Y eso fue lo que hicimos todos los días después de clases. Era la rutina, una rutina que me gustaba demasiado. Bill me iba a dejar, en cuanto me encontraba con Sam, se iba... luego me venía a buscar, comprábamos algo para comer y nos íbamos a nuestro lugar secreto.
Tom y Sam no eran novios, eso lo dejaré claro. Ahora se llevaban mejor y estaban volviendo a ser amigos. Tom, todos los días con Bill, nos esperaban en la puerta de la escuela. Pero nos íbamos separados en pareja. No faltaron los días en que tuvimos que acompañar a los chicos a la discográfica. Ya no me daba tanta vergüenza entrar en el edificio como antes, más bien, se me hacía conocido y me sentía más en confianza. Además de que casi todos los que trabajaban allí ya me conocían y me saludaba... Me trataban bastante bien.
Los días pasaron y siguieron pasando. El invierno llegaba y con ello el frío y la flojera de levantarse por las mañanas. Pero como el tiempo seguía corriendo y los días pasando rápidamente, llegó la primavera, y con eso una nueva noticia.
Los días pasaron y siguieron pasando. El invierno llegaba y con ello el frío y la flojera de levantarse por las mañanas. Pero como el tiempo seguía corriendo y los días pasando rápidamente, llegó la primavera, y con eso una nueva noticia.
Ese día habíamos ido a la discográfica con los chicos. Estábamos en una habitación, parecida a un hall, para hablar con los productores. Yo no pintaba allí para nada, pero aún así, estaba metiendo de lo mío en la conversación de los chicos, ya que los adultos aún no llegaban.
Bill y yo estábamos sentados en un sillón pequeño, bastante juntos y apretados... pero eso me gustaba. Él me rodeaba la cintura con los brazos, mientras yo reía de las ocurrencias de Tom y Georg, juntos servían, incluso, de payasos.
Y entonces, todo se quedó en silencio, cuando las puertas de la habitación se abrieron.
—¡Hola, chicos!, ¡Anne! —saludó el que venía entrando. Como yo no me acordaba de su nombre sólo le sonreí, los chicos lo saludaron y luego él se sentó en el sillón libre —los llamé porque les quiero recordar que en una semana es la gira por el país, ¿lo recuerdan? —¿¡una semana?! Pero si él nunca había...
—Nunca nos avisaron —dijo Bill, leyendo mis pensamientos.
—¿Ah, no? —preguntó él confundido.
—No. Ni siquiera para hacernos la idea o algo —reclamó Gustav —no tenemos nada preparado.
—Disculpen chicos, pensé que ya les habían avisado. Ya tenemos todo listo, todo comprado, reservado estamos sólo para partir. Es el domingo —¡Dios, ni siquiera una semana!, ¡en cuatro días Bill se iba por tres meses! intenté reprimir la mueca que intentaba apoderarse de mi rostro. Esto era algo que Bill tenía que hacer, que él quería hacer. Era por su sueño. Tampoco me iba a poner triste, para que él se sintiera mal... claro que no. Yo tenía que apoyarlo, era lo mejor.
—Pensaste mal —le espetó Tom. Pobre, pensaba invitar a Sam el domingo a alguna parte para decirle lo que sentía por ella, Bill me lo había dicho cuando veníamos de camino a la discográfica.
—Discúlpenme, pero así son estas cosas. No recuerdo a quien le dije que les avisara —dijo pensativo, más para él, que para los chicos —mmm... despediré a alguien —¿y este estaba mal de la cabeza?
