Me tensé. Me recorrió el nerviosismo de pies a cabeza, sentía algo en el estómago y mi cara comenzó a tomar un color rojo encendido. La temperatura de mi cuerpo subió y no pude evitar que mis manos empezaran a temblar.
Me quedé en blanco. Todo ese odio que sentía, desapareció en ese momento. Y los pensamientos contra Kattie, las maldiciones y todo eso se habían esfumado en cuanto él había hecho esa pregunta. Tanto tiempo esperando para esto... Tanto tiempo. Tanto sufrimiento... Y había llegado la hora. El momento, la pregunta, la situación, era ahora. No era un ambiente muy bonito que digamos, si uno se pone a pensar en cual era el anterior tema de conversación. Pero ahora, no había tiempo de acordarse de eso. El momento de confesiones ya había acabado y solo me quedaba una cosa: Responder.
Ya sabía lo que iba a decirle, era obvio Yo lo amaba Él él si que era una persona perfecta. Eso estaba claro. Y lo quería más que cualquier cosa en el mundo. Él era para mi y yo para él. Éramos, por decirlo de una manera, dos piezas que encajaban a la perfección. ¿Cómo es que no me había dado cuenta antes? Había perdido el tiempo con Dylan, teniendo a Bill a mi lado.
Estaba segura de que con Bill nada malo iba a ocurrir, que íbamos a estar juntos por siempre, que no habría peleas, ni nada por el estilo. Pues, nos conocíamos desde pequeños, y bastante bien. Siempre habíamos sido los mejores amigos. Él sabía todos mis secretos Y yo todos los suyos. Incluso, sabía que él había tenido relaciones con Kattie. Aunque a estas alturas creo que ya mucha gente lo sabía. Dios, lo había recordado. Pero que asco. Me estremecí. Kattie Y Bill Dios. Dios. Dios. ¿Cómo lo iba a besar y a abrazar sabiendo que Kattie y él habían...? No, no. No había pensado en eso era... vale, que no tenía nada de malo pero... pero me provocaba repulsión. Habían tenido un contacto físico un tanto extremo y...
¡Argh!. Que asco ¿Cómo mierda Bill podía haber? Y la había tocado y...
Dios MI Bill, con esa puta, estúpida zorra. ¿Por qué mierda había estado con Bill si no le gustaba? Puaj, era un asco.
En ese momento dejé de pensar y fijé la mirada en lo que tenía frente a mi: Los ojos de Bill, los hermosos ojos de Bill... Que me miraban casi suplicantes, con felicidad, alegría contenida, nerviosismo, ilusión... me encantaba.
No pude evitar formar una sonrisa en mis labios, lo hice inconscientemente.
Subí mis manos hasta posarlas sobre las suyas, y luego, bajando la mirada algo avergonzada, e intentando no volver a pensar ese tipo de cosas Contesté:
—Si —él rápidamente quitó sus manos de mis mejillas y en menos de un segundo, ya me tenía rodeada con sus brazos y en el aire.
—Mi vida —me apretujó contra su cuerpo, moviéndome de una lado a otro en el aire —te amo, te amo, te amo —entonces, salí del shock en el que estaba y le devolví el abrazo efusívamente —Annie, esto será lo mejor que te haya pasado en la vida, lo prometo.
Siguió moviéndome de un lado a otro, como a una muñeca de trapo, mientras yo reía agarrada a su cuello.
—Por fin, mi amor —siguió él, mientras giraba sobre si mismo, conmigo en brazos.
Me dejó caer suavemente en el suelo, mientras me sonreía.
Lo miré... y él me miró. Dios, cómo lo amaba. No lo aguanté más, no pude contenerme, prácticamente me lancé a sus labios, poniéndome de puntillas. Él sonrió en cuanto nuestros labios se encontraron, pude notarlo. Me pegó más a su cuerpo y me levantó un poco, acomodándonos mejor. Me encantaba. Nuestros labios se movían acompasados, con suavidad y delicadeza extrema. No era un beso como cualquiera, era especial... era un beso de amor.
Yo lo amaba, él me amaba Nos amábamos.
Y nadie podía cambia eso.
Ya sabía lo que iba a decirle, era obvio Yo lo amaba Él él si que era una persona perfecta. Eso estaba claro. Y lo quería más que cualquier cosa en el mundo. Él era para mi y yo para él. Éramos, por decirlo de una manera, dos piezas que encajaban a la perfección. ¿Cómo es que no me había dado cuenta antes? Había perdido el tiempo con Dylan, teniendo a Bill a mi lado.
