CAPITULO 30
Luego de bajarme del autobús con Tom, me despedí de él con un beso en la mejilla y me eché a correr la calle que me quedaba hacia mi casa.
Los segundos se me pasaron extremadamente lentos. Tenía la impresión de que jamás iba a llegar y era desesperante.
En cuanto llegué a la puerta, mi madre la abrió de golpe, dejándome con la mano estirada.
Me di cuenta de que ella tenía los ojos rojos. Seguramente había estado llorando. Y si había estado llorando, quería decir que lo que le había pasado a Chris era grave. O bien, mirándolo desde el lado positivo... ella podría haber exagerado todo. A mi hermano no le podía pasar nada malo No me lo imaginaba en un hospital.
—¿Qué pasó? —le pregunté al instante. Ella abrió la boca y fue a decir algo. Me di cuenta de que el labio inferior le temblaba levemente.
—Chris no está bien... Entra —me indicó mi madre, dejándome un espacio para pasar. Cerró la puerta tras mi paso.
—¿Pero qué fue lo que ocurrió? —me quité la mochila, dejándola caer a un lado de mi cuerpo.
—Lo golpearon. No llegó anoche a casa —su voz estaba rota y temblaba Se iba a echar a llorar en cualquier momento —y lo encontraron hoy en la mañana...
—No... Mamá —me llevé automáticamente una mano a la boca.
—Ahora iba saliendo al hospital. Venía a buscar algunas cosas... y a buscarte.
—Vamos... Me apresuré en decir.
Salimos de la casa rápidamente y nos subimos en el coche.
Mi madre lo encendió y lo puso en marcha.
Como estaba en shock, en una situación en que no podía pensar, ni sabía como reaccionar, decidí preguntar el estado de mi hermano.
—¿Y cómo está?
—Al parecer la intención de las personas que lo golpearon fue matarlo —soltó de sopetón ¿Pero quién podría hacer algo así? ¿Y porqué? —le dieron un fuerte golpe en la cabeza, le rompieron tres costillas, tiene una fractura en el brazo derecho y en la pierna... no recuerdo que pierna. Además de heridas en el cuerpo, tajos en el abdomen y golpes. Muchos golpes.
Me entraron ganas de llorar, pero intenté reprimir las lágrimas. Estos momentos eran donde uno tenía que ser fuerte, o al menos aparentar serlo.
Mi madre ya estaba llorando, y decidí no mirarla aunque ya se me comenzaba a nublar la vista. No iba a tardar en estar igual que ella.
—El golpe en la cabeza fue lo peor... bueno, los golpes... —añadió. Estaba reprimiendo un sollozo, pude notarlo —está en estado de coma —susurró.
Me quedé de piedra.
Chris, mi hermano, estaba en coma. Mi Chris estaba en coma.
¿Quién le podría haber hecho eso? Él jamás se había buscado problemas de ese tipo. Él... Él era mi ejemplo, él era la persona perfecta, mi ídolo, yo siempre había querido ser como Chris. Y este era un golpe realmente bajo... No podía ser que él estuviese así.
Anoche estaba bien, de lo mejor, con ánimos de salir a ver su novia. Sólo había ido a ver a su novia... Y no había vuelto.
Esperen un... segundo.
Chels ¿cómo estaba ella? ¿Le habrían hecho algo a ella también?
—¿Y Chels? —le pregunté rápidamente a mi madre, cerrando lo ojos e intentando tranquilizarme de alguna manera.
—Está en el hospital. Dijo que Chris jamás llegó a su casa
—Ah, abriré la ventana —le avisé. Luego apreté el botón y el vidrio se bajo, dejando pasar el aire. Realmente quería llorar.
Ya no aguantaba. ¿Porqué me pasaba todo a mi?
No era justo. ¿Porqué mi hermano?
Ya estaba harta de cosas malas, no quería seguir con malas noticias ni con tragedias. Ya nada podía ser peor ¿O es que ahora venía que mi hermano se moría? ¿O que mamá chocaba el coche?, ¿mi casa se quemaba? Pff. La verdad es que ya esperaba cualquier cosa.
