03 marzo, 2013

Rette mich /Capítulo 33





CAPITULO 33


ANNIE, TE AMO.

Eran las tres palabras escritas sobre ese enorme papel pegado sobre la pizarra de la clase. Si qué enorme... Y que sorpresa me llevé al leerlo. Me quedé de piedra Y no supe como reaccionar.
¿Es que acaso...?
¿Porqué...?
¿Qué hacía eso ahí?
¿Quién...?
¿Pero como sabía que yo iba a...?
Y aún más importante ¿Qué se suponía que yo tendría que hacer ahora?
Aún tenía la vista pegada en el papel. En cuanto había abierto la puerta, muchos ruidos de burla habían comenzado, algunos silbidos, golpeos de mesas o incluso gritos que yo no lograba entender, pues mi cerebro aún estaba asimilando lo del cartel.
Las mejillas me ardían, y sentía que el color subía cada vez más y más, dándoles, seguramente un color rojo intenso, que no sería fácil de disimular.
Sentía el corazón latiendome en la garganta, a punto de salirse por la boca, incluso podía escucharlo. Dios. ¿Quién había hecho eso?
Ni siquiera tenía cabeza para pensar en el GRAN pequeño detalle que me delataba quien podría haber sido. Pero yo aún seguía como estaba, con la mirada clavada en el cartel y sin poder mover ni siquiera un músculo de mi cuerpo. Impresionante, impactante, definitivamente algo que no me esperaba.
Tres palabras, diez letras...
Que formaban una pequeña frase... Un tanto... particular.
Bajé la mirada de a poco, aún parada en la puerta de la clase, mientras el resto de los chicos seguían con sus gritos y ese tipo de cosas. Retrocedí un paso y al instante choqué contra algo. Estaba segura de que no era la puerta, pues estaba más blando que ésta y con una forma diferente. Además de que las manos de la cosa con la que había chocado, se posaron en mis brazos con suavidad y me sujetaron un poco, para que no me fuera a resbalar o algo por el estilo. En un acto reflejo, me moví y pasé a tocar nuestras manos. Las suyas estaban frías. Sentí una especie de... algo, que me hizo apartarme rápidamente y darme la vuelta. Aún con las mejillas ardiendo de lo rojas que estaban.
Entonces todo se redujo en una sola cosa, y en una sola explicación:
Bill murmuré.
Pero claro. Sólo él me decía Annie, y sólo él podía tener las neuronas tan mal acomodadas y el corazón tan extraño como para enamorarse de mi y escribirlo en un cartel para que todos lo leyeran. Sólo él podía haber pensado en ese detalle.
Sólo él.
Me quedé en blanco, sin saber que pensar. Simplemente me dediqué a observar su rostro Y su expresión.
Sus ojos brillaban y estaban clavados en los míos, estaban cuidadosamente delineados y maquillados... expresaban ansiedad, tal vez algo de miedo o inseguridad. Pero sobre todo, el amor, era el sentimiento que resaltaba en esa mirada tan expresiva.
Sus cejas estaban algo fruncidas, aunque sus labios estaban curvados en una leve sonrisa nerviosa.
Me contagió el nerviosismo Y el corazón me empezó a latir mucho más rápido. Estaba segura de que en cualquier momento me daba algo.
Los ruidos a mi alrededor desaparecieron, y fue inevitable formar una sonrisa en mis labios.
Y entonces, en un impulso y sin pensarlo, me abalancé sobre él, rodeé su cuello con mis brazos y uní nuestros labios en un beso.
Me estremecí ante el contacto y me encantó. La espera había sido infinita.
Los chicos de la clase, comenzaron a hacer más ruiditos de burla y algunas de las personas que pasaban por el pasillo siguieron con lo mismo. No me importó. Sólo me concentré en Bill. Quien, aún impresionado, estaba quieto como una estatua, aún sin responder a mi beso.
Pero de pronto, sus labios comenzaron a moverse delicadamente sobre los míos, con una suavidad extrema... Mientras sus manos, casi con miedo, se posaban en mi cintura y la aprisionaba un poco, acercándome a su cuerpo.
Eso me alivió. Por un momento, dejé de pensar en las cosas que me producían tristeza. Y creo que una de las cosas, ya había desaparecido.
