CAPITULO 32
Jueves y viernes no fui a clases. Tampoco fui toda la semana siguiente, ni la siguiente... ni la siguiente. Falté un mes a clases. No quería ver a nadie, no quería saber de nadie, ni siquiera de Bill, ni de mamá, ni de papá. Yo no salía de mi habitación ni por asomo. Mi padre se pasaba a tocarme la puerta a las horas de la comida, invitándome a bajar para acompañarla, pero yo me negaba rotundamente, por lo que ella me traía el plato de comida a la habitación, el cual casi no tocaba. Comía para no morirme de hambre y el resto lo dejaba. Ella no me decía nada. Tenía más ganas de ver a Chris que de comer.
Me la había pasado escribiendo en mi libreta y luego le había arrancado la mayoría de las hojas.
Ni siquiera me había metido al computador para hablar con Alex. Seguramente ella se preguntaba que me había pasado.
Bill, Tom, Sam, Kattie, Andreas e incluso Chels se habían pasado por casa, pero yo no les había abierto la puerta de la habitación. No quería saber nada de ellos. El que venía más seguido era Bill. Todos los días. A veces con Tom, otras veces con Kattie o Sam, o bien, solo. También intentaban llamarme. Pero al haberme cansado de que me llamasen todo el día, había apagado el móvil y seguramente estaba tirado en algún lado de la habitación que yo desconocía.
Todo era un desastre dentro de estas cuatro paredes y no tenía la más mínima intención de salir adelante, como mi madre me lo había dicho unas cuantas, por no decir muchas, veces en estos días.
Ese día, me aburrí de estar todo el tiempo mirando el techo, por lo que decidí encender la radio un momento. Solo un momento, para escuchar música y relajarme.
La encendí, la dejé en la misma estación en que estaba puesta y me volví a lanzar sobre la cama, mirando hacia el techo, con los brazos extendidos.
Escuché nombrar el número uno del ranking por segunda semana consecutiva. No escuché el nombre de la canción, tampoco me interesó.
Una melodía un tanto familiar llenó la habitación. Pero no reconocí de quién era la canción, sino hasta que comenzó a sonar una voz que yo muy bien conocida y que me encantaba...
Ihr Fenster oeffnet sich nicht mehr
Hier drin ist es voll von dir und leer
Und vor mir geht die letzte Kerze aus
Ich warte schon Žne Ewigkeit
Endlich ist es jetzt so weit
Da draussen ziehn die schwarzen Wolken auf
Y la letra ¿Cómo olvidar esa letra? La había escuchado tantas veces en los ensayos...
Ich muss durch den Monsun
Hinter die Welt
Ans Ende der Zeit
Bis kein Regen mehr faellt
Gegen den Sturm
Am Abgrund entlang
Und wenn ich nichŽ mehr kann denk ich daran
Irgendwann laufen wir zusamm
Durch den Monsun
Dann wird alles gut...
Dios el coro, lo amaba. Y aún más, amaba la voz de Bill ¿En que momento había salido su canción en la radio? ¿En que momento había llegado al puesto número uno? Me había perdido muchas cosas estando aquí encerrada, sin comunicación con el resto del mundo. En poco tiempo más, seguramente, iban a sacar su CD y yo ni siquiera me había enterado. Ni siquiera sabía como se iba a llamar el CD. Y se suponía que yo era la mejor amiga de los gemelos.
Ein halber Mond versinkt vor mir
War der eben noch bei dir?
Und haelt er wirklich, was er mir verspricht?
Ich weiss dass ich dich finden kann
Hoer deinen Namen im Orkan
Ich glaubŽ noch mehr dran glauben kann ich nicht
Me puse feliz en ese momento. Seguramente era la canción o yo que sé. Le alegré por ellos e incluso me entraron ganas de llamar a alguno de ellos y comentarles lo de la canción. Seguramente ya lo sabían, pero igualmente se lo quería decir.
