Sentí algo suave sobre mi rostro, algo que me encantó. Se movía por mi mejilla, pasando sobre mis labios y mi nariz... suavemente, con delicadeza.
Me tomó algunos segundos darme cuenta de que estaba despierta pero no quería abrir los ojos. Me gustaba estar así.
Al intentar llenar más mis pulmones de aire, me di cuenta de que Bill estaba muy cerca de mi, pegado a mi cuerpo, y que unos de sus brazos pasaba por mi cuello, teniéndome a mi con la cabeza apoyada en su pecho... o algo así. Mi cabeza subía y bajaba al ritmo de su respiración, sin duda él estaba despierto. Pues esa cosa suave y delicada que se paseaba por sobre mi rostro, era su mano. Ya estaba lo suficientemente despierta como para darme cuenta de eso. Aunque me daba un poco de flojera abrir los ojos. Además, no sabía que hora era. Y si hubiese sido tarde, Bill me habría despertado. Era tan tierno tal lindo, delicado y suave conmigo.
—Te amo —susurró. Seguramente él pensaba que yo no lo estaba escuchando
—Yo más —murmuré aún con los ojos cerrados. Él dejó quieta su mano sobre mi rostro durante unos segundos, seguramente sorprendido. Y luego volvió a acariciar mi mejilla, esta vez apoyando casi toda la mano sobre ella.
—Estabas despierta —siguió hablando bajito. Yo sólo me limité a hacer un pequeño ruido perezoso, indicando que tenía mucho sueño. Fruncí un poco el ceño y escondí la cara en el pecho de Bill, abrazándolo mas fuerte, como a un oso de peluche. Bill soltó una pequeña risita —hermosa...
—¿Qué hora es? —pregunté con voz ronca luego de unos segundos que pasamos en silencio.
—No lo sé. Creo que ya es hora —me respondió.
—No quiero levantarme —lo apreté aún más. Él quitó su mano de mi rostro y me abrazó.
—Tenemos un largo día de escuela —solté aire, enojada. No quería ir. Por me hubiese quedado todo el día con Bill metidos en su cama —será genial, ya verás —volví a hacer el mismo sonido —princesa, hay que levantarse.
—No quiero.
—Annie —se quejó —mi amor, vamos a estar todo el día juntos, no te preocupes.
—Quiero quedarme aquí —él intentó quitar mis brazos de su cintura.
—Hey, que es tu primer día y tenemos que llegar temprano
—No quiero —me volví a quejar.
—Mi amor, ¿quieres comenzar bien? —asentí —¿y entonces...?
—Se supone que la responsable aquí, soy yo —solté de golpe. Bill rió un poco.
—Pues cambiamos roles. Ahora... —logró quitar mis brazos y aún sujetándome de las muñecas de levantó de la cama, dejándome caer sobre ella. Solté un ruido, quejándome... Y segundos después, la luz me dio en toda la cara, por lo que me vi obligada a girar la cabeza, y quedar con la cara pegada a las sábanas. Me quejé nuevamente.
—Ay...
—Si, ay —soltó entre un bostezo —me iré a duchar y a cambiar de ropa. Tú por mientras puedes ir bajando a tomar el desayuno con mi madre. Solté otro ruido, dándole a entender que estaba de acuerdo.
Escuché como abría el armario, elegía su ropa y luego salía de la habitación, sin cerrar la puerta.
Resoplé. No me apetecía levantarme, la cama estaba tan calentita...
Pero tenía que hacerlo.
1 2 3
Fuera sábanas.
Abrí los ojos, parpadeando un par de veces, para no quedar ciega... y finalmente, me acostumbré a la luz.
Me levanté de la cama y luego de estirarme lo más que pude y bostezar, me dirigí hacia el espejo.
Dios, que pelos. No iba a ver así a Simone... seguro se asustaba.
Me arreglé hasta quedar lo más presentable posible que podía quedar después de haber despertado y abrí las cortinas de la habitación.
La luz del sol entró de golpe. Iba a ser un día soleado, como ayer.
Abrí la ventana, dejando pasar el aire fresco a la habitación...
Luego, me puse mis jeans del día anterior y las zapatillas, para seguidamente salir de la habitación y bajar las escaleras hacia la cocina.
Se notaba ruido allí dentro.
—Hola —saludé en cuanto entré, sin mirar quien estaba allí.
—Hola, Anne.
—Hola, querida.
—Hola —me contestó una tercera voz.
Al intentar llenar más mis pulmones de aire, me di cuenta de que Bill estaba muy cerca de mi, pegado a mi cuerpo, y que unos de sus brazos pasaba por mi cuello, teniéndome a mi con la cabeza apoyada en su pecho... o algo así. Mi cabeza subía y bajaba al ritmo de su respiración, sin duda él estaba despierto. Pues esa cosa suave y delicada que se paseaba por sobre mi rostro, era su mano. Ya estaba lo suficientemente despierta como para darme cuenta de eso. Aunque me daba un poco de flojera abrir los ojos. Además, no sabía que hora era. Y si hubiese sido tarde, Bill me habría despertado. Era tan tierno tal lindo, delicado y suave conmigo.
—Te amo —susurró. Seguramente él pensaba que yo no lo estaba escuchando
—Yo más —murmuré aún con los ojos cerrados. Él dejó quieta su mano sobre mi rostro durante unos segundos, seguramente sorprendido. Y luego volvió a acariciar mi mejilla, esta vez apoyando casi toda la mano sobre ella.
—Estabas despierta —siguió hablando bajito. Yo sólo me limité a hacer un pequeño ruido perezoso, indicando que tenía mucho sueño. Fruncí un poco el ceño y escondí la cara en el pecho de Bill, abrazándolo mas fuerte, como a un oso de peluche. Bill soltó una pequeña risita —hermosa...
—¿Qué hora es? —pregunté con voz ronca luego de unos segundos que pasamos en silencio.