—Pero si fue culpa tuya —dijo Bill en broma. Escuchar su voz detrás de mí, teniendo presente el hecho de que dentro de cuatro días ya no lo vería en meses, me hizo estremecer, poniéndome la piel de gallina. No lo quería dejar, no quería separarme de él. Quería sentirlo tan cerca de mí como lo estaba en este momento. Sentí algo en la garganta, que me dificultaba el paso del aire... no tenía que ponerme a hacer drama ahora. Bill aún no se iba... yo sólo tenía que aparentar que era lo mejor, que estaba feliz porque Bill se iba a ir a quizás que ciudades, cumpliendo su sueño. No es que no estuviese feliz Pero me angustiaba el hecho de que no lo iba a ver durante tanto tiempo. Lo extrañaría.
—En fin —habló el productor, mientras se levantaba, tras unos segundos de silencio en que los chicos intercambiaron miradas —si me quedo aquí, no voy a lograr ir entero a la gira. Rió. Pero nadie comprendió su chiste —me voy —agregó antes de salir hecho una bala por la puerta.
—IDIOTA.
Georg le lanzó un grito antes de que la puerta volviera a cerrarse. Lo miré impresionada.
—Tranquilo... —le dijo Gustav —seguro nos arreglamos y estamos listos para la gira, mírenle el buen lado a la cosa... No tuvimos tiempo para ponernos nerviosos.
—¿¡Que no tuvimos tiempo?! Exactamente por eso es que me enojo —casi gritó Tom —tenía planes —se apuntó a si mismo —también tengo vida.
—Pero no me regañes a mi, histérico.
—¡No estoy histérico!
—Basta, Tom —habló mi novio. Si quieres te vas ahora a hablar con Sam —los chicos reprimieron una risa, lo vi en sus rostros. Seguramente ninguno de ellos estaba enamorado en este momento.
—No planeaba que fuera así —Bill fue a decir algo, pero yo lo corté.
—Tom, no hay problema con eso. Sea donde sea, o cuando sea que le digas eso a Sam, ella te va a dar el si, eso no hay que discutirlo.
Los chicos comenzaron a hacer ruiditos burlones.
—Y ustedes se callan, sé que están celosos, pero búsquense una chica y no molesten a los que ya tienen una —les reproché. Ellos se callaron al instante y Bill me abrazó, pegándome aún más a su cuerpo.
—Amm... vale —fue la respuesta de Tom a mi sugerencia —¿nos vamos?
Bill y yo estábamos sentados en un sillón pequeño, bastante juntos y apretados... pero eso me gustaba. Él me rodeaba la cintura con los brazos, mientras yo reía de las ocurrencias de Tom y Georg, juntos servían, incluso, de payasos.
Y entonces, todo se quedó en silencio, cuando las puertas de la habitación se abrieron.
—¡Hola, chicos!, ¡Anne! —saludó el que venía entrando. Como yo no me acordaba de su nombre sólo le sonreí, los chicos lo saludaron y luego él se sentó en el sillón libre —los llamé porque les quiero recordar que en una semana es la gira por el país, ¿lo recuerdan? —¿¡una semana?! Pero si él nunca había...
—Nunca nos avisaron —dijo Bill, leyendo mis pensamientos.
—¿Ah, no? —preguntó él confundido.
—No. Ni siquiera para hacernos la idea o algo —reclamó Gustav —no tenemos nada preparado.
—Disculpen chicos, pensé que ya les habían avisado. Ya tenemos todo listo, todo comprado, reservado estamos sólo para partir. Es el domingo —¡Dios, ni siquiera una semana!, ¡en cuatro días Bill se iba por tres meses! intenté reprimir la mueca que intentaba apoderarse de mi rostro. Esto era algo que Bill tenía que hacer, que él quería hacer. Era por su sueño. Tampoco me iba a poner triste, para que él se sintiera mal... claro que no. Yo tenía que apoyarlo, era lo mejor.
—Pensaste mal —le espetó Tom. Pobre, pensaba invitar a Sam el domingo a alguna parte para decirle lo que sentía por ella, Bill me lo había dicho cuando veníamos de camino a la discográfica.