Ich muss durch den Monsun
Hinter die Welt
Ans Ende der Zeit
Bis kein Regen mehr faellt
Gegen den Sturm
Am Abgrund entlang
Und wenn ich nich mehr kann denk ich daran
Irgendwann laufen wir zusamm
Weil uns einfach nichts mehr halten kann
Durch den Monsun
Hey!
Hey!
En ese momento sentí que alguien picó a la puerta. Sin pensarlo dos veces, me levanté de la cama, aún con la cabeza puesta en la canción que seguía sonando en su mejor parte. Abrí la puerta y volví a la tierra, cuando vi a mi madre frente a mi. Su expresión seria no me gustó para nada.
—Quiero hablar contigo.
Me hice a un lado para dejarla entrar en la habitación y luego volví a cerrar la puerta. Observé como ella se acercaba hacia la ventana y la abría por completo. Luego la vi moverse hacia la radio. La apagó. Eso me enojó un poco, pero me contuve para no decirle algo. Ya bastaba con haber perdido un hijo.
Seguidamente se sentí en mi cama, yo me quedé de pie en un lado de la habitación, mirándola fijamente.
Ni siquiera me había metido al computador para hablar con Alex. Seguramente ella se preguntaba que me había pasado.
Bill, Tom, Sam, Kattie, Andreas e incluso Chels se habían pasado por casa, pero yo no les había abierto la puerta de la habitación. No quería saber nada de ellos. El que venía más seguido era Bill. Todos los días. A veces con Tom, otras veces con Kattie o Sam, o bien, solo. También intentaban llamarme. Pero al haberme cansado de que me llamasen todo el día, había apagado el móvil y seguramente estaba tirado en algún lado de la habitación que yo desconocía.
Todo era un desastre dentro de estas cuatro paredes y no tenía la más mínima intención de salir adelante, como mi madre me lo había dicho unas cuantas, por no decir muchas, veces en estos días.
Ese día, me aburrí de estar todo el tiempo mirando el techo, por lo que decidí encender la radio un momento. Solo un momento, para escuchar música y relajarme.
La encendí, la dejé en la misma estación en que estaba puesta y me volví a lanzar sobre la cama, mirando hacia el techo, con los brazos extendidos.
Escuché nombrar el número uno del ranking por segunda semana consecutiva. No escuché el nombre de la canción, tampoco me interesó.
Una melodía un tanto familiar llenó la habitación. Pero no reconocí de quién era la canción, sino hasta que comenzó a sonar una voz que yo muy bien conocida y que me encantaba...
Ihr Fenster oeffnet sich nicht mehr
Hier drin ist es voll von dir und leer
Und vor mir geht die letzte Kerze aus
Ich warte schon Žne Ewigkeit
Endlich ist es jetzt so weit
Da draussen ziehn die schwarzen Wolken auf
Y la letra ¿Cómo olvidar esa letra? La había escuchado tantas veces en los ensayos...
Ich muss durch den Monsun
Hinter die Welt
Ans Ende der Zeit
Bis kein Regen mehr faellt
Gegen den Sturm
Am Abgrund entlang
Und wenn ich nichŽ mehr kann denk ich daran
Irgendwann laufen wir zusamm
Durch den Monsun
Dann wird alles gut...
Dios el coro, lo amaba. Y aún más, amaba la voz de Bill ¿En que momento había salido su canción en la radio? ¿En que momento había llegado al puesto número uno? Me había perdido muchas cosas estando aquí encerrada, sin comunicación con el resto del mundo. En poco tiempo más, seguramente, iban a sacar su CD y yo ni siquiera me había enterado. Ni siquiera sabía como se iba a llamar el CD. Y se suponía que yo era la mejor amiga de los gemelos.
Ein halber Mond versinkt vor mir
War der eben noch bei dir?
Und haelt er wirklich, was er mir verspricht?
Ich weiss dass ich dich finden kann
Hoer deinen Namen im Orkan
Ich glaubŽ noch mehr dran glauben kann ich nicht
Me puse feliz en ese momento. Seguramente era la canción o yo que sé. Le alegré por ellos e incluso me entraron ganas de llamar a alguno de ellos y comentarles lo de la canción. Seguramente ya lo sabían, pero igualmente se lo quería decir.