—No lo sé. Creo que ya es hora —me respondió.
—No quiero levantarme —lo apreté aún más. Él quitó su mano de mi rostro y me abrazó.
—Tenemos un largo día de escuela —solté aire, enojada. No quería ir. Por me hubiese quedado todo el día con Bill metidos en su cama —será genial, ya verás —volví a hacer el mismo sonido —princesa, hay que levantarse.
—No quiero.
—Annie —se quejó —mi amor, vamos a estar todo el día juntos, no te preocupes.
—Quiero quedarme aquí —él intentó quitar mis brazos de su cintura.
—Hey, que es tu primer día y tenemos que llegar temprano
—No quiero —me volví a quejar.
—Mi amor, ¿quieres comenzar bien? —asentí —¿y entonces...?
—Se supone que la responsable aquí, soy yo —solté de golpe. Bill rió un poco.
—Pues cambiamos roles. Ahora... —logró quitar mis brazos y aún sujetándome de las muñecas de levantó de la cama, dejándome caer sobre ella. Solté un ruido, quejándome... Y segundos después, la luz me dio en toda la cara, por lo que me vi obligada a girar la cabeza, y quedar con la cara pegada a las sábanas. Me quejé nuevamente.
—Ay...
—Si, ay —soltó entre un bostezo —me iré a duchar y a cambiar de ropa. Tú por mientras puedes ir bajando a tomar el desayuno con mi madre. Solté otro ruido, dándole a entender que estaba de acuerdo.
Escuché como abría el armario, elegía su ropa y luego salía de la habitación, sin cerrar la puerta.
Resoplé. No me apetecía levantarme, la cama estaba tan calentita...
Pero tenía que hacerlo.
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Fuera sábanas.
Abrí los ojos, parpadeando un par de veces, para no quedar ciega... y finalmente, me acostumbré a la luz.
Me levanté de la cama y luego de estirarme lo más que pude y bostezar, me dirigí hacia el espejo.
Dios, que pelos. No iba a ver así a Simone... seguro se asustaba.
Me arreglé hasta quedar lo más presentable posible que podía quedar después de haber despertado y abrí las cortinas de la habitación.
La luz del sol entró de golpe. Iba a ser un día soleado, como ayer.
Abrí la ventana, dejando pasar el aire fresco a la habitación...
Luego, me puse mis jeans del día anterior y las zapatillas, para seguidamente salir de la habitación y bajar las escaleras hacia la cocina.
Se notaba ruido allí dentro.
—Hola —saludé en cuanto entré, sin mirar quien estaba allí.
—Hola, Anne.
—Hola, querida.
—Hola —me contestó una tercera voz.
Y esa tercera voz se me hacía un poco... no muy familiar. Oh, Dios él estaba aquí, había vuelto Bill se iba a poner muy contento. Una enrome sonrisa se apoderó de mi rostro en ese momento y lo único que pude hacer fue lanzar un grito:
—¡Gordon! —el padrastro de los chicos ya estaba aquí, esto era más que fabuloso.
—¡Anne! —me contestó el con una sonrisa, abriendo los brazos. Dios, cuanto has crecido —dijo tiernamente mientras yo me lanzaba a abrazarlo.
—¿Cómo estás? —le pregunté separándome de él.
—Viejo, como siempre —contestó Tom, burlándose. Yo reí al igual que él y Simone. Gordon soltó un bufido... Pero otra risa resonó en la habitación. ¿Quién más podría estar?. Aunque al entrar, ni siquiera me había fijado en las demás personas, yo había ido directo a saludar al padrastro de mi novio.
Fijé la vista en Simone, estaba detrás de Gordon, revolviendo algo que parecía ser un café.
—Buen día —le dije con una sonrisa.
—Buen día, querida ¿qué quieres para desayunar? —me encogí de hombros —siéntate.
Le hice caso y seguidamente me senté en la silla que tenía más cerca, al lado de Gordon, frente a Tom.
—Buen día, Tom —lo saludé a el también.
—Muy buen día, Anne ¿dormiste bien? —asentí rápidamente con una sonrisa en el rostro.
—¿Y tú?
—Más que bien, excelente diría yo —movió los ojos hacia un lado. Seguí la dirección y allí estaba la prueba de que yo era una completa idiota. Y más aún si tenía sueño. Allí estaba Kattie. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Esa idiota, mentirosa...
—Buen día, Anne —me dijo luego de tomar un sorbo de su café.
¿Buen día? ¿Cómo va a ser bueno si estás aquí?, pensé. Pero no le dije nada.
Simplemente me limité a sonreírle a Simone, ya que había puesto una taza de café para mí sobre la mesa.
—Tu ropa está en un bolsa en el salón, luego la buscas —me informó —tu madre se acaba de ir.
—Vale, gracias —ya no tenía el mismo ánimo. Incluso se me habían quitado las ganas de comer. Y juro que si no hubiesen estado los padres de los gemelos, Kattie se podría haber considerado zorra muerta.
Me llevé el café a la boca, mientras escuchaba la conversación de la parejita con los adultos. Sobre la banda y ese tipo de cosas. Me quemé la lengua. Dios, como ardía. Sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas, pero intenté disimularlo y tomé otro sorbo. Quería salir de esa cocina lo más rápido posible.
En todo el tiempo que estuve allí sentada, intentando tragar el café, asesiné con la mirada a esa puta que tenía frente a mí. Y es que aún recordaba sus palabras exactas cuando me lo había contado todo. Cuando me había dicho que ella y mi novio habían tenido sexo, para luego, como la "buena amiga" que era, restregarme en toda la cara que ahora la quería a ella, luego de haber estado loco por mi un montón de tiempo.
Puta. Todo lo que ella había dicho había sido mentira. Excepto un parte, la peor parte. Bill nunca la amó y ella nunca amó a Bill. Era un falsa Una falsa de primera. No entendía como Bill podría haber quedado de amiga con ella siendo un zorra tan, pero tan puta. Estúpida. Dios. Ya me estaba desesperando.