Me llevé una mano a la cabeza y la moví de forma circular un par de veces. Dios, mi hermano.
Tenía que verlo, saber como estaba, saber su estado... Tenía que hacer algo No me podía quedar así como si nada.
Aunque tampoco podía hacer mucho, que digamos. No era médico ni nada por el estilo.
Pero lo que si podía hacer, era averiguar quienes le habían hecho eso a mi hermano. Y luego.. hacer algo. No sabía el qué, pero había que hacerlo.
Dios, estoy cada día más mal de la cabeza. Iba a terminar por volverme loca.
Mi madre detuvo el coche y enseguida abrió la puerta para bajarse. Yo la imité y comenzamos a caminar hacia la entrada.
Abracé a mamá, quizás para hacerla sentir mejor. Aunque dudaba que mi abrazo tuviera algún efecto calmado en ella. Incluso me daban más ganas de llorar.
Nos dirigimos hacia los ascensores a paso rápido, mi madre apretó uno de los botones y luego las puertas se cerraron frente a nosotros. Pude ver mi reflejo. No me veía nada bien.
En cuanto llegué a la puerta, mi madre la abrió de golpe, dejándome con la mano estirada.
Me di cuenta de que ella tenía los ojos rojos. Seguramente había estado llorando. Y si había estado llorando, quería decir que lo que le había pasado a Chris era grave. O bien, mirándolo desde el lado positivo... ella podría haber exagerado todo. A mi hermano no le podía pasar nada malo No me lo imaginaba en un hospital.
—¿Qué pasó? —le pregunté al instante. Ella abrió la boca y fue a decir algo. Me di cuenta de que el labio inferior le temblaba levemente.
—Chris no está bien... Entra —me indicó mi madre, dejándome un espacio para pasar. Cerró la puerta tras mi paso.
—¿Pero qué fue lo que ocurrió? —me quité la mochila, dejándola caer a un lado de mi cuerpo.
—Lo golpearon. No llegó anoche a casa —su voz estaba rota y temblaba Se iba a echar a llorar en cualquier momento —y lo encontraron hoy en la mañana...
—No... Mamá —me llevé automáticamente una mano a la boca.
—Ahora iba saliendo al hospital. Venía a buscar algunas cosas... y a buscarte.
—Vamos... Me apresuré en decir.
Salimos de la casa rápidamente y nos subimos en el coche.
Mi madre lo encendió y lo puso en marcha.
Como estaba en shock, en una situación en que no podía pensar, ni sabía como reaccionar, decidí preguntar el estado de mi hermano.
—¿Y cómo está?
—Al parecer la intención de las personas que lo golpearon fue matarlo —soltó de sopetón ¿Pero quién podría hacer algo así? ¿Y porqué? —le dieron un fuerte golpe en la cabeza, le rompieron tres costillas, tiene una fractura en el brazo derecho y en la pierna... no recuerdo que pierna. Además de heridas en el cuerpo, tajos en el abdomen y golpes. Muchos golpes.
Me entraron ganas de llorar, pero intenté reprimir las lágrimas. Estos momentos eran donde uno tenía que ser fuerte, o al menos aparentar serlo.
Mi madre ya estaba llorando, y decidí no mirarla aunque ya se me comenzaba a nublar la vista. No iba a tardar en estar igual que ella.
—El golpe en la cabeza fue lo peor... bueno, los golpes... —añadió. Estaba reprimiendo un sollozo, pude notarlo —está en estado de coma —susurró.
Me quedé de piedra.
Chris, mi hermano, estaba en coma. Mi Chris estaba en coma.
¿Quién le podría haber hecho eso? Él jamás se había buscado problemas de ese tipo. Él... Él era mi ejemplo, él era la persona perfecta, mi ídolo, yo siempre había querido ser como Chris. Y este era un golpe realmente bajo... No podía ser que él estuviese así.
Anoche estaba bien, de lo mejor, con ánimos de salir a ver su novia. Sólo había ido a ver a su novia... Y no había vuelto.
Esperen un... segundo.
Chels ¿cómo estaba ella? ¿Le habrían hecho algo a ella también?
