Terminé de acomodar el último tenedor, en el último asiento.
Me sentía extraña. Era como si sólo mi cuerpo estuviese aquí y mi mente estuviera vagando por quien sabe donde. No me gustaba sentirme así era como si estuviese ausente, como si me moviera automáticamente arreglando todo para la cena. Casi no escuchaba lo que me decían, respondiendo solo con un: ¿ah? No me sorprendería que mi madre me llamara la atención o que me regañara.
El timbre sonó en ese momento.
—¿Es que estos chicos no llevan llaves? —se quejó Simone, caminando hacia la puerta. Salí de la cocina, aún con la cabeza en otro sitio y me paré a un lado de las escaleras, mirando a Simone, mientras abría la puerta.
Eran los gemelos. Y se notaban bastante cansados. Ambos tenían los ojos pequeñitos... quizás que los habían hecho hacer en la discográfica. Los dos saludaron a su madre con un beso en la mejilla Sam salió en ese momento de la cocina y se detuvo a mi lado Me dijo algo que no logré escuchar o más bien no entendí sus palabras, pues no las procesé.
Bill dibujó una amplia sonrisa en sus labios en cuanto me vio. Y todos mis sentidos se concentraron en él y sólo en él. Abrió los brazos y yo me eché a correr, atravesando el salón, para recibirlo. En cuanto estuve entre sus brazos, sentí un alivio inmenso recorrerme todo el cuerpo. Sentí la extraña sensación en el estómago otra vez. Y luego, me puse de puntillas para darle un fugaz beso en los labios vamos, que nuestras madres estaban aquí. Me separé de él y le sonreí de medio lado. Lo miré directamente a los ojos... no pude distinguir lo que había dentro de ellos, no pude saber que era lo que él estaba sintiendo en ese momento. Pero no era felicidad, ni nada positivo, eso era seguro. Decidí no seguir sacando conclusiones sólo me limité a preguntar.
—¿Cómo les fue?
—Excelente ¿me extrañaste?
—Mucho —volví a ponerme de puntillas para besarlo nuevamente.
—Ya basta, chicos déjenlo para después de la cena, vamos —nos llamó Simone. Nos había visto. Sin querer me ruboricé. Sentí mi rostro arder. Incluso me dio un poco de calor. Ni siquiera la miré, sólo asentí.
—Ya vamos —contestó Bill —¿te quedas aquí esta noche? —me preguntó.
—Eso no se pregunta, tonto —me eché a reír. Él rió conmigo y luego me cogió el rostro para volver a besarme.
—Ejem... Bill —insistió nuevamente Simone dejándonos en la mitad del camino. Volvimos a separarnos un poco cortados. Bill miró a su madre, yo sólo lo miré a él.
—Si mamá puedes ir yendo tu por mientras, ¿eh?
—Lo siento —se disculpó Simone entre risas. Bill la siguió con la mirada hasta que salió de a habitación y luego volvió a clavar sus ojos en mi.
—Dame un beso, preciosa —sonreí. Levanté los brazos y rodeé su cuello, abrazándolo lo atraje hacia mí, con fuerza poniéndome de puntillas, para así poder alcanzar su boca y darle un buen beso.
Suspiré en cuanto nos separamos y me mordí los labios.
—Mejor vamos, antes de que venga...
—Mejor —lo corté con una sonrisa —seguidamente quité mis brazos de alrededor de su cuello y le cogí la mano, entrelazando nuestros dedos —¿tomaste cerveza con los chicos? —le pregunté con una sonrisa lo había notado.
—S... si —me eché a reír.
—Te voy a extrañar —rompí el silencio que había en la habitación con ese comentario. Ya habíamos cenado y ahora estábamos abrazados, tendidos en su cama listos para dormir.
—También te voy a extrañar, Annie —suspiré.
—Te va a ir bien, Bill. Muy, muy bien —sonreí —ya verás. Tokio Hotel es lo mejor, son los mejores.
—Pero no voy a estar contigo durante tres meses —murmuró entre dientes.
—Sólo son tres mese, Bill. Además, no es que no vayas a volver también existe el teléfono, ¿sabes?
—Si —rió un poco —pero es que al pensar que no te voy a tener así de cerquita en tanto tiempo. Pff. Me dan ganas de no ir y quedarme contigo. No quiero separarme de ti.
—No —lo corté —es por ti, tienes que ir —sonreí, ahora añadiendo un tono más cómico a mi voz —además, aunque intentes deshacerte de mi, no vas a poder, así que no te preocupes. Es más, luego de estos tres meses me vas a terminar odiando —bufé divertida —te llamaré en todo momento, tu móvil no va a dejar d sonar.
—Jamás te odiaría. Pero me gustar la idea de que me llames en todo momento —moví un poco el rostro y abrí los ojos para mirarlo.