Dejé la taza en el resto de café sobre la mesa.
—¿Te pasa algo? —me di cuenta de que Tom me había estado hablando.
—¿Eh?, no nada. Yo... me voy, tengo que vestirme. Además —dije levantándome —aquí huele a puta barata.
En seguida me di cuenta de lo que había dicho.
Oh, no.
Miré a Simone, pero esta estaba en una conversación muy animada con Gordon, por lo que no se dieron cuenta de lo que había dicho. Bien. Seguidamente miré a Kattie con superioridad. Esta me devolvió una mirada amenazante. Sonreí de medio lado y seguidamente me di media vuelta y salí de la cocina.
Me dirigí rápidamente hacia el salón y cogí la bolsa que había sobre el sillón. Subí la escalera, intentando hacer que mis pies no hicieran un ruido demasiado fuerte, pero es que estaba enojada.
Entré en la habitación de Bill, cogí la puerta y la cerré. El aire que entró desde la ventana hizo aún más fuerza y la puerta se cerró de golpe, haciendo un fuerte ruido que resonó por toda la casa.
Mierda.
Todo quedó en silencio después de eso y me entró el nerviosismo. A lo mejor Simona se enojaba.
Retrocedí un paso, mientras sentía como las manos me temblaban, y es que hasta me había asustado con el ruido.
La puerta se abrió en ese momento.
—¡Anne! —me contestó el con una sonrisa, abriendo los brazos. Dios, cuanto has crecido —dijo tiernamente mientras yo me lanzaba a abrazarlo.
—¿Cómo estás? —le pregunté separándome de él.
—Viejo, como siempre —contestó Tom, burlándose. Yo reí al igual que él y Simone. Gordon soltó un bufido... Pero otra risa resonó en la habitación. ¿Quién más podría estar?. Aunque al entrar, ni siquiera me había fijado en las demás personas, yo había ido directo a saludar al padrastro de mi novio.
Fijé la vista en Simone, estaba detrás de Gordon, revolviendo algo que parecía ser un café.
—Buen día —le dije con una sonrisa.
—Buen día, querida ¿qué quieres para desayunar? —me encogí de hombros —siéntate.
Le hice caso y seguidamente me senté en la silla que tenía más cerca, al lado de Gordon, frente a Tom.
—Buen día, Tom —lo saludé a el también.
—Muy buen día, Anne ¿dormiste bien? —asentí rápidamente con una sonrisa en el rostro.
—¿Y tú?
—Más que bien, excelente diría yo —movió los ojos hacia un lado. Seguí la dirección y allí estaba la prueba de que yo era una completa idiota. Y más aún si tenía sueño. Allí estaba Kattie. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Esa idiota, mentirosa...
—Buen día, Anne —me dijo luego de tomar un sorbo de su café.
¿Buen día? ¿Cómo va a ser bueno si estás aquí?, pensé. Pero no le dije nada.
Simplemente me limité a sonreírle a Simone, ya que había puesto una taza de café para mí sobre la mesa.
—Tu ropa está en un bolsa en el salón, luego la buscas —me informó —tu madre se acaba de ir.
—Vale, gracias —ya no tenía el mismo ánimo. Incluso se me habían quitado las ganas de comer. Y juro que si no hubiesen estado los padres de los gemelos, Kattie se podría haber considerado zorra muerta.
Me llevé el café a la boca, mientras escuchaba la conversación de la parejita con los adultos. Sobre la banda y ese tipo de cosas. Me quemé la lengua. Dios, como ardía. Sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas, pero intenté disimularlo y tomé otro sorbo. Quería salir de esa cocina lo más rápido posible.
En todo el tiempo que estuve allí sentada, intentando tragar el café, asesiné con la mirada a esa puta que tenía frente a mí. Y es que aún recordaba sus palabras exactas cuando me lo había contado todo. Cuando me había dicho que ella y mi novio habían tenido sexo, para luego, como la "buena amiga" que era, restregarme en toda la cara que ahora la quería a ella, luego de haber estado loco por mi un montón de tiempo.
Puta. Todo lo que ella había dicho había sido mentira. Excepto un parte, la peor parte. Bill nunca la amó y ella nunca amó a Bill. Era un falsa Una falsa de primera. No entendía como Bill podría haber quedado de amiga con ella siendo un zorra tan, pero tan puta. Estúpida. Dios. Ya me estaba desesperando.
Dejé la taza en el resto de café sobre la mesa.
—¿Te pasa algo? —me di cuenta de que Tom me había estado hablando.
—¿Eh?, no nada. Yo... me voy, tengo que vestirme. Además —dije levantándome —aquí huele a puta barata.
En seguida me di cuenta de lo que había dicho.
Oh, no.
Miré a Simone, pero esta estaba en una conversación muy animada con Gordon, por lo que no se dieron cuenta de lo que había dicho. Bien. Seguidamente miré a Kattie con superioridad. Esta me devolvió una mirada amenazante. Sonreí de medio lado y seguidamente me di media vuelta y salí de la cocina.
Me dirigí rápidamente hacia el salón y cogí la bolsa que había sobre el sillón. Subí la escalera, intentando hacer que mis pies no hicieran un ruido demasiado fuerte, pero es que estaba enojada.
Entré en la habitación de Bill, cogí la puerta y la cerré. El aire que entró desde la ventana hizo aún más fuerza y la puerta se cerró de golpe, haciendo un fuerte ruido que resonó por toda la casa.
Mierda.
Todo quedó en silencio después de eso y me entró el nerviosismo. A lo mejor Simona se enojaba.
Retrocedí un paso, mientras sentía como las manos me temblaban, y es que hasta me había asustado con el ruido.
La puerta se abrió en ese momento.