—¿Y Chels? —le pregunté rápidamente a mi madre, cerrando lo ojos e intentando tranquilizarme de alguna manera.
—Está en el hospital. Dijo que Chris jamás llegó a su casa
—Ah, abriré la ventana —le avisé. Luego apreté el botón y el vidrio se bajo, dejando pasar el aire. Realmente quería llorar.
Ya no aguantaba. ¿Porqué me pasaba todo a mi?
No era justo. ¿Porqué mi hermano?
Ya estaba harta de cosas malas, no quería seguir con malas noticias ni con tragedias. Ya nada podía ser peor ¿O es que ahora venía que mi hermano se moría? ¿O que mamá chocaba el coche?, ¿mi casa se quemaba? Pff. La verdad es que ya esperaba cualquier cosa.
Me llevé una mano a la cabeza y la moví de forma circular un par de veces. Dios, mi hermano.
Tenía que verlo, saber como estaba, saber su estado... Tenía que hacer algo No me podía quedar así como si nada.
Aunque tampoco podía hacer mucho, que digamos. No era médico ni nada por el estilo.
Pero lo que si podía hacer, era averiguar quienes le habían hecho eso a mi hermano. Y luego.. hacer algo. No sabía el qué, pero había que hacerlo.
Dios, estoy cada día más mal de la cabeza. Iba a terminar por volverme loca.
Mi madre detuvo el coche y enseguida abrió la puerta para bajarse. Yo la imité y comenzamos a caminar hacia la entrada.
Abracé a mamá, quizás para hacerla sentir mejor. Aunque dudaba que mi abrazo tuviera algún efecto calmado en ella. Incluso me daban más ganas de llorar.
Nos dirigimos hacia los ascensores a paso rápido, mi madre apretó uno de los botones y luego las puertas se cerraron frente a nosotros. Pude ver mi reflejo. No me veía nada bien.
Me di cuenta de que esto había sido mi presentimiento.
Las puertas se volvieron a abrir y salimos fuera. Luego comenzamos a caminar por el pasillo de la derecha. Yo solo la seguía, pues no sabía donde estaba. Una vez allá, me di cuenta de que papá, la abuela, las hermanas de mamá y Chels, ya estaban aquí. Sentados en unos sillones y con caras de preocupación. Chels también lloraba… Y eso era obvio. Chris era su novio, ella lo amaba… Ellos le había hecho mucho daño al…
Oh, no.
Esto estaba ya claro en mi cabeza.
Chris, Chels… Dylan. Ahora todo encajaba.
¿Y si había sido Dylan? Era era muy probable. Él se quería vengar de Chels por haberme contado que él andaba en ese royo de las drogas... me lo había dicho. Jamás había pensado que lo haría y sería de esa forma dañando a mi hermano.
Las puertas se volvieron a abrir y salimos fuera. Luego comenzamos a caminar por el pasillo de la derecha. Yo solo la seguía, pues no sabía donde estaba. Una vez allá, me di cuenta de que papá, la abuela, las hermanas de mamá y Chels, ya estaban aquí. Sentados en unos sillones y con caras de preocupación. Chels también lloraba… Y eso era obvio. Chris era su novio, ella lo amaba… Ellos le había hecho mucho daño al…
Oh, no.
Esto estaba ya claro en mi cabeza.
Chris, Chels… Dylan. Ahora todo encajaba.
¿Y si había sido Dylan? Era era muy probable. Él se quería vengar de Chels por haberme contado que él andaba en ese royo de las drogas... me lo había dicho. Jamás había pensado que lo haría y sería de esa forma dañando a mi hermano.
Porque claro, si lo dañaba a él, también de paso dañaba a Chels y a mi. Y a mi familia. Estúpido Dylan. ¿No podía ser una persona normal?
Me tensé. Y sentí como la rabia comenzaba a crecer en mi interior. Dylan. Ese estúpido... ¿Cómo lo pude haber querido? Ahora le hacía esto a mi hermano.
Aunque claro, esto era sólo una hipótesis. No era seguro que Dylan hubiese sido. Pero es que todo coincidía perfectamente. Y si no, ¿quién más? No tenía idea. A lo mejor era gente que ni siquiera conocía o que se yo.