—Discúlpenme, pero así son estas cosas. No recuerdo a quien le dije que les avisara —dijo pensativo, más para él, que para los chicos —mmm... despediré a alguien —¿y este estaba mal de la cabeza?
—Pero si fue culpa tuya —dijo Bill en broma. Escuchar su voz detrás de mí, teniendo presente el hecho de que dentro de cuatro días ya no lo vería en meses, me hizo estremecer, poniéndome la piel de gallina. No lo quería dejar, no quería separarme de él. Quería sentirlo tan cerca de mí como lo estaba en este momento. Sentí algo en la garganta, que me dificultaba el paso del aire... no tenía que ponerme a hacer drama ahora. Bill aún no se iba... yo sólo tenía que aparentar que era lo mejor, que estaba feliz porque Bill se iba a ir a quizás que ciudades, cumpliendo su sueño. No es que no estuviese feliz Pero me angustiaba el hecho de que no lo iba a ver durante tanto tiempo. Lo extrañaría.
—En fin —habló el productor, mientras se levantaba, tras unos segundos de silencio en que los chicos intercambiaron miradas —si me quedo aquí, no voy a lograr ir entero a la gira. Rió. Pero nadie comprendió su chiste —me voy —agregó antes de salir hecho una bala por la puerta.
—IDIOTA.
Georg le lanzó un grito antes de que la puerta volviera a cerrarse. Lo miré impresionada.
—Tranquilo... —le dijo Gustav —seguro nos arreglamos y estamos listos para la gira, mírenle el buen lado a la cosa... No tuvimos tiempo para ponernos nerviosos.
—¿¡Que no tuvimos tiempo?! Exactamente por eso es que me enojo —casi gritó Tom —tenía planes —se apuntó a si mismo —también tengo vida.
—Pero no me regañes a mi, histérico.
—¡No estoy histérico!
—Basta, Tom —habló mi novio. Si quieres te vas ahora a hablar con Sam —los chicos reprimieron una risa, lo vi en sus rostros. Seguramente ninguno de ellos estaba enamorado en este momento.
—No planeaba que fuera así —Bill fue a decir algo, pero yo lo corté.
—Tom, no hay problema con eso. Sea donde sea, o cuando sea que le digas eso a Sam, ella te va a dar el si, eso no hay que discutirlo.
Los chicos comenzaron a hacer ruiditos burlones.
—Y ustedes se callan, sé que están celosos, pero búsquense una chica y no molesten a los que ya tienen una —les reproché. Ellos se callaron al instante y Bill me abrazó, pegándome aún más a su cuerpo.
—Amm... vale —fue la respuesta de Tom a mi sugerencia —¿nos vamos?
—Vamos —le contesté llena de energía. Al menos había que aparentar bien, ¿no?. Me levanté del pequeño sillón y Bill se levantó conmigo, cogiéndome la mano y entrelazando nuestros dedos, como siempre. Tom también se levantó y los chicos, luego de intercambiar un par de miradas, nos imitaron. Comenzamos a caminar hacia la puerta.
—¿Dónde vamos, amor? —preguntó Bill provocando ruiditos de burla por parte de los chicos.
—¡Cállense! —los reté, y es que ya me tenían harta. No se cansaban de molestarnos —hay que empezar por avisarle a tu madre, ¿no?
—Mmm...
—Es verdad... mamá —dijo Georg, más para si mismo que para nosotros.
—¡Bill, mami se va a poner triste! —exclamó Tom —no la veré en mucho tiempo.
—Tom Mamá se va a poner feliz de nosotros. Además, mi amor, tienes razón. Hay que avisarle a mi madre para que venga a hablar con... bueno no lo sé, pero tiene que firmar algunos papeles.
Tom asintió, dándole la razón.
—Que inteligente que salió tu novia.
—Tu novia será una chillona.
—No te metas con MI LINDA Sam —cerró la boca al instante, al darse cuenta de lo que había dicho. Me eché a reír con ganas, al igual que Bill. Los G's comenzaron a molestarlo Y es que Tom nunca se había comportado así refiriéndose a una chica. Eso realmente me había sorprendido.