—Cuidado, Annie —entró Bill. Ya estaba vestido, sin maquillaje y con todo el cabello mojado y hacia abajo, se veía hermoso. Pero no me iba poner a pensar eso ahora. No tenía ganas. Estaba más que enojada.
—Fue accidente —le respondí cortante —¿Ppuedo ducharme ahora? —asintió.
—¿Pasa algo? —preguntó mientras yo cogía mi ropa.
—Nada —seguí con el mismo tono de voz. Seguidamente salí de la habitación, dejándolo dentro y me metí en el baño. Cerré la puerta... El aire aún estaba calentito, vamos, que Bill acababa de tomar un baño.
Me quité la ropa, lo más rápidamente posible, no quería que Kattie y Bill hablaran o algo en el desayuno. Abrí el grifo y mientras el agua llegaba a la temperatura adecuada cogí una de las toallas del estante y la colgué en la pared, lista para cogerla cuando saliera.
Luego de eso, me metí en el agua y no estuve allí más de tres minutos
Cerré el grifo y cogí la toalla Me empapé el cabello y luego me sequé el cuerpo para ponerme la ropa. Lo hice todo lo más rápidamente posible y al estar lista, salí del baño y volví a entrar en la habitación.
Bill seguía allí. Aún no estaba maquillado, sólo se estaba arreglando el cabello.
—Ya estoy —quitó la vista del espejo y me miró con una sonrisa, yo se la devolví. Si estaba enojada con Kattie, eso no me iba a afectar tampoco me iba a enojar con Bill.
—Qué rápida.
—Si. Solté una risita —¿en dónde la dejo? —dije refiriéndome a la toalla.
—Déjala en la cama, que yo luego la dejo en el tendedero —la lancé hecha un bolo hacia la cama —el secador está allí —apuntó con la cabeza el secador de cabello, ya enchufado a un lado de la cama.
—Vale —me acerqué a él, lo encendió y me puse cabeza abajo para secar el cabello más rápidamente. Cuando mi cabello se secó y solo las puntas quedaron mojadas, volví a una postura normal y las sequé un poco, cogiéndolas con la mano.
Miré a Bill, este se maquillaba los ojos, aún frente al espejo. Él se arreglaba, incluso, más que yo. Pero era tan hermoso. Con maquillaje, sin maquillaje, con gel o sin gel. Siempre era más que hermoso. Y era mi novio, mi razón de vivir, mi vida entera y es que sin él yo no era nadie. Dios, lo amaba...
Apagué el secador de cabello y lo desenchufé, para luego dejarlo sobre la cama. Cogí mi ropa y la metí dentro de la bolsa que me había traído mi madre. Seguidamente me puse las zapatillas y me acerqué a Bill.
—¿Me das de eso? —dije apuntando el delineador negro. Él ya lo había terminado de ocupar y ahora estaba frente al espejo haciendo nada.
—Ten.
—Gracias —se hizo a un lado, dejándome espacio para mirarme Me hice una línea en el párpado superior, sólo para resaltar un poco lo ojos Tapé el lápiz y se lo di. Pero él, en vez de coger sólo el lápiz, cogió también mi mano y tiró de ella, logrando así, pegarme a su cuerpo. Solté una risita y él me siguió.
Se agachó un poco, su nariz rozo la mía con suavidad, y luego, en un movimiento rápido, juntó nuestros labios para separarlos al instante. Dejándome con las ganas de tenerlos sobre los míos un momento más. Entonces soltó mi mano y cogió el lápiz.
—Ya está, ¿sigues de mal humor? —negué con la cabeza —ven, que tomo desayuno y nos vamos a la escuela —sonreí.
—Vale —me cogió la mano y tiró de mi para salir de la habitación.
—Que linda la ropa que traes puesta —me comentó.
—Tu te ves más hermoso —él se echó a reír. Fue a decir algo, pero yo lo callé, poniéndome frente a él y dándole un beso en los labios —¿vamos? dije en cuanto nos separamos. Él tenía una sonrisa boba en el rostro y no hizo otro gesto.
Yo volví a mi posición, a su lado y comenzamos a bajar las escaleras.
—Adivina quien está aquí —le dije con tono irónico antes de entrar en la cocina.
—Oh —sólo yo pude escucharlo.
—Hola —los saludó Bill a todos.
—Hola...
—Hola, hijo.
—Hola, Bill.
—Hola.
Contestaron esas cuatro voces. Pero como yo anteriormente lo hice, Bill fijó la atención en otra persona:
—¡Gordon!
—¡Hijo!, ¿cómo estás? —abrió los brazos, repitiendo el mismo gesto que anteriormente había hecho conmigo.
—Fue accidente —le respondí cortante —¿Ppuedo ducharme ahora? —asintió.
—¿Pasa algo? —preguntó mientras yo cogía mi ropa.
—Nada —seguí con el mismo tono de voz. Seguidamente salí de la habitación, dejándolo dentro y me metí en el baño. Cerré la puerta... El aire aún estaba calentito, vamos, que Bill acababa de tomar un baño.
Me quité la ropa, lo más rápidamente posible, no quería que Kattie y Bill hablaran o algo en el desayuno. Abrí el grifo y mientras el agua llegaba a la temperatura adecuada cogí una de las toallas del estante y la colgué en la pared, lista para cogerla cuando saliera.
Luego de eso, me metí en el agua y no estuve allí más de tres minutos
Cerré el grifo y cogí la toalla Me empapé el cabello y luego me sequé el cuerpo para ponerme la ropa. Lo hice todo lo más rápidamente posible y al estar lista, salí del baño y volví a entrar en la habitación.
Bill seguía allí. Aún no estaba maquillado, sólo se estaba arreglando el cabello.
—Ya estoy —quitó la vista del espejo y me miró con una sonrisa, yo se la devolví. Si estaba enojada con Kattie, eso no me iba a afectar tampoco me iba a enojar con Bill.
—Qué rápida.
—Si. Solté una risita —¿en dónde la dejo? —dije refiriéndome a la toalla.