Pero no, estaba casi segura de que había sido Dylan. E iba a sostenerme en esa posición.
Me acerqué a cada miembro de mi familia allí presentes y los saludé a todos con un beso. A mi padre le di un abrazo, él había vuelto a Alemania únicamente por lo de Chris, ya que estaba por viajes de trabajo en Francia. Luego, seguramente, se volvía a Francia a seguir con todo y terminar rápido.
Por último, me dirigí hacia el sillón donde estaba Chels. Estaba apartada de todos, en una esquina Y lloraba. Puesto a que su cuerpo temblaba y se convulsionaba. Tenía los codos afirmados en sus rodillas, y su cabeza entre sus manos, mirando hacia abajo. El cabello le cubría el rostro, por lo que no pude ver su expresión.
Me senté a su lado. Ella notó mi presencia y alzó la vista. Clavó sus ojos en mí. Estaban rojos y reflejaban dolor. Mucho dolor.
Me entraron aún más ganas de llorar y no pude hacer nada más que abrazarla. Ella igualmente me abrazó y apoyó su cabeza en mi hombro, mientras comenzaba a llorar más fuerte.
Me mordí el labio inferior.
Dios, Chris. Mi Crhis, mi hermano
No quería llorar. Pero es que... no lo soportaba.
Una lágrima calló de uno de mis ojos. Ahora ya no podría contenerme más. Reprimí un sollozo, mientras las lágrimas comenzaban a caer rápidamente. Me costaba respirar... Sentía una fuerte presión en el pecho.
No supe cuanto tiempo pasó. Pero se me hizo eterno. Ahora sólo quedábamos mi padre, Chels y yo en esa pequeña salita de espera. Mamá había ido a dejar a la abuela a casa. Había insistido en llevarme, pero yo no me quería ir de allí.
No nos habían dejado pasar a ver a Chris. La única persona que había entrado había sido mi padre. Ya que mi madre entraba en pánico y a Chels y a mi no nos dejaron entrar.
Ya se me habían quitado las ganas de llorar. Ahora solamente quedaba esperar. Ya era de noche, pero yo no me iba a ir del hospital.
Le di un sorbo a mi café y seguidamente miré a Chels, quien hacía lo mismo que yo. Ella también había dejado de llorar. La había hecho entrar en razón y había coincidido conmigo en que ahora sólo había que esperar a que él se curara y despertara. Porque iba a despertar.
Mañana no iba a la escuela, ya se lo había dicho a mi madre y ella me había dejado faltar. Vamos, que esta era un situación grave.
Pegué un salto al sentir algo vibrando en mi pierna.
Me levanté del sillón, dejando el café en una pequeña mesita con revisas que había al lado de éste. Seguidamente me saqué el móvil del bolsillo y contesté.
—¿Hola? —dije mientras comenzaba a caminar hacia el ventanal, al finar del pasillo. Me di cuenta de que no había mirado quien era antes de contestar.
—Anne, ¿Cómo estás? —era Tom.
—N... no lo sé.
—¿Cómo está tu hermano? —me hubiese encantado contestarle un bien, no fue nada o bien, mucho mejor:
—Está en coma.
Silencio. Tom no dijo nada durante unos cuantos segundos más de la cuenta.
—Lo siento.
—Se pondrá bien —mi voz tembló un poco.
—Si —en ese momento llegué al inmenso ventanal. Desde allí se podía ver el lado norte de la ciudad. Estaba lleno de luces.
—Las primeras horas son... importantes. Y aún no pasa lo necesario. Los médicos tienen que ver como reacciona su organismo y ese tipo de cosas que no entiendo. De su cabeza, de los golpes... podría tener daños internos. Le hicieron exámenes —le comenté.
—Pero se pondrá bien.
—Si.
—¿Qué fue lo que le ocurrió?
—Lo golpearon.
—¿Y no saben quienes fueron?
—No —me apresuré en decir —pero tengo mis sospechas.
—¿Quién? —me preguntó.
—Luego te digo.
—Vale —nos quedamos durante unos segundos en silencio —¿quieres hablar con Bill? Él quiere hablar cont...