Esperaba ese beso. El tiempo separados había sido demasiado. Se me había pasado extremadamente lento y creo que ya no lo habría soportado más. No podía. Me iba a volver loca si él no estaba apoyándome. Y con esto con esto él me dejaba claro que me quería.
Sonreí, con nuestros labios aún juntos y lo volví a besar. Y otra vez, y otra vez... Y otra. Jamás me cansaría de hacerlo. Hasta que él se separó de mi, y quitando sus manso de mi cintura, me rodeó con sus brazos y me estrechó contra él fuertemente. Yo solo me dejé hacer apoyé mi cabeza en su hombro, me puse de puntillas para chocar mi nariz contra su cuello. Él rió. Yo solté una risita, produciendo en él un pequeño estremecimiento. Tuve la impresión de que estaba más alto. Volví a sonreír ampliamente y luego abrí los ojos.
Mis ojos se enfocaron en algo que no me gustó para nada.
Ella estaba allí, a pocos pasos de distancia, con una sonrisa y con la vista clavada en nosotros. Se veía feliz, pero aún así no me gustó.
Kattie.
¿Bill se habría vuelto loco?
Ella estaba detrás de él y él me besaba. Se suponía que eran novios, que ella moría por él. Se suponía que él seguía estando con ella... Que estaban enamorados. Dios. ¿Cómo no lo había recordad?, ¿Cómo no me había dado cuenta antes?
Me puse rígida.
Me entró el nerviosismo... y al parecer Bill lo notó, pues me separó de él, cogiéndome por los hombros. Bajé la mirada, clavandola en mis zapatillas, y suspiré. Me mordí el labio inferior.
No podía ser peor... Todo era malo, todo. Ahora seguro se armaba un escándalo y Dios... No podía pensar otra cosa. Incluso sentí vergüenza. No tendría que haber reaccionado así tan tan impulsiva. Si, impulsiva.
Aunque Bill tampoco debería haber escrito ese cartel gigante Y menos haberlo pegado allí, a la vista de todos.
Se suponía que ya no le iba a volver a hablar nunca. Porque él tenía que seguir con Kattie ¿Pero qué es lo que había hecho? Lo había besado. Prácticamente me había lanzado sobre él a comerle la boca. Dios.
Estúpida, estúpida, estúpida. Seguro me traería consecuencias.
¿Qué pasa, Annie? me preguntó con voz suave, hablando bastante bajo. Había tanto tiempo que no me llamaba así... hacía tanto tiempo que no me dirigía una palabra
Quiero que hablemos la voz casi no me salió. Me sentí ridícula, aunque no supe de donde saqué el valor para decir eso. En realidad no quería hablar. Sentía pánico, me daba miedo. Tenía unas enormes ganas de echarme a correr y esconderme debajo de algo hasta que el mundo comenzara a ser normal otra vez.
El timbre sonó en ese momento, marcando el inicio de las clases.
Espérame aquí me dijo mientras pasaba por el espacio que había entre la puerta y yo.
Me hice a un lado, dejando que el resto de los chicos entraran en el salón, con Kattie incluida.
Hola, Anne me saludó. Alcé la mirada. Dios, me iba a morir de la vergüenza.
Hola entonces, ella se me acercó y me dio un beso en la mejilla.
¿Cómo estás? hace mucho que no hablamos y tengo tantas cosas que contarte...  sonrió. Intenté hacer lo mismo.  Aunque creo que ahora no podremos hablar. Tienes que hablar con otra persona me encogí de hombros. Dios, dios, dios. ¿Había escuchado? nos vemos volvió a sonreírme. Yo solo asentí.
Seguidamente, entró en el salón de clases, y medio segundo después, Bill volvió a salir, con su mochila colgada en el hombro.
¿Nos vamos? me preguntó con una sonrisa. Yo asentí algo cortada mientras el comenzaba a caminar por el pasillo ¿adónde se suponía que iríamos? Llevaba su mochila y todo... A lo mejor saldríamos de la escuela. Si, eso. Este no iba a ser un buen "comienzo" de clases para mi. Él fue disminuyendo la rapidez de sus pasos hasta quedar a mi lado y luego de asegurarse de que no hubiese nadie en la puerta, salimos del edificio, medio agachados.
Atravesamos la reja de la salida y una vez libres, él cogió mi mano y comenzó a caminar calle arriba.
¿Y vamos a...? le pregunté. Él sólo se encogió de hombros y me miró con una sonrisa.
A hablar.
