05 septiembre, 2013

Automatic /Capítulo 9


Viernes… ya hacía una semana que estaba en territorio alemán.
Y no tenía ganas de despertar, o más bien, abrir los ojos… pues ya estaba despierta.

Hoy si iba a clases. Papá me había dicho que ya estaba mejor, pero tenía que cuidarme. Me había prohibido abrir la ventana de la habitación, estando yo dentro… También, me dijo que tenía que abrigarme bien, pues se venía una ola de frío. 

Con pereza, abrí los ojos lentamente ¿cómo es que no había escuchado la alarma del despertador? buah, a lo mejor se me había olvidado ponerla. Entonces… ¡era tarde! me incorporé tan rápido en la cama, que mi cerebro se sacudió en mi cráneo con violencia, y no exagero. Me quité las sábanas que tenía enredadas en las piernas y luego de refregarme los ojos y bostezar, me levanté rápidamente y corrí hacia mi móvil. Le dí a cualquier botón y miré a la hora. 

En 5 minutos entraba a clases… iba a llegar atrasada. Que buen comienzo, Karla; me dije a mi misma. Y es que había entrado el lunes a clases y el miércoles ya estaba enferma… faltaba por dos días y luego llegaba tarde. Genial. Estupendo. 

Corrí por toda la habitación buscando la ropa y arreglando las cosas, luego me metí a la ducha y me vestí. Volví a correr por la habitación buscando algo para atarme el cabello… y sin maquillarme, ni nada, me puse el abrigo y corrí escaleras abajo. No quise ir a saludar a papá, pues se iba a dar cuenta de que salía con el cabello mojado y me iba a regañar.

—¡Adiós, pá! ¡voy atrasada! —le grité saliendo por la puerta. Él no me contestó. No estaba… se había ido. Pff. Cerré la puerta y luego me eché a correr hacia la parada de autobuses. Apenas alcancé a correr cuatro casas y ya estaba cansada. Así que seguí caminando. Metí las manos en mis bolsillos y comencé a patear una pequeña piedrecilla que encontré en el camino, mientras pensaba en mis cosas.

Hasta que se me ocurrió alzar la vista. Y me topé con unas… siete u ocho chicas bien abrigadas y en gran variedad, desde las vestidas con todo de negro hasta las muy “pinky rosa rubias”, sentadas en el césped que había frente a la casa de los gemelos y Simone. Fruncí el ceño y las miré. Tenían pinta de ser de esas chicas un poco… hijas de mami y papi. 

Ellas también me miraron, mientras yo pasaba. Hasta que una me gritó:

—Hey, tú ¿sabes inglés? —Me detuve al instante y la miré. Qué rubia… jo, que la miraba un segundo más y quedaba ciega.
—Claro —le contesté. 
—¿Nos tomas una fotografía?
—Vale —me acerqué a ella y cogí la cámara que me tendía. Las chicas se amontonaron todas frente a la casa, algunas señalando, haciendo muecas con la boca abierta y ese tipo de cosas —ya —flashaso. Les saqué la foto y luego les fui a dar la cámara.
—Otra más —gritó una —por las dudas —suspiré ¡estaba atrasada! pero como soy una tremenda idiota, volví a retroceder unos pasos y les tomé otra foto.
—Esta está bien —les dije. Entonces todas se amontonaron a mi alrededor a ver la fotografía. Era como si yo fuese la dueña de la cámara. Me sentí muy… extraña. Además, hablaban con sus voces estridentes y eso hacía que los oídos me pitaran. Me molestaba. 
—¿Sabes si Bill y Tom están aquí? —me preguntó una chica. Yo la mire y me encogí de hombros. 
—No lo sé. Pero creo que es un poco desconsiderado de su parte venir tan temprano… los despertarán. 
—¡Para nada! —me contradijo otra de las chicas —tú no tienes que decirnos que hacer, ¿sabes? venimos de Nueva York solo para ver a esos gemelos, ¿te enteras? y nos vamos a quedar aquí hasta que salgan por esa puerta y nos firmen todo —le tendí la cámara a una de las otras chicas y alcé las cejas.
—Como digas. 
—¿Los conoces? —me preguntó otra. Dudé un momento en qué contestar. Pero gracias al cielo, otra chica cambió la pregunta de la anterior. 
—¿A dónde vas?
—A la escuela —terminé a oración casi en una pregunta —y voy a llegar atrasada así que… —intenté salirme del círculo de gente donde estaba metida. Pero ellas no me dejaron salir ¡eran caníbales! y yo iba a llegar atrasada.
—No, no… espera un poco. No nos respondiste una pregunta… ¿los conoces? 
—No en persona —mentí —sólo soy una fan… como ustedes —seguí, sintiéndome cada vez más atrapada entre ellas.
—Sabes que no te creo nada —soltó una —sólo te queremos pedir otro favor… luego puedes irte —me sonrió. Yo hice una extraña mueca, intentando devolverle la sonrisa.
—¿Qué favor…?
—Hacer salir a los gemelos —dijo una riendo coquetamente, llevándose las manos a la cara. Ojala saliera Bill… para que se dieran cuenta de que no era tan genial como se veía en las fotos. 
—¿Y yo como voy a…?
—Los conoces. Sólo pica a la puerta, les dices que te abran, nosotras nos escondemos y cuando salgan… ¡Bam!, todos nuestros. Y tú puedes irte —eso no era lo correcto. Ellas estaban obsesionadas. Locas. Me fui a negar, pero se me ocurrió algo mejor. No podía salir corriendo… tampoco podía hacer salir a los gemelos. Pero Simone me había dicho que pasara cuando quisiese. Y esta si que era una ocasión MUY necesaria.

Sálvese quien pueda. 

—Ok —las chicas comenzaron a murmurar y luego corriendo hacia uno de los árboles… mientras yo me acercaba a la puerta de la casa. Me preguntaba si estarían despiertos o despertaría a alguien. Me dieron ganas de correr. Pero si corría… yo era lenta y me casaba rápido… y estaba enferma y pff. Piqué al timbre sin darle más vueltas. Esto iba a ser emocionante. Unos de mis sueños locos hechos realidad.

La puerta se abrió y Tom me miró con los ojos entrecerrados, lleno de sueño. Las chicas de atrás gritaron…

—¿Karlie? —me preguntó él llevándose la mano a un ojo. Y no le di tiempo de decir nada más, pues de un empujón lo aparté de la puerta bruscamente y, tras haber pasado dentro de la casa, la cerré. Antes de que las fans locas y gritonas llegaran a alcanzarnos.

Siempre había querido hacer eso. Me lo había imaginado en mis sueños más locos. Porque yo quería ser famosa…. Siempre me había imaginado escapando de fans, aunque estas no eran mis fans precisamente.

—¿Pero qué…? —Tom se calló al escuchar los gritos provenientes desde afuera. Esas… “frans” que ni siquiera los dejaban dormir. 
—¿Qué pasa, Tom? —salió Simone de la cocina. Se sorprendió al verme, por lo que no dijo nada más y añadió: —Karla, ¿qué haces aquí tan temprano? —no me dejó contestar y se acercó a nosotros… —Tom, ¿qué es ese ruido? —le dijo con el ceño fruncido.
—No lo sé. Pregúntale a Karlie —Simone me miró, intentando ocultar la cara de circunstancias. Vale, no había pensado en las circunstancias de entrar en una casa a la “fuerza”. Soy una estúpida, una desubicada… tanto o más que esas fans “pinky rosa rubias” que estaban del otro lado de la puerta haciéndose mierda la garganta de tanto gritar. Que fueran a molestar a Britney Spears, Paris Hilton, o que se yo… al menos ellas son de su estilo.
—Emm... lo siento —sonreí como pude, encogiéndome de hombros. 
—¿Me puedes decir quien grita allí afuera, Karla? —tomé aire… suspiré. Luego volví a coger aire y me solté a hablar:
—Son unas chicas. Pasó que yo venía saliendo de casa atrasada, porque no puse el despertador y hoy se suponía que iba a la escuela. Corrí la mitad del camino hasta la parada, pero luego me cansé y seguí caminando. Hasta que pasé por aquí afuera y vi a unas chicas hablando. Ellas me miraron y yo las mire y luego me pidieron que les tomara una foto afuera de la casa de los gemelos. Como todo el mundo me decía sobre Tokio Hotel, el miércoles, cuando estaba enferma en casa, averigüé que era Tokio Hotel, en realidad no importa —hice un gesto con la mano, restándole importancia… para luego coger aire y continuar hablando a toda velocidad —la cosa es que esas chicas me empezaron a interrogar, ¡son locas! y no querían dejar que me fuera... yo les tomé la foto, claro ¡pero ellas querían que sacara a estos chicos de su casa! yo les dije que no estaba bien, que era poco educado y que los chicos estarían durmiendo ¡pero ellas insistieron!

Tom parpadeó abriendo la boca casi hasta el suelo. Vale, me había ido a vuelo con la explicación… había sido demasiado.

—Entonces… ¿son fans? —preguntó Simone. Yo asentí y luego miré a Tom. 
—No se enojen conmigo. Yo… si quieren me voy y de paso las saco de aquí, a ver si me invento algo —me encogí de hombros. 
—No, no. A ver, querida, ¿Cómo es que esas chicas no querían dejar que te fueras? —frunció el ceño la mujer, disgustada. Me sentí mal.
—Me tenían rodeada ¡son terribles!... seguro ahora piensan cualquier cosa de mi.
—Claro que no, Karlie, me caes bien —se apresuró en decir Tom. Lo mire con una mueca de disgusto. Lo decía sólo para hacerme sentir bien…
—No te preocupes querida —le diré a uno de los chicos que te deje en la escuela. Tom, vístete y atiende a esas chicas de allí afuera —le ordenó. Me sentí aún peor. 
—Ok…

Alguien habló en alemán detrás nuestro. Me tensé. Yo sabía quien era ese alguien… Tom rió un poco y luego dijo en inglés.

—Dile a Karlie que te explique —Simone también rió y le dio a Bill una palmada en la espalda —te agradará su forma de expresarse —puso énfasis en la última palabra. Me sentí ridícula —luego le dices que se vista, ¿vale? Y cuéntale TODOS los detalles —me dijo Tom antes de echarse a correr por las escaleras ¿para qué me lo decía a mí si Bill ya lo había escuchado? Simone sonrió y luego desapareció por la puerta de la cocina. Entonces miré a Bill, ya que anteriormente había estado esquivándolo con la mirada. Él… también tenía los ojos pequeñitos, pero estaban algo llorosos. Me sorprendí, quedé completamente impactada, sin aliento, al darme cuenta de que sus ojos reflejaban… algo que no supe comprender. Incluso me pareció que estaba más cerca de mi que antes. Y era bastante alto. Me vi obligada a bajar la mirada. Sus ojos vacíos… no estaban vacíos ¿o había sido sólo una ilusión? ¿una confusión de mi parte? 
—Eh… —volví a cerrar la boca, no supe que decir. Intenté acompasar los acelerados latidos de mi corazón. Cogí aire con fuerza… 
—¿Me vas a decir que son todos esos gritos? —me preguntó brusco. Di un paso hacia atrás, alejándome de él. La voz ahora… ya no me salía. Simplemente eso… no podía… yo no quería… ¡tenía que irme de allí! —¿vas a hablar? —volvió a preguntar en el mismo tono de voz, un poco más ronco de lo normal, seguramente por haber estado dormido.
—No —me tardé un segundo en darme cuenta de lo que había contestado —digo, si… y no. Es decir, yo quería decir… pero creo que dije que, que… yo, esto… ¿si? no —basta. Cállate. Me estaba dejando en ridículo… esto nunca me había pasado. Dios. Con un poco de temor, alcé la vista para mirarlo. Sentí como el calor se amontonaba en mis mejillas, seguro estaba más roja que una ensalada de tomates con salsa de tomates. Pero él… no es que se estuviese riendo precisamente, estaba serio, pero tenía una pequeña expresión divertida. Al menos había logrado que se pusiera un poco más feliz. Suspiré y volví a bajar la mirada.
—Como digas… —murmuró con voz neutra —ahora… si me dices porqué tengo que vestirme…
—Para ir a ver a tus fans —le contesté rápidamente. Sintiéndome como su hubiese resuelto un juego de Sudoku —¡son lo peor!, ellas me atraparon, yo… yo… —genial. Me había trabado de nuevo. 
—¿F-fans? ¡¿trajiste fans!?
—¡NO! —le grité —ellas, ellas ya estaban aquí, yo sólo arranqué. 
—No entiendo nada de lo que dices —me quedé en silencio. Vale, que no era la adecuada para explicarle algo a él. Me ponía demasiado nerviosa. Era terrible —pareces… retrasada —¿me había insultado? ¿ese Bill me había insultado? —cómo sea —añadió —me voy a vestir… supongo que tengo que atenderlas, ¿no? —siguió hablado como si él fuese el rey y yo el paje, con superioridad.
—¡Si!, ¡y después vas y la dejas en la escuela! —añadió Simone gritando desde la cocina. Ni siquiera alcancé analizar sus palabras cuando algo se me vino a la cabeza… ¡ella había escuchado las insignificantes explicaciones que le había dado a Bill! seguro ahora pensaba que me gustaba o algo así. NO.