—No —lo corté —no estoy de humor, no quiero problemas.
—Vale, entonces... dice que te da saludos, que ojala tu hermano se recupere pronto y que estés bien.
Siempre tan atento. Como me hubiese gustado tenerlo aquí conmigo, en este momento Seguramente él hubiese sabido consolarme... como siempre. Suspiré y no le contesté nada. Hasta que algo se me vino a la cabeza.
Me tensé. Y sentí como la rabia comenzaba a crecer en mi interior. Dylan. Ese estúpido... ¿Cómo lo pude haber querido? Ahora le hacía esto a mi hermano.
Aunque claro, esto era sólo una hipótesis. No era seguro que Dylan hubiese sido. Pero es que todo coincidía perfectamente. Y si no, ¿quién más? No tenía idea. A lo mejor era gente que ni siquiera conocía o que se yo.
Pero no, estaba casi segura de que había sido Dylan. E iba a sostenerme en esa posición.
Me acerqué a cada miembro de mi familia allí presentes y los saludé a todos con un beso. A mi padre le di un abrazo, él había vuelto a Alemania únicamente por lo de Chris, ya que estaba por viajes de trabajo en Francia. Luego, seguramente, se volvía a Francia a seguir con todo y terminar rápido.
Por último, me dirigí hacia el sillón donde estaba Chels. Estaba apartada de todos, en una esquina Y lloraba. Puesto a que su cuerpo temblaba y se convulsionaba. Tenía los codos afirmados en sus rodillas, y su cabeza entre sus manos, mirando hacia abajo. El cabello le cubría el rostro, por lo que no pude ver su expresión.
Me senté a su lado. Ella notó mi presencia y alzó la vista. Clavó sus ojos en mí. Estaban rojos y reflejaban dolor. Mucho dolor.
Me entraron aún más ganas de llorar y no pude hacer nada más que abrazarla. Ella igualmente me abrazó y apoyó su cabeza en mi hombro, mientras comenzaba a llorar más fuerte.
Me mordí el labio inferior.
Dios, Chris. Mi Crhis, mi hermano
No quería llorar. Pero es que... no lo soportaba.
Una lágrima calló de uno de mis ojos. Ahora ya no podría contenerme más. Reprimí un sollozo, mientras las lágrimas comenzaban a caer rápidamente. Me costaba respirar... Sentía una fuerte presión en el pecho.
No supe cuanto tiempo pasó. Pero se me hizo eterno. Ahora sólo quedábamos mi padre, Chels y yo en esa pequeña salita de espera. Mamá había ido a dejar a la abuela a casa. Había insistido en llevarme, pero yo no me quería ir de allí.
No nos habían dejado pasar a ver a Chris. La única persona que había entrado había sido mi padre. Ya que mi madre entraba en pánico y a Chels y a mi no nos dejaron entrar.
Ya se me habían quitado las ganas de llorar. Ahora solamente quedaba esperar. Ya era de noche, pero yo no me iba a ir del hospital.
Le di un sorbo a mi café y seguidamente miré a Chels, quien hacía lo mismo que yo. Ella también había dejado de llorar. La había hecho entrar en razón y había coincidido conmigo en que ahora sólo había que esperar a que él se curara y despertara. Porque iba a despertar.
Mañana no iba a la escuela, ya se lo había dicho a mi madre y ella me había dejado faltar. Vamos, que esta era un situación grave.
Pegué un salto al sentir algo vibrando en mi pierna.
Me levanté del sillón, dejando el café en una pequeña mesita con revisas que había al lado de éste. Seguidamente me saqué el móvil del bolsillo y contesté.
—¿Hola? —dije mientras comenzaba a caminar hacia el ventanal, al finar del pasillo. Me di cuenta de que no había mirado quien era antes de contestar.
—Anne, ¿Cómo estás? —era Tom.
—N... no lo sé.
—¿Cómo está tu hermano? —me hubiese encantado contestarle un bien, no fue nada o bien, mucho mejor:
—Está en coma.
Silencio. Tom no dijo nada durante unos cuantos segundos más de la cuenta.
—Lo siento.