—Mi linda Sam —repetí sus palabras entre risas —¡ella tiene que saberlo!
—¡NOOOOO! —me gritó —no se lo digas, ¡por favor no se lo digas! Te deberé un favor eterno, pero ¡no se lo digas! —dijo mientras corría hasta ponerse de pié frente a mi y hacer que me detuviera. Puso sus manos en mis brazos, esperando mi respuesta.
—No la toques tanto, Tom —hizo como que no lo escuchaba y comenzó a hacerme ojitos —no le hagas ojitos a MI LINDA NOVIA —puso mayor énfasis en las últimas tres palabras. Miré a Bill de reojo, aunque intentara ocultarlo y decirlo en broma, yo bien sabía que de cierta forma, lo decía hablando en serio.
—Bien, no le diré Tom.
Acepté. Y en menos de medio segundo, mis pies no tocaban el suelo y me encontraba rodeada por los brazos de Tom, que me movían de un lado a otro, apretujándome.
—Pero me debes un favor.
—¡Suéltala, déjala en el suelo! —chilló Bill. Entonces Tom me separó de su cuerpo, sosteniéndome con sus brazos, en el aire y me lanzó contra Bill. Reí, asustada. Pero mi novio me sujetó por la cintura y me dejó caer suavemente en el suelo.
—Trátala con cuidad, torpe. A tu linda Sam la tirarás por todas partes, pero mi hermosa Annie es muy delicada.
Me eché a reír.
Cuando se hizo de noche, Bill ya le había dado la noticia a su madre y ésta iba a ir el día siguiente a hablar con el manager de los chicos y a firmar algunos papeles importantes que se necesitaban.
Con Bill, estábamos en el sillón, esperando a que Tom llegara de su cita con Sam. Si todo salía como él lo había planeado, o como yo le había dicho, lo más probable sería que volvieran como novios. Y eso sería lo mejor. Seríamos dos parejas en la casa, si es que llegaba con ella, claro.
—Bill —lo llamé, con la vista pegada en la TV.
—¿Qué, amor? —contestó con voz suave y hablando bajito, muy cerca de mi oído.
—Cuando te vayas... no vas a estar aquí —vale, eso había sonado estúpido.
—Siempre voy a estar contigo.
—Me refiero a que después de cuatro días... ya van tres, ya no nos volveremos a ver por mucho tiempo —murmuré.
—Te llamaré siempre —me apretó contra su cuerpo —siempre vamos a estar en contacto, no te preocupes por eso.
—Pero Bill, ya no va a ser lo mismo. Me alegra que vayas de gira, pero igual me da un poco de pena —confesé —en el fondo no quiero que te vayas...
—Me quedaría sólo por ti —murmuró.
—Pero no lo harás.
—Es que si tu te siente mal, yo...
—Vendrás por mi —sonreí, cortándolo. Él acarició un lado de mi rostro con uno de sus dedos. Entonces lo miré. No me sentía bien, el aire me faltaba y los ojos me picaban un poco.
—Prometo que te llamaré todos los días, a penas esté libre. Te enviaré recuerdos de las ciudades que visite, ¿ok? Vamos a estar en contacto.
—Si. Espero te quede tiempo para mi —intenté reír.
—Siempre hay tiempo para ti, princesa —me dio un suave beso a un lado de la cabeza —eres muy importante para mí —tragó saliva —y cuando vuelva, no nos vamos a separar nunca, estaremos cada segundo juntos y aprovecharemos el tiempo... va a ser como es ahora.
Sonreí.
—Me gusta.
—También podemos irnos de vacaciones a algún lugar nuevo.
—Eso también me gusta.
Me estire un poco hacia arriba, hasta chocar mis labios con los suyos, seguidamente me separé de él y le sonreí.