Miré a Bill. Este frunció el ceño y volvió el rostro hacia la cocina, para seguidamente gritar:

—¿Por qué yo? que vaya Tom, él es su amigo —se quejó. 
—Te lo estoy pidiendo, Bill. Tom tiene que ir a comprarme unas cosas urgentes para el almuerzo. Ya sabes, tiene que ir temprano si no quiere pillarse con fans —se asomó por la puerta de la cocina…
—¡Pero ya hay fans! ¡ella las trajo! —me apuntó con el dedo, sin mirarme.
—Bill, no te comportes como un niño. Sube a vestirte… YA —le ordenó. Era extraño… pues los chicos eran bastante grandes y su madre les decía todo lo que tenían que hacer. Además, como eran parte de “Tokio Hotel” y tenían fans… no se, me daba la impresión de que deberían ser mas independientes ¿o no? A lo mejor me equivocaba —¿o es que no quieres? hazlo por mí, Bill. Te lo estoy pidiendo —luego volvió a mirarme… 
—Si estás aquí cuando baje, te iré a dejar al otro extremo de la ciudad. Y no bromeo —me susurró, amenazándome. Abrí los ojos como platos. Yo quería llegar a la escuela ¡no al otro extremo de la ciudad! Seguidamente volvió a darse la vuelta y le sonrió a su madre… para luego dirigirse hacia las escaleras. Estúpido. Tenía que irme…
—¡Karla, ven aquí, querida! —me llamó Simone, haciéndome señas ¿cómo le podía decir a esa mujer tan dulce que me tenía que ir ya? ella no lo iba a aceptar, por su puesto. Además, las ganas que tenía de salir de esta casa, no eran muchas que digamos… y es que con esas locas allí afuera nadie querría salir. No tuve más remedio que acercarme a la cocina —siéntate aquí mientras bajan los chicos, no tardarán… es que ya están acostumbrados a todo ese royo de cambiarse rápido, para ahorrar tiempo, ya sabes —en realidad… no sabía. Me acerqué al asiento que me señalaba y lego me senté. Le sonreí. ¿y ella como iba a saber que…? Pff. Es que ya no valía la pena lamentarse. En cuanto las fans se fueran, yo saldría disparada por la puerta, tal cual como entré… y llegaría a la escuela a toda costa, fuera la hora que fuera —¿quieres tomar algo? ¿desayunaste? 
—Si —mentí.
—Pero desayunar dos veces no hace mal… por mientras que llegan los chicos…—insistió.
—La verdad, no creo que sea correcto. Gracias de todas maneras —pero ella ya había dejado un plato frente a mi… con dos pequeños pastelillos de chocolate —yo… yo…
—Cómelos, son para ti —me sonrió y luego volvió a darse la vuelta para coger un vaso de uno de los muebles. No supe que decir. Prácticamente me estaba obligando a comer ¿qué se suponía que tenía que hacer? claro… obedecerle a la mujer rubia. Tampoco quería que se pusiera a pelear conmigo.
—Gracias.
—Y… aquí tienes —dejó sobre la mesa un vaso lleno de… ¡jugo de naranja! 
—Gracias —le sonreí.
—¿Te gusta el jugo de Naranja? —me preguntó al notar mi expresión. Yo asentí con la cabeza y luego cogí el vaso para darle un sorbo —a Tom también le gusta… dice que mis pastelillos de chocolate hacen buena mezcla con el jugo de naranja. Pero a Bill… a él no le gusta. Ya verá él que se prepara para comer.
—El jugo de naranja es mi favorito —dije, sin saber que más decir, para dar como terminada la conversación. No entendía como a ese chico no le podía gustar el jugo de naranja, cuando era lo mejor del mundo. 
—Ya vine, mamá… Tom se demora porque no encuentra la camiseta que se quiere poner hoy —se burló el chico entrando en la cocina. Di vuelta la cabeza para mirarlo, y él… pues, creo… que lo vi curvar sus labios, sólo un poco. Aunque esa expresión me asustó. 
—Siéntate a comer, Bill.
—No tengo hambre, en realidad —pero igualmente se sentó, frente a mí. Mirándome fijo. Me vi obligada a bajar a mirada al plato de pastelillos… y no tardé en coger uno y llevármelo a la boca —los pastelillos se ven deliciosos, mamá… ¿me das uno? 
—Aquí tienes —le dejó un plato igual al mío con dos pequeños pastelillos… le di otro sorbo la jugo de naranja, aún con la mirada baja ¿qué se suponía que tenía que hacer ahora? pero es que argh. Vamos, Karla, levanta la cabeza… no seas estúpida. Cogí aire… y lo miré. 

Él entrecerró sus ojos vacíos y giró levemente la cabeza hacia un lado.

—No te fuiste —susurró —qué bien… vas a tener mucho por caminar.
—No me iré contigo —le contesté en el mismo tono. Él bufó. 
—Oye, má… está lloviendo. Las chicas siguen allí afuera —entró Tom en la cocina.
—¡Oh!. Pero se mojaran… ay, Tom, hijo, haz que pasen —abrí los ojos como platos y casi me atraganto en el pastelillo —no, no… espera. A ver, Bill, Karla, tomen sus pastelillos y salgan al garage, para coger el coche. Vamos, vamos —Bill se levantó de su asiento y cogió el pastelillo que le quedaba… mientras yo, rápidamente me llevaba el vaso de jugo a la boca y lo bebía todo de una vez. El jugo de naranja siempre es lo más importante. Luego me levanté y cogí el medio pastelillo que había en mi plato. Me había gustado el plan de Simone… excepto por la parte en que yo y Bill nos teníamos que ir juntos. Y es que… parecía un escape. Genial, era como el las películas. Seguí a Bill hasta una puerta que había a un costado de la cocina… no la que daba hacia fuera, tampoco la que daba hacia el resto de la casa —Karlie, podrías venir por la tarde… que viene Andreas y quiere verte —me quedé quieta en el lugar… y seguidamente me di la vuelta para ver como Tom alzaba las cejas repetidas veces. Asentí… y luego salí hacia el garage, siguiendo a Bill.




04 septiembre, 2013

Automatic /Capítulo 8


La mañana siguiente, miércoles, desperté enferma. Me dolía todo, y tenía la sensación de que si intentaba hablar o decir algo no podría hacerlo. Me costaba respirar y tenía frío… mucho frío. Pero me levanté. Fui al baño, me duché y luego me vestí lo más abrigada posible. 

Tenía una tos horrible.

Bajé a desayunar, pero papá me obligó a subir nuevamente y a acostarme, quitándome toda esa ropa de más que tenía. Me dio la orden de no salir de la cama y no abrir la ventana… me dijo que no fuera a la escuela, que él iba a justificar la inasistencia y luego trajo la TV a mi pieza… para que no me aburriese. Todo eso antes de irse a trabajar. Él es el mejor. Aunque claro, me iba a aburrir si o si, pues en la TV alemana, salían cosas en alemán y yo no entendía nada.

En cuanto él se fue cogí a guitarra… y así estuve hasta que las tripas me gruñeron pidiendo comida. Bajé a prepararme unas tostadas con dulce y un vaso de jugo de naranja… subí con la comida en una bandeja… y como no podía comer y tocar guitarra a la vez, encendí el portátil y me puse a conversar con algunas amigas.

No me podía quitar a ese Bill de la cabeza y eso era lo peor. Tampoco me podía quitar a Tom, ni su madre, ni la estúpida caja, que por cierto, no sabía que había dentro de ella y lo más probable era que nunca lo supiera.

Hasta que recordé lo de Tokio Hotel ¿que si soy fan? ¡no, no soy fan! para empezar, ¿qué es Tokio Hotel? ¿mi hotel? era extraño. Pero decidí no quedarme con la duda. Si Tokio Hotel tenía que ver con Bill…

Abrí una ventana de Internet y busqué a San Google, que todo lo sabe… luego, en la casilla para buscar le puse Tokio Hotel. Aparecieron millones de resultados, pero me fui a Wikipedia. Pues estaba en inglés… le di un click al enlace y la página se abrió.

Tokio Hotel (anteriormente Devilish) es un grupo musical juvenil de pop rock de origen alemán. Está formado por el vocalista Bill Kaulitz, el guitarrista Tom Kaulitz, el bajista Georg Listing y el batería Gustav Schäfer.

¿Qué cosa?, ¿grupo musical juvenil? ¿pop rock? ¡¿alemán?! ¿Bill Kaulitz?, ¿Tom? ¡yo los conocía! Y sin querer. No, no podían ser ellos… y ese Georg… ¿sería el mismo? ¿y Gustav?

Cuando estuve un poco más liberada del shock, me obligué a seguir leyendo.

El grupo fue fundado en 2001 bajo el nombre de Devilish ('Diabólico'), aunque lo cambiaron a Tokio Hotel tras fichar en 2003 por Sony. El primer álbum se editó finalmente en 2005, tras firmar con la discográfica Universal. Blablabla… Trayectoria musical: Los gemelos Tom y Bill fueron alentados musicalmente por su padrastro….

¡GEMELOS!

Eran ellos… tenían que ser ellos. Ay, Dios… es que… ¡no! no es de todos los días pillarte con este tipo de gente. Seguí bajando en la página, queriendo pillar imágenes. 

—Componentes —leí en voz alta. Mis ojos se fueron rápidamente hacia el lado derecho de la pantalla, donde había una fotografía… con la ficha del vocalista —Bill Kaulitz —no leí más. Pero me acerqué lo más que pude a la pantalla para mirar la imagen. No. Definitivamente no era. Ese Bill Kaulitz tenía el cabello hacia arriba… parecía… ¿un león? Además, tenía los ojos maquillados… y las uñas esmaltadas con negro y… imposible. No. Definitivamente, era una escalofriante coincidencia. No podía ser.  

Salí de la página, dándole a la flecha, para ir a la página anterior… y luego le di a “buscar imágenes” 

Amplié cada una de las imágenes, por casi diez páginas y las examiné una a una, detenidamente. Tom… era Tom… Y Georg y Gustav… ellos… también. Pero Bill se… maquillaba. Era él. Y era tan extraño. Aún no lo podía creer. Hubiese sido mucho mejor no haberme metido en esa página. Pero… vamos. No iba a seguir buscando más información. 

Le di a la X para cerrar la página. 

Que ellos fuesen famosos que no quería decir que yo los tenía que tratar diferente. Ese era sólo un aspecto de su vida… un aspecto “insignificante”. Y no me importaba. Pues las personas son como son por dentro… y no son su imagen, tampoco su talento, ni su dinero, ni su fama. Y Bill… aunque saliera sonriente en las fotografrías… no me convencía. Él sólo mostraba lo que no era. Y eso no es bueno. Porque toda esa gente que no lo conocía creía que él era diferente, cuando en realidad… era como cualquier persona amargada. ¿Qué fin tenía salir riendo en las fotos, cuando no lo hacía en la vida real? ¿vender más? ¿parecer bueno antes las fans? vale, que ya no quería seguir pensando en eso, pues iba a terminar enojada. 

Cerré el portátil, dejando las conversaciones con mis amigas hasta donde sea que hubiesen quedado, y luego volví a acostarme. Cubriéndome hasta la cabeza. Y así me quedé hasta dormirme.

Me desperté por el timbre. Sonaba una y otra vez, repetidas veces y eso me ponía como loca.

Me levanté de la cama y me apresuré en bajar las escaleras a paso rápido. Corrí hasta la puerta y la abrí sin pensarlo. Luego caí en la cuenta de que podría haber sido cualquier persona y yo en pijamas… Pero no era cualquier persona. 

Emilie, Ivvy, Jane, Tess y Lindsay estaba ahí. Que bien… 

Las hice pasar… ellas me interrogaron. Que porqué no había ido a la escuela y todo. Pero acabamos hablando de los chicos más guapos de la escuela, que por cierto yo no conocía, en la sala de mi casa. 

Lindsay y Tess no tardaron en irse… disculpándose con que iban a tener una cita doble. Que chicas. Lo único que había en sus cabezas era “chicos, chicos y más chicos”. Con las gemelas y Emilie pasé el resto del día… hasta que llegó papá y las gemelas decidieron que era hora de irse.

Pero Emilie, fue muy entrada la noche cuando se fue. Y eso me gustó, pues así no me aburría tanto.

El día siguiente, jueves, también me quedé en casa. Hice los mismo que el día anterior… aunque esta vez dormí más y sólo Emilie vino a visitarme. 

Para cuando llegó papá, nos contó a las dos, que el coche nuevo se lo entregaban mañana. A papá le caía muy bien Emilie… y a Emilie también. Se llevaban muy bien. Incluso, el día anterior me había dicho que Emilie era una muy buena persona, que estaba bien que fuese su amiga. Eso me hizo sentir bien. Papá no era de esos padres que suelen dar opiniones sobre los amigos de sus hijos. El no me prohibía juntarme con personas… tampoco le gusta que me juntara con otras, pero cuando él me había dicho que Emilie era de lo mejor y que se notaba que me tenía aprecio… fue genial. También me regañó por lo del chico, pero no le di mucha importancia. Bill nunca iba a saber que yo lo había llamado “estúpido” frente a mi padre y hablando en español.

Lo único que quería es que me aliviara de una vez. Estar enferma no me gustaba. La sensación era… puaj. Ni siquiera podía comer bien, porque me dolía tragar. Lo bueno era que el viernes sí podría salir.

Automatic /Capítulo 7


Y “paren” fue lo único que entendí de lo que Tom le dijo a su madre y su hermano… quienes cerraron la boca y miraron a Tom con expresión de no creer lo que él decía. Y como yo no entendía… miré con expresión de no entender. Estornudé de nuevo. Al parecer eso hizo que ellos se dieran cuenta de mi presencia. Los tres clavaron sus ojos en mi y me dieron ganas de desaparecer. Qué incómoda situación, que mal me sentía… definitivamente yo no encajaba en esta casa.