—Se pondrá bien —mi voz tembló un poco.
—Si —en ese momento llegué al inmenso ventanal. Desde allí se podía ver el lado norte de la ciudad. Estaba lleno de luces.
—Las primeras horas son... importantes. Y aún no pasa lo necesario. Los médicos tienen que ver como reacciona su organismo y ese tipo de cosas que no entiendo. De su cabeza, de los golpes... podría tener daños internos. Le hicieron exámenes —le comenté.
—Pero se pondrá bien.
—Si.
—¿Qué fue lo que le ocurrió?
—Lo golpearon.
—¿Y no saben quienes fueron?
—No —me apresuré en decir —pero tengo mis sospechas.
—¿Quién? —me preguntó.
—Luego te digo.
—Vale —nos quedamos durante unos segundos en silencio —¿quieres hablar con Bill? Él quiere hablar cont...
—No —lo corté —no estoy de humor, no quiero problemas.
—Vale, entonces... dice que te da saludos, que ojala tu hermano se recupere pronto y que estés bien.
Siempre tan atento. Como me hubiese gustado tenerlo aquí conmigo, en este momento Seguramente él hubiese sabido consolarme... como siempre. Suspiré y no le contesté nada. Hasta que algo se me vino a la cabeza.
—Tom, no alcanzaste a decírmelo ¿Cuál es la parte de la historia que yo no sé?
—Ah, la cosa... luego te digo. Ahora, ahora tengo que ir a comer, hablamos —dijo rápidamente. El muy estúpido no me lo quería decir.
—Vale, pero me lo dices, adiós.
—Adiós —dejé salir un ruido de entre mis labios y seguidamente corté.
Me había dejado con toda la duda y la intriga. Pero se lo iba a devolver.
Me volví a echar el móvil al bolsillo y le dirigí una última mirada a la ciudad que se extendía allí abajo. O más bien a todas esas luces que brillaban entre la oscuridad de la noche.
No había estrellas, no había luna No había nada en el cielo más que oscuridad.
Me di media vuelta y miré a Chels y a mi padre el otro lado del pasillo. Ella seguía sosteniendo los dos vasos, con la mirada clavada en la puerta de la habitación donde se encontraba mi hermano y papá hablaba por el móvil, con una mano metida en el bolsillo, mientras se paseaba de un lado a otro en el pasillo.
Caminé hacia ellos y una vez allí, me lancé sobre el sillón y cogí el café que Chels me tendía. Me lo llevé a la boca, probé un sorbo. La lengua y los labios me ardieron. Luego tragué... pude sentir como mi estómago se calentaba.
Alejé el vaso de mi boca y miré a mi acompañante.
—¿Aún no sale? —pregunté refiriéndome al doctor que había entrado hacía ya unos cuantos minutos a la habitación donde estaba Chris.
—No —dijo a la vez que negaba con la cabeza.
—Se pondrá bien —le di ánimos Intenté sonreírle. Ella me imitó.
—¡Hija! —ambas nos sobresaltamos producto de ese grito que había retumbado por todo el pasillo Ya que el hospital estaba en completo silencio. Miramos en la dirección proveniente y pude ver a la madre de Chels viniendo hacia nosotras a paso rápido —hola —nos saludó a las dos con un beso en la mejilla. Chles y yo nos levantamos y ella abrazó a su madre.
—Hola —le contesté.
—¿Cómo está Chris? —preguntó rápidamente. Entonces, sentí como una mano se posaba en mi hombro. Me sobresalté un poco, pero luego comprendí de quien se trataba.
—Hola, Martha —saludó papá a la madre de Chels.
—Hola —lo saludó ella —¿cómo está Chris? —volvió a hacer la pregunta.
Con un movimiento del hombro, quité la mano de mi padre y comencé a caminar nuevamente hacia la gran ventana.
—No hay novedades —fue lo último que escuché decir a mi padre
Una vez llegué a la ventana, afirmé mis manos en el vidrio y tras soltar un largo suspiro me senté en el pequeño borde que sobresalía.
