiero muchísimo.
Y así fue como llegamos hasta nuestro destino. Estaba segura de que el chofer nos obligaría en cualquier momento a bajarnos del autobús y nos dejaría botados a la mitad del camino. Éramos, sinceramente, insoportables. Y como si eso fuese poco, hablábamos unas cursilerías enormes, que si hubiese sido con otra persona y no con Bill, me habría dado vergüenza. Seguro más de alguien se reía o se burlaba de nosotros. Pero le pasaría lo mismo tarde o temprano. Pues lo más importante de una persona era el amor… Y todas las personas encontraban algún día el amor de su vida. Y con el amor de su vida dirían ese tipo de cursilerías. Bill era el amor de mi vida, y no tenía que preocuparme de otra cosa que no fuese él. Yo lo amaría por el resto de mis días. Estábamos tan bien… aunque estábamos juntos desde ayer. Pero si contamos todos estos años de amistad… Nosotros nunca nos separaríamos.
Nos bajamos del autobús y luego corrimos hacia la caseta, haciendo una carrera. Lo cogí de los pies un par de veces y lo tiré al suelo, para poder ganas, pero aún así, él era más rápido que yo, por lo que me ganó. Si él siempre quería ser el mejor, no le importaba con quien compitiera. Aunque fuese en contra mío, su novia.
Llegué a la puerta resoplando, cansada. Estaba abierta… entré dentro, ni siquiera la cerré, me limité a quitarme la mochila y lanzarla contra una de las desastrosas paredes.
Me ganaste me quejé, soltando mucho aire. Bill no dijo nada, él también estaba cansado, sentado en el piso y con la espalda apoyada en una de la pared que había frente a la puerta. Sonrió de medio lado podrías haberme dejado ganar reproché, sentándome a su lado aunque fuera por una vez.
Lo siento rió soy mejor que tú, te gané aunque hiciste trampa le di un golpe en el hombro.
Eres un creído, Bill Kaulitz me miró con los ojos entrecerrados. Decidí hacerme la enojada y después te pones celoso cuando alguien me quiere saludar. Ni siquiera me dejas ganar por ser tu novia me crucé de brazos y miré hacia otro lado.
Annie, no te enojes intentó abrazarme, pero yo me alejé de él sé que no soy el mejor novio del mundo… Pero hago lo que puedo puso nuevamente su voz de niño pequeño. Yo lo miré asombrada.
¿Que no eres el mejor novio del mundo? torcí la boca hacia un lado, aún con la impresión en el rostro ¡eres el mejor novio del mundo, Bill! me lancé sobre él a abrazarlo rió tú eres lo único bueno que hay en mi vida.
No digas eso, amor esa vez fue él quien me abrazó.
No dije nada. Pero me acomodé un poco hasta que quedamos amos abrazados, en una posición algo extraña, afirmados en la pared.
Es verdad dije después de todo ese rato si ya no queda nada, excepto tú me encogí de hombros. Su mano buscó la mía y entrelazó nuestros dedos con delicadeza.
Princesa, aunque tú no lo creas, hay mucha gente que te quiere, mucha, pero mucha gente de verdad.
Si, pero tú eres el único que me hace feliz, Bill. Tú eres especial para mí.
Comencé a jugar con sus dedos.
Y tú para mí
Tú me devuelves las ganas de vivir. Es como… mágico sonreí ante mis palabras. Habían sonado del todo cursis eres mi vida le confesé. Esperé unos segundos pero él no dijo nada. Por lo que decidí seguir contando mis sentimientos siempre has estado… ¿recuerdas que siempre, desde pequeños, estuvimos juntos? Nunca nos separamos. Aunque yo hubiese salido con Dylan suspiré, recordando a ese estúpido pero cuando nos alejamos todo empeoró. ¿Ves? eres todo lo que soy su mano se cerró sobre la mía, despacio para luego acariciar mi piel con delicadeza.
Amor… iba a decir algo, estaba segura. Iba a reprochar mi forma de ver las cosas. Seguro me decía algo como “tienes que vivir por ti, no puedes estar viviendo por mí, ni por el resto de la gente”, porque aunque fuésemos tal para cual, también pensábamos diferentes. Di vuelta la cabeza hacia él y lo besé en los labios, antes de que él pronunciara la próxima palabra. Él ni siquiera hizo el intento de separarse de mi… Simplemente se quedó allí, moviendo sus labios al compás de los míos… te amo dijo en cuanto nos separamos. Le sonreí.
Nunca me dejarás, ¿verdad?
Nunca. Voy a estar contigo siempre… —sonrió de medio lado, aún cogiéndome una de mis manos siempre que quieras, claro.
Siempre querré, tonto. No importa si me ganas en la carreras que hago trampa solté una risita.
Eres encantadora.
Lo sé le guiñé un ojo, para luego levantarme y soltarle la mano. Ok, había roto el momento, pero es que algo se me había venido a la cabeza. Dejé a Bill en el piso y me apresuré en avanzar hacia mi mochila, que se encontraba en el otro extremo de la habitación. La abrí y comencé a revolver todo lo que había dentro… hasta que lo encontré. Me acerqué con el marcador en la mano hasta donde estaba Bill. Él observaba cada uno de mis pasos.
¿Qué vas a hacer, Annie? no le contesté. Me llevé el marcador a la boca y lo destapé con mis dientes. Luego arrojé la tapa al suelo, la cual Bill recogió. Acerqué la punta del marcador a la pared y miré a Bill con una sonrisa.
¿Qué quieres que escriba? le pregunté. Él se incorporó, poniéndose de pie y luego se pudo a mi lado, analizando la pared.
No lo sé ¿qué quieres escribir? me preguntó.
Amm… pensé un poco… y luego acerqué el marcador nuevamente hacia la pared.