—Discúlpanos, Karla —habló la mujer rubia. Se había estado comportando como una adolescente… jamás pensé que una madre se pondría así con su hijo. Si yo tuviera a mi madre, nunca la trataría como Bill trataba a la suya, es más, la obedecería en todo… y sería buena y… ya basta.  
—No importa —intenté sonreír, pero una extraña sensación me había llenado el cuerpo, impidiéndomelo. 
—Dios, estás pálida —siguió la mujer —Tom, hijo, prepara chocolate caliente ¿te gusta el chocolate? —me preguntó. Yo asentí.
¿Pero qué hacía?, yo quería irme y no quedarme tomando un chocolate caliente.
—Pero no es necesario, yo… es mejor si me voy —hice el ademán de levantarme… 
—No —dijo Tom —¿ya ven lo que hicieron? ahora la pobre se siente incómoda y se quiere ir. Seguro no se llevó una muy buena impresión de ustedes.  
—Lo siento —volvió a disculparse la mujer. 
—No me interesa. Me avisas cuando puedas entrar en tu casa, para que me des la caja —me dijo el chico ese antes de salir por la puerta de la cocina, andando rápido.  
—¿Quieres ver una película, Karlie? —me preguntó Tom, haciendo caso omiso de su hermano, sentándose a mi lado. Me encogí de hombros —tengo unas muy buenas… no recuerdo los nombres, pero seguro de alguna has escuchado y te gusta —me sonrió. Yo le devolví la sonrisa… no me había fijado en que Tom era bastante hermoso.
¿Pero que estoy pensando? Tom tiene novia.
—Mamá, ¿me das chocolate caliente a mi también?.  
—Claro, vayan a ver la película que yo se los llevo —dejó otro tazón sobre la mesa —también estoy haciendo galletitas, están en el horno —no podía oler las galletitas. Si, estaba enferma. 

Tom se levantó del asiento y comenzó a caminar hacia la puerta de la cocina. Yo le sonreí a la mujer y luego imité a Tom. 

Entramos en el salón… era hermoso. Cuando había llegado, no me había dado cuenta de lo grande y bien decorado que estaba… pero ahora, que lo miraba mas detenidamente y sin frío en el cuerpo pude apreciarlo como se debe. Mi casa no se comparaba con esto… y no se compararía jamás. Wou. Es que estaba sombrada. Además, jamás había visto una TV tan grande… dios, es que esto parecía un cine de verdad. 

Cuando terminé de analizar la habitación, caí en la cuenta de que había alguien en el sillón. Tom se había sentado al lado de su hermano y no quedaba espacio para mi. Bill ni siquiera me miró, él y Tom se miraban, como conversando sin decir nada… me sentí excluida. 

—Bill, vamos a ver una película —habló al fin —¿no es así, Karlie? —yo asentí. Bill no se volvió a mirarme. Era mejor así. Él era un idiota y a mi no me gustaba que la gente idiota me mirara. En cambio Tom… él era sin duda, todo lo contrario a su hermano, él se había llevado todo lo bueno… estaba claro. 
—Estoy viendo la TV, llegué primero. 
—Oh, vamos Bill… no te comportes como niño, dame eso —le arrebató el control de la TV de entre las manos —Karlie, allí están las películas, las nuevas son las de la derecha —me señaló un pequeño mueble que había bajo esa TV gigante. Desparramados, sin cajitas y yo creo que hasta rotos, se encontraban algunos DVD’s tras una puertecilla de vidrio.  
—Vale —me agaché y me acerqué al mueble. Abrí la puerta y comencé a husmear entre las películas. Primero vi las de la derecha… ninguna me gustaba mucho. Estaba lleno de porno, y yo no era de ver esas cosas. Por lo que luego comencé a buscar en las otras. Hasta que encontré un clásico hermoso.

Sonreí y me pregunté si a Tom le gustaría ver esto.

—¿Ya encontraste alguna?
—Si —contesté, levantándome con la cajita en las manos. Era la única que parecía estar “sana”.  
—Bill, ponla en el reproductor, ¿quieres? —mandoneó a su hermano. El gemelo malo dijo algunas cosas en su idioma, se levantó del sillón y se acercó a mi. 
—Vamos a ver tus gustos… —me quitó la película y la volteó para luego leer el título en la carátula —no. No vamos a ver esta… devuélvela donde estaba y elije otra —dijo casi regañándome. Me tendió la película y yo la cogí un poco cortada.  
—Bill, no la trates así… seguro eligió una buena —se quejó Tom. Bill puso los ojos en blanco y casi pude verlos brillando más de la cuenta ¿es que acaso él…? no. Imposible. Lo vi llevarse una mano a lo ojos… y no lo soporté más. Me estremecí, estaba demasiado nerviosa. 

No quise mirarlo más y me agaché para elegir otra película. No entendía porqué no quería ver Love Story, era una de las películas de amor más hermosas que había visto en mi vida ¿cómo no le podía gustar?
A lo mejor él era de esas personas que no soportaban lo cursi. Cogí otra película y levanté la mano detrás de mi cabeza, aún agachada, para dársela. Él la cogió y me la devolvió al instante. 

—Esta tampoco, elije otra —pff ¿y este qué se creía? ¿las de terror tampoco le gustaban? ¿o es que quería una porno? volví a bajar la mano, dejé la película junto con las otras y luego me levanté. Clavé mis ojos en él… y después, sacando la voz desde donde no la tenía… 
—¿Sabes?, ¿por qué mejor no elijes tú la película o me das un listado de las que no puedo elegir? o al menos intenta no ser tan grosero conmigo, no me gusta tu tono —solté de sopetón. El chico abrió los ojos sorprendido. Y creo que yo también me sorprendí, no solía hablarle así a la gente. Me dio vergüenza de mi misma y aparté la vista con rapidez.  
—¿Sabes? mejor te vas de aquí, esta es mí casa y si te estás metiendo conmigo es mejor que desaparezcas —no se si fue idea mía, o nadie me había tratado así en años. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Dios, que llorona.
—Entonces no tendrás tu estúpida caja —sentí como el calor se me subía a la cara y me dio la sensación de que iba a explotar en cualquier momento. 
—Bill, Karlie, cálmense —¿en qué momento Tom había llegado al lado de nosotros. Él contacto de su mano en mi hombro me hacía sentir extraña —no pueden pelear sólo por películas. Vamos… yo elijo una y la vemos los tres juntos —sonrió, mirándonos intermitentemente a Bill y a mi. Luego le dijo algo a Bill en alemán. Bill le contestó con palabras similares y luego se soltó de la mano de Tom, que también le cogía el hombro… y se fue.  
—Como sea, coge la que querías ver al principio y la vemos.
—Emm… es que… —ya no tenía ganas de ver esa película. Si Bill se ponía así… no —¿tienes la play nueva? —pregunté asombrada… Era obvio, pues la estaba viendo, pero… 
—Si, ¿quieres jugar? 
—¡Si! —sonreí.  
—Qué bien… hace tiempo que no juego. Siéntate en el sillón que yo acomodo las cosas —me sonrió al ver que yo también sonreía. 
—Mejor, siéntense los dos y se toman el chocolate caliente y las galletas que les traje… luego juegan —miré a la mujer rubia. Había entrado en la habitación y yo ni siquiera me había dado cuenta. Le sonreí a ella también.  
—Uy, que rico, mami —Tom se acercó a ella y cogió la bandeja que traía en sus manos. 
—Gracias. 
—No es nada, querida. El chocolate está más caliente de la cuenta, así que con cuidado —nos avisó. Y luego volvió a desaparecer en la cocina.  
—Genial. Amo las galletas de mamá —se sentó en el sillón, cogiendo una… —ven a comer conmigo —entonces me di cuenta de que me había quedado como una boba, admirando las galletas. Aún no las podía oler… 

Me senté a su lado en el sillón y luego cogí el chocolate caliente, para calentarme un poco las manos.

—Toma una galleta, son las mejores. – Me recomendó. Yo le hice caso y cogí una. Le di un mordisco y luego la unté con el chocolate, para darle otro mordisco más ¡eran unas galletas enormes!
—Oye, Tom —le dije luego de un momento en el que sólo se escuchaba la TV en la habitación. Clavé mis ojos en él… y es que era como mirar a su hermano. Pero Tom era mucho mejor. Él también me miró, con atención a lo que le fuera a decir —¿porqué tu hermano es así?  
—¿Así como? —me tensé. No quería dar explicaciones de más.
—Así, así. No lo sé. Creo que no le caigo muy bien —le di un sorbo al chocolate, quemándome la lengua. Auch. 
—No es eso —suspiró —es que… —se quedó en silencio por un momento. A lo mejor buscaba palabras... o que se yo. Pero no apartó sus ojos de mi —le recuerdas a alguien. Digo, a todos. Pero a Bill en especial.
—¿A quién? —pregunté sin pensar. A lo mejor estaba equivocándome al pensar.  
—A una chica —apartó la vista ¡una chica! ¿qué le habría hecho esa chica a Bill para que se comportara así conmigo? yo no era ella. A lo mejor… vale, me parecía, pero no. Yo era una persona diferente… Mi cerebro relacionó con rapidez el episodio de ayer con esto. “Tiene los labios más gruesos y un lunar en la mejilla” ¡me parecía a una chica de la cual ni siquiera sabía el nombre!  
—Oh… —no supe que más decir. 
—Antes estaba más callado… en realidad, casi no hablaba, pero desde ayer en la noche que esta mas irritable que nunca. Es un amargado… y tiene sus buenas razones —volvió a mirarme, con una media sonrisa… casi lamentándose —pero no sientas lástima por él —a lo mejor dijo eso por la cara que había puesto —es un idiota ¡no puede tratarte así! y mucho menos si eres una chica —asentí, aún muda, sin saber que decir —estuvo bueno eso de las películas. Bill es un cabeza dura, no te preocupes por él… tampoco dejes que te trate mal.  
—V-vale.
—Es que el parecido es impresionante. Algún día te mostraré una foto de ella… su nombre está prohibido en esta casa —rió burlón. Yo reí junto con él. 
—Vamos, dime como se llamaba —susurré. 
—No puedo —susurró él también. Sus ojos se achicaron al ampliar su sonrisa. Y yo me habría quedado mirándolo como una boba, de no ser porque sonó el timbre —¡los chicos!, no me acordaba ¡Mamá, prepara tres chocolates más, por favor! —su madre le contestó que sí desde la cocina… —¿no te importa tener tres jugadores más?
—No hay problema —me encogí de hombros. Poniéndome totalmente nerviosa. Eran mayores que yo… y eran tres.

Tom se levanto del sillón y fue a abrir la puerta. Examiné todos sus movimientos y luego vi pasar tres chicos dentro de la casa. Me tensé.
—Chicos, ella es Karlie y deben hablarle en inglés —me presentó. Los chicos se acercaron y yo me puse de pie para saludarlos con un beso en la mejilla. Todos eran muy guapos. El primero que me saludó, se presentó como un tal “Georg”, tenía el cabello largo y liso… no era rubio, si no un poco más oscuro, casi café. Luego me saludó “Andreas”, tenía el cabello extremadamente rubio, seguro lo teñía aunque… quien sabe. Era el más alto de los tres y estaba delgadito. El último era “Gustav”, me pareció el más caballero de todos… quizás por ser el mas serio. Me agradaron.

Los tres se sentaron alrededor de la mesita de centro y comenzaron a comer las galletas de la madre de Tom. Gritándole frases como “Simone, te quedaron deliciosas” y ese tipo de cosas… pero en alemán. También pude entenderlos y eso me sorprendió.

Además, ya sabía como se llamaba la mujer rubia… y ahora ya no la tendría que llamar “mujer rubia”, su nombre era Simone. Y que mujer mas dulce. Un poco regañona… pero las madres no así, supongo. 

Al terminar de comer, yo ya me había acostumbrado al ambiente. Los chicos eran muy graciosos, aunque a veces hablaban su idioma y yo poco entendía. Luego, comenzamos a turnarnos para jugar. Me dejaron a mi primero… lo malo fue esperar a que los cuatro hicieran sus turnos. Pero mientras esperábamos, ellos me enseñaban alemán… con frases simples. Yo sólo repetía como podía y ellos intentaban no burlarse de mi, aunque no podían reprimir mas de una risita de vez en cuando. Me di cuenta de que Andreas me miraba de una forma un poco extraña. Pero intenté no darle importancia.

Mire el reloj cuando dieron las siete y media. Tenía que irme. Me despedí de Tom, Gustav, Georg y Andreas con un beso en la mejilla. Tuve que prometerle a Andreas que jugaría con ellos otro día ¡eran extremadamente infantiles! 

Después, me despedí de Simone. Le agradecí por la galletas y el chocolate caliente… y por haber dejado que me quedara en su casa. Ella me dijo que cuando quisiera me pasara por aquí. Pero yo no pensaba pasarme nunca más por esa casa, ya que había cierta persona con la cual no quería toparme ni por accidente.

Ya vería que hacía con la caja.

Tom me fue a dejar hasta la puerta, me dio mi mochila. Y cuando estaba a punto de salir de esa casa…

—¡Espera! —ay, no.

Interesado. 

Me detuve y di media vuelta para mirarlo. Estaba metiendo sus brazos por las mangas de su chaqueta, alistándose para salir mientras bajaba las escaleras dando saltitos. Se ponía así sólo por una caja. Quizás que cosas tendría adentro, ahora tendría que entregársela y jamás iba a saber que había. Pues, él… así como era, no me dejaría mirar. Seguro me odia. Me arrepentí de no haber abierto la estúpida caja en mi casa… a lo mejor, la podría haber cerrado y habría quedado bien. O podría haber dicho que se golpeó con algo o que tenía cosas encima. Pff. Soy idiota. Y es que las ideas se me vienen a la cabeza cuando ya no hay oportunidad de utilizarlas. Idiota, idiota, idiota. Pero… nunca tan idiota como ese idiota que se acercaba a mí idiotamente, caminando como un idiota que va a buscar una estúpida caja que una idiota no se atrevió a abrir, por idiota.