Y justo en ese momento, rompiendo el ambiente amoroso que había en el salón de la casa de los Kaulitz, el timbre sonó.
—¿Dónde vamos, amor? —preguntó Bill provocando ruiditos de burla por parte de los chicos.
—¡Cállense! —los reté, y es que ya me tenían harta. No se cansaban de molestarnos —hay que empezar por avisarle a tu madre, ¿no?
—Mmm...
—Es verdad... mamá —dijo Georg, más para si mismo que para nosotros.
—¡Bill, mami se va a poner triste! —exclamó Tom —no la veré en mucho tiempo.
—Tom Mamá se va a poner feliz de nosotros. Además, mi amor, tienes razón. Hay que avisarle a mi madre para que venga a hablar con... bueno no lo sé, pero tiene que firmar algunos papeles.
Tom asintió, dándole la razón.
—Que inteligente que salió tu novia.
—Tu novia será una chillona.
—No te metas con MI LINDA Sam —cerró la boca al instante, al darse cuenta de lo que había dicho. Me eché a reír con ganas, al igual que Bill. Los G's comenzaron a molestarlo Y es que Tom nunca se había comportado así refiriéndose a una chica. Eso realmente me había sorprendido.
—Mi linda Sam —repetí sus palabras entre risas —¡ella tiene que saberlo!
—¡NOOOOO! —me gritó —no se lo digas, ¡por favor no se lo digas! Te deberé un favor eterno, pero ¡no se lo digas! —dijo mientras corría hasta ponerse de pié frente a mi y hacer que me detuviera. Puso sus manos en mis brazos, esperando mi respuesta.
—No la toques tanto, Tom —hizo como que no lo escuchaba y comenzó a hacerme ojitos —no le hagas ojitos a MI LINDA NOVIA —puso mayor énfasis en las últimas tres palabras. Miré a Bill de reojo, aunque intentara ocultarlo y decirlo en broma, yo bien sabía que de cierta forma, lo decía hablando en serio.
—Bien, no le diré Tom.
Acepté. Y en menos de medio segundo, mis pies no tocaban el suelo y me encontraba rodeada por los brazos de Tom, que me movían de un lado a otro, apretujándome.
—Pero me debes un favor.
—¡Suéltala, déjala en el suelo! —chilló Bill. Entonces Tom me separó de su cuerpo, sosteniéndome con sus brazos, en el aire y me lanzó contra Bill. Reí, asustada. Pero mi novio me sujetó por la cintura y me dejó caer suavemente en el suelo.
—Trátala con cuidad, torpe. A tu linda Sam la tirarás por todas partes, pero mi hermosa Annie es muy delicada.
Me eché a reír.
Cuando se hizo de noche, Bill ya le había dado la noticia a su madre y ésta iba a ir el día siguiente a hablar con el manager de los chicos y a firmar algunos papeles importantes que se necesitaban.
Con Bill, estábamos en el sillón, esperando a que Tom llegara de su cita con Sam. Si todo salía como él lo había planeado, o como yo le había dicho, lo más probable sería que volvieran como novios. Y eso sería lo mejor. Seríamos dos parejas en la casa, si es que llegaba con ella, claro.
—Bill —lo llamé, con la vista pegada en la TV.
—¿Qué, amor? —contestó con voz suave y hablando bajito, muy cerca de mi oído.
—Cuando te vayas... no vas a estar aquí —vale, eso había sonado estúpido.
—Siempre voy a estar contigo.
—Me refiero a que después de cuatro días... ya van tres, ya no nos volveremos a ver por mucho tiempo —murmuré.
—Te llamaré siempre —me apretó contra su cuerpo —siempre vamos a estar en contacto, no te preocupes por eso.
—Pero Bill, ya no va a ser lo mismo. Me alegra que vayas de gira, pero igual me da un poco de pena —confesé —en el fondo no quiero que te vayas...