—Déjala en la cama, que yo luego la dejo en el tendedero —la lancé hecha un bolo hacia la cama —el secador está allí —apuntó con la cabeza el secador de cabello, ya enchufado a un lado de la cama.
—Vale —me acerqué a él, lo encendió y me puse cabeza abajo para secar el cabello más rápidamente. Cuando mi cabello se secó y solo las puntas quedaron mojadas, volví a una postura normal y las sequé un poco, cogiéndolas con la mano.
Miré a Bill, este se maquillaba los ojos, aún frente al espejo. Él se arreglaba, incluso, más que yo. Pero era tan hermoso. Con maquillaje, sin maquillaje, con gel o sin gel. Siempre era más que hermoso. Y era mi novio, mi razón de vivir, mi vida entera y es que sin él yo no era nadie. Dios, lo amaba...
Apagué el secador de cabello y lo desenchufé, para luego dejarlo sobre la cama. Cogí mi ropa y la metí dentro de la bolsa que me había traído mi madre. Seguidamente me puse las zapatillas y me acerqué a Bill.
—¿Me das de eso? —dije apuntando el delineador negro. Él ya lo había terminado de ocupar y ahora estaba frente al espejo haciendo nada.
—Ten.
—Gracias —se hizo a un lado, dejándome espacio para mirarme Me hice una línea en el párpado superior, sólo para resaltar un poco lo ojos Tapé el lápiz y se lo di. Pero él, en vez de coger sólo el lápiz, cogió también mi mano y tiró de ella, logrando así, pegarme a su cuerpo. Solté una risita y él me siguió.
Se agachó un poco, su nariz rozo la mía con suavidad, y luego, en un movimiento rápido, juntó nuestros labios para separarlos al instante. Dejándome con las ganas de tenerlos sobre los míos un momento más. Entonces soltó mi mano y cogió el lápiz.
—Ya está, ¿sigues de mal humor? —negué con la cabeza —ven, que tomo desayuno y nos vamos a la escuela —sonreí.
—Vale —me cogió la mano y tiró de mi para salir de la habitación.
—Que linda la ropa que traes puesta —me comentó.
—Tu te ves más hermoso —él se echó a reír. Fue a decir algo, pero yo lo callé, poniéndome frente a él y dándole un beso en los labios —¿vamos? dije en cuanto nos separamos. Él tenía una sonrisa boba en el rostro y no hizo otro gesto.
Yo volví a mi posición, a su lado y comenzamos a bajar las escaleras.
—Adivina quien está aquí —le dije con tono irónico antes de entrar en la cocina.
—Oh —sólo yo pude escucharlo.
—Hola —los saludó Bill a todos.
—Hola...
—Hola, hijo.
—Hola, Bill.
—Hola.
Contestaron esas cuatro voces. Pero como yo anteriormente lo hice, Bill fijó la atención en otra persona:
—¡Gordon!
—¡Hijo!, ¿cómo estás? —abrió los brazos, repitiendo el mismo gesto que anteriormente había hecho conmigo.
No dejé de mirar con cara de asesina a Kattie, mientras Bill comía sentado a la mesa. No quise sentarme, pues solo quedaba un puesto y ese era de Siomene. Sólo me quedé afirmada en un mueble de la cocina, viendo como la familia y Kattie, conversaban de lo mejor. Había intentado hacerme parte de su conversación, pero yo a penas había respondido. Pues estar allí, con Kattie, no era muy agradable, que digamos.
Bill ni siquiera la miró, y se lo agradecí internamente, pues eso me iba a poner peor.
Bill ni siquiera la miró, y se lo agradecí internamente, pues eso me iba a poner peor.
Ellos si que eran un familia… Una hermosa familia, todos eran felices. Eso me hizo recordar a mi familia. Que estaba rota, a la que le faltaba un integrante y la mayoría del tiempo le faltaba otro. Chris ya no estaba… Y mi padre jamás estaba en casa. Sólo éramos yo y mamá. Yo quería a mi madre, pero ella no me ayudaba mucho… Digo, no me ayudaba a superar lo de Chris, ella estaba tanto o más hundida que yo. Yo era sus sustento, en vez de ella ser el mío. Ella vivía por mi, y yo vivía por Bill. A mi madre no había mucho que pedirle. Ahora sólo faltaba que se intentara matar y me enviaran con mi padre a Francia. Eso si que sería terrible, ahí mi vida se acabaría. Todo era un desastre, todo era un puto desastre. Había sido mi culpa, también en parte la de Dylan. Y Chels… ¿Cómo estaría ella?. Si mi hermano hubiese sido para ella lo que Bill era para mi… Dios, la pobre debería estar destrozada. Pero ella era fuerte, si… Lo iba a superar. O quizás no… Hacía mucho tiempo que no hablaba con ella. No recordaba la última vez que la había visto feliz. Todo se me hacía tan confuso y… argh. Odiaba acordarme de mi hermano. Siempre se me hacía un nudo en el pecho y los ojos se me nublaban. Me daban unas enormes ganas de que Chris estuviera aquí, para abrazarlo… Y justamente era eso lo que me pasaba. Odiaba recordar a mi hermano. Estúpido Dylan y sus drogas. Seguramente el muy estúpido estaba de lo mejor con sus amigos, inyectándose quizás que cosa o fumando algo asqueroso.
Ojala le diera sida y muriera de una vez. Lo odiaba. Lo odiaba con toda mi alma… Era un estúpido.
—Annie… —en ese momento me di cuenta de que Bill estaba frente a mi… Dios, me había quedado pensando como una estúpida. Sentía los ojos un tanto llorosos —¿pasa algo? —me preguntó, apartando el flequillo de mis ojos, yo negué con la cabeza y me llevé una mano a la cara.
—No es nada —le contesté —¿ya nos vamos?
—Si… Adiós —se despidió Bill, cogiéndome la mano.