—¿Vas a caminar? —soltó. Entonces caí en cuenta de que me había quedado mirándolo como una boba. Tom bufó, dijo algo para sí mismo que no entendí… y luego se fue con los otros chicos que nos miraban como si se tratara de un programa de TV, una película o una novela. Asentí, confundida y luego me di media vuelta pasa salir. Comencé a caminar, sin mirarlo… y segundos después sentí como cerraba la puerta. Metí las manos en mis bolsillos, sintiéndolas más calentitas. Y suspiré, soltando el aire por la boca… el cual salió como una nube blanca. Pff. Que comparación... una “nube”.
Seguí caminando. Sabía que venía detrás de mi, tampoco era tonta. Pero lo que realmente me sorprendió, fue darme cuanta de que había apurado el paso hasta alcanzarme y quedar a mi altura, es decir, a mi lado.
—¿Has abierto la caja? —me preguntó. Yo lo miré como si fuera un estúpido… un tonto. 
—No, no voy a mirar cosas que no son mías —dije sin mirarlo… vale, estaba haciendo lo mismo que él. Pero… era extraño, porque sentía su mirada clavada en mi.  
—Entonces no sabes que hay dentro… —murmuró. 
—No —me encogí de hombros —tampoco es que me interese —mentí. No me dijo nada. Ya me había dado cuenta de que él era una persona de poquísimas palabras. Al parecer sólo al pelear se ponía más parlanchín. Pude ver por el rabillo del ojo, como él sacaba una pequeña cajetilla de cigarro de su pantalón y la abría. Sacó uno y luego de lo puso en la boca, mientras sacaba un encendedor de otro bolsillo. Entones lo miré, ¿a caso lo hacía por molestarme?  
—¿Quieres? —me tendió la cajita llena de cigarrillos. Arrugué la nariz, molesta… intentando acompasar los latidos de mi corazón. Luego cogí la cajetilla, la abrí y cuando el chico estaba a punto de encender el cigarro, se lo arrebaté de un manotazo y volví a meterlo en la caja —¡hey! —se quejó fuertemente, asesinándome con la mirada. Di un pequeño salto al escuchar su grito, abriendo los ojos como platos. Me detuve y luego arrojé los cigarros hacia la calle —¿¡que hiciste!? —chilló. Ni siquiera tuvo la oportunidad de ir a buscarlos, pues un coche le pasó por encima en ese momento… y luego otro.  
—Lo siento —me disculpé, encogiéndome de hombros… aunque en realidad no lo sentía. Seguí caminando como si nada hubiese ocurrido.
—¿Por qué no te gusta que fume? —me preguntó, acercándose. Aún seguía con el mismo tono de voz que tanto odiaba.
—Eso no te interesa —dije como toda respuesta. No iba a contarle mi vida a un extraño que me trataba peor que un perro, y mucho menos si se trataba de un tema que no había hablado con nadie antes.
—Tienes razón, no me interesa —mejor, me dije a mi misma. Podría haberse hecho el amable aunque fuese un ratito, mientras le entregaba la caja… pff.

Casi pude dibujar una sonrisa al ver que mi casa tenía encendida la luz del salón. Y ahora que lo pensaba, a lo mejor papá me había llamado y yo no había podido contestarle. Ni siquiera había revisado el móvil.

Cuando estuve frente a la puerta, piqué al timbre. Bill se apartó unos pasos… y luego papá abrió. 

—¡Karla! por fin llegas, me tenías preocupado —exclamó nada más verme.  
—No tengo llaves, ¿lo recuerdas? 
—Si, saqué una copia para ti, hoy después del trabajo. 
—Gracias —le dije, para luego hablarle algo en español… a lo mejor Bill no sabía español —papá, traje a ese estúpido hasta aquí, es el dueño de la caja —señalé hacia atrás. En ese momento él se dio cuenta de que Bill estaba a unos pasos.  
—Homm… que bien, pasen, pasen… —siguió hablando en mi mismo idioma —no lo insultes tanto —murmuró —hazlo pasar —asentí de mala gana… luego me padre se hizo a un lado, dejando la puerta libre… yéndose a no sé donde ¡Bill ni siquiera lo había saludado! idiota. Pasé dentro de la casa y me pregunté si debía cerrarle la puerta en la cara, como el lo había hecho conmigo. Pero… yo no era como él, así que… 
—Pasa —lo invité. El chico me miró extrañado —¿vas a pasar o quieres quedarte allí afuera con el frío que hace? —abrí aún más la puerta. Bill miró hacia los dos lados de la calle… luego volvió a mirarme a mí, como si no creyera lo que estaba diciendo, y después, finalmente, se acercó para pasar. Cerré la puerta tras su paso —siéntate. Voy por la caja y vuelvo enseguida —le avisé. Él asintió y luego se dirigió al sillón sin decir nada. Se sentó… como en trance y luego comenzó a examinar la habitación. No vi más porque luego me fui escaleras arriba, en busca de la caja. Entré en mi habitación y me quité la chaqueta. Aquí hacía mucho calor. El aire estaba tibio y argh. Me vi obligada a abrir la ventana. Me miré al espejo, estaba horrible… me pasé los dedos por debajo de los ojos para quitarme el maquillaje corrido y luego cogí la caja. Cerré la puerta cuando salí de la habitación, para que el resto de la casa no se enfriara.  

Bajé las escaleras con cuidado de no caerme… ya que llevaba la caja, y no podía ver los escalones. Cuando llegué abajo, me di cuenta de que Bill me estaba mirando. Y de cierta forma, me sentí acosada, pues no me quitaba los ojos de encima.

—Aquí está —entonces el fijó la vista en la caja.  
—Es… enorme —la miró impresionado. 
—Si —me acerqué a él y se la lancé sobre las piernas —para que veas que pesada es —le dije. Él no contestó y con sus dedos, recorrió parte de la tapa… lo oí suspirar fuertemente y luego se levantó, con caja y todo. 
—Gracias —murmuró. Dios, ¡me había dicho gracias!  
—No es nada —le sonreí. Pero él no me miró… y caminó hacia la puerta. 
—¿Me abres la puerta?
—Claro —me apresuré en ir hacia la puerta, abrirla… y volverla a cerrar luego de que él pasara a través de ella sin despedirse.


Automatic /Capítulo 6


Era impresionante. Como que las cosas llegaban por arte de magia.
Era Bill, definitivamente era él. Aunque esta vez iba con unas lentes negras. Tenía que entregarle la caja, a lo mejor, esta era la oportunidad para hablarle e informarle sobre el paquete para él que le esperaba en mi casa.

Me sentí un poco nerviosa, cosa que no entendí. Sólo tenía que decirle lo del paquete y ya… asunto solucionado. 

—¡Bill!—le gritó la mujer rubia, aunque creo que él ya se había dado cuenta de nuestra presencia. Estábamos a tan sólo unos metros. Él se giró hacia nosotras… entonces me di cuenta de que tenía un cigarrillo entre sus dedos. Pff. ODIO que la gente fume. Bill frunció el ceño, examinándome con la mirada, hasta que llegamos a su lado. No me había gustado la actitud del chico.  Su madre le habló con tono de reproche. Él le contestó y le dio una calada a su cigarrillo. Tuve que reprimir las ganas que tenía de arrebatarle el asqueroso objeto de entre sus dedos y dejarlo en el suelo para pisotearlo bien. Siguieron conversando entre ellos cosas que yo no lograba entender. Entonces Bill desvió la mirada, soltando el humo. Me llegó el olor y el humo a los pulmones. Que asqueroso, repugnante. Me traía recuerdos que no me gustaban para nada… recuerdos que era mejor mantener enterrados en un oscuro lugar de mi cabeza, bajo mil llaves. 
—Po… ¿podrías apagar eso? —no sé de donde saqué la valentía. Simplemente lo dije y ya. Ni siquiera lo había pensado. Bill le dio otra calada y me miró entrecerrando los ojos nuevamente. 

Siguió regañándolo su madre. Bill soltó todo el humo en mi rostro, en un descuido de su madre, quien dejaba las bolsas en el piso nuevamente. Giré la cabeza hacia un lado, apartándome un poco, soltando las bolsas y dejándolas caer en el suelo. Cerré los ojos con fuerza, sintiendo como se me llenaban de lágrimas. El humo del cigarro me traía feos y dolorosos recuerdos. Pero él no lo sabía. A lo mejor pensaba que yo era de esas personas que odian el cigarro sólo porque sí, o porque dañaba la salud. Bill no tenía culpa, a lo mejor lo hacía sólo por fastidiarme, sin tener idea de que me dañaba. Cogí mucho aire, y luego abrí los ojos, mirando al chico. Este ya había apagado el cigarro contra el suelo y estaba cogiendo las bolsas que yo anteriormente llevaba.
—¿Bill Kaulitz? —le pregunté. Era mejor salir del tema de la caja de una buena vez. El chico me miró con el ceño fruncido y comenzó a caminar con su madre al lado. Yo los seguí. La mujer rubia le dijo algo… y el chico se detuvo, dándose la vuelta para mirarme. Su madre siguió caminando como si no le importara.
—¿Eres una fan? —me preguntó, en cuanto yo estuve a su altura, comenzando a caminar.
—No. ¿Fan de qué? —me encogí de hombros.
—Tokio Hotel. 
—En realidad no —No tenía ni la menor idea sobre eso —tengo una caja para ti —él no contestó. Siguió caminando como si nada, conmigo a su lado —papá la encontró en un armario, dice tu nombre… creí que sería lo correcto entregarla a su dueño y creo que eres tú —el chico se tensó. Lo miré interrogante. Pero él no dijo nada, ni siquiera me miró —¿quieres que te la dé? —esperé a que contestara. Si decía que sí, claro, iba y se la entregaba. Pero si la respuesta era un no… pues abría la caja y veía que había dentro. Simple. Se aclaró la garganta y se mordió los labios, con la vista fija en algún punto frente a él. 
—¿Puedes dármela ahora mismo? —siguió hablando con su voz suave, fría, sin sentimientos… que me hacía estremecer. 
—Claro —lo miré con una sonrisa. Pero él ni siquiera se había volteado a mirarme. Volví a mirar mis zapatos, un poco cortada. Preguntándome interiormente el porqué de su actitud. Me ponía los pelos de punta. Él era tan… tan.. en realidad, no había palabra que lo describiera. Era desesperante ir a su lado. Él no hacía nada. Sólo movía los pies para caminar y ya. No podía imaginarme que cosas estaría pensando, quizás qué se pasaba por su cabeza en ese momento… era todo un misterio. Y es que él era tan extraño que… despertaba mi curiosidad. Quería saber más sobre él —¿conocías a alguno de mis primos? —le pregunté. A ver is sacaba algún tema de conversación con él. Esta vez si me miró. Pero no de la forma en que me lo esperaba. Se notaba molesto.
—¿Tus… primos? —asentí rápidamente.
—Si, no los conozco… vivían en la misma casa que yo ahora, ¿los conoces? —él volvió a mirar hacia delante, con el ceño fruncido y los labios apretados.
—Los conocía —murmuró entre dientes.
—Ah... pero no es para que te pongas así, ¿eh? —no me contestó. Entonces dobló hacia la derecha, caminando hacia una casa que tenía la puerta abierta. Seguro esa era su casa. Yo lo seguí —¿vienes conmigo a buscar la caja?
—Si. Espera —entró en su casa, cerrándome la perta en toda la cara. Pestañeé un par de veces, un poco sorprendida por lo que había hecho. Miré en todas direcciones, para asegurarme de que nadie había visto la escena, y luego me alejé unos pasos de la puerta. Al menos ya sabía cual era su casa. No voy a mentir… su actitud me molestaba pero… no podía decir nada. Yo no era de esas personas que se quejan por todo. Me las aguantaba. Luego me descargaría con papá, le contaría todo. Escuché como la puerta se abría nuevamente y lacé la mirada… el chico había salió de allí con otro cigarrillo entre sus dedos. ¿Acaso era adicto a fumar o qué? Fruncí el ceño. En cuanto llegó a mi lado, me tendió el cigarro, soltando el humo por entre sus labios.
—¿Quieres? —el corazón me comenzó a andar rápido… y me desesperé. Sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas. “¿Quieres?”… Esa pregunta, de una sola palabra. Junté los dientes con fuerza, y quitando la vista del cigarro, miré a Bill. Estaba sonriendo. Era la primera vez que lo veía sonreír, y aunque no era exactamente una sonrisa… me congelé. Aparté la vista rápidamente, alejándome unos pasos de él, con las manos temblorosas.
—No fumo, gracias —contesté. Había contestado exactamente lo mismo… y sin querer. 
—Si no quieres, no importa —volvió a llevarse el cigarro a los labios. Comencé a caminar en dirección a mi casa. Él me siguió a paso lento. No lo miré en ningún momento, pero sentía su presencia detrás de mi. 

Una vez estuve frente a mi casa, piqué al timbre. Si papá no estaba, iba a tener que entrar por la cocina. El chico se quedó unos pasos más atrás… bastante lejos de mi. Piqué nuevamente al timbre, pero nada…

Suspiré.

¡Qué gran mierda…!

Avancé un par de pasos, hasta llegar a la ventana y la moví un poco para ver si estaba abierta. 
Oh, no.

¿Y ahora que le decía a ese Bill? seguro se enojaba o algo. Agh, es que yo también soy persona y se me olvidan algunas cosas. Como por ejemplo dejar una ventana un poco abierta. Aunque entrar por la ventana, también habría sido vergonzoso. Pero al menos habría entrado. Tenía que sacar una copia de la llave YA, no era plan de quedarme fuera de casa todos los días, también tenía que hacer mis trabajos para la escuela… aunque no entendiera nada.

Me di media vuelta, lentamente… sintiendo vergüenza. Y es que… ¿qué persona no tiene las llaves de su casa?. Pff. Soy una idiota.

—No tengo llaves —le dije, encogiéndome de hombros. A lo mejor él no era tan malo y se quedaba conmigo, esperando a que llegara papá y abriera la casa para después entregarle la ca…
—Vengo por la noche a buscar la caja —me contestó, cortando mis pensamientos… y luego de dio media vuelta para comenzar a caminar hacia su casa. Me quedé de piedra ¿tan mal le caía a ese chico para que me tratara así? ni siquiera se había despedido.