—Me quedaría sólo por ti —murmuró.
—Pero no lo harás.
—Es que si tu te siente mal, yo...
—Vendrás por mi —sonreí, cortándolo. Él acarició un lado de mi rostro con uno de sus dedos. Entonces lo miré. No me sentía bien, el aire me faltaba y los ojos me picaban un poco.
—Prometo que te llamaré todos los días, a penas esté libre. Te enviaré recuerdos de las ciudades que visite, ¿ok? Vamos a estar en contacto.
—Si. Espero te quede tiempo para mi —intenté reír.
—Siempre hay tiempo para ti, princesa —me dio un suave beso a un lado de la cabeza —eres muy importante para mí —tragó saliva —y cuando vuelva, no nos vamos a separar nunca, estaremos cada segundo juntos y aprovecharemos el tiempo... va a ser como es ahora.
Sonreí.
—Me gusta.
—También podemos irnos de vacaciones a algún lugar nuevo.
—Eso también me gusta.
Me estire un poco hacia arriba, hasta chocar mis labios con los suyos, seguidamente me separé de él y le sonreí.
Y justo en ese momento, rompiendo el ambiente amoroso que había en el salón de la casa de los Kaulitz, el timbre sonó.
Di un pequeño salto, producto del susto que me había dado ya que todo había estado en silencio. Mire a Bill, este me devolvió la mirada con los ojos entrecerrados y luego, casi al mismo tiempo, dirigimos la vista hacia la puerta. ¡Tom!, seguro era él.
Nos apresuramos en levantarnos y tras algunos empujones y tropezones que nos dimos, llegamos a la puerta.
Me acomodé un poco la camiseta y el cabello, y luego ,antes de que Bill tocara la manilla de la puerta, le di un manotazo y me apresuré en abrir.
—Oye —se quejó él. Yo lo miré con una sonrisa y luego dirigí la vista hacia la puerta, esperando encontrarme con la sorpresa. Y así fue. La felicidad me inundó por completo y no pode sentirme mejor. Estaba feliz por ellos, ellos estaban felices. Dios. ¡Estaban juntos!. Si, con tan sólo mirarlos lo sabía, era de suponer.
Tom abrazaba a Sam por la cintura, estando de pie tras ella, con su cabeza apoyada en sus hombros mientras ella jugaba con los dedos de Tom de una forma cariñosa. Y sus rostros, se notaban eufóricos. Podía ver como Sam contenía esos gritos histéricos, de felicidad, que seguramente pegaría en cuanto estuviese sola. Y Tom seguramente se sentía todo un galán. Los ojos se ambos brillaban y eso me parecía de lo más tierno.
Sonreí.
—¡Hola! —los salude con una sonrisa. Ellos dos se miraron y me devolvieron la sonrisa, aún sin decir nada —¿tienen algo importante que decirnos?, ¿darnos alguna noticia o algo de ese tipo? —les pregunté. Y es que no aguantaba las ganas de tirarme sobre ellos a abrazarlos y felicitarlos. Y es que la espera de Sam, había valido la pena... Y es que aún recordaba lo que sentí al estar con Bill, al saber que él era sólo mío, que me amaba solo a mi.
—Pues —empezó Tom, aguantando la risa.
—¡Somos novios! —chilló Sam, perdiendo el control.
—¡Aww!, esto es genial —me lancé a abrazara, ante la mirada atenta de mi novio. La empujé un poco hacia atrás, empujando también a Tom —¿ves?, te lo dije. Awww, pero si son tan lindos... —exclamé, rodeando a Tom también con mis brazos —felicitaciones. Hasta que haces algo bien, Tom —me separé de ellos aún con esa sonrisa en mi rostro. Los nuevos novios se echaron a reír y a Tom se le subió un poco el color al rostro. Se notaba un poco más rojo... Y eso me parecía tierno. Jamás lo había visto así con una chica —¿y tú, Bill? ¿no le dirás nada a tu hermano? —le pregunté, volviendo a su lado y alzando las cejas.