B… i… l…l… y… A… n… n… e...

Te amaré por toda mi vida me dijo te lo prometo. Nunca, nunca, pero nunca, te dejaré sola. Siempre estaré contigo, siempre te voy a querer sonreí.
Me lo estás prometiendo.
Lo sé. Juro amarte por siempre y para siempre... y no dejarte nunca lo abracé y él rodeó mi cintura con sus brazos, soltando el marcador, el cual calló en el suelo, haciendo un pequeño ruido. Le di un suave beso en el cuello y él se estremeció. Seguidamente reí.
Te quiero.
Y yo a ti.


Y así seguimos hasta que se nos hizo tarde y tuvimos que regresar a casa.
Bill me fue a dejar a la puerta de la mía, incluso se disculpó con mi madre, y luego se fue, no sin antes despedirse de mi. Mi madre le había dicho que se quedara a comer algo, pero él se había negado obviamente su madre estaría preocupada.
Llegué a mi habitación con una sonrisa en el rostro. Bill me quería, yo lo amaba. Era genial
Me lancé sobre la cama y abrace uno de mis peluches. Faltaba tan poco para salir de vacaciones, sería genial, iba a estar con Bill.
Por suerte Bill ya no seguía con la tonta de Kattie.
Aunque, pensándolo mejor, no tenía porqué guardarle rencor. Hoy ni siquiera me había hablado. Yo tampoco le había prestado mucha atención, ya que se sentaba del otro lado de la sala de clases y Bill en ningún momento me había dejado decirle algo o insultarla. Lo único que me molestaba, era que seguía siendo amiga de Bill… Que fuese novia de Tom, no era mi problema. Pues no era nada más que la odiosa novia de un buen amigo. Por cierto, me tenía que poner al día con él, teníamos que conversar. Aunque Bill, con lo celoso que era, seguramente no me dejaba ni siquiera intentarlo.
Reí ante mis pensamientos, mientras me quitaba la ropa y me metí a la cama en ropa interior. No tenía ganas de ponerme un pijama ni nada de eso. Estaba agotada. Tampoco iba a hacer nada para la escuela. Sólo quería dormir.
Me abracé a las sábanas que me cubrían casi por completo. Tenía ganas de dormir con Bill. Pero vamos, que no se podía.
Sentí algo sonar haciendo que me levantara de un salto. Dios, él móvil.
Estiré la mano para coger el pantalón y luego saqué el pequeño aparato del bolsillo. Un mensaje. Lo abrí y seguidamente leí.

Duerme bien, hermosa

Sonreí.
Dejé el móvil sobre la mesita de noche y volví a cubrirme con las sabanas hasta la cabeza.













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