—Entonces eso haré. Pero tú tienes que contestar.
—Claro —sonrió —se veía tan lindo pero se notaba que estaba realmente cansado.
—Tampoco te vayas a olvidar de mi —lo amenacé.
—No me quiero olvidar de ti.
—Y no vayas a andar mirando a otras chicas —seguí.
—No, sólo tú.
—Aunque sean más lindas que yo —le seguí divertida.
—¿Es que estos chicos no llevan llaves? —se quejó Simone, caminando hacia la puerta. Salí de la cocina, aún con la cabeza en otro sitio y me paré a un lado de las escaleras, mirando a Simone, mientras abría la puerta.
Eran los gemelos. Y se notaban bastante cansados. Ambos tenían los ojos pequeñitos... quizás que los habían hecho hacer en la discográfica. Los dos saludaron a su madre con un beso en la mejilla Sam salió en ese momento de la cocina y se detuvo a mi lado Me dijo algo que no logré escuchar o más bien no entendí sus palabras, pues no las procesé.
Bill dibujó una amplia sonrisa en sus labios en cuanto me vio. Y todos mis sentidos se concentraron en él y sólo en él. Abrió los brazos y yo me eché a correr, atravesando el salón, para recibirlo. En cuanto estuve entre sus brazos, sentí un alivio inmenso recorrerme todo el cuerpo. Sentí la extraña sensación en el estómago otra vez. Y luego, me puse de puntillas para darle un fugaz beso en los labios vamos, que nuestras madres estaban aquí. Me separé de él y le sonreí de medio lado. Lo miré directamente a los ojos... no pude distinguir lo que había dentro de ellos, no pude saber que era lo que él estaba sintiendo en ese momento. Pero no era felicidad, ni nada positivo, eso era seguro. Decidí no seguir sacando conclusiones sólo me limité a preguntar.
—¿Cómo les fue?
—Excelente ¿me extrañaste?
—Mucho —volví a ponerme de puntillas para besarlo nuevamente.
—Ya basta, chicos déjenlo para después de la cena, vamos —nos llamó Simone. Nos había visto. Sin querer me ruboricé. Sentí mi rostro arder. Incluso me dio un poco de calor. Ni siquiera la miré, sólo asentí.
—Ya vamos —contestó Bill —¿te quedas aquí esta noche? —me preguntó.
—Eso no se pregunta, tonto —me eché a reír. Él rió conmigo y luego me cogió el rostro para volver a besarme.
—Ejem... Bill —insistió nuevamente Simone dejándonos en la mitad del camino. Volvimos a separarnos un poco cortados. Bill miró a su madre, yo sólo lo miré a él.
—Si mamá puedes ir yendo tu por mientras, ¿eh?
—Lo siento —se disculpó Simone entre risas. Bill la siguió con la mirada hasta que salió de a habitación y luego volvió a clavar sus ojos en mi.
—Dame un beso, preciosa —sonreí. Levanté los brazos y rodeé su cuello, abrazándolo lo atraje hacia mí, con fuerza poniéndome de puntillas, para así poder alcanzar su boca y darle un buen beso.
Suspiré en cuanto nos separamos y me mordí los labios.
—Mejor vamos, antes de que venga...
—Mejor —lo corté con una sonrisa —seguidamente quité mis brazos de alrededor de su cuello y le cogí la mano, entrelazando nuestros dedos —¿tomaste cerveza con los chicos? —le pregunté con una sonrisa lo había notado.
—S... si —me eché a reír.
—Te voy a extrañar —rompí el silencio que había en la habitación con ese comentario. Ya habíamos cenado y ahora estábamos abrazados, tendidos en su cama listos para dormir.
—También te voy a extrañar, Annie —suspiré.
—Te va a ir bien, Bill. Muy, muy bien —sonreí —ya verás. Tokio Hotel es lo mejor, son los mejores.
—Pero no voy a estar contigo durante tres meses —murmuró entre dientes.
—Sólo son tres mese, Bill. Además, no es que no vayas a volver también existe el teléfono, ¿sabes?
—Si —rió un poco —pero es que al pensar que no te voy a tener así de cerquita en tanto tiempo. Pff. Me dan ganas de no ir y quedarme contigo. No quiero separarme de ti.
—No —lo corté —es por ti, tienes que ir —sonreí, ahora añadiendo un tono más cómico a mi voz —además, aunque intentes deshacerte de mi, no vas a poder, así que no te preocupes. Es más, luego de estos tres meses me vas a terminar odiando —bufé divertida —te llamaré en todo momento, tu móvil no va a dejar d sonar.
—Jamás te odiaría. Pero me gustar la idea de que me llames en todo momento —moví un poco el rostro y abrí los ojos para mirarlo.
—Entonces eso haré. Pero tú tienes que contestar.