Me dejé caer en es césped que había en la parte delantera de la casa… recostándome, usando la mochila como cabecera. Hacía mucho frío, pero agradecí que no lloviera. Algo era algo…
Y es que ya me había enojado. Ese Bill… ¿quién se creía que era? ¿fan, yo? ¡claro!, como si no supiera que se burlaban de mi. No me gustaba Alemania… para nada. Tenía que irme cuanto antes, quizás, podría convencer a papá de mudarnos de nuevo. 

Pero ahora, que lo pensaba bien… Bill no tendría porqué haberse quedado conmigo. Después de todo, no nos conocíamos. Lo había visto el día anterior por primera vez.

Y es que me aburría tanto, que comencé a cantar una canción… Bajito, claro, para que nadie me escuchara. Luego de unos minutos, miré la hora. Aún quedaban alrededor de tres horas para que papá llegara. Me tuve que incorporar, sentándome, porque me había entrado tos. Dios, no me quería enfermar. Yo era de esas personas que se enfermaban porque sí, porque no y si no… también.

Los de dedos de mis pies y manos estaban tan congelados que no los sentía. Vaya abrigo que me compré. La cosa ni siquiera me abrigaba. Recogí mis piernas, pegándolas a mi pecho y luego las abracé, convirtiéndome en una pelota humana… enterré la cara entre las rodillas. No me sentía bien.

—¿Karla? —me sorprendí y alcé la cabeza al instante —digo… Karlie —como sólo pude ver un bulto negro frente a mi, me refregué los ojos y parpadeé un par de veces, para poder darme cuenta de que se trataba de Tom, el gemelo bueno. Le sonreí, con los dientes apretados, para no empezar a tiritar. 
—Hola —murmuré con la voz un poco más ronca. 
—¿Qué haces afuera de tu casa?... con todo este frío no deberías —se acercó un poco más, hasta situarse a poca distancia de mi. Se agachó un poco para que nuestros rostros quedaran a la misma altura.
—No tengo llaves —me encogí de hombros —tengo que esperar a que papá llegue. 
—¿A que hora llega? —frunció el ceño con preocupación, tocando una de mis manos con la parte externa de la suya.
—A las siete y algo…
—Dios, estás helada. Falta demasiado. A ver… —se levantó y luego me cogió la mano, separándola de mi pierna. Me tironeó hasta ponerme de pié y luego recogió mi mochila —te voy a llevar a mi casa, vas a tomar algo caliente y allí te esperas a que llegue tu padre, ¿vale? —asentí. No podía ser educada y negarme… no en estas circunstancias. Comenzamos a caminar hacia su casa… sin decir nada. Yo ya había comenzado a tiritar… no me gustaba. Pero más que nada, estaba nerviosa. Seguro Bill estaba allí y… pff. Seguro pensaba cualquier cosa de mi. Y es que ir y meterme en su casa… ¿pero por qué yo tengo que andar haciéndome problemas por esas cosas? Tom me había invitado. Yo no iba por Bill… por mucho que quisiera averiguar sobre él. 
—¿Por qué no llamas a tu padre? —me preguntó Tom, a sólo unos pasos de llegar a su casa.
—No me gusta molestarlo cuando trabaja… —además, él siempre me regañaba por llamarlo en esos horarios. Tom no contestó y sacó unas llaves de su bolsillo, para luego abrir la puerta de su casa. Me empujó para que pasara primero… aquí dentro si que estaba calentito. Tom pasó después de mi y cerró la puerta. 
En ese momento, la mujer rubia salió de la cocina, gritándole algo a Tom… algo que no entendí. Pero se interrumpió ella misma…
—¡Karla! —Luego le dijo algo a Tom en alemán y este asintió con la cabeza. Le contestó algo que tampoco entendí.Odiaba cuando se ponían a hablar en alemán.
—Oh, pobre… debes estar fría, ven que te doy algo caliente —me hizo una seña para que la siguiera, entrando en la cocina. Miré a Tom y este me dio un pequeño empujoncito —Bill me dijo que te había dejado en tu casa —siguió conversando ella —no me dijo que no tenías llaves, ¡ese chico! te pido disculpas por él —me miró por un momento, cogiendo un tazón de uno de los muebles.
—No se preocupe… él iba conmigo sólo porque tenía que darle una caja —la mujer entrecerró los ojos.
—¿Qué caja? —preguntó un poco extrañada.
—Estaba en uno de los armarios de la casa donde vivo ahora. Decía que era para Bill Kaulitz.
—¿Tu eres la chica que Tom dejó ayer a una cuadra, no? —me cortó. Yo asentí repetidas veces con la cabeza —no le des la caja —iba a preguntar pero otra voz resonó en la habitación.
—No le digas estupideces, mamá. ¿me darás la caja, no? —no supe que decir. No sabía a quien darle la razón. La mujer rubia era la madre de Bill… aunque ella no tenía porqué entrometerse en las cosas de su hijo. Pero a lo mejor tenía razón y no le tenía que dar la caja. Ni siquiera tenía ganas de darle la caja. Él no se comportaba muy bien conmigo, que digamos. Estornudé. 
—¿Ves? por tu culpa Karla ahora se enfermará —lo regañó su madre. Me sentí mal por ser la causante de eso.
—¿Y yo como iba a saber que se iba a enfermar? —se defendió Bill.
—Pero sabías que no tenía llaves. Yo no te crié así, Bill —y luego de eso, siguieron hablando en alemán. Con el ceño fruncido… como si se estuvieran atacando con palabras. Me sentí mal. Miraba a ambos con los ojos muy abiertos, al parecer se habían olvidado de mi presencia. Me entró el nerviosismo y el frío se fue… Además, ellos alzaban la voz cada vez más… y más… y más…
—¡Paren! —gritó Tom entrando en la cocina. Gran sorpresa me llevé al darme cuenta de que había entendido su alemán.

Automatic /Capítulo 5


Al día siguiente, martes, desperté de una pesadilla. Se me olvidó a los tres segundos de haber despertado, pero aún me sentía extraña. Lo primero en que me fijé, después de salir del shock, fue en la caja que había a un lado de la puerta. Si, papá me la había pasado. La tenía que abrir, porque yo quería saber que había dentro… me moría de curiosidad.
Me destapé… me entró el frío, pero no me importó. Me levanté de la cama aún con sueño… tambaleándome. Y con los pies entumidos, me dirigí hacia la puerta. Miré hacia fuera, para asegurarme de que papá no estaba y luego cerré la puerta. 

Cogí la caja y un pequeño papel calló al piso. Lo recogí con cuidado y me lo acerqué al rostro, para luego leer en voz alta:

—Cariño, tuve que irme más temprano al trabajo. Toma el autobús… blablabla.

Arrugué el papel entre mis dedos, y luego lo lancé sobre el escritorio. Pff, genial. A lo mejor hasta llegaba tarde. En fin… ya no importaba.

Dejé la caja sobre la cama. Pude leer a un costado de esta: “Para Bill Kaulitz” Escrito con un marcador negro permanente. La caja estaba bastante deteriorada. Pero estaba muy bien cerrada con cinta. Mmm… ¿Sería el mismo Bill?
A lo mejor Emilie sabía su apellido. Se lo preguntaría hoy en la escuela. Y luego tendría que entregarle la caja.

En realidad, tenía más ganas de abrirla, que entregarla… Pero si la abría, se iba a notar demasiado que se había abierto anteriormente, y no iba a poder entregársela. Me sentiría culpable, pues papá confiaba en mí y en que yo se la entregaría.

Intenté quitarme la idea de abrir la caja y me fui a vestir. Me duché, arreglé, maquillé y tomé desayuno. En cuanto estuve lista, miré el reloj. No me quedaba tiempo para abrir la caja. Suspiré aliviada, y luego, tras coger mi mochila y un abrigo salí de casa.

Bien. Hoy iba a averiguar quien era ese “Bill Kaultz”. Le iba a entregar su caja y después… a ver que hacía para averiguar que había dentro. 

Me dirigí hacia la parada de autobuses. Me llevé la sorpresa del año al darme cuenta de que Emilie estaba allí ¿y es que como no iba a estar allí si su casa quedaba tan cerca?era obvio que me iba a encontrar con ella… Pero no lo había pensado hasta que nos encontramos… y es que soy una lenta.

Nos fuimos juntas a la escuela, como era de suponer… llegamos al momento en que entraba una profesora en la sala de clases. Ella me saludó, me preguntó un par de cosas y luego nos dirigimos a nuestros asientos.

—Emi —la llamé en silencio. Ella me miró, dándome a entender que me había escuchado —¿me puedes traducir lo que está diciendo, por favor? es que no entiendo nada. 
—Mmm... está hablando sobre la nueva tecnología —eso estaba claro, estábamos en una clase de tecnología —robots que parecen humanos. Los científicos intentan hacer un robot capaz de pensar, tener conciencia, de sentir el ambiente que los rodea y de relacionarse como un humano… —empezó… Hablando despacio, luego de la profesora. Entrecerré un poco los ojos. Un robot haciendo las cosas como… un humano. Claramente nunca sería humano, podría pensar, tener conciencia, sentir el ambiente y hasta relacionarse como un humano… Pero no podría tener sentimientos, eso estaba claro —aún falta demasiado para que uno de esos robots pueda ser creado ¿alguno de ustedes sabe como se llaman esos robots? —miré a todas las clase… todos estaban prácticamente gritando —si, exacto… humanoide. Un robot con las mismas extremidades de un humano, es un humanoide. El gran desafío científico es otorgarle al robot, cualidades parecidas a los humanos… —interesante. Humanoide —ahora, respondan las preguntas de las página 245 —Emilie me miró con una sonrisa de satisfacción en el rostros —¿soy buena traductora?
—Excelente —reí bajito. Entonces decidí que sería un buen momento para hacer mi pregunta —emm… ¿no sabes de casualidad el apellido de los gemelos de ayer?
—Kaulitz —¡BINGO! —¿por qué? ¿los conoces? no me digas que eres fan… —me miró impresionada.
—No, si, digo, no… vale, me enredé, ¿fan?, ¿por qué yo iba a ser fan? —suspiré —sólo te preguntaba el apellido por curiosidad, nada más. 
—Ah, ¿Entonces no eres fan?
—¿Fan de qué?—pregunté confundida.
—Tokio Hotel —vale, que a lo mejor esta chica se estaba burlando de mi. Yo había estado en Tokio… viviendo en un Hotel por dos semanas…
—¿Te burlas de mí?
—¿Por qué?, no, no, claro que no. Es que pensé que… 
—Ustedes dos, las de atrás… —alzamos las vista a la vez, mirando a la profesora —¿han terminaron las preguntas?

Luego de eso, no volvimos a hablar sobre el tema.

El resto del día escolar lo pasé igual que el lunes. En grupo con las chicas. Hablé un poco más con las gemelas y me cayeron bastante bien. Pero mi opinión sobre Tess y Lindsay seguía siendo la misma. A lo mejor ella no querían ser unas creídas, pero lo eran sin querer. Tampoco era plan de ponerme a pelear con ellas, por lo que no les dije nada. Y eso fue extremadamente fácil, pues ellas tampoco me dijeron nada. 

Emilie… pues creo que ya tenía un concepto de ella como persona. Era buena. Un poco gritona, hiperactiva y todo eso… Pero era de pensamientos buenos, eso lo tenía más que claro. Además, era una copia idéntica de su hermana, se parecían bastante. Sólo que Emilie era un poco más pequeña. Como aún no me podía aprender el nombre de su hermana, me veía obligada a llamarla “su hermana” y eso si que era incómodo, aunque sólo lo pensara.
Algo que se me olvidó añadir, es que como no tenía llaves, ayer había entrado a casa por la ventana de la cocina. A lo mejor, hoy tendría que repetir el proceso. Sólo que se me había olvidado revisar la ventana antes de salir. Además, papá nunca se preocuparía mucho por el tema, él sabía que yo me las arreglaría de todas formas. 

A lo que respecta con Bill Kaulitz… No pude dejar de pensar en él, y eso me molestaba más de lo normal, vamos. Que me había pasado el día pensando en un extraño. Soy estúpida lo sé. Pero es que Bill Kaulitz llamaba la atención, o al menos llamaba mi atención. Y como una curiosa de primera quería saber más sobre él. Quizás algo de su vida, sus estudios, su casa, o a lo mejor… la razón de porqué parecía ser un chico tan vacío, tan frío, con falta de vitalidad. Y es que sus ojos… no expresaban nada ¿acaso su alma no sentía? Dicen que los ojos son las ventanas del alma. Entonces, si así era, su alma estaba vacía, era algo inerte. Quizás… alguien le había hecho daño. Pues no hay razón para que una persona se cierre de esa manera. Pero, ¿quién podría hacerle daño a él? ¿quién querría hacerle daño a ese chico?
Tenía que averiguarlo… quería averiguarlo.
Dicen que la curiosidad mató al gato, pero yo no era un gato. Así que estaba bien. Y es que la enorme necesidad que sentía… necesidad de acercarme a él. Lo había sentido desde que lo había visto en el coche, ayer. Y odio admitirlo, pero soy sincera. Yo iba a averiguar más sobre ese tal Bill Kaulitz.

Y hubiese seguido pensando en el chico… no tan chico, ya que si tenía la misma edad que la hermana de Emilie, tendría 19… de no ser por que Emilie me interrumpió.