Quería llorar. No me gustaba el momento por el que estaba pasando. ¿Porqué todo era una gran mierda? Todo me pasaba a mi. ¿Porqué? Aunque claro, hubiese preferido ser yo antes que Chris. Así se acababan de una vez todos mis problemas. Pero él... él estaba bien, era feliz. Él tenía novia, amigos, no le faltaba nada... merecía estar en mi lugar. Y juro que habría dado lo que fuese para poder estar en el suyo.
Suspiré nuevamente y me mordí el labio inferior. Ahora no podía llorar. Luego Chels también lo iba a hacer y se volvería a armar un escándalo. No quería eso. Tenía que contenerme, tenía que ser fuerte.
Yo sabía, que en el fondo, quería que cierta persona estuviera conmigo, acompañándome. Pero no podía ser... él no podía venir, yo no lo quería ver. Y eso me ponía aún más nerviosa de lo que ya estaba.
No tengo idea de cuanto tiempo me quedé en esa misma posición, pensando. Tampoco me importó. Pero cuando los ojos ya se me comenzaban a cerrar, me levanté de allí y a paso lento me dirigí hacia el sillón donde mi padre estaba sentado. Chels y su madre estaban en otro.
Boté el vaso de cartón vació en un papelero y luego me dejé caer al lado de mi padre.
—Tu madre ya viene —me avisó. Yo sólo asentí y seguidamente me abracé a él, pegándome como una lapa.
Él me rodeó con sus brazos y yo escondí mi cabeza en su chaqueta. Cerré los ojos, estaba más que cansada. Y con la angustia que sentía... no daba para más.
—¡Se muere, se muere!, ¡llama a un doctor! ¡enfermera! —me levanté de un salto del asiento, tras haber despertado con esos gritos. Me mareé, y casi quedo ciega al abrir los ojos. El sol me dio a la cara y los ojos me ardieron. Aún así, abrí los ojos y miré en todas direcciones en busca de algo. Escuché sollozos, gritos, maldiciones No me gustó.
Enseguida descubrí de qué se trataba.
Me faltó el aire, comencé a tiritar, el corazón se me detuvo, me ardió la cara, los ojos se me nublaron, me sentí débil, caí sentada en el sillón nuevamente al no poder mantenerme en pie. Estaba completamente tensa.
Miré a toda la gente que allí había.
Mi madre gritaba entre los brazos de mi padre... mi abuela, con un pañuelo en la boca, abrazaba a la hermana de mamá, mi tía. Chels lloraba a gritos en el hombro de su madre y un chico, amigo de Chris, estaba como una roca, de pie en una esquina, pálido.
—Vale, pero me lo dices, adiós.
—Adiós —dejé salir un ruido de entre mis labios y seguidamente corté.
Me había dejado con toda la duda y la intriga. Pero se lo iba a devolver.
Me volví a echar el móvil al bolsillo y le dirigí una última mirada a la ciudad que se extendía allí abajo. O más bien a todas esas luces que brillaban entre la oscuridad de la noche.
No había estrellas, no había luna No había nada en el cielo más que oscuridad.
Me di media vuelta y miré a Chels y a mi padre el otro lado del pasillo. Ella seguía sosteniendo los dos vasos, con la mirada clavada en la puerta de la habitación donde se encontraba mi hermano y papá hablaba por el móvil, con una mano metida en el bolsillo, mientras se paseaba de un lado a otro en el pasillo.
Caminé hacia ellos y una vez allí, me lancé sobre el sillón y cogí el café que Chels me tendía. Me lo llevé a la boca, probé un sorbo. La lengua y los labios me ardieron. Luego tragué... pude sentir como mi estómago se calentaba.
Alejé el vaso de mi boca y miré a mi acompañante.
—¿Aún no sale? —pregunté refiriéndome al doctor que había entrado hacía ya unos cuantos minutos a la habitación donde estaba Chris.
—No —dijo a la vez que negaba con la cabeza.
—Se pondrá bien —le di ánimos Intenté sonreírle. Ella me imitó.
—¡Hija! —ambas nos sobresaltamos producto de ese grito que había retumbado por todo el pasillo Ya que el hospital estaba en completo silencio. Miramos en la dirección proveniente y pude ver a la madre de Chels viniendo hacia nosotras a paso rápido —hola —nos saludó a las dos con un beso en la mejilla. Chles y yo nos levantamos y ella abrazó a su madre.
