—Annie, amor, despierta —fueron las primeras palabras que escuché el despertar. Solté un pequeño sonido de pereza y seguidamente me abracé a quien se encontraba a mi lado: Mi novio —mi amor, es tu primer día de clases... —me estremecí y me aferré aún más a él, no quería ir.
—Quiero quedarme aquí, contigo —murmuré con voz ronca, llena de sueño.
—Mi amoooor, tienes que ir... Te iré a dejar y a buscar. Además, Sam va a estar contigo.
—Lo sé. Es que tengo sueño —bostecé —voy a quedar ciega, hay mucha luz —me quejé.
—Te dije que nos acostáramos más temprano... pero no, la señorita se le antojó una película a media noche —reprochó.
—Cierra la boca, que tu también quería verla —me separé de él, levantándome, con las manos apoyadas en el colchón y lo miré. Él simplemente me sonrió. Me hizo gracia, pues tenía todo el maquillaje esparcido por el rostro. Aún así, se veía extremadamente tierno, y eso me encantaba —te ves horrible —dije en broma.
—Pff, siento no ser lindo siempre, como tú —me eché a reír.
—No vengas con estupideces, que estoy horrible.
—No bonita —me cogió por la cintura, haciéndome caer sobre él y seguidamente me abrazó. Mi boca quedó bastante cerca de su cuello, por lo que estiré los labios y le dí un suave beso, haciéndolo estremecer. Soltó una risita y me besó la cabeza.
—Ya es hora de que nos levantemos —dije, dándome cuenta de que él no me soltaba.
—Un ratito más, Annie, me gusta estar así contigo —ahora habíamos cambiado de posiciones. Yo era la que quería vestirse, y él no.
—Voy a llegar tarde a mi primer día ¿quieres que llegue tarde?
—No.
—¿Entonces? —pregunté al ver que aún no me soltaba.
—Es que no me quiero separar de ti —reí.
—Yo tampoco, créeme —Bill suspiró y me fuñe soltando de a poco.
—Bien, yo me visto en el baño, tú aquí.
—Vale —me quité de encima de él, sentándome en la cama. Él también se levantó y cogió su ropa que estaba a los pies de la cama, para seguidamente salir de la habitación, no sin antes lanzarme un beso desde la puerta, siempre hacía lo mismo.
Luego de quedarme en blanco unos segundos, pensando cualquier estupidez, decidí levantarme e ir hacia el armario para elegir la ropa de hoy Esta vez habíamos dormido en mi casa.
Desayunamos con mi madre, quien se preparaba para salir al trabajo... Y luego nos fuimos a la escuela. Conversamos todo el camino hacia la parada de autobuses y luego, en el autobús, matamos el aburrimiento besándonos.
Nos bajamos en cuanto estuvimos afuera de la escuela y cruzamos la calle, cogidos de la manos. Por alguna extraña razón, estaba nerviosa.
Habían algunos chicos allí afuera, con las mochilas al hombro.
Apreté la mano de Bill y seguidamente lo miré.
—¿Y si estudio contigo en casa? —le pregunté. Él simplemente rió.
—¿Crees que aprenderíamos algo si estudiáramos juntos? —y es que si se pensaba de esa manera...
—¡Chicos! —una voz aguda, estridente y chillona, se escuchó tras nosotros, dejándome con la contestación en la boca. Sonreí y di media vuelta.
—¡Sam! —la saludé. Le di un beso en la mejilla.
—Hola —la saludó Bill, con una sonrisa, repitiendo mi acción.
—¿Cómo están?, ¿y tú, Anne, estás nerviosa? —preguntó rápidamente.
—Creo que no tanto como tú —reí.
—¿Entramos? —preguntó, mirando hacia la entrada. Yo me encogí de hombros.
—Es que Bill...
—No te preocupes, amor. Que yo me voy y vuelvo por ti a la salida —torcí la boca hacia un lado.
—¿Porqué no vienes conmigo?
—No puedo, Annie —me besó en los labios —enséñale la escuela a Sam, luego nos vemos. Asentí.