Estaba segura de que con Bill nada malo iba a ocurrir, que íbamos a estar juntos por siempre, que no habría peleas, ni nada por el estilo. Pues, nos conocíamos desde pequeños, y bastante bien. Siempre habíamos sido los mejores amigos. Él sabía todos mis secretos Y yo todos los suyos. Incluso, sabía que él había tenido relaciones con Kattie. Aunque a estas alturas creo que ya mucha gente lo sabía. Dios, lo había recordado. Pero que asco. Me estremecí. Kattie Y Bill Dios. Dios. Dios. ¿Cómo lo iba a besar y a abrazar sabiendo que Kattie y él habían...? No, no. No había pensado en eso era... vale, que no tenía nada de malo pero... pero me provocaba repulsión. Habían tenido un contacto físico un tanto extremo y...
¡Argh!. Que asco ¿Cómo mierda Bill podía haber? Y la había tocado y...
Dios MI Bill, con esa puta, estúpida zorra. ¿Por qué mierda había estado con Bill si no le gustaba? Puaj, era un asco.
En ese momento dejé de pensar y fijé la mirada en lo que tenía frente a mi: Los ojos de Bill, los hermosos ojos de Bill... Que me miraban casi suplicantes, con felicidad, alegría contenida, nerviosismo, ilusión... me encantaba.
No pude evitar formar una sonrisa en mis labios, lo hice inconscientemente.
Subí mis manos hasta posarlas sobre las suyas, y luego, bajando la mirada algo avergonzada, e intentando no volver a pensar ese tipo de cosas Contesté:
—Si —él rápidamente quitó sus manos de mis mejillas y en menos de un segundo, ya me tenía rodeada con sus brazos y en el aire.
—Mi vida —me apretujó contra su cuerpo, moviéndome de una lado a otro en el aire —te amo, te amo, te amo —entonces, salí del shock en el que estaba y le devolví el abrazo efusívamente —Annie, esto será lo mejor que te haya pasado en la vida, lo prometo.
Siguió moviéndome de un lado a otro, como a una muñeca de trapo, mientras yo reía agarrada a su cuello.
—Por fin, mi amor —siguió él, mientras giraba sobre si mismo, conmigo en brazos.
Me dejó caer suavemente en el suelo, mientras me sonreía.
Lo miré... y él me miró. Dios, cómo lo amaba. No lo aguanté más, no pude contenerme, prácticamente me lancé a sus labios, poniéndome de puntillas. Él sonrió en cuanto nuestros labios se encontraron, pude notarlo. Me pegó más a su cuerpo y me levantó un poco, acomodándonos mejor. Me encantaba. Nuestros labios se movían acompasados, con suavidad y delicadeza extrema. No era un beso como cualquiera, era especial... era un beso de amor.
Yo lo amaba, él me amaba Nos amábamos.
Y nadie podía cambia eso.
Nos separamos, y me entró la risa. Una risa nerviosa, de felicidad... no lo sé. Estaba más que contenta. Sentía unas extrañas cosas en el estómago y las energías me habían vuelto. Estaba más que feliz. Feliz se quedaba corto. Esto era lo mejor que me podría haber pasado en tiempos como este.
Habían venido muchas desgracias, las cuelas no quería recordar... Pero ahora, seguramente, llegaba mi salvación. Bill era mi salvación, el me sacaba de la oscuridad. Era un motivo para reír y seguir estando bien. Él era la persona más especial que podría haber conocido. Era él el amor de toda mi vida, es persona por la que podría vivir... o morir.
Me había dado cuenta de que él era la razón de mi existencia. Ya no me quedaba nada, sólo él.
Sonreí y me abracé a él, escondiendo mi cara en su cuello. Respiré su aroma, ese aroma que tanto me encantaba, me volvía loca y me tranquilizaba. Solté todo el aire que tenía en mis pulmones y él se estremeció. Cerré los ojos, lo sentí cerca de mi... me encantaba.
—Te amo —le dije sin siquiera pensarlo.
—Te amo más —reí y él me siguió.
—Sabes que no es cierto
—Lo es.
—Pruébalo —lo reté. Él se separó de mi abrazo y luego con sus dos manos cogió mi rostro para besarme otra vez.
Volvimos a separarnos y yo lo miré con los ojos entrecerrados.