Ich muss durch den Monsun
Hinter die Welt
Ans Ende der Zeit
Bis kein Regen mehr faellt
Gegen den Sturm
Am Abgrund entlang
Und wenn ich nich mehr kann denk ich daran
Irgendwann laufen wir zusamm
Weil uns einfach nichts mehr halten kann
Durch den Monsun
Hey!
Hey!
En ese momento sentí que alguien picó a la puerta. Sin pensarlo dos veces, me levanté de la cama, aún con la cabeza puesta en la canción que seguía sonando en su mejor parte. Abrí la puerta y volví a la tierra, cuando vi a mi madre frente a mi. Su expresión seria no me gustó para nada.
—Quiero hablar contigo.
Me hice a un lado para dejarla entrar en la habitación y luego volví a cerrar la puerta. Observé como ella se acercaba hacia la ventana y la abría por completo. Luego la vi moverse hacia la radio. La apagó. Eso me enojó un poco, pero me contuve para no decirle algo. Ya bastaba con haber perdido un hijo.
Seguidamente se sentí en mi cama, yo me quedé de pie en un lado de la habitación, mirándola fijamente.
—¿Puedes acercarte un poco? —le obedecí y me senté a su lado, un poco alejada —bien —se aclaró la garganta. Su expresión ya no era del todo seria. Parecía, más bien, algo… confundida o insegura —sé que perder a Chris para ti fue muy…
—No quiero hablar de Chris —la corté, sin querer. Ni siquiera lo había pensado, pero es que no quería tocar ese tema, no quería echarme a llorar de nuevo —ve al punto, sin rodeos.
—De acuerdo —ella suspiró y comenzó a juguetear con sus dedos, nerviosamente —desde mañana volverás a la escuela —me informó sin mirarme. Eso no me gustó. No quería ir.
—No quiero.
—Tendrás que hacerlo. Además, mañana empezarás una terapia con un psicólogo.
¡¿Psicólogo?!
—¡¿Psicólogo?! —le lancé tal grito, que poco se cae de la cama debido al salto que dio.
—No quiero hablar de Chris —la corté, sin querer. Ni siquiera lo había pensado, pero es que no quería tocar ese tema, no quería echarme a llorar de nuevo —ve al punto, sin rodeos.
—De acuerdo —ella suspiró y comenzó a juguetear con sus dedos, nerviosamente —desde mañana volverás a la escuela —me informó sin mirarme. Eso no me gustó. No quería ir.
—No quiero.
—Tendrás que hacerlo. Además, mañana empezarás una terapia con un psicólogo.
¡¿Psicólogo?!
—¡¿Psicólogo?! —le lancé tal grito, que poco se cae de la cama debido al salto que dio.
—Hija es necesario para...
—¡No! —la corté —no es necesario ¿acaso crees que estoy loca? ¡No estoy loca!, ¡No necesito un psiquiatra! ni lo pienses, no iré —me negué, levantándome de la cama de un salto.
—Irás de todas maneras, no te lo estoy preguntando.
—¡Prefiero la escuela! no voy a ir mamá, no puedes obligarme —negué con la cabeza —¿o es que acaso perder a Chris no fue suficiente?
—Sólo quiero que estés mejor, hija —se levantó y puso una de sus manos en mi hombro —te hará bien, ya verás. La terapia será...
—No iré a una terapia. Ya está dicho.
—Hija...
—No.
—Anne... —le tomé la mano que tenía en mi hombro y la quité de allí.
—No, no, no, no —dije mientras comenzaba a empujarla hacia la puerta —no voy a ir. Quédate con las ganas, o ve tú —la empujé fuera de la habitación y seguidamente le cerré la puerta en la cara, sin darle tiempo a reclamar —¡Ah!, ¡y mañana me despiertas temprano porque voy a la escuela! —le grité. Seguidamente le puse el cerrojo a la puerta y la dejé allí fuera, forcejeando contra la cerradura para entrar. Y como no dejaba de gritar, pues volví a encender la radio y problema resuelto.