—No le vayas a hacer nada a Sam porque...
—No le haré nada —lo cortó Tom —yo la quiero.
Ante esto, Sam se ruborizó hasta los pelos.
Me eché a reír burlona y luego me hice a un lado para que pasaran. Eran tan tiernos... el uno para el otro, definitivamente.
—Oww, esto es tan emocionante —le susurré a Bill, mientras esos dos pasaban y se dirigían hacia el sillón donde anteriormente Bill y yo habíamos estado acostados, viendo la TV.
—Ocuparán nuestro sillón.
—Dejémoslos allí y vamos a dormir, Bill —le sugerí, haciéndole ojitos —tengo sueño... es que sólo quería ver si eran novios.
—Vale... si tú quieres —me sonrió. Entonces, y sin pensarlo, me eché a correr escaleras arriba, dejando a Bill allí parado. No sabría decir porqué lo había hecho. Pero es que me sentía extraña. Era una mezcla de cansancio con hiperactividad. Pero es que lo único que quería era dormir, dormir y dormir. El hecho de que Bill se fuera en tan poco tiempo me tenía nerviosa y no me podía quitar de la cabeza que no lo iba a ver durante tres largos meses, en los cuales no podría estar con él, no podría verlo a la cara, no lo podría tocar. Tres largos meses en los que sólo tendría que acostumbrarme a escuchar su voz a través de la línea telefónica a quererlo a la distancia.
Entré en la habitación, aún corriendo y me lancé sobre la cama, hecha una bola.
Cerré los ojos, deseando que el mundo desapareciera en ese momento.
Tenía que estar bien, para que Bill no se pusiera triste. Él necesitaba de esta gira por Alemania, era fundamental para su carrera. Tenía que cumplir su sueño. No lo podía mantener apegado a mí todo el tiempo. Vamos, que también existe algo llamado libertad.
Sentí los pasos de mi novio acercarse poco a poco. Caminaba lento, muy lentamente, y con suavidad. A lo mejor él también estaba cansado.
Se sentó en la cama, a mi lado y luego con su mano, hizo a un lado el flequillo que me cubría el rostro casi por completo.
—¿Te pones pijama, princesa? —me preguntó. Yo negué con la cabeza. Tenía un pijama aquí, pero no quería demorar tanto en acostarme —quieres dormir con ropa —dijo más como una afirmación. Entonces yo me incorporé, quedando sentada a su lado
—Sólo quiero dormir y ya. Estoy cansada.
Nos apresuramos en levantarnos y tras algunos empujones y tropezones que nos dimos, llegamos a la puerta.
Me acomodé un poco la camiseta y el cabello, y luego ,antes de que Bill tocara la manilla de la puerta, le di un manotazo y me apresuré en abrir.
—Oye —se quejó él. Yo lo miré con una sonrisa y luego dirigí la vista hacia la puerta, esperando encontrarme con la sorpresa. Y así fue. La felicidad me inundó por completo y no pode sentirme mejor. Estaba feliz por ellos, ellos estaban felices. Dios. ¡Estaban juntos!. Si, con tan sólo mirarlos lo sabía, era de suponer.
Tom abrazaba a Sam por la cintura, estando de pie tras ella, con su cabeza apoyada en sus hombros mientras ella jugaba con los dedos de Tom de una forma cariñosa. Y sus rostros, se notaban eufóricos. Podía ver como Sam contenía esos gritos histéricos, de felicidad, que seguramente pegaría en cuanto estuviese sola. Y Tom seguramente se sentía todo un galán. Los ojos se ambos brillaban y eso me parecía de lo más tierno.
Sonreí.