—No me parece muy convincente.
—A ver como lo haces tú —alzó ambas cejas. Sonreí hasta el resto, y esta vez fui yo quien lo cogió del rostro y lo besó como si mi vida se fuese en ello. Aunque claro, tuve que hacerlo de puntillas. En este tiempo Bill había crecido. Y ahora me ganaba por mucho más, estaba bastante alto.
Me separé de él, y le sonreí traviesa.
—Mmm... no me convence —se pasó la lengua por el labio inferior. Qué sexy que era mi novio. Dios... sonaba tan bien.
Mi novio, Bill. Hermoso...
Y así fue como estuvimos hasta la hora del almuerzo. Entre juegos, besos, abrazos, mimitos y todas esas cursilerías que hacen los novios Si, esas estúpidas cosas típicas que cuando a uno le toca hacer les encantan y ya no son tan estúpidas.
No salimos de la caseta y estuvimos escuchando el CD toda la mañana. Ya me sabía de memoria el orden de las canciones y todo. Era genial, increíble. Los chicos serían famosos dentro de poco, algo me lo decía. Ellos encabezarían las listas, serían los mejores Estaba segura al cien por ciento. Ellos triunfarían, tendrían millones de fans en Alemania, seguramente también en Europa. Su estilo era genial, la música era buena, los chicos era guapos, y lo principal, el vocalista era mi novio. ¿Qué más se pedía para una banda? Nada. Siendo mío Bill, todo estaba bien.
No nos cansamos en ningún momento de decirnos cuanto nos queríamos. Habíamos estado como niños inventando juegos estúpidos, me había divertido. Con Bill todo era divertido.
Salimos de la caseta cerca de la una, listos para el almuerzo. Como él me había invitado a comer, nos fuimos a tomar el autobús y nos bajamos en el centro de la ciudad. Caminamos cogidos de la mano por la calle, entre la gente. Me encantaba vernos a los dos, juntos, reflejados en las enormes ventanas de algunos locales.
Llegamos a un lugar de comida rápida, ya que tenía ganas de una hamburguesa Además, eso me haría recuperar algunos kilos que me faltaban.
Nos sentamos en una de las mesas más apartadas, en una esquina y Bill me dejó allí, mientras iba a pedir la comida.
Me puse a observar a la gente... Y grande fue mi sorpresa al toparme con unos amigos de Chris. O ex amigos de Chris, pues Chris no estaba porque... porque no estaba. Se había ido y jamás lo iba a ver de nuevo, ni siquiera me había despedido de él, ni siquiera le había dicho cuanto lo quería. Mi hermano ya no estaba conmigo y no lo estaría nunca
Lo había recordado. Todos los días intentando no pensar en eso y ahora...
Pff. Me habían entrado ganas de llorar.
Sentí como los ojos se me humedecían y comenzaba a ver todo borroso.
Quería a Chris, lo quería conmigo.
Habían venido muchas desgracias, las cuelas no quería recordar... Pero ahora, seguramente, llegaba mi salvación. Bill era mi salvación, el me sacaba de la oscuridad. Era un motivo para reír y seguir estando bien. Él era la persona más especial que podría haber conocido. Era él el amor de toda mi vida, es persona por la que podría vivir... o morir.
Me había dado cuenta de que él era la razón de mi existencia. Ya no me quedaba nada, sólo él.
Sonreí y me abracé a él, escondiendo mi cara en su cuello. Respiré su aroma, ese aroma que tanto me encantaba, me volvía loca y me tranquilizaba. Solté todo el aire que tenía en mis pulmones y él se estremeció. Cerré los ojos, lo sentí cerca de mi... me encantaba.
—Te amo —le dije sin siquiera pensarlo.
—Te amo más —reí y él me siguió.
—Sabes que no es cierto
—Lo es.
—Pruébalo —lo reté. Él se separó de mi abrazo y luego con sus dos manos cogió mi rostro para besarme otra vez.
Volvimos a separarnos y yo lo miré con los ojos entrecerrados.
—No me parece muy convincente.
—A ver como lo haces tú —alzó ambas cejas. Sonreí hasta el resto, y esta vez fui yo quien lo cogió del rostro y lo besó como si mi vida se fuese en ello. Aunque claro, tuve que hacerlo de puntillas. En este tiempo Bill había crecido. Y ahora me ganaba por mucho más, estaba bastante alto.
Me separé de él, y le sonreí traviesa.