Volví a lanzarme sobre la cama, supuse que ya sería tarde. Hacía ya muchas horas que no dormía, pues la noche anterior me la había pasado despierta, mirando por la ventana. Algo absurdo... Tampoco me quería poner a recordar momentos tristes.
Y no me podía quedar en el pasado. Iba a cambiar. Si. Así de paso mi mamá no me mandaba con el loquero ese. O al menos, aparentaría estar bien... o mejor.
A Chris le habría gustado verme mejor. Chris... Mi Chris, mi hermano. Si tan solo estuviera aquí, conmigo.. Acompañándome. Todo sería mucho mejor. Lo quería de vuelta.
Sacudí la cabeza, intentando cambiar de pensamientos. Y como era tan poco lo que lograba y ya me estaban entrando las ganas de llorar de nuevo, me dediqué a buscar el móvil por toda la habitación.
Pasaron unos cuantos minutos hasta que lo encontré. Le di al botón para encenderlo y luego esperé hasta que se prendiera. Sonó la alarma de la batería y seguidamente se apagó. Genial, estaba descargado. Y ahora tendría que dar vueltas toda la habitación de nuevo para encontrar el cargador ¿dónde era que lo había visto?... ¿en el armario?, ¿detrás de la cama?, ¿en uno de los cajones del escritorio?, ¿debajo de esa pila de ropa sucia?, ¿junto al montón de comida que había en ese lado? ¿O...?
—Anne, hija, despierta. Hoy hay escuela —mi madre me movió suavemente el hombro con una de sus manos. Abrí los ojos pesadamente. Hoy me levantaba de mal humor, puesto a que quise que se marchara inmediatamente, para no mandarle un grito.
—Vete. Deja, que me arreglo —ella me obedeció al instante y yo me destapé, dejando las sábanas al final de la cama. Me bajé de ella y caminé hacia el armario arrastrando los pies.
Cogí lo primero que pillé y luego me metí en el baño, no sin antes coger dos toallas.
Salí de allí ya vestida. Fui de nuevo hacia mi habitación para calzarme los zapatos y luego me sequé el cabello, lo peiné y arreglé un poco.
Me maquillé los ojos y ya estaba lista.
Guardé lo necesario en mi bolso, luego cogí mi chaqueta y salí de la habitación a paso rápido. Con lo que me había demorado, iba a llegar atrasada.
Me fui hacia la cocina y luego de darle un beso en la mejilla a mi madre y despedirme de ella, tomé una manzana, un yogurt y salí de casa.
Caminé a paso rápido hacia la parada de buses y me subí al primero que pasó.
Estaba nerviosa. Quizás por haber faltado tanto tiempo a clases. Dios... si Chris hubiese estado aquí, seguramente habría encontrado la manera de tranquilizarme.
Borré ese pensamiento inmediatamente de mi cabeza. Ya no podía pensar en Chris.
El tiempo se me hizo bastante corto... Y para cuando me di cuenta ya estaba entrando en la escuela. Caminé mirando mis pies hacia mi clase. Los pasillos estaban llenos de gente, ya era muy tarde.
Me llamó mucho la atención que la puerta de la clase estuviese cerrada. Seguramente había algún profesor allí adentro.
Aún así, y con miedo, la abrí.
Y que sorpresa me llevé al ver lo que había dentro...
—¡No! —la corté —no es necesario ¿acaso crees que estoy loca? ¡No estoy loca!, ¡No necesito un psiquiatra! ni lo pienses, no iré —me negué, levantándome de la cama de un salto.
—Irás de todas maneras, no te lo estoy preguntando.
—¡Prefiero la escuela! no voy a ir mamá, no puedes obligarme —negué con la cabeza —¿o es que acaso perder a Chris no fue suficiente?
—Sólo quiero que estés mejor, hija —se levantó y puso una de sus manos en mi hombro —te hará bien, ya verás. La terapia será...