—¿Nos bajamos aquí para comprar un helado? —íbamos en el autobús de vuelta casa. Habíamos hablado antes de salir, sobre una tienda pequeña a unas tres cuadras de mi casa, que tenía unos helados muy buenos… además de muchas cosas más, era como un supermercado, pero pequeñito. Pero lo que más nos interesaba a nosotros eran los helados, claro. Emilie no me dejó contestar e hizo que el autobús se detuviera. En cuanto se abrieron las puertas, nos bajamos y cruzamos la calle corriendo, para luego entrar en el negocio. Salimos del local comiendo nuestros helados... el de Emilie era de fresa y el mío de naranja, como es de suponer —deberías haber elegido el de fresa, es el mejor —Emilie comió un poco de su helado, mostrándome de lo que me perdía.
—Para mi, la naranja es lo mejor del mundo… mmm —le mostré a ella de lo que se perdía. 
—Pff… —fue a decir algo más, pero el sonido de su móvil la interrumpió —¿hallo? —dijo llevándoselo al oído. Decidí no seguir escuchando, pues no entendía nada. Me dediqué a comer mi helado. Que difícil iba a ser para mí aprender Alemán. Hoy mismo le iba a decir a papá que me metiera en clases del idioma. Aunque ya sabía su respuesta “yo te puedo enseñar, ¿o es que mi cara de alemán no te parece muy inteligente?” Sonreí, es que a ese hombre se le ocurría cada bobada... —debo irme —Emilie me sacó de mis pensamientos —llegó un primo a casa y tengo que cuidarlo, porque Sam no está y mamá va a salir —con que se llamaba Sam… Vale, que esta vez ya no se me olvidaba.
—Am.. vale, no hay problema, nos vemos mañana. 
—Ok, adiós. Intenta mejorar un poco tu alemán, que te pierdes de mucho —se burló. Fruncí el ceño y luego de despedirme de ella, pude ver como se alejaba caminando por la calle. Yo no quería irme aún. Hacía frío, y estaba en plena calle comiendo un helado de naranja, ¿qué mas pedir?... nada. Soy una idiota, lo sé. 

Cuando estaba a punto de terminar mi helado, por mientras que pensaba en mis cosas… se me ocurrió alzar la vista. Una mujer rubia cargada de bolsas salía del local. Llevaría unas… muchas en total y se notaban bastante pesadas.

No se dio cuenta de que yo estaba al lado de la calle, y dobló hacia la izquierda, en la dirección de mi casa. Me terminé de comer el helado rápidamente, mientras observaba como la mujer rubia dejaba las bolsas en el suelo y luego las volvía a coger para dar otros tres pasos y repetir la acción. 

Se me ablandó el corazón, vamos como siempre y me apresuré en alcanzarla…

—Hallo —la saludé. La mujer rubia dejó las bolsas en el suelo nuevamente. Me miró y luego de pestañear un par de veces, una sonrisa amable se dibujó en sus labios. La mujer, tenía un aspecto joven… bastante cariñoso debo decir. 
—Hallo —me devolvió el saludo. Como la señora me pareció bastante simpática, no me dio la más mínima pizca de vergüenza seguir hablando en inglés:
—¿Quiere que la ayude con las bolsas? —la mujer entrecerró los ojos un poco, analizándome con la mirada.
—Te lo agradecería mucho —le sonreí. Me había contestado en el mismo idioma, vamos que en Alemania se manejaban bastante bien con el inglés. Cogí todas las bolsas que ella llevaba en las mano derecha y las dividí entre mis dos manos, así quedaba más cómoda… Realmente pesaban mucho —¿no hablas alemán? —me preguntó, comenzando a caminar. Yo negué con la cabeza.
—No… llegué hace poco —me encogí de hombros, siguiéndola.
—Oh, y dime, linda, ¿como te llamas?
—Karla.
—Qué bonito nombre —me sonrió —¿de dónde vienes?
—Japón, y no me pregunte si sé japonés, porque estuve allí sólo dos semanas y tan bien como me manejo con el alemán, me manejo con el japonés —añadí rápidamente. La mujer se echó a reír.
—Vale, vale —suspiró. Cruzamos la calle.. Ella no dejaba de mirarme y yo ya me estaba sintiendo un poco incómoda. Y al parecer ella lo notó —discúlpame si soy un poco grosera, es que te pareces a alguien que conocía —no era la primera vez que me decían eso… —oh, mira, allí está mi hijo… ese mal educado que no me ayuda a traer las compras. No sé de donde habrá sacado esos modales. Jamás se lo enseñé —negó con la cabeza repetidas veces.

Y entonces, miré hacia delante. Y si… allí había un chico.

Automatic /Capítulo 4


Emilie se subió a mi lado, quejándose de algo en alemán. Me sentí un poco cohibida, e intenté no mirar ni tocar al chico que iba a mi lado. El que iba adelante, puso el coche en marcha a la velocidad caracol… y me recosté en el asiento, queriendo llegar a casa lo antes posible. Llevaba menos de un minuto en el coche y ya quería salir de allí. El chico me ponía nerviosa… No lo había visto detalladamente, pero bastaba con un pequeña mirada para darse cuenta de que no estaba de buen humor y que no le gustaba mi presencia. Emilie intercambió un par de palabras con su hermana y el chico que iba adelante.
—¿Así que vienes de Japón? —entendí a la chica. Vale, eso quería decir que me hablaba a mi. 
—Si… pero estuve allí sólo dos semanas —contesté un poco cortada.
—Genial, ¿viajas mucho? —esta vez habló el chico.
—Si, creo que ahora nos vamos a establecer en Alemania por más tiempo, no lo sé.
—Él es Tom —miré a Emilie, quien apuntaba al chico que volante —es el novio de mi hermana —murmuró —y el que está a tu lado es Bill… —giré un poco la cabeza para mirarlo. Él ni siquiera se inmutó. Ahora estaba con los ojos clavados en sus manos. Es que era tan… extraño. Llamaba mucho la atención, él era… pues para empezar, era alto, de eso ya me había dado cuenta. Tenía el cabello negro y largo… lo llevaba aplastado con una gorra… —él y Tom son gemelos —añadió. 
—¿Es verdad? —pregunté asombrada, sin dejar de mirarlo. Entonces el chico alzó la cabeza… y pude ver sus rasgos. Me pareció hermoso… pero sus ojos me parecieron vacíos ¿acaso su interior estaba vacío también? tenía un aspecto extremadamente melancólico, aunque su expresión… su expresión era… pues parecía enojado. O no lo sé en realidad. A lo mejor no quería que le hablara. 
—De verdad —contestó Tom, el chico del volante. Bill, el de mi lado, no dijo nada. Había alzado el rostro, si, pero no me había mirado. Sólo había clavado la vista a un puno fijo frente a él. Miré hacia el espejillo que había en el coche y pude ver el rostro de Tom con una sonrisa. Le devolví la sonrisa, sin saber que hacer —te pareces a alguien... —comentó. 
—Quizás me parezco un poco a mí —me encogí de hombros. Emilie se echó a reír, pero su hermana siguió la conversación de Tom.
—Con razón le encontraba cara conocida... Pero no sé a quien se parece —me mordí el labio inferior… quizás a quien me parecía —¿alguna vez has salido en la TV? 
—No… —me encogí de hombros… que yo sepa.
—¿Bill, encuentras cara conocida a Karla? —le preguntó su hermano.
—Karlie —corrigió Emilie.
—…Karlie. 

Volví a mirar al chico de los ojos vacíos. 
Él clavó su mirada fría, sin expresión sobre mi… Y comenzó a analizar mis rasgos, rápidamente. Sentí que el calor se me subía al rostro, pero no dije nada. Su boca se entreabrió, parpadeó un par de veces y con un leve gesto de sorpresa, exclamó con una voz suave, firme, casi ruda, fría:

—Tiene los labios más gruesos y un lunar en la mejilla… —me quedé de piedra. Si lo había dicho en inglés era para que yo lo entendiera… Pero lo que yo no pude entender fue a qué se refería. Pero no dije nada, nuevamente me callé… Al igual que todos los que íbamos allí en el coche. El chico dejó de mirarme, clavando nuevamente sus ojos en los edificios que pasaban rápidamente fuera de la ventana. Me di cuenta de que había comenzado a jugar con sus dedos, casi como un gesto de nerviosismo. 
—Karlie, ¿sabes japonés? —y nuevamente esa pregunta ¡que no sabía japonés!
—Te puedo hablar hasta en chino, pero no sé japonés —le contesté a Tom. Emilie y su hermana rieron.
—Tampoco sabes alemán —añadió la chica.
—No... —me encogí de hombros.
—Yo le enseñaré —añadió Emilie.
—¿Dónde vives, Karlie? —oh, vale. No sabía donde vivía, no me sabía el número de la casa, ni el nombre de la calle…
—Emm… a unas dos cuadras de Emilie, no sé el nombre de la calle, ni el número. Está frente a un árbol gigantísimo y en la esquina hay una parada de buses —la hermana de Emilie rió.
—Qué claro, ¿eh?
—Hey, que yo la entendí, aquí yo soy el que maneja, Sam… —la chica le dio un golpe a Tom en el brazo —ya sé donde vives, Karlie… vivimos en la misma calle —detuvo el coche. Miré hacia la ventana, sin decir nada… Estábamos frente a la casa de Emilie.
—Adiós, amor —se despidió la chica.
—Recuerda que mañana vengo por ti temprano… —aparté la vista para no ver el besuqueo. Emilie abrió la puerta que había a mi lado.
—Adiós, Bill. Nos vemos mañana, Karlie —se despidió.
—Adiós.
—Hasta mañana —nos despedimos al mismo tiempo. Ella se bajó del coche, cerrando la puesta. Entonces me separé del chico… para no tenerlo tan apretujado contra la ventana, ¿no? dejé las bolsas entre nosotros, e intenté no escuchar la conversación extremadamente cursi que tenían esos dos adelante… 

El chico se separó de la ventana, volviéndose un poco hacia mi, con los ojos entrecerrados. 

—¿Vives en la 4501? —me preguntó. ¿qué si vivía en la qué?
—No lo sé —me encogí de hombros —¿qué es eso? —él no dijo nada… y apartó la vista, nuevamente volteándose hacia la ventana. Me sentí aún más incómoda. No sabía donde mirar, ni que decir… Sólo me limité en clavar la vista en mis manos ¿Había hecho algo mal?

Luego de unos segundos, la puerta de delante se cerró y Tom puso el coche en marcha nuevamente. Espetó algo en alemán, a lo que Bill respondió con aires de desinteresado. Me dio la impresión de que se refería a mi… o a lo mejor tuve esa impresión porque escuché un “Karla”, entremedio de la oración de Tom.

No tardamos en llegar hasta mi casa. Tom detuvo el coche frente a ella. Cogí mis bolsas y luego abrí la puerta. Miré hacia fuera y lo primero en lo que me fijé fue en el número que había a un lado de la puerta.