—¡Hola! —los salude con una sonrisa. Ellos dos se miraron y me devolvieron la sonrisa, aún sin decir nada —¿tienen algo importante que decirnos?, ¿darnos alguna noticia o algo de ese tipo? —les pregunté. Y es que no aguantaba las ganas de tirarme sobre ellos a abrazarlos y felicitarlos. Y es que la espera de Sam, había valido la pena... Y es que aún recordaba lo que sentí al estar con Bill, al saber que él era sólo mío, que me amaba solo a mi.
—Pues —empezó Tom, aguantando la risa.
—¡Somos novios! —chilló Sam, perdiendo el control.
—¡Aww!, esto es genial —me lancé a abrazara, ante la mirada atenta de mi novio. La empujé un poco hacia atrás, empujando también a Tom —¿ves?, te lo dije. Awww, pero si son tan lindos... —exclamé, rodeando a Tom también con mis brazos —felicitaciones. Hasta que haces algo bien, Tom —me separé de ellos aún con esa sonrisa en mi rostro. Los nuevos novios se echaron a reír y a Tom se le subió un poco el color al rostro. Se notaba un poco más rojo... Y eso me parecía tierno. Jamás lo había visto así con una chica —¿y tú, Bill? ¿no le dirás nada a tu hermano? —le pregunté, volviendo a su lado y alzando las cejas.
—No le vayas a hacer nada a Sam porque...
—No le haré nada —lo cortó Tom —yo la quiero.
Ante esto, Sam se ruborizó hasta los pelos.
Me eché a reír burlona y luego me hice a un lado para que pasaran. Eran tan tiernos... el uno para el otro, definitivamente.
—Oww, esto es tan emocionante —le susurré a Bill, mientras esos dos pasaban y se dirigían hacia el sillón donde anteriormente Bill y yo habíamos estado acostados, viendo la TV.
—Ocuparán nuestro sillón.
—Dejémoslos allí y vamos a dormir, Bill —le sugerí, haciéndole ojitos —tengo sueño... es que sólo quería ver si eran novios.
—Vale... si tú quieres —me sonrió. Entonces, y sin pensarlo, me eché a correr escaleras arriba, dejando a Bill allí parado. No sabría decir porqué lo había hecho. Pero es que me sentía extraña. Era una mezcla de cansancio con hiperactividad. Pero es que lo único que quería era dormir, dormir y dormir. El hecho de que Bill se fuera en tan poco tiempo me tenía nerviosa y no me podía quitar de la cabeza que no lo iba a ver durante tres largos meses, en los cuales no podría estar con él, no podría verlo a la cara, no lo podría tocar. Tres largos meses en los que sólo tendría que acostumbrarme a escuchar su voz a través de la línea telefónica a quererlo a la distancia.
Entré en la habitación, aún corriendo y me lancé sobre la cama, hecha una bola.
Cerré los ojos, deseando que el mundo desapareciera en ese momento.
Tenía que estar bien, para que Bill no se pusiera triste. Él necesitaba de esta gira por Alemania, era fundamental para su carrera. Tenía que cumplir su sueño. No lo podía mantener apegado a mí todo el tiempo. Vamos, que también existe algo llamado libertad.
Sentí los pasos de mi novio acercarse poco a poco. Caminaba lento, muy lentamente, y con suavidad. A lo mejor él también estaba cansado.
Se sentó en la cama, a mi lado y luego con su mano, hizo a un lado el flequillo que me cubría el rostro casi por completo.
—¿Te pones pijama, princesa? —me preguntó. Yo negué con la cabeza. Tenía un pijama aquí, pero no quería demorar tanto en acostarme —quieres dormir con ropa —dijo más como una afirmación. Entonces yo me incorporé, quedando sentada a su lado
—Sólo quiero dormir y ya. Estoy cansada.
—Lo sé. Hoy fue un día agotador… nada bueno —suspiró. Estiré mis brazos y rodeé su cuerpo, pegándolo al mío.
—Te quiero mucho, Bill.
—Te quiero mucho, Bill.
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