—No iré a una terapia. Ya está dicho.
—Hija...
—No.
—Anne... —le tomé la mano que tenía en mi hombro y la quité de allí.
—No, no, no, no —dije mientras comenzaba a empujarla hacia la puerta —no voy a ir. Quédate con las ganas, o ve tú —la empujé fuera de la habitación y seguidamente le cerré la puerta en la cara, sin darle tiempo a reclamar —¡Ah!, ¡y mañana me despiertas temprano porque voy a la escuela! —le grité. Seguidamente le puse el cerrojo a la puerta y la dejé allí fuera, forcejeando contra la cerradura para entrar. Y como no dejaba de gritar, pues volví a encender la radio y problema resuelto.
Volví a lanzarme sobre la cama, supuse que ya sería tarde. Hacía ya muchas horas que no dormía, pues la noche anterior me la había pasado despierta, mirando por la ventana. Algo absurdo... Tampoco me quería poner a recordar momentos tristes.
Y no me podía quedar en el pasado. Iba a cambiar. Si. Así de paso mi mamá no me mandaba con el loquero ese. O al menos, aparentaría estar bien... o mejor.
A Chris le habría gustado verme mejor. Chris... Mi Chris, mi hermano. Si tan solo estuviera aquí, conmigo.. Acompañándome. Todo sería mucho mejor. Lo quería de vuelta.
Sacudí la cabeza, intentando cambiar de pensamientos. Y como era tan poco lo que lograba y ya me estaban entrando las ganas de llorar de nuevo, me dediqué a buscar el móvil por toda la habitación.
Pasaron unos cuantos minutos hasta que lo encontré. Le di al botón para encenderlo y luego esperé hasta que se prendiera. Sonó la alarma de la batería y seguidamente se apagó. Genial, estaba descargado. Y ahora tendría que dar vueltas toda la habitación de nuevo para encontrar el cargador ¿dónde era que lo había visto?... ¿en el armario?, ¿detrás de la cama?, ¿en uno de los cajones del escritorio?, ¿debajo de esa pila de ropa sucia?, ¿junto al montón de comida que había en ese lado? ¿O...?
—Anne, hija, despierta. Hoy hay escuela —mi madre me movió suavemente el hombro con una de sus manos. Abrí los ojos pesadamente. Hoy me levantaba de mal humor, puesto a que quise que se marchara inmediatamente, para no mandarle un grito.
—Vete. Deja, que me arreglo —ella me obedeció al instante y yo me destapé, dejando las sábanas al final de la cama. Me bajé de ella y caminé hacia el armario arrastrando los pies.
Cogí lo primero que pillé y luego me metí en el baño, no sin antes coger dos toallas.
Salí de allí ya vestida. Fui de nuevo hacia mi habitación para calzarme los zapatos y luego me sequé el cabello, lo peiné y arreglé un poco.
Me maquillé los ojos y ya estaba lista.
Guardé lo necesario en mi bolso, luego cogí mi chaqueta y salí de la habitación a paso rápido. Con lo que me había demorado, iba a llegar atrasada.
Me fui hacia la cocina y luego de darle un beso en la mejilla a mi madre y despedirme de ella, tomé una manzana, un yogurt y salí de casa.
Caminé a paso rápido hacia la parada de buses y me subí al primero que pasó.
Estaba nerviosa. Quizás por haber faltado tanto tiempo a clases. Dios... si Chris hubiese estado aquí, seguramente habría encontrado la manera de tranquilizarme.
Borré ese pensamiento inmediatamente de mi cabeza. Ya no podía pensar en Chris.
El tiempo se me hizo bastante corto... Y para cuando me di cuenta ya estaba entrando en la escuela. Caminé mirando mis pies hacia mi clase. Los pasillos estaban llenos de gente, ya era muy tarde.
Me llamó mucho la atención que la puerta de la clase estuviese cerrada. Seguramente había algún profesor allí adentro.
Aún así, y con miedo, la abrí.
Y que sorpresa me llevé al ver lo que había dentro...

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