¿A dónde? volví a preguntar.
No lo sé, ¿dónde quieres ir? —acomodó su mano de manera que nuestros dedos quedaran entrelazados.
A la caseta contesté sin pensármelo.
Pues, vale. Ahí vamos volvió a sonreírme, cosa que yo no pude hacer.
Y luego nadie dijo nada más. Hasta que cogimos el autobús que nos llevaba a las afueras de la cuidad y nos acomodamos en los últimos asientos.
Dios, Bill me volvía loca. Era tan hermoso... Y tierno. Incluso él había pagado el pasaje, pues yo no traía más dinero me lo había olvidado en casa. Y me miraba con sus ojitos entrecerrados, brillantes supongo que de emoción, o alegría. Se veía realmente feliz.
Comenzó a mover sus dedos contra mi mano, acariciándola suavemente... me encantaba. Era tan tibio.
Oye, Bill le hablé. Él pareció salir de un trance, puesto a que me había estado mirando durante un largo rato, casi sin pestañear, y me sonrió.
¿Si, Annie?
¿Qué... qué hay con Kattie? le solté de sopetón. Así sería mucho más fácil. Bill suspiró y apartó la vista hacia la ventana.
Es ...una larga historia sonrió es lo más estúpido que me pasó soltó un bufido. En ese momento recordé lo de Tom claro, él nunca me había dicho esa parte de la historia que yo no sabía. Y me había olvidado volver a preguntarle. O quizás, había sido él quien no me lo había querido decir. Aunque, estando encerrada tanto tiempo en mi cuarto, tampoco iba a tener mucha comunicación con el mundo exterior.
¿Qué historia? pregunté haciéndome la que no sabía nada a cerca de eso.
Algo que bueno, algo...
¿Me lo vas a contar?volvió a mirarme y asintió con la cabeza.
Si te lo contaré. Pero luego suspiró estás muy delgada.
No es nada hice un gesto con la mano, restándole importancia mi madre ya casi no cocina. Y yo menos dije siguiéndole el tema, pues había querido cambiar un poco la conversación.
Oh ¿quieres venir a comer a casa hoy en la tarde? ni si quiera me dejó contestarle cuando volvió a abrir la boca No, mejor: te invito a almorzar a algún lugar ¿y él tenía el dinero para eso? Fui a negarme, pero él me volvió a cortar tienes dos opciones: Si y... si. No acepto un no por respuesta volví a abrir la boca ¿eso es un si?
Si dije suspirando. A Bill no le podía ganar. Cuando una idea se le metía en la cabeza, no había quien lo hiciera cambiar de opinión.
Vamos Bill se levantó en ese momento del asiento y yo le seguí.
Nos bajamos del autobús y luego no adentramos en ese pequeño bosque, cogidos de la mano. Hacía mucho tiempo que no entraba en la caseta. Seguramente Bill habría venido solo. Pero yo no había vuelto por estos lados luego de ese día fatal, hacía un tiempo.
Luego de esquivar todas esas ramas y esa vegetación llegamos a nuestra casita. Nuestro lugar secreto, nuestro escondite, donde nadie nos podía ver.
Bill abrió a puerta y luego me hizo una seña, indicándome que pasara primero. Y así lo hice. Entré y luego lancé mi mochila hacia un rincón. Bill me imitó y cerró la puerta.
¿Y bien? dije poniendo las manos en mis caderas y mirándolo.
No te apresures me sonrió mientras se acercaba a mi. Dios, que sonrisa. Puso sus manos delicadamente en mi cintura, sin dejar de mirarme directamente a los ojos, y sin que yo me diese cuenta, se acercó a mi.
Nuestras narices se juntaron y estuve a punto de cerrar los ojos y besarlo. Pero en vez de eso, giré la cara hacia un lado y me aparté. No, no y no. Por más ganas que tuviese de besarlo, no lo haría. Primero, necesitaba una explicación.
Volví a mirarlo y él me devolvió la mirada un tanto cortado, o avergonzado. Seguidamente se llevó una mano a la nuca y apartó la vista, sin decir nada.
Yo tampoco dije nada. No tenía nada que decir... Después de todo, quien tenía que contarme sobre lo que yo no sabía, era él. Y así quizás poder entender un poco mejor las cosas, pues estaba bastante confundida con todo lo que había pasado.