—Vamos, Anne —Sam me tiró del brazo, separándome de mi novio.
—Nos vemos, Bill, te amo mucho, ¡mucho, mucho!
Acabé gritando, ya que Sam me tironeaba.
—Adios, amor —me contestó con una sonrisa, despidiéndose con la mano.
Sentí angustia, por separarme de él, ya me había acostumbrado a tenerlo cerca de mi, siempre.
Atravesamos la puerta de vidrio, con Sam aún cogiéndome del brazo.
—Annie, lo primero que quiero que me muestres, es el baño. Es que estoy nerviosa y quiero hacer pis.
Susurró esto último. Me eché a reír.
—Ven, por aquí —dije empezando a andar.
El día fue genial. Presenté a Sam con las chicas de la clase y parecieron llevarse bastante bien. Habían un par de nuevos más. Eran dos chicos... Ninguno era la gran maravilla, pero me parecieron simpáticos. Como no hicimos nada en todo el día, nos sentamos en grupos en el salón y nos pusimos a conversar, cada uno contando sus historias de verano.
—Mi amoooor, tienes que ir... Te iré a dejar y a buscar. Además, Sam va a estar contigo.
—Lo sé. Es que tengo sueño —bostecé —voy a quedar ciega, hay mucha luz —me quejé.
—Te dije que nos acostáramos más temprano... pero no, la señorita se le antojó una película a media noche —reprochó.
—Cierra la boca, que tu también quería verla —me separé de él, levantándome, con las manos apoyadas en el colchón y lo miré. Él simplemente me sonrió. Me hizo gracia, pues tenía todo el maquillaje esparcido por el rostro. Aún así, se veía extremadamente tierno, y eso me encantaba —te ves horrible —dije en broma.
—Pff, siento no ser lindo siempre, como tú —me eché a reír.
—No vengas con estupideces, que estoy horrible.
—No bonita —me cogió por la cintura, haciéndome caer sobre él y seguidamente me abrazó. Mi boca quedó bastante cerca de su cuello, por lo que estiré los labios y le dí un suave beso, haciéndolo estremecer. Soltó una risita y me besó la cabeza.
—Ya es hora de que nos levantemos —dije, dándome cuenta de que él no me soltaba.
—Un ratito más, Annie, me gusta estar así contigo —ahora habíamos cambiado de posiciones. Yo era la que quería vestirse, y él no.
—Voy a llegar tarde a mi primer día ¿quieres que llegue tarde?
—No.
—¿Entonces? —pregunté al ver que aún no me soltaba.
—Es que no me quiero separar de ti —reí.
—Yo tampoco, créeme —Bill suspiró y me fuñe soltando de a poco.
—Bien, yo me visto en el baño, tú aquí.
—Vale —me quité de encima de él, sentándome en la cama. Él también se levantó y cogió su ropa que estaba a los pies de la cama, para seguidamente salir de la habitación, no sin antes lanzarme un beso desde la puerta, siempre hacía lo mismo.
Luego de quedarme en blanco unos segundos, pensando cualquier estupidez, decidí levantarme e ir hacia el armario para elegir la ropa de hoy Esta vez habíamos dormido en mi casa.
Desayunamos con mi madre, quien se preparaba para salir al trabajo... Y luego nos fuimos a la escuela. Conversamos todo el camino hacia la parada de autobuses y luego, en el autobús, matamos el aburrimiento besándonos.
Nos bajamos en cuanto estuvimos afuera de la escuela y cruzamos la calle, cogidos de la manos. Por alguna extraña razón, estaba nerviosa.
Habían algunos chicos allí afuera, con las mochilas al hombro.
Apreté la mano de Bill y seguidamente lo miré.
—¿Y si estudio contigo en casa? —le pregunté. Él simplemente rió.
—¿Crees que aprenderíamos algo si estudiáramos juntos? —y es que si se pensaba de esa manera...
—¡Chicos! —una voz aguda, estridente y chillona, se escuchó tras nosotros, dejándome con la contestación en la boca. Sonreí y di media vuelta.