—Adiós —me despedí yo también. Seguro la puta y Tom se iban mas tarde. Simone y Gordon se despidieron de nosotros al salir de la cocina.
—Annie, voy por las mochilas, tu coge los cuadernos que te trajo tu madre… están allí —apuntó a una bolsa que había sobre la mesa del comedor.
—Vale —Bill soltó mi mano y comenzó a subir las escaleras a paso rápido. Yo me acerqué a la bolsa, saqué los cuadernos de allí dentro y luego volví a dejar la bolsa sobre la mesa. Bill llegó en ese momento y me dio la mochila. Eché los cuadernos dentro, saqué los otros y luego los puse en la bolsa —ya está —lo miré con una sonrisa. Él miró la hora en el reloj que había en la pared contraria.
—Vamos a llegar temprano.
—Mejor… así no hay tanta gente —asintió y me cogió la mano. La verdad, no quería ir.. No tenía ganas de sentarme a escuchar al profesor. Por suerte Bill iba a estar conmigo.
—Annie… —en ese momento me di cuenta de que Bill estaba frente a mi… Dios, me había quedado pensando como una estúpida. Sentía los ojos un tanto llorosos —¿pasa algo? —me preguntó, apartando el flequillo de mis ojos, yo negué con la cabeza y me llevé una mano a la cara.
—No es nada —le contesté —¿ya nos vamos?
—Si… Adiós —se despidió Bill, cogiéndome la mano.
—Adiós —me despedí yo también. Seguro la puta y Tom se iban mas tarde. Simone y Gordon se despidieron de nosotros al salir de la cocina.
—Annie, voy por las mochilas, tu coge los cuadernos que te trajo tu madre… están allí —apuntó a una bolsa que había sobre la mesa del comedor.
—Vale —Bill soltó mi mano y comenzó a subir las escaleras a paso rápido. Yo me acerqué a la bolsa, saqué los cuadernos de allí dentro y luego volví a dejar la bolsa sobre la mesa. Bill llegó en ese momento y me dio la mochila. Eché los cuadernos dentro, saqué los otros y luego los puse en la bolsa —ya está —lo miré con una sonrisa. Él miró la hora en el reloj que había en la pared contraria.
—Vamos a llegar temprano.
—Mejor… así no hay tanta gente —asintió y me cogió la mano. La verdad, no quería ir.. No tenía ganas de sentarme a escuchar al profesor. Por suerte Bill iba a estar conmigo.
Cerró la puerta tras nosotros.
Si que hacía frío… Pero por lo menos había sol.
Bill me sonrió y comenzamos a caminar hacia la parada de buses.
—¿Kattie se quedó con Tom, no? —le pregunté luego de un momento en que ninguno de los dos dijo nada. —Si.
—Es una puta.
—No sigas con eso, amor… —tiró de mi hasta pegarme a su cuerpo y luego de soltar mi mano, me rodeó con uno de sus brazos.
—¿Recuerdas el día en que Kattie me contó que ustedes habían….? —dejé la frase inconclusa. No quería decirlo. Me daba vergüenza, o no lo sé, no podía decirlo.
—Si —contestó luego de unos segundos más de la cuenta. Se había demorado demasiado en contestar y se había puesto rígido.
—Ella también me dijo que… yo siempre te había gustado. Y que en un principio sólo habían estado juntos para ver si yo terminaba con Dylan… —lo miré. Él tenía la vista clavada en algún punto frente a él —¿es verdad? —ni siquiera de movió. No dijo nada… Ni siquiera abrió un poco la boca, sólo siguió caminando de forma automática, rígido como una roca —y me dijo que luego te habías enamorado de ella —giró la cabeza rápidamente y clavó sus ojos en mi. Me estremecí. Incluso me dio un poco de miedo seguir hablando… Pero lo hice —me… me dijo que se habían enamorado y que todo iba a estar bien… Que tú ibas a estar con ella, porque se amaban… Y que yo iba a estar con Dylan. Y así las cosas iban a mejorar… —Annie… —me cortó —no quiero hablar sobre eso, no me hace sentir bien.
—Pero, Bill… —intenté reprochar.
—No, Annie —suspiró. Luego apartó la vista, mirando sus zapatos —te hice daño… fui tan estúpido y… argh, discúlpame.
—No te preocupes amor, todos cometemos errores.
—Pero te dañé, ¿verdad?
—Si… —respondí —pero ya pasó. Ya se terminó… Ahora todo está bien. Somos felices. Comenzamos de nuevo... —repetí sus palabras. Él asintió —además, aquí la única estúpida soy yo.
Volvió a clavar sus ojos sobre los míos.
Si que hacía frío… Pero por lo menos había sol.
Bill me sonrió y comenzamos a caminar hacia la parada de buses.
—¿Kattie se quedó con Tom, no? —le pregunté luego de un momento en que ninguno de los dos dijo nada. —Si.
—Es una puta.
—No sigas con eso, amor… —tiró de mi hasta pegarme a su cuerpo y luego de soltar mi mano, me rodeó con uno de sus brazos.
—¿Recuerdas el día en que Kattie me contó que ustedes habían….? —dejé la frase inconclusa. No quería decirlo. Me daba vergüenza, o no lo sé, no podía decirlo.
—Si —contestó luego de unos segundos más de la cuenta. Se había demorado demasiado en contestar y se había puesto rígido.
—Ella también me dijo que… yo siempre te había gustado. Y que en un principio sólo habían estado juntos para ver si yo terminaba con Dylan… —lo miré. Él tenía la vista clavada en algún punto frente a él —¿es verdad? —ni siquiera de movió. No dijo nada… Ni siquiera abrió un poco la boca, sólo siguió caminando de forma automática, rígido como una roca —y me dijo que luego te habías enamorado de ella —giró la cabeza rápidamente y clavó sus ojos en mi. Me estremecí. Incluso me dio un poco de miedo seguir hablando… Pero lo hice —me… me dijo que se habían enamorado y que todo iba a estar bien… Que tú ibas a estar con ella, porque se amaban… Y que yo iba a estar con Dylan. Y así las cosas iban a mejorar… —Annie… —me cortó —no quiero hablar sobre eso, no me hace sentir bien.