—Mmm... no me convence —se pasó la lengua por el labio inferior. Qué sexy que era mi novio. Dios... sonaba tan bien.
Mi novio, Bill. Hermoso...
Y así fue como estuvimos hasta la hora del almuerzo. Entre juegos, besos, abrazos, mimitos y todas esas cursilerías que hacen los novios Si, esas estúpidas cosas típicas que cuando a uno le toca hacer les encantan y ya no son tan estúpidas.
No salimos de la caseta y estuvimos escuchando el CD toda la mañana. Ya me sabía de memoria el orden de las canciones y todo. Era genial, increíble. Los chicos serían famosos dentro de poco, algo me lo decía. Ellos encabezarían las listas, serían los mejores Estaba segura al cien por ciento. Ellos triunfarían, tendrían millones de fans en Alemania, seguramente también en Europa. Su estilo era genial, la música era buena, los chicos era guapos, y lo principal, el vocalista era mi novio. ¿Qué más se pedía para una banda? Nada. Siendo mío Bill, todo estaba bien.
No nos cansamos en ningún momento de decirnos cuanto nos queríamos. Habíamos estado como niños inventando juegos estúpidos, me había divertido. Con Bill todo era divertido.
Salimos de la caseta cerca de la una, listos para el almuerzo. Como él me había invitado a comer, nos fuimos a tomar el autobús y nos bajamos en el centro de la ciudad. Caminamos cogidos de la mano por la calle, entre la gente. Me encantaba vernos a los dos, juntos, reflejados en las enormes ventanas de algunos locales.
Llegamos a un lugar de comida rápida, ya que tenía ganas de una hamburguesa Además, eso me haría recuperar algunos kilos que me faltaban.
Nos sentamos en una de las mesas más apartadas, en una esquina y Bill me dejó allí, mientras iba a pedir la comida.
Me puse a observar a la gente... Y grande fue mi sorpresa al toparme con unos amigos de Chris. O ex amigos de Chris, pues Chris no estaba porque... porque no estaba. Se había ido y jamás lo iba a ver de nuevo, ni siquiera me había despedido de él, ni siquiera le había dicho cuanto lo quería. Mi hermano ya no estaba conmigo y no lo estaría nunca
Lo había recordado. Todos los días intentando no pensar en eso y ahora...
Pff. Me habían entrado ganas de llorar.
Sentí como los ojos se me humedecían y comenzaba a ver todo borroso.
Quería a Chris, lo quería conmigo.
—¿Qué pasa, amor? —la voz de Bill me hizo salir de la especie de trance en que me encontraba. Ni siquiera me había dado cuenta de que él había dejado la bandeja sobre la mesa y se había sentado frente a mi. Clavé la mirada en él y luego negué con la cabeza. No quería decir nada. Ya que luego él se iba a dar cuenta de que no estaba bien, por mi tono de voz —¿te sientes mal? —volví a negar con la cabeza, desviando la mirada hacia la comida, no me agradaba ver su rostro con una mueca de preocupación. No quería que él viera que no me encontraba bien —Annie —se levantó de la mesa y la rodeó hasta sentarse a mi lado —princesa, ¿que pasa? —negué con la cabeza otra vez. Entonces él cogió mis manos y las aprisionó entre las suyas con delicadeza —si no quieres decírmelo, no importa... Pero si quieres hablar o desahogarte, quiero que sepas que yo estoy contigo, siempre —sonreí de medio lado. Bill... Mi Bill. Dios, era tan perfecto.
Cogí aire.
—No es nada. Sólo tengo un poco de sueño —me encogió de hombro, para seguidamente fingir un bostezo y llevarme la mano a los ojos para quitar de allí las lágrimas acumuladas que aún no salían —no te preocupes —él volvió a coger mis manos y limpió con uno de sus dedos un par de lágrimas que me habían mojado.
—¿Estás segura?
—Si —lo miré e hice un intento catastrófico de sonrisa. Él torció la boca hacia un lado y luego soltó mis manos.
—Bien
—A comer —me apresuré a decir. Él soltó una leve risa y luego volvió a su puesto frente a mi.
Acomodamos la comida sin decir nada, un tanto incómodos, sin siquiera mirarnos. No me gustó para nada. Además, tenía unas cuantas preguntas que hacerle a mi novio, respecto a unas cosillas un tanto importantes.
Cogí la hamburguesa entre mis manos y la apreté un poco.