—Hola —le contesté.
—¿Cómo está Chris? —preguntó rápidamente. Entonces, sentí como una mano se posaba en mi hombro. Me sobresalté un poco, pero luego comprendí de quien se trataba.
—Hola, Martha —saludó papá a la madre de Chels.
—Hola —lo saludó ella —¿cómo está Chris? —volvió a hacer la pregunta.
Con un movimiento del hombro, quité la mano de mi padre y comencé a caminar nuevamente hacia la gran ventana.
—No hay novedades —fue lo último que escuché decir a mi padre
Una vez llegué a la ventana, afirmé mis manos en el vidrio y tras soltar un largo suspiro me senté en el pequeño borde que sobresalía.
Quería llorar. No me gustaba el momento por el que estaba pasando. ¿Porqué todo era una gran mierda? Todo me pasaba a mi. ¿Porqué? Aunque claro, hubiese preferido ser yo antes que Chris. Así se acababan de una vez todos mis problemas. Pero él... él estaba bien, era feliz. Él tenía novia, amigos, no le faltaba nada... merecía estar en mi lugar. Y juro que habría dado lo que fuese para poder estar en el suyo.
Suspiré nuevamente y me mordí el labio inferior. Ahora no podía llorar. Luego Chels también lo iba a hacer y se volvería a armar un escándalo. No quería eso. Tenía que contenerme, tenía que ser fuerte.
Yo sabía, que en el fondo, quería que cierta persona estuviera conmigo, acompañándome. Pero no podía ser... él no podía venir, yo no lo quería ver. Y eso me ponía aún más nerviosa de lo que ya estaba.
No tengo idea de cuanto tiempo me quedé en esa misma posición, pensando. Tampoco me importó. Pero cuando los ojos ya se me comenzaban a cerrar, me levanté de allí y a paso lento me dirigí hacia el sillón donde mi padre estaba sentado. Chels y su madre estaban en otro.
Boté el vaso de cartón vació en un papelero y luego me dejé caer al lado de mi padre.
—Tu madre ya viene —me avisó. Yo sólo asentí y seguidamente me abracé a él, pegándome como una lapa.
Él me rodeó con sus brazos y yo escondí mi cabeza en su chaqueta. Cerré los ojos, estaba más que cansada. Y con la angustia que sentía... no daba para más.
—¡Se muere, se muere!, ¡llama a un doctor! ¡enfermera! —me levanté de un salto del asiento, tras haber despertado con esos gritos. Me mareé, y casi quedo ciega al abrir los ojos. El sol me dio a la cara y los ojos me ardieron. Aún así, abrí los ojos y miré en todas direcciones en busca de algo. Escuché sollozos, gritos, maldiciones No me gustó.
Enseguida descubrí de qué se trataba.
Me faltó el aire, comencé a tiritar, el corazón se me detuvo, me ardió la cara, los ojos se me nublaron, me sentí débil, caí sentada en el sillón nuevamente al no poder mantenerme en pie. Estaba completamente tensa.
Miré a toda la gente que allí había.
Mi madre gritaba entre los brazos de mi padre... mi abuela, con un pañuelo en la boca, abrazaba a la hermana de mamá, mi tía. Chels lloraba a gritos en el hombro de su madre y un chico, amigo de Chris, estaba como una roca, de pie en una esquina, pálido.
Tensé la mandíbula, apreté los dientes. Entonces unos médicos entraron en la habitación. Cogí aire, me mordí el labio inferior.
No. No. No. No. No. Esto no podía estar pasando.
Miré hacia otro lado, pasándome la mano por los ojos, derramando lágrimas…
Entonces, mi vista se fijó en alguien que venía hacia mi, alguien a quién realmente necesitaba.
No. No. No. No. No. Esto no podía estar pasando.
Miré hacia otro lado, pasándome la mano por los ojos, derramando lágrimas…
Entonces, mi vista se fijó en alguien que venía hacia mi, alguien a quién realmente necesitaba.

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