—Pero, Bill… —intenté reprochar.
—No, Annie —suspiró. Luego apartó la vista, mirando sus zapatos —te hice daño… fui tan estúpido y… argh, discúlpame.
—No te preocupes amor, todos cometemos errores.
—Pero te dañé, ¿verdad?
—Si… —respondí —pero ya pasó. Ya se terminó… Ahora todo está bien. Somos felices. Comenzamos de nuevo... —repetí sus palabras. Él asintió —además, aquí la única estúpida soy yo.
Volvió a clavar sus ojos sobre los míos.
—No eres estúpida, amor... claro que no —me apretó más contra su cuerpo.
—Si lo soy, Bill —miré hacia otro lado —muchas cosas no habrían pasado si yo nunca hubiese estado con Dylan —Bill no dijo nada, simplemente se quedó en silencio —y probablemente no habría estado con Dylan si me hubiese dado cuenta antes de que te gustaba —tragué saliva —ya sabes... o si yo me hubiese dado cuenta de que realmente te amaba. Fue estúpido de mi parte, también, no haberte escuchado.
—Quizás debería habértelo dicho. No fue tu culpa —volvió a insistir.
—Bill, no trates de hacerme sentir bien sé que fue por mi. Soy una ciega —suspiré —me metí donde no debía y acabé mal, de lo peor. Ya ves lo que pasó contigo... o con Chris —murmuré.
—Pero Chris... ¿Por qué él...? ¿qué tiene que ver en esto? —ese momento me di cuenta de que sólo yo sabía que había sido Dylan. Probablemente también lo sabía Chels... aunque no estaba completamente segura de que había sido él, claro está.
—Porque —cerré la boca al instante. Me había comenzado a doler el pecho y los ojos se me habían nublado. No me gustaba sentirme así, pero es que me pasaba cada vez que me acordaba de Chris.
—Tranquila, Annie.
—Es que, pienso que Dylan fue —dejé la frase hasta ese punto. Tampoco me iba a poner a explicarle, no podía hacerlo. Lo miré, nuevamente, mientras sentía como una lágrima se escapaba de uno de mis ojos y caía por mi mejilla. No supe como calificar la expresión de Bill ¿sorpresa?, ¿enojo?, ¿repulsión?... Pero su rostro tenía una mueca de disgusto muy notoria.
—¿Por qué piensas eso? —se detuvo, pues ya habíamos llegado a la parada. Me soltó y se puso frente a mi.
—Porque... es algo enredado —pasó suavemente uno de sus dedos por mi mejilla, limpiando mi lágrima.
—No llores. Si no quieres hablar sobre eso...
—Te lo quiero decir, Bill —lo corté —es solo.. que me cuesta un poco hablar —otra lágrima calló. No quería llorar. Bill enseguida limpió la lágrima y me cogió de una mano. Me aclaré la garganta, intentando pasar un poco más de aire —Dylan se drogaba, creo que tú ya lo sabías —miré al piso, antes de que él pudiese hacer cualquier gesto con el rostro —Chels lo sabía, ella fue quien me lo dijo. Porque... porque Dylan me robaba cosas para conseguir dinero para drogas. Incluso quería drogarme, ella me advirtió.
—Espera, espera —me cortó —¿Qué ese hijo de puta qué? —habló enojado.
—Bill, no pasó nada. Chels me lo dijo antes de que eso pasara —no dijo nada, por lo que decidí seguir con mi explicación —terminé con Dylan en cuanto lo supe. Y él no sé como mierda supo que había sido Chels quien me lo había dicho... pero me dijo que se iba a vengar. Y ese tipo de cosas de gente loca... —bufé, mientras sentía caer otra lágrima Bill volvió a limpiarla —yo no le creí nada de lo que me había dicho. Pero ya ves... —suspiré —la mejor manera de dañar a una persona es dañando a alguien que esa persona ame. Así de paso también me lastimó y se vengó de mi. Mató dos pájaros de un tiro —o mejor dicho mató a sólo uno. Y ese uno, había sido mi Chris. Otra lágrima calló y Bill volvió a repetir lo que anteriormente había hecho.
—¿No se lo has dicho a alguien más? —negué con la cabeza.
—No tengo idea de qué hacer con eso. Seguro a Dylan no le hacen nada —me encogí de hombros —además, ¿de qué me sirve si Chris ya está muerto? —cerré los ojos y volvieron a caer un par de lágrimas más.
—Las cosas no se van a quedar así —soltó mi mano y seguidamente pasó sus dedos sobre mis mejillas. Bajó suavemente por el contorno de mi rostro y me levantó un poco la cara para así poder mirarlo —¿por qué no me lo dijiste a penas terminaste con él?
—Estabas haciendo cosas con Kattie —volví a bajar la mirada.
—Discúlpame.
—No te preocupes —miré tras él. Venía el autobús que nos llevaría a la escuela —mira... —levanté la mano para que el chofer se detuviera. Bill se dio media vuelta y tras cogerme de la mano, caminó hacia la puerta del vehículo y me dejó subir.
Como a esas horas no había casi nadie, busqué dos asientos al final del autobús. Me senté del lado de la ventana y a los segundos llegó Bill a sentarse a mi lado. Aún tenía la sensación de Chris... Aún tenía las ganas de echarme a llorar.
—¿Estás bien? —me preguntó tras haber pasado un rato de completo silencio. Asentí sólo una vez.
—Si, es que... es que no sé —dejé caer mi cabeza hacia el lado, sobre el hombro de mi novio —te quiero.
Doblé mi cabeza hasta enterrarla en su cuello y él enseguida movió una de sus manos hasta mi cabello.