—¡Sam! —la saludé. Le di un beso en la mejilla.
—Hola —la saludó Bill, con una sonrisa, repitiendo mi acción.
—¿Cómo están?, ¿y tú, Anne, estás nerviosa? —preguntó rápidamente.
—Creo que no tanto como tú —reí.
—¿Entramos? —preguntó, mirando hacia la entrada. Yo me encogí de hombros.
—Es que Bill...
—No te preocupes, amor. Que yo me voy y vuelvo por ti a la salida —torcí la boca hacia un lado.
—¿Porqué no vienes conmigo?
—No puedo, Annie —me besó en los labios —enséñale la escuela a Sam, luego nos vemos. Asentí.
—Vamos, Anne —Sam me tiró del brazo, separándome de mi novio.
—Nos vemos, Bill, te amo mucho, ¡mucho, mucho!
Acabé gritando, ya que Sam me tironeaba.
—Adios, amor —me contestó con una sonrisa, despidiéndose con la mano.
Sentí angustia, por separarme de él, ya me había acostumbrado a tenerlo cerca de mi, siempre.
Atravesamos la puerta de vidrio, con Sam aún cogiéndome del brazo.
—Annie, lo primero que quiero que me muestres, es el baño. Es que estoy nerviosa y quiero hacer pis.
Susurró esto último. Me eché a reír.
—Ven, por aquí —dije empezando a andar.
El día fue genial. Presenté a Sam con las chicas de la clase y parecieron llevarse bastante bien. Habían un par de nuevos más. Eran dos chicos... Ninguno era la gran maravilla, pero me parecieron simpáticos. Como no hicimos nada en todo el día, nos sentamos en grupos en el salón y nos pusimos a conversar, cada uno contando sus historias de verano.
Cuando el timbre que marcaba la salida sonó, me levanté del asiento rápidamente y guardé todo en mi mochila. Miré a Sam, esta ni siquiera se había puesto de pié y me miraba como una boba.
—Hey, no piense tanto —dije apurada.
—Nos vemos afuera, que voy a buscar a Bill —Sam pareció salir del trance y asintió. Seguidamente me colgué la mochila al hombro y salí de la sala de clases casi corriendo.
Una vez afuera del edificio, mié a todos lados hasta que pude divisarlo. Allí estaba Bill, del otro lado de la calle, con Tom...
Bill se veía hermoso, traía las manos metidas en los bolsill… esperen, esperen, Tom a su lado.
¿Qué hacía el aquí?
¿Acaso se había arreglado con la puta esa?
Bueno, no importaba, yo sólo quería darle un abrazo a mi novio.
Me eché a correr hasta atravesar la calle, con los brazos abiertos… él me recibió del otro lado, levantándome del suelo y haciéndome girar un par de veces. Sólo reí.
Antes de depositarme en el piso, me besó los labios.
—¿Cómo te fue, princesa? —me preguntó.
—Genial. Pero te extrañé —miré hacia el lado —hola, Tom ¿qué haces aquí?
Simplemente se encogió de hombros.
—Vengo a buscar a alguien, como mi hermano…
—Oh, mira, allí viene Sam —dijo Bill —¿nos vamos, Annie? —lo comprendí al instante. Tom venía a buscar a Sam…
—Vamos, Bill.
Me separé de él y le cogí la mano para comenzar a caminar hacia la parada de autobuses.
—Hey, no piense tanto —dije apurada.
—Nos vemos afuera, que voy a buscar a Bill —Sam pareció salir del trance y asintió. Seguidamente me colgué la mochila al hombro y salí de la sala de clases casi corriendo.
Una vez afuera del edificio, mié a todos lados hasta que pude divisarlo. Allí estaba Bill, del otro lado de la calle, con Tom...
Bill se veía hermoso, traía las manos metidas en los bolsill… esperen, esperen, Tom a su lado.
¿Qué hacía el aquí?
¿Acaso se había arreglado con la puta esa?
Bueno, no importaba, yo sólo quería darle un abrazo a mi novio.