—Si, es la 4501 —Bill me miró rápidamente, con los ojos un poco más abiertos, a lo mejor por la sorpresa. Tom suspiró fuertemente —adiós —me despedí de los dos, bajándome del coche. 
No esperé a que él otro chico mal educado respondiera, simplemente cerré la puerta y me dí media vuelta ara seguidamente comenzar a caminar hacia casa.
Piqué al timbre. No tenía llave… pero me encargaría de tener una copia dentro de la semana… No fuera a ser que por alguna razón me quedara afuera y no pudiera entrar. Eso sería terrible.
—Llegaste —exclamó mi padre a la vez que habría la puerta, sacándome de mis pensamientos —pensaba que te había pasado algo…
—Llevé móvil —dije como se fuese lo más obvio del mundo, y luego pasé dentro de la casa. Papá cerró la puerta. 
—No me acordaba… ¿qué compraste?
—Un pantalón y un bolso —me encogí de hombros.
—Vale… ¿quieres cenar? —comencé a caminar hacia las escaleras.
—Me comí un helado…
—¿Quieres jugo de naranja? — e detuve al instante. El jugo de naranja era mi favorito. Casi como una obsesión… me encantaba. No podía decir no a un jugo de naranja… Miré a mi padre, este me estaba sonriendo —también podrías hablarme sobre tu primer día de escuela… — suspiré, para luego, decirle con cariño:
—Voy a dejar las bolsas arriba y bajo —me sonrió, entrando en la cocina. Me apresuré en subir las escaleras… encendí la luz de la habitación y lancé las bolsas sobre la cama. Luego de eso, me quité los zapatos y tras apagar la luz, volví a bajar las escaleras casi corriendo… resbalándome con los calcetines — a estoy —entré a la cocina —¿tienes mi jugo?
—Recién exprimido —dejó dos vasos sobre la mesa. Se sentó frente a uno y yo me apresuré en sentarme frente a él —cuéntame… ¿te hiciste amigas? —me encogí de hombros, cogiendo el vaso. 
—Conocí a chicas que también hablan inglés. Lindsay fue la que me habló primero… con Tess. En su grupo también están las gemelas Ivvy y Jane. Pero me siento con Emilie. Con ella salí de compras… tiene una hermana mayor y vive a unas dos cuadras —le informé. Él alzó una ceja. —supongo que la que más te agrada es Emilie —le di un gran sorbo al jugo de naranja antes de responder. 
—Eso creo. Con las gemelas casi no hablé… y Lindsay y Tess me parecieron un poco… creídas —me encogí de hombros, dándole otro sorbo.  
—No sé que tienes en contra de las niñas “creídas” —se burló mi padre.  
—Pff. Es que tú no lo entiendes —puse los ojos en blanco —aunque aún no las conozco bien, ni siquiera las conozco. Es que hay algunos tipos de gentes que me desagradan —seguí alargando mi comentario —como el tipo del coche.  
—¿Qué coche?
—Él que me trajo a casa. Era la hermana de Sam… con dos gemelos.
—Alemania está repleto de gemelos… —le hice caso omiso al comentario de papá.
—Uno se llamaba Tom, era el que manejaba el coche, me calló muy bien, me conversó mucho… pero ese otro maleducado que iba a mi lado, no dejaba de mirar hacia la ventana y casi no me hablaba. No me gustó su actitud… El “Bill ese”, se cree superior o algo así… —le iba a seguir, pero mi padre me cortó. 
—Ya basta, Karla. Sabes que no me gusta que descalifiques a la gente de esa manera —le di otro sorbo al jugo, casi acabándolo. 
—Pero es que tú no te imaginas, ese Bill…
—¿Bill? —me volvió a cortar —¿por casualidad no te sabes su apellido? 
—No. Vive en la misma calle que nosotros, no sé nada aparte de eso y el nombre… y que es un maleducado, claro le dí el último sorbo al jugo —¿por qué? ¿lo conoces? 
—No… para nada. Es que ayer, ordenando las cosas, me pillé con una caja en un armario… está cerrada con cinta y dice que es para un tal Bill Kaulitz. 
—¿Vas a tomarte eso?—señalé su jugo intacto sobre la mesa. 
—Tómalo si quieres —y eso fue exactamente lo que hice. 
—¿Abriste la caja?
—No… creo que deberíamos dársela —la verdad es que me habían entrado ganas de saber que había en esa caja.
—¿Tienes idea de quien pudo dejarla? ¿quién vivía antes en esta casa?
—Mi hermano —no sabía que tío Agüst vivía en Alemania.  
—No sabía que él vivía aquí.
—A puesto a que tampoco sabía que yo nací en Alemania —me quedé de piedra. Por eso se le daba tan bien el idioma… ¿quién lo diría? ¡Papá era alemán! Y yo ni siquiera me había enterado.  
—¿Eres Alemán? —pregunté incrédula, dejándo el vaso sobre la mesa. 
—¡Claro! ¿o no ves mi cara de Alemán? —me eché a reír. 
—Oye, hablo enserio. 
—Yo también. 
—Pff... ¿entonces tío Agüst dejó esa caja en el armario?—alcé una ceja.  
—No lo creo. A lo mejor sus hijos… no lo sé. Jamás conocí a mis sobrinos. Sólo sé que su esposa se murió hace un año… Vine a Alemania, ¿lo recuerdas?
—Como no lo voy a recordar, fueron los tres días más aburridos de mi vida en la casa de la abuela... —me eché a reír. 
—No seas cruel con tu abuela, ella te quiere… La cosa, es que después de que su esposa murió, se cambió de país… o más bien, siguió donde estaba —mm… a lo mejor alguno de mis primos la había puesto allí. Quizás no era para ese Bill… pero me había entrado la curiosidad. Y si no habría la caja, tendría que averiguar el apellido del mal educado. Entonces… algo se me vino a la cabeza. 
—¿Sabes? ese Bill, sabía que esta casa era la número 4501 ¡ni siquiera yo lo sabía! —resoplé.  
—Ya ves, a lo mejor es él —suspiró, levantándose de la mesa —cuando termines tu jugo, lavas los vasos… Me voy a ir a dormir —se acercó a mí, para luego depositarme un beso en la frente —me harías un gran favor si averiguaras el apellido del chico. A lo mejor es algo importante, no quiero botar la caja… 
—Vale. Déjamela en la habitación, que se la entrego —no sin antes abrirla y ver que hay dentro. 
—Buenas noches, hija… —a lo mejor, parece un poco exagerado contarle todo lo que me pasa en el día a mi padre… Pero es que él es todo para mi, es como por así decirlo “lo único que tengo”. Es la única persona que siempre está conmigo y estoy segura que nunca me hará daño. Él siempre ha estado en los momentos malos, en los buenos, en mis fracasos, en mis triunfos. Realmente lo admiro, es la mejor persona que ha pisado el planeta… y que gran suerte que tengo al tenerlo como padre. Además, me divertía contando mis cosas… Pero sólo a él, ya que yo muy bien sabía, que se llevaría los secretos hasta la tumba. Aunque claro, siempre hay cosas que una chica de 16 no le puede contar a su padre… Y esas cosas se iban a mi otra opción: Mi guitarra.  

Me levanté del asiento, lavé los dos vasos y sin poder sacarme a ese Bill de la cabeza, me fui a dormir.

Automatic /Capítulo 3


Me bajé del taxi fuera de la escuela.

—Gracias — e dije al chofer antes de cerrar a puerta y acomodarme la mochila en el hombro. Era lunes…, él primer día de clases. Ayer no había hecho nada, mi padre me había sacado de casa para buscar un buen coche, que compraría dentro de la semana… o yo que sé.

Comencé a caminar hacia el edificio rápidamente. Tenía que buscar mi horario y el número de sala.

Entré en recepción y hablé con la secretaria para pedirle los papeles. No fue necesario gesticulas tanto, pues la mujer sabía ingles y me atendió de lo mejor con su “¡Ah, tu eres la chica que viene de Japón!” Já, ni siquiera sabía hablar japonés. Venía desde allí, pero había estado en ese país sólo dos semanas, eso no me hacía japonesa…. Pero tampoco podía darle una charla a esa señora sobre mi vida… por lo que le puse la cara más amable que tenía y le recibí los papeles con un “gracias”.

Como había llegado temprano, me tomé mi tiempo en buscar el salón, hasta que luego de dar vueltas y vueltas por los pasillos encontré la sala número 23. Suspiré y doblé los papeles a la mitad, para luego acomodar mejor mi mochila y entrar casi corriendo. Los otros chicos ya había llegado, y todos los asientos parecían estar ocupados. Me acomodé el cabello detrás de la oreja, ¿qué se suponía que tenía que hacer ahora? Claro, esperar a que el profesor llegara y me dijera donde tenía que sentarme.…

—¡Oye, tú, la nueva! —oí a una chica gritar desde los últimos asientos, me sorprendí, pues hablaba un perfecto inglés. Dirigí la vista hacia donde provenían los gritos. Eran un grupo de chicas que conversaban sentadas sobre las mesas de la orilla de la ventana.
—¡Aquí hay un asiento! — chilló otra, con un acento bastante extraño. Me sentí extraña, pues veinticuatro pares de ojos se posaron en mí en ese momento. Sonreí de medio lado, ¿Qué más podía hacer?, y luego me acerqué hacia ellas, pasando por el pequeño pasillo que había entre las mesas.
—¿Cómo te llamas? —me preguntó la misma chica que me había llamado, en inglés.
Me bombardearon de preguntas en Alemán en cuanto estuve junto a ellas, vale que no había entendido nada.…
La misma chica, hizo callar a las otras.
—¿Cómo te llamas?
—Karla.
—¡Genial!, ¿y como te dicen?, todo el mundo aquí tiene un apodo —añadió la otra, hablando rápidamente, casi no había entendido lo que había dicho.
—Karlie, algunas personas me dicen Karlie —me encogí de hombros.
—Karlie, que bien —miré a la chica. Era más alta que yo, eso era seguro… era bien paliducha y tenía el cabello rubio oscuro, liso y a la altura de los hombros —soy Lindsay —le sonreí —ella es Tess —señaló a la chica del acento extraño. Esta era todo lo contrario… era morena, con cabello negro y bajita —la de allí es Jane —me señaló a la otra chica, que me saludó con la mano —y la chica que es igual a ella, Ivvy, es su gemela. – Miré a ambas, eran prácticamente iguales. – También en nuestro grupo está Emilie, pero aún no llega. Vas a sentarte junto a ella, si quieres claro —añadió.
—Si. – Contesté con una media sonrisa —entonces Tess, creo, se bajó de la mesa donde estaba sentada.
—Esta es tu mesa, dame eso. – Me quitó la mochila, dejándola sobre la silla. Por suerte era el asiento del lado de la ventana —¿alguna vez escuchaste la leyend…...? —Lindsay la cortó, dándole con el codo.
—No… ¿qué leyenda? —pregunté. Vamos, que el bichito de la curiosidad ya me había picado.
—La leyenda de la chi...…
Interrumpió esta vez una de las gemelas, hablando bastante fuerte. No querían que me enterara, ya lo había pillado. Esto si que iba a ser difícil. Lo único que sabía decir era “Hallo”, y el resto… nada. Tampoco entendía mucho que digamos. Mi padre tendría que darme clases de Alemán.
—Emilie... —una de las gemelas se levantó de su asiento y se apartó del grupo. Su hermana la siguió hacia la puerta de la clase, por donde una chica con el pelo extremadamente rubio entraba.… Entonces, ella era Emilie. Tess y Lindsay comenzaron a hablar en Alemán, intercambiaron un par de frases y luego se bajaron de las mesas. Yo aproveché para sentarme en mi silla.
—El profesor ya llegó, nos vemos. – Se despidió Lindsay. Tess me sonrió y luego las dos se dirigieron al otro extremo de la sala de clases.

La silla que estaba a mi lado se movió. Alcé la vista, quitándome el flequillo del ojo y miré a la chica rubia. Se sentó, dejando su bolso sobre la mesa y luego con una sonrisa en el rostro me saludó.

—Hola, soy Emilie —había hablado en inglés. Me fijé en su rostro, era de piel pálida, con la nariz y las mejillas llenas de pecas y ojos celestes. No azules, celestes…
—Karla —me presenté.
—Lo sé, te laman Karlie, ¿no? —asentí, con la boca entreabierta. ¿Y ella como sabía todo eso?
—Me lo acaban de decir Ivvy y Jane —añadió —puedes llamarme Emi.
—Ok —reí.
—Veo que no hablas Alemán —murmuró. La clase ya se había quedado en silencio, pues el profesor estaba en su escritorio.
—Lo único que sé es “hallo” y ni si quiera sé si lo pronuncio bien —se echó a reír. Me pasé el resto del día con las chicas. Con las gemelas casi no hablé, pues los idiomas no nos coincidían muy bien… Lindsay y Tess, al parecer tenían muchas cosas de qué hablar, por lo que me hice más cercana a Emilie. Y ella parecía ser de esas chicas amigables al extremo… pues al salir de clases me invitó a acompañarle de compras.

Lo que hicimos primero fue pasar por su casa… que por cierto quedaba a unas dos cuadras de la mía y eso nos sorprendió bastante. Allí me presentó a su madre y su hermana mayor, de la cual no recuerdo el nombre. Su papá no estaba en casa. Y también puedo añadir que la mamá de Emilie prácticamente “castigó” a su hermana… pues la había “condenado” a pasarnos a buscar al centro comercial del centro de la ciudad, porque que saldríamos tarde. Emilie recibió una tarjeta que su madre le dio, ella le pidió que no gastara demasiado. Agradecí que su familia, o al menos también su madre supieran inglés.

Después, nos fuimos a casa. Como mi padre no estaba en casa le dejé una nota, diciéndole que llevaba el móvil y que no se preocupara por mi. También podía aprovechar de comprar algo… Y como no tenía de esas tarjetitas, sólo cogí dinero y ya…

Todo el camino hacia la parada de autobuses más cercana, lo pasé intentando aprender alemán. Emilie me enseñaba… Y aunque había aprendido dos palabras ya se me había vuelto fácil identificar el “ich” y “du”, Oh, perdón… Ich und du. O algo así. Como sea… Nos subimos al autobús y nos bajamos en el centro de la ciudad. Ya había estado antes por esos lugares, comprando las cosas para la casa y los libros para la escuela. Pero no había entrado en las tiendas de ropa. Tenía que ver como era la ropa aquí, ¿no?

Emilie y yo congeniamos muy bien. Mientras comprábamos, me di cuenta de que teníamos los mismos gustos y que nos reíamos de las mismas cosas… Además, vivíamos muy cerca y quien sabe, lo mejor me podía hacer una amiga en Alemania.

Ella acabó comprándose casi un guardarropas completo. En total llevaba alrededor de diez bolsas… Pero ella se había excusado con que hacía mucho que no salía de comprar y había crecido bastante en estos últimos meses. Había comprado desde accesorios para el cabello, hasta zapatos. Incluso, llevaba un vestido, que por cierto me había parecido hermoso, color rosa pastel, por encima de la rodilla y con unos aplicados del mismo color de la tela… Como era invierno, no tenía idea de cuando ni como lo iba a usar, pero vamos, que el vestido no era mío.

Yo me compré una cartera, las que tenía ya no me gustaban tanto y un pantalón deportivo… ya que el mío se había perdido en la mudanza. Y nada más. Luego nos fuimos a tomar un helado… nos compramos dos de los gigantes y después no podíamos hacer que nos entrara en el estómago. Dejé más de la mitad del helado… mejor me hubiese comprado uno de tamaño normal.

Cuando terminamos de comernos los helados, Emilie llamó a su hermana… Fue el único momento de la tarde en que habló en alemán y lo único que entendí fue “Du”, al parecer estaban peleándose, pues desde donde yo me encontraba, escuchaba los gritos de la chica “mayor” desde el otro lado de la línea telefónica.

—Dice que en diez minutos salen de la grabación… y que estará aquí como en veinte minutos —me informó Emilie, dejando él móvil en su cartera.
—Ok… ¿Tan poco tiempo se demoran en llegar? —miré hacia la ventana. Aún seguíamos en el local de los helados y ya era de noche…
—Es que les queda cerca.
—Ah —no quise preguntar nada. Pero… ¿cerca de qué? suspiré —¿qué te va a decir tu madre por todas las cosas que llevas?
—Por todo el dinero que gasté —me corrigió, riendo. Yo también reí.
—Papá va a estar preocupado —me mordí el labio inferior. Emilie negó con la cabeza.
—Podrías llamarlo.
—No es necesario… —me encogí de hombros —dentro de poco ya estoy en casa —hice un gesto para restarle importancia.
—¿Y tu madre? —son los de lo más histéricas… —puso los ojos en blanco. Yo sólo sonreí. Vale, a lo mejor ella encontraba a su madre una histérica, pero al menos tenía una.
—Está muerta —me encogí de hombros.
—Lo siento, no sabía que…
—Ni siquiera la recuerdo, no te preocupes —la corté con una sonrisa.
—Eh… vale. Emm… Tenemos que ir a la siguiente calle —cambió de tema.
—¿Porqué?
—Allí nos pasan a buscar… —me levanté de la silla en seguida, cogiendo las bolsas.
—Vamos —Emilie cerró la boca, salió del trance y se levantó, cogiendo sus diez bolsas.