—Te amo.
Cerré los ojos con fuerza, y todo el resto del viaje me preocupé sólo en una cosa: No llorar.
Bill jugaba con mis mechones de cabello, enredándolo en sus dedos suavemente, mientras tarareaba una canción, probablemente para mí.
—Si lo soy, Bill —miré hacia otro lado —muchas cosas no habrían pasado si yo nunca hubiese estado con Dylan —Bill no dijo nada, simplemente se quedó en silencio —y probablemente no habría estado con Dylan si me hubiese dado cuenta antes de que te gustaba —tragué saliva —ya sabes... o si yo me hubiese dado cuenta de que realmente te amaba. Fue estúpido de mi parte, también, no haberte escuchado.
—Quizás debería habértelo dicho. No fue tu culpa —volvió a insistir.
—Bill, no trates de hacerme sentir bien sé que fue por mi. Soy una ciega —suspiré —me metí donde no debía y acabé mal, de lo peor. Ya ves lo que pasó contigo... o con Chris —murmuré.
—Pero Chris... ¿Por qué él...? ¿qué tiene que ver en esto? —ese momento me di cuenta de que sólo yo sabía que había sido Dylan. Probablemente también lo sabía Chels... aunque no estaba completamente segura de que había sido él, claro está.
—Porque —cerré la boca al instante. Me había comenzado a doler el pecho y los ojos se me habían nublado. No me gustaba sentirme así, pero es que me pasaba cada vez que me acordaba de Chris.
—Tranquila, Annie.
—Es que, pienso que Dylan fue —dejé la frase hasta ese punto. Tampoco me iba a poner a explicarle, no podía hacerlo. Lo miré, nuevamente, mientras sentía como una lágrima se escapaba de uno de mis ojos y caía por mi mejilla. No supe como calificar la expresión de Bill ¿sorpresa?, ¿enojo?, ¿repulsión?... Pero su rostro tenía una mueca de disgusto muy notoria.
—¿Por qué piensas eso? —se detuvo, pues ya habíamos llegado a la parada. Me soltó y se puso frente a mi.
—Porque... es algo enredado —pasó suavemente uno de sus dedos por mi mejilla, limpiando mi lágrima.
—No llores. Si no quieres hablar sobre eso...
—Te lo quiero decir, Bill —lo corté —es solo.. que me cuesta un poco hablar —otra lágrima calló. No quería llorar. Bill enseguida limpió la lágrima y me cogió de una mano. Me aclaré la garganta, intentando pasar un poco más de aire —Dylan se drogaba, creo que tú ya lo sabías —miré al piso, antes de que él pudiese hacer cualquier gesto con el rostro —Chels lo sabía, ella fue quien me lo dijo. Porque... porque Dylan me robaba cosas para conseguir dinero para drogas. Incluso quería drogarme, ella me advirtió.
—Espera, espera —me cortó —¿Qué ese hijo de puta qué? —habló enojado.
—Bill, no pasó nada. Chels me lo dijo antes de que eso pasara —no dijo nada, por lo que decidí seguir con mi explicación —terminé con Dylan en cuanto lo supe. Y él no sé como mierda supo que había sido Chels quien me lo había dicho... pero me dijo que se iba a vengar. Y ese tipo de cosas de gente loca... —bufé, mientras sentía caer otra lágrima Bill volvió a limpiarla —yo no le creí nada de lo que me había dicho. Pero ya ves... —suspiré —la mejor manera de dañar a una persona es dañando a alguien que esa persona ame. Así de paso también me lastimó y se vengó de mi. Mató dos pájaros de un tiro —o mejor dicho mató a sólo uno. Y ese uno, había sido mi Chris. Otra lágrima calló y Bill volvió a repetir lo que anteriormente había hecho.
—¿No se lo has dicho a alguien más? —negué con la cabeza.
—No tengo idea de qué hacer con eso. Seguro a Dylan no le hacen nada —me encogí de hombros —además, ¿de qué me sirve si Chris ya está muerto? —cerré los ojos y volvieron a caer un par de lágrimas más.
—Las cosas no se van a quedar así —soltó mi mano y seguidamente pasó sus dedos sobre mis mejillas. Bajó suavemente por el contorno de mi rostro y me levantó un poco la cara para así poder mirarlo —¿por qué no me lo dijiste a penas terminaste con él?
—Estabas haciendo cosas con Kattie —volví a bajar la mirada.
—Discúlpame.
—No te preocupes —miré tras él. Venía el autobús que nos llevaría a la escuela —mira... —levanté la mano para que el chofer se detuviera. Bill se dio media vuelta y tras cogerme de la mano, caminó hacia la puerta del vehículo y me dejó subir.
Como a esas horas no había casi nadie, busqué dos asientos al final del autobús. Me senté del lado de la ventana y a los segundos llegó Bill a sentarse a mi lado. Aún tenía la sensación de Chris... Aún tenía las ganas de echarme a llorar.
—¿Estás bien? —me preguntó tras haber pasado un rato de completo silencio. Asentí sólo una vez.
—Si, es que... es que no sé —dejé caer mi cabeza hacia el lado, sobre el hombro de mi novio —te quiero.
Doblé mi cabeza hasta enterrarla en su cuello y él enseguida movió una de sus manos hasta mi cabello.
—Te amo.
Cerré los ojos con fuerza, y todo el resto del viaje me preocupé sólo en una cosa: No llorar.
Bill jugaba con mis mechones de cabello, enredándolo en sus dedos suavemente, mientras tarareaba una canción, probablemente para mí.
El tiempo se me pasó volando y cuando me quise dar cuenta de donde estábamos, Bill ya se comenzaba a levantar para bajarnos… Como siempre, un caballero, bajó primero y luego me cogió de la mano para ayudarme a bajar. Me sonrió y entrelazamos nuestros dedos para seguidamente comenzar a caminar hacia el edificio.

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