Me eché a correr hasta atravesar la calle, con los brazos abiertos… él me recibió del otro lado, levantándome del suelo y haciéndome girar un par de veces. Sólo reí.
Antes de depositarme en el piso, me besó los labios.
—¿Cómo te fue, princesa? —me preguntó.
—Genial. Pero te extrañé —miré hacia el lado —hola, Tom ¿qué haces aquí?
Simplemente se encogió de hombros.
—Vengo a buscar a alguien, como mi hermano…
—Oh, mira, allí viene Sam —dijo Bill —¿nos vamos, Annie? —lo comprendí al instante. Tom venía a buscar a Sam…
—Vamos, Bill.
Me separé de él y le cogí la mano para comenzar a caminar hacia la parada de autobuses.
—¿Tom fue a buscar a Sam? —pregunté lo evidente.
—Si —habló conteniendo la risa —conversé con él esta mañana, cuando despertó. Allí me dijo que Sam le gustaba... y que la quería.
—Jo... ¿y como no se dio cuenta antes? —resoplé. Hombre tenía que ser...
—Quizás se demoró en darse cuenta, como otra que conozco.
Le di un manotazo en el brazo.
—No insinúes cosas, Bill —mi novio se llevó la mano a la zona golpeada, riendo.
—No he insinuada nada.
—Ahora, ponte serio, Billy —se echó a reír —¿cómo se dio cuenta de que Sam le gustaba? —se encogió de hombros.
—No lo sé. Quizás porque ella comenzó a ignorarlo.
Mmm... es verdad. Antes, Sam siempre había estado pendiente de él, incluso a veces llegaba a ser algo cargante pero después, eso había cambiado. Quizás qué cosas estarían hablando en ese momento. O quien sabe, a lo mejor Sam estaba golpeando a Tom y regañándolo, por idiota.
—¿Y si yo te ignorara te gustaría más? —le pregunté. Él me abrazó, pegándome a su cuerpo.
—No me gustaría que me ignoraras, yo te quiero mucho —dijo con voz de niño pequeño.
—No pensaba hacerlo, en todo caso —entrecerré los ojos —¿qué te parece si actuamos sólo como amigos?
—¿¡Qué?!
Se tensó al instante, dejando de caminar.
—Hom que traumado. No es cierto, tontito.
Lo besé en la mejilla, sonriendo.
—No me digas esas cosas, que no me gusta, Annie —comenzó a caminar nuevamente.
—Era una pequeña bromita —me miró, con una media sonrisa en sus labios. No lo aguanté y me puse de puntillas para seguidamente besarlo —eres tan tonto, Bill Kaulitz.
—Y tu tan hermosa —me levantó del suelo, abrazándome, y pegándome más a él apretujándome. Reí.
—Eres tonto.
—Ya lo dijiste. Amor, ¿qué hacemos ahora? —me preguntó.
—Podríamos comprar comida e irnos a alguna parte —dije insinuante. Bill me soltó y me dedicó una mirada cómplice.
—Vamos —me quitó la mochila y tras colgársela en el hombro, comenzó a caminar hacia el pequeño negocio que había a unos pasos de nosotros.
—Hey, dame mi mochila —me quejé, alcanzándola.
—Yo te la llevo, amor —resoplé y le di en el gusto, dejando que llevara mi mochila. Me iba a costar demasiado hacerlo cambiar de opinión. Bill era un cabeza dura.
Entramos en el pequeño negocio y luego compramos algunas cosas saladas y bebidas. Lo metimos todo adentro de la mochila y luego salimos de allí cogido de la mano.
—¿Nos vamos?
—Claro, princesa.
—¡BILL KAULITZ!. Un grito bastante chillón, me hizo dar un pequeño salto, Bill miró hacia todos lados, al igual que yo, buscando la fuente del grito —¡OH, SI, ERES TU!
Y aquí íbamos de nuevo otra fan.
Le solté la mano a Bill y luego dejé que hiciera lo suyo. Atendió a la fan, conversó con una unas cuantas palabras, se dejó abrazar, firmó un autógrafo, les tomé una fotografía con la cámara de la chica y luego se despidió de ella. La chica me agrado, pues era simpática. No me miró mal y también se despidió de mí con un beso en la mejilla.