Acabé ayudándola a cargarlas… llevaba demasiadas cosas.
El tiempo se nos pasó rápido. Nos sentamos en un banco que había cerca de la calle y nos entretuvimos contándonos cosas graciosas, o no tan graciosas, que nos habían pasado a lo largo de nuestra vida. Al parecer, las dos teníamos muchas cosas que contar…

—Allí vienen —ella señaló con la mano hacia delante. Por fin. Desvié la mirada y pude ver un coche blanco, bastante moderno, que se acercaba a 0,1 Km/h. Es decir, velocidad caracol. Por suerte a estas horas casi no pasaban coches. Emilie saludó con la mano y el coche se detuvo frente a nosotras.
Emilie cogió todas sus bolsas y luego se acercó el coche, abriendo la puerta de atrás… Yo la seguí.
—Hallo —saludó hacia adentro. Habló algo que no entendí. Contesto una voz de chica, supuse que sería su hermana —Karlie, ve tú primero, que llevas menos cosas que yo.
—Ok —Emilie me hizo espacio para pasar y yo entré en el coche…
—Hallo —saludé lo mejor que podía. El chico que iba al volante del coche me saldó, al igual que la hermana de Emilie que iba a su lado. Pero el chico que estaba a mi lado, bien pegado a la puerta, ni siquiera se movió. Y que extraño me pareció…

Automatic /Capítulo 2


El día siguiente, sábado, me levanté temprano…. Papá me ayudó a acomodar los muebles en la habitación. Arreglé las cosas, deshice las cajas, las maletas y metí todo en el armario, colgué algunas que otras cosas por la habitación, arreglé la cama y el escritorio. Como lo hice todo a la velocidad de la luz, me quedó bastante tiempo para hablar con mis amigas por msn, o al menos, las que estaban conectadas a estas horas.… Era difícil dar con algunas, pues la hora cambiaba cada vez que me mudaba. Luego de eso almorcé con papá. Él lunes a él le tocaba comenzar a trabajar y a mi me tocaba comenzar la escuela aquí en Alemania. Lo peor de todo era estudiar historia Alemana…... yo no siquiera era de aquí y no me interesaba.

Después de almuerzo, salimos a comprar todo lo que necesitaba para la escuela… y en cuanto llegamos, dejé las bolsas de compras a un lado de la puerta de la habitación y fui directo a hacer lo que más me gustaba en el mundo….
Abrí la ventana de mi habitación, dejando que la brisa fresca me diera en el rostro…... suspiré. Cogí mi guitarra, o mi hija, como solía llamarla.… Le quité la funda y luego caminé con ella hasta sentarme sobre la cama con las piernas cruzadas. Me acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja y luego dejé que la dulce melodía inundara la habitación. Destino, la había compuesto hacía un tiempo. Me encantaba.…

Estuve así hasta que dieron las diez de la noche…. Y es que hacer música era lo que más me gustaba en el mundo y jamás me iba a cansar de hacerlo. Dejé de tocar, para que mi padre pudiera irse a dormir y luego encendí nuevamente el portátil. Me quité los zapatos para estar más cómoda y apagué la luz de la habitación, cerrando la puerta. Seguidamente me puse un abrigo, para que no me diera frío. Prefería usar abrigos, antes de cerrar la ventana. Volví al portátil y me conecté nuevamente al msn.

Nu, Natalie, Arisa, Camila, Jaz…... Estaban conectadas. De los chicos sólo eran Nik y Tom.

De pronto, se abrió una ventana en la pantalla.…

Karlieeeeeee! Como llegaste a Alemania, como es? :O

Hallo, jaajaj es todo raro, no sé el idioma…





Hola :)


Otra conversación, fui a responder, pero cuando estaba en eso, el portátil se apagó….

—Mierda —susurré.
—¡Karla! —escuché gritar a mi padre desde el piso de abajo.
—¿Si, pá? —le contesté, caminando hacia la puerta de la habitación…
—¡Se fue la luz! –—siguió gritando. Oh, vale. Entonces el problema no era del portátil, si no que de toda la cuadra. Avancé casi a tientas hacia la escalera y pisando el primer peldaño le grité:
—¡Lo sé, me voy a dormir, buenas noches! —no lo escuché contestar, sólo me apresuré en volver a entrar en mi habitación y cerrar la puerta. Por suerte, algo fuera de mi habitación si tenía luz, pues entraba un poco de claridad por la ventana. Dejé mi guitarra a un lado de la cama y luego me dirigí al armario para coger mi pijama… o lo que encontrara primero y que fuera cómodo para dormir.

Me moví un poco, quedando a un lado de la habitación donde nadie me fuese a ver desde fuera y me quité la ropa…. Luego me puse el pijama y me metí al baño para lavarme los dientes.…

Cuando terminé, me metí en la cama y nada más cerrar los ojos, me dormí… con una nueva melodía dándome vueltas en la cabeza.



—Karlie, Karlie, amor… —dijo riendo –—vamos, no tengas miedo.… Es sólo un juego, Karlie.


Me di cuenta de que ya estaba despierta. Otra vez el mismo sueño… abrí los ojos costosamente…. Domingo. Era domingo y no tenía nada que hacer. Quizás podría arreglar mi mochila para la escuela, leer un poco el diccionario Alemán, o simplemente coger mi guitarra.…
Me llevé una mano a la cara mientras bostezaba. Tenía sueño pero… no quería volver a dormir. Quizás también podía ir de compras o que se yo, tenía que pedirle dinero a papá.
Como siempre, no estaba nerviosa por el primer día de clases, aunque fuese el lunes, es decir, mañana. Quien sabe con quien me podría encontrar aquí en Alemania.
Ahora, lo único que quería era tomar un jugo de naranja… y eso era exactamente lo que iba a hacer.

Auntomatic /Capítulo 1


—¿... y qué prefieres, Karla?—alcé la vista, de mi taza de café y miré de mi padre sin comprender —me refiero a qué prefieres de, ya sabes, ¿quieres ir a la escuela o prefieres un profesor particular? teniendo en cuenta que no sabes el idioma y…
—Lo sé, lo sé lo corté —si no lo hacía iba a seguir hablando hasta quedar sin respiración y yo me confundiría con sus palabras, de modo que quedaría histérica, como siempre. Mi padre era un hablador de primera.
—¿…Y? —le di un sorbo a mi taza. Claramente iba a elegir como siempre…
—Como siempre, papá. Quiero ir a la escuela, así aprendo mejor el idioma. Y quien sabe, a lo mejor me hago amigos —me encogí de hombros.
—Entonces iré a la escuela esta tarde. Primero necesitamos arreglar la casa y comprar muebles nuevos, a ver si también puedo comprarme un coche, si es que no son muy caros.
—Como quieras —me levanté de la mensa con la taza ya acabada en la mano —me iré a vestir… quiero pintar mi habitación, tiene rayas en las paredes.
—Vale. Yo lavo las cosas… Intenta apurarte —le hice caso a mi padre y dejé la taza vacía sobre la mesa nuevamente. Le sonreí de medio lado y luego salí de la cocina, echándome a correr escaleras arriba.

La verdad es que las paredes de la habitación estaban… horribles. Estaban manchadas, con dibujos, cosas escritas… incluso tenía zapatos marcados. Hubiese pensado que antes es habitación le había pertenecido a algún niño pequeño… Pero no era así, pues la letra era bastante bonita, que digamos y las marcas de zapatos eran… más o menos grandes. Tampoco era que me importase quien había vivido allí antes… Pero es que me parecía bastante raro que alguien destrozara su habitación de esa manera. Aunque, después de todo, la persona que había dormido allí antes, tenía un muy buen gusto, pues el color crema, un poco anaranjado de las paredes me gustaba. A lo mejor podría pintarla del mismo color.

Me duché, vestí y “arreglé” mi “cama” en un tiempo record. Y digo “cama”, porque no era nada más que un saco de dormir sobre una cama inflable y mi oso de peluche como almohada.

Me amarré el cabello en una cola con un elástico que encontré en mi maleta y luego salí de la habitación, casi dando saltos. Me fascinaba la idea de comenzar de nuevo, con una nueva vida… Siempre comenzábamos de nuevo, a estas alturas debería aburrirme, pero me gustaba.

—Ya estoy lista —le dije a papá en cuanto estuve abajo.
—¡Qué linda! —me comentó. Siempre me decía lo mismo. Le sonreí, negando con la cabeza. Sólo llevaba una camiseta blanca de manga larga, muy simple, con unos jeans y unas zapatillas.

Salimos de casa conversando de lo necesario que era comprarnos un coche nuevo. En Japón no había sido necesario, pero aquí si lo era. Todo estaba bastante lejos e ir en autobús a las tiendas del lugar era un poco… no lo sé, era lo que menos me gustaba hacer.

Nos bajamos en el centro de la ciudad, un lugar donde sólo se veían tiendas de ropa. Pero por alguna extraña razón, o yo que sé, mi padre sabía donde estaban las tiendas. Siempre los sabía, estuviésemos donde estuviésemos. A lo mejor la razón era su móvil o un mapa… o algo de tecnología… o simplemente consultas. Lo que sí sabía era que no valía la pena auto-cuestionarse por eso.

Lo que hicimos primero fue ir a la tienda de pintura. Terminé eligiendo el mismo color de habitación. De cierta forma, respetando los gustos de la persona que alguna vez estuvo allí.

Luego de eso fuimos a comprar los muebles. Mi padre eligió los de toda la casa mientras yo elegía una cama, una mesita de noche, un escritorio y una silla… de escritorio, claro.
Mi padre compró todo… Lo irían a dejar a casa a las seis de la tarde, en un camión.

Como se suponía que nos quedaríamos en la ciudad mucho tiempo, también compramos utensilios de cocina, habilitamos la conexión telefónica de la casa y compramos un teléfono, compramos también algunas cosas para el baño, ropa de cama, algunos adornos para el salón, e incluso una TV con DVD incorporado. Vamos, lo “necesario”.
Como anduvimos bastante rápido, ya que no nos enredamos tanto en elegir las cosas, nos fuimos a comer… Con todas la bolsas encima. Pero no importaba. Luego de comer íbamos a ponerle Internet a la casa. Después de eso íbamos a dejar todas las cosas compradas a casa y después iríamos a la escuela… y finalmente, luego de todo eso, yo me quedaría pintando y arreglando mi habitación, mientras que mi padre compraba cosas para comer, hasta que dieran las seis y los muebles llegaran.

Exactamente eso fue lo que hicimos, terminamos la entrevista en la escuela, me dieron una lista de cosas que necesitaba, como libros y útiles y esas cosas… la cuales compraría mañana por la mañana, ya que era sábado. Él lunes comenzaría en la escuela. A mitad de semestre… Iba a ser la “nueva”, la “rara”, la “extranjera” o quizás “la que no entiende lo que decimos”.

Mientras pintaba, aproveché de leer lo que decían las paredes, todas eran frases en Alemán que no entendía. También habían algunas cosas tachadas y dibujos bastante raros. Terminé de pintar mi habitación cuando llegaron los muebles, pero mañana pondría todo en su lugar cuando la pintura estuviese seca. Esta noche iba a dormir en la cama inflable de nuevo.

28 agosto, 2013

Automatic


Introducción.

Si… Ese oscuro episodio en tu pasado que te atormenta cada noche.Esa carta sin abrir, ese lugar sin visitar, ese diario sin leer. 
No te atreves.
Cobarde.A lo mejor podrías haber nacido un poco más valiente...… pero todas tus fuerzas te abandonaron, dejándote en modo automático
Ya no puedes amar, ya no puedes sonreír de verdad. Estás muerto en vida. Haces las cosas por obligación, te sientes apresado en lo que alguna vez deseaste. Te arrepientes, pero ya es demasiado tarde. 
Aunque…… Puede haber una esperanza.
Un ángel. Un ángel que viene para quedarse a tu lado, para no abandonarte nunca, para entenderte, comprender tu dolor, para apoyarte, para ayudar a que salgas de ese pozo en el que caíste sin querer. 
Te aysudará a enfrentar tus miedos, a olvidar el pasado. 
Tú sólo tienes que abrir tu corazón...… Y no ver a quien crees que ves… es una persona única, es un ángel.






…Y todo volvía a comenzar de nuevo. 

Mi vida había sido viajes tras viajes todo el tiempo...… pero hay que comenzar por el principio: 
Nací en Canadá, por accidente, mientras mis padres pasaban por allí haciendo su trabajo. Como nadie esperaba que yo naciera en ese país, en cuanto nos dieron a mi madre y a mi de alta en el hospital, nos fuimos a Noruega… el país donde mamá nació, también donde estaban mis abuelos. Viví en Noruega con mis abuelos hasta que cumplí tres años y mis padres decidieron que sería mejor que yo viajara con ellos. Mi madre murió en Inglaterra, en un accidente cuando tenía tres y medio, no tengo recuerdos de ella...… Pero desde ese momento somos sólo mi padre y yo.
No recuerdo todos los nombres de los países por lo que he pasado, pero sé muchos idiomas y conozco a bastante gente.Siempre que nos cambiábamos de país, nos quedábamos un hotel... cuando eran pocos días, o cuando hablábamos de semanas, meses o hasta un año, mi padre se conseguía una casa. Como ahora. Cuando cumplí los dieciséis, hace tres meses, él había pensado que era mejor establecerse en un solo lugar… y se las iba a arreglar para que no lo trasladaran nuevamente. No había estado de acuerdo, pero él me había convencido de que era lo mejor. Aunque yo no supiera el idioma…. Mi padre parecía manejarse bastante bien, yo iba a tener que aguantarme hablando inglés.… No sabía decir nada más que no fuese “hallo”.