Primero tengo que mostrarte algo sonrió, lo vi de perfil... era hermoso. Dejó caer la mano a un lado de su cuerpo y luego se dirigió hacia dónde estaba su mochila.
No le dije nada, pero lo observé mientras él se agachaba, abría la mochila y sacaba algo de allí, para finalmente ponerse de pie con las manos en la espalda y con una sonrisa en el rostro... una hermosa sonrisa pícara en el rostro, que me hizo derretir. Reprimí un suspiro y una sonrisa mientras él se acercaba a mi con aires misteriosos... e intenté girar el rostro para ver que se traía entre manos.
No hagas trampa dijo en cuanto estuvo lo bastante cerca de mi. Aún así, no pude ver lo que traía escondido.
¿Qué es? su sonrisa creció aún más al yo cogerle de uno de sus brazos y comenzar a quitar su mano de la espalda, sin ningún esfuerzo
Dios, dios, dios. Era... Era ¡Por fin! ¡Lo tenían, lo tenían!
Me quedaba sin palabras.
¡Wow!, ¡Aah!, ¡Ya lo tienen! chillé. Él asintió riendo. Le arrebaté el CD y luego me lo acerqué al rostro para verlo mejor. Ahí estaban los chicos Estaba mis chicos en la portada del disco, el futuro éxito: Schrei es genial, es precioso, es es ¡Aww, Bill!, ¡felicitaciones! lo abracé, separándome de él al instante, sin darle tiempo a corresponderme el abrazo. Y luego comencé a examinar la pequeña cajita por todos lados.
Le di la vuelta y lo miré por el reverso ahí estaba el listado de canciones.
Schrei, Durch Den Monsun, Leb Die Sekunde, Rette Mich, Freunde Bleiben, Ich bin nich ich...
¿Ya salió a la venta? le pregunté, mientras seguía leyendo los títulos de las canciones. Esas canciones que yo tan bien conocía.
Wenn nichos mehr geht, Lass uns hier raus, Gegen meine willen, Jung und nicht mehr jungendfrei, Der letzte tag, Unendlichkeit... Y esas eran todas... Genial.
Si lo volví a mirar con una sonrisa.
Me lo compraré, me lo compraré en cuanto pueda dije feliz. Él CD iba a ser mío.
No es necesario me miró con suficiencia y un segundo después ya no tenía el CD en mis manos, ya que él me lo había quitado de un manotazo.
¡Hey! reclamé.
Mira... éste CD dijo moviendolo un poco es para tenerlo aquí, en la caseta. Y este otro... sacó lentamente la mano de su espalda es para ti.
¿Qué? pregunté sin creérmelo, mirando intermitentemente el CD y su hermoso rostro.
Que es tuyo me lo dio. Lo recibí y medio segundo después, ya me había abalanzado sobre él a estrujarlo como a una esponja, con mis brazos.
Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias.
De nada habló aturdido, casi sin aliento. Entonces lo solté, que lo iba a ahogar o algo.
Lo siento. Pero es que... ¡ah! Te lo pagaré, no te preocupes dije medio gritando esto es genial. Wow, Bill, son lo mejores.
No tienes que pagarme nada, Annie.
No me hagas sentir mal yo seguía aún medio boba producto de ese regalo que luego le pagaría.
Tú no me hagas sentir mal abrió la caratula del CD que tenía en sus manos y de allí sacó el disco. Se acercó hacia la pequeña radio y luego de quitar de allí y guarda el CD de Devilish, puso el nuevo y mejorado CD de Tokio Hotel, cual sería éxito nacional en el la radio.
Seguidamente le dio al botón de reproducir
¿Y? se volteó a mirarme ¿me lo vas a decir?
Si dijo asintiendo lo haré lo más corto posible.
Me mordí el labio inferior. Sabía que acabaría por contármelo de la manera larga.
Me acerqué a la pared. Apoyé mi espalda en ella y me deslicé hasta quedar sentada en el suelo.
Bill me imitó, sentándose a mi lado.
Pasaron unos segundos que para mi fueron eternos.
¿Y bien? lo animé poniendo mi mano en su rodilla. Él suspiró.
Esto es estúpido.
¿Porqué? —entrecerré un poco los ojos.
Porque soy un estúpido.
No, no lo eres.
Si, lo soy. No sé como no me di cuenta antes habló con voz de reproche.
¿Cuenta de qué?
De que Kattie quería a Tom y no a mi.






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