Comenzamos a caminar de nuevo y Bill me cogió la mano, entrelazando nuestros dedos.
Caminamos hasta la parada, por suerte iba pasando un autobús, Bill le hizo una seña para que se detuviera y luego nos subimos en él.
—Si —habló conteniendo la risa —conversé con él esta mañana, cuando despertó. Allí me dijo que Sam le gustaba... y que la quería.
—Jo... ¿y como no se dio cuenta antes? —resoplé. Hombre tenía que ser...
—Quizás se demoró en darse cuenta, como otra que conozco.
Le di un manotazo en el brazo.
—No insinúes cosas, Bill —mi novio se llevó la mano a la zona golpeada, riendo.
—No he insinuada nada.
—Ahora, ponte serio, Billy —se echó a reír —¿cómo se dio cuenta de que Sam le gustaba? —se encogió de hombros.
—No lo sé. Quizás porque ella comenzó a ignorarlo.
Mmm... es verdad. Antes, Sam siempre había estado pendiente de él, incluso a veces llegaba a ser algo cargante pero después, eso había cambiado. Quizás qué cosas estarían hablando en ese momento. O quien sabe, a lo mejor Sam estaba golpeando a Tom y regañándolo, por idiota.
—¿Y si yo te ignorara te gustaría más? —le pregunté. Él me abrazó, pegándome a su cuerpo.
—No me gustaría que me ignoraras, yo te quiero mucho —dijo con voz de niño pequeño.
—No pensaba hacerlo, en todo caso —entrecerré los ojos —¿qué te parece si actuamos sólo como amigos?
—¿¡Qué?!
Se tensó al instante, dejando de caminar.
—Hom que traumado. No es cierto, tontito.
Lo besé en la mejilla, sonriendo.
—No me digas esas cosas, que no me gusta, Annie —comenzó a caminar nuevamente.
—Era una pequeña bromita —me miró, con una media sonrisa en sus labios. No lo aguanté y me puse de puntillas para seguidamente besarlo —eres tan tonto, Bill Kaulitz.
—Y tu tan hermosa —me levantó del suelo, abrazándome, y pegándome más a él apretujándome. Reí.
—Eres tonto.
—Ya lo dijiste. Amor, ¿qué hacemos ahora? —me preguntó.
—Podríamos comprar comida e irnos a alguna parte —dije insinuante. Bill me soltó y me dedicó una mirada cómplice.
—Vamos —me quitó la mochila y tras colgársela en el hombro, comenzó a caminar hacia el pequeño negocio que había a unos pasos de nosotros.
—Hey, dame mi mochila —me quejé, alcanzándola.
—Yo te la llevo, amor —resoplé y le di en el gusto, dejando que llevara mi mochila. Me iba a costar demasiado hacerlo cambiar de opinión. Bill era un cabeza dura.
Entramos en el pequeño negocio y luego compramos algunas cosas saladas y bebidas. Lo metimos todo adentro de la mochila y luego salimos de allí cogido de la mano.
—¿Nos vamos?
—Claro, princesa.
—¡BILL KAULITZ!. Un grito bastante chillón, me hizo dar un pequeño salto, Bill miró hacia todos lados, al igual que yo, buscando la fuente del grito —¡OH, SI, ERES TU!
Y aquí íbamos de nuevo otra fan.
Le solté la mano a Bill y luego dejé que hiciera lo suyo. Atendió a la fan, conversó con una unas cuantas palabras, se dejó abrazar, firmó un autógrafo, les tomé una fotografía con la cámara de la chica y luego se despidió de ella. La chica me agrado, pues era simpática. No me miró mal y también se despidió de mí con un beso en la mejilla.
Comenzamos a caminar de nuevo y Bill me cogió la mano, entrelazando nuestros dedos.
Caminamos hasta la parada, por suerte iba pasando un autobús, Bill le hizo una seña para que se detuviera y luego nos subimos en él.

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