—Oye, Bill —me miró con esos ojitos tan hermosos que sólo él tenía —¿por qué Kattie estaba contigo si quería a Tom? —mordí la hamburguesa, había intentado sonar lo más inocentemente posible. Bill me miró por un largo rato, con los ojos entrecerrados.
—Porque... no lo sé, Annie. Fue una estupidez, no hablemos de eso —tomó un poco de bebida.
—Pero Bill... —intenté reprocharle Pero él me cortó.
—No tenemos porqué hablar de eso, amor. Ya pasó.
—Bill, quiero saberlo —insistí nuevamente. Él negó con la cabeza repetidas veces.
—¿Y qué quieres que te diga?, ¿qué te invente alguna cosa? Annie, no lo sé. Tampoco quiero hablar de eso, me haces sentir incómodo —aparté la vista de él y la clavé en mi comida.
—Lo siento.
—No te preocupes. Entiendo que tengas dudas y... —lo corté.
—No tengo dudas, sólo quería saber eso. Me encogí de hombros.
—Ah —esa fue toda su respuesta, luego le dio un mordisco a la hamburguesa y siguió a lo suyo —me gusta como comes —dijo riendo, luego de haber pasado un rato en el que él no quitó la vista de mi.
—Bill —me quejé —no veas mientras como.
—Pero si te vez hermosa —sonrió —y más aún sin tienes mayonesa en la nariz.
—¡No! —me quejé. Solté la hamburguesa sobre el plato y luego cogí una servilleta, para pasármela rápidamente por la nariz. Bill me sonrió tiernamente.
—Que linda eres..
Sentía como si el rostro me fuese a explotar en cualquier momento de lo roja que estaba. Bill provocaba en mi todo tipo de sensaciones. Desde tristeza a felicidad, ternura a vergüenza o que se yo, no estaba para pensar en este momento.
Cogí aire.
—No es nada. Sólo tengo un poco de sueño —me encogió de hombro, para seguidamente fingir un bostezo y llevarme la mano a los ojos para quitar de allí las lágrimas acumuladas que aún no salían —no te preocupes —él volvió a coger mis manos y limpió con uno de sus dedos un par de lágrimas que me habían mojado.
—¿Estás segura?
—Si —lo miré e hice un intento catastrófico de sonrisa. Él torció la boca hacia un lado y luego soltó mis manos.
—Bien
—A comer —me apresuré a decir. Él soltó una leve risa y luego volvió a su puesto frente a mi.
Acomodamos la comida sin decir nada, un tanto incómodos, sin siquiera mirarnos. No me gustó para nada. Además, tenía unas cuantas preguntas que hacerle a mi novio, respecto a unas cosillas un tanto importantes.
Cogí la hamburguesa entre mis manos y la apreté un poco.
—Oye, Bill —me miró con esos ojitos tan hermosos que sólo él tenía —¿por qué Kattie estaba contigo si quería a Tom? —mordí la hamburguesa, había intentado sonar lo más inocentemente posible. Bill me miró por un largo rato, con los ojos entrecerrados.
—Porque... no lo sé, Annie. Fue una estupidez, no hablemos de eso —tomó un poco de bebida.
—Pero Bill... —intenté reprocharle Pero él me cortó.
—No tenemos porqué hablar de eso, amor. Ya pasó.
—Bill, quiero saberlo —insistí nuevamente. Él negó con la cabeza repetidas veces.
—¿Y qué quieres que te diga?, ¿qué te invente alguna cosa? Annie, no lo sé. Tampoco quiero hablar de eso, me haces sentir incómodo —aparté la vista de él y la clavé en mi comida.
—Lo siento.
—No te preocupes. Entiendo que tengas dudas y... —lo corté.
—No tengo dudas, sólo quería saber eso. Me encogí de hombros.
—Ah —esa fue toda su respuesta, luego le dio un mordisco a la hamburguesa y siguió a lo suyo —me gusta como comes —dijo riendo, luego de haber pasado un rato en el que él no quitó la vista de mi.
—Bill —me quejé —no veas mientras como.
—Pero si te vez hermosa —sonrió —y más aún sin tienes mayonesa en la nariz.
—¡No! —me quejé. Solté la hamburguesa sobre el plato y luego cogí una servilleta, para pasármela rápidamente por la nariz. Bill me sonrió tiernamente.
—Que linda eres..