—Claro —sonrió —se veía tan lindo pero se notaba que estaba realmente cansado.
—Tampoco te vayas a olvidar de mi —lo amenacé.
—No me quiero olvidar de ti.
—Y no vayas a andar mirando a otras chicas —seguí.
—No, sólo tú.
—Aunque sean más lindas que yo —le seguí divertida.
—Tú eres la más hermosa —sonrió de medio lado. Las sensaciones de cosquillas volvieron y me sentí un poco sofocada, ya que el calor se me había acumulado en el rostro. Bill había hecho que me sonrojara —y eres tan irresistible cuando cambias de color y te poner roja —comentó divertido. Aparté la mirada, escondiendo mi cara en su pecho.
—No me digas esas cosas, Bill. No te burles.
—No me estoy burlando —llevó su mano a mi cabello, comenzando a jugar con los mechones —soy tu novio… ¿acaso no puedo decirte lo linda que eres?
—No seas superficial —bufé.
—Tú sabes mejor que nadie que no soy superficial…
—Si, lo sé —lo apretujé entre mis brazos —y por eso es que te quiero mucho.
—Yo te amo mucho ¿y sabes qué? cuando regrese, lo primero que haré será irte a buscar. Luego vamos a salir a dar un vuelta a algún lugar interesante, ¿vale? —asentí —y cuando vuelva, ya no nos vamos a volver a separar porque haré el show del año para que te saquen de esa escuela y estudies conmigo —reí un poco. Casi podía imaginarme a Bill “luchando por lo que quería” —y si es que hacemos más giras. Te vas a ir conmigo.
—Mm… me gusta la idea —volví a mirarlo, sonriendo.
—Y nos llevaremos la caseta, ¿vale? —se echó a reír. Bill y sus ideas estúpidas —serás titulada como nuestra fan número uno y todo el mundo lo sabrá.
—Y me odiarán.
—A ti nadie podría odiarte… —bostezó.
—Estás cansadísimo, amor… es mejor que duermas —cambié el tema.
—No me digas esas cosas, Bill. No te burles.
—No me estoy burlando —llevó su mano a mi cabello, comenzando a jugar con los mechones —soy tu novio… ¿acaso no puedo decirte lo linda que eres?
—No seas superficial —bufé.
—Tú sabes mejor que nadie que no soy superficial…
—Si, lo sé —lo apretujé entre mis brazos —y por eso es que te quiero mucho.
—Yo te amo mucho ¿y sabes qué? cuando regrese, lo primero que haré será irte a buscar. Luego vamos a salir a dar un vuelta a algún lugar interesante, ¿vale? —asentí —y cuando vuelva, ya no nos vamos a volver a separar porque haré el show del año para que te saquen de esa escuela y estudies conmigo —reí un poco. Casi podía imaginarme a Bill “luchando por lo que quería” —y si es que hacemos más giras. Te vas a ir conmigo.
—Mm… me gusta la idea —volví a mirarlo, sonriendo.
—Y nos llevaremos la caseta, ¿vale? —se echó a reír. Bill y sus ideas estúpidas —serás titulada como nuestra fan número uno y todo el mundo lo sabrá.
—Y me odiarán.
—A ti nadie podría odiarte… —bostezó.
—Estás cansadísimo, amor… es mejor que duermas —cambié el tema.
—No quiero dormir… quiero estar contigo… —se quejó.
—Estás conmigo, Bill.
—Quiero hablar contigo…
—mañana no vas a tener ánimos para nada… ¿quieres ojeras?, ¿Eso es lo que quieres? —lo regañé.
—No. Yo quiero aprovechar el tiempo que me queda aquí, contigo…
—Estás conmigo, Bill.
—Quiero hablar contigo…
—mañana no vas a tener ánimos para nada… ¿quieres ojeras?, ¿Eso es lo que quieres? —lo regañé.
—No. Yo quiero aprovechar el tiempo que me queda aquí, contigo…
Acabamos por dormirnos. Claro, Bill estaba cansadísimo y yo era una perezosa. Esa noche, no hicimos nada que fuera más allá de besos y abrazos llenos de cariño. Las cosas eran así entre nosotros, siempre habían sido así y al menos hasta ese momento eran así.
No dormí, bien, lo reconozco. Me sentía insegura pensando que Bill se iba dentro de unas horas. Es decir, no es que yo lo hubiera estado pensando a propósito o que se yo, es que sin querer lo tenía muy presente, incluso dormida. Como si eso fuera a ser la cosa más terrible que me pasara en la vida. Cosa que no era cierta, pues si Bill estaba feliz, yo tenía que estar felíz, además, sólo íbamos a estar separados por un tiempo tres mese casi nada. Pff. Él me iba a seguir queriendo. Y tenía que volver.
nuevo capitulo mañana porfis porfis
ResponderEliminar