Sentía como si el rostro me fuese a explotar en cualquier momento de lo roja que estaba. Bill provocaba en mi todo tipo de sensaciones. Desde tristeza a felicidad, ternura a vergüenza o que se yo, no estaba para pensar en este momento.
—¿Sabes qué, Bill? —dije mientras salíamos abrazados del local, ya cerca de las tres de la tarde.
—¿Qué, amor? —me contestó con una sonrisa.
—Cuando pequeña nunca me imaginé en un tu y yo, como pareja. Digo... contigo, como novios. Siempre creí que íbamos a ser amigos. Bajé la mirada avergonzada. Quizás no había sido muy buena idea decir eso, ahora me sentía completamente ridícula.
—Pues, ya ves. Esto no estaba planeado —con la mano que tenía libre me levantó el rostro y unió nuestros labios con un corto beso. Luego nos volvimos a separar, ambos con una sonrisa —¿y qué te parece que estemos juntos?
—Genial. Me gusta estar contigo —volví a bajar la mirada.
—Mi vida... —volvió a apretujarme contra él. Yo sólo reí.
—¿Qué haremos ahora, Bill? no fui a la escuela, mi madre me va a regañar —ni siquiera lo había pensado cuando me escapé.
—No te preocupes, que le explicamos a mi mamá y ella llama a la tuya, y como son amigas lo solucionan. Así de paso tenemos el mismo castigo —rió y yo lo seguí con la risa.
—No quiero estar castigada.
—A lo mejor no nos dicen nada —me sonrió.
Oh, oh ¿y si a esa mujer que tenía como madre se le ocurría meterme a terapia con un psicólogo? ¡No!, yo no quería eso, no lo podía permitir. Claro que no, no, no, no. Yo no estaba loca, ella no se iba a salir con la suya, no me iba a arruinar la vida con eso, yo no necesitaba a alguien para sacarme los problemas de la cabeza, yo podía sola. Era mejor no decirle nada Y hacer como si hubiese ido a la escuela Si, eso es lo que haría.
—Bill, no les digamos nada ¿porqué no decimos que salimos más temprano o algo así? Por favor —le hice ojitos.
—No está bien, Annie. Si después se enteraran por los de la escuela, sería peor...
—Hay que hacer que no se enteren por ningún motivo, Bill. Por lo menos mi madre —aparté la vista, mirando hacia un lado de la calle, para después cruzar.
—¿Por qué? —me encogí de hombros.
—Porque no.
—Annie... dímelo, déjame saber la razón, sabes que yo te voy a ayudar —cogí mucho aire ¿se lo decía o no se lo decía? Bill no me iba a tomar por loca, claro que no. Pero también podía ser que me intentara convencer de que ir a un pscomosellamara no era tan malo Y es que él tenía tantas cosas en la cabeza, que uno nunca sabía que con iba a salir.
—Mi madre me dijo que me iba a poner en terapia —lo miré. Él me observaba sin comprender aún —con uno de esos donde van las personas que están mal de la cabeza y que tienen muchos problemas ¡pero ella es quien lo necesita! —me apresuré en decir —yo estoy bien.
—Te entiendo, amor... ¿pero has hablado con ella sobre eso? —asentí rápidamente.
—Si, le dije que por ningún motivo iría. Y prácticamente le prometí que volvería a la escuela —suspiré.
—¿Y eso qué tiene que ver con...?
—Que ella se puede aprovechar de las circunstancias. Luego se enoja conmigo y me pone en eso de la terapia y el psicoalgo —solté enojada.
—Annie, no te pongas así. Ella no te va a poner en terapia —lo miré. Él me sonreía de medio lado —si es necesario, yo hablo con ella.
—Gracias —le devolví la sonrisa.
—¿Por qué me agradeces? —me preguntó por juego.
—Por estar conmigo —me mordí el labio inferior, mientras lo volvía a mirar.
—¿Y me agradeces sólo con un simple "gracias"? —alzó una ceja Dios, me volvía loca ese gesto.
—Esto también podrá ser parte del agradecimiento —sonreí de medio lado. Dejé de caminar y rodeé el cuello de Bill con mis brazos, para luego besarlo de una manera un tanto extrema. Pero me había gustado. Me separé de él y esperé a que abriera los ojos, para sonreirle de manera pícara y morderme pasarme la lengua por el labio superior.
—Aw, hermosa —me volvió a abrazar, apretujándome contra su cuerpo —te quiero, cosa.
—Yo también... tonto